Capítulo 11: Su nombre es Sasuke
1
- No, no sé quiénes son ustedes- contesté, cortante- ¿Papá que está pasando aquí?- exigí saber cuándo mi madre se echó a llorar.
- Naru- murmuró- ellos son tus abuelos, padres de tu padre biológico.
Me bloqué, simplemente me bloqué de nuevo.
- Naru- habló mi abuela- sé que todo esto es repentino, pero hemos venido por ti.
Miré sus ojos castaños, cariñosos y cristalinos, y supe, de alguna forma, que la conocía. Tal vez no tuviera un recuerdo fijo de ella, pero había algo dentro de mí que me decía que ella era quien decía ser, sin embargo eso no significaba, en ninguna medida, que iría con ellos. Negué con fuerza la cabeza, sintiéndome abrumado, confundido, asustado y sobre todo… sobre todo furioso. Me sentía engañado y traicionado por las únicas personas que respetaba y amaba incondicionalmente, mis padres. Mis ojos comenzaron a arder y mi garganta se cerró, pero no lloré, no iba a hacerlo. Nunca les demostraría mi debilidad.
- ¿Por qué están permitiendo esto?- miré a mis padres- ¿Acaso los amenazaron?
- No, claro que no- se apresuró a responder mi padre- es sólo…
- Naruto- habló mi supuesto abuelo- la situación en la que nos encontramos todos es muy complicada y sé que es difícil para ti…
- Cállate- dije sin alzar la voz, pero le miré con un odio que nunca había sentido dentro de mí- cierra la boca maldito anciano, tú no sabes absolutamente nada de mí y no te permito que me hables con tanta confianza.
- Naruto, no seas grosero con tu abuelo, ellos no…- mi papá se calló cuando lo miré a él.
- Lo siento, Naruto, pero tendrás que venir con nosotros, así lo acordamos con tus padres y de esa forma se hará, te guste o no.
Ese comentario por parte de la anciana me hizo reventar. Tomé mi mochila y la paté con todas mis fuerzas contra la pared más cercana a todos ellos, mi bolso impactó salvajemente contra el concreto y rebotó, sin lastimar a nadie. Todos se escandalizaron, pero nadie se movió o dijo nada.
- ¿Quiero ver que intenten llevarme con ustedes?- los reté- no me importa quién sean, pero no creo que les resulte fácil tomarme como si fuera un maldito animal- sonreí siniestramente- recuerden que tengo problemas psicológicos, quién sabe, probablemente me desquicie y termine matando los a todos- me encogí de hombros.
- Naruto, por favor, intenta ser razonable…- me pidió mi padre acercándose.
- ¿Razonable? ¿Razonables, dices?- eso terminó por desatar mi furia- ¡¿Tú eres él que debería ser razonable?! ¡Se supone que tu único deber es proteger a mi mamá y a mí, tu hijo, y sin embargo estás permitiendo que los padres del bastardo que me engendró, vengan y me reclamen como si fuera algún especie de animal perdido!- grité fuera de mí- ¿qué diablos pasa conti…?
Me abofeteó. Mi padre… me abofeteó.
- No vuelvas a llamar bastardo a tu padre.
No sé qué fue lo que me hizo llorar, si el golpe o el reproche en la voz de mi papá. Di un paso atrás sin mirarlo. No sabía cómo sentirme, pues el cumulo de emociones era tan abrumador que me estaba volviendo loco. Quería salir de ahí, necesitaba salir de ahí ya, pero antes deseaba confirmar algo. Levanté el rostro después de asentir un par de veces.
- ¿Entonces estás de acuerdo con que me vaya con esos dos?- pregunté y vi una expresión de arrepentimiento, que nunca me había mostrado, pero eso no me hablando. Cuando vi que se iba a acercar para abrazarme, de repente su presencia se me hizo repulsiva- ¡no te acerque!- grité, logrando que se detuviera- te estoy preguntando que si vas a permitir que ellos me lleven- no hubo respuesta, de nuevo
Me sentí miserable, tan miserable como nunca me sentí antes.
- Naru… yo…- intentó explicarse mi padre.
- Vete al diablo- espeté- mejor dicho, váyanse al diablo todos, porque no soy su puto juguete- les aventé mi maleta y sin darles tiempo a reaccionar, salí corriendo de ahí. Los gritos de mis padres no se hicieron esperar, pero no miré atrás.
En la salida, como era de esperarse, me encontré a los hombres de negro y ellos parecieron dispuestos a detenerme y yo a enfrentarlos. Ni siquiera me detuve a tomar una posición, simplemente ataqué. Al primer hombre lo golpeé en la pantorrilla con una patada y en el estómago con un puñetazo, al segundo le di una patada en la entre pierna y un revés con la mano, pero él tercero logró tomarme del brazo y doblármelo en la espalda.
- Te voy a matar- me reí histéricamente, mientras el dolor en mi brazo se hacía cada vez intenso.
- Espera, no hagas presión, te vas a…-me soltó antes de que mi hombro se dislocara.
Sin pensármelo dos veces lo empujé y salí de ahí, corriendo lo más rápido que podía, sin mirar atrás y sin detenerme. Lo último que deseaba era tener que irme con mis abuelos o, peor aún, que me vieran tan patético como me encontraba en estos momentos. Luego de cruzar algunas calles, trotar entre las personas y darme cuenta que me había alejado lo suficiente, me detuve. Di una gran bocanada y, por fin, miré a mi alrededor, percatándome que me encontraba entre un cumulo de gente.
- Naruto.
Al escuchar mi nombre, algo dentro de mí rugió con fuerza y mi cuerpo se engarrotó, dispuesto a enfrentar a quién se hubiera atrevido a seguirme, sin embargo, al girarme mi furia desapareció en un instante, frente a mí se encontraba simplemente el Uchiha. Al observar sus preocupados ojos oscuros, no pude evitar mostrarle una expresión de profunda pena. Él no dijo nada, sólo se acercó y me acarició la cabeza, sonriéndome cariñosamente. Agradecí el gesto, pues se sintió extrañamente reconfortante.
- Eres un hombre muy fuerte, pero ¿estás bien?
- Sí.
Su pequeña sonrisa desapareció en un dos por tres y por un segundo pensé que iba a comenzar a sermonearme sobre lo ocurrido en mi casa, pero no, no dijo nada acerca de mis padres y se lo agradecí profundamente. Lo último que deseaba era afrontar el tema, ya que en un principio pensé que esa era la solución y creí que todo iba a salir bien, pero no. Nada fue bien y ahora las cosas estaban peor que nunca.
- ¿Naruto, a dónde quieres ir ahora? ¿O qué quieres hacer?
- ¿No me vas a convencer para que regrese a mi casa?
- No. No soy nadie para exigirte o decirte lo que tienes que hacer, pero si necesitas mi ayuda, estoy dispuesto a hacer lo que esté en mis manos para hacerte las cosas más fáciles.
Ese comentario me hizo sentir peor de lo que ya me encontraba. Sé que dije que no teníamos ninguna relación de amistad, pero eso era mentira. No importa cuántas veces niegue que el idiota me agrada, de alguna forma que ni yo mismo entiendo, terminamos acercándonos más y, por alguna extraña razón, lo lastimo de la misma manera. Tal vez eso sucede porque no he sido sincero conmigo mismo ni con él y creo que ya va siendo hora de dejar mis niñerías de lado.
- Sí eres alguien, eres mi amigo- bajé la mirada, apenado- lo siento, lamento haber dicho que sólo eras un simple conocido, fue muy grosero de mi parte.
- Está bien, no me siento ofendido por ello.
- Pero yo…- me puse frente a él, sin mirarlo- yo en serio lo lamento.
- Disculpas aceptadas- dijo, rápidamente- ya no pienses en ello- me acarició la cabeza- mejor dime qué quieres hacer.
- ¿Podemos comer algo? Me estoy muriendo de hambre, aunque no tengo ni un yen.
- No te preocupes- se rascó la barbilla pensativo- sé de un lugar donde podremos comer gratis- golpeó su mano cerrada contra su palma.
- ¿En serio?- sonreí encantado por poder satisfacer mi apetito.
- Sí, aunque no creo que el tipo de ambiente te guste.
- No te preocupes, puedo aguantar cualquier cosa por comida.
- Bien, entonces vamos.
2
Ok, sé que dije que podía aguantar cualquier cosa por comida, pero esto… ESTO… era IMPOSIBLE. Gays por aquí, gays por allá y gays por todos lados. Quería odiar al Uchiha, realmente quería odiarlo por haberme traído a este maldito bar plagado de gays, pero… pero… la comida que tenía frente a mí sabía simplemente deliciosa, tanto que mi boca estaba llena de ella. No me quedó de otra que tragarme mi orgullo, pues mi estómago necesitaba más mi atención que mi propio ego. Luego de comer, tomé un enorme vaso de jugo, me dejé caer contra el asiento de la silla y eructé ruidosamente. Sí, lo sé, no tengo modales y la verdad, no me importa.
- ¿Satisfecho?- preguntó, el Uchiha limpiándose la boca.
- Sí. Gracias por la comida.
- No es mí a quién tienes que agradecerle, sino a Doi.
El gay nombrado, apareció de la nada y abrazó confianzudamente al pendejo del Uchiha. Un ataque de rabia se apoderó de mí, sin embargo, gracias a que el propio idiota lo apartó, me calmé. ¿Por qué se dejaba manosear por medio mundo? ¿Qué diablos estaba pensando?
- Muchas gracias por su amabilidad y la comida- dije a regañadientes al tipo musculoso y dueño del local.
- De nada querido, mi hermoso niño siempre es bienvenido en mi local- le acarició la cabeza y yo tuve un tic en el ojo.
No pude decir nada de nuevo, esta vez porque el tipo gay nos trajo un pastel de chocolate que literalmente aspiré. Además, fue bueno con nosotros y no se pasó de listo conmigo, así que no tenía nada que reclamarle. Me limpié la boca con la servilleta que el Uchiha me pasó y sin querer me quedé un segundo pensando en la situación que se había desarrollado en mi casa.
- No lo entiendo…- dije al aire- no entiendo nada…
- Eso es porque no lo recuerdas- me contestó el Uchiha- las cosas se ven extrañas porque nadie te ha explicado nada de lo que está sucediendo y es normal que te sientas confundido.
Alcé una ceja, curioso por lo que había dicho, pues su forma de hablar me resultó extraña.
- ¿Uchiha, tú sabes algo…?- le miré, seriamente, pero de la misma forma relajé mi expresión y reí- diablos, qué estoy diciendo, claro que tú no sabes nada. No sé por qué pregunté algo tan extraño.
Suspiró profundamente.
- Sí, sé algunas cosas que tú no conoces.
Alcé el rostro tan rápido como pude y lo miré con el ceño fruncido.
- ¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Alzó una mano para que me tranquilizara y no lo interrumpiera.
- Hay muchas razones y motivos por las qué sé algunas cosas de ti, pero no tengo ni la información completa ni sé a detalle qué fue lo que te sucedió. Por eso, y porque tus padres me pidieron que no te dijera nada, es que no lo había mencionado.
- Pero, ¿cómo…?
- Lo sabrás, tus abuelos te lo explicaran todo… bueno, casi todo. Hay cosas que es mejor que recuerdes por ti mismo, sin importar lo duro que sea.
- Espera, espera, espera… ¿de qué diablos estás hablando?- los oídos comenzaron a zumbarme.
Él torció el gesto, mirando la mesa.
- De alguna forma, que no pienso explicar, sé quiénes son tus padres biológico, puedo inferir por qué estuviste en un orfanato y por qué tus abuelos le pidieron a otras personas que cuidaran de ti.
- ¿Cómo es posible que tú…?
- No soy parte de tu pasado, ni tengo nada que ver contigo antes de que nos conociéramos en la escuela, pero cuando recuerdes todo será más claro para ti. Por el momento por favor, no me hagas más preguntas y no me pidas que te explique cosas que no puedo y de las que no sé la respuesta correcta, sin llegar a las suposiciones.
Al sentir que me estaba ahogando por no respirar, dejé salir el aire de mis pulmones con fuerza, sin embargo mi cabeza comenzó a dar vueltas y el remordimiento golpeó dolorosamente mi pecho.
- ¿Entonces mis abuelos no son malos?
- No, ellos no son malos. Se preocupan mucho por ti y realmente te aman, nunca dudes de eso.
- ¿Pero por qué me abandonaron si tanto me amaban?
- Hay una razón, una buena razón para ello, aunque no la sé.
Me dejé caer de nuevo contra el respaldo de la silla, sin apartar mis ojos del Uchiha. Realmente estaba muy confundido con toda la situación, pero sabía que de nada servía devanarme los sesos para intentar entender algo que no tenía ni pies ni cabeza, así que simplemente dejé aún lado ese tema. Sin embargo, mis sentimientos eran otra cosa muy diferente, por más que intentaba apartar la tristeza de mi corazón, me sentía mal por todo lo que dije e hice.
- Entonces yo soy el malo de la historia- murmuré, sintiéndome abatido.
- No. Creo que tus abuelos y tus padres, no supieron explicarse correctamente y tú, has estado muy sensible estas últimas semanas, así que por eso las cosas salieron mal.
¿Sensible yo?... vaya, pensé que esa palabra sólo aplicaba a las mujeres, aunque no puedo negar que de cierta forma el Uchiha tenía razón.
- Hace unos días escuché a mis padres decir que me entregarían a mis abuelos… pensé… pensé que mis abuelos los estaban amenazando o algo… no sé…- me cubrí el rostro con ambas manos- y después de saber que ellos no los estaban amenazando y que mis padres estaban dispuestos a entregarme, me sentí traicionado.
- Tu familia nunca te va a traicionar, recuérdalo.
- Sí- asentí, apartando mis manos de mi rostro- lo sé- sonreí tristemente- gracias por recordármelo- suspiré- tal vez debería regresar y disculparme.
- Estoy de acuerdo contigo, pero eso lo haremos mañana. Creo que por hoy deberías dejar que las cosas se apacigüen un poco.
- Sí, tienes razón. Gracias por todo.
El rió suavemente y por primera vez en mi vida, me sentí demasiado gay pensando que se veía guapo con una sonrisa en el rostro. El pensamiento pasó tan rápido como llegó, así que no tuve ningún problema con pasarlo por alto. Luego de terminar de hablar, nos levantamos de la mesa y, de nueva cuenta, dimos gracias al dueño por la comida. Cuando pensé que por fin podríamos salir de ese horrible lugar, un tipo se levantó de su asiento para saludar al Uchiha, y éste, al igual que todo el mundo, comenzó a toquetearlo de aquí a allá. Soporté la situación por un par de segundos, pero exploté al ver cómo le agarraba el trasero.
- Hey, vejete, ¿qué putas te pasa?- grité, sintiendo que la cabeza estaba a punto de estallarme- no le pongas las manos encima al idiota.
Tomé su mano con agilidad y la doble.
- Naruto, cálmate. Estoy bien, no pasó nada.
- ¿Calmarme?- solté al pervertido y me giré hasta el Uchiha- tú no deberías dejar que todas las personas que se te acercan te toquen con tanta familiaridad, ¿qué eres? ¿Una maldita estatua sagrada?- le pegué con mi dedo índice en el pecho.
- Ok, entiendo. No volverá a pasar, pero ahora tenemos que irnos- me tomó del brazo y miré con rabia reprimida a todo el mundo- lo siento mucho Doi, te lo repondré algún día.
- No te preocupes querido, no ha pasado nada.
El Uchiha me sacó arrastras de ahí y una vez que estuvimos fuera no me dirigió la palabra en todo el camino. No parecía enojado, pero tampoco muy contento, así que preferí mantener mi boca cerrada y no cagarla más de lo que ya lo había hecho. Diablos, ¿Por qué mierda dije eso? ¡Soy un idiota, un gran y estúpido, idiota! ¡Grrrr! ¿Qué está pasando conmigo? Tal vez toda esta situación me está afectando el cerebro o la fatiga y el dolor me están haciendo delirar. ¡Joder! ¿Desde cuándo me importa quién lo manosea? Vamos, Naruto, ubícate y deja de pensar tonterías. Es-un-amigo. A-MI-GO. Bien, lo que haga o deje de hacer no me tiene que importar. Sí. Exacto.
Luego de caminar por varios minutos, nos detuvimos frente a un enorme y lujoso hotel. Al entrar le iba a preguntar al Uchiha si realmente tenía el suficiente dinero como para quedarnos aquí a pasar la noche, pero las recepcionistas tan pronto vieron al idiota, se acercaron a nosotros. Al parecer también conocían al Uchiha y estaban más que maravilladas por verlo. ¿De dónde saca tantas amistades tan extrañas? Bueno, no puedo quejarme, al menos está cumpliendo su promesa de hacerme las cosas más fáciles.
- ¿Está mi tío?
- No, salió a hacer unos encargos y no regresara. ¿Quiere que le hable joven Uchiha y le diga que usted está aquí?
- No, está bien. Pasaré a verlo otro día, pero hoy me quedaré con un amigo en mi habitación. ¿No hay ningún problema, verdad?
- No, para nada. ¿Necesita que le llevemos algo?- dijo una de ellas, la más enana.
- Sí, podrían llamar a mi casa y decir que estoy con mi tío, por favor.
- Claro, será un placer- dijeron ambas, hicieron una pequeña inclinación y regresaron a su lugar.
El Uchiha me dijo que lo siguiera y así lo hice. El hotel era enorme y lujoso, así que mientras caminábamos al elevador, no puede evitar mirar de aquí allá fascinado. Digo, no todos los días tenía la oportunidad de quedarme en un hotel de cinco estrellas y gratis. Esto realmente era fabuloso. Cuando llegamos al ascensor me di cuenta que tenía vista panorámica y no pude evitar acercarme al vidrio y mirar la calle. El Uchiha sacó una llave que le habían entregado las recepcionistas al entrar y con ella abrió un pequeño compartimiento abajó de los botones, que mostraba un botón más, lo pulsó y el elevador comenzó a subir lentamente.
Si creí que la vista desde el elevador era maravillosa, debieron ver mi cara cuando llegamos a nuestro destino y me di cuenta que estábamos en la azotea. Amo los lugares altos y con vistas panorámicas. Mientras salíamos del elevador, miré el cielo por varios minutos y, sin poder evitarlo, recordé algunos acontecimientos que pasaron en Alemania cuando era todavía un niño. Vale, hay cosas que tal vez no recuerde con claridad, pero hay otras que son imposible de olvidar o que recuerdas por temporadas.
- ¿Estás bien?
- Sí- respondí, mirando al Uchiha- sólo estaba recordando por qué amo las alturas- le sonreí de lado.
- ¿Ah, sí? ¿Y por qué?
- No sé si lo mencioné anteriormente, pero después de que mis padres me adoptaran, estuve una temporada en un psiquiátrico para niños. Estar en un cuarto con paredes blancas y una pequeña ventana, era algo deprimente. Salir a los jardines a jugar era un lujo que pocas veces se me concedió por mi mal comportamiento- apreté los labios- recuerdo que llegó un momento en que envidiaba a las aves, por tener la libertad de poder volar e ir a dónde ellas quisieran.
Bajé la mirada al piso y después comencé a caminar hasta la baranda de concreto. Coloqué mis manos ahí y cerré unos segundos los ojos, para sentir la fría brisa golpear mi cara. Realmente se sentía tan familiar y lejano. Me encantaba esa sensación de añoranza. Respiré profundamente y abrí mis ojos, percatándome que el Uchiha estaba a mi lado.
- ¿No crees que sería genial volar?- le sonreí, mirándolo de reojo- poder flotar y dejar que tus penas se vayan con el aire…
No me di cuenta en qué momento el Uchiha se acercó tanto a mi rostro, que colocó sus labios sobre los míos. El beso fue tan rápido como un parpadeo. En un segundo él estaba besándome y al siguiente se encontraba mirando el paisaje como si nunca se hubiera movido. Por un instante creí que sólo había imaginado todo, tanto así que pensé en pasarlo por alto por esta vez y olvidarme del asunto como se supondría, pero el Uchiha no me dio ese placer.
- Lo siento- murmuró, sin voltearme a verme.
No respondí, porque no sabía qué decir, por un lado, estaba indignado y por el otro no entendía por qué putas mi corazón latía más rápido de lo normal. Diablos, esto era tan gay. Mierda, ¿qué diablos estaba pasando conmigo? Digo, sé que no puedo ser gay, porque me encantan las mujeres, pero no entiendo en qué momento me llegó a gustar tanto el Uchiha, que dejé que pasaran este tipo de cosas por alto como si no importaran. Joder, nunca pensé que me encontraría en este predicamento tan estúpido. En serio, esto era tan incómodo
- Realmente lo siento. Tú me brindaste tu confianza para estar a tu lado y yo la traicioné al hacer eso, pero no te preocupes, no volverá a pasar- bajó el rostro y se sobó la nuca con insistencia- me olvidaré de ti y de esa forma podremos ser amigos sin ningún problema, lo prometo.
Bajó el brazo y yo tomé su muñeca en el aire. En ese instante me miró y yo lo hice de la misma forma. No sé qué expresión tenía, pero obviamente estaba lo suficientemente nervioso como para dejar de respirar y poner tenso el rostro.
- N-n-no te rin-das aún… dame… un poco de t-t-tiempo…- apreté los labios, intentando tranquilizarme- déjame entender… qué es lo que siento por ti…
Sus ojos se abrieron como platos y su ceño se frunció, pero de la misma forma, se sonrojó. Sin decir media palabra asintió por varios segundos, soltándose suavemente de mi agarré y girándose. Me pidió que lo siguiera y yo no tuve más opción que arrastrar los pies detrás de él, sintiendo que mi cara estaba ardiendo. Vergüenza, incomodidad, humillación y todas las palabras que se puedan imaginar que tengan un significado similar, estaban explotando en mi estómago como volcanes en erupción. Deseaba con todas mis fuerzas tirarme de este hotel o que la tierra se abriera y me tragara; cualquiera de las dos opciones sonaban igual de atractivas.
- ¿Quieres tomar un baño?- me preguntó el Uchiha después de entrar al loft que estaba a unos metros del elevador.
Me quité los zapatos en el recibidor y por fin pude observar, aparte del piso de duela, el amplió recibidor, una pequeña cocina del lado izquierdo, una sala del derecho, con muebles, televisión y pinturas. Al fondo se encontraba la puerta del baño, en donde el Uchiha estaba parado y al lado, sólo se encontraba una enorme cama. Las plantas, los estantes de libros y los colores claros de las paredes, hacían que el lugar se viera más grande e iluminado de lo que era.
- ¿Quieres tomar un baño?- repitió el Uchiha, cuando lo volví a mirar.
- Claro- murmuré simplemente, dando los primeros pasos y sintiéndome tan cohibido que apenas podía respirar con libertad.
Al pasar al lado de él, me encontraba con la vista pegada al suelo y con los bellos de mis brazos y nuca, erizados. Me sentía tan nervioso que tan pronto como me encontré en la tranquilidad del baño, le cerré la puerta en la cara. En ese instante pude recargarme en la pared y soltar el aire que llevaba retenido en mis pulmones. Demonios, ¿desde cuándo me pongo tan nervioso por una persona o una estúpida declaración? En serio, ¿qué diablos me está haciendo el Uchiha? Este no soy yo. Yo no soy así de sensible ni penoso. Me tallé el rostro con desesperación. Esto es una mierda, una mierda.
- ¿Puedo pasar?- preguntó después de tocar la puerta.
Tomé una gran bocanada de aire, antes de decirle que sí.
- Ten, te traje algo de ropa y una toalla.
- Gracias- murmuré sin mirarlo.
- ¿Quieres que te prepare el baño?
- ¿Disculpa?
Mi rostro si antes estaba colorado, ahora ardía. No sé por qué putas recordé en ese momento algunos hentai que había visto, en donde la mujer le decía a su pareja, algo como: quieres bañarte primero, cenar o a mí. ¿Eso qué? Estuve a punto de golpear mi frente contra mi mano, pero me contuve lo suficiente como para no hacer una escena. En serio, creo que mis problemas psicológicos están peor que nunca.
- Sí, ¿quieres que regule la temperatura del agua de la tina?
- Claro…- asentí, dejándolo pasar.
Él dejó la ropa limpia en una canasta, mientras me enseñaba dónde estaba la regadera y qué llave era la fría y la caliente. Ok. Creo que no me van a entender si no les explicó cómo está dividido el baño. Bien al lado de la puerta está el lavabo de porcelana, un espejo grande y con objetos de higiene personal. Unos metros alejado el retrete y en la esquina del lado derecho una regadera con vidrio, amplio. Pero la maravilla de todo el lujoso baño era la tina de porcelana y al fondo con una enorme ventana, que mostraba una vista fabulosa. El Uchiha estaba sentado al borde de la bañera, tocando el agua y echándole algún polvo aromático y otras cosas que no alcancé a ver.
Me quedé donde estaba, observándolo y esperando a que él terminara para poder moverme y seguir con lo mío. Luego de que acabara lo que estaba haciendo, me dijo que estuviera pendiente de que no se fuera a tirar el agua, y por fin salió. Respiré profundamente e intenté tranquilizarme, mientras me quitaba la ropa. Vamos no era tan mala la situación… sólo le había escupido en la cara que me interesaba lo suficiente como para pensar acerca de mis sentimientos. Claro. Sentimientos por un hombre… por el Uchiha… Dios… no puedo creer que me haya puesto yo solo la soga al cuello, esto es el colmo.
Me metí a la ducha quedándome un segundo bajo el agua y sintiéndome estúpidamente tranquilo. Vale, está claro que de cierta forma me estresaba el hecho de saber que me gusta un hombre, pero a pesar de todo y del nerviosismo por lo que dije, no me sentía amenazado o presionado por el Uchiha. Supongo que para este momento él ha de estar saltando de alegría y haciéndose ilusiones, por mí estúpido comentario, pero a pesar de eso sé que no va a intentar nada. Le tengo tanta confianza, que por ese lado no me preocupo, lo que me tiene estresado es lastimarlo por mi descuidada o indiferente o agresiva actitud. Sé mejor que nadie como soy y cómo he herido a cada una de mis novias. No soy el mejor llevando una relación.
Después de enjabonarme y tallarme el cabello, me enjuagué correctamente y me dirigí a la tina. El agua estaba a punto de derramarse, así que caminé un poco más rápido, pero antes de llegar a mi cometido me resbalé y me dio un pequeño infarto al pensar que me caería. Afortunadamente para mí, logré sostenerme del borde de la tina y cerrar a tiempo el grifo. Suspiré cansado y sin darle más vueltas al asunto me metí a la bendita tina. Sintiendo el agua caliente aliviar cada centímetro de mi adolorido cuerpo. Esto era la gloría. Me sumergí completamente y acosté, ya que era lo suficientemente grande como para ello. Cerré los ojos y por fin me relajé. Me quedé así por varios minutos, hasta que el aire me faltó. Di una enorme bocanada de aire y me recargué en el respaldo, sintiéndome como nuevo.
Vaya, cómo cambian las cosas en un segundo, ¿quién iba a pensar que sería cercano al Uchiha o que por un milagro divino, llegaría a gustarme? Claro que ese pensamiento era tan poco probable, como el hecho de que algún día conocería a mis abuelos o, peor aún, pensarme odiar tanto a mis padres. Me preguntó, ¿qué significa todo lo que estoy viviendo? Digo, las cosas que me suceden, siempre es por algo mejor o peor, pero en este instante de mi vida, no entiendo qué rumbo está tomando mi mundo. Ni siquiera soy capaz de predecir si mañana seré capaz de entender la explicación de mis padres y abuelos o si algún día podré aceptar los sentimientos del Uchiha de forma adecuada o lo rechazaré totalmente o lo lastimaré más de lo que ya lo he hecho.
Antes de darme cuenta me perdí entre el cómo, el porqué, el cuándo y el dónde. Los pensamientos, que había estado evitado todo este tiempo, salieron a resurgir como una erupción volcánica. Antes de darme cuenta me ahogué en los recuerdos de mis padres, de mis abuelos, del Uchiha e incluso mi cabeza se llenó con los pensamientos de ese chico que conocí en las albercas, lo que dijo y su extraño comportamiento. El caos llegó y yo a pesar de que quise dejar mi mente en blanco, no pude. En un segundo me sentía miserable, mientras al siguiente nervioso o incluso enojado o confundido o hasta feliz; el cumulo de emociones y pensamientos, me causaron dolor de cabeza.
Luego de estar enfrascado en ese enjambre de abejas, me puse de pie, dándome cuenta que no era capaz de sentirme en paz y relajado. Además, comenzaba a sentirme sofocado en ese lugar y el dolor de cabeza iba en aumento. Salí de la tina, llegué hasta el lavabo y tomé una toalla. Todo fue rápido y de forma mecánica. Luego de que me terminé de cambiar, salí de ahí con la toalla en los hombros, encontrándome al Uchiha sentado en el sofá, con la televisión prendida y volteando hacia a mí.
- Eso ha sido rápido- dijo, poniéndose de pie- pensé que deseabas relajarte.
- Sí, estás en lo correcto, pero creo que hasta que no termine toda esta situación, no podré relajarme como corresponde.
- ¿Estás bien?- me preguntó, cuando estuvo a unos pasos de mí.
- Sí, claro- miré hacia arriba y suspiré sonoramente- bueno, más o menos. Estoy cansado, me duele la cabeza y el cuerpo.
- Si quieres ya puedes acostarte- señaló la cama- yo me voy a meter a bañar y me voy a acostar en el mueble, así que no te preocupes.
- No me preocupo- admití- confío en ti.
- Bien, entonces que tengas buenas noches.
Después de decir esto, tomó su ropa, una toalla seca y se metió al baño. Tan pronto como cerró la puerta, los pensamientos que se bloquearon al tenerlo enfrente, regresaron tan devastadores como en un principio. Suspiré sonoramente y arrastré mis pies hasta la cama, dejándome caer. Reboté dos veces y luego me acomodé mejor, con el rostro enterrado en la almohada. Me sentía extremadamente cansado tanto física como psicológicamente, pero a pesar de que tenía los ojos cerrados, no podía dejar de pensar.
Estuve tan enfrascado en lo que estaba pensado, que antes de darme cuenta las luces estaban apagadas y todo estaba en silencio. Abrí los ojos y me quedé mirando el techo en la oscuridad, sintiéndome más miserable que nunca. No podía dejar de recordar todas las idioteces que les había dicho a mis padres o incluso a mis abuelos. No sabía por dónde empezar a disculparme, cómo los enfrentaría mañana y, sobre todo, qué me dirían acerca de mis padres biológicos. Ese era otro tema que no tenía sentido, ¿por qué mis abuelos habían ido por mí, pero mis padres no? ¿Acaso nos les importaba?... no, no creo que las cosas vayan por ese camino, mi papá me abofeteó cuando llamé bastardo a mi padre biológico y el Uchiha me dijo que había una razón detrás de todo el asunto.
¿Realmente el Uchiha sabía algo sobre la situación o sólo lo dijo para intentar tranquilizarme? Y si era verdad lo que me había dicho, ¿cómo era posible que supiera más cosas de mi vida que yo? Él dijo que no nos conocimos anteriormente y le creía, eso era imposible, por lo que sé él había vivido en esta ciudad desde que nació y yo por otro lado nací y viví en Tokyo, antes de irme a Alemania; así que no, no había forma de que nos hubiéramos podido encontrar antes. Además, al contrario de mis abuelos y el chico de la alberca, cuando vi por primera vez al Uchiha, no me causó esa cosquilla de familiaridad.
De pronto, mientras pensaba acerca de los raros comentarios del Uchiha, caí en la cuenta, por primera vez, que me encontraba dormido en su cama y que nos encontrábamos solos en el loft/casa. Sé que es tonto pensar en esto ahora, pero es como si toda la situación hubiera tomado más fuerza, luego de ser consciente de ello. Ni siquiera sabía por qué me sentía nervioso, no había motivo y sin embargo, ahí estaba, con mi estómago revuelto y mi corazón corriendo como caballo desembocado.
- Naruto- el susurro de su voz en la oscuridad me hizo brincar del susto- ¿estás despierto?
- Sí- dije precavidamente, sintiéndome como si me hubieran atrapado haciendo algo malo- ¿qué pasa?- pregunté sentándome y dándome cuenta que estaba al pie de la cama.
- ¿Puedo dormir contigo?
Esa simple pregunta hizo que mi cabeza se quedara en blanco. Estuve a punto de pedirle que me repitiera lo que acababa de decir, no porque no hubiera escuchado, sino porque no quería entender. Pero no abrí la boca, en su lugar, me dediqué a digerir la pregunta y observarlo en medio de la oscuridad. Ahí caí en la cuenta, que estaba evitando mirarme y que se encontraba tan o más nervioso que yo. Supongo que debió tomarle mucho coraje venir hasta aquí y plantarme cara.
- Claro- contesté, sintiéndome obligado, de alguna forma, a responderle afirmativamente. Digo, estaba en su cuarto y me había ayudado mucho, no tenía cara para negarle algo que por derecho le correspondía.
- Si no quieres, no tienes por qué forzarte a…
- Está bien- le corté el royo- no es la primera vez que dormimos juntos.
- Pero…
- En serio- contesté con paciencia- no me molesta.
- Disculpa.
- Uchiha, deja de disculparte por todo, me haces sentir como el malo de la historia.
Él se acostó a mi lado y ambos nos quedamos tiesos por un buen rato, sin decir nada. Yo por mi parte, estaba tan nervioso que ni siquiera podía respirar con normalidad y es que después de mi repentina declaración, no sabía qué esperar o cómo comportarme. Vale, sabía que él no me haría daño o me forzaría a algo; como he dicho anteriormente, mi confianza hacia él, desbordaba por todos mis poros, pero eso no evitaba que me pusiera los pelos de punta. Luego de estar en esa situación tan incómoda, respiré profundamente varias veces, intentando tranquilizarme.
- ¿Uchiha, estás despierto?
- Sí- murmuró, moviéndose en el extremo contrario de la cama y girando el rostro, después de que yo me pusiera de lado, para poder verlo de frente.
- No sé si ya lo dije con anterioridad, pero…- suspiré suavemente- gracias por todo. En serio, no habría sabido que hacer, si no hubieras estado ahí para ayudarme- sonreí apretadamente- muchas gracias por todo, Sasuke.
Pronunciar su nombre se sintió extraño, principalmente porque era la primera vez que lo llamaba de esa forma, pero, lo que sin duda me dejó shockeado, fue ver, en medio de la oscuridad, la sorpresa en su rostro. Era la primera vez, desde que lo conocí, que lo veía poner una expresión tan humana como esa. Vale, que de un tiempo para acá su rostro lograba verse menos rígido, pero a veces, sin importar cuan relajado pudiera parecer lo que dijera, sus ojos no mostraban ninguna emoción. En medio de la oscuridad y con una sonrisa en el rostro, gravé cada detalle de ese pequeño acontecimiento, para recordarme que el tipo que tenía frente a mí era tan o más humano que cualquier persona que hubiera conocido.
Sin embargo, ese instante de tranquilidad e intimidad entre ambos, se rompió cuando él se sentó de golpe. Tardé unos segundos en reaccionar, pero cuando lo hice, me levanté igual que él. No supe que pensar ni que decir después de ver su reacción, pero no me complique tanto la existencia, pues decidí peguntarle directamente qué era lo que había sucedido. No tuve respuesta por varios minutos, minutos en los cuales sólo me dedique a mirar su espalda e intentar esperar pacientemente, pero como saben, no tengo paciencia.
- ¿Sasuke, está todo bien?- insistí.
- Sí- dijo respirando profundamente, sin voltear a verme- sólo que es extraño que me llames de esa forma.
- Si no te gusta, puedo…
- No- se apresuró a decir- nunca dije nada de eso- negó fuertemente con la cabeza- puedes llamarme como quieras.
- Bueno- sonreí alzando las cejas- ¿entonces?- me hinque en la cama y después me dejé caer de pansa a su lado, rebotando suavemente dos veces- ¿qué es lo que sucede?- me acosté de lado y recargué mi cabeza en mi mano.
- Nada- desvió el rostro, cuando fijé mis ojos en los suyos.
- Si no es nada, entonces por qué no me miras a la cara- alcé una ceja, cada vez más confundido por su actitud- espera…- le tomé del brazo al ver que estaba dispuesto a pararse- Sasuke…- me senté, sin soltarlo.
- No soy tan bueno como crees- se volteó hacia mí- y no deberías tenerme tanta confianza.- respiró lentamente- Intento en la medida de lo posible controlarme y superar todo esto sin meter la pata, pero cada vez que me miras o hablas de una forma tan… amable, siento que voy a perder la cabeza.- intentó soltarse, pero no lo deje- Lo único que pretendía al acostarme contigo, era poder dormir en la misma cama, pero creo que fue una mala idea. Lo siento.
Sasuke parecía bastante abatido, confundido y exasperado consigo mismo, y la culpa la tenía yo. Sé que es un hombre y lo que siente por mí, pero en lugar de tener un poco de consideración con él, sólo actuó de forma descuidada como si fuera de palo y no pudiera sentir nada. Soy consciente que no me lastimará, pero eso no significa que yo no lo esté lastimando a él con mi actitud tan egoísta. En este punto de las circunstancias no sé qué hacer, digo, si me alejo o dejo pasar por alto la situación lo voy a lastimar más de lo que ya lo he hecho. Además, no hace mucho le acabo de decir que me dé algo de tiempo para pensar algo en lo que no estaba dispuesto a analizar.
Sí. Lo sé, lo sé. Soy un idiota. Y porque soy un completo idiota, hice algo que no creí que haría nunca: lo besé. Fue extraño, muy extraño, porque no me desagrado sentir sus labios sobre los míos, pero tampoco pude moverme. ¡Vamos! No era un experto besando hombres y sobre todo sentía que iba a salir corriendo en cualquier momento, por eso me tomé el asunto con mucha calma, aham, y me separé un poco sólo para volver a juntar nuestros labios. En conclusión, lo único que fui capaz de hacer fue darle besitos, sin atreverme a verlo a la cara y terminar por convencerme que lo que estaba haciendo no estaba mal.
La situación duró unos segundos, segundos en los cuales sentí que tanto él como yo dejamos de respirar. Sin embargo, cuando él se recuperó del impacto inicial, me arrepentí inmediatamente de lo que había provocado. En un momento estaba hincado en la cama, con mi mano izquierda tomando su muñeca y la derecha agarrándolo del cuello de la camisa; mientras un instante después estaba tumbado boca arriba, con Sasuke encima y sus labios devorándome la boca. Les juro que no supe qué hacer: si golpearlo después de quitármelo de encima o arrancarle la legua con los dientes, por atreverse a meterla en mi boca. Sin embargo, por más que intenté sentirme ofendido por la situación, no podía. Yo comencé toda esta locura.
Lo peor no fue que me estuviera casi violando la boca, no, eso no fue lo peor, lo peor es que, de alguna forma retorcida, lo estaba disfrutando. Porque sí, le estaba correspondiendo el beso, mientras apretaba su ropa con mi mano. La sensación de sus besos era cálidamente excitante y la ternura con la que a veces se detenía a besar mis mejillas, me dejaba tieso. Todo era tan… tan natural, como si llevara haciendo esto por años y como si besar a un hombre fuera algo común en mí día a día. No entendía qué me estaba pasando ni qué pensar de la situación en general, por eso, sólo disfruté de los besos lentos, la humedad de sus labios, su respiración entrecortada y las sutiles caricias.
Cuando Sasuke se detuvo, dejó caer un poco de su peso contra mí y nos quedamos así: él encima de mío y yo sintiéndome sofocado por su peso y avergonzado por lo punzante de su erección contra mi pierna. Sí, es cierto, me sentía incómodo e intimidado, pero a pesar de eso no me moví, ahí estaba yo escuchando su corazón o tal vez era él mío retumbando con fuerza, sintiendo el calor de su pecho calmar un poco mis delicados nervios y su respiración erizarme el bello de la nuca. Todo parecía un sueño. No me sentía yo mismo y no me cabía en la cabeza cómo podía estar aceptando su acercamiento. Gracias al cielo, luego de unos minutos, el Uchiha se quitó de encima y yo no pude evitar sentarme de tirón y darle la espalda.
Tan pronto como el momento gay terminó, apreté los puños con fuerza, sintiéndome indignado y enojado, muy enojado, pero por más que deseé gritarle hasta de lo que se iba a morir, no pude. Realmente quería culparlo por lo sucedido, sin embargo, no fui capaz de abrir la boca ni tampoco de apuntarlo con un dedo. No tenía el coraje para hacerlo y para serles sincero, agradezco de todo corazón no haberlo hecho. Creo… no, más bien estoy seguro, que soy y fui una maldición para el Uchiha, una que lo engullo de pies a cabeza, hasta dejarlo sin razón. Por eso, las pocas ocasiones que tuve la delicadeza de tratarlo como a un ser humano y no como una sabandija, fueron una bocanada de aire fresco. Un pequeño alivio dentro de un calvario.
- No te sientas mal por lo sucedido- dije, yendo en contra de todo lo que quería expresar- no es tu culpa…- torcí el gesto- no debí…- con cada palabra que decía la garganta se me cerraba y me dolía horrores- no debí provocarte.
- Intenté controlarme…
- Lo sé- suspiré al escuchar el susurro de su voz.
- Pero me he dado cuenta que estando cerca de ti no puedo…
- Lo sé.
- No quiero que me odies…
Respiré profundamente, sintiéndome terriblemente mal por la situación que había ocasionado. Mentí la pata hasta el fondo y era consciente de ello.
- No lo hago, Sasuke- cerré y apreté los puños, dándome la vuelta- no te odio.
Él no me miró, ni siquiera levantó el rostro ni lo dejó de cubrir con su mano. A primera vista me di cuenta cuánto le había afectado mi acción y lo insensible que había sido con sus sentimientos. Digo, la mayor parte del tiempo le he dicho que lo odio, lo he tratado mal y le he dejado en claro que no quiero nada con él; por eso, entiendo que esté confundido, ahora que de la noche a la mañana le doy un beso. Fue muy egoísta de mi parte.
- No te preocupes más por eso- dije, apartando su mano de su cara- mejor vamos a dormir. Ha sido un día demasiado largo y abrumador para ambos, necesitamos descansar.
- Sí- murmuró, dejándose caer de lado y acomodándose en la cama. Me dio la espalda y se alejó lo más que pudo de mí.
Después de eso no hablamos más del tema y casualmente yo me dormí al instante. Estaba demasiado cansado como para pensar más de lo que ya lo había hecho o hablar sobre algo a lo que ni yo tenía una respuesta. Estaba asustado, sí, pero preferí no preocuparme por el momento del asunto. Tal vez después de que despertara todo estaría bien y no tendría por qué preocuparme de nada… tal vez, todo podría resolverse por sí sólo.
3
A la mañana siguiente, no hablamos de lo que había pasado en la noche. Simplemente desayunamos, me volví a dormir y después de la comida vimos un rato la televisión. En la tarde, después de hacerme pato un par de veces, tuve que admitir que necesitaba ir a mi casa y arreglar las cosas con mi familia. Decir que estaba tranquilo era una gran mentira, sentía que mi estómago se revolvía de forma desesperante, mientras el corazón me daba vuelcos constantemente y mis manos y mis piernas temblaban ligeramente. No sabía con qué me iba a encontrar, estaba aterrorizado, pero lo único por lo que me estaba dirigiendo a la boca del lobo, era por Sasuke. Estaba confiando ciegamente en lo que me había dicho y realmente no dudé en ningún momento de su palabra.
Cuando llegamos a mi casa, los autos aún se encontraban afuera y los hombres de negro también. Por alguna extraña razón me sentí intimidado por ellos, pero cuando estos se percataron de mi presencia cambiaron su mirada de seriedad por una más suave. Se acercaron a mí e hicieron una inclinación bastante pronunciada.
- Señor Uzumaki, por favor acepte nuestras más sinceras disculpas por lo sucedido ayer. No queríamos asustarlo ni mucho menos lastimarlo- dijo uno de ellos, él que estaba más cerca de mí.
- Ok- alcancé a decir, después de recuperarme del shock inicial- yo también lamento haber actuado tan agresivamente- miré a todos lados, excepto al hombre frente a mí.
- No su preocupe por nosotros- hizo una inclinación con la cabeza- por favor, siga con su camino, sus abuelos lo esperan.
- Emmm gracias…- dije, inclinando un poco la cabeza y dando media vuelta junto con el Uchiha.
- Si no conociera un poco a tu familia, pensaría que son yakuzas- murmuró Sasuke, luego de caminar por la cochera. Asentí sin decir nada, pues tenía razón, lo que sucedió hace unos instantes realmente fue espeluznante.
Caminamos lentamente hasta llegar frente a la puerta de mi casa, Sasuke se detuvo y sin mirarme al rostro, como había estado haciendo todo el día, se despidió de mí. No deseaba que se fuera y estuve a punto de detenerlo, pero no lo hice. Ya le había causado demasiados problemas como para importunarlo aún más. Sin embargo y para mí sorpresa él se volteó diciendo: "todo va a estar bien, no tienes nada de qué preocuparte". Luego de haber pronunciado esas palabras, dio media vuelta y desapareció de mi vista.
Sonreí involuntariamente por unos segundos, agradeciendo esas palabras de consuelo, pues sentía que las necesitaba más que nunca. Me volteé lentamente con un poco más de confianza para enfrentar a mis padres y abuelos. Luego de respirar un par de veces, abrí la puerta de mi casa dirigiéndome a la sala donde me encontré con mi familia. Ellos, al percatarse de mi presencia, se pusieron de pie como ayer, pero esta vez con una cara de consternación que no se molestaron en ocultar.
- Hola…- murmuré, sin saber a ciencia cierta qué decir- mamá no llores, por favor- dije, al ver como se echaba a llorar de un momento a otro, antes de caminar hasta a mí y abrazarme con fuerza.
- Lo siento tanto hijo- dijo entre sollozos, destruyendo toda mi confianza y fortaleza.
- Yo también lo siento, mamá- susurré con un nudo en la garganta.
La abrace con fuerza antes de darle varios besos en la frente y murmurarle continuamente que lamentaba todo lo que había dicho y que ellos eran mis padres sin importar lo que hubiera dicho ayer. Mi mamá tardó un poco en tranquilizarse, pero cuando lo hizo se separó de mí y me dio un beso en la mejilla. Después de erguirse y caminar hasta mi papá, éste no pudo sostenerme la mirada, ni tampoco dijo nada. Yo sabía que estaba arrepentido de lo que pasó ayer, lo podía ver en sus expresiones y entendía que deseaba disculparse pero no sabía por dónde empezar, así era él, se complicaba la existencia. Por eso yo, como buen hijo que era, me acerqué a él y lo abracé con fuerza por la cintura.
- Lo siento, papá. Lamento todo lo que dije.
Él se quebró.
- Lo siento, Naruto, no quería lastimarte de ninguna forma- dijo rodeándome con sus brazos- siento que fallé como padre- besó mi cabeza- en serio lo siento mucho- tembló con un poco de fuerza, pero intentó mantenerse lo más tranquilo que podía.
Nos quedamos así un momento, antes de que me besara la mejilla y me soltara. Se veía bastante afectado por toda la situación, pero un poco más tranquilo. Mis abuelos se quedaron callados y a la expectativa, pero al igual que mis padres se veían bastante perturbados. Me disculpe adecuadamente, haciendo una inclinación con la cabeza que ellos imitaron, aunque pude ver a través de su incomodidad, que deseaban acercarse a mí y abrazarme como lo habían hecho mis papás. Después de las respectivas disculpas, mis padres y abuelos tomaron asiento en los muebles, y yo los imité. La conversación, que no quería tener, comenzó:
- Bueno antes que nada, creo que no nos hemos presentado- habló mi abuelo- Mi nombre es Jiraya y ella es Tsunade, somos tus abuelos y padres de tu padre… Namikaze Minato.
Sección de dudas:
1- Tiempo transcurrido: del 26 al 27 de octubre.
