The Bitter True
Arthur observaba a Alfred en completo silencio, no podía responder, no sabía cómo hacerlo, se había quedado en blanco justo en el momento de la gran revelación que había hecho el de ojos azules.
-Imposible…-Susurró, era imposible, inverosímil, no podía simplemente creer en las palabras del otro, pues ella carecían de completo sentido para sí. ¡Eran mentiras! ¡Todas sus palabras eran mentiras! No podía creer en ellas ¡Por Merlín! No podía hacerlo…eso sólo acarrearía sufrimiento a su alma y una muerte más dolorosa…por no mencionar que aquello lo empujaría más hacia el abismo…más hacia realizar aquel ritual…más a una existencia eterna de profunda miseria- ¡IMPOSIBLE!-Su garganta se había desgarrado producto de aquel grito desesperado que apelaba a las memorias más profundas que guardaba Arthur en su interior; dolía, dolía demasiado, como si hubiese abierto con un cuchillo poco afilado, aquellas cicatrices que se había empeñado en sanar y que, para aumentar la tortuosa agonía, le habían echado sal en ella, para que no sanara…para que no cerrara…Para ver el sufrimiento en las esmeraldas que ostentaba por luceros, para que contemplara el rostro de quien creyó conocer alguna vez y que se transformaba en otro…de alguien que si conocía, o al menos hasta cierto punto era así.
Alfred pareció imperturbable a los ojos de Arthur, su mirada zafiro se encontraba perdida entre las marcas verdes que surcaban la nívea piel del británico, marcas mágicas que habían crecido con el paso de los años y de su madurez. Se sentía confundido, su cabeza daba vueltas y vueltas puesto a que minutos antes, esa mañana, había estado seguro de ser quien era, de ser Alfred Frederick Jones, un joven americano de 17 años, mestizo y Gryffindor, amante del Quidditch, el héroe del colegio, con una sonrisa dispuesta en sus labios la que brindaba a quien necesitase e su ayuda…Y sin embargo, su mundo se había puesto de revés al tocar las finas marcas de Arthur una vez más, sus ojos azules se había abierto al cielo, había sido realmente capaz de volar por entre las nubes de su mente y descubrir que su vida como la conocía no era más que una patética mentira tejida por su padre con el afán de protegerlo de fuerzas siniestras que lo perseguían desde su pasado.
Y aún que en realidad él fuese Alfred Frederick Crowley (¡Qué padre más imaginativo! Solo le había cambiado el apellido) no se sentía como tal, ya no era propiamente Crowley, ni tampoco era propiamente Jones… ¿Quién era entonces? ¿Quién era?...esa era la pregunta ahora.
-No miento-Respondió con una tranquilad poco habitual en él, tal vez, la parte Crowley era la que dictaba ello, la calma del cuervo- Los cuervos no mienten…sólo los humanos lo hacen.
-¡Tú no eres el cuervo!- Le recriminó Arthur quien, a pesar de siempre mostrarse demasiado fuerte, de jamás llorar en público, aguantaba las lágrimas de impotencia en sus ojos. Una cosa era la ira, y otra era la ira mezclada con el dolor de 12 años…- No me mientas, tú no eres Alfred Crowley
-¡Lo soy, Arthur, lo soy!- Y allí estaba Jones, allí estaba su impulsividad al acercársele, al verle a los ojos de manera directa y clara, inocente, sin secretos que ocultar como lo hacía Crowley- Lo soy en parte…¡Ya ni siquiera sé quien soy! ¡Viví más de 5 décadas como un persona y una como otra! ¡Ya no sé quien soy! ¡Todo lo que creí conocer en mi nueva vida ahora es falso! ¿No ves que no es algo consiente? ¡Los cuervos no olvidan! ¡Se les debe hacer olvidar! Pero con el olvido vienen falsas memorias, falsas vivencias… ¡Estoy vacío! No soy ni Alfred Crowley ni Alfred Jones! Pero soy ambos al mismo tiempo- Acortó más las distancias entre ellos, y tomó con fuerza de los hombros de Arthur. Él británico no quería verlo, no quería mirar esos ojos azules y poder descubrir palabras verdaderas, porque eso lo haría caer en una hermosa ilusión…y ya no deseaba vivir entre ilusiones y sueños, hubo una época donde todo parecía cuento de hadas, pero la realidad le había azotado de forma lastimera, se había dado cuenta que en el mundo del resto de las personas, la magia era un mero objeto de poder, y no de cuidado, se había dado cuenta que el mundo era muy diferente a su pequeño oasis en el Bosque de las Animas, se había dado cuenta de que si quería sobrevivir debía hacer lo que fuese necesario, y no importaba su precio…pero el dolor, el dolor cada vez había sido más fuerte recordándole que aquello más que hacerlo vivir lo mataría, lo envenenaría…y lo haría suplicar por un asesinato, su asesinato, puesto que no sería capaz de auto-exterminarse- ¿Cómo crees…qué podría mentir…sobre quien realmente soy?
-No te conozco lo suficiente para decir ello- Negó Arthur, debía aferrarse a algo, algo, a un simple recuerdo, a una ilusión…necesitaba algo real- No puedo creer que digas las verdad sobre quien decías ser, o quien dices ser ahora… ¡Eres sólo un puto mentiroso!
-Digo ser nadie y a la vez ambos…-Susurró Alfred. Las miradas chocaban con fuerza, zafiro contra esmeralda, esmeralda contra zafiro, en una batalla que ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.
-Eso carece de completo sentido…
-¿Cuándo este mundo ha tenido sentido?
7 de Septiembre de 1976.
Castle Combe, Inglaterra.
Un pequeño rubio, de no más de 5 años, corría tras otro de apariencia un poco mayor a través de un gran patio trasero, repleto de árboles y rosales, jugando en su pequeño mundo "infantil".
-¡Alfred, espera!-Gritaba el más pequeño. Sus cabellos rubios estaban completamente desordenados, más de lo normal, y su rostro se encontraba muy sonrojado por el esfuerzo de la carrera que había emprendido tras el otro con tal de alcanzarlo- ¡Por favor detente!
El rubio más grande se detuvo en seco ante la suplica del otro, y de inmediato corrió hacia él para abrazarlo.
-Lo siento mi bella mariposa- Dijo apenado- Fui muy rápido, y no tomé en cuenta de que las mariposas, aun que son ágiles y fuertes, muchas veces son más delicadas que las figurillas de porcelana china- Con cuidado se separó levemente, sólo para luego besarle la frente con inmenso cariño. Amor inocente, amor de personas estancadas en una edad y que crecían demasiado lento, pero disfrutando el uno del otro.
-Sólo no vayas tan rápido, aún no alcanzó una apariencia mayor a los 5 años…
El pequeño Alfred iba objetar algo frente al venidero discurso de "soy aún muy pequeño" cuando gritos desde la Mansión Kirkland lo pusieron sobre aviso. No eran los gritos comunes de los hermanos de Arthur, eran gritos de horror, de enojo, desesperados.
De inmediato, vio salir por la puerta trasera a Scott, el mayor pelirrojo que tomó en brazos a su persona amada, y a su madre, que lo tomó a él respectivamente.
-¡Estamos malditamente rodeados por esos asquerosos impuros!- Bramó el de cabellos color fuego, sus ojos estaban espectralmente verdes, y los lazos en su cuerpo se hacían cada vez más visibles en cuanto la magia se liberaba en él, a su vez Kathleen utilizaba su cuerpo como escudo protector, sus ojos se volvieron centellantes frente a la nueva amenaza. Afuera, el resto de las familias repelía a los Mortifagos, pero cada vez llegaban más y más, y no tenían duda de que pronto Voldemort aparecería para romper su pequeño mundo de calma.
Todo por negarse a servirle; ellos eran seres superiores, eran magia pura y jamás servirían a seres cuyo poder viniese de la más profunda maldad y oscuridad.
¿Cómo un día perfecto, se había convertido en la perfecta tormenta? Alfred trataba de ver por sobre los hombros de su madre, más ella se lo impedía, no dejaría que su "niño" viese como acaban con la vida de almas corrompidas.
-Scott ¿Qué sucede?- Logró decir el pequeño Arthur en su momento, cuando sus ojos captaron un halo de luz verde que había pasado demasiado cercano a ellos…demasiado cerca.
-No es momentos de preguntas, bunnybro…debo pensar cómo sacarte de aquí ahora mismo.
-Mommy…-Esta vez fue Alfred quien demandaba respuesta, sentía que algo muy malo sucedía a su alrededor ¡Debía proteger a su mariposa!
-Shhh…tranquilo pequeño, estoy aquí para protegerte- Susurró a su vez la mujer.
Más gritos desde el frontis de la casa, sabían que estaban rodeados, no podrían escapar sin arriesgarse a arrastrar con visitantes indeseados, no permitirían jamás que unos impuros entrasen en el oasis que era "El Bosque de las Ánimas", primero muertos.
-Es mejor atrincherarse desde la casa- Dijo Scott, comenzando a correr rumbo a la mansión y entrando por una de las puertas secretas, escondería a su hermano en el cargador de alimentos, allí Arthur estaría a salvo de los mortífagos hasta que lograran repelerlos, sin embargo, Kahtleen se horrorizó de que el pequeño rubio de ojos verdes se viese encerrado en aquel espacio tan pequeño, por lo que insistió en que los niños se escondiesen en la despensa secreta, a la que se accedía por un pasadizo mágico al lado de la biblioteca que tenía Berenice en la cocina con cientos de libros de pociones y comidas muggles.
Scott la miró como si estuviese loca, pero no dijo nada esa vez, no podía perder el tiempo con sus habituales comentarios venenosos y miradas frías cada vez que alguien no seguí lo que él decía, se encontraban en una emergencia, entre fuego cruzado. Con agilidad característica del demonio pelirrojo, abrió el pasadizo y metió dentro a la mujer a su hermano y al prometido de este y los encerró en ese lugar para lograr correr al frente de batalla, donde los gemelos combatían como si de un juego de niños se tratase, ambos pelirrojos estaban en perfecta sincronía mientras desarmaban (y en algunos casos, mataban) a sus adversarios.
-¡¿Dónde está Arthur?!- Gritó Berenice por sobre el rumor de los hechizos cortando en el viento y de los gritos y sonidos de destrucción típicos de cualquier batalla; el escocés se había puesto al lado de Glen, a la persona que estaba unido sólo por lazo fraternal, pues sus ganas homicidas hacia el galés eran casi tan altas como cuando Arthur se metía a molestarlo por su gaita- ¡SCOTT!
El aludido tiró de la mano de su madre para acercarla a él y le dijo rápidamente al oído donde los niños y Kahtleen se encontraban. De inmediato, la mujer abandonó el campo de batalla y corrió en busca de su hijo menor, de su bebé. Debía protegerlo de esos bastardos impuros, debía cuidar de que nada le sucediera aún cuando su propia vida se viese en riesgo; una madre debía dar la vida por sus hijos si era necesario, y Berenice, al observar la situación, estaba muy consciente de que esa posibilidad se pudiese hacer realidad.
La puerta mágica se abrió, sobre saltando a Kahtleen quien abrazaba a los dos pequeños y les susurraba canciones para que se mantuviesen tranquilos.
-¡Berenice!-Exclamó la bruja de ojos azules- Berenice, me has asustado, creí que esos impuros habían logrado atravesar la barrera.
-Aún no- Contestó la aludida, corriendo hacia su hijo para besarle la frente con cariño, para que en su cuerpo infantil no sintiese el miedo- Los chicos ponen mucha resistencia, pero no podemos abrir un portal hacia el Bosque sin arriesgarnos a arrastrarlos con nosotros.
-Quisiera saber quien fue el hijo de puta que reveló nuestra ubicación aquí- Kathleen caminaba de lado a lado, exasperada, necesitaba salir, sentía como Frederick se encontraba en problemas, sabía que habían demasiados impuros, y ellos no podrían enfrentarlos eternamente, si no escapaban pronto al Bosque…
-Ese Tom Riddle se ha aliado con la magia oscura más detestable…aquella que no hemos podido proteger.
Arthur y Alfred permanecían callados, observando a sus madres con temor en sus ojos "infantiles"; los ruidos no podían traspasar aquella barrera mágica, pero no les era difícil imaginar los gritos.
-¡Maldito Impuro! ¡Siempre me dio mala espina! Desde que lo… ¡BERENICE!
Con un grito aterrado, Kathleen interrumpió su monólogo, para observar como una herida se abría en el abdomen de su mejor amiga, de la cual comenzaba a emanar un líquido extraño, negro y viscoso, como si de sangre putrefacta se tratara.
Berenice se llevó las manos a su vientre, y sus manos se empaparon de la consistencia al tiempo de que sus piernas perdían fuerzas y caía arrodillada al frío suelo de piedra de la despensa.
-¡Mummy!-Corrió Arthur a socorrer a su madre. La mujer apenas podía respirar, un ardor lacerante se comenzaba a extender por sus extremidades como si de veneno de serpiente se tratase, y en parte, Berenice creyó que eso era, veneno de serpiente…- ¡Mummy!- Arthur volvió a llamarla, su carita pequeña mostraba el camino de lágrimas recientes que corrían desde sus esmeraldas luceros. Berenice supo en ese momento que Riddle había herido de muerte a Hadrien, y por consiguiente, por el lazo mágico que los unía, ella sufría de los mismos embates que su otra mitad. La bruja sonrió de manera quebrada, estirando una mano para tocar la carita de su benjamín.
-Arthur…-susurró- Arthur...mi niño…-El dolor era muy fuerte, su cuerpo se estremecía ante él, pero debía tratar de mantenerlo a raya si quería que el pequeño rubio la escuchara- Mi niño…la magia me está llamando…
-Berenice…-Susurró Kathleen con sus orbes azules abiertos, abrazando con fuerza a Alfred, como si eso pudiese mitigar el frío que había nacido en ella.
-Mummy…Mummy no, dile a la magia que espere…- Berenice sonrió con suavidad a su niño, limpiando las lágrimas y besando su frente.
-No puedo hacer…eso…Mi niño…júrame que vivirás y serás muy feliz…Júramelo Arthur…por mí…
-Mummy…-Arthur lo presentía, su madre se estaba despidiendo de él, le decía adiós para siempre, se uniría a la magia, y tal vez su padre estaría en las mismas condiciones.
Berenice entendía la tristeza, era aquello lo que siempre evitó, dejar solo al benjamín de la familia, solo a cargo de los chicos, si es que estos aún estaban en condiciones de…-Por favor Arthur, eres…un niño inteligente…júramelo…
-L-lo…lo juro…
La bruja sonrió en paz, y besó la frente de su hijo por última vez- Somno…-Susurró contra la pálida piel del pequeño, quien calló dormido de inmediato en sus brazos los que habían comenzado a ser rodeados de pequeñas motas de luz, vivas, cada una viva como si de células se tratasen.
Aquel era el espectáculo más hermoso que habían visto en sus vidas, y el más triste, pues frente a ellos se materializaba la magia, en forma viva, para que Berenice se volviese una con ella, y a su vez, sintieron como la presencia de Hadrien el mago tendiéndole su mano a la bruja, tal cual la leyenda de la creación contaba, para unirse por siempre a la magia; las motas de luz danzaron al compás de un vals que los demás brujos no podían entender, hasta por fin explotar e inundar toda la sala de un brillo que no habían sentido nunca, de magia por cada centímetro de la habitación, de la casa. Por unos momentos, el tiempo se detuvo en la pelea que afuera ocurría.
La puerta encantada se abrió de par en par, Frederick con múltiples cortadas en el rostro, el cabello rubio hecho un desastre y sus ropas destrozadas. De inmediato vio el cuerpo del pequeño Arthur tirado inconsciente en el piso, y a su mujer llorando de manera destrozada abrazando a un choqueado Alfred.
-Kathleen…-Susurró, sus ojos estaban llenos de lágrimas, sus mejores amigos estaban muertos, los vieron desaparecer frente a ellos y unirse a la magia, algo tan común en los suyos, y tan…tan chocante…-Kathleen, amor, estoy aquí…estoy aquí…
-Se han ido…- La voz de la rubia escapó en un murmullo lastimero, destrozado por las lágrimas y por el shock de ver al Ángel de la Muerte.
-Sí…ellos…
-…Se han ido…-Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas. ¿Y si los hermanos de Arthur corrieron el mismo fin? ¿Y si el otro pequeño ahora estaba desamparado en el mundo, mientras que ellos seguían siendo una familia feliz? ¿Sin hacer nada…sin luchar…?
Kathleen dejó a Alfred en los brazos de Frederick con fuerza, el niño gritó a su madre, pero la rubia no escuchó, sólo corrió llorando, sus mejores amigos estaban muertos, ese bastardo impuro se los había arrebatado.
Quería gritar de dolor…y entonces lo pensó ¿Y si a ella le sucedía lo mismo? ¿Si moría y arrastraba a Frederick y Alfred quedaba desamparado? No podía imaginar aquello. Con rapidez, materializó una daga de plata y observó la marca en el dorso de su mano, una estrella, el símbolo de Frederick, y clavó el pedazo de plata forjado en el medio de este. La sangre brotó con fuerza y el lazo que la unía con su marido se materializó, haciéndose visible para todos, y cortándose en ese momento.
Sintió como su corazón se detenía en ese momento por unas milésimas de segundo, y luego escuchó el grito de su mitad, un grito desgarrador, pero no le importó…
…Pues ella…ya estaba muerta…decidió ese camino al enfrentarse a Riddle. Al menos, un pensamiento consolador quedó en su mente cuando comenzaba a desaparecer…le había quitado la última parte de su humanidad a ese asqueroso impuro…un ser hecho de mierda sería más fácil de derrotar en el futuro…
Frederick lo sabía lo había visto todo…no podía creer la locura que Kathleen había hecho…se había sacrificado, había dado tiempo para que el resto de los hermanos Kirkland llegasen al refugio y abrieran un portal de escape.
Más tarde, una vez que le había borrado a su amado hijo cada recuerdo para evitar el sufrimiento de ver como su madre cortaba el vínculo mágico y se unía a la magia para salvarlos…se dio el permiso de llorar, de llorar a su amada y traviesa Kathleen.
-¿Por qué lo hiciste, Kate…?-Susurró a penas- ¿Por qué lo hiciste…?
Una madre, una leona, siempre siente el fuerte instinto de cuidar y proteger a los suyos. Kathleen supo que si ella moría, Frederick podría sacar con mayor fuerza a su hijo a adelante, no como ella.
Ambos rubios se quedaron en silencio, Arthur aún no podía creer las palabras del otro, y Alfred lo sabía muy bien, por lo que cerró sus ojos azules y se concentró en dejar la magia fluir por su cuerpo, sintiendo como era abrazado por esta y como nudos arcanos rodeaban su cuerpo.
Kirkland se quedó pasmado, el destello azul sólo duró unos escasos segundos, pero fue lo suficiente para confirmar que allí, frente a él, estaba Crowley, frente…a su mitad…
Alfred jadeó, y volvió a la normalidad, no entendía como su vida, en menos de una hora, había dado un vuelco total, que lo llevaba a una confusión sobre su de identidad, sobre sus pensamientos, sobre sus sentimientos… ¿Qué sentía por Arthur Kirkland?
-No soy…Alfred Crowley…ni tampoco soy Alfred Jones, ya no sé quien mierda soy...-La voz del Gryffindor salió ronca, el silencio ante las imágenes que se habían revelado ante ellos, les había sumergido en la nebulosa de sus pensamientos.
Arthur, estaba aún más confundido ¿A quién amaba entonces? En otra ocasión, aquel problema existencial pudiese resultar de lo más gracioso, sin embargo, y por la categoría que habían tomado los acontecimientos, la risa se encontraba completamente restringida.
-¿Cómo se puede ser dos personas al mismo tiempo, sin saberlo, sin intuirlo?- Preguntó a su vez el Slytherin.
-Los cuervos no olvidan, son otros los que les hacen olvidar…pero no entiendo hasta que punto mi mente se pudo dividir.
-Tal vez, nunca se dividió para empezar- Una tercera voz irrumpió en el lugar. Alfred se volteó rápidamente para ver el rostro de su padre, cansado, observándolo desde el portal de la enfermería junto a Dumbledore, cuya expresión, siempre tranquila, revelaba una suave sonrisa- Simplemente, fue alterada, con el fin de alejar el sufrimiento de ti.
Alfred se levantó de la cama y caminó enrabiado hacia él; quería golpearlo, quería matarlo allí mismo, por tener que vivir una mentira, y sin embargo no podía hacerlo.
-¡Si hubiera vivido con el dolor esto no estaría sucediendo ahora!- Le gritó con fuerza a Frederick (Dumbledore avanzó de manera ligera hasta posicionarse cercano a Arthur, arrebatos hormonales de hombres viejos, era lo peor para su mente y cuerpo). A su vez el mago se quedó en silencio, sabiendo que todos aquellos reclamos eran justos- ¡No sé ni quien mierda soy ahora! ¡No sé absolutamente nada de mí y a la vez lo sé todo!
La enfermería se quedó en silencio, tras largos minutos donde el único sonido que quebraba la inestable calma era el del reloj de la estancia.
-Quería protegerte...-Dijo Frederick, Alfred notó dolor en sus ojos, su padre nunca rebelaba esa clase de debilidades-A veces, el amor por nuestros seres queridos nos hace actuar de manera estúpida e insensata. Yo sólo quise que crecieras feliz, que vivieras como un niño y no como un viejo en el cuerpo de un infante. Sólo quería que olvidaras el horror de la batalla…quería que crecieras conforme a tu supuesta edad…
Dumbledore observó por unos segundos a Frederick, aquellas palabras…quedaron grabadas en su memoria, pues la verdad en ellas, era desbordante.
-¿Cómo sigue Lovino?- Preguntó Elizabetha, observando al mayor de los gemelos Vargas, en estado de coma tendido en una de las camas de San Mundo, a su lado, Felicciano se encontraba en las mismas condiciones.
-Sin evolución alguna, los Sanadores dijeron que él se había perdido en su propiamente- La voz de Antonio resonó desde un punto cercano a su amado italiano- Está…enjaulado allí…
-¡Esos Bastardos fueron los que hicieron esto!-Exclamó Gilbert, ganándose miradas desaprobatorias de los sanadores que aún estaban en la sala- Ellos hicieron esto… ¡Y las van a pagar! El próximo será Ludwing en caer al coma, y no dejaré que mi hermanito esté así por ese ruso bastardo de mierda.
Se quedaron un momento en silencio, el griterío de Gilbert era sólo la demostración de querer sacar a todos los sentimientos encontrados desde las entrañas, como una erupción volcánica que cada vez se volvía más violenta.
Antonio no quería llorar más, a penas escuchaba a sus amigos, todo su ser estaba puesto en Lovino, rogando por milagros a algún ser superior, a la magia o a alguien…un solo milagro más, que Lovino no muriese, que Felicciano no muriese…no podía, simplemente no podía seguir así.
-Toris se encuentra en la misma posición que Feli y Lovi- Susurró Elizabetha, tocando con suavidad la leve prominencia en su vientre-Lleva semanas en San Mungo y Feliks no se ha separado de él en ningún momento.
-Y Matthew está bajó el Imperius de Francis, con tal de que no se acerque a Kirkland ni a su sequito- Completó el albino, observando como Antonio parecía de lo menos interesado en la discusión, y no lo podían culpar, todo su ser respiraba gritaba por Lovino Vargas. Ver a Antonio en estos momentos, era ver a un muerto en vida.
El sonido de la puerta abriéndose hizo sobresaltar al trío de jóvenes, quienes voltearon a ver al Sanador a cargo, Vikram Pawanda, un ex –Ravenclaw proveniente de India, cuyas calificaciones y cuerpo eran la envidia y el suspiro de muchos en el colegio de hechicería (Algunos decían que tendría una gran carrera en Bollywood si se lo proponía), pero aquello era irrelevante en aquellos momentos, pues el hombre de piel oscura se acercó con una expresión hermética a los chicos que allí estaban, expectantes por noticias.
-Lamento decirles, que no encontramos la contra-maldición para lograr traer de vuelta a los gemelos Vargas- Dijo de manera suave y lenta, siempre hablaba de esa manera cuando las esperanzas y los milagros escaseaban- Si lográsemos encontrar la fuente de ella, o quien lanzó la misma, podríamos despertarlos en un santiamén…sin embargo, de no ser así, estaremos condenados a ver como ellos se mueren dentro de sus sueños.
Ni aun que Vikram hubiese pronunciado aquellas palabras con más cautela de lo que expresaba su voz, hubiese tenido una reacción distinta sobre los jóvenes, pues el abatimiento, simplemente fue reemplazado por una sed de venganza, sus pensamientos corrieron hacia donde estaba Braginski, hacia Natasha y hacia Kirkland.
-Gracias, Pawanda…-Musitó al fin Antonio, como si con eso, la despedida estaba clara y sus intenciones también. El ex Ravenclaw, vio el odio en sus ojos, y supo entonces que ellos conocían a la fuente de sus desdichas, sin embargo, por corte ético, le era imposible obligarles a decir de que se trataba la maldición, sólo podía influir y esperar con los dedos cruzados (al igual que los fanáticos de los Chudley Cannons) que ellos decidieran hacer lo mejor, sin poner sus vidas en riesgo, ni la futura que se gestaba en Elizabetha.
-No hagan algo estúpido- Pawanda les advirtió, era de la misma promoción de Gilbert, Antonio y Francis, por lo que conocía a ese trío de idiotas y conocía la escasa falta de valentía de Elizabetha. Juntarlos, era como añadir más pólvora a una bomba de tiempo.
-No te preocupes, Vikram- Elizabetha sonrió levemente al joven hindú- Sólo salvaremos a nuestros amigos.
Frederick había visto las cartas idénticas sobre la mesa de la cocina aquella mañana cuando se había levantado a preparar el desayuno a su mujer y a sus hijos "gemelos", su corazón simplemente dio un vuelco, pues los pergaminos con aquel lacre rojo y la insignia más reconocida en el mundo de la magia, se encontraban frente a él, incitándolo…a caminar por el valle de los recuerdos.
Escondió las cartas en su maletín sin saber muy bien qué hacer con ellas, simplemente trató de actuar lo más normal posible, sin embargo a cada tanto observaba el símbolo en el dorso de su mano derecha, un hermoso lirio que ahora parecía una fea quemadura.
-Kate…ayúdame…-Susurró cuando estaba en el auto de camino al trabajo. No se había atrevido a pronunciar el hecho a su nueva esposa, a Joan, pues ella conocía toda la historia, sabía quién era, sabía por qué le había cambiado las memorias a Matthew, el hijo de Joan que afortunadamente era muy parecido a Alfred, y a su propio hijo, pero ella le guardaba distancia a la magia, pues luego de oír la horrible historia, se había auto-convencido que los cuentos de hadas no existían, y esa cosa viva que Frederick guardaba con tanto recelo, era sólo una maldición asquerosa, una condena- No sé qué hacer Kate, tú siempre eras la que tenía las respuestas referente a Alfred…
El día del brujo transcurrió a sobresaltos, no se pudo concentrar en su trabajo, ni siquiera cuando tenía a su jefa a su lado llamándolo "¡Jones! ¡Jones! ¡Mierda Jones, concéntrate!" No podía ni siquiera recordar su supuesto apellido, las cartas le volcaban al pasado como Crowley, al pasado mágico de su familia, con Alfred, con Kathleen, con el lazo que aún los mantenía juntos, con sus mejores amigos paseando por Castle Combe, por Liverpool o por Londres.
Pero eso era pasado…un pasado que amenazaba con volver.
Cuando volvió al final a su hogar, lo recibió un sonriente Alfred y un tímido pero feliz Matthew, ambos con cartas idénticas en sus manos.
-¡Mira papá!- Exclamó Alfred- ¡Las han enviado del Instituto de Brujos de Salem! ¡Dice que tenemos una plaza allí y que sólo falta nuestra confirmación para ir! ¡Somos magos papá! ¡Como tú!
Frederick se quedó pasmado, Alfred interpretó eso como emoción, pero el brujo no contaba que el colegio de magos de USA también quisiera tener entre su alumnado a sus hijos, por lo que las opciones de mantenerse alejado de la magia, o ocultar el hecho a su esposa, quedaban completamente neutralizadas.
A su vez, Joan observaba a su marido con una extraña expresión en su rostro, el miedo, la preocupación y la ir se mezclaban en la fría expresión que sus delicadas facciones tenían- Niños, suban a jugar, mamá y yo debemos hablar de asuntos importantes- la voz de Frederick tenía un claro matiz de quien quiere ocultar las cosas, pero rogaba internamente que los chicos no lo notaran. Quería creer en ese Alfred despistado y no sagaz como un cuervo que ahora tenía por hijo.
-¡¿Van hablar sobre ir al Internado?! ¡No te preocupes Dad! ¡Yo protegeré a Matty cuando estemos allí!
Matthew se ruborizó por las palabras de su "gemelo" y susurró en leve gracias, antes de comenzar a tirar al hiperactivo chico escaleras arriba, aun que Alfred poco y nada hizo caso, pues se quedó a espiar la conversación, muy callado.
Frederick, abatido, se dejó caer en una de las sillas de la cocina y se sostuvo la cabeza con las manos, enredando sus largos dedos en sus rubios cabellos, mientras que Joan le observaba de brazos cruzados, esperando que este fuese quien iniciase con la conversación, mas sabía que él no hablaría, su expresión corporal lo decía todo, por lo que ella tendría que dar rienda suelta a sus pensamientos.
-Hoy llegaron estas cartas por medio de una lechuza- Dijo de manera suave, Frederick no hizo además de oírla- Los vecinos se asustaron, pájaros nocturnos de día es algo completamente anormal…
-Y más anormal que traigan cartas…-Insistió- sobre un Colegio de Magia. Creí que habías cortado todo contacto con ese mundo, Fred, creí que después de lo que me contaste, habías cortados los lazos con tu mundo y sólo te limitabas a hablar de él como si de cuentos de hadas se tratase.
-No se puede escapar a lo que uno es, aparentemente…-Susurró de manera muy vaga, abriendo su maletín para extraer de él las cartas de Hogwarts escondidas- Llegaron hoy en la mañana también, Dumbledore siempre está informado del paradero de todos los brujos británicos…incluso extendió una plaza a Matthew…
-Hablas como si consideraras la remota posibilidad de enviar a los niños a ese horrible lugar… ¡Tú mismo lo dijiste! ¡La magia que tanto amas sólo te ha traído penurias!
-La Gran Guerra ya ha acabado…los chicos…no correrían riesgo sí…
-¡Esto es lo que faltaba! ¡Qué los enviásemos a estudiar magia! ¡Puede sucederles algo! ¡Pueden salir dañados! ¡Alfred ya ha sufrido demasiado! ¡Y ahora metes a Matthew en esto! ¡No aceptaré que los lleves a ese mundo de mierda!
-Joan por favor cálmate…Hogwarts es el lugar más seguro del mundo, el Innombrable jamás se atrevería a entrar a Hogwarts porque Dumbledore está allí…
-¡No lo creo! ¿Qué pasará si ese tal Dumbledore muere? ¿Qué pasará entonces?
-Dumbledore es un gran mago…
-¡Pero no es inmortal, Frederick! ¡Un día Dumbledore morirá, y ese lado oscuro del que hablas tomará al colegio! ¡¿Y qué tal si es cuando los niños estén allí?! ¡Lo siento pero, no dejaré que mis hijos vayan a colegios de magia!
-Lo siento…Joan…pero, pero debo negarme a eso
Los ojos de Joan se inundaron de lágrimas, ella era muggle, creyó que su hijo lo era hasta verlo hacer magia cuando tenía 8 años y Alfred aplaudiéndole, si bien sabía que era parte de su naturaleza el estudiar magia, no podía concebir que algo malo le sucediera a su bebé o al hijo de su marido…No podía…ella debía protegerlos, no en vano la famosa Kathleen se sacrificó ¿O no?
-¡Si los mandas a esa mierda, yo te juro que me voy de esta casa!- La última amenaza, era eso o nada, debía hacer recapacitar a Frederick como a de lugar, pero…pero Frederick no se retractó.
Esa noche, la familia Jones-Williams se quebró, pues ambos padres tenían distintas ideas sobre la protección…y sobre la magia.
La música sonaba a desbordar, haciendo de resonancia con los cristales de la estancia; el aroma a sudor, tabaco y alcohol se entre mezclaban para dar la perfecta atmósfera de un bar de Belfast pasada la media noche.
Dio una calada profunda a su cigarro, aquel hábito que ya llevaba años cubriendo sus pulmones de nicotina, un escape hacia una falsa relajación que poco iba acorde con la música, pero no debía pensar en eso, debía buscar a ese par de sabandijas miserables, aquellos pelirrojos que ya le daban dolor de cabeza con sólo pensar en la mierda donde se fueron a meter.
Una exuberante castaña se acercó a él, su cabello oscuro y sus labios rojos eran una clara invitación para enredarse entre las sucias sábanas de algún motel de la ciudad, pero él debía pasar por esta vez, por lo que con su elegancia simplemente rozó su cintura y le guiñó un ojo a la sensual mujer, quien frustrada, caminó hacia la barra, esperando que el bochorno se pasara con un poco de alcohol.
Scott Kirkland no estaba para juegos el día de hoy, no se podía permitir follar cuando debía encontrar a los gemelos entre el mar de cabezas que chocaban en la pista de baile.
-Bastardos, siempre hacen lo mismo, los muy hijos de puta- Masculló, dando otra calada al cigarro, a la mierda el servicio de sanidad irlandés, ya estaba a punto de estrangular a alguien en esos momentos.
-¡Oh Scotty Scott!, escuchamos desde la barra tu linda boquita escocesa maldecir a nuestra santa madre- El aludido se dio vuelta con una mirada enrabiada para observar las maliciosas sonrisas idénticas de los gemelos irlandeses Ciam y Liam.
-Ha sido muy feo de tu parte Scotty Scott, mummy dijo que no hablases con groserías…- Suspiró Ciam con una pose dramática.
-…Ella estará tan decepcionada de ti…- La cual fue en seguida secundada por Liam.
-…Y más por casi irte a follar con una muggle en vez de…
-…Cuidar…
-…A tus…
-…Adorados...
-¡Ya cierren el pico pedazos de mierda! ¡Si los vengo a buscar es para que hablemos sobre el pequeño bastardo!- Scott había estallado, los gemelos colmaron su poca paciencia y ahora eran tironeados hasta la puerta de escape del bar para poder hablar en un lugar más calmado como lo era el callejón de las violaciones donde, para sorpresa del escocés, la exuberante castaña hacia el amor con un tipo x, de malas fachas y que expelía olor a marihuana y a wisky añejo.
-Te la han ganado Scotty~~- Canturreó Liam, Ciam se rió del chiste de su hermano, pero el pelirrojo mayor les ignoró y los obligó a dirigirse a la zona más alejada para hablar.
-El mes siguiente es abril, y saben que el cuerpo físico de Arthur llegará a la apariencia de 18 el 23.
Los gemelos se miraron entre sí, pues sabían muy bien lo que aquello significaba, y sabían aún más que el agresivo Scott no iría tras ellos si no fuese por algo importante.
-Si estás aquí debemos inferir que Arthur no tiene un lazo ¿verdad'- Inquirió Ciam repentinamente serio, haciendo caso omiso a los jadeos que venían desde el fondo del callejón.
-Infieres bien- Le apestó Scott.
-Los cuatros estamos unidos por lazos fraternales- Interrumpió esta vez Liam- Crowley desapareció luego de volver al Bosque de las Animas, y sabemos muy bien que Arthur jamás se uniría a un impuro…
-Precisamente es porque estoy aquí, para de mocosos-Cortó con rudeza el escocés, generando expresiones de extrañeza en los rostros pecosos de los gemelos- Glenn fue a ver a Albus hace unos días…y él le contó que el pequeño bastardo está a punto de cometer una locura.
-¿Y qué clase de locura si se puede saber?
Los gritos de la llegada al orgasmo se escucharon por unos breves segundos antes de que Scott volviese a hablar.
-El mocoso, junto con esos rusos, están a punto de convocar el ritual prohibido de la hermandad.
-Te refieres a…
-Sí, al Ritual del Juicio de la Sangre- Las palabras del mayor de los Kirkland se convirtieron en la inscripción sobre la lápida del benjamín de la familia. Los hermanos se miraron mientras escuchaban la puerta del callejón cerrarse a lo lejos.
-Hay que estar muy loco…
-…O muy desesperado…
-…Para caer en eso, no se puede jugar con la magia de esa forma…
-…Y Arthur lo sabe bien.
-Ustedes mismos lo dijeron, hay que estar o muy loco o muy desesperado para hacerlo, Arthur está desesperado y los rusos, locos, allí están sus respuestas.
Matthew caminaba por los pasillos de Hogwarts, entre la dulce inconsciencia y la realidad. Hacía poco se había dado cuenta de que alguien lo estaba controlando con la maldición imperius, la pregunta del millón de galones era ¿Por qué? ¿Por qué alguien querría manipular su voluntad hasta esos puntos tan arriesgados? ¿Qué era tan interesante en él como para someterlo bajo la magia? A penas estuvo lúcido en Navidad en casa de su madre, y ella se encontraba bastante preocupada por su estaba pálido y decaído, como el de un anémico.
Pero, lo más extraño para Matthew, era comenzar a tener flashes de memorias diferentes, junto a otro hombre adulto al que llamaba papá, sin Alfred a su lado, en otro lugar que no fuese Estados Unidos, si no Canadá, y recordaba…tener otro apellido, el Williams por el que su hermano mayor se había enojado tanto.
Simplemente todo se había vuelto tan retorcido ese año, peor que el mismísimo laberinto del minotauro, pues esto no era un simple mito griego (que de mito tenía poco) si no que la vida real, allí, en el pleno siglo XX, un mal sin precedentes asechaba su vida, lo intuía, lo sentía…
-Vaya, vaya, vaya, pero miren a quien tenemos aquí- Iván Braginski había aparecido junto a Natasha tras unos pilares de piedra; su sonrisa infantil y fría y la expresión asesina de la joven, pusieron al canadiense los pelos de punta- Si no es más que el pequeño e inútil Matthew Jones ¡Qué dicha! No tendremos que buscarte por todo Hogwarts para secuestrarte, da
¡¿Secuestrarlo?! Matthew dio un paso hacia atrás, la maldición había perdido efecto en él y ahora encontraba su mente libre y alerta por el miedo que le inspiraba la figura del imponente ruso.
Natasha le miró con más odio, su hermano le ignoraba, ella hubiera podido ofrecerle el vínculo filial, pero Braginski se había rehusado de manera tajante, el poder era mucho más seductor que la propia sangre. Los ojos fríos de la muchacha brillaron en la oscuridad y cientos de dagas aparecieron suspendidas, apuntando al joven rubio en cualquier momento.
-Natasha, no es necesario tanta hostilidad, da- Rió el ruso de manera falsa, pero era una advertencia; él no quería que la última pieza fuese lastimada y si Kirkland se había bajado del bote, era su problema, pero él llevaría a cabo el ritual esa misma noche- Oh, mira, parece que tenemos compañía, Buenas noches profesor Bonnefoy, da.
Francis llegó corriendo al pasillo luego de buscar al pequeño rubio por todo el colegio. El alma huyó de su cuerpo cuando vio que su peor miedo se hacía realidad, Matthew había caído en las garras de Iván.
-Matthew…-Susurró a penas- ¡Quita tus asquerosas garras de Matheui ahora mismo, Braginski! ¡Él no es la siguiente luz! ¡Godric Gryffindor no vive en él!- El francés trató de avanzar para salvar a su amado, sin embargo, un látigo mágico le dio de lleno en el abdomen, tirándolo contra la pared del fondo, dejándolo fuera de juego.
-¡Oh! ¿Eso crees? Realmente eres un estúpido, Bonnefoy, da- Por primera vez, la sonrisa de Iván se volvió retorcida, como su mente y el juego en que había sumido a medio Hogwarts- Nunca había conocido a una mierda más asquerosa que tú, un bastardo de Beauxbatons que se vio a Hogwarts a pasearse por todas las camas del castillo como si de una puta barata se tratara- Iván se acercó a Matthew para tomar el rostro asustado del chico, y con morbosidad, lamió su mejilla, sin dejar de ver a Francis, quien entre herido e impotente, trataba de recobrar fuerzas para enfrentarse al ruso- Me dan asco…pero…Godric Gryffindor vive en él, su luz reside en su corazón puro…así que, no me queda más que, absorber tu alma.
Los ojos de Braginski se volvieron completamente violetas y con fuerza le arrebató un beso a Matthew, algo que devoraba su boca y que poco a poco le iba absorbiendo la vitalidad; tal como un dementor, Iván le arrancaba el alma a Matthew, tenerlo así, como una marioneta, sería más sencillo para él, el drenarle la magia, después de todo, era un simple recipiente donde magia y luz residían.
Natasha cerró sus ojos, le daba asco ver a su hermano actuar de esa manera, ella lo quería para sí, quería que él la devorara, que le arrancara el alma, el corazón, todo su "yo" de ser necesario. Quería pertenecerle a Iván tal cual las vidas de Lovino, Ludwing, Toris y ahora Matthew lo hacían.
En el osculo no había amor, era como ver el beso de un dementor…una experiencia grotesca.
Braginski soltó a Matthew, cuyos ojos azules se encontraban vacios tras las gafas, y lo dejó caer al piso- Hora de desaparecer, da, los demás chicos están ansiosos por comenzar con el juego.
Y tan súbito como había comenzado, los tres desaparecieron en la oscuridad de la noche. Francis, quien hasta el momento había sido un espectador silencioso del robo, se levantó como podía y vomitó a un lado del pasillo, asquedo, sin poder creer lo que habían visto sus ojos.
De inmediato, dando tumbos, corrió con las fuerzas que tenía a la enfermería, sabía que Dumbledore estaba allí, McGonagall se lo había dicho, él podía ayudarlo ¡ÉL DEBÍA AYUDARLO! Las puertas de la enfermería estaban abiertas de par en par, en el medio de ella se encontraba Jones y un hombre de rasgos similares al estudiante, un hermano un padre quizás, y más allá, junto a la cama de Kirkland Albus se encontraba observando la situación.
-Profesor Bonnefoy…-Dijo el anciano mago acercándose al francés y acaparando la mirada de los rubios en la sala- Profesor Bonnefoy ¿Qué le sucede por el amor a Merlín?
Francis apenas podía respirar, pero debía hacer el intento, entre más tiempo dejara pasar, más peligro corría Matthy.
-Braginski…él…él le quitó el alma a Matthew y se lo ha llevado…- Francis simplemente se despolomó en el piso con el rostro cubierto de lágrimas.
Alfred se quedó hecho de piedra y miró la expresión asustada de Arthur.
"El Ritual tiene los cuatro pilares…para dar inicio ya"
Muy lejanos a Hogwarts, y nuevamente en San Mungo, el trío de amigos se encontraba bebiendo algo en la cafetería cuando un revuelo de personal y alarmas sacudió al hospital.
Se pusieron de pie y se dispusieron a ver qué era lo que sucedía, pero Vikram Pawanda los detuvo en la entrada.
-Toris y Lovino…han desaparecido del hospital.
ProngsKJ reportándose en sir, yes sir! -parada militar-
Por fin! me la pasé el verano trabajando, así que lamento las demoras, pero aquí está el capitulo~~ Así que espero sus reviews sus impresiones y sus gritos. Si quieren asesinarme pueden hacerlo con gusto por tumblr ( .com )
DEDICATORIA ESPECIAL A: Soly! Wife! y a Kanon -por aceptar hacer el cosplay conmigo-
Espero que hayan disfrutado de la magia, les desea un gran año, con amor
ProngsKJ
P.D. Nadie a muerto por escribir un review
