¡Ohaiooooo Minna-san!

Primero que nada, pueden ir bajando sus trinches y otros objetos punzantes, pues tengo una excusa por no haber actualizado TwT

Dashie- su computadora murió el mismo día que subió el anteúltimo capítulo

Yo- Ajam, y cuando la recuperé… el fic no estaba… Lloré, pero no me quedó otra que volver a escribirlo, así que, mil disculpas por la demora. Ojalá lo disfruten :D

Capítulo 11, Final

-Kyo…ya…-

Abro lentamente mis ojos, y me veo recostado sobre una camilla de hospital.

"¿Qué? Acaso... yo no me estaba… ¿Muriendo? O… ¿Tan solo fue un sueño?"

Trato de levantarme, y siento como una punzada pasa por mi cabeza.

"Tsk… Duele…" Puse mi mano en mi frente, y supuse que tenía algo de fiebre.

-Oh… parece que has despertado- una mujer de cabello castaño corto con unos bonitos ojos jade se puso a mi lado -¿Cómo te sientes?-

-Yo… este… no… comprendo…- miraba hacia todos lados, tratando de entender qué hacía en un hospital.

-Tranquilo, aún debes descansar- acarició mis mejillas –Ahora, concéntrate en recuperarte, yo estaré aquí por si me necesitas-

-No… pero… yo…- abro mis ojos tan grandes como pude, y me senté de un envión en la camilla -¡¿Dónde está?!-

La enfermera se quedó sorprendida -¿Quién?-

-¡Kyo…!- pero no pude completar la frase, pues el dolor de cabeza había aumentado.

-Ginga, por favor, aún estás muy débil, necesitas recostarte…-

-¡N…No! ¡Por… Por favor! ¡Déjame ver a Kyo…! Tsk!- cerré fuertemente mis ojos, y apretaba la mano en mi frente -¡Duele!-

-Cálmate- intentó recostarme, pero en un movimiento rápido, escapé de su agarre y me lancé a correr.

-¡Ginga!- la enfermera se dirigió a los pasillos y comenzó a gritar mi nombre, aunque rápidamente dejé de oírlos.

Corrí con todas mis fuerzas, crucé la puerta del hospital, y sentí el sol cegarme. ¿Cuánto tiempo había estado ahí?

Puse una mano en frente de mí para taparme esos rayos calurosos, y volteé para todos lados. No te veo, comienzo a correr por las afueras, y me doy cuenta de un extenso campo de flores por detrás del edificio.

Voy hacia allá, corriendo a todo lo que daban mis piernas, el dolor de cabeza me estaba matando, pero no me detuve. De pronto… una imagen se divisa al fondo, al acercarme, veo a una chica de cabellos grisáceos riendo a más no poder, y a su lado un chico de cabellos verdes, quien tan solo se limitaba a mirar el carrito que estaba frente suyo.

"No… No… No de nuevo…" siento como mi vista se nubla "Por favor… no otra vez…"

-Kyoya… ¿Qué sucede?- escucho como empiezan a conversar –Kyoya…- pero al parecer no le contestas –Tranquilo… todo estará bien…-

-"Todo estará bien" "Todo estará bien", esa maldita frase que usan para consolarme… ya no la soporto…- volteas.

-Kyoya…- Hikaru posó una mano en tu hombro –Sé que es difícil pero…- veo como la miras a los ojos, tal y como me lo hacías a mí.

"Duele…"

-Yo estaré aquí con tigo, para lo que necesites- luego de esto, veo como rodea sus brazos por tu espalda, abrazándote.

"Duele… verte con alguien más…"

-Hikaru… Gracias…- correspondes el abrazo.

"Por qué… ¿Por qué me dijiste que me amabas?"

Del carrito de empezaron a oír llantos. Al hacerlo, veo como Hikaru la toma en brazos.

-Sh Sh Sh… tranquila, aquí está papi- Hikaru le hacía cosquillas, para luego pasártela a ti.

En verdad, la niña era hermosa. Sus cabellos rojizos brillaban a la luz del sol, junto con sus pequeñas orbes azules que tenía por ojos. Veo como la cargas, y le sonríes, una sonrisa tan sincera, una sonrisa de… amor.

"Si tú estás con Hikaru…"

No tiene sentido, no, no lo tiene. ¿Para qué sigo aquí? ¿Para ver esto? ¿Esta escena de una "familia feliz"? Vaya suerte que tengo.

Aprieto mis puños fuertemente, y el dolor de cabeza aumenta. Miro al suelo, y veo unas cuantas lágrimas caer. Dispuesto a irme, volteo, pero no me había fijado del enorme árbol que estaba de tras de mí.

-¡Auch!- me quejé al chocarme con el tronco, y acto seguido caí al suelo. El dolor de cabeza se había potenciado, y al sobarme el golpe, pude sentir un gran chichón en mi frente.

-¿Ginga?- escucho tu voz llamarme.

-Kyo…ya…- veía algo borroso, por lo que pensé que estaba soñando.

-¡Ginga!- puedo identificar tu rostro sobre mí, mientras apoyabas una mano en mi frente -¡¿Qué haces aquí?!-

-Yo… Yo…- cierro mis ojos –Quería… decirte… algo…-

-¡Ginga! ¡Estas ardiendo!- me tomaste y apoyaste mi cabeza en tus piernas -¡De prisa! ¡Llama a los doctores!- le dijiste a Hikaru, quien tenía a la niña en brazos.

-No…- alcancé a decir –Déjame…-

-Ginga, no te preocupes, estarás bien- Hikaru volteó y se encaminó hacia la puerta del hospital.

-¡NO!-

Frenó, y tú me miraste sorprendido.

-No… llamen a nadie…-

-¿¡De qué estás hablando?! ¡No podemos dejarte aquí!- tu mirada se tensó.

-Sí… sí pueden…- abrí lentamente mis ojos –Kyoya…- y luego tomé tu mano –Me… basta con saber que eres feliz…-

-¡¿Pero de qué demonios hablas?!-

-Yo… no puedo seguir viviendo sin ti…- sentí ganas de llorar.

-Pero… no te entien…-

-Kyoya- apreté tu mano –Prométeme… que cuidarás de Hikaru… tal cual lo hiciste con migo…-

-Ginga…-

-Hikaru- miré a mi amiga –Cuida de él…-

-Ginga…- vi como abrazaba a la niña, y su voz se quebraba.

-Kyoya…- largué una lágrima –Te amo…- mi cabeza está por explotar, no aguanto más… no aguanto más éste dolor en mi pecho… verte con otra persona… es… el peor castigo que pude haber recibido… -Nunca lo olvides, por favor…-

-Ginga…- tu mirada tiembla –Por qué… Por qué estás diciendo esto…- bajaste tu mirada –Tú… en verdad no tienes idea…-

-Kyoya…- el dolor aumentaba el número de lágrimas, y sentía mi cara arder. Tengo sueño… me siento cansado… creo… que… debería dormir un poco…

-… de cuánto te extraño…-

"¿Q… Qué?"

-…de cuánto me haces falta…-

"No…"

-…de cuanto te necesito…-

"No me digas eso…"

-… y de…-

"Por favor… no…"

-…cuánto te amo-

Un escalofrío pasó por mi cuerpo, y solté tu mano…

-En verdad… no tienes idea…-

… al sentir como una lágrima caía en mi mejilla.

-Ginga…- volviste a tomar mi mano, y apretaste tu agarre –Te amo…- te inclinaste…

"Kyoya…"

… y me besaste.

"Yo…"

Vi como cerrabas tus ojos, y otras lágrimas caían de tus orbes azules.

-…también te amo…-

Abriste tus ojos –Pero… si me amas… por qué… ¿Por qué me dejas?-

-Porque…- cerré mis ojos –No puedo vivir… viéndote con alguien más…-

-Ginga… ¿De dónde sacaste eso?- abrí mis ojos.

-Tú y Hikaru…-

-… no somos nada- terminaste la frase que había empezado –Yo… no podría estar con otra persona, que no fueras tú…-

-Kyoya…- te miré, mientras que otra lágrima caía –Pero… la… bebé…-

-Ginga… Aiko… es nuestra hija…-

Me tomé unos segundos, en los cuales traté de pensar, pero el dolor me lo impedía.

-Kyoya… me… duele…-

-Ginga…- acariciaste mi frente –Tienes fiebre… te llevaré adentro…-

-Kyoya… me duele… no estar con tigo…- comencé a respirar con más frecuencia, para luego jadear.

-Ginga… pero de qué estás hablando…- me sonreíste –Yo, nunca jamás en mi vida, te dejaría por alguien más…- te levantaste, y me cargaste.

-Kyoya… no quiero… no quiero entrar de nuevo…- comencé a llorar –Por favor… no…-

Pero mi frase fue interrumpida por unos salvajes, pero muy dulces labios, que me estaban besando con suma delicadeza.

-Tranquilo… estoy aquí…- besaste mi frente -…y siempre lo estaré-

-Kyoya…- junté fuerzas, y rodeé mis brazos por tu cuello –Te amo… mi Rey de las Bestias…-

-Y yo a ti, mi príncipe encantador…-

*/*/*/*/*/*

-Vamos… tenla…-

Miré a la preciosa niña que estaba en tus brazos –Pero… no creo que me quiera…-

-No digas tonterías…- de un suave golpe, pusiste a la niña en mi pecho.

-Ah… es… algo pesada…- sonreí.

-Heredó tu apetito- me sonreíste –Y tu dulzura también…-

La niña que antes estaba llorando, ahora se encontraba acurrucada en mis brazos, y al parecer, se había quedado dormida.

-Pues… heredó tus hermosos ojos…- te miré –Y mi amor por ti…-

Te acercaste para poder besarme –Es… perfecta…-

-Pero… aún, no logro entender…-

Estábamos en la habitación del hospital. Habías podido convencer a los doctores de que te dejaran quedarte con migo mientras mi fiebre bajaba, y para luego de unas horas, me había deshecho de esos horrendos dolores de cabeza.

-… ¿Cómo es que…?-

-Ginga… acaso te has olvidado, ¿Del 12 de marzo?

/-Kyo…ya… ah… más… por favor…- entrelacé mi mano con la tuya.

-Te amo… Ginga…-/

-No…- bajé mi rostro al notar que me había sonrojado –No la olvidé…-

-Pues… pasaron los meses. El 20 de noviembre, fue el terrible accidente… y quedaste en coma-

-Yo… estuve dormido… ¿2 meses?-

-Así es… hoy es 20 de febrero… hace exactamente dos meses, Aiko nació por una cesárea de emergencia. Al parecer, habías cargado con ella desde marzo, por lo que estaba a término, pero al estar algo preocupado por el embarazo anterior, los síntomas no habían aparecido.

-Entonces…- miré a la niña –Todo éste tiempo… estuve soñando…-

-¿Eh?-

Sonreí –Nada… no tiene importancia…- dije para luego mirarte –Te amo… Kyoya…-

Me miraste confuso, pero me devolviste la sonrisa –Yo también…- pasaste un brazo por detrás de mí –A ambos… los amo demasiado…-

*/*/*/* Yoroshiku */*/*/*

Pasaron los días, con ellos los meses, y luego los años.

Aiko se había vuelto una niña súper energética, es muy positiva, y amaba correr de aquí para allá, y hoy, estamos celebrando su tercer cumpleaños.

-¡Mami mami mira mira!- Aiko vino totalmente emocionada, sosteniendo un gran paquete -¡Mira lo que me regaló el tío Ben Ben!

-¡Es hermoso Aiko!- sonreí al ver la muñeca que sostenía mi hija –Dile gracias al tío Ben Ben-

-¡Sí!- y se fue corriendo.

El día estaba precioso, el sol brillaba y la suave brisa de verano no hacía más que relajarme. Aiko jugaba con Oikkuto y con Kenta a "las traes", mientras que mi padre hacía unas deliciosas hamburguesas, y Benkei "ayudaba" con el pastel de la cumpleañera, ya que él solo decía que tan deliciosa estaba la crema que Madoka y Hikaru estaban preparando.

-¡No no no! ¡Debe estar súper esponjosa! ¡Ésa niña debe probar la mejor crema que haya existido jamás!- le replicó a ambas, quienes tan solo soltaron una gota.

Por otro lado, no tengo ni idea de en donde se encuentras…

-¿Pensando?- una voz conocida veía por detrás de mí.

-Algo así…-

-Últimamente estás muy pensativo- me dijo mi mejor amigo Hyoma, quien se había sentado a mi lado en la gran mesa en la que estábamos a punto de comer.

-Ah… es solo que…- miré al cielo –Cada día me sorprendo… de lo maravillosa que es mi vida…-

-Y más vale que lo sea- me miró –Esto… es todo lo que te merecer, Ginga-

-Hyoma…- le sonreí –Muchas gracias…-

-¿P… Por qué?- un leve sonrojo apareció en sus mejillas.

-Por ser mi mejor amigo… y por ayudarme tantas veces…- dicho esto, lo abracé. Sentí su cuerpo duro, pero luego se calmó y me devolvió el abrazo.

-Ejem… ¿Interrumpo algo importante?-

-Bueno, me iré por allá, en donde el señor padre no se ponga celoso- dicho esto, me guiñó un ojo y se retiró.

-Kyoya…- te miré -¿Era realmente necesario?-

-Pues, dile al principito mamero (1) que se adapte a tus tiempos- dijiste extendiendo tus brazos –Aunque la verdad, agradezco que los haya interrumpido-

Reí –Ven aquí Kei (2)- dije tomando al niño de unos 8 meses de edad en brazos –Y… ¿Cuál es el inconveniente?-

-Que el señorito se la pasa lloriqueando por ahí…- bufaste cruzándote de brazos.

-Oh… pero si está tan tranquilo…- sonreí al ver como se chupaba el dedo, mientras se quedaba profundamente dormido.

-Claro… para ti es fácil decirlo…- volteaste.

-No me dirás… que el Rey de las Bestias está celoso… ¿No?- sonreí pícaramente.

-¿Yo? ¿Celoso? ¡Já!-

-Kyoya…-

-Bueno…- pusiste tus manos en tu cintura –Tal vez lo esté… un poco…-

Sonreí –Vamos, tan solo es que lo alzas mal- me levanté –Así es como debes hacerlo-

Puse al bebé en tus brazos –Y ahora lo sostienes así…-

-Vaya… para esta altura… ya estaría lloriqueando…- dijiste viendo sorprendido al niño que ahora dormía sobre ti.

-Te dije… hasta dudaría de que te ama más a ti que a mí-

-No digas ridiculeces…- sonreíste –Eres su madre… como podrían no amarte…-

Con el tiempo ya me había acostumbrado a que me llamaran así, y pues, hasta ya comenzaba a gustarme.

-Lo sé… y tú su padre…-

-Ginga…- te acercaste a mí.

-¿Sabes? Ésa imagen tuya con un niño en brazos, no es nada "sexy"- dije haciendo señas para luego reírme.

Increíblemente, un pequeño sonrojo apareció en tus mejillas –Pero… realmente me sigues atrayendo… como el primer día…- me acerqué, pero justo cuando te iba a dar un beso, una corneta hizo que mi cerebro casi se saliera de su lugar.

-¡WAAAAAAAAAAAAAA!-

-¡HORA DE CANTAR EL FELIZ CUMPLEAÑOS!- dijo Kenta tomándome por el brazo, arrastrándome hacia el lugar en donde se encontraba un enorme pastel blanco decorado con flores rosas de azúcar.

Cantamos el feliz cumpleaños, y Aiko sopló sus velas.

-Nee Aiko-chan, ¿Qué pediste de deseo?-

-¿Estás loco Kenta? Esas cosas no se dicen, trae mala suerte-

-No no, no traerá mala suerte, pues yo sé que mi ángel guardián lo cumplirá, pues lleva mucho mucho mucho tiempo haciéndolo- dijo Aiko con un brillo en sus ojos, para luego mirarnos a Kyoya y a mí –Mi deseo es… ¡Que mis papis se sigan amando hasta el fin de todos todos todos los tiempos!-

No pude evitar sonrojarme –Aiko…- y la abracé fuertemente –Gracias… Feliz Cumpleaños… Aiko…-

Luego viniste tú, alzándola a ella y abrazándome a mí con tu otro brazo –Tengo una sorpresa para ti, Aiko- dijiste guiñándole un ojo.

-¿Un regalo? ¿Para mí? ¡Quiero verlo quiero verlo!-

Sacaste un pequeño paquete blando de tus espaldas, y se lo entregaste.

Aiko destrozó velozmente el papel que envolvía el regalo, para luego sacarlo.

-¡Wuau! ¡Me encanta! ¡Me encanta! ¡Gracias papi! ¡Gracias!- se abalanzó sobre ti para darte un abrazo.

-No es nada… después de todo, eres una princesa, y debes lucir como una-

-¿Puedo ponérmelo? ¿Sí sí siiiiiiii?-

-Claro, ven- me agaché, y tomé el pequeño vestido color celeste lleno de brillos que tenía Aiko, y se lo puse.

-¡Me encanta!- gritó feliz dando vueltas.

-Alto… aun falta mi regalo- dije sacando un pequeño paquete.

-¿Uh? ¿Otro más?- te quedaste sorprendido.

-Pues claro, si eres una princesa, hay algo que no puede faltar-

-¡Kyaaaaaaaaaaaaaa! ¡ME ENCANTA MAMI! ¡ES MUY LINDA!- Aiko comenzó a saltar de la felicidad al notar la pequeña tiara que le había obsequiado.

-Ven- la tomé y se la puse –Ahora, luces como toda una princesa…-

De un tirón, hiciste que Kyoya y yo nos agachásemos a tu altura, para luego abrazarnos y besarnos -¡Son los mejores papás del mundo! ¡Los amo mucho mucho mucho!-

Ambos reímos y devolvimos el abrazo –Y nosotros a ti, Aiko-

-Bueno bueno, ¿Qué tal una foto familiar?- dijo Hyoma con una cámara en sus manos.

Nos pusimos por detrás del pastel, yo sostenía a Kei, mientras que tú sostenías a Aiko.

-¡Genial!- gritó –Hermosa…- miró la foto, y luego me vio a los ojos –La familia, y la foto- y me la entregó.

*/*/*/*/*

Eran aproximadamente las ocho de la noche. Ya todos se habían ido, tú te aseabas, mientras que yo me dirigía a las habitaciones de los niños.

-Buenas noches, pequeña princesa- dije besando su frente.

-Buenas noches mami- se devolvió el beso, y me retiré hacia la otra habitación.

-Buenas noches, pequeño heredero- pude escucharte por la puerta, y no pude evitar soltar un ahogada risa.

-Vaya vaya…- posé mis brazos en tus hombros apenas saliste –Con que ya está dicho, ¿No?-

-Pues… espero que algún día, tenga la dicha de beybatallar con Leone… tal y como lo hago yo…-

-No te preocupes… lo hará, después de todo… es nuestro hijo, ¿Cierto?-

Me sonreíste –Cierto…- y me besaste.

-Iré a saludarlo, ya voy- te besé y fui con el bebé.

-Que descanses, pequeño príncipe- y besé su frente.

Salí, pero aún estabas parado.

-Te dije que me esperaras en la habitación…-

-Lo sé… pero…- me tomaste por la cintura –No puedo soportar estar sin ti…-

-Pero… tan solo son unos minutos…- me sonrojé.

-Lo sé… pero para mí… son una eternidad…-

-Kyoya…- sonreí y te besé –Vamos-

Nos dirigimos a la habitación, nos acostamos, y de inmediato apagamos la luz.

Me recosté sobre tu pecho, para luego abrazarte –Kyoya… dime algo…-

-¿Qué?- me abrazaste.

-¿Eres feliz?-

-¿Pero qué clase de pregunta estúpida es esa?- levantaste mi barbilla, y con un pequeño rayo de luz, pude ver tus hermosos ojos azules –Yo soy… la persona más feliz del mundo, Ginga…-

-Kyoya…- uní mis labios con los tuyos –Yo también…-

-Tengo una preciosa hija, y un pequeño jovencito que amo con locura, pero lo más importante… es que te tengo a ti… la persona que más amo en el mundo… y que sin ella… no sería nada…-

-Kyoya…- sentí ganas de llorar –Gracias… Gracias por darme la vida más perfecta que alguna vez pude desear…-

-No, Ginga… yo soy el que debe agradecerte…- hundiste tus palabras en mis cabellos -…por salvarme del horrible futuro que hubiera tenido, de no ser porque me mostraste lo que es vivir, junto a la persona que amas…-

-Te amo… Kyoya…-

-Te amo… Ginga…-

Ambos nos quedamos profundamente dormidos.

Mi vida no acaba aquí, no señor, mi vida apenas está comenzando… y no pienso desperdiciar ningún momento, pues a partir de ahora, crearé nuevos recuerdos con las personas que más amo, y aquellas personas que me apoyaron en los momentos más difíciles son y serán parte de los mismos, pues sin ellas, no sería nada.

Por eso, y mucho más…

Gracias.

Fin.

Yo- *llorando* Bueno… ojalá no los haya decepcionado… a mi gusto, amé este fic, amé escribirlo, y créanme cuando les digo que lloré con ustedes en los momentos más difíciles.

Dashie- *se limpia las lágrimas* Ginga y Kyoya al fin pueden tener una vida tranquila…

Allen- Admito que fue tierno…

Yo- (1) "mamero" o "mamera" es una palabra que me decían a mi pues me la pasaba siempre de tras de mi mamá xD (2) Kei significa Respetuoso.

Bueno, porfis, déjenme sus reviews, ¿Qué les pareció? ¿Les ha gustado? Realmente me importa mucho, pues es el primer fic que termino, y no sé si lo hice muy bien

Nos vemos en los próximos fics y actualizaciones, ¡Sayonaraaaaaaaaaaaa!