Hola... ¿Cómo han estado?.. Espero que bien... Acá les traigo otro capítulo más de esta bella historia... Su nombre ew Playboy por contrato de Noa Xireau, y me tomeel atrevimiento de adaptarla para compartirla con todos y cada uno de ustedes...

Así que antes de que me gane el sueño... taraannn... jeje

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Capítulo 11

Sakura fue derecha al dormitorio y se dejó caer sobre la cama tapándose la cara.

¿Dónde se había metido? ¿Cómo había pasado de ser la novia a la que le ponen los cuernos, a la chica que se acostó con un mujeriego que salía en las revistas del corazón?

Un movimiento en el suelo le llamó la atención. Alzó la cabeza.

—¿Aún aquí, chucho feo? —El bicho gimió de forma lastimera, contemplándola desde los pies de la cama con sus enormes ojos saltones—. Estás tan solo como yo, ¿no?

Sakura se sentó en la cama. Le entraron remordimientos de conciencia al darse cuenta de que el animalito había estado encerrado en la suite desde la noche anterior y que probablemente ni siquiera hubiera comido y, ni qué decir tenía, que ese trajecito ridículo que llevaba el pobre bicho no tenía pinta de ser muy cómodo tampoco para

dormir.

—Ven aquí, anda. Vamos a convertirte durante un par de horas en un chucho normal y corriente y a conseguirte algo para comer. —«Y de paso imagino que me tocará recoger los regalitos que hayas ido dejando por todas partes», pensó Sakura con una mueca mientras buscaba los botones para desvestirlo.

En cuanto se deshizo del traje y volvió a ponerlo sobre el suelo, el bicho se sacudió de forma enérgica.

—En realidad, no sé para qué te pusieron ese traje, con esa mancha blanca que tienes en el pecho parece que llevas un frac. Habría bastado una pajarita para que fueras completo.

El perro se dirigió en dirección al salón y la miró por encima del hombro con un gemido. «¿Hora del baño?». En cuanto Sakura abrió la puerta de la terraza, el animalito salió flechado para levantar la pata al lado de uno de los enormes maceteros. «¡Ufff, parece que llegamos justo a tiempo!». El segundo alivio fue encontrar unas latitas de paté en el minibar.

—¡Mira lo que he encontrado! —Sakura abrió la tapadera de la primera lata y la echó en un platito mientras por primera vez vio al animalito mover la cola lleno de alegría—. No es mucho, pero dentro de un rato tengo la cena y te traeré algunas sobras. Aunque es hora de encontrar una solución algo más duradera para ti, y tenemos que informar que estás aquí conmigo. No queremos que tu dueña se preocupe innecesariamente, ¿verdad? —Sakura tiró los envases a la basura y llenó otro vaso de agua para ponerlo en el suelo al lado del plato.

Se sentó para ver cómo el perro dejaba el plato reluciente. Del agua cayó más sobre

el suelo que en la garganta del animalito, pero no había ningún cuenco a mano, de modo

que tendrían que apañárselas hasta que encontraran otra solución.

Cuando el perro terminó, se acercó al sofá para subir de un brinco y metió el hocico bajo la mano de Gema tratando de levantarla. «Queremos el completo, ¿eh?». Sakura soltó un suspiro y comenzó a rascarle el cuello.

—No me habría importado ser un perro como tú. No necesitas ganar dinero, puedes dormir en cualquier parte y si tu novio te pone los cuernos basta que des una vuelta por el parque y muevas un poco el trasero para tener los pretendientes a porrones.

Kerberos soltó un ladrido corto.

—Cierto. Eres un macho y no debe de ser muy agradable que un desconocido te meta la nariz en el trasero, sobre todo si es para olerte. —Sakura encogió la nariz ante la idea. ¿Qué habría hecho si Shaoran le hubiera olido el trasero? «¡Oh, Dios! ¡Eso sí que hubiera sido un escándalo si hubiera salido en las portadas de las revistas!», rio Sakura para sí—. ¿Sabes? No me gusta que los periódicos hablen de mí y menos porque crean

que me he acostado con un mujeriego multimillonario, pero sienta bien que Terada y mi

tía crean que es cierto. De alguna forma la humillación de lo que ha pasado se hace más

llevadera.

El perro pareció darle la razón con un ladrido, mientras cerraba los ojos y Sakura seguía acariciándolo.

Cuando entró al comedor el abuelo se encontraba allí, aunque seguía en batín y estaba

sentado con gesto cansado en un sillón. Los remordimientos y los cargos de conciencia

hicieron acto de presencia. Apenas llevaba un día allí y ya le había provocado un disgusto al pobre anciano.

Ieran y Femei se encontraban junto a él y, en cuanto la vieron entrar, le indicaron que tomara asiento a su lado.

—Ieran ha hablado con el abogado y se reunirá mañana con vosotras. Sería conveniente que llevaras tu pasaporte para que podamos sacarle una fotocopia —dijo el viejo sin rastro de su anterior enfado.

Sakura negó con la cabeza.

—Os agradezco todo lo que estáis haciendo por mí, pero esta tarde he encontrado un vuelo de regreso. Era una oferta de última hora que no podía desaprovechar. Saldré mañana por la tarde —explicó con suavidad.

—Creo que ya ha quedado claro que no vas a coger ese avión —gruñó el viejo, molesto.

—Ese tipo de vuelos no permiten cambios, y no me puedo permitir el lujo de perderlo. No me sobra el dinero y es difícil conseguir este tipo de ofertas.

—El dinero no es problema —insistió el viejo

—En este caso sí lo es. Vine pensando que realizaría unas prácticas, pero no puedo quedarme aquí sin más. Necesito trabajar para mantener mis gastos. No tengo permiso ni de residencia normal ni para trabajar. No quiero depender de vosotros y daros más molestias de las que ya os he causado en apenas un día —trató de hacerle entender la lógica de sus motivos.

—No voy a discutir de nuevo ese tema. La decisión está tomada. ¡Te quedas! No puedo darte las prácticas, porque estaríamos incurriendo en una ilegalidad, pero encontraré la forma de prolongarte el visado que tienes hasta que te consigamos un permiso permanente —determinó el viejo inflexible, no dispuesto a entrar en razón.

—Supongo que ya no hay nada más que pueda empeorar las cosas —suspiró Sakura

amargada, más para sí que para los demás.

—Creo que te equivocas —murmuró Femei preocupada, sin apartar los ojos de la puerta.

—¡Lo que faltaba! —masculló Ieran en un tono apenas perceptible.

El motivo de sus reacciones no se hizo esperar. Hecha una furia se dirigía hacia ellas una mujer que Sakura identificó de inmediato como la rubia de las revistas que había estado ojeando. Sus ojos, grises, refulgían de odio y despecho,

fulminándolos con ellos. La perfecta tez de porcelana mostraba rojizos tintes de ira, que

no le restaban ni un ápice a la belleza etérea que la hizo famosa como modelo.

Ieran y Femmei se incorporaron y Sakura siguió su ejemplo, más por instinto de supervivencia que por educación. Podía adivinar la que se le venía encima, y no pretendía esperar sentada en la silla a lo que sin duda sería su sentencia de muerte. Aún de pie, seguía sintiéndose en clara desventaja frente a toda aquella perfección agresiva en movimiento.

Este era exactamente el tipo de mujer que se había imaginado que le gustaba a un

hombre como Shaoran: alta, con un cuerpo estilizado e ideal, la mayoría rubias, y con bastantes centímetros de silicona añadida, aunque esta no fuera rubia natural. Una punzada de humillación atravesó a Sakura al admirar a la fiera. Si lo que sospechaba había ocurrido de verdad entre Shaoran y ella, ayer por la noche, ya no le extrañaba por qué él había preferido abrazarla en vez de hacerle el amor. ¿Qué tenía que hacer frente a una mujer como esa? Aunque los ojos de la mujer eran de un gris tan transparente y claro que casi daban miedo, dándole la sensación de que eran de contacto —corrección: realmente daban miedo y ponían la piel de gallina—; seguía siendo una belleza contra la que no podía competir ni en sueños.

—¿Qué hace ella aquí? —chilló la furiosa morena acusando a Ieran, aunque su larga

y cuidada uña apuntaba inequívocamente a Sakura.

—Es parte de la familia y este es su sitio —se escuchó la imperturbable voz del abuelo, quién parecía haber perdido toda traza del cansancio anterior y ahora sonaba fuerte y decidido.

—De modo que usted es el que está detrás de todo esto. ¡Debía habérmelo imaginado! ¡Nunca ha querido aceptarme! Por eso Shaoran continuamente evitaba llevarme a sus fiestas familiares y a sus reuniones. Ustedes siempre me han vetado el acceso a su entorno —siguió gritando la mujer cada vez más histérica y chillona.

—Se equivoca. Era mi nieto quien no deseaba que usted se relacionara con nuestra familia más que lo imprescindible. ¿No cree que debería preguntarse por qué lo hacía? —repuso el viejo manteniendo su calma.

—¿Va a negarme que no le gusto? —soltó ella con despecho.

—En absoluto. Usted nunca ha sido de mi agrado. No tengo nada que ocultar a ese respecto. —El viejo cruzó impasible los brazos—. Por su forma de entrar aquí, ¿debo interpretar que Shaoran al fin le ha dado largas? —La observó con una ceja alzada, en tanto la modelo parecía estar a punto de estallar—. Si es así, debo rogarle que sea tan amable de abandonar mi hogar, puesto que considero su comportamiento fuera de lugar.

Los problemas con mi nieto debería resolverlos con él.

Rika se giró medio ciega de ira hacia Sakura amenazándola con el dedo.

—No creas que esto va a quedar así. ¡Te arrepentirás de lo que me has hecho! ¡Shaoran me ama a mí! ¡Me necesita y tarde o temprano regresará conmigo! Tú no eres más que una…

—¡Rika! Creo que mi abuelo tiene razón. ¿Deseas que llame a alguien para que te acompañe a la salida? —El rugido de Shaoran resonó amenazador desde la puerta, pero su tono no era nada comparado con la expresión de sus ojos.

La modelo sufrió una repentina y milagrosa metamorfosis.

—Shaoran, cariño. Vente conmigo. Tenemos que hablar. Todo esto es una terrible confusión, tu familia intenta manipularte, ¿es que no te das cuenta? —Su voz antes chillona y aguda, adquirió un matiz suave y seductor como por arte de magia.

—Me temo que ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decir. No quiero que vuelvas a acercarte a ningún miembro de mi familia. James, ¿serías tan amable de acompañar a la señorita Sasaki hasta su coche? —le indicó con extrema aspereza al gerente del hotel, que había permanecido en el pasillo.

La modelo soltó un grito de furia y levantó violentamente la mano hacia él, pero se detuvo en seco cuando Shaoran masculló entre dientes, bajo y con exagerada suavidad:

—Yo en tu lugar no volvería a intentarlo.

Con un sollozo, la chica lo rodeó para salir corriendo al pasillo y desaparecer con un sonoro taconeo en la dirección en la que se encontraba el ascensor. Sakura no pudo evitar sentir compasión por la mujer. Casi le daba lástima. Casi, pero por encima de todo respiró aliviada. Había temido que la modelo acabara agrediendo a alguien, y así debía de haber sido a deducir por los largos y recientes arañazos que le recorrían la mandíbula a Shaoran.

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Apa... eso no se lo esperaban no?... Qué les pareció?... Algo que acotar?...Yo poe ahora nada... jeje...Nos leemos luego...