CAPITULO 10: MI CORAZÓN SIEMPRE TE AMARÁ
Los asistentes a la obra de caridad caminaban tranquilamente por los pasillos del gran hotel. Candy comprobaba que todo estuviera en orden.
Alguien tocó su hombro y al volverse se encontró con los padres de Terry, sonriéndole. Richard tenía un brazo escayolado. Candy lo abrazó con mucho cuidado.
-¡Cuánto me alegro de verte! ¿Cómo te sientes?-él le regresó el abrazo y luego se apartó.
-¿Quieres decir desde que tuve que volar de regreso en un vuelo regular? ¿O desde que el médico llamó desde Filadelfia para decirle a mi esposa que debía cuidarme como a un inválido durante varios días? Que existencia más aburrida. Y todas las cola en el aeropuerto...
-Está de muy mal humor porque no puede trabajar el lunes-sonrió Eleanor.
-He tenido suerte de que me dejara salir esta noche-dijo Richard.
-Me da gusto de que hayas venido-sonrió Candy-. Y me alegra aún más que estés aquí y a salvo. ¿Hay alguna posibilidad de que protejan la avioneta durante las tormentas?
-Ya verás como queda después de que la reparen.
Candy miró a su suegra para ver como se sentía con respecto a la idea de que su marido volviera a volar.
-No puedo retenerlo en tierra. Pero, ¿puedes creer que ha aceptado viajar conmigo en un crucero a Escocia?
Richard tomó la mano de su esposa.
-Cuando el rayo golpeó la avioneta y empecé a caer, decidí que unas cuantas vacaciones más contigo al año no nos harían ningún daño.
Candy había sentido un fuerte lazo de respeto y cariño entre los padres de Terry. Ahora ese lazo parecía haberse reforzado.
Cuando Terry se acercó a ellos, su corazón latió más deprisa. La noche del accidente de su padre había cambiado algo entre ellos. Ahora compartían el mismo cuarto, la misma cama. Su marido le hacía el amor y ella le correspondía con cada fibra de su ser. Pero después, cuando lo miraba a los ojos aún podía ver cierto recelo. ¿Podrían deshacerse de aquellas dudas algún día, o éstas los perseguirían eternamente?
No quería pensar en ello ahora. Tenía que centrarse en su amor por él y en los sentimientos de Terry por ella, rogando para que un día la confianza se adueñara de su matrimonio por completo.
Terry deslizó la mirada por el traje verde que su esposa llevaba y acabó fijándose en los anillos de su mano.
La mañana del domingo, el teléfono los despertó. Eleanor les aseguró que Richard estaba bien y que ella tomaría el siguiente vuelo a Filadelfia para estar con él. Después de colgar, Terry tomó a Candy entre sus brazos y le hizo el amor de una forma diferente. Ella notó la conmoción en su marido, su afán por protegerse de sentir demasiado. Cuando se vistió, se colocó de nuevo los anillos para demostrarle que se sentía comprometida con su matrimonio. Pero Terry no había hecho ningún comentario a lo largo de la semana.
Volcando su atención hacia sus padres, Terry sonrió:
-Nunca vi a tantas personas de nuestro entorno interesadas en recaudar fondos para caridades. Candy ha hecho un excelente trabajo.
-Vamos, Richard. Debo hablar con mi asistente principal. Debe decirme si están todos los invitados más importantes. Seguramente está en el primer piso-explicó Eleanor conduciendo a su marido para que la siguiera.
Candy sonrió mientras los padres de Terry se alejaban.
-Espero hacer un buen trabajo dando ese discurso de apertura-dijo-. Llevo toda la semana practicándolo, pero estoy más nerviosa de lo que esperaba. ¡Ha venido tanta gente!
-Lo harás bien-dijo él-. Además, si sientes pánico escénico, siempre puedes imaginar a los presentes en ropa interior.
-Si te imagino en ropa interior, puede que me desconcentré más del discurso-dijo ella sonriendo con timidez.
Terry le devolvió la sonrisa mientras que el conserje cerraba las puertas y le hacía una seña a Candy, indicándole que podía empezar.
-Si necesitas algún voluntario para tu causa, sólo hazme una seña.
-Tal vez serás el único que se ofrezca.
-Es por una buena causa.
Candy miró a su marido mientras éste se alejaba, saludando y sonriendo a varias personas que habían acudido.
La rubia subió al estrado, y tras dar una breve bienvenida con un cálido saludo de recibimiento los presentes aplaudieron y ella comenzó su discurso. De vez en vez, veía a su marido, preguntándose qué estaría pensando.
Después de nombrar a las personas involucradas en la causa, comenzó a describir los orfanatos y las razones que los hacían merecedores de una ayuda caritativa.
& & &
Terry miraba a su esposa, y concretó que nunca la había visto más hermosa, más viva. Los anillos de su mano destellaban con la tenue luz de la sala. ¿Podía confiar en su interés por su matrimonio en común? ¿Podría perdonarla?
Cuando sonó su localizador, se alegró. Esas preguntas no dejaban de atormentarle y temía jamás conseguir una respuesta para ellas. Identificó sin problemas el número de su casa. Salió al vestíbulo y llamó desde el teléfono público.
-Soy yo, Dorothy-dijo Terry.
-Sr. Grandchester, no sabía si llamarle o no. Ha venido un hombre a ver a la Sra. Grandchester. Ha insistido en verla y...yo le di la dirección del hotel donde están ahora. Lo siento, tal vez no debí.
-¿Ha dicho su nombre?
-Sí. Se llama Albert Andrew.
Albert. Albert Andrew. Terry supo que pronto se cruzaría con la razón que comenzó a desmoronar su matrimonio.
-Descríbelo.
-Pelo rubio, de ojos azules. Chaqueta y jeans azules.
-No te preocupes, Dorothy, has hecho bien en llamarme.
Cuando colgó, pensó en esperar en el vestíbulo. Pero había muchas personas entrando y saliendo como para detenerse a verificar sus apariencias. Candy estaba en el estrado y no había forma de que alguien pudiera verle antes de que pasara frente a él. Decidió volver a la sala...y esperar.
Mientras pasaban los minutos el ambiente se ponía más tenso para Terry. Era posible que el tal Albert esperara a Candy en el exterior. También era posible que ni siquiera se presentara, porque no querría verla en un sitio público. Aunque no tuvo ninguna cautela en presentarse en su casa.
Candy estaba cerrando su discurso cuando las puertas se abrieron. Su mirada fue del público al recién llegado. Enmudeció de repente sin apartar los ojos de él. Mientras los asistentes comprendían que no sólo se había interrumpido, sino que se hallaba como hipnotizada por algo que había visto al fondo, se volvieron y empezaron a murmurar.
Los verdes ojos de Candy se abrieron de par en par, se llevó una mano a la frente y dejó escapar un grito ahogado de dolor. Terry llegó a su lado antes de que el hombre que caminaba por el pasillo pudiera hacerlo. Toda la rabia y el resentimiento acumulados durante aquellos meses, todas las dudas que lo habían carcomido, quedaron reflejadas en sus preguntas.
-¿Él es tu amante?
Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas.
-Ese hombre es…mi padre…-dijo y no pudo saber más, porque se desvaneció.
Terry se quedó paralizado por la conmoción y fue Albert Andrew quien impidió que su hija cayera al suelo.
Eleanor acudió junto a su nuera al instante, indicándole a Albert que la tumbara.
-Candy, cariño-dijo tomándola de la mano-. Vas a ponerte bien.
La joven rubia parpadeó y se llevó la mano a la frente.
-Me siento tan rara…mareada…me duele la cabeza-miró al rubio que yacía junto a ella también-. Albert, ¿qué haces…? Sufrí un accidente después de verte. No podía recordar…pero cuando te he visto ahora, todos los recuerdos volvieron de repente.
Como si acabara de recordar quien era y donde estaba, miró a Terry.
-Oh, Dios mío. Menuda escena he protagonizado. Lamento haber…-trató de levantarse pero su dolor pareció empeorar.
Terry se sentía como si lo hubieran golpeado con un martillo en la cabeza. Tenía tantas preguntas que hacer, y un sentimiento de culpa bastante grande…pero no podía pensar en si mismo. Tenía que pensar en Candy.
-No te muevas hasta que regrese. Voy a llamar a la doctora Coswell.
La siguiente hora que pasó, fue muy confusa. La doctora Coswell no estaba en su consultorio y tardó un buen rato en contestar su llamada. Mientras Terry seguía junto al teléfono en el vestíbulo, Candy se acercó a él, frotándose la sien con la mano y con Albert a su lado.
-Te pedí que no te movieras-dijo Terry.
Candy alargó una mano temblorosa hacia el teléfono. Renuente, Terry lo alcanzó primero y se lo dio.
Después de contestar unas preguntas, Candy colgó.
-La doctora irá a examinarme a la casa.
-Voy por el coche, entonces-dijo el castaño sin saber qué otra cosa hacer.
& & &
Eleanor insistió en quedarse con Candy hasta que llegara la doctora.
Mientras que esperaba con Albert Andrew en el vestíbulo de la planta alta, Terry no paró de caminar de un lado a otro, todavía confundido, sin saber qué decir.
-Así que tú eres Terruce Grandchester-dijo Albert después de un rato-. Candy me habló de ti.
-Pues a mí no me habló de ti-reconoció Terry.
-Le asustaba hacerlo.
Se fijó bien por vez primera en Albert, en su cabello rubio y el brillo en sus ojos, en sus rasgos faciales. Terry reconoció que si existía un parecido entre él y su esposa.
-¿Por qué iba a asustarle?
-No sabía cómo ibas a reaccionar. Presentía que estaban cerca del divorcio, y temía que si averiguabas de mi existencia las cosas empeorarían.
-¿Divorcio? ¿Por qué iba a pensar ella que…?
-Oh, conozco a los de tu clase. Mucho dinero, mucho trabajo y muchos viajes de negocios. El último que harías iba a durar dos meses, ¿verdad? Candy pensaba que todo eso significaba que no te importaba tu matrimonio, que no te importaba ella.
-¿Ella te dijo eso?
-Si conoces bien a tu esposa, sabrás que ella nunca lo diría. Es demasiado fiel a ese compromiso que tiene contigo. Pero yo pude ver más allá de su exterior, a pesar de que la conocía hacía poco tiempo.
-Creí que su padre murió cuando era una adolescente-muchas cosas no encajaban aún.
Albert palmeó el sofá donde yacía sentado.
-Siéntate. A menos que tengas algún inconveniente en sentarte junto a un ex convicto.
Terry captó el desafío que había en la mirada de Albert y se sentó junto a él, diciendo antes:
-Cuéntame todo lo que deba saber.
El rubio lo miró con dureza un momento. Luego sólo suspiró.
-El pasado octubre, Candy encontró una carta que yo le escribí a su madre estando en la cárcel. Marjorie y yo nos conocimos cuando ella tenía veintiún años y estaba aún en la universidad. Nunca debimos unirnos. Ella era demasiado refinada, y quería ser abogada. Supongo que por eso pensé que podía darle lo que deseaba por el camino más fácil. Malversé fondos donde trabajaba, entregué cheques falsos...y me atraparon. Mientras estaba en la cárcel, Marjorie descubrió que estaba embarazada.
-Pero tu nombre no aparece en el certificado de nacimiento de Candy.
-Había un amigo de la familia que se había encariñado con Marjorie, a pesar de que era quince años mayor que ella. Era médico, la clase de hombre con la que debió relacionarse desde el principio. Se casaron y Candy recibió su apellido al nacer. Marjorie me escribió para decírmelo. Yo había arruinado mi vida, y lo menos que podía hacer era salir de la suya. Acordamos no volver a vernos nunca más.
-Candy nunca lo supo.
-No hasta que leyó la carta.
-¿Cómo te encontró?
-Por un investigador privado que descubrió mis antecedentes penales…
-¿Y cuándo te encontró?
-Me llamó por primera vez en febrero. Hablamos mucho tiempo por teléfono. Pero yo tenía estrictas órdenes de colgar si tú contestabas. Candy quería decírtelo, y ansiaba ese momento en el que pudiese hablar contigo. Entonces le dijiste que te irías por dos meses. Sintió que teníamos que vernos en persona, que tenía que pasar un tiempo conmigo para poder decirte la verdad antes de que te marcharas.
-Estuvo contigo esos cuatro días que se ausentó.
-Sí. En un pequeño pueblo cercano a Newark. Tengo allí un pequeño restaurante. Candy comprobó que llevo una vida honesta-Albert sacó una hoja doblada de su bolsillo-. Ésta es la carta que encontró. Creo que sería conveniente que la leyeras.
Terry tomó el papel y le echó un vistazo, sin tratar de apartar el sentimiento de culpa que se adueñó de él por completo.
-Pensaba que me estaba engañando con otro hombre, que me estaba siendo infiel. La he juzgado, la he tratado como si hubiera hecho algo imperdonable. Si nuestro matrimonio estaba en peligro antes, puede que ahora lo haya destruido por completo. ¡No puedo creer que haya estado tan ciego!
-Nada de lo que te diga va a hacer que te sientas mejor-lo miró pensativo aquel hombre-. Empezaba a pensar que eras un verdadero miserable, dejándola sola noche tras noche, buscándola sólo cuando te era conveniente.
Terry bajó la mirada, porque lo que acababa de afirmar el padre de Candy era cierto.
-Tienes razón. Si tuvo miedo de decirme que había encontrado a su verdadero padre, no la merezco.
-Me parece que los dos estaban cometiendo errores.
-Ella no lo verá así. No ahora que ha recuperado todos sus recuerdos. Candy quería reconstruir nuestro matrimonio, y yo la he juzgado deliberadamente.
-No conozco a mi hija hace mucho, pero sé que te amaba.
Terry se dio cuenta de que no había cuidado suficiente de aquél amor, de que lo había dado todo por sentado. ¿Cómo iba a perdonarlo Candy por eso? Y aún menos por sus dudas y sospechas.
La puerta del dormitorio se abrió en ese momento, eran la doctora Coswell y Eleanor. Sonriendo a Albert, ésta última dijo:
-¿Por qué no bajamos al salón, donde espera mi marido? Creo que deberíamos presentarnos formalmente.
La doctora Coswell esperó a que se fueran para hablar con Terry.
-Su esposa está durmiendo. Le he dado un sedante suave para tranquilizarla.
-¿Cómo se encuentra?
-Tiene un terrible dolor de cabeza, pero creo que se le pasará durmiendo. Lo que sucedió ha sido muy traumático para ella. Cuando su padre entró en la sala donde estaba dando ese discurso, todos sus recuerdos le cayeron encima como una avalancha.
-No ha preguntado por mí, ¿verdad?-Terry temía que eso fuese un indicio de que Candy ya había renunciado a él y a su matrimonio.
-Déle tiempo para aclararse. Sus emociones y la repentina recuperación de su memoria la han dejado exhausta. Podría enfrentarse a todo eso después de una noche de sueño. Le he dicho que me llame mañana para saber que tal se siente.
Mientas acompañaba a la doctora a la puerta, Terry sólo podía pensar en su esposa.
Con una percepción que Terry agradeció en silencio, su madre le sugirió a Albert Andrew que se quedara a pasar la noche en su casa. El rubio aceptó.
Estando ya a solas, Terry permaneció frente a la puerta de la alcoba, perdido en el silencio, atormentado por los remordimientos. Candy necesitaba dormir, pero él necesitaba estar a su lado. Abrió con cuidado la puerta. Sintiendo un tremendo dolor en su corazón, supo que no podía tumbarse junto a ella, porque probablemente Candy no querría que lo hiciera. De manera que, silenciosamente, acercó una silla a la cama y se sentó en ella, sin apartar la mirada ni por un momento del rostro de Candy.
& & &
Los primeros cantos de los pájaros despertaron a Candy. Sin abrir los ojos todavía comprobó que el dolor de cabeza había desaparecido. Había emergido casi con la misma velocidad con la que habían vuelto sus recuerdos al ver a su padre en a sala de la apertura al evento.
Su padre. Albert.
La carta que halló en el ático entre las cosas de su madre fue una terrible conmoción que hizo temblar varios pilares de su identidad. El hombre que había admirado y amado mientras crecía no era su verdadero padre. Su madre había guardado el secreto durante toda su vida. ¿Por qué se avergonzaba de la aventura que tuvo con Albert Andrew? ¿Por qué estaba avergonzada de él?
Las semanas en las que se debatió de buscar o no a ese padre biológico se alteró bastante. Pero después de contratar a un investigador privado supo que ya no había marcha atrás. Le gustó Albert desde su primera conversación telefónica. Pero tuvo miedo de decírselo a Terry…
Terry…
¿Qué estaría pensando ahora? Había mantenido el secreto durante meses, temiendo perderlo si le revelaba sus verdaderos orígenes. Terry se había casado con ella por ser quien creía que era. La condición social de sus padres formaba parte de su identidad. La escena de la noche anterior pasó como un relámpago tras sus párpados cerrados. La familia de Terry, sus padres y colegas habían sido testigos de todo. Todos sabían que su padre no era un doctor, sino un ex convicto.
¿Pero qué más daba? Aunque los murmullos hubiesen ya empezado, ya no tenía de qué avergonzarse. Al principio le asustó tener por padre a un hombre que estuvo en la cárcel, pero cuando conoció a Albert y vio como había reformado su vida, se sintió orgullosa de él. Y si Terry no podía aceptarla por quien era realmente, por mucho que lo amara, tal vez no podrían estar juntos.
La noche anterior se había sentido muy débil para verlo, sabiendo que seguramente habría desaprobación en su rostro, enfado porque no le dijera la verdad de su padre. Abrió los ojos, dispuesta a salir de la cama e ir en busca de Terry…
Se quedó paralizada. Terry yacía sentado en una silla junto a la cama, con la cabeza apoyada contra el respaldo.
Debió hacer algún sonido, porque Terry abrió los ojos y se irguió en la silla. Por la intensa mirada que le dedicó, Candy supo que debía abordar el tema.
-Lamento lo de anoche, y lamento no haberte contado lo de mi padre. Temía perderte.
El canto de un pájaro llenó el silencio que siguió a sus palabras.
-¿Llegaste a saber alguna vez que me tenías a mí? ¿Que contabas con mi amor?-preguntó Terry.
Inesperadamente, se le llenaron los ojos de lágrimas a Candy. Inclinándose hacia ella, Terry la tomó de la mano con cuidado, como si temiera que fuera a apartarse.
-No tienes nada de qué avergonzarte. Yo sí, y por demasiadas cosas. Hasta que tuviste el accidente no comprendía que un matrimonio necesita cuidados y cariño para crecer. No me di cuenta de que te estaba dejando al margen de todo, protegiéndome de la clase de intimidad que querías. Esta noche he pasado muchas horas pensando en mi fracaso como marido.
-Tú no has fracasado, Terry. Yo no tuve el suficiente valor para…
-Te he fallado-la interrumpió él, con voz grave-. Si hubieras sabido que de verdad te amaba, me habrías contado lo de tu padre.
Candy se irguió en la cama y se inclinó hacia él.
-Debí decirte que me sentía sola, que me daba miedo tener hijos porque no sabía si nuestro matrimonio era lo suficientemente fuerte para darles el apoyo y el amor que necesitarían. No debí poner mis sueños a un lado y depender tanto de ti.
Terry la miró a los ojos con esa mirada penetrante.
-Te amé desde el primer momento en que te vi, pero nunca te lo dije lo suficiente…si es que alguna vez te lo dije. Supongo que pensaba que mi deseo era suficiente demostración. Pero cuando empecé a crecer…-se detuvo antes de continuar por un momento-. Siento haber dudado de ti. No tengo ninguna excusa, excepto que, tal vez, de quien dudaba era de mi mismo. En el fondo, sabía que no te estaba amando lo suficiente.
-¿Cuánto es suficiente?-preguntó ella con voz baja.
Tras unos momentos de silencio, Terry habló:
-Suficiente es poner tus sueños junto a los míos, no detrás. Suficiente es pasar tiempo contigo sin más que la dicha de sentirte junto a mí. Suficiente es criar a unos hijos que serán sinceros y cariñosos y que sabrán confiar mucho mejor que yo.
Se veía tan inseguro y vulnerable, como si ella aún pudiera rechazarlo. Pero ni podía ni quería. Ni en esta vida ni en la siguiente.
-Te amo, Terry-le dijo ella con una tibia sonrisa-. ¿Me harás el amor?
La tensión en su rostro se suavizó de modo evidente. Tomó una mano de Candy y la besó con tanta ternura que ella estuvo apunto de romper a llorar. Luego, se levantó y se tumbó en la cama junto a ella. Apartándole un mechón de pelo de la frente, le dijo:
-He llegado a la conclusión de que, tras tu accidente me olvidaste a mí y a nuestro matrimonio, porque yo no te había querido lo suficiente. Te prometo que durante los próximos sesenta o setenta años, por el resto de mi vida, nunca olvidaré decirte cuanto te amo.
Candy rodeó a su marido con ambos brazos, y mientras él la besaba, su fervor le dijo que había creído cada una de sus palabras.
Notas finales:
¡Wow, ¿qué les pareció niñas?! ¿A poco no se sorprendieron con Albert? Okey, sé que la gran mayoría de ustedes sospechaba que Candy nunca le habría sido infiel a Terruce, y… ¡ACERTARON! jajaja. Si en el cap anterior les dije que Candy tenía que escoger, era porque así había sido…hasta que Terry le dijo que no le molesta que Albert esté en su vida también (como su padre, claro). Y la posible decepción que tendrían pues era lo fácil que Candy perdonó a Terry: ¿a poco no merecía lo peor por creerla capaz de traicionarlo y juzgarla incluso? Por supuesto Candy se sentía culpable por no decirle la verdad de sus padres y claro que asumió eso como "estamos a mano".
Jenny, Natalia y Jennie me alegra que les haya gustado el cap, y espero que esté también les haya gustado, aunque si no ustedes saben, un review basta. Lesly y Andrea que bien que decidieran leerme, gracias por ello, y como a las demás, las complazco en este cap con la verdad de la historia y dejando juntos a la pareja dorada. Reeven prometo esforzarme en el epigolo, para complacerlas a ustedes y a todas, claro está.
Bárbara te comprendo, hay muchas cosas que aclarar, pero creo que a Terry podemos creerle en este cap, realmente está aceptando a la nueva mujer que tiene y dejando en claro que no importa como venga el futuro, estarán juntos...suspiro, suspiro, jajaja. Arely, estoy de acuerdo contigo, y por eso aplaudo que al fin estos dos decidan dejar a un lado sus inseguridades y amarse sin prejuicios.
Aide, te comprendo, todas las nenas que hemos visto a Candy tenemos un galán favorito, aunque sabemos que todos son bellos, hermosos, apuestos y especiales; como soy nueva en el mundo fanfiction no puedo darte direcciones o nombres de fics de estos papacitos, pero si puedo darte dirección de un grupo donde encontrarás muchos que hablen de Albert, que por lo visto es tu galán preferido: es.groups./group/candy-blanca/
Avances del próximo Cap:
Boda. Estando en la soledad de su habitación, Candy no resiste más y decide contarle a Terry lo que lleva callando por ¿un mes?
Ahora sí, chicas, espero haberlas complacido a todas con este cap, y me despido hasta la próxima semana. ¡Saluditos!
