Capítulo 11:

La sensación de que alguien la estaba mirando, fue lo que hizo que Hermione abriera los ojos la mañana siguiente. Los ojos de Ron parecían dos esferas brillantes recién caídas del cielo. Estaba apoyado sobre un brazo y una sonrisa tonta se extendía por su cara. Hermione se sonrojó y se cubrió mejor con la sábana. Era una reacción lógica, después de todo. Habían pasado una noche muy tranquila, aunque dormir del todo no lo había conseguido ninguno. A pesar de que les separaban varios centímetros y sus cuerpos no se tocaban…la presencia se sentía. Después de su charla en el ferry, parecía que todo había vuelto a la normalidad, pero ese beso no se olvidaba tan fácilmente. El pelirrojo había disfrutado sobremanera viéndola dormir y un sentimiento diferente había vuelto a crecer en su pecho, o tal vez nunca se había ido. Hermione era mucho más que una amiga para él, y lo notaba y lo sabía.

- Buenos días. –la voz de la castaña sonaba un poco ronca. Tenia los ojos entrecerrados, pero con la claridad del exterior pudo ver mucho mejor la habitación. En el suelo descansaban sus maletas y los grandes ventanales estaban tapados con una fina cortina de hilo en color amarillo pálido.

- Buenos días, dormilona. –el tono de Ron fue muy dulce, como si hablara con una niña pequeña. Estaba contento de tenerla a su lado y no pensaba ocultarlo por nada del mundo. La noche anterior había tenido mucho tiempo para pensar largo y tenido en lo que sentía…y ya no podía negárselo por más tiempo. Sin tan solo supiera lo que le había provocado a Hermione también…

- ¿Está mejor tu espalda? –Hermione sabia que se tenía que levantar, pero…le daba vergüenza. No quería que Ron la viera con su exiguo camisón de noche. Hasta la fecha siempre se las había ingeniado para evitarlo, pero…ahora había demasiada luz.

- En perfectas condiciones, gracias. –sonrió él e hizo ademán de levantarse. La castaña se sonrojó aun más cuando vio que Ron no llevaba camiseta y su única prenda de ropa eran unos ajustados boxers negros. El pelirrojo salió de la cama y caminó con despreocupación por la habitación. Retiró las cortinas y asomó la cabeza mirando al exterior.- Vaya, tenemos un balcón. Que bucólico.

- Cálmate, Hermione, cálmate. –se murmuraba a si misma.- Solo es Ron, tu mejor amigo. Le quieres, pero no estás enamorada de él. No tienes porqué ponerte nerviosa. –levantó la vista para mirar de nuevo al pelirrojo y vio que él esperaba algún comentario suyo. Tragó saliva mientras notaba como el corazón le latía apresuradamente.- Eh…si, si. Muy bonito.

- Hoy nos espera un día movidito; es el cumpleaños de Harry. –le informó sentándose en el borde de la cama y comenzando a ponerse los pantalones. Había tenido que quitar sus ojos de ella porque de lo contrario habría vuelto a besarla. En todos los años que hacia que salía con mujeres ninguna le había hecho sentir tantas cosas con un solo beso.

- Vaya, no lo sabía. No he traído ningún regalo para él. –Hermione se encogió aun más debajo de la sábana. Tenía calor, mucho calor viendo el torso desnudo de Ron. Lo tenia muy trabajado y eso que, que ella supiera, no hacia ejercicio alguno y engullía la comida más que comerla.- Deberías haberme avisado.

- Tranquila, yo lo sabia y tampoco tengo regalo para él. –rió Ron. Acabó de ponerse el pantalón y alargó una mano para coger la camiseta. Notaba la mirada fija de Hermione en su espalda y por eso demoró un poco más en cubrirse. Estaba jugando con fuego y lo sabia, pero no podía evitarlo. Volvió a mirarla y algo extrañado dijo.- ¿No piensas salir de la cama hoy?

- Yo…es que…-el corazón le latía con fuerza.- Verás…-su explicación se vio interrumpida por un suave golpeteo en la puerta. Hermione respiró tranquila…aunque…tal vez el remedio fuera peor que la enfermedad.

- ¿Se puede o estáis haciendo algo que no deba ver? –la voz de Ginny era la de una persona sumamente feliz. Al no recibir contestación contradictoria…abrió la puerta y asomó su cabecita pelirroja.- Perdón, no quería volver a interrumpiros. Hermione, necesito tu ayuda de forma urgente, pero ya. Así que sal de la cama y ven conmigo, es importante. –Ginny se acercó decidida a la cama y destapó la sábana y el edredón.

- Pe-pero…Ginny…-Hermione abrió mucho los ojos y enseguida fue a mirar al pelirrojo. Este enarcó una ceja y silbó de forma admirativa. Ginny también enarcó una ceja, lo que hizo que el sonrojo de la castaña se acentuara aun más. El camisón que llevaba, era de raso negro y cubría lo justo; la zona de los pechos estaba hecha de encaje y no dejaba mucho a la imaginación. Ron no le quitaba los ojos de encima y eso la confundía de manera apabullante, hasta dejar su mente en blanco. Se levantó de un salto y cogió lo primero que vio encima de la cama.

- Vaya, Hermione, que sexy te has puesto. Tienes que decirme donde has comprado ese camisón. A Harry le encantaría. –pidió la pelirroja escondiendo una risa. No se extrañó del comportamiento de la castaña, pues ella aun era una desconocida y era normal que sintiera cohibida. Lo que no sabía era que la castaña en ningún momento pensó en ella. Hermione no podía quitar sus ojos de los del pelirrojo. ¿Era deseo lo que veía en ellos? No lo pudo asegurar porque Ron se volteó para mirar a su hermana.

- Te agradecería que no hablaras de eso en mi presencia, hermanita. Que Harry tenga permiso para casarse contigo no quiere decir que…tengamos que saber todos los detalles de tu vida sexual. Para mi, eres como una monja. –Ron terminó de vestirse.

- ¿Enserio piensas que sigo siendo virgen? –Ginny se llevó una mano a la cadera y movió la cabeza negativa y divertidamente. Su querido hermano nunca cambiaría.- Pobre Harry.

- ¡Ginny! Sigues sin escucharme cuando hablo y me has dado más información de la que necesitaba. Gracias.

- Bueno, es que…mira da igual. –se volvió hacia la castaña de nuevo.- Hermione, necesito que vengas conmigo ahora mismo. Es sumamente importante. –cogió de la mano a la castaña y no prestó atención a sus protestas.

- Bien, voy a cambiarme y soy toda tuya. –dijo esta. Pero para su consternación, la pelirroja tiró de ella hacia la salida.- Ginny, no estoy vestida, ¿adonde me llevas? Ginny, por favor…

- Herm, recuerda que tenemos que ir a comprar, así que procura deshacerte de mi adorable hermana pronto. Estaré dando una vuelta por aquí. –Ron sacó la cabeza por la puerta, pues Ginny y Hermione ya estaban bajando las escaleras.

- Vas a tener que ayudarme; es muy importante, tiene que ser una sorpresa. Mamá está ocupada, el resto de chicas con sus hijos y…bajo ningún concepto se lo contaría a mis hermanos. Ay, estoy tan nerviosa, Hermione. –Ginny la llevó a través de la cocina y salieron a un pequeño patio que había atrás. La castaña intentó darse la vuelta y entrar de nuevo a la casa cuando vio a la veintena de trabajadores que había allí. Su exigua combinación llamó mucho la atención, y lo que había cogido de encima de la cama no era más que un pañuelo blanco para el cuello.

- Ginny… ¿se puede saber para qué me has traído aquí? Ay, Dios, si ni siquiera estoy vestida. Tenias que haberme dejado vestirme primero. Que vergüenza, por favor. –Hermione se movía de un lado a otro del pequeño porche y después se sentó en las escaleras.

- Primero, no te preocupes por el camisón, nadie se ha dado cuenta. –se escuchó un silbido a sus espaldas.- Bueno, ese tal vez si. Segundo, la culpa es tuya, por dormir con el puesto. Aunque bueno, durmiendo con tu pareja, a pesar de ser el cabeza hueca de mi hermano, todos sabemos lo que hacen las parejas. Y tercero, hoy es el cumpleaños de Harry.

- Si, ya me he enterado. –contestó la castaña vagamente e intentando bajarse aun más la tela del camisón, que apenas tapaba sus muslos. Se puso el pañuelo delante de los pechos y lo apretó contra si. Luego cayó en lo que había dicho la pelirroja sobre ella y Ron. se sonrojó sobremanera al darse cuenta de que los Weasley pensaban que Ron y ella se acostaban juntos.- Dios mío, qué calor. –pensó.

- Esta noche hay una fiesta, y necesito tu ayuda para la sorpresa que le tengo preparada a Harry. –la sonrisa de Ginny dejaba entrever felicidad pero también nerviosismo. Se notaba que iba a dar un paso importante y tenia que prepararse para él. En otras circunstancias, Ginny era una persona demasiado segura de si misma.

- ¿No podríamos haber hablado esto más tarde? –Hermione miraba con aprensión hacia un lado y a otro del porche. Como si no tuviera bastante con el descontrol de su cabeza, ahora también tenia que preocuparse de lo que pensaban los demás de su relación con el pelirrojo.

- No, porque nadie debe enterarse. –Ginny se sentó en las escaleras a su lado y se echó el cabello rojo hacia atrás.- Verás, hace muchos años…yo cantaba. No es por vanidad, pero lo hacia muy bien. Entonces mamá se puso enferma, muy enferma; estuvimos a punto de perderla. Lo que te voy a contar ahora sonará muy tonto, pero en el momento no lo fue. Un día, rezando en la capilla del hospital…prometí que donaría mi voz al viento si mamá se recuperaba. Era lo más valioso que tenia, y yo solo era una cría de diecisiete años. El caso es que mamá se recuperó…y yo nunca volví a cantar.

- No es ninguna tontería lo que cuentas, Ginny. A mi me parece un gesto de amor muy bonito y dulce. Demostraste que tu madre era más importante para ti que tu don. –Hermione le pasó una mano consoladora por la espalda. Ahora si que le prestaba toda su atención.

- Si; y no me arrepiento. Mamá es el corazón de esta familia y no sé qué haríamos sin ella. Ahora viene lo complicado: desde que nos conocemos, Harry lleva pidiéndome que le cante. Él nunca me ha escuchado y…bueno, voy a cantarle esta noche. Es su último cumpleaños como hombre soltero y…-Ginny se encogió de hombros, quitándole importancia a su gesto.- Tienes que ayudarme a ensayar.

- Eres una persona muy tierna y especial, Ginny Weasley. Y Harry será muy afortunado al tenerte como esposa. –Hermione la abrazó.- Te ayudaré a ensayar, con la condición de que me dejes ponerme antes algo encima.

- Trato hecho. –Ginny miró a la castaña con sus ojos color chocolate.- Esto significa mucho para mi, Hermione. Muchas gracias. Por fin el cabeza hueca de mi hermano hizo algo inteligente en la vida. Y ahora ya puedes subir y ayudarle a escoger el regalo, que estoy segura que no ha comprado. Procura que no sea nada de fútbol, por favor. –se levantaron del escalón y la pelirroja sonrió una vez más.

- Lo intentaré; aunque no te prometo nada. –sonrió Hermione a su vez. Subió los dos escalones y caminó hacia la puerta de la cocina. A su espalda, varios trabajadores habían parado en su labor para mirarla.- Y ahora me voy a cambiar.

En el cercano pueblo costero de Hyson, Ron y Hermione hicieron sus compras acompañados por la pequeña Annelle y su primo Jack. Habían decidido sacarlos fuera del caos que era en aquellos momentos la mansión, y dar así también un respiro a sus padres. El niño iba en un cochecito y la niña a hombros de su tío Ron. Parecían la familia perfecta y en varias ocasiones algunos vecinos se voltearon a mirarlos. Hermione iba cogiendo confianza con los niños; aunque sin duda, lo que más trastocó su mente, fue que le encantaba mirar al pelirrojo interactuando con ellos. Era simplemente adorable, y un claro sentimiento de admiración se alojó en su pecho.

En más de una ocasión se prodigaron miradas y caricias de la misma manera que lo hacían en Nueva York, pero que allí parecían estar cargados de significado. Ninguno de ellos había olvidado el beso del ferry, pero eran demasiado tercos y orgullosos como para reconocerlo. Y mucho menos aceptar que darían cualquier cosa por repetirlo. ¿Quién sabia? La fiesta de Harry estaba a la vuelta de la esquina y tal vez allí encontraran su próxima oportunidad.

Una suave brisa alborotó los cabellos de Hermione y Ron se la quedó mirando. Siempre había pensado que era bonita, pero desde que habían llegado a Londres, la castaña tenía un brillo especial en la mirada que la hacia ver aun más bonita. Hermione se volteó y le sonrió al verlo. Estaba nerviosa y se podía apreciar en sus ojos. El pelirrojo disfrutaba contemplándola, pero eso no era nuevo para él.

Entraron en varias tiendas cada cual con objetos más dispares. El pelirrojo lo miraba todo con los mismos ojos embelesados que Annelle. La niña no dejaba de señalar cosas y se tiraba hacia ellas con una facilidad pasmosa. Su tío a duras penas podía contenerla entre sus brazos y cuando no le daban lo que quería rompía a llorar como una loca. Ron meneaba la cabeza y miraba a la castaña con expresión afligida esperando que ella hiciera algo, pero Hermione aun entendía menos de niños. Ella estaba concentrada en empujar el carrito de Jack y vigilar que el niño estaba en perfecto estado. No sabia si había sido una buena idea llevarse a los dos niños teniendo en cuenta su escasa experiencia.

Finalmente, y para acabar con el desespero de los niños que ya mostraban claros signos de cansancio, entraron en la tienda más grande que había al final del muelle. Allí sí que había la clase de cosas que podrían gustarle a Harry como regalo. Ron lo tenía muy claro, iba a comprarle la última camiseta y bufanda del equipo de fútbol favorito de ambos. Claro que no contaba con la negativa de la castaña. Hermione caminó decidida detrás de él y le quitó la camiseta y la bufanda de las manos, obviando sus protestas. Durante su pequeño forcejeo habían olvidado a los dos niños y cuando se volvieron para mirarlos…Annelle había desaparecido. Dieron varias vueltas sobre si mismos buscando a la niña, pero esta no estaba a su lado. Hermione se apresuró a coger a Jack entre sus brazos y apretarlo fuertemente, temiendo que este también desapareciera. Ron miró por las hileras de estanterías cercanas y ya se estaba pasando una mano desesperada por el cabello cuando escuchó una risita muy característica.

Annelle se lo estaba pasando de lo lindo en la sección infantil subiendo y bajando por un pequeño tobogán de jardín. Reía sin parar y agitaba sus manitas de una manera muy graciosa. Seguramente si su padre Fred la viera la estaría vitoreando. Cuando la niña vio a su tío lo saludó con la mano y siguió a lo suyo con despreocupación absoluta. Ron movió la cabeza y exhaló todo el aire que había estado conteniendo. Se llevó una mano al pecho y se apoyó en una de las estanterías cercanas. Recuperado su estado normal, caminó hacia Annelle y la cogió en brazos; ella protestó, pero Ron no la soltó y con tal de mantenerla tranquila, accedió a comprarle una pequeña muñeca. De regreso al lado de Hermione, se quedó bastante sorprendido ante lo que vio.

La castaña estaba sentada en una silla redonda y sostenía entre sus brazos al pequeño Jack. Este succionaba con fuerza su chupete azul mientras su manita izquierda se enrollaba entre los rizos de la castaña. Hermione se mecía muy lentamente y Jack poco a poco iba sucumbiendo al sueño. Ron se acercó sin hacer ruido y con una sonrisa en los labios; sabía que Hermione era una persona tierna y sensible, pero el verla con el bebé en los brazos había movido muchas cosas en su interior. Durante años se había estado convenciendo de que la castaña solo era su amiga, de que ella nunca llegaría a sentir nada por él…pero Ron notaba que se estaba volviendo a enamorar de ella… Hermione levantó la cabeza y sus ojos color miel se encontraron con los azules de él. Le sonrió al ver que había encontrado a Annelle, pero siguió mirándolo con esa pizca de amor que conseguía que a Ron le fallasen las piernas.

El pelirrojo llevaba años conteniéndose, primero por una cosa y luego por otras, pero ya no tenia fuerzas para estar lejos de ella. Había llegado al punto en que se había enamorado perdida e irrevocablemente de su mejor amiga.