Capítulo 11

Año nuevo, nuevas experiencias (narrado por Yolei)

Aquella última semana de enero, consiguió dejarme totalmente agotada. Habían pasado ya ocho meses desde aquel fatídico día en que Ken rompió conmigo, y no parecía que se fuese a arreglar. Precisamente, aquella semana intenté olvidarme de aquello probando algo distinto. O mejor dicho, alguien distinto. Por desgracia, a veces el remedio es peor que la enfermedad. Ese, fue mi caso.

El lunes, me desperté como todos los lunes para ir a clase. En el recreo, a las diez y media, bajé con Ken, Davis y T.K. al patio a pasar el recreo.

- Yolei – dijo Ken - ¿tú recuerdas como hiciste el año pasado el oral de inglés?

- Sí, por supuesto – contesté – pero ¿por qué lo preguntas?

- Es que lo tengo que hacer pasado mañana. Soy el primero al que le toca, y no tengo ni idea de cómo hacerlo.

- Ajá, entiendo. ¿Qué te parece si hoy después de clase vienes a mi casa y te lo explico?

- Vale, me parece bien. Muchas gracias.

- De nada – sonreí. De repente, vi a Joan. Era un buen amigo mío de clase (no tanto como mis demás amigos, y mucho menos como Ken) y fui hacia él para hablar un rato. Por desgracia, iba con Nick. Un auténtico imbécil. Lo peor era que yo le llevaba gustando desde sexto de primaria. Al verme, Joan me dijo:

- ¡Hola, Yolei! ¿Qué tal estás?

- ¿Cómo va a estar? – exclamó Nick – Está muy buena ¿acaso no lo ves?

- No me refiero a eso, so tonto.

- Sí, pero yo quería referirme a eso.

- Bueno – dije – estaba bien hasta que vi a Nick. – le lancé una mirada asesina.

- Siempre tan halagadora...Inoue, cada día me fascinas más.

- Imbécil... – murmuré. Después, dije a Joan:

- Hazme un favor, vamos lejos de este imbécil.

- Bien, vale – en aquel momento tocó el timbre que indicaba el fin del recreo.

- Vaya... – suspiré – qué pena. Bueno, hablamos en otro momento ¿vale?

- En clase, si eso.

- No, mejor que no. Ya me han apuntado una vez en el diario por hablar con Hitoki.

- Bueno, entonces mañana.

- Está bien.

Subí a clase. El resto de la jornada escolar, se pasó agradable-mente. Al fin, tras la última hora de clase, esperé a que Ken saliese, junto a mi hermano Lorei.

- Hola, Yolei, hola Lorei – dijo al llegar.

- Hola ¿vamos?

- Sí, vamos. – comenzamos a caminar. Tras un rato, me di cuenta de que Ken no parecía muy animado:

- ¿Qué te pasa?

- Que siento mucho tener que molestarte y quitarte tiempo de estudio.

- ¡No importa! Además, no tango tarea para mañana.

- ¿En serio? Muchas gracias, Yolei.

- De nada. Bueno, ya hemos llegado.

- Sí.

Cogimos el ascensor. En él, bajaba Cody Hida. Le saludamos y fuimos a mi piso. Lorei, se fue a ver la televisión con Blueimon. Ken y yo, entramos en mi habitación, donde Hawkmon nos saludó:

- Hola, chicos. Ken, ¿qué tal estás?

- Bien, Hawkmon, gracias.

- ¿Y Wormmon? – volvió a preguntar el curioso Hawkmon.

- Está en casa.

- Ajá – finalizó el digimon.

- Hawkmon – dije - ¿te importaría ir con Lorei y Blueimon al salón? Ken, tiene que estudiar, y yo le voy a ayudar.

- Estudiar ¿eh? Bien, bien. No hace falta que mintáis. Ya me voy. – abandonó la habitación:

- Vaya un malpensado – dije – Bueno, voy a coger los apuntes del oral...aquí están – saqué un cuaderno azul de un cajón – Toma, están en la última página.

- Muchas gracias, Yolei.

- ¿No tenías tú apuntes?

- No. La profesora se enfadó, y nos dijo que nos las apañásemos como pudiéramos.

- Ah...bueno, te explico. Tienes que hablar sobre un libro que hayas leído, durante cinco minutos, y leer un pasaje de dicho libro. Tienes que usar todo el vocabulario que puedas, y construir frases gramaticalmente correctas.

- Bien, lo entiendo. ¿Qué libro me aconsejas? ¿De cuál hiciste tú?

- Del libro de lectura de inglés. Te aconsejo que hagas de él, así no tendrás que traducir el pasaje que leas al inglés.

- Bien, muchas gracias por todo. En dos días te lo devuelvo ¿de acuerdo?

- Sí, tómate tu tiempo. ¿Tienes prisa?

- No, no tengo tarea, y le dije a mi madre que volvería para cenar.

- ¿Te apetece merendar? Hay tarta de manzana casera.

- De acuerdo.

Fuimos a la cocina. Saqué dos platos, y puse en cada uno un trozo de tarta. Después, saqué una coca-cola para cada uno. Al poco de comenzar a zampar, Ken me dijo:

- ¿Quiénes eran esos chicos?

- ¿Cuáles?

- Con los que hablabas en el recreo.

- ¡Ah! Dos de mi clase. Uno, es bastante majo, nos llevamos bien. El otro, es un maldito pulpo. Lo peor, es que le gusto.

- ¿Cómo sabes que es un pulpo?

- Por testimonios de chicas de mi clase.

- Tal vez estén equivocadas.

- No lo creo.

- ¿Y qué te parece?

- Me cae fatal...está todo el día siguiéndome. Es un pelma.

- Ya. ¿Y el otro?

- Es muy simpático. ¿A qué viene esto?

- Quiero saber con qué tipo de gente andas. Sin más.

- ¿Por qué?

- Eres mi amiga, y naturalmente, no quiero que te pase nada.

- ¿No será otra cosa?

- No, no...sigo sin aclararme, y mucho menos desde que Mayumi apareció.

- Si no lo hubiese hecho, ya estarías seguro ¿verdad?

- Pues creo que sí, la verdad. Me ha comido mucho el coco...tal vez, sería mejor si...

- ¿Si qué?

- Mira, Yolei, creo que ya has esperado demasiado. No te mereces esto. Ya que no estoy seguro, tal vez sería mejor si buscases a otra persona.

- Pero yo no quiero...

- Sí, pero no sé cuánto tardaré.

- Claro, y cuando te decidas qué ¿te vas a aguantar por que yo...?

- Mira, tengo una idea. ¿Tú estás segura de lo que sientes?

- Pues...la verdad, no demasiado.

- Entonces, para asegurarnos, tal vez sería bueno que ambos saliésemos con otras personas. Así, veríamos si realmente nos queremos o no.

- Sí, ¿pero con quién?

- Tú...con Davis, por ejemplo – le miré asesinamente - Intuyo que no ¿verdad?

- No.

- ¿Izzy?

- No sé, si me gustase, sí, pero en este caso, no me parece bien.

- Bueno, si tan bien te cae, prueba con el chico ese que dices que es un pulpo – ante aquello, a pocas se me sale toda la coca-cola de la boca:

- ¡No soy masoquista, ni nada parecido!

- Vale, vale... ¿y el otro?

- Joan...la verdad, es que un poquito me gusta...sí, parece buna idea ¿Y tú? ¿Con Mayumi? – dije con cierto temor.

- En ella había pensado, pero no estoy seguro – derramé una lágrima. Al parecer, Ken lo vio y me dijo:

- ¿Qué te ocurre? Mira, creo que lo de Mayumi, mejor no ¿vale?

- ¡No! Si quieres hazlo, Ken. Es simplemente que creo que lo nuestro no tiene solución.

- Bueno, hay que reconocer que estamos en una crisis bastante gorda, pero se solucionará.

- ¿Tú crees? Yo creo que está todo perdido...tú, olvídate de mí cuando decidas. Piensa en ti mismo. Yo, voy a intentarlo con Joan, no sé si funcionará, pero en fin.

- Yo... – dijo Ken. Entonces, hizo lo que menos esperaba que hiciera, me besó en la boca.

- ¿Por qué lo has hecho?

- Pensé que te animaría y te daría más esperanzas. Siento que te haya molestado....

- No, no lo ha hecho. Tranquilo.

- Lo siento,

- He dicho que no me ha molestado en absoluto. – Ken sonrió y dijo:

- ¿Sabes? Ahora si que estoy realmente confuso. El haberte besado, me ha hecho recordar todo lo que ocurrió, He sentido que...no sé. El caso es que he vuelto a sentir algo.

- Entonces... ¿volvemos?

- Lo siento de veras, pero no. Quiero estar completamente seguro cuando vuelva contigo. Cuando lo haga, quiero que sea para toda la vida. Pero no quiero hacerte esperar. Tú, inténtalo con Joan. Tal vez él sea tu alma gemela.

- Es posible – dije. Sonreí.

Al fin, a las ocho de la tarde, acompañé a mi amigo a la estación y se fue. Aquella conversación, me había hecho pensar. Pero ¿qué ocurriría si salía con Joan? La verdad, no me gustaba, pero pensé que debía intentarlo. Aquel recreo, sería decisivo.

El timbre sonó. Bajé junto a Joan al patio, y nos fuimos (bueno, le llevé) a un rincón apartado del mismo. Él, intrigado, dijo:

- ¿Por qué me traes hasta aquí?

- Es que quiero hablar contigo de una cosa.

- ¿De qué se trata?

- ¿Te gustaría ser mi novio?

- ¿Eh? Vaya, me pillas desprevenido...no sé qué decir...vale, sí. Está bien.

- ¿En serio?

- Sí, pero he de decirte que no es que me gustes mucho...pero es posible que...

- Tú tampoco me gustas mucho.

- Entonces ¿por qué lo haces?

- Me gustaría probar algo nuevo. Sólo si tú estás de acuerdo, claro.

- No, si a mí no me importa. Por mí vale.

- Estupendo. ¿Quedamos esta tarde en el parque?

- Vale, ¿a qué hora?

- ¿A las cinco?

- OK. Hasta la tarde, pues. Voy con mis amigos ¿ok?

- Sí, claro.

- Hasta luego.

- Hasta luego.

El resto de la mañana (la tarde no había clase) se lo pasó Ken, en los cambios de clase, preguntándome qué había pasado. Al principio, no se lo quise decir, pero insistió tanto que lo hice. Me felicitó, aunque de alguna manera parecía un poco triste, y volvió a su clase.

A la tarde, cuando llegué al parque, él ya estaba allí. Al verme, me saludó, me dio un beso en la mejilla y dijo:

- Estás muy guapa.

- Gracias, ¿qué hacemos?

- ¿Qué quieres hacer?

- No sé... ¿damos una vuelta?

- Bien, vale. He traído dinero para invitarte luego a algo ¿te apetece?

- ¡Vale! Muchas gracias, Joan. Eres muy...amable – dije, acordándome de Ken. Él también era así de bueno cuando estábamos juntos...

Al rato de estar caminando, nos sentamos en un banco, porque yo estaba un poco cansada:

- ¿Qué tal te lo estás pasando? – preguntó Joan.

- Bastante bien...

- Cuando descanses ¿vamos a tomar algo?

- De acuerdo.

- ¿Estás bien?

- ¡Sí, claro! No te preocupes. Es sólo que...

- ¿Vamos, pues?

- Vale.

Fuimos a merendar a una cafetería y, como hacía frío, pasamos ahí el resto de la tarde. Cuando al fin salimos, él me dijo:

- Te acompaño hasta tu casa ¿vale?

- Sí, bien, gracias.

- Te ocurre algo, Yolei. Tú no sueles estar tan poco animada. ¿De qué demonios se trata?

- Me... - ¿qué le iba a decir en aquel momento? Si le decía lo que aún sentía por Ken, me mandaría a la mierda. No quedaba otro remedio que mentir – duele la...cabeza.

- ¿Sí? – asentí – Venga, tranquila, puedes apoyarte en mí si quieres.

- Está bien – dije, haciendo lo que decía. Era increíble. Aquel chico, me trataba casi igual que Ken. Pero ¿cuál era la diferencia entre ambos? En fin, el caso fue que cuando llegamos a mi casa, el fue a despedirse de mí, dándome un beso...en la boca. Le aparté cuando fue a hacerlo, y dijo:

- ¿Qué te ocurre, o qué?

- Es que, no sé, aún no me atrevo, tal vez mañana.

- Pff...como quieras. Adiós. – se fue. Parecía un poco mosqueado.

Entre tanto, aquella misma tarde, Ken y Davis habían quedado. Estaban ambos en la habitación del segundo. Davis dijo:

- ¿¿¿QUE HAS HECHO QUÉEEEEEEEE???

- Bueno, Yolei no iba a esperar eternamente. No sé si me decidiré. No podía seguir haciéndole eso.

- Joder, ¡pero si hace un momento me has dicho que te gustaba!

- Sí, y Mayumi también.

- ¿Y qué coño tiene ella que no tenga Yolei?

- Nada, no se trata de eso, Davis. Simplemente, me gustan las dos.

- ¡Eso va contra las leyes de la naturaleza! ¿Cómo demonios puedes tener a dos chicas en tu mente?

- No sé, chico. Bueno, ¿cual escogerías tú?

- Hombre, yo cogería a Mayumi. Está como un tren. Pero no tiene que ver a quien cogería yo, sino a quién cogerías tú.

- Así que Mayumi ¿eh?

- ¡Pero que yo no he dicho eso! A ver, Ken, hijo mío, recapacita.

- Que recapacite el qué.

- No sé, joé, ya no sé ni lo que digo. Escoge a Yolei, y punto. Corta por lo sano su relación con el tío ese, y vuelve con ella de una maldita vez.

- ¿Y si a ella le gusta?

- Joé...pos eso si que es un problema. ¿Por qué tuviste que animarla?

- Hablaré con ella. De momento, ninguna, y punto.

- Ah, no, no. Tú vas a volver con Yolei porque te lo mando yo.

- Tal vez, pero no ahora. Bueno, me voy a casa.

- Te acompaño hasta la estación.

- Vale.

El miércoles y el jueves, volví a quedar con Joan, y le seguí dando largas para que no me besase. El miércoles, dije que tenía una calentura, y el jueves, que no se me había curado. El viernes, por el contrario, quedé con Ken. Le invité a mi casa a las seis en punto.

- Hola – dijo al llegar.

- Hola – dije – Pasa.

- Gracias. ¿Qué vamos a hacer?

- Había pensado en merendar, y luego ver una película.

- Bien, me parece buena idea.

- Si oyes ruidos, es que está mi hermanito pululando por ahí.

- Vale.

- Vamos a la cocina. Ya he preparado la merienda.

- ¿Qué hay?

- Tostadas con nocilla y zumo de naranja recién exprimido.

- ¡Me encanta!

- Ve sentándote, tengo que llamar a mi hermano, a ver si tiene hambre. ¡¡¡LOREIIIIIIIIIIII!!!

- ¡¡¡QUÉEEEEEEEE!!!

- ¡¡¡A MERENDAR!!!

- ¡¡¡NO TENGO HAMBRE!!!

- ¡¡¡POS MEJOOOOR!!!

- ¡¡¡ADIÓOOOOS!!!

- ¡¡¡ADIÓOOOOS!!! Bueno, ya está – me giré. Vi a Ken intentando aguantar la risa. Estaba como un pomelo. A los pocos segundos, explotó, y comenzó a reír como nunca lo había hecho.

- ¿Qué te parece tan gracioso?

- ¡Sólo a ti se te ocurre hacer lo que has hecho!

- ¡Soy así!

- Ya, y me encanta – me dirigió una mirada y una sonrisa dulces. Estuve por comérmelo a besos, pero no quería ser infiel a Joan. Ya era suficiente con que no me gustase.

- Bueno, vamos merendar – dije, desviando la mirada.

- Vale. ¿Qué tal con Joan?

- Buenoooo, sin más.

- ¿Te gusta algo?

- Ehhhh...no. ¿Y a ti Mayumi? ¿Vas a salir con ella?

- No, no.

- ¿Y conmigo? – volví a preguntar. A Ken, se le atragantó el zumo, y por poco se le sale por la nariz.

- No, tampoco. Por ahora, con nadie. – dijo tosiendo.

- Vale.

- No es que no te quiera, pero claro, Mayumi también me gusta, mucho menos que tú, pero me gusta, yo no quiero salir contigo gustándome otra persona. Eso está muy mal.

- Definitivamente, creo que voy a dejar a Joan.

- ¡No! ¿Por qué?

- Tú mismo lo has dicho.

- Sí, es verdad. Además, me siento fatal por haberte inducido a hacerlo.

- No te preocupes. ¿Sabes? Joan me trata igual que tú, pero hay una diferencia muy grande.

- ¿Cuál?

- Que tú me gustas, y él no. Además, tú has dicho que me quieres, y él no. ¿Por qué no volvemos de una vez?

- Ya te lo he dicho.

- Bueno, supongo que no te voy a hacer cambiar de opinión. Venga, vamos a recoger la mesa.

- ¿Vas a dejarle?

- ¡A recoger! ¡Venga!

No le quise contestar, porque aún no estaba segura. Además, me apetecía chincharle un rato.

Llegó el sábado, y fui con Joan al cine. Al salir, me dijo:

- ¿Te ha gustado la película?

- Sí, era emocionante.

- ¿Qué tal tu calentura? – preguntó con sorna.

- Bien.

- Entonces ¿puedo?

- Está bieeen.

- Vale – me besó, fue breve e intenso, pero no sentí nada.

- ¿Qué te ha parecido?

- Bien. Demos una vuelta.

- ¡¿Qué demonios te pasa?!

- Es que, aún me acuerdo de Ken...

- ¿Tu ex?

- Sí. Ha sido un cambio muy repentino.

- ¿Cortasteis hace poco?

- No, hace ocho meses.

- Entonces no es por el cambio por lo que estás mal. No ha sido repentino para nada, según mi opinión. Lo que pasa, es que estás colada por él. Mira, podía salir contigo aunque no nos gustásemos mucho, pero si te gusta otro, no sé ni por qué lo has hecho. Lo siento, pero te dejo. Me has estado engañando todo este tiempo. Y yo que pensaba que te pasaba algo grave de verdad...qué estúpido soy. Adiós, Inoue. – me quedé paralizada. Lo que había hecho a Joan, era lo que creí que me había hecho Ken, por lo que no le hablé tanto tiempo. Corrí hacia Joan. Llegué, y él me soltó:

- ¿Qué quieres ahora?

- Lo siento mucho, Joan. No creí que se fuese a complicar todo tanto.

- Está bien, te perdono.

- ¿Querrías ser mi amigo?

- Sí, supongo. Bueno, esta es mi casa. Adiós.

- Adiós.

Me fui a mi casa, y me tumbé en mi cama. Como ya he dicho al principio del capítulo, fue una semana demasiado movida y, efectivamente, el remedio fue peor que la enfermedad. Por suerte, no había acabado mal del todo, y a eso tenía que estar realmente agradecida.

Continuará...

Muchas gracias a todos los que seguís el fanfic *-*