Cada capítulo está inspirado en una canción. Ya sea el nombre, la melodía, la letra, o todo lo anterior, el capítulo funciona entorno a la música. Recomiendo escuchar la canción mientras se lee el capítulo para sumergirse totalmente en la historia, aunque claro es opcional.

Canción: Torture

Artista o grupo: Les Friction

Capítulo 11

Tortura

"Eres para mí un delicioso tormento"

– Ralph Waldo Emerson

Cuando volvió a abrir los ojos, Peter estaba en cuclillas frente a él, con una botella de agua en las manos. Sus cejas estaban unidas, denotando preocupación.

—Señor Stark, ¿tiene ataques de pánico? —preguntó— Q-quiero decir, eso no es asunto mío. ¿Está bien? ¿Quiere algo de agua?

Tony asintió, tomó la botella y la abrió, bebiendo la mitad en un tiempo record. Intentó apoyar la cabeza contra el gélido suelo y cerró los ojos, concentrándose en normalizar su respiración. Resultó ser sorprendentemente fácil y no tardó en incorporarse.

Peter observó callado cómo Tony iba recuperando plena conciencia, y cuando lo miró, encontró una chispa encendiéndose en el fondo de sus ojos. Supo entonces que Tony estaba reviviendo todo lo ocurrido, la sombra de la culpa extendiéndose sobre su rostro era prueba de ello.

—Tienes que irte— dijo parcamente, confirmando sus temores.

—No hasta que me asegure que está bien.

—No necesito niñera, estoy bien. Tú te irás de inmediato —dijo en un tono que zanjaba el asunto.

—Pero…

—Sin peros —se puso en pie, mareándose en el acto, mas no dejó entrever ningún signo de debilidad— F.R.I.D.A.Y., dile a Happy que tiene a un mocoso esperándolo para que lo lleve a casa.

"Sí, señor"

Hubo una pausa.

—¿F.R.I.D.A.Y.?

"¿Sí, señor?"

Tony miró a Peter.

—Borra las grabaciones de los últimos 25 minutos en este salón, por favor.

"A la orden"

Hizo una fuerte exhalación.

—Ya puede irte, muchacho.

—Necesito preguntarle algo primero. No voy a irme hasta saber la respuesta —Peter aparentaba seguridad, pero Tony pudo entrever sus nudillos apretados y el cuerpo temblando.

—No quiero escuchar tu pregunta. No hagas esperar a Happy.

Peter no se dejó acobardar.

—¿Tú querías besarme? —cuestionó— ¿Querías hacerlo?

Tony se dio el lujo de ni siquiera pensarlo.

—No voy a honrar a esa pregunta con una respuesta. Vete.

Necesito una respuesta —presionó Peter, testarudo como siempre.

—Peter… No hagas preguntas de las que no quieres conocer la verdad —especialmente cuando él no quería saber la verdad.

Se miraron largamente y con dureza. Tony no sabía lo que pensaba Peter, de pie, frente a él, con sus ojos llenos de dudas contenidas. Parecía buscar algo en su mirada, inseguro de saber lo que buscaba siquiera. Al no lo encontrarlo, sea lo que se suponía que era, Peter cubrió su cara con las manos, en señal de derrota.

—He jodido todo, ¿verdad?

Tony no dijo nada. Estaba seguro de que no era culpa de Peter, aunque con eso admitía que era la suya, y se le revolvía el estómago.

—Era perfecto y lo jodí todo —su voz se había quebrado y sus manos ocultaban las lágrimas cayendo finalmente.

—Peter —lo llamó, asustado por los sollozos del chico. Lo único que le faltaba era hacer llorar al niño que había besado—. Peter, mírame.

Pero esta vez fue el turno de Peter derrumbarse contra el suelo, inconsolable. Sentado en posición fetal y con la cara entre las rodillas, Tony se arrodilló junto a él, sin olvidarse de dejar una prudente distancia entre ambos.

—Peter…Peter, escúchame. Esto no es tu culpa, ¿me oíste? —sus palabras eran simples andamios sosteniendo una pared que se estaba desmoronando— No puedes culparte de nada porque tú eres inocente —"lo mires por donde lo mires, yo soy el malo aquí" se dijo en silencio— Resolveremos esto, lo prometo.

El muchacho alzó ligeramente la cabeza. Le partió el corazón a Tony ver lágrimas fluyendo cual riachuelo en sus mejillas. Se odió a sí mismo. Todo estaba tan mal. Completamente mal.

—Pero debes irte, lo siento —continuó. Otro insoportable dolor de cabeza se avecinaba—. No puedo lidiar contigo ahora mismo, simplemente no puedo. Dame tiempo y resolveremos esto juntos. Esto no tiene por qué terminar así —"no puede terminar así" pensó. Tenía que ser un mejor adulto que eso. Para Peter. Y por su propio bien.

El chico asintió ligeramente, varias veces. Pareció haberse repuesto ante la frase "resolver juntos" o lo que sea que significara aquel desastre.

Se irguió lentamente y con voz ahogada dijo:

—Perdone por haberle causado un ataque de pánico.

—Ese ataque ha querido venir desde semanas atrás, chico. Tú no provocaste nada, deja de culparte ya.

Peter volvió a asentir.

Cuando Happy lo recogió, Peter luchó por aparentar frescura y tranquilidad. Si dio o no dio resultado, fue un misterio para él. Tenía cosas más importantes en que pensar.

No obstante, Tony decidió posponer para el día siguiente todos sus endemoniados pensamientos que clamaban por devorarlo. La tortura vendrá después, se dijo.

Tomó dos píldoras de Valium, un trago de whisky y fue a acostarse en su cama. Finalmente, el dolor de cabeza se desvaneció y cayó en un sueño oscuro.


El sonido de la puerta azotándose sobresaltó a May. Su sobrino había vuelto a casa.

—¿Tan rápido vuelves, tesoro? No te esperaba sino hasta muy entrada la noche. Tú y Ned suelen perder noción del tiempo.

—Tuvimos que pausar el juego por fallas técnicas. El internet de su casa no funcionaba —dijo Peter en una apresurada manera.

—Oh, bueno —le dedicó una sonrisa maternal. Ella se encontraba leyendo en su sillón favorito junto a la ventana. En circunstancias normales, su vista y concentración regresarían a su lectura, pero un rápido vistazo a su sobrino le dejó en claro que algo no andaba bien—¿Sucede algo?

—¿Qué? ¿No? —se aclaró la garganta— Quiero decir, no, ¿por qué?

—Te ves distraído. Más de lo usual. Y tus ojos están hinchados… ¿fumaste algo? —May no sonaba enfadaba ni mucho menos seria. La firmeza y autoridad no era lo suyo. Su voz tenía un acento divertido, en cambio.

Peter rio secamente.

—Cuando pruebe marihuana serás la primera en saberlo. Aunque las probabilidades son bajas, créeme.

—Un problema menos que me quitas de encima, gracias —sonrió, pero la línea de la preocupación no desapareció de su frente. Intuía que algo pasaba dentro de la cabeza de Peter. Nunca fue bueno enmascarando sus emociones, aunque ella intentaba darle espacio. No había mucho que pudiera hacer sino enviarle toneladas de amor y esperar a que su sobrino decidiera contarle por sí mismo. Aunque…

—Te invito a almorzar mañana, cariño. ¿Qué te parece el restaurante tailandés que nos gusta?

—Sí, claro, suena bien, perfecto —Peter no pareció escucharla y luego se despidió para dormir temprano. Cosa rara, pensó May.


En su habitación, lejos de todo ruido o distracción, las preguntas afloraron con ganas, como una destrucción masiva.

¿Y si Stark no se hubiera detenido? ¿Hasta dónde hubieran llegado? ¿Hasta dónde Peter le hubiera permitido llegar? La simple duda le daba escalofríos. Ni hablar de la respuesta. Peter no podía dejar de pensar en esa parte de los hechos. La parte donde Tony lo mantenía cerca, besándolo, tocándolo, robándole el aliento.

Anteriormente había sido capaz de mantener su lujuria a raya (bueno, más o menos) pero ahora que había probado lo que se suponía que era inalcanzable, el universo se expandió para él y se dio cuenta de lo que se había estado perdiendo.

De su ventana se asomaba una luna asesina, madura y gigante que iluminaba su cama. Se lanzó sobre ella y ocultó su rostro en la única almohada que tenía. El sol ya estaba a punto de desaparecer.

Quería volver a ver a Tony, quería besarlo otra vez y otra vez y otra vez. Deseaba apartar las dudas con palabras claras, pues el recuerdo de su tacto palidecía con la luz del sol desvaneciente, de la misma forma en que un sueño se olvida si no se escribe en papel de inmediato.

Sus manos viajaron a su cabeza y, con cierta furia, despeinó su cabello, intentando y fallando en contener la intensidad de sus pensamientos. Apretó los dientes y con una profunda exhalación, y sin poder aguantar más, se puso en pie.

Esa noche hizo lo que mejor sabía hacer para mantener la mente ocupada; defender el vecindario como la amigable araña heroica que era.


¿A dónde va uno cuando no quiere estar en ninguna parte?

¿En dónde se refugia una persona atormentada cuando el origen de su tormento está en su propia cabeza?

Tony había comenzado a cubrirse de una ligera sabana de sudor frío en medio de su sueño.

—Despierta, bastardo holgazán.

No deseaba abrir los ojos. Temía darse cuenta de la hora. Temía darse cuenta de que era hora de enfrentarse a la vida.

—Tony, en serio levántate. No me gusta ser la mamá —insistió Rhodey con acidez.

Se dio por vencido.

—F.R.I.D.A.Y. es mucho más gentil para despertarme —murmuró contra la almohada—. Te puede dar un truco o dos —se incorporó con pesadez en el cuerpo, intoxicado como una cucaracha, mareado como una mosca.

—No necesito aprender trucos para despertar a un alcohólico. La mano dura es lo más efectivo, lo aprendí de mi padre.

Tony reparó en la botella de whisky encima del tocador.

—Sólo tomé un trago.

—¿Y porque te ves tan desecho y jodido? Si no fue el alcohol, ¿qué fue entonces?

—Dos píldoras de Valium. Efectivas, pero te noquean por completo.

Rhodey solía ser suspicaz cuando se trataba de Tony y su problema para controlar la bebida. Pero decidió darle el beneficio de la duda, su amigo no parecía estar en su mejor momento.

—Te ves peor que una mierda.

Tony suspiró y pasó las manos por la cara, sintiendo los años acumulándose sobre sus ojos. Miró el espejo que había junto al armario. Su aspecto no podía ser más miserable.

—Que adulador, no sigas.

—Últimamente te había visto mejor —continuó Rhodey, sentándose junto a él con dificultad por su pierna—. Digo, seguías viéndote como una mierda, pero era una mejor mierda que la de meses anteriores. En cierta parte creí que se debía a ese chico tuyo.

Ese comentario detuvo el corazón de Tony por un segundo.

—¿Qué?

—El chico que viene a veces al laboratorio. El chico araña, el chico maravilla o como se llame.

—¿Cómo sabes que viene al laboratorio? —no había porqué ponerse paranoico todavía, ¿o sí? Borró todas las grabaciones, estaba seguro. Él no sabe, él no sabe, no puede saberlo.

—Happy me dijo que ese niño viene de vez en cuando a la mansión para trabajar contigo en proyectos de ciencia. No he tenido el placer de conocerlo.

Tony por poco y suspira de alivio.

—Desde que lo vi en Alemania me di cuenta de que era listo —agregó su amigo—. No sabía que era tan listo como para que lo dejaras trabajar en tu preciado laboratorio.

Es brillante, pensó Tony. Pero no diría eso. No en voz alta.

—Creí que estabas en contra de reclutarlo —señaló.

—Lo estaba, pero mira, ese chico claramente necesitaba un mentor, y tú necesitas… ¿alguien a quien cuidar? —Rhodey estudió la cara de Tony con curiosidad. Tony hacía su mejor esfuerzo para ocultar la amargura que esas palabras le provocaban. Si lo que necesitaba era cuidar al chico, obviamente había estaba fracasando estrepitosamente— Sólo cuídalo como hubieras querido que te cuidaran a ti.

Tony optó por cambiar de tema, indispuesto a conversar más sobre Peter.

—Iba a enseñarte la nueva actualización de tu prótesis —se levantó de la cama y se cambió la camisa blanca que llevaba por otra exactamente idéntica—. Ésta te va a volar la mente.

—¿Respira fuego? – bromeó Rhodey.

Y marcharon juntos al taller. Su amigo iba con paso lento y vacilante, y Tony se quedaba a su lado para atraparlo si éste tropezaba. En su interior, Tony formulaba múltiples estrategias con tal de alargar la estadía de Rhodey.

—¿Y cuál era ese asunto importante que iba a cambiar las vidas de todos, por cierto? —dijo para iniciar un tema de conversación—. Tus mensajes de voz siempre son un enigma que no me gusta resolver.

—Muy pronto para decirte.

Tony no insistió. Rhodey era tan terco como él, una de las cualidades que los unía.

La compañía de su amigo resultó ser un suero para su amargura y una fantástica distracción. Charlaron sobre los viejos tiempos, sobre el nuevo rumbo que la empresa tomaba ahora que Pepper estaba a cargo y de cómo iba a beneficiar a Industrias Stark aliarse con Oscorp. Hablaban, cada quien, con una bebida en su mano; Rhodey sujetaba una lata de cerveza y Tony, para su pesar, un vaso de agua con una aspirina burbujeando adentro.

Sin embargo, cuando Rhodey se fue, casi se toma un whiskey entero. Casi.


El domingo por la tarde no se hizo esperar demasiado, y aunque Peter había olvidado por completo la invitación de May de comer fuera, su tía, pacientemente, le recordó.

A la vuelta de la esquina, sentados en la usual mesa, comían en silencio.

—¿Me pasas la sal? —la voz miserable de Peter preguntó.

—Cariño, ¿estás nervioso por las finales? —dijo May en respuesta.

Peter la miró con la boca llena de tallarines. Los tragó con dificultad.

—Yo sólo quiero la sal.

—Es que has estado actuando raro últimamente —explicó May sin escucharlo—. Pensé que se debía a ese decatlón. Estudiaste demasiado en tu habitación el día de hoy, debes estar agotado.

Lo curioso era que Peter realmente había estudiado sin parar. Después de una tranquila y aburrida noche patrullando, descubrió que el complicado tema de la Energía Nuclear y la Termodinámica tenía el poder de apartar sus pensamientos lejos de Tony intermitentemente. No con rotundo éxito, pero al menos había abandonado la necesidad de verter ácido sobre su cabeza cada vez que los recuerdos lo corroían sin decencia.

—No, digo, sí, estoy cansado —dijo confusamente—. Ya sabes la presión que tiene el equipo de ganar este año. Podríamos convertirnos en campeones invictos por tercer año consecutivo. Algo así, en mi historial académico, me vendría muy bien para la universidad —fingir que esas cuestiones le importaban se volvía alarmantemente sencillo con la práctica.

—Me alegra mucho oír eso —la sonrisa de May también era fingida—. Pero…me da la sensación de que estás angustiado por otra cosa. No estás en tus cinco sentidos últimamente. Pareces desorientado, y distraído y, aunque no vas mal en la escuela, todos tus profesores me han dicho lo mismo; que pareces estar en otro planeta. A veces te digo una cosa y parece que no se te grabó nada en ese disco duro tuyo y… —May dejó suspendida la frase. Abrió la boca en plena conmoción y miró a Peter como si los secretos del universo se le hubieran sido explicados con lujo de detalle.

—Amm… ¿May? —preguntó Peter con cautela.

—Por supuesto —susurró ella— Es tan claro que no sé cómo no me fijé antes.

—May, oficialmente me has perdido.

—Estás enamorado —ella entornó los ojos y retrocedió sobre su asiento sin quitarle la vista encima a su sobrino.

Peter parpadeó varias veces, sin haber procesado la información.

—¿Qué?

—Estás enamorado – repitió May, pareciendo más y más encantada— ¡Eso explica todo! Tu falta de atención, tus largos suspiros y ahora mismo te estás poniendo más rojo que un semáforo en alto.

Peter quiso decir algo para negarlo, pero lo único que pudo hacer fue dejar la boca abierta algunos segundos mientras contemplaba la expresión triunfante de su tía. Finalmente recuperó la habilidad para hablar en balbuceos.

—Yo…yo no estoy…si lo estuviera… ¡May, deja de reírte!

—Lo haré cuando dejes de sonrojarte. Dios, podría freír un huevo en tu frente.

Las orejas de Peter estaban incendiadas en vergüenza y humillación.

—Eres adorable. ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene?

Esas eran preguntas demasiado peligrosas.

—¡May! —Peter, presa del pánico, azotó su frente en la mesa, haciendo que todo lo que estaba sobre ella saltara.

—Cariño —May había dejado de reírse. Su voz sonaba cálida y gentil—. Habla conmigo. Lo que sea que estés sintiendo, no importa, te apoyo al cien por ciento —"sí, como no", pensó Peter amargadamente—. Sabes que puedes decirme lo que sea.

Peter levantó la cabeza. La expresión de amor y comprensión reflejada en May le hacía sentirse asqueado consigo mismo.

—Yo… —pensó durante un segundo— No es nada serio. No hagas un gran lío de esto —le advirtió—. Ni siquiera creo que vayamos a…es decir, no creo que… él no me ve de esa forma y –

—¡¿Él?!

Los dos se quedaron mirándose durante un segundo con los ojos muy abiertos.

Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.

Había olvidado los principios de discreción que se había prometido respetar. Se cubrió la cara con las manos, reprochándose por su error.

May, sin embargo, parecía aún más encantada.

—Cariño, ¡está bien! No tienes de qué avergonzarte, puedes ser honesto conmigo.

Peter deseaba ser tragado por la tierra. May, por otro lado, lucía repentinamente indecisa.

—… ¿es Ned?

Peter se descubrió la cara y la miró sin comprender.

—¿Es Ned quien te gusta?

La simple idea de Ned y él, juntos, le hizo soltar una carcajada nerviosa e histérica.

—¿Qué? ¡No! ¡Claro que no! ¿Cómo se te ocurre pensar en algo tan retorcido como eso?

—Pasan tanto tiempo juntos —se justificó May, riendo también—. No lo suficiente para iniciar un romance, supongo.

—No, definitivamente no.

—Bueno, sea quien sea, sólo dile lo que sientes. Estas cosas pasan volando, ¿sabes? Tienes que aferrarte a ello.

Peter tragó saliva. Si tan sólo supiera. No estaría tan complacida definitivamente.

—Eres una persona asombrosa —continuó May— y guapo. Estaría sorprendida si ese chico no estuviese interesado en ti también.

Sólo un poco, tal vez, quizá. Pensó al recordar los labios de Tony moviéndose contra los suyos.

Para ahorrarle el tormento a su sobrino, May cambió de tema. El resto de la tarde, en medio de las charlas con su tía, Peter oía sin escuchar. Como esas películas extranjeras sin subtítulos que sólo comprendes porque pasa algo cuando pasa. Lo demás, un galimatías incomprensible. Peter tenía la cabeza en otro lado; en la boca de su mentor, en su corbata, en sus manos, en las enormes pestañas de sus ojos.


Tony se abstuvo de servirse una copa de vino. Quería establecer que estaba en son de paz consigo mismo, quería sentirse audaz y correcto, quería pensar con claridad en lo que debía hacer a continuación.

"Te veo mañana en la mansión a las 4:30. Hablemos con algo de sensatez y estaremos bien"

Después de unos minutos llegó la respuesta.

"Ok"

Tony Stark era muy bueno para eludir los problemas. Evitar la confrontación, rehuir las cosas complicadas; era un experto en ello. Una de tantas razones por las que Pepper lo dejó. Con el tiempo, había aprendido la lección.

Peter Parker era un error que debía enmendar, cuanto antes.

¿Pero cómo enmendar un error que se veía tan apetitoso?

El interior de Tony ardió con el veneno recorriendo su sangre, en una extraña combinación de deseo y culpa.

Ahora que estaba solo, ahora que no encontraba distracciones, ahora que no había excusas, permitió que múltiples pensamientos e imágenes desfilaran por su mente; él besando a Peter, devorando su cuello, mordiendo sus adorables orejas enrojecidas, borrando con su boca todo rastro de lágrimas en las mejillas del chico, escuchando sus gemidos…

Era increíble que un par de besos pudieran dejarle tal impacto.

El genio, filántropo, multibillonario, playboy…no había tenido sexo en meses. Era allí dónde encontraba la explicación a todo lo relacionado con Peter. Toda la lógica de sus acciones, de sus pensamientos inmorales y poco éticos sobre un menor de edad.

Ese menor de edad en particular.

Tenía sentido, al menos para Tony. Desde que rompió con Pepper, la única mujer que había amado, perdió el interés en citas, en conversaciones vacías, en el sexo casual y falto de afecto. Pepper dejó una marca en él, una que no se borraba todavía. Después de probar lo que una relación seria y comprometida era, volver al animal sexualizado que era antes, le parecía patético y degradante.

Un adolescente con fuerza sobrehumana, intelecto admirable y hormonas calientes, no era lo que esperaba, sin embargo. Cada vez que pensaba en él, tenía la imperiosa urgencia de golpear algo hasta sentirse mejor.

Sólo fue una vez, pensaba martirizado. Sólo pasó una vez, no volverá a pasar. Yo no soy así, yo no persigo menores de edad, yo no soy un…

Esa palabra.

Sacó de su bolsillo el celular con dedos temblorosos. Hizo la llamada que pensó que nunca volvería a hacer.

—Megan…

—Tony, más te vale que esto sea importante. Es mi único día libre en meses.

—Lo es, es importante.

Megan esperó en la línea.

—Esta es una de esas veces en las que necesito que seas muda. Difícil, pero no imposible —tomó aire—. Necesito que me encuentres una muy buena escolta. ¿Estás tomando nota?

Por supuesto —Megan se había convertido de pronto en la profesional que era— ¿Alguna especificación de cómo quieres que ella luzca o-

—Él —corrigió, sonando un poco avergonzado— Más bajo que yo, cabello un poco rizado, pero no demasiado. Asegúrate de que sea bonito y… —se sintió como un viejo pervertido— que sea…más joven que yo. Unos veinte años menos, mínimo. Será necesario que firme un acuerdo de confidencialidad y consentimiento, por lo demás, encárgate tú. No me preocupa el precio —añadió.

Dalo por hecho —dijo Megan sin sonar escandalizada en lo más mínimo. Tony tuvo que recordarse que Megan estaba acostumbrada a peticiones mucho más escandalosas y controversiales que esa. A diario recibía llamadas de aquella naturaleza por parte de innumerables ejecutivos y adinerados viejos verdes. El pensamiento no lo hizo sentir mejor.

—Voy a enviarte por email lo que encuentro y puedes elegir. ¿Eso es todo?

—Quizá pida una mujer, pero eso sería luego, no estoy seguro por el momento.

La llamada finalizó.

Porque, así, no lastima a nadie. Porque de esa forma mantiene el caos comprimido.

Porque haciendo esa llamada, Tony puede validarse con sexo; sucio y carente de emociones ni sentido, pero urgente y, sobre todo, moralmente correcto. Todo para disipar de su conciencia la palabra que empieza con "p". La palabra que creía firmemente que no se aplicaba a él.

Porque a pesar de ese beso, estaba determinado a no tocar de nuevo a Peter.

Porque Tony no es depredador sexual. No lo es. Es un hombre consumido y triste. Acechado por la soledad.