11. Ella ofrece refugio.
No puedo ocultar lo que pasa por mi mente.
Lo siento quemándose en mi interior.
Un crimen de pasión para tomar lo que es mio.
Dejáme por hoy comenzar a vivir.
Nunca voy a cambiar de parecer, podemos dejarlo todo atrás.
Nada va a detenernos, no, está vez no.
Así que pon tu mano en la mía, esta es nuestra noche.
Esta es una canción de amor rebelde.
— Black Veil Brides (Rebel love song)
Habían transcurrido cerca de diez minutos y Demencia no podría estar más aburrida revisando la galería en el computador de Flug.
Tenía su barbilla apoyada en su mano izquierda y con la derecha movía el mouse del ordenador.
La mayoría eran imágenes de aeroplanos, pues cuando una extraña curiosidad de revisar los archivos personales de Flug, así como su armario hace un rato, la invadió, se olvidó del contenido de la USB que quería ver.
Continuó dirigiendo el cursor para cambiar de una imagen a otra.
–Mmmmh...aburrida, aburrida...¿uh? – Demencia se incorporó un poco para ver una imagen de Flug y 5.0.5, en ésta, el oso celeste lo abrazaba cariñosamente y Flug se veía... feliz, el recuerdo de un Flug así, llenó a Demencia nuevamente de culpa incomprendida.
Nuevamente cambió a la siguiente imagen y lo que vió la hizo exhalar con incredulidad, era una fotografía de ella misma, pero al parecer estaba distraída, Demencia se encontraba sentada en el sillón con su guitarra, mirando hacía otro lado de la habitación, jamás se pudo haber imaginado que Flug o Cam-bot le sacarán una foto tan bonita como ésta, el científico conservó la imagen porque sin duda le gustaba, más aún, Demencia le gustaba, como a ella le gustaba Flug.
Una sonrisa se formó en sus labios y suspiró sin dejar de ver la imagen en la pantalla.
– Flug...– dijo Demencia conmovida, soltó el mouse y colocó sus manos en el borde del escritorio, bajó la mirada hasta ellas con tristeza, entonces, su mirada se dirigió hasta el dispositivo USB a unos centímetros de ella.
Sus ojos se abrieron y sonrió de nuevo, se dió un pequeño golpe en la frente con la palma de su mano.
Cómo se le pudo olvidar su objetivo original, la razón por la que había venido al laboratorio en primer lugar.
Sin dudarlo un segundo más, tomó el dispositivo y como pudo lo conectó a la computadora, ésta reconoció la USB y enseguida mostró los archivos guardados. Demencia se decepcionó un poco al ver que solo había un archivo adentro, al parecer era un fichero de video.
*Bueno, ojalá sea interesante*.
Pensó la chica lagarto, mientras se disponía a abrir el vídeo, dió play y subiendo ambas piernas se acomodó en su asiento en flor de loto.
El vídeo comenzó a correr ⏯:
▶La cámara de vídeo grababa hacía el suelo, y solo se observaban líneas borrosas y de colores cafés y grises opacos, al parecer su portador, se movía rápidamente, también se alcanzaban a escuchar voces por parte de una chica y un chico, nuevamente, voces extrañamente familiares.
– ¿Ya estás grabando?. Quiero que observes algo. – dijo la voz de una chica...que extraño. Pensó Demencia.
– Si, si...ya listo, hehe – le contestó una voz masculina, el portador de la cámara...esa voz...¿en dónde la había escuchado?, era idéntica a la de...Flug.
De pronto la cámara se enfocó en una chica, la dueña de la voz femenina de un principio, era bonita, tenía una larga cabellera rojiza con reflejos rubios, era delgada de ojos color ámbar y vestía un lindo traje de baño color verde y azul resaltando su figura. Demencia sentía que ya la había visto en otro lado.
El lugar en el que estaba la pareja, parecía ser el muelle de una hermosa playa. Con la tarde cayendo, el cielo se pintó de hermosos tonos naranja y rojizos, mientras el sol se preparaba para ocultarse en unos momentos.
– Mirá ésto, ¿estás listo? – dijo la chica entusiasmada, mientras corría a todo lo que sus firmes piernas le permitían y sin dudarlo un segundo, salto en un clavado descoordinado y algo estrepitoso.
Perdiéndose de vista al final del camino del muelle, acompañado de un gran salpicón de agua.
– ¡Marianna! – gritó el chico corriendo sin dejar de grabar para buscar a su compañera.
Cuando llegó, observó cómo la mujer salía del agua riendo y limpiándose la cara del agua que escurría.
–¡¿Estas demente!?, no vuelvas a hacer eso...– reprochó nervioso.
– Dime que te gustó Flug – dijo pícaramente Marianna.
Demencia exhaló con sorpresa, era Flug el que grababa, tenía razón desde un principio al reconocer la voz.
– En realidad...¡wow!...mira eso...– dijo Flug mientras enfocaba la cámara a la puesta de sol, era una visión totalmente espectacular y hermosa.
– No te atrevas a olvidar algo así, amor – dijo la chica mientras nadaba en el mar sin apartar la vista del horizonte.
– Jamás lo haría.
– Flug deja esa cámara y ven aquí, no querrás que toda la diversión se la lleven los peces – dijo Marianna sensual y figuradamente divertida.
– ¡Oh! De eso nada preciosa – entonces Flug corrío de igual forma a la orilla y se lanzó al agua, salpicando a su novia.
– ¡Flug, la cámara!... –dijo Marianna alertada.
– Descuida, es a prueba de agua – la tranquilizó él.
Y así el vídeo transcurrió unos minutos más en risas, besos y diversión, pero extrañamente, el rostro del doctor nunca se dejó ver, cuando de pronto el vídeo fue interrumpido abruptamente por el fragmento de otro, en donde se observaba a Flug corriendo de un lado a otro, tratando de quitarse de encima a por lo menos tres mapaches que lo mordían de la bolsa, los brazos y piernas, Demencia estaba muerta de risa junto a él, sentada en el suelo, observando el sufrir del científico.
– No te atrevas a olvidar algo así, Flugbug hahaha– le dijo la chica lagarto riéndo.
Al escuchar ésto, como si de un flashback se tratará, una serie de imágenes inundó de repente la mente de Demencia, la mayoría borrosas y su cabeza comenzó a doler.
Más que simples alucinaciones, parecían recuerdos, momentos ya vívidos y se atrevió a jurar que eran incluso las pesadillas y sueños que tuvo hace unas semanas.
Ella no lo resistió más, puso ambas manos en su cabeza y se levantó, tambaleándose, fue a apoyarse a la pared metálica y fría del laboratorio y cerró los ojos fuertemente.
Las imágenes se reproducían a una velocidad increíble, pero lo suficiente como para entender qué decían o qué pasaba.
Se sintió a ella misma, abrazando a un jóven, por supuesto no era Black Hat, era un chico delgado y casi de su estatura, pero sorprendentemente, su rostro era borroso.
Observó cómo el mismo hombre sin rostro, le ponía un hermoso anillo en el dedo...el mismo anillo que encontró momentos atrás...
Sintió también un dolor en el pecho y una tristeza titánica, cuando todo a su alrededor se volvió oscuro, observó también, fuego y caos en la misma oscuridad.
En ese instante, el chico arrodillado ante ella se levantó y comenzó a alejarse lentamente, dandole la espalda.
– ¡Espera, no te vayas!...– sintió lágrimas colarse por sus ojos y resbalar por sus mejillas, un nudo doloroso abrazó su garganta.
Vió como el chico se detuvo, aún sin voltear a verla. Pero simplemente se desvaneció.
Despertó despacio de su trance, temblaba y sentía muchas emociones descontroladas girar aún en su subconsciente.
– ¿En dónde estás Flug?...– dijo Demencia sollozando, mientras se dejaba resbalar por la pared fría, hasta llegar al suelo, se abrazó a sí misma. Nunca fueron pesadillas tontas o productos de su imaginación lo que soñaba cada noche, siempre fueron recuerdos, ahora lo sabía.
Pero recuerdos...¿de qué?.
Sin dudarlo un segundo más, se levantó inmediatamente y salió corriendo rápidamente del laboratorio, sólo una persona abarcaba su mente a esas alturas; Flug. Debía encontrarlo y no pararía hasta tenerlo de vuelta junto a ella.
Nada iba a detenerla ahora. Se prometió.
Al salir por el pasillo, se topó con 5.0.5, quien limpiaba un costoso jarrón de obsidiana, perteneciente a Black Hat.
– ¡Oso necesito que me cubras! – le gritó Demencia.
5.0.5 se asustó por ésto y casi tira el valioso jarrón, se limpió el sudor de su pelaje cuando logró atraparlo y suspiró.
El oso celeste la miró entonces confundido.
– ¿Barwh? – gruñó suavemente.
– Sí, cúbreme, ¡voy a salir a buscar a Flug!. Y sí, ya sé que Black Hat dijo que no hiciéramos nada al respecto, pero ya sabes que a mí me gusta romper las reglas, haha.
Ante la mención de ésto, 5.0.5 se emocionó y la abrazó fuertemente.
– Bien, ahora necesito que hagas parecer que estoy en la mansión, ¿vale?, seguro sabrás qué hacer...– le dijo Demencia dándole unas palmaditas en el lomo y corrió hasta su habitación.
5.0.5 la vió irse y pensó en cómo poder disimular la presencia de Demencia, entonces, colocó el títere de ella en su pata, la misma marioneta con la que había jugado con Flug hace unos meses.
Sin embargo, la mirada del oso celeste se llenó de nerviosismo, a sabiendas de que así, sería imposible engañar a Black Hat.
Demencia entró a su habitación hecha una bala, ni siquiera se molestó en cerrar su puerta, abrió la ventana y subió al borde de ésta, observó el firmamento nocturno, quizá no debían ser más de las 8:00 pm, un par de relámpagos surcaron el cielo sombrío y un agradable viento helado acarició el rostro y el cabello largo de Demencia, advertencia de una lluvia en proximidad.
Ella dirigió su vista hasta la parte baja de la mansión, consideró que no estaba muy alto, pero al final, ¿qué más daba?. Flug la necesitaba.
Respiró hondo y relajó sus músculos, preparándose a arrastrarse por las paredes. Cuando de pronto, una voz grave y rasposa, que podría quebrantar hasta a el ser más fuerte, la llamó por su nombre. Y ella de detuvo en seco, casi petrificada, algo que nunca antes le había sucedido.
– Demencia...¿a dónde crees que te diriges? – le preguntó Black Hat a sus espaldas, de pie justo en la entrada de su habitación.
Y exactamente en ese momento, 5.0.5 entró corriendo agitando sus patas, advirtiendo del acercamiento del jefe de la organización, pero cuando se percató de la presencia del de sombrero, salió despavorido gritando de manera graciosa a oídos de los presentes.
– Voy a por Flug...¿acaso no es obvio? – le respondió ella sobre su hombro.
– Tal parece que no te quedó muy claro lo que les orde...
– ¡Sé lo que dijiste!...pero no entenderías...debo encontrarlo, fuí...una perra con él...y no se lo merecía – ante ésta declaración la voz de Demencia se quebrantó un poco, sin embargo, estaba dispuesta a reservarse el llanto.
Black Hat se sorprendió un poco cuando por primera vez, Demencia le levantó la voz, era obvio que no permitiría ese tipo de comportamiento otra vez en el futuro, así que decidió dejarlo pasar por hoy.
– ¿Acaso debo hacer que repitas la regla número uno?
– Ya sé..."nunca desafíes a tu jefe"...– dijo Demencia desganada.
– Y por lo visto ni Flug, ni tú la han obedecido, ésta ofensa implica lamentables consecuencias, bien lo sabés.
–... Sabés qué...no me importa, si es el precio que debo pagar por traer a Flug, lo haré...de igual forma iré. Él me debe muchas explicaciones.
Black Hat la miró con sumo desprecio, pasando por alto los motivos de la chica, se pasó su monstruosa mano por el rostro en señal de fastidio, si de algo estaba seguro el demonio y lo había comprobado muchas veces, era de la terrible terquedad de la chica lunática.
Dió unos pasos más cerca de ella y suspiró perezosamente.
– Por primera y única ocasión, voy a darte la oportunidad de buscar a ese tonto, trailo ante mí y te aseguro que tendremos explicaciones. – Black Hat habló con desdén, entonces, metió la mano en uno de los bolsillos de su elegante saco negro y sacó una pequeña ramita de pino.
– Tómala – le dijo Black Hat mientras le entregaba dicha rama.
– ¿Qué es esto?
– La encontré el día de la visita de ese tal Hunter, al parecer se despojó de la suela de su zapato, me hizo pensar de su probable ubicación; los bosques del sur.
Y también...me hizo darme cuenta del grave error que cometimos, al dejarlo entrar en la mansión, Flug se fué al día siguiente, la conexión de los acontecimientos habla por sí misma.
Demencia permaneció en silencio un momento, mirando la ramita.
– No lo entiendo...¿por qué sí sabías todo esto...no fuiste a buscar a Flug? ¿Por qué no simplemente secuestras a Hunter y lo asesinas, si él está detrás de todo?.
– Somos villanos Demencia, una organización suprema y maligna, un truco clave para vencer al héroe, es hacer que caiga en su propia trampa. – Black Hat habló con suma paciencia, algo que no siempre hace, de hecho nunca lo hizo. Se alejó lentamente hasta la salida de la habitación de la chica.
Ella no lo comprendió del todo, pero si Black Hat sabía lo que hacía, no se lo discutiría, después de todo le concedió algo de indulgencia.
– Gracias...– atinó a decir Demencia.
Black Hat sólo la miró de reojo y no le respondió, simplemente se fué sin decir más. Aunque no lo pareciera, él estaba al tanto de todo, ningun héroe se burlaba de Black Hat y además sabía lo que Demencia pensaba ahora de Flug y lo que Flug pensaba de ella, agradecía el hecho, puesto que al fin, se liberaría del terrible afecto que la chica lagarto le tenía.
Demencia suspiró y sin pensarlo más tiempo, se arrojó hábilmente por la ventana, recorriendo cual lagartija, las paredes exteriores de la mansión.
Ella era letal, peligrosa y sumamente fuerte, si había conseguido robar el guante del rey Wazuq, podría conseguir encontrar a Flug y traerlo de vuelta a dónde siempre ha sido su lugar, quisiera o no.
Estaba decidida a revisar cada rincón de Hatsville si era necesario, pero primero, seguiría la pista de la rama de pino. La respuesta podría estar allá, en los espesos bosques del sur.
La noche continuó abrazando la atmósfera y la lluvia no se haría esperar por mucho más tiempo.
