No hacía falta decir que parecía que Albert no le había querido abrir, pese a que George insistía en ayudarlo a vendar esa mano.. Le dijo que le había llevado hielo.. Tampoco contestó. Ya sabía que tenía por costumbre encerrarse en su habitación, pero jamás le había ignorado de esa manera. Lo que George no sabía era que Albert no estaba ahí.

Justo al salir de la biblioteca y entre avergonzado y enojado consigo mismo, todavía sintiendose demasiado vulnerable, había optado por usar un corredor que llevaba a una salida de la casa por el ala trasera.

El corredor estaba poco iluminado y habría sido muy fácil sentirse desorientado ahí. Ese mismo corredor tenía a ambos lados grandes puertas que ocultaban diversas habitaciones, entre ellas un salón para fumar y un estudio de arte. Otra de las habitaciones estaba destinada como cuarto/guardarropa, en especial para cuando se realizaban fiestas. La cuarta puerta era una sala para juegos, la cual en su interior se veía iluminada por la luz natural de dos extensos ventanales. La quinta puerta revelaba una habitación por completo vacía y enfrente de ella yacería la única habitación destinada a la persona del servicio con más alto rango de la casa: el ama de llaves.

Yendo al final del corredor habría otra puerta que sería la que condujera a un pasillo que se extendía 10 metros y que al final dirigía a la parte trasera de la casona, donde Albert había mandado sembrar diversas plantas a modo de jardín. Y cruzando el jardín comenzaba un área de fuentes y a menos de 50 metros se divisaba un establo.

Aunque la propiedad abarcaba una manzana completa, Albert estaba en desacuerdo de tener caballos en ese lugar, le parecía que el espacio era insuficiente para que ellos se ejercitaran correctamente; pero esa tarde deseó poder tener a lo menos un potro que montar y darle vueltas a toda la propiedad para descargar todo lo que estaba sintiendo.

Con esto en mente, hubiera querido subir a su coche para ir al club y dedicarse a montar por varias horas dentro de ese lugar, hasta que el caballo se agotase o quien lo hiciera fuera él mismo; pero para mover el volante como la palanca de velocidad e incluso las riendas del caballo, necesitaba hacer uso de su mano derecha y ésta se encontraba demasiado lastimada. Entonces pensó en salir de la casa y buscar algún cochero. No era de los hombres que lloraban, eso estaba muy claro, pero sentía que ya había pasado por demasiadas cosas..

Aunque sus ojos ya no derramaban tantas lágrimas, sentía que su corazón se constreñía y no lo dejaba respirar y no tenía deseos de que nadie lo viera así, así que comenzó a adentrarse en una arboleda que tenía dentro de la propiedad buscando la serenidad que le producía el estar en soledad.

A medio camino detuvo su marcha, sintiéndose hastiado de todo y de todos y pensó en escoger una ruta mejor.

El trayecto lo sabía de memoria, puesto que había pasado ahí, dando recorridos (muchas veces prohibidos) durante varios años. Ese era uno de los lugares donde desde joven se podía sentir mejor: el zoológico. Recordaba cuando había estudiado en el Real Colegio San Pablo y que de manera un tanto rebelde se le había ocurrido escaparse él de allí en algunas ocasiones. Irónicamente, tanto Terry como Candy lo habían hecho en su momento, y pensar en ellos lo hizo sentir peor, así que se quedó derrumbado en el suelo con la cara agachada y nuevamente comenzó a sollozar. Lo hizo así por un buen rato, sintiendo que de ese modo comenzaba a liberarse de tanto dolor.. hasta que por causa de su orgullo propio decidió ponerse de pie y secar sus lágrimas. Se sentía devastado, pero en su memoria veía a Candy e inmediatamente la expresión y palabras que había escuchado de su amigo y se sintió demasiado desleal.

Quizá lo que debía hacer para acallar toda la culpa por el dolor que les había ocasionado era de algún modo ver por la felicidad de ellos, aunque eso significara el hacerse por completo a un lado.. Buscar a Terry, decirle que estaba arrepentido, convencerlo de darse una oportunidad con Candy y al final distanciarse por completo de ellos.

No iba a soportar verla de nuevo suspirando por él, pero se sentía por completo responsable de su desdicha. Acaso no se había puesto a llorar en varias ocasiones ese día? Y ella quizá necesitaba un amigo, pero definitivamente se sentía incapaz de serlo. No podía volver a abrazarla siendo ese amigo conciliador que se dedicara a decirle que todo estaría bien y que era más importante la felicidad de dos que el martirio de tres (y sin quererlo sabía muy bien que él era el cuarto).

Si Grandchester retornaba a su vida, como si no lo hiciera, sabía que estar al lado de ella sin sentirse amado del modo que él la amaba ya era por demás una tortura.

Entonces pensó en Archie. Qué tipo de relación llevaban ellos si los había encontrado en franco abrazo esa mañana? Acaso se había refugiado en él para olvidar a Terrence?

George le había asegurado que Candy no estaba en Londres debido a Archie, pero entre ellos algo estaba pasando.. podía asegurarlo.

Lo vio en la cara de su sobrino cuando entró en la habitación de Bruce. Esperaba ver entrar a Candy, pero había sido él... entonces miró la ansiedad en sus ojos y lo oyó mencionar que saldría a buscarla. Por eso después de recuperarse un instante del pensamiento que vino a su mente, salió tras él, para decirle que Candy estaba en el balcón, pero no había sido necesario informarle. Los encontró abrazados, ella con ojos cerrados y él con su barbilla apoyada en su cabello. Sus brazos le rodeaban posesivamente la cintura y la aprisionaban en su pecho. Entonces al solo recuerdo volvió a sentir una furia dentro de sí que trató de controlar.

Si alguna vez se sintió en extremo celoso fue por ver esa escena y ahora por recordarla. A pesar de saber de su amor por Terry, nunca les vio en demostraciones de cariño... Y quizá con Terry se habría atrevido a irse a los golpes pero Archie era su sobrino y desde muchos años antes él tenía conocimiento de que había estado enamorado de ella.

Honestamente no sabía qué hacer. Lo único era que quizá lo verdaderamente loable que pudiera hacer, sería devolverle su felicidad y quizá lo haría, pero en ese momento se sentía incapaz de todo.


Mientras tanto, Candy en visible ansiedad había abandonado el comedor. Archie le había reñido un poco que no comiese el segundo plato y ella le respondió que si lo hacía podía no tolerarlo en el estómago. Le prometió que comería toda la cena pero rogó que no insistiera más con eso.

Y ya fuera del comedor se vio confundida de en qué lugar estaría Albert con George. Siendo recién llegada de la casa, ignoraba la ubicación y uso de todas las habitaciones. Pensó en subir a tocar la puerta de su recámara pero al alzar la vista para dirigirla a ella, lo único que vio fue la figura de George que con decepción ya se separaba de la puerta trayendo en las manos un recipiente el cual dejó en una mesita con flores que había en el pasillo.

George la miró a su vez cuando giró, recordó su intención de hacer que tal par de jóvenes hablaran y comenzó a caminar para bajar las escaleras.

- Qué ha pasado, George? Qué le ha pasado a Albert?

- El joven se ha sentido mal. No creo que baje a comer con nosotros. Ya ha comido usted?

- No pude seguir. Necesito hablar con Albert pero me ha rechazado varias veces... Puede saber usted qué sucede?

- Le había comentado que solamente el joven podía explicarse delante de usted, pero creo que quizá tenga yo que ayudarlo un poco. Solo que, en este momento muero de hambre y usted debería volver al comedor. Desde el barco la vi comer muy poco y creo que eso no está bien. Acaso no le ha gustado la comida?

Candy no podía decir que fuese así porque de hecho se había mirado bastante bien en el plato, pero se sentía incapaz de probar bocado.

- Necesito que coma y luego charlamos. Le prometo que trataré de solucionar este asunto de algún modo.

Candy entonces se vio obligada a regresar al comedor pero aunque se seguía sintiendo ansiosa, la mínima esperanza de que algo se arreglara le hizo sentirse mejor.

Fueron los ojos de Archie los que la escrutarían por un buen rato, en silencio. También había dejado de comer, se sentía algo aprensivo. Había perdido el gusto por comer.. y el plato que ya le había sido retirado a Candy vio a George dar la orden de que se le volviese a poner.

La miró comer despacio, y trató de hacer lo mismo pero no pudo. No se quitaba de la cabeza que Candy tenía mucho mas que solo cuestionamientos hacia Albert. Comenzaba a sospechar que Terrence Grandchester no era el causante de la tristeza de su amiga y mucho menos el escogido de su corazón.

Pensando en eso se excusó diciendo que se iría a descansar un par de horas porque después tenía que ir al hospital y dejó solos a George y a Candy sentados aún a la mesa.

La mirada ansiosa de Candy se dirigió entonces a George, que haciéndose el desentendido, terminó de comer el plato fuerte y pedía a la brevedad una taza de té, habiendo sabido que ese día tendrían un postre de pastel con avellanas.

(El ama de llaves había conseguido que el mozo fuese casi corriendo a una pastelería y casi habían sobornado al pastelero para que le diese el pastel que ya tuviese horneado, lo bañara con sirope de vainilla y lo cubriera con nueces.

Aunque ese tipo de pastel nunca le había sido pedido, el hombre accedió. Sin embargo lo dejó en un aprieto porque ahora debía reponer el pastel faltante... pero agradeció la idea y se puso a imaginar otras formas de cubrir sus pastelillos)

Ahora Candy tenía también una rebanada de pastel que George le estaba instando a comer. Candy suspiró ya sintiendose vencida por miedo a que George cambiara de parecer y comenzó a comerlo. Se dio cuenta de la humedad producida por el sirope le había dado una profundidad a su sabor, no solamente textura muy suave. Las avellanas contrastaban con su dureza media y no pudo evitar admitir que de verdad sabía muy rico.

No supo en qué momento el pedazo de pastel se le desapareció del plato, asombrada de habérselo comido todo. Se puso roja ante la risita contenida de George.

- Bien, señorita, hemos tardado casi una hora en terminar de comer. Lo considero una marca desde ahora y mucho más porque ha sido en completísimo silencio. Creo que es hora de charlar un poco usted y yo, pero será en la biblioteca. Me puede acompañar?

A pesar de que le había hecho referencia a lo despacio que habían comido, internamente se lo agradeció. En ese tiempo pudo pensar un poco en qué decirle. Si Albert la amaba era él quien se lo debía decir. Hacía falta saber que era lo que Candy sentía.

Y caminaron saliendo del comedor y tomaron hacia su lado derecho, abriendo una de las dos puertas que daban acceso a la biblioteca. Le ofreció a Candy una silla y ocupó una frente a ella. La miró, con sus ojos tranquilos pero a la vez sabiendo con preocupación que la srita. podía seguir enamorada de otro.

- Qué es lo que quiere saber?

- Demasiadas cosas... Por qué Albert se alejó de esa manera... Por qué nunca se comunicó conmigo... Por qué darme dinero si sabe que yo sentiría que es una ofensa para mí... Por qué decir que me iba a quitar el apellido si no lo aceptaba.. -y conforme mencionaba cada una de las cosas se comenzaban a llenar sus ojos de lágrimas-... Por qué no me quiere cerca ni soporta que haya venido... Por qué...? Se avergüenza de mí o algo así? -y de pronto sintió que se sofocaba- o le estorbo porque está enamorado de alguien que lo cela demasiado..?

George buscaba entre sus ropas un pañuelo, azorado del dolor que veía en la mirada de ella. Se lo extendió nerviosamente, viendo como ella se tapaba la cara con él después de haber tratado de controlar el llanto.
Se había puesto de pie, no soportaba que la viera.. Se sentía demasiado expuesta. Sabía que estaba temblando de los pies a la cabeza, sintiendose tonta pero no le importaba eso. Era demasiado fuerte su dolor.

- Srita. Candy... -se atrevió a preguntar George- ...qué es lo que siente usted por Albert?

Tal pregunta la descontroló. Qué sentía por él? Acaso lo sabía? Estaba desesperada por verlo, lo extrañaba y en ocasiones se sentía furiosa con él por haberla dejado.. Sus días resultaban a veces en tortura porque pasaba demasiado tiempo pensando en él... En su cuerpo podía darse cuenta de que solo pensar en su nombre le afectaba, había perdido el aliento por solo sentir sus manos apretando su cintura y había de reconocer que estuvo a punto de besarlo..

Y recordó su estremecimiento y la forma en que había reaccionado con esa sensación que ascendió de su vientre..

Pero lo que más le afectaba era que no podía soportar imaginarlo con nadie más. Eso era por completo intolerable...

Que sentía por él? Qué sentía por él?!

Entonces como balde de agua fría en un inicio, y como remanzo de felicidad sintió después, que la respuesta había llegado no a su intelecto únicamente, sino a su corazón.


Este capítulo resulta muy corto, pero el fin de semana me pongo a escribir con mayor ahínco, denme sus sugerencias.. aunque la verdad debo admitir que ya tengo el hilo de la historia desde aquí a su final, inclusive algunos contratiempos de nuestra parejita rubia, pero será agradable incluir sus ideas, les parece?

Gracias por sus reviews y por seguir mi historia. Me encantan sus comentarios!

Gracias: Blackcat2010, Paloma, Máxima, Clau Ardley, ccc73, UsagiYady, ara, y a todos los que la leen aunque no hayan posteado y los que por falta de tiempo y oportunidad olvidé nombrar.. Sus comentarios los tomo muy en cuenta. Saludos...!