Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.


You say I'm crazy, 'cause you don't think I know what you've done.

Sam Smith


7 de Septiembre 2013

- Esto, esto es un teléfono celular. Se usa para hacer y recibir llamadas y mensajes de texto. Puedes entrar a internet con él y tomar muchísimas fotos. Hay demasiadas aplicaciones que puedes descargarte, yo te recomiendo una de belleza que tengo en el mío, ¡te ayudará a maquillarte y a lucir más bonita! También, puedes descargarte toda la música que desees y…

- Alice, para. No soy tonta, solo perdí la memoria. Sé muy bien lo que es un teléfono celular y que usos tiene.

La aludida adoptó un muy lindo color rosado en sus mejillas y sonrió avergonzada. Solo le iba a dar un poco de instrucciones en caso de que se perdiese.

- Lo siento, Bells. Ven – haló el brazo de la castaña – tenemos que seguir.

Para el poco tiempo que, según Isabella, conocía a Alice, esta se había convertido en una muy buena amiga al igual que Rosalie. Las tres salían siempre a cualquier centro comercial, y para sorpresa de todos, Isabella estaba siendo muy tolerante y hasta Alice en algunas ocasiones, lograba contagiar su hiperactividad para con las compras.

Un rubio muy alto las estaba esperando en la puerta de otro local de aquel centro comercial.

- Hola Jazz – la pelinegra se puso de puntitas y le dio un pequeño beso en la comisura de sus labios. El rubio la miro con dulzura - ¿y Edward? – preguntó al no encontrarlo por ninguna parte.

- Aquí – se escuchó una voz a sus espaldas. Las muchachas giraron hasta poderlo observar. Caminaba tan elegantemente.

¡Dios mío! Que guapo pensó Isabella mientras aguantaba un suspiro mordiéndose el labio.

- Buenos días, pequeñas damas. Disculpen la demora, estaba estacionando el auto. – Isabella asintió con su cabeza, incapaz de decir palabra alguna.

- Bien, ahora que has llegado cada uno podemos tomar nuestro camino. Recuerda que nos encontraremos en el patio de comidas a las dos de la tarde, procura llegar con tiempo. Después haremos lo que ustedes chicos deseen. – Alice no paró a tomar aire ni un solo segundo y sonrió mostrando todos sus dientes cuando terminó. Isabella todavía se preguntaba como una persona tan pequeña como ella podía llegar a tener tantas fuerzas y energías.

- ¿Y Rosalie, Alice? – preguntó la castaña.

- Ella no llegará hasta un poco más tarde con Emmett. Además, ella ya sabe nuestra pequeña organización así que no nos preocupemos por ella.

Isabella observó cómo Alice entrelazaba un brazo con Jasper y emprendían su camino a quien sabe dónde.

- Nos hemos quedado nosotros dos. ¿Qué quieres hacer? – preguntó Edward.

- ¿Es una cita entre parejas? –Isabella arrugó su entrecejo.

- Creo…

- Pero…tu…yo…

- Bella - Edward la paro – si no te sientes cómoda conmigo, puedo llamar a Alice para que venga por ti y yo me puedo ir.

El tono de voz con el que Edward le habló era melancólico. A Isabella no le gustó para nada como hizo sentir a Edward con su comentario y se maldijo mentalmente por decir cosas como esas sin antes haberlas pensado.

- No, no, no Edward. Todo está bien, perdón ¿sí? – Bella sin darse cuenta había sujetado entre sus manos, las manos de Edward. Estas se sentían cálidas, suaves, perfectas. Su pulso empezó a acelerarse, sabiendo con anticipación lo que el cuerpo de Edward producía en el de ella. ¿Por qué su corazón sabía todo lo que había vivido con Edward, todo lo que este la hacía sentir con solo un roce, pero su mente no? Suspiró resignada.

El cobrizo sonrió y levantó una de sus manos hasta la mejilla de Isabella.

- Bonita, no importa cuánto tiempo me tome, pero haré que te vuelvas a enamorar de mí. – acercó sus labios a los de ella. Estaban tan cerca, a tan solo milímetros de distancia, respiraban el mismo aire que el otro. Edward no podía dejar de ver esos carnosos labios rosados, un poco brillantes por algún producto de belleza que Isabella se habría puesto en ellos. La castaña cerró los ojos, preparándose con antelación al beso de Edward, más se llevó una gran decepción al sentir los labios de Edward en su mejilla. – Todavía no – susurró – Tenemos que seguir el itinerario de Alice, ¿dónde iremos primero?

A Isabella le tomó un poco de tiempo volver a poner sus ideas en orden para poder responder.

- ¿Sabes patinar?

- Si – el cobrizo rió – pero tú no, así que… elige otra cosa. – Bella arrugó su ceño.

- Entonces… ¿quieres acompañarme a la tienda de mascotas? Necesito comprarle unas cosas a Tito.

- A la tienda de mascotas será. – dijo Edward sonriendo ampliamente

Para asombro de Edward, Bella compró casi toda la tienda y lo obligaba a cargar a él las bolsas y, cuando él ya no pudo más, empezó a hacerlo ella.

La hora del almuerzo había llegado como un relámpago. Alice había reservado una enorme mesa para ellos e Isabella pudo observar que Rosalie ya se encontraba junto a la pelinegra. Edward y Bella se acercaron donde se hallaban sus amigos y ellos les sonrieron como bienvenida. Alice miraba a Isabella con un deje de orgullo al ver todas las cosas que había comprado y Edward no pudo hacer más que rodar los ojos.

Rosalie se levantó de su asiento, pasando de largo por la pareja hasta llegar a los brazos de un hombre muy grande, donde se fundieron en un muy grande beso haciendo que los presentes desviasen su mirada de ellos.

- Siempre tan fogosos – susurró Alice. Jasper sonrió con ella. Minutos después, la pareja se acercó a ellos.

- Chicos, él es Emmett McCarty y él es mí….

- ¿Príncipe? ¿Novio? ¿Amor de tu vida? ¿Cariño? Elige cualquiera, princesa – el enorme chico sonrió cual niño haciendo que en sus mejillas se marcasen adorables hoyuelos.

- Eres todo eso, mi osito modesto – Rosalie sonrió a su lado, mirándolo con adoración – Bueno, a Alice ya la conoces. Él es Jasper, él es Edward y bueno…ella es Bella.

- ¡Hola a todos! – sonrió Emmett – es un placer conocer a los amigos de mi hermosa novia. Tengo tanta hambre que me comería a un toro, ¿ya pidieron la comida?

- No todavía, ¿qué deseas comer Bella? – preguntó Edward

- Lo que sea, gracias

- Hermosa, ¿tú que quieres? – Jasper susurró a Alice.

- Un gran asado de pollo, por favor.

- Solo quedas tú, mi Barbie.

- Lo que tu pidas está bien, osito.

Todos los chicos se levantaron a pedido de sus novias, y fueron a complacerlas. Cada una suspiró al verlos partir.

- ¡Dios! Que buen trasero tiene Emmett

- Cuidado Alice, es mío.

- Lo sé. Él mío es mucho mejor.

- Si tú dices…

Isabella miraba a Alice y a Rosalie como si un partido de tenis se tratase, y sonrió. Podían decir lo que ellas quieran acerca de sus respectivos hombres, pero ella sabía que Edward era el mejor de todos.

Al cabo de un momento, cada uno de los chicos regresaba con dos bandejas llenas de comida cada uno. Disfrutaron de su almuerzo entre bromas por parte de Emmett y regaños de Rosalie hacia él. A Isabella, Emmett, le parecía un chico muy seguro de sí mismo y demasiado lindo, pero no del lindo que le gustaba, aunque debía admitir que era guapo, sino del lindo que se comportaba muy bien y tenía un carisma que lograba contagiar a cualquiera.

Una hora y media después, cuando todos estuvieron demasiado llenos como para poder caminar a Alice se le ocurrió una idea.

- ¡Vamos a jugar bolos! – dijo saltando en su asiento.

- Alice, no creo que sea buena idea – suspiró Rosalie mientras se acomodaba en su asiento.

- ¡Me parece una idea maravillosa!

- Emmett, cariño. No

- ¿Qué, Rossie? ¿Tienes miedo de perder?

- No me tientes, Emmett.

- Así que eso es. Bueno, cualquiera te ganaría.

Se hizo un silencio sepulcral en la mesa, todos los presentes miraban a la pareja. Rosalie se encontraba lanzándole dagas con los ojos a Emmett mientras este sonreía cada vez más y más.

- Vamos a patear algunos traseros chicas – dijo la rubia levantándose de su asiento con su bolso en mano. Los chicos rieron y chocaron palmas entre ellos y las chicas franquearon a su amiga, cada una a un lado.

Al llegar al sitio donde se encontraba un gran almacén de juegos, cada uno pidió un par de zapatos de su respectiva talla.

- Esto será divertido – Emmett hizo tronar los dedos de sus manos.

- Mujeres primero – Jasper hizo una reverencia, dándoles paso a las chicas. Rosalie bufó, Isabella rió y Alice lo besó.

El juego pasó sin complicaciones, a decir verdad, Isabella tuvo algunas dificultades al comenzar, pero a medida que los demás le iban explicando las reglas y cuál era la mejor manera de sujetar la bola, ella se convirtió en una de las mejores jugadoras. Ambos equipos iban a la par, cosa que asombró mucho y al mismo tiempo molestó un poco a los chicos, bueno, mejor dicho a Emmett que era el más competitivo.

- ¡Chusa! – gritó Rosalie, volviendo a su lugar. La pantalla marcaba la reciente victoria de las chicas. Faltaban tan solo dos tiros para terminar, uno por parte de los chicos, otro para las chicas.

- No lo creo – Emmett forzó sus musculosos brazos, haciendo que se marcaran sus venas.

Era el turno de Edward, este cogió la bola número 11 en su mano derecha y se preparaba para lanzarla. Antes de hacerlo, dio media vuelta y, mirando a cada uno de los presentes habló.

- Hagamos esto más interesante – el cobrizo sonrió maliciosamente - Si los chicos ganamos – guardo silencio, aumentando el suspenso - ustedes harán lo que nosotros queramos por… una semana, pero si las chicas ganan, nosotros tendremos que hacer cualquier cosa que ellas deseen por una semana.

En los rostros de los chicos se formó una gran sonrisa, las chicas mientras tanto se reunieron en un círculo, discutiendo los pros y contras de la situación.

- Me parece justo – Alice se cruzó de brazos – Quiero aumentar algo a la apuesta, los perdedores pagan la cuenta del estacionamiento de las ganadoras.

- ¿ganadoras? – Emmett sonrió burlón. Alice le sonrió sinceramente y asintió con su cabeza – Bien, ¡que así sea! ¡Dale con todo Eddie! – todos rieron, Edward solo gruñó en respuesta.

El cobrizo lanzó la bola, todos miraban expectantes el recorrido de esta y como, de poco a poco, se estaba desviando de su camino. Las chicas sonrieron con antelación, los chicos miraban preocupados el rumbo que estaba tomando la bola. Pero, en el momento menos esperado, la bola volvió de nuevo a su principal dirección y chocó con los pinos derrumbándolos a todos.

Los muchachos chocaron palmas cantando victoria. Las chicas estaban malhumoradas.

- Bella, es tu turno. Te juro que si fallas te perseguiré donde quieras que vayas y desearas no haber nacido – Rosalie susurraba amenazadora.

- Haz tu mejor esfuerzo, Bells. No importa lo que pase, igual te querremos – Alice sonaba tan compresiva, pero por dentro estaba más nerviosa que de costumbre.

Isabella asintió, y con un suspiro se dirigió hacia su bola número siete. Tres de sus dedos se insertaron en los huecos de esta y se la llevó a su pecho. Inspirando y exhalando suavemente. No le gustaba que todo el peso recayera sobre ella, pero tampoco le gustaba la idea de una posible pérdida y hacer todo lo que Edward le dijera por una semana. Determinada, caminó los pocos pasos que le faltaban, trato de medir al ojo la mejor manera para derribar los pinos. Lanzó la bola y, para mala suerte de las chicas, esta se empezó a desviar, quedando casi al filo del lado izquierdo.

Alice y Rosalie se mordían sus uñas, Isabella respiraba entrecortadamente, no quería perder. Las risas de los chicos se empezaban a escuchar cada vez más alto. Isabella apretó sus puños y rezó a todas las deidades habidas y por haber, que la ayudaran. La bola empezó a tomar un rumbo más estable, haciendo callar a los muchachos. Las chicas se levantaron a la expectación, faltaba poco para que la bola tocara a los pinos. Después de lo que pareció una eternidad para todos, la bola logro derrumbar a la mayoría de pinos. Faltaban dos, cada uno al extremo del otro, uno de ellos se balanceaba hasta que logró caer, pero el otro seguía intacto.

- ¡Ganamos! – gritaron los chicos al unísono mientras saltaban alegres por su victoria. El movimiento de aquel salto hizo que el otro pino se cayese, dando la victoria a las chicas. Ellas rieron asombradas y se abrasaron entre ellas.

- No

- Puede

- Ser

Los chicos tenían su mandíbula abierta.

- Amor, estoy tan cansada. Al llegar a casa, quiero que me hagas un rico masaje de pies. – Rosalie se ubicó alado de Emmett, haciendo que este la mirase con recelo.

- Jazz, yo quiero que me pintes las uñas de un lindo color rosa – Alice hizo lo mismo que Rosalie mientras entrelazaba un brazo con Jasper.

Edward miró con miedo a Isabella.

- Ya pensaré en algo – la castaña sonrió. Edward tuvo más miedo aún.

13 de Septiembre 2013

Isabella se despertó con el dulce cantar de los pájaros. Se estiró en su cama, sintiendo todos sus músculos tensarse y retraerse de gusto. Sonrió complacida.

Hoy era su cumpleaños y nada ni nadie podría arruinarlo.

Despacio, abrió sus párpados y vislumbró el blanco techo con estrellas fosforescentes de su habitación, bajó la mirada y a sus pies se encontraba una gran bola de pelos café claro mezclado con un poco de café oscuro y blanco, que subía y bajaba acompasadamente. Volvió a sonreír. Pataleo sus piernas haciendo que el pobre cachorro despertase de su letargo. Perezosamente levantó su cabeza hacia su dueña y, sin levantarse, logró moverse hasta donde ella se encontraba.

- Hola Tito, ¿amaneciste bien? – el perro le lamió la mano en respuesta y después se recostó de lado, volviendo a dormir – Eres un vago.

Isabella levantó las cobijas y se sentó en su cama. Llevó sus manos a su rostro tratando de quitar todo rastro de sueño. Su estómago rugió y se encaminó hacia la cocina.

- Buenos días, mamá – Isabella le dio un beso en la mejilla a su madre que se encontraba friendo tocino.

- Buenos días, hermosa. ¿Cómo amaneciste?

- Bien – Isabella esperó una felicitación por parte de su madre, pero esta nunca llegó – Alice me ha dicho que quiere ir de compras hoy, ¿no te importa?

- Para nada – la mujer rellenó cuatro platos con tocino y huevos revueltos, y los puso en la isla central de la cocina.

- ¡Hola a todos! – Jessica entró alegre.

- Buenos días – respondieron las presentes.

El desayuno pasó, por parte de Isabella, muy lento y a la vez muy triste. Ni su madre ni su hermana le habían deseado un feliz cumpleaños. Si así empezaba el día, mejor no quería ni seguir.

Fue a tomar un largo baño, el cual la relajó hasta niveles insospechados. Se vistió con un jean color rosa pálido, una blusa gris holgada de media manga junto con sus converse del mismo color. Decoró su cabello con un prendedor rosa y lo dejó suelto cayendo en cascada por su espalda.

Su teléfono sonó, era Alice.

- Bella, bellita. ¿ya estas lista?

- Sip

- Oki dokie, entonces ya sal. Te estamos esperando.

Isabella suspiró y cerró la llamada. Parecía que ni sus amigas recordaban que día tan especial era hoy. Bajó las escaleras y salió de su casa. Frente a ella ya se encontraba Alice en su auto y Rosalie de copiloto. La castaña entró y Alice arrancó.

- Pero que genio que tenemos hoy

- No me pasa nada, Rose. – Rosalie se giró en su asiento.

- ¿segura? – Aparte de que se han olvidado de mi cumpleaños, si todo está bien

- Si, segura – Isabella sonrió.

- Bien, porque haremos muchas compras y quién sabe si regresaremos temprano. – Alice le guiñó un ojo por el retrovisor.

Llegaron al centro comercial y Alice se encargó de cambiar el mal humor con el que se encontraba Isabella dándole cualquier capricho que la castaña quisiese. Aunque eso todavía no hacía que mudase su melancolía.

La pelinegra saqueaba cada tienda que encontraba y obligaba a Bella a probarse cuantas prendas de ropa apareciesen a su vista, ya sean faldas cortas, faldas largas, vestidos de fiesta o vestidos de coctel, pantalones cortos y pantalones de colores, zapatos con demasiados centímetros de por medio o blusas de todo tipo, Alice hacía que cada visita a algún local de ropa fuese inigualable a la anterior.

- ¿Quieres regresar a casa? – susurró Rosalie pasando un brazo por los hombros de Isabella. Esta asintió sin decir nada. - ¿segura? – la castaña volvió a asentir –¡Alice! – la pelinegra se sobresaltó y giró en redondo poniendo toda su atención en Rosalie – Vamos a casa, creo que ha sido suficiente – Alice posó sus orbes grises en Isabella, su mirada era suave y comprensiva.

- Este bien, iré a pagar el ticket de parqueo. Las espero en el auto - cargando algunas bolsas, Alice desapareció entre la gente.

Rosalie e Isabella fueron juntas y en silencio hasta el auto. La rubia se sentía mal por su amiga, sabía que lo que estaban haciendo no era lo correcto, pero era necesario. Después ella lo entendería.

El camino en regreso a casa de Bella fue en completo silencio, salvo por la radio que sonaba a bajo volumen dentro del auto.

- ¡Muero de Sed! Bella, ¿me regalarías un vaso con agua? – Alice hizo un puchero y puso sus mejores ojitos para convencerla.

- Sí, claro. – Isabella salió del auto y buscó en los bolsillos de su pantalón sus llaves – ¿Quieres algo tú, Rose? – la rubia asintió con una sonrisa, también saliendo del auto - Tienen que darme uno momento, Tito es demasiado tonto cuando se lo propone y ladra a cualquier cosa desconocida en casa. – Rosalie y Alice intercambiaron una mirada cómplice.

Isabella entró a su casa seguida de sus amigas, Tito no estaba por ninguna parte así que las dejó pasar sin ningún inconveniente. Las cortinas estaban cerradas y las luces apagadas. La sala se encontraba en una inmensa oscuridad, nada se podía divisar. La castaña se acercó a los interruptores y encendió las luces.

- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Allí, en la mesa que se encontraba en medio del salón, se hallaba un pastel de selva negra rodeado por cerezas e inscrito en su superficie Feliz Cumpleaños Bella, en lo alto del pastel había dos velitas encendidas marcando el número 19. Phill, Renée y Jessica se encontraban detrás del pastel sonriendo enormemente. Tito llegó minutos después, ladrando y posicionándose a la derecha de Jessica. Rosalie y Alice también se habían ubicado a un lado de Phill y, en medio de Tito y Jessica, se encontraba Edward sonriendo hacia Isabella.

A la castaña se escaparon un par de lágrimas, ¿cómo pudo ser tan tonta para pensar que las personas que más quería se habían olvidado de su cumpleaños? Corrió a abrazar a su madre y luego a Edward.

- Feliz cumpleaños, mi princesa. – susurró en su oído para luego dejarle un cálido beso en la mejilla. Bella se separó de Edward y entrelazó sus manos.

- Pide un deseo, corazón – dijo Renée. Isabella se acercó a al pastel y cerró los ojos. Lo tenía todo, ahora solo quería una simple cosa.

Quiero que esto jamás se acabe

Isabella pidió su deseo. Sin saber que era lo mismo que Edward pidió meses atrás.

28 de Septiembre 2013

Estaba lloviendo con tanta fuerza, y el viento soplaba tan tenazmente que Isabella tuvo que agarrar mejor su sombrilla antes de que esta salga volando. Caminaba cada vez más rápido, tratando de llegar a su destino.

Su recorrido hacia el Hospital General de Seattle nunca se le había hecho tan largo. Hacia tan solo unas horas estaba disfrutando de un delicioso café colombiano cuando su padrastro la llamó diciéndole que Renée ya había entrado en labor de parto y las necesitaba, a ella y a Jessica, lo más pronto posible junto a ellos.

Para colmo, hoy hacía un día de a perros. El clima estaba loco, se supone que el cambio de verano a otoño debería ser suave, no tan radical como lo estaba siendo.

Levantó su mirada del suelo y se encontró con una pareja de ¿esposos? ¿enamorados? ¿amigos? ¡Qué más daba! Se los veía rebosantes de felicidad. Suspiró, su felicidad era contagiosa.

18 de Septiembre 2013

Edward había llegado a su casa, como todas las mañanas, trayéndole sus tan adoradas rosas blancas. El muchacho se estaba esmerando demasiado en tratar de reconquistarla, en hacer que vuelva a recordar lo maravilloso que él podía llegar a ser y los momentos que juntos podrían vivir.

- Buenos días, princesa. – saludó Edward con una enorme sonrisa en su rostro.

- Buenos días, Edward – respondió un poco más formal Isabella. Todavía no se acostumbraba a las tantas muestras de cariño que el cobrizo le profesaba.

- Espero te encuentres preparada para el día de hoy. Te tengo una gran sorpresa.

- No sé si debo alegrarme o no.

- Debes hacerlo, sé que te hará muy feliz.

Isabella asintió con su cabeza y fue a dejar sus rosas dentro del jarrón en el que se encontraban las demás. Subió a su habitación y puso en su pequeño bolsito, que se cruzaba por su pecho, un poco de dinero, un brillo y su teléfono.

Al bajar, Edward le tendió su mano y fueron juntos al auto de este. Dentro del auto, el cobrizo tapó los ojos de Bella con una bufanda que había llevado y empezó a manejar. El camino no fue tan largo, y pronto se hallaban en su destino, que, para opinión de Isabella, era muy ruidoso. Suavemente, el cobrizo la condujo por la entrada.

- ¿Estas lista?

- Ni un poquito

- Bueno, pues. ¡Bienvenida! – Edward deshizo el nudo de la bufanda que cubría los ojos de Isabella y, ella maravillada, observó con sus ojos bien abiertos el parque de diversiones donde se encontraban.

Suspiró, recordando aquel momento. El cobrizo había ganado todos los juegos por ella, y por consiguiente le había regalado el enorme unicornio que ganó con tanto esfuerzo, también habían comido mucho algodón de azúcar, y con eso, había descubierto cuan hiperactivo se ponía Edward cuando ingería una gran cantidad de azúcar. Ella por su parte, tenía un nuevo temor, el haber estado en la montaña rusa la hizo darse cuenta que tenía terror a las alturas.

Se estremeció completa. El solo recordarlo de daba escalofríos y nauseas.

Se detuvo abruptamente cuando se dio reparo en que ya se encontraba en la entrada de emergencia del hospital. Dio pequeñas respiraciones, infundiéndose valor para poder ingresar y darle su apoyo a su madre. Una vez dentro observó que todo estaba muy tranquilo, salvo por alguno que otro grito que, supuso, era de su madre.

Observó a la enfermera recepcionista de aquel lugar y se acercó a ella.

- Buenas tardes, ¿me podría decir por favor la habitación de la señora Renée Dwyer? – la enfermera, una señora regordeta de ojos café pero con una mirada cálida, le sonrió.

- Claro, es la 223. Está en el segundo piso – habló con voz cantarina. Isabella murmuró un gracias y siguió por su camino.

Si Renée se encontraba en el segundo piso, ¿por qué se escuchaban sus gritos hasta la recepción?

La castaña soltó una suave carcajada, su madre era tan asombrosa. Aquella carcajada se convirtió en grito cuando Isabella sintió cómo alguien tomaba impulso en sus hombros y terminaba pegado cual koala a su espalda.

- ¡Hola hermanita! – la voz de Jessica se escuchó tan cerca de su oído que la hizo saltar del susto.

- ¡JESSICA! Me has dado un susto de muerte – Jessica rió y besó la mejilla de su hermana.

- Eres una mariquita, te asustas tan fácilmente.

- Bueno si, ¡¿y qué?!

- Nada, nada. Ven, vamos a ver a mamá.

Ambas quedaron estáticas en su lugar cuando un nuevo grito de Renée se escuchó por el pasillo del piso. Se miraron y al mismo tiempo salieron corriendo a la habitación de su madre. Phill se encontraba ahí, junto con un doctor.

- Señora Dwyer, todavía falta un centímetro para que termine de dilatar, tendremos que esperar un poco más para que se cumplan los diez centímetros y poder realizar el procedimiento necesario para el nacimiento del bebé. Le diré a una enfermera que le administre una epidural así el dolor será menor.

- ¡Y una mierda! No quiero ninguna droga en mi cuerpo, soportaré lo que tenga que soportar. – el doctor dio una asentimiento con su cabeza y salió de la habitación.

- Mamá – Isabella llegó a su lado - ¿Cómo te encuentras? – apartó el cabello que se encontraba pegado a su frente y le dio un fuerte apretón a la mano.

- ¿Cómo crees que me encuentro Isabella? Llena de dicha y rebosante de felicidad, ¡estoy en la novena nube! – la castaña entrecerró sus ojos.

- No tienes por qué ser sarcástica.

- Entonces no preguntes cosas que son obvias.

- Está así desde hace una hora. Las contracciones son cada dos minutos, y cada segundo que pasa está más insoportable – explicó Phill.

- ¡Claro, cómo no eres tú el que tiene que parir a tu hijo!

Las chicas en la habitación se mordieron las mejillas interiormente para no reír.

- Ya mamá, falta poco – Jessica se acercó a la aludida y agarró su mano. Justo en ese momento llegó otra contracción, Renée apretó fuertemente las manos de sus hijas mientras gritaba como una posesa. Las muchachas ahogaron un grito de dolor.

- ¡¿Quién se cree ese doctor!? Mi hijo ya quiere nacer, ¡no le importa el maldito centímetro que falta!

Cinco minutos más transcurrieron entre gritos y apretones de Renée cuando el doctor hizo de nuevo su entrada junto a dos enfermeras más, las cuales traían los elementos necesarios para la llegada del bebé.

- Bien, Renée creo que ya estas preparada. Sube tus piernas aquí, eso así. A la cuenta de tres, pujas ¿está bien? Uno…dos…tres… ¡puja! – Renée apretó fuertemente las manos de sus hijas, aguantando un grito y pujando todo lo que podía. Soltó el aire cuando ya no avanzó más - Lo has hecho muy bien, respira profundamente

- ¡Maldita sea, Phill! No grabes esto.

- Renée…de nuevo, toma una gran respiración…uno…dos…tres… ¡puja! ¡Muy bien! Ya veo su cabeza, una vez más Renée, respira profundamente, está ya es la última vez…uno…dos y…. ¡tres! ¡Puja!

El llanto de un bebé inundó toda la habitación. Renée se encontraba recostada contra la cama y respiraba entrecortadamente. Jessica e Isabella se acariciaban las manos tratando de calmar el dolor que el apretón de su madre había causado. Phill había terminado de grabar el alumbramiento de su bebé, había cortado su cordón umbilical y ahora revisaba junto a las enfermeras el estado de este.

- Es perfecto – susurró el hombre cuando las enfermeras pusieron en sus brazos a su hijo – Mira Renée – Phill se acercó a su esposa pero esta yacía dormida en la cama.

- Creo que es mejor dejarla descansar – susurró Isabella mientras acomodaba a su madre en una mejor posición para que pudiese dormir.


¡Hola bonitas! un nuevo, novísimo capítulo, con unos días de retraso siiii, pero aquí esta. Espero hayan disfrutado de la lectura

Agradezco a todas las chicas que me dejan los maravillosos reviews:

Tata XOXO: Edward ya esta haciendo todo lo que puede para volver a enamorarla :') . ¡Este hombre es tan romántico!

isabel 20: Creo que fue lo mejor que haya perdido la memoria, pero veremos después si la recupera o no.

Yoliki: jajaja ¡no desesperes! Estan volviendo a ser felices y eso es lo que importa :D

the princes of the winds: me hace inmensamente feliz que te guste la historia. Espero te haya gustado este capítulo :)

helenagonzalez23-athos: Creo que todos siempre necesitamos una segunda oportunidad :) No importa las circunstancias

Anita: Aquí está la actualización, espero te haya gustado :)

Agradeciendo también infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe

Les mando un enorme abrazo y beso.