Disclaimer: KHR no me pertenece, solo juego con el con mi loca imaginación.
.
.
Navidad, esa época mágica en que hasta las más viles personas se suavizan y disfrutan de la festividad, donde las calles se llenan de color y alegría, donde la deliciosa comida parece más apetecible si es en compañía y donde los regalos son algo normal, pero para (T/N) esta sería la primera Navidad tan festejada y se sentía feliz por ello. Había ido a comprar sus regalos con Haru y Chrome el día anterior con la tarjeta de crédito dorada que Reborn les diera, había comprado montañas de comida para preparar y había horneado ella misma algunas galletas de jengibre que se dirigía a entregar en ese momento 24 de diciembre cerca del mediodía junto con los regalos, un manto blanco cubría todo Namimori, las dos semanas desde ese fin de semana casi irreal se habían ido en un suspiro, pero se le había hecho rutina luchar cada tarde con Hibari en el parque; no hablaban mucho pero el chico parecía aceptarla y no le hablaba en tono duro; no creía que Varia fuera a aparecerse por ahí pero de todos modos había comprado algunos presentes para ellos "Por las dudas" se había dicho. Su primera parada era la residencia de los Yamamoto, abrió la puerta de la tienda y entró con las mejillas enrojecidas por el frío.
- Bienvenida – dijo el padre de su amigo con su habitual sonrisa, que se hizo más cálida al ver quien era - ¡Ah! (T/N)-chan, pasa, que bien que nos visitas – el señor Yamamoto se había encariñado con la chica al conocer su historia.
- Buen día – sonrió ella – he venido a entregar mis presentes, ya que en la noche estaré con mi hermano y su novia.
- Pero no es necesario que te tomes molestias – dijo el mayor.
- No es molestia, este es suyo – dijo sacando un paquete azul de la voluminosa mochila que llevaba en la espalda, se lo entregó junto con una de las bolsas de galletas – y estas galletas las horneé yo, espero le gusten – esbozó una sonrisa tímida.
- Muchas gracias, yo también tengo algo para ti, pero sube a la habitación
de Takeshi mientras lo busco – el hombre se dirigió a la puerta que daba a su casa y se perdió por un pasillo mientras la muchacha subía las escaleras con dificultad por el peso extra, al llegar arriba oyó como su amigo reía y hablaba con alguien y sonrió, tocó educadamente la puerta y cuando escuchó un "pase" la abrió, la escena que había dentro era cómica: Yamamoto sentado riendo mientras que Gokudera luchaba con su gato, Uri al ver a (T/N) se acercó ronroneando a los pies de la muchacha, quien se agachó enseguida a acariciarle.
- Traidor – masculló el peliplata que estaba cubierto de rasguños – hola (T/N) – dijo en tono menos enojado.
- Yo – Yamamoto y su saludo habitual.
- Hola chicos – correspondió ella el saludo.
- ¿Qué te trae por aquí? – Gokudera miraba a Uri con algo de rabia, hasta a la chica que llevaba menos de un mes en Namimori la quería y a él lo mordía o hacía cosas peores, uf!
- Estoy repartiendo mis regalos, esta noche estaré con mi hermano y Orégano… así que vine más temprano – dijo mientras extraía un paquete celeste y uno rojo, lanzándole el primero al Guardián de la Lluvia y el segundo al Guardián de la Tormenta, quienes lo tomaron en el acto, luego les lanzó un paquete de galletas a cada uno – espero y les gusten las galletas, las hice yo.
- Gracias – dijo Yamamoto con una sonrisa casi infantil, rasgó el papel y extrajo un guante de béisbol y una pelota nuevos - ¡Genial! – exclamó muy feliz y la chica sintió que había atinado en su elección.
- No era necesario – por su parte Gokudera lucía un pequeño sonrojo, rasgó el papel y al ver el libro de edición limitada sobre los misterios del universo se lanzó a abrazar a la muchacha – Desde hoy juro que nunca te llamaré mujer estúpida – dijo sonriendo con alegría (algo raro a no ser que Tsuna estuviera por ahí), Uri se acercó para reclamar atención y ella sonrió.
- Claro que también tengo algo para ti – sacó una caja alargada de la mochila y se la tendió a Hayato, quien rasgó el papel y vio las golosinas para gatos preferidas de Uri, quien enseguida se lanzó contra su dueño para obtener algunas, provocando una nueva pelea hombre vs gato con obvios resultados.
- Nosotros también te tenemos algo – dijo Yamamoto sonriendo y sacando dos paquetes envueltos en papel plateado – pero mejor los abres esta noche.
- Gracias – dijo la chica abrazando a ambos chicos y despidiéndose, pues aún le quedaban lugares que visitar, bajó las escaleras con sus regalos ya guardados y se encontró con el padre de su amigo, quien sonreía mirando los cuchillos nuevos, con el papel rasgado en la otra mano, al verla depositó su regalo en la mesa, se acercó y le dio un abrazo de oso.
- Muchas gracias – en su cara estaba la misma felicidad casi infantil de su hijo – Aquí está el mío para ti – dijo depositándole una pequeña caja violeta en la mano – pero ábrelo luego, si debes visitarlos a todos debes darte prisa – rió. Se despidieron y ella salió nuevamente a las calles nevadas.
Llegar a Kokuyo Land no le tomó mucho tiempo, la construcción ya no lucía tan destrozada pues Haru, Ken, Chikusa, Chrome y ella misma se habían dedicado a quitar algunos escombros y convertirlo en un lugar habitable, aunque aún les quedaba mucho que hacer antes de que llegara a lucir como un hogar.
- Chrome-chan – llamó ya lo suficientemente cerca para hacerse oír, no pasaron ni dos minutos y vio llegar a su amiga junto a sus dos compañeros.
- (T/N)-chan – saludó ella con un pequeño sonrojo y una sonrisa, traía las manos en la espalda.
- Hola chicos – saludó la joven con una sonrisa, si, esos jóvenes eran raros pero cuidaban a su amiga y se veía que a su modo la querían – he venido a entregar mis regalos – declaró con una sonrisa, sin más escarbó en su mochila y sacó un paquete violeta intenso que tendió a la pelivioleta y dos pequeños paquetes blancos que tendió a los chicos, ellos los abrieron y la guardiana vio un hermoso vestido a juego con su cabello, Ken extrajo tres nuevos dientes para sus transformaciones que celebró saltando infantilmente y Chikusa dos yoyos reforzados pero de material liviano, luego de entregarles las galletas se alejó con alegría, hasta el momento las cosas iban bien, Chrome había metido en su mochila un paquete de color crema y le había besado la mejilla con lágrimas de agradecimiento y alegría, tener amigos era fabuloso.
Caminó a casa de su amiga Haru, la chica ya estaba familiarizada con esa ruta y no le era difícil encontrar el lugar, llegó en pocos minutos y tocó el timbre, un minuto después la castaña aparecía.
- ¡(T/N)-chan! – dijo con alegría – pasa.
- No puedo Haru, debo volver pronto pero debía entregarles sus obsequios hoy – dijo sonriendo y tendiéndole un paquete voluminoso de color lavanda, su amiga lo tomó y con curiosidad rasó el papel, dentro había un set de disfraces desmontable, con 100 accesorios para las diferentes personificaciones que su amiga pudiera idear.
- ¡Me encanta, desu! – gritó lanzándose a abrazarla – Gracias – sonrió.
- Me alegro que te gustara – rió la joven – Debo irme, la casa de Hibari-san queda lejos.
- Espera un segundo, desu – Haru salió disparada por las escaleras dejando la puerta abierta y unos segundos después bajó peligrosamente con un paquete rosa – De mi parte – dijo sonriendo – pero ábrelo luego – se despidieron con sonrisas.
(T/N) caminó hacia una casa de estilo tradicional como habían pocas ya, el día anterior sus amigas se la habían indicado y estaba algo lejos, pero de alguna extraña manera consideraba al demonio de Nami-chuu como a un amigo, cuando llegó llamó al timbre de entrada pero nadie le contestó, supuso que él no estaba en casa pero no quería perder el viaje por lo que se deslizó sobre el muro, aterrizando sobre un cuidado césped, caminó a la construcción y puso frente a la puerta principal el paquete envuelto con papel gris satinado, era un simple llavero pero lo había hecho ella misma con la forma de Hibird, el ave que siempre lo acompañaba, puso las galletas junto con eso y rápidamente se retiró.
La casa de Sasagawa Ryohei era relativamente cercana a la de Yamamoto, y lo había descubierto porque desde que se uniera al club de boxeo corría cada mañana con su capitán, había mejorado en la precisión y fuerza de sus golpes (de lo que se sentía secretamente orgullosa), además de que sus compañeros de equipo la respetaban (los había vencido a todos), tocó el timbre y para su suerte no fue la hermana de su sempai quien abrió, sino él mismo.
- ¡(T/N) que sorpresa más extrema! – exclamó con el tono que lo caracterizaba.
- Hola Ryohei – sonrió ella aliviada de que no fuera la odiosa Kyoko (quién había intentado difamarla en la escuela) quien abriera.
- ¿Vienes por una pelea? – bromeó él.
- No, solo estoy repartiendo mis regalos navideños – extrajo una caja cuadrada de buen tamaño con papel amarillo de su mochila y se la entregó.
- ¿Para mí? – el tono anhelante e infantil conmovió a la chica.
- Claro – ella solo sonrió – vamos, ábrelo si quieres – eso bastó para que el guardián rasgara el papel y rompiera la caja, dentro reposaban unos guantes de boxeo nuevos y un casco para las practicas.
- ¡Gracias al extremo! – dijo probándoselos - ¿Quieres una pelea extrema para que pueda probarlos? – preguntó flexionando las manos ya enguantadas.
- Por hoy paso, aún me quedan lugares que visitar – se excusó ella con rapidez pero aun riendo – Ya debo irme, aquí tienes una galletas hechas por mí, espero te gusten, nos vemos.
- Espera – el chico extremo entró y dos minutos después reapareció con una caja con papel verdoso – Feliz Navidad.
Se despidieron prometiendo que lucharían en los días siguientes y (T/N) se dirigió a la última casa que le quedaba: la residencia Sawada. Caminó con tranquilidad, su mochila estaba tan llena como en el principio pues sus amigos se habían encargado de llenarla, y eso la hacía feliz aunque también pensó que era gracioso que ella se paseara con una mochila de viaje gigantesca en un día de navidad, al llegar a la tan conocida casa tocó el timbre y la madre de Tsuna abrió.
- Ara, (T/N)-chan bienvenida, pasa – dijo sonriendo cálidamente como siempre.
- Buen día Nana-san – dijo la chica entrando al recibidor - ¿están Tsuna y los demás? Tengo algo de prisa – dijo sonriendo mientras comprobaba la hora.
- Los llamaré enseguida – dijo la mujer sin dejar de sonreír mientras subía la escalera, un escaso minuto después bajaron con gran alboroto Ipin, Lambo, Fuuta, Bianchi, Tsuna y finalmente Reborn charlando con Nana.
- Hola chicos – dijo (T/N) con una sonrisa, todos correspondieron con sonrisas y saludos, como se hacía tarde y quería estar en casa para cuando Orégano llegara fue al grano – Estoy repartiendo mis obsequios, esta noche no podré salir porque cenaré con Lancia-aniki y Orégano así que… – dijo mientras sacaba un paquete rosa y uno verde que tendió a Ipin y Lambo respectivamente – …espero y les gusten – tendió un paquete verde claro a Fuuta y uno lila a Nana, uno rojo a Bianchi, uno gris a Reborn y por último uno anaranjado a Tsuna.
- Gracias – dijeron a coro y al notarlo rompieron a reír, Reborn le dio una penetrante mirada a Tsuna que al notarlo corrió al segundo piso y volvió con una gran caja naranja que le tendió.
- Esto es de parte de todos – dijo profundamente sonrojado, luego abrió su regalo: un gorro y una bufanda anaranjados tejidos por la misma chica, Nana lucía unos lindos guantes rosa, Bianchi un nuevo delantal para cocina (que haría juego con los regalos que Chrome y Haru le darían a la pelirosa), Fuuta tenía un sweater azul muy bonito con estrellas, Lambo unas orejeras y muchos caramelos, Ipin una linda bufanda morada y algunos chocolates, Reborn una fina bufanda negra que para sorpresa de muchos se puso con el traje.
- Ya debo irme, pero espero verlos pronto – dijo sonriendo (T/N) al ver como todos estaban felices con sus regalos.
- Yo te acompañaré – Tsuna dijo repentinamente – Dame tu mochila, yo cargaré con eso – parecía el prefecto caballero y Reborn sonreía complacido, se dirigían a la puerta cuando el timbre sonó, Nana dijo que ella abriría por lo que los jóvenes se pegaron a la pared, cuando la mujer abrió la puerta todos pudieron oír y ver claramente el alboroto de fuera.
- VROOOIIII ESTUPIDO JEFE! – gritaba un peliblanco con cabello largo.
- No le hables así al jefe! – le increpaba un sujeto de extraño bigote.
- Shishishi parece que el clima le sentó mal al capitán – reía un rubio de expresión sádica.
- Bel-sempai no debería burlarse cuando usted también es un tonto – decía un niño de cabello verde con voz monótona, lo que le valió unos cuantos cuchillos lanzados con perfecta puntería a su cabeza cubierta con un sombrero de manzana.
- No puedo creer que haga esto gratis – dijo una figura encapuchada con voz aburrida.
- Ya cállense – dijo una voz imponente por sobre las demás, pues su mirada carmesí estaba trabada en la de (T/N) que lo miraba sorprendida a pesar del aviso que había recibido – Por fin te encuentro, niña – dijo sonriendo de medio lado.
- Xanxus – musitó ella.
Sobre un fondo blanco Xanxus di Vongola sonreía y la miraba intensamente, ella solo podía pensar que realmente algún poder divino la odiaba, porque los revoltosos de Varia habían tirado al traste su tan soñada navidad.
.
.
Soy malvada... porque he dividido la Navidad en dos partes c:
Muchísimas gracias a todos por sus reviews, en serio que son una gran fuente de apoyo para seguir escribiendo.
Este capítulo va dedicado a todos mis lectores/as, porque sin ellos no sería nada
Gracias por leer
G. - No el G de Giotto xD
