De regreso, muchisimas gracias por leer mi historia y tomaros vuestro tiempo dejándome reviews, me ayudan muchísimo a continuar, animándome también.
Secretísima: lo del cambio de Romance/Angst a Tragedy/Angst no es porque uno de ellos se muera necesariamente, así que estáte tranquila. Sólo significa que pensé que tiene más importancia el segundo sobre el primero. ¡Maldice a fanfiction por no dejar poner más de dos géneros! Lamento haberte confundido con eso, y si a cualquiera de mis otras lectoras le ha sucedido también, me disculpo :))
Fairy Tail no me pertenece.
Capítulo 11- La conversación.
Lucy miró hacia atrás cuando el muchacho la agarró por la muñeca y la obligó a girarse, pidiéndole
con su hermosa mirada una explicación a las palabras que había dicho. Una explicación que, sea dicho de paso, ella no se atrevía a darle.
-¿Por qué no quieres?
Ella tenía miedo, ya no de Natsu. Un sinfín de veces Levy le había repetido que estaba enamorada de él, aunque lo negara con tanta fuerza que sólo le hacía falta colgarse un cartel anunciando tal mentira.
Tenía miedo de ella misma. Siempre creyó que algo como aquello era simplemente imposible, pero ahora que parecía estar enamorándose de verdad se planteaba si era lo correcto, si para él sería lo correcto. Negó con la cabeza, relajándose, y Natsu la soltó mirándola con una obvia preocupación.
No podía decírselo. No podía decirle que el problema no era que no quisiera, si no que no pudiera. Se quedó quieta unos minutos, que fueron una eternidad para el muchacho, hasta que llegó a la conclusión más favorable para ella. Por una vez, algo debía ser favorable para ella.
-Sí quiero.- Confesó.- Es decir, no me desagrada.- Negó otra vez, nerviosa. Parecía que tenía dos opciones, pero ninguna de ellas la convencía. No quería darle el placer a esas personas negándose a estar con Natsu, al que empezaba a querer bastante en serio, pero tampoco darle el placer a alguien que se comportaba tan obsesivamente con ella como el propio chico.
-Lucy... sabes que te quiero.- Eso era como si le preguntara por sus sentimientos, bastante confusos en esos momentos.
-Yo... no lo sé.- Su lado racional decidió tomar una decisión irracional.- Sólo dame un tiempo para pensármelo.
La abrazó con fuerza, sintiendo su aroma, complacido en cierto modo por no haber recibido las negativas de siempre y por tener la oportunidad de estar con ella de esa manera. Ahora que lo pensaba... ¿por qué había cambiado tanto de golpe?
...
-¿Otra vez?- Él asintió, preocupado.
-Le prometí a ella que me olvidaría del asunto, pero últimamente no dejo de tener ese sueño.- Laxus removió su vaso con ron, siendo el único cliente en el bar, así como la única persona que se presentaría en uno a las once de la mañana de un lunes, cuando supuestamente debería estar trabajando.- Creo que algo va a pasar.
Ella tragó saliva.
-¿Algo... como qué?
-No lo sé.- Terminó de un trago lo que quedaba en el vaso y le pidió otro con la mirada. La albina asintió y lo llenó de nuevo, consciente de la resistencia al alcohol que él había adquirido en las últimas semanas.- Ni siquiera sé el tiempo que falta para que ocurra.
Se hizo un silencio incómodo, en lo que Mirajane aprovechó para colgar el cartel de cerrado en la puerta del bar. Era el momento para hablar con Laxus sobre algo que la carcomía desde mucho tiempo atrás.
-Debo confesarte que yo también tuve sueños raros sobre... eso.- Miró a la barra, obviamente incómoda por los recuerdos que aquello le traía.
-¿Qué tipo de sueños?
Se removió incómoda, tomando asiento y sirviéndose ella también algo de alcohol en un vaso, para distraerse mientras ordenaba sus pensamientos y lo que quería contarle al rubio.
-Estaba... ya sabes, con... ella.- Sus ojos se volvieron cristalinos, notándose la tristeza en ellos. La albina inspiró y pronto regresó a la normalidad.- En la playa no había nadie, todo estaba muy en calma. Veía unos niños, lejos, pero no hacían ningún ruido.- Se estremeció, como si el sueño hubiera sido demasiado para ella.- Y al girarme estaban frente a mi serios. Uno de ellos sacó una baraja de cartas y se pusieron a jugar con ella. Luego... la acuchillaron y dijeron cosas que no recuerdo sobre... bueno... ese día.
Laxus asintió, sabiendo a qué día hacía referencia Mirajane.
La mujer se bebió su bebida.
-Creo... que esos niños han vuelto, Laxus.- Tragó saliva.- Han vuelto a por él. No se fueron todos.- Ahora sí, parecía estar al borde del llanto.- ¡Y los manipula! Aquí hay algo, Laxus...- Se cogió su mano derecha para no golpearse la pierna, tan nerviosa como estaba.- Aquí hay... algo. Algo más, no sólo lo que vimos ése día.
El rubio se levantó, respirando hondo. Así que no era el único que tenía sueños extraños y desagradables sobre lo que pasó ese día, sobre todo lo que vieron.
-¿A dónde vas?- Mirajane lo sujetó del brazo, asustada ante la perspectiva de quedarse sola.
-A ver a Gildartz.- Ella lo soltó y le pidió una explicación.- He vigilado de cerca a dos de esos muchachos. No parecían ser conscientes de nada salvo... uno de ellos.- Se masajeó el puente de la nariz.- Pensaba que eran imaginaciones mías, pero por lo que veo no soy el único con un mal presentimiento.
-Laxus...
-Al menos me he documentado al respecto.- Esbozó una sonrisa torcida y recordó los pilares de libros que estaban aún en su despacho. Tal vez ella había exagerado al traerle tantos, pero había dispuesto de mucha y variada información sobre ese tipo de cosas.
Mirajane sonrió con una ligera tristeza, murmurando un "Ya veo" no audible ni siquiera para ella misma. Vio como el rubio cerraba la puerta y se apresuró a seguirlo, temblando como una gelatina solo imaginando como sería quedarse sola después de esa conversación.
