Hola a todos! siento la demora pero... problemillas con los estudios jeje aclaraciones en el final!

Inazuma eleven no me pertenece.. solo a Livel-5.. si fuera mio... ¬¬


Capítulo 11: La verdad duele

Recuperé el conocimiento al sentir un ligero olor a desinfectante. Mi vista trató de acostumbrarse a la luz tenue que iluminaba aquella estancia color blanco.

¿Dónde estaba? ¿En el hospital? Las palpitaciones de mi corazón aumentaron a un ritmo frenético e intenté moverme, pero algo a mi lado me lo impidió. Giré la cabeza hacia la persona que tenía a mi lado a la vez que aquel olor se incrementaba. Reconocí su cabello azulado: Kariya. Estaba apoyado en el borde de la cama, sobre aquellas sabanas color crema, y su mano sujetaba ligeramente la mía. La escena se tornó tierna. Una sonrisa cruzó mi cara, mientras acariciaba sus cabellos desordenados con mi mano libre. Así parecía un ángel.

Se movió ligeramente, desperezándose, hasta encontrar mi mirada azulada. Kariya sonrió levemente mientras me acariciaba la mejilla. El silencio se prolongó al tiempo que el único sonido de la estancia era el goteo de la bolsa de suero conectado a mi brazo. Un silencio para nada incómodo. Hasta que la mirada de Kariya se tornó oscura y comenzó a hablar.

-¿Dónde habías estado? Todos estábamos muy preocupados – su voz se tornó ronca por la tristeza. Nunca creí verle de esa manera.

No respondí.

Y el pareció conocer la respuesta.

-Estuviste con Shindo ¿verdad? – Pronunció a la vez que bajaba la cabeza, ocultando su mirada tras su flequillo desordenado.

Yo simplemente asentí. Asentí por el simple hecho de no querer mentirlo. La mentira era lo peor del mundo. Sentirse atraído, tentado, por pronunciar palabras falsas era uno de los mayores pecado… y yo estaba arto de ello. No quería que hubiera más mentiras entre nosotros, aunque aquello llevase a un sufrimiento mayor del que ya éramos presos.

-Ya veo… – Se levantó de golpe y me dio la espalda. Sus hombros comenzaron a temblar levemente de impotencia, de rabia, a la vez que sus puños se cerraban tan fuertes que sus nudillos se habían puesto blancos.

Bajé la mirada avergonzado, arrepentido. Karya no se perecía nada de esto, y lo estaba hundiendo en la miseria. Comencé a sollozar en silencio.

-As estado con él, con la persona que te ha herido, te ha ignorado… Yo te he dado todo Kirino… Todo lo que estaba a mi alcance… ¿por qué? ¿Por qué haces esto?

Las palabras se agolpaban en mi garganta, atascándose por culpa de los sollozos que deseaban salir. Ninguna consiguió salir. Solo pude mirarle cuando se dio la vuelta, y su mirada desprendía tanta tristeza y frustración que mis lágrimas comenzaron a salir por mis ojos, descender por mis pálidas mejillas y morir torpemente en mi mentón.

-Lo siento… - susurré apenas inaudible. Kariya sonrió tristemente, negando con la cabeza.

-¿qué es lo que sientes? ¿El haber hecho sufrir a tu madre, a tus amigos, a mí? ¿O el haberte acostado con Shindo? – Sus palabras eran veneno. Un veneno tan puro que penetró directamente en mi corazón, haciendo que se encogiera.

Mis ojos se expandieron a la vez que una expresión de sorpresa me invadió. ¿Cómo…?

-¿Que cómo lo sé? No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que ha pasado algo entre vosotros – Se rascó la frente con los dedos. – Era el único que no estaba con nosotros y… hay indicios de que has tenido relaciones. Te exploraron entero. – Me miró directamente con sus ojos amarillos.

Posé mi mirada en todos lados, intentando ignorar la suya. NO podía mirarlo a la cara después de que supiera tal traición por mi parte. La sensación de arrepentimiento me volvió a llenar, esta vez por todo el cuerpo.

-¿qué va a pasar ahora? – susurré. Traté de agarrarle la mano, pero él la apartó, guardándola en su bolsillo del pantalón.

-Tengo que… pensármelo – suspiró resignado. Sus ojos se habían puesto rojos y parecía que se pondría a llorar en cualquier momento. Se dio la vuelta e hizo amago de irse, pero mi voz le detuvo.

-¡Espera! Yo no… no… Kariya, por favor… - Mis sollozos se incrementaron a la vez que me abrazaba a mí mismo. Kariya me miró de reojo, con una mirada llena de tristeza, y salió de la habitación.

Me tumbé de cara a la almohada y descargué toda mi frustración contra ella. Quería ahogarme en ella, dejar que todo me consumiera, hasta que me quedé dormido.


Me habían ingresado en el hospital por una pulmonía. Parece ser que la pillé cuando me quedé dormido en medio del hielo. Debería de haberme quedado allí, sin que Shindo legara. Nunca debería de haber vendo. Debería de haber caído en el abismo ese mismo día. Nunca me había sentido tan vacio como en ese momento, teniendo la sensación de que todo se había acabado.

No volví a hablar con Kariya desde ese día. Durante mi estancia en el hospital, había recibido la visita de mis compañeros, desde Sangoku hasta la pareja del año: Tenma y Tsurugi. Pero el que nunca vino fue Shindo, y tampoco Kariya.

A la llegada de Navidad, mi madre había traído a mi jefe a verme: Tobitaka. Se extrañó de verme en el hospital, ya que nunca se lo habría imaginado. Siempre me veía como alguien pacifico y sereno… Parece que se equivocaba.

Las navidades las pasé allí, rodeado de enfermos, alarmas de emergencia, sondeos y sonidos de alarmas. Si se dice que un hospital es tranquilo, creedme que no lo es. Era uno de los sitios más ruidosos que he conocido.

Uno de los mucho días, Tenma vino a visitarme, pero sin Tsurugi. ME extrañó ya que siempre van juntos a todos lados.

-Hola sempai – me saludó con una sonrisa en los labios.

-Emmm… hola – le miré extrañado. - ¿no viene Tsurugi contigo?

-No… - Bajó la mirada.-

-¿Ha pasado algo? – Le miro interrogante, no parecía muy contento.

-No, nada importante. – sonrió, intentando que me lo creyera, pero no lo hice. Algo le pasaba y lo descubriría.

-Tenma… - le reproché.

Tenma suspiró pesadamente, acercándose a la cama y sentándose en borde de esta, a mi lado.

-Tsurugo ha salido con Kariya y no me ha querido decir a donde… -

Kariya.

Aquel nombre que no quería oír.

Aparté la mirada, observando por la ventana. Quería olvidarme de ese nombre aunque fuera un corto periodo de tiempo, pero al igual que el nombre de Shindo, el de Kariya también estaba en todas partes.

-No ha venido, ¿verdad? – La voz de Tenma era comprensiva, suave, intentando que las palabras no fueran tan bruscas.

-No… - susurré aun mirando por la ventana.

-No comprendo que pasa con ambos… Tanto con Kyosuke como con Kariya. De repente se han hecho tan amigos… - Le miré y vi un sonrojo de rabia a la vez que un puchero se formaba en su boca. Sonreí y le coloqué la mano en la cabeza. Me miró con los ojos llorosos.

-No tienes de que preocuparte. Tsurugi te quiere, y mucho por cierto. – Sonreí.

-Lo mismo digo de Kariya, Sempai… - y me devolvió la sonrisa.

Después de aquello, nos quedamos hablando toda la tarde. Nunca llegué a creer que entablaría una amistad tan profunda con Tenma, pero hay que reconoce que había sido una buena elección.


Dos días antes de año nuevo me dieron el alta médica. Seguramente por que deseaban que estuviera con mi familia.

Al llegar la Nochevieja, a mi madre la habían invitado a la fiesta de la empresa:

-No pienso ir. NO voy a dejarte aquí solo. – me miró preocupada.

-Mamá… ya estoy bien, así que puedes ir. No me importa quedarme aquí. A demás, puedo llamar a un amigo y se queda conmigo. – La sonrío levemente. Quería que se lo pasase bien y dejara de preocuparse por mí. Me sentía mal por que tuviera que dejar el trabajo antes por estar conmigo.

-Mmmm… está bien… - respondió resignada.- Por qué no llamas a Tenma-chan o a Shindo-kun, nos tus amigos más cercanos, ¿no?

-¡Eso es lo que te he dicho! – Comienzo a reírme.

-Bueno… voy a prepararme – me dio un beso en la frente y me tapó hasta el pecho con la manta. Fruncí el ceño. Ya tenía bastante calor como para que ahora me tapase hasta casi el cuello. Al salir de mi cuarto me destapé por completo. Me acomodé en la cama apoyando mi espalda en el cabecero y cogí mi móvil de la mesilla. No sabía a quién llamar.

Tenma seguramente se irá con Tsurugi a pasarlo ben de fiesta y luego harían sus cosillas… Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar la escenita del baño a principios de curso. Sacudí la cabeza. Los demás ya tendrán planes y seguramente no quisieran venir a ver a un enfermo que ha intentado atentar contra su vida justamente en Navidades.

Miré la pantalla del móvil. Sonreí amargamente al ver la foto. Tampoco podrá llamar a Kariya, seguiría enfadado conmigo. No es fácil olvidar una traición como la mía.

Suspiré resignado.

Dejé la mente en blanco y miré perdido por la ventana de mi cuarto. ME levanté de la cama y la abrí, dejando que el aire helado me congelara la cara. Echaba de menos esa sensación. Cerré los ojos y un nombre apareció en m mente.

Shindo.

Abrí los ojos y miré el móvil. No perdía nada pro intentarlo.

Mi madre se había ido hace media hora y me había dejado algo de dinero en la entrada de la casa. Miré el reloj del salón por cuarta vez: las nueve de la noche. Hacía aproximadamente tres horas desde que le mandé el mensaje. Lo más seguro es que no viniera… ¿qué pensaba? ¿Qué iba a venir, así sin más? Era un ingenuo.

Pero, como era de esperar en mi vida, en esta tan extraña que he vivido desde que me enamoré de él, sonó la puerta. MI corazón se aceleró. Sentía que se me saldría del pecho, como un motor a doscientos kilómetros por hora. Me levanté rápidamente, ignorando el pequeño mareo que me recorrió el cuerpo y abrí la puerta, encontrándome con la figura de Shindo ante mis ojos: Su cabello castaño y su mirada escarlata, que brillaba con la luz del pasillo. Sonreí ampliamente y le abracé.

Me correspondió el abrazo y me besó el cuello, haciendo que un escalofrió recorriera todo mi cuerpo.

-Pensé que no vendrías. – Susurré y él se separó de mi.

-¿tanto desconfías de mi? Siempre que me llames vendré, Kirino. – Sonrió-

Al rato de que Shindo llegara a mi casa, estuvimos pasándolo en grande, entre risas, empujones, enfados momentáneos, carcajadas infinitas… Hablando de todo, como si nunca hubiese pasado nada entre nosotros estos últimos meses. Sólo dos amigos disfrutando del último día del año.

Recibí un mensaje de Tobitaka: "Kirino, vais a venir tu madre y tu este año? Os estamos esperando desde hace un buen rato!"

Recodé que todos los años íbamos al restaurante a pasar la víspera de año nuevo. Miré a Shindo; parecía que no se había dado cuenta del mensaje.

Respondí al mensaje: "Este año voy a ir, pero sin mi madre. Quiero presentarte a alguien. Espera impaciente =)" Sonreí.

Volví a mirar a SHindo y le toqué el hombro para que me viera.

-Sé que es un poco repentino pero… ¿me acompañarás a un sitio?

-¿A dónde? – Me miró extrañado-

-¡Ya verás! – Sonreí de lado y me levanté para coger mi abrigo, mi bufanda blanca y mi gorro azul cielo.

Shindo me siguió cogiendo su abrigo y su bufanda roja. Salimos por la puerta al tempo que estábamos listos. Le cogí de la mano cuando cruzamos la puerta de metal del portal y comencé a correr, con él detrás. Pasamos por las calles repletas de luces de navidad y escaparates llenos de color y de accesorios pomposos y coloridos. Comenzamos a reírnos a la vez que él se puso a mi altura.

Llegamos a la entrada de un restaurante de ramen. Parecía estar cerrada al público, pero desde el exterior se podía oír las risas y la música elevada. Abrí la puerta, haciendo que la campana de la entrada sonara. La gente del interior se dio la vuelta para ver quién era el intruso, pero al ver que era yo simplemente sonrieron y siguieron a lo suyo. Una gota de sudor me recorrió la sien: nunca cambiarían.

-¡Kirino! – miré a la izquierda y pude ver a Tobitaka acercarse a nosotros y me abrazaba. Sonreí ante el contacto y le correspondí - ¿cómo estás? ¿Ya estás recuperado?

-Totalmente – Sonreí y sentí que me elevaban del suelo y me estrujaban entre dos pechos abultados.

-¡Me alegra que ya estés bien Ran-chan!- Hanabi: la prometida de Tobitaka.

-Hana-chan, ¡me estas ahogando! – Intenté separarme, me estaba asfixiando.

-Lo siento pequeño. – Me soltó y un fuerte sonrojo apareció en mis mejillas. Siempre hacía lo mismo. – y… ¿Quién te acompaña? – ME di la vuelta y vi a Shindo con una expresión rara en la cara.

-Este es Shindo Takuto – Me posicioné a su lado.

-Aaaaa… ¡Shindo-kun! Ran-chan nos ha hablado mucho de ti – Hanabi aplastó a Shindo de la misma forma a la vez que él intentaba huir. Esta sería una noche interesante.


Buuueno! aquí está la conti, y como he dicho antes tenía muchos problemillas con los estudios y tal... pero la subi! muahahaha

Espero que haya sido de su agrado, ya que es uno de los más largos que he escrito... para que luego no digais que no os tengo en cuenta y que no os quiero... jejej

una vez más gracias a mis queridos lectores que no se pierden ni un solo cap de esta historia ta loca como yo jeje

Un beso enorme a todos y nos vemos en la conti!