Capítulo 10

Erase Una Vez el Maestro Peverell Escribió un Libro

Hermione se despertó muy temprano a la mañana siguiente. Las otras chicas todavía estaban dormidas en sus camas. Hermione rodó a un lado y gimió de dolor. Su cuerpo entero se sentía hinchado y dolorido como si ayer hubiera corrido una maratón. Sabía que esos eran los efectos posteriores de la maldición Cruciatus, se estremeció involuntariamente al recordar la agonía que la maldición le había infligido.

Pero ayer había tenido mucha suerte. Su fuga había sido nada más que pura coincidencia. Hermione estaba convencida de que si ese chico, del cual no sabía su nombre, no la hubiera amenazado con su varita y darle así la oportunidad de robársela, Riddle seguramente la habría matado al final. En este momento él ya había matado a su propio padre, a sus abuelos y a Myrtle la Llorona. ¿Que era para él la muerte de otra chica? No, ella había tenido mucha suerte de poder huir.

Debería estar agradecida de que era el adolescente Tom Riddle con el que se había enfrentado ayer porque dudaba de que ella hubiera sido capaz de escapar del Lord Voldemort de su época.

Su situación aquí en Hogwarts se estaba volviendo cada vez más precaria. Riddle ahora obviamente pensaba que era su enemiga. Hasta ayer realmente nunca la había atacado físicamente. Él la había amenazado e intimidado, sí. Había utilizado incluso su popularidad con los otros estudiantes para condenarla al ostracismo. Pero hasta ahora nunca la había maldecido o hacerle realmente daño. Ayer, sin embargo, había utilizado una de las peores maldiciones que existan.

Hermione se dio la vuelta de nuevo en la cama tratando de encontrar una posición más cómoda.

Originalmente había venido a Hogwarts para encontrar una manera de volver a su época y no para hacerse enemiga de Tom Riddle. Él sospechaba de ella. Sabía que Riddle no dejaría de tratar de obtener información de ella hasta que lo lograra. Hermione podía ver en el apuro en el que se encontraba. Tenía que quedarse en Hogwarts ya que Dumbledore estaba aquí y él tendría la Varita de Saúco, tarde o temprano. Pero, al mismo tiempo en realidad no debería quedarse en Hogwarts porque Voldemort estaba tras ella.

¿Qué haría?

Hermione suspiró profundamente y se sentó. Todo su cuerpo estaba adolorido y sólo quería acostarse y dormir hasta la próxima semana más o menos. En cambio, se puso de pie y se acercó cojeando al baño. Tal vez una ducha caliente le haría algún bien.

Hermione se desnudó y se puso bajo la ducha. Giró los grifos y el agua caliente le cayó regándola.

Dejó que el agua caliente cayera sobre ella por un tiempo y trató de no pensar en sus problemas. Después de la ducha caliente Hermione volvió hacia sus lesiones. No podía hacer nada acerca de los efectos posteriores de la maldición de la tortura, pero al menos podría atender su dolorosa muñeca izquierda.

Después de unos veinte minutos salió del cuarto de baño completamente vestida y con una venda apretada alrededor de la muñeca.

—Oh, Buenos días, Hermione —. Rose bostezó. Ella estaba saliendo de su cama. —Te has levantado muy temprano hoy.

—Sí, no podía dormir más —. Hermione respondió cortésmente, aunque había un cierto grado de frialdad en su voz. No se había olvidado de cómo la habían tratado esas semanas atrás.

Hermione también vio a las otras chicas de la habitación levantarse lentamente de la cama.

—Creo que me voy a desayunar — declaró a nadie en particular por lo que se acercó a la puerta.

—Vale, te veré luego —. Lucía murmuró en respuesta.

Hermione salió de la sala común de Gryffindor y se dirigió hacia al Gran Comedor. Mientras caminaba sacó la varita que había robado ayer y la examinó. La varita era más grande en diámetro en comparación con su varita mágica, pero de longitud era bastante similar. La madera era de color beige, quizás abedul. ¿Y el núcleo ...?

Hermione envió una descarga de su magia a través de la varita. Funcionó, pero se sentía extraño. Había una especie de resistencia en el interior de la varita. No era demasiada para que dejara de usarla, pero hacía que cuando la utilizaba fuera una experiencia desagradable. Esta varita de ninguna manera compensaba a su varita perdida. Hermione maldijo en silencio a Riddle.

Tenía que usar esta nueva varita por ahora, pero ella deseó que su vieja varita estuviera devuelta entre sus manos. No sólo era mil veces mejor que esta varita, sino que también era la última relación tangible que tenía con su propio tiempo.

Hermione suspiró y, a regañadientes, puso la varita en su nueva funda de varita en su brazo derecho.

Hermione luego llegó a las puertas que daban al Gran Comedor. Vaciló en entrar. Sabía que lo más probable era que Riddle estuviera allí y no quería verlo ahora mismo. De hecho, no quería volver a verlo nunca más. Pero tratar de evitar a Riddle era un asunto inútil.

Hermione se pasó una mano por su pelo rizado.

Si ella comenzara a evitarlo o mostrara realmente como de inestable era, él sólo la atacaría más duramente. Tenía que parecer fuerte, independientemente de lo asustada que estaba de él.

Hermione se armó de valor y luego extendió la mano a las grandes puertas de roble que conducían al Gran Comedor.

Ella entró en el Gran Comedor. El brillante cielo azul era visible a través del techo embrujado y zambullía al Gran Comedor de una luz acogedora.

Pero Hermione sabía que el ambiente acogedor del Comedor era tan traicionero como el exterior cielo azul de diciembre.

Hermione se acercó a la mesa de Gryffindor. Acababa de ver a Longbottom, Weasley y Lupin sentados en la mesa comiendo su desayuno. Longbottom le agitaba las manos haciéndole señas para que se acercara. Mientras Hermione caminaba su mirada involuntariamente vagó por la mesa de Slytherin. Y no pasó mucho tiempo hasta que encontrara lo que ella no había estado buscando.

Riddle estaba sentado despreocupadamente en la mesa, con una taza en una mano y una nueva copia de El Profeta en la otra. Al mismo tiempo que Hermione lo escaneaba él levantó la vista del periódico y sus ojos rápidamente se encontraron con los suyos. Su expresión facial no cambió, pero Hermione se estremeció al ver el odio y la furia en ellos. Y todo ello iba dirigido a ella.

Ella incluso le pareció ver su mano contraerse hacia su varita. Hermione respiró profundamente y luego hizo algo impetuoso: Le sonrió con dulzura.

Mientras lo hacía, pudo ver sus ojos grises estrecharse y como su mirada se hacía cada vez más fría.

Entonces Hermione lo saludó con la mano de una manera amistosa. Ahora estaba apretando la mandíbula y Hermione estaba segura de que la única cosa que le retenía de maldecirla eran las otras personas que estaban en el Gran Comedor. Hermione entonces rompió el contacto visual con él y continuó su camino hacia la mesa de Gryffindor.

Sabía que al mofarse de él lo más probable es que estuviera cavando su propia tumba. Pero por otro lado, pensaba que su situación no podría ir peor, así que ¿por qué no disfrutar un poco?

¿Cómo podía haber escapado? La había tenido acorralada, estaba desarmada y sin embargo se había escapado.

Riddle apretó la mano alrededor de la varita negra, su varita. Estaba sentado en uno de los sofás de cuero de la sala común de Slytherin y estaba de mal humor. Su magia chisporroteaba a su alrededor agresivamente lo que mantenía a los otros estudiantes a una buena distancia de él. Sabían que no debían de hablarle cuando estaba tan enojado.

Su mirada vagó de nuevo a la varita en su mano. La sentía extrañamente cómoda. La propia magia de Riddle fluía agradablemente por la varita negra. La superficie de la varita era lisa y pulida y estaba obviamente bien cuidada.

La adquisición de la varita era lo único en lo que había tenido éxito ayer, Riddle tuvo que admitirlo con frustración. Su plan había sido capturarla y luego finalmente obligarla a someterse a él. Por supuesto que Riddle había sabido que DeCerto era una opositora que no debía de subestimar por lo que había esperado más resistencia de lo que normalmente hacía. Pero su resistencia no había vacilado incluso cuando él la había golpeado con la maldición Cruciatus. Esa maldición no se llamaba 'imperdonable' por nada. Era, a diferencia de la maldición Imperius, imbloqueable, y el dolor que infligía era tan intenso que podría conducir a la gente a la locura. Esa maldición se suponía que quebraba a la gente, los hacía sufrir para obligarlos a decirle incluso sus más protegidos secretos.

Pero DeCerto había soportado el dolor. No había implorado, no le había suplicado y desde luego no se había rendido a él. Había aceptado el dolor. Riddle recordó cómo lo había mirado después de haberla golpeado por segunda vez con la maldición. Había dolor en sus ojos y miedo, pero también resolución y resistencia inquebrantable. Y también había habido ...

Riddle miró la varita con los dientes apretados.

¿Repugnancia?

Aspiró profundamente.

Ayer no había logrado nada. DeCerto no se había descompuesto y no le había revelado nada. Ella todavía seguía fastidiándolo.

Al principio DeCerto había sido nada más que un dolor en el costado, pero ahora se había convertido en un verdadero problema. Ella parecía saber mucho sobre él. Cosas que no debería saber. ¿Cómo descubrió ese nombre? Voldemort.

Cada vez que DeCerto lo miraba tenía la incómoda sensación de que sabía de él, de lo que había hecho y de lo que le había sucedido. Pero, ¿cómo iba a saberlo? Ella había estado aquí en Inglaterra por un par de meses. Entonces, ¿cómo podía haber logrado saber tanto acerca de él? ¿Él estaba imaginándose las cosas? Pero no, en el incidente durante la clase de pociones. DeCerto había contado esa estúpida historia sobre su amigo que, por sorpresa, se parecía al mismo Riddle. Riddle, por supuesto, sabía que se había inventado esa historia para vengarse de él y redimirse ante los ojos de los demás estudiantes, pero había más en eso.

Dicho amigo en su historia había asesinado a su propio padre. ¿Era una coincidencia? ¿O algo más? ¿Cuánto sabía ella?

Riddle rodó su varita distraídamente en la palma de su mano mientras su magia todavía fluía tranquila por la madera negra.

Lo más sorprendente era el hecho de que DeCerto había logrado romper sus escudos mentales. Riddle sabía que no era un maestro en Oclumancia, al menos no todavía, pero él no era un aficionado cualquiera. Y, sin embargo, DeCerto había penetrado sus escudos. Había tenido acceso a sus pensamientos y a pesar de que no hubiera usado ese acceso en ese entonces toda la situación aún era intolerable. Ella podría decidir en cualquier momento que quería leer su mente después de todo. Riddle no podría soportar que ella tuviera el sartén por el mango en este asunto. Esa era la razón por la que había planeado una emboscada, que no había salido bien.

Riddle lanzó una última mirada irritada a la varita negra antes de que la guardara en el bolsillo y luego se levantó del sofá.

Diez minutos más tarde llegó al Gran Comedor y se sentó en su lugar habitual en la mesa de Slytherin. Un vistazo a la mesa de Gryffindor le dijo que DeCerto aún no había llegado al Comedor. Riddle se sirvió una taza de café y se puso a hojear un ejemplar de El Profeta. Después de algún tiempo en la lectura, de repente tuvo la desagradable sensación de que alguien lo miraba. Levantó la vista del papel y no pasó mucho tiempo hasta que sus ojos se encontraran con DeCerto que en efecto lo miraba fijamente. Sus ojos se estrecharon involuntariamente mientras la miraba. No parecía estar asustada por él y eso lo enfurecía al extremo. Maldición, la había golpeado con una de las maldiciones más crueles y ella estaba allí en pie, mirándole como si nada hubiera pasado. Riddle podía sentir que su magia empezaba a hervir en él otra vez. Pero no podía permitir que se crepitara en torno a él aquí en el Gran Comedor. Y todavía DeCerto seguía mirándolo, incluso con un poco de aburrimiento. No quería nada más que maldecirla. Su mano se moría de ganas por sacar su varita.

De repente DeCerto le sonrió. No una sonrisa triunfante que proclamaba su victoria, no, era una sonrisa asquerosamente dulce y amable. Riddle hubiera preferido una sonrisa satisfecha. Su sangre le hervía y ahora apenas era capaz de contener su magia.

Por si fuera poco, DeCerto incluso lo saludó con la mano de una manera sociable. Y Riddle sabía que la única razón que tenía para hacerlo era para agravarlo.. y estaba funcionando.

¡DeCerto se burlaba de él! Y no había manera de devolvérsela. Riddle apretó sus manos en puños.

Entonces DeCerto apartó la vista de él, como si no valiera la pena perder más tiempo con él, y continuó su camino con garbo a la mesa de su casa.

Riddle se quedó atrás, hirviendo de ira.

—¡Te ves horrible!

Hermione alzó las cejas hacia Weasley y se sentó a su lado en la mesa de Gryffindor.

—Vaya, gracias —. Hermione dijo con sorna. —¡Ahora me siento mejor!

Cogió una jarra de té pero evitó mirar el montón de patatas fritas justo en frente de ella. Todavía se sentía un poco mareada y no creía que pudiera soportar nada por el momento.

—¿Qué pasó? — Lupin le preguntó mientras se comía un enorme sándwich de tocino. —¿Tuviste una mala noche?

Hermione suspiró y comenzó a mover el té con una cuchara.

—Se podría decir eso —. murmuró con voz cansada.

—¡De verdad, Hermione! — dijo Longbottom el cual ahora devoraba su plato lleno de salchichas y patatas. —Deberías estar feliz. Mañana es el inicio de las vacaciones. ¡No más deberes para las próximas tres semanas!

—Mhm —. Hermione respondió más bien sin entusiasmo.

Pero Longbottom estaba en lo cierto. Las vacaciones de Navidad comenzaban mañana. Y eso sólo permitía a Hermione el día de hoy para irrumpir en la oficina de Dumbledore y, finalmente, hacer un registro, ya que la semana pasada había decidido abandonar Hogwarts durante las vacaciones. Y ahora estaba bastante contenta con esa decisión. Sabía que Riddle se quedaría en Hogwarts durante las vacaciones. Por supuesto, ¿dónde más podría ir? Hermione no tenía muchas ganas de pasar más tiempo con Riddle del que fuera absolutamente necesario. Y después de la noche de ayer ni siquiera quería estar en la misma habitación que él. ¿Pero pasar tres semanas con él en el interior de un castillo relativamente desierto? Eso sería suicida, en todo caso.

—¡Dinos lo que estás planeando para las vacaciones, Mione! —. la voz Weasely la sacó de sus cavilaciones.

—Sí, My'one, ditgnos —. consiguió decir Longbottom con lo que parecía ser la mitad de su desayuno en la boca.

—Oh, sí —. Hermione dijo lentamente. —Voy a visitar a unos amigos.

La verdad era que Hermione no estaba muy segura de qué iba hacer durante las vacaciones. Sólo sabía que no quería quedarse en Hogwarts. Por Riddle y porque sólo necesitaba alejarse un poco del castillo y sus habitantes. Vivir en este equivocado período de tiempo y siempre tener que estar escenificando estaba poniendo poco a poco peor a Hermione.

Además con el plan de Hermione de buscar en la oficina de Dumbledore se sentía como si estuviera en un callejón sin salida. No tenía ni idea de cómo volver a su tiempo. Y luego estaba la magia de la Varita de Saúco, aún dentro de ella. Hermione necesitaba investigar esa magia un poco más. Tres semanas a solas seguramente le ayudarían con eso.

Sólo necesitaba un poco de tiempo para poner un poco en orden sus pensamientos. Y sin la presión de tener que actuar normalmente en torno a sus compañeros y profesores y, por supuesto, sin tener que preocuparse de los siniestros planes de Riddle, estaba segura de que encontraría una idea de cómo salir de este período de tiempo para siempre.

—¿Conoces a alguien de Inglaterra? —. Lupin le preguntó.

—Sí —. Hermione se sentía mal por eso, pero ella sólo les mentía a sus amigos en ese asunto. —Algunos amigos de mis padres. Me quedaré con ellos durante las vacaciones.

Hermione había observado la rutina diaria de Dumbledore desde hacía algún tiempo. Y lo único que podía decir con certeza era que él era un caótico, y desorganizado anciano. A veces se quedaba en su oficina hasta bien pasada la medianoche. Lo que hacía durante esas horas Hermione no lo sabía. Probablemente estudiando un hechizo oscuro o de otro tipo. Otros días se retiraba muy temprano. En uno de esos días Hermione casi había sido atrapada. Ella lo había visto salir a eso de las nueve y luego había esperado dos horas para asegurarse de que se había ido de verdad. Entonces decidió tratar entrar a su oficina. Justo cuando ella salía de su escondite Dumbledore llegaba corriendo por el pasillo y entraba a su oficina. Justo no la había visto porque en ese momento estaba tan preocupado y metido en sus profundos pensamientos. Hermione pensó que tal vez había tenido una idea y la estaba investigando. Hermione tenía las mejores ideas cuando estaba tratando de conciliar el sueño. Pero a pesar de que pudiera entender su comportamiento en ese momento fue frustrante.

Hermione quería buscar en su oficina hoy. Tal vez todo esto era una pérdida de tiempo de todos modos y Dumbledore no tenía ninguna información sobre las Reliquias de la Muerte. Hermione no quería perder más tiempo en esto del que fuera realmente necesario.

Esa era la razón por la que Hermione estaba ahora en el pasillo a la derecha de la oficina de Dumbledore. Había decidido entrar hoy independientemente de lo que pasara. Aunque tuviera que esperar hasta las cuatro de la mañana, ella entraría a su oficina.

Hermione se apoyó contra la fría pared de piedra y trató de reprimir un bostezo. Le dolían los pies y estaba se empezando a cansar ahora. Miró su reloj: 8:34 pm Bueno, parecía que tenía una larga noche por delante. Después de otros cinco minutos se deslizó por la pared y se sentó en el suelo, dobló las piernas de modo que pudiera posar sus brazos sobre sus rodillas.

Estaba situada justo al lado de una serie de enorme armadura por lo que Dumbledore no sería capaz de verla cuando saliera de su oficina.

SI sólo saliera de su oficina, Hermione gimió para sus adentros.

Hermione fue sacada de su aburrimiento cuando oyó que pasos venían hacia ella. Su cabeza se alzó y lentamente se inclinó hacia adelante para ver más allá de la armadura. Alguien se acercaba por el pasillo, pero estaba poco iluminado para reconocer a la persona. Tal vez es sólo otro estudiante, pensó Hermione.

Cuando esa persona estuvo a sólo unos cuantos metros de ella pudo reconocerlo. Era Riddle. El corazón de Hermione comenzó a latir más rápido.

Después de que él hubiera pasado por su lado disminuyó el paso. Hermione sintió que un sudor frío corría por su frente. Para su inmenso alivio Riddle no se había vuelto hacia ella sino que estaba ante la vieja puerta de madera que conducía a la oficina de Dumbledore. Hermione no podía ver su rostro, pero su espalda recta le decía que estaba tenso. ¿Qué necesitaba de Dumbledore? Hermione sabía que estaban lejos de ser amigos. Entonces, ¿Por qué estaba Riddle ahí?

Riddle dio otro paso hacia la puerta, pero no llamó. Hermione se preguntó qué estaba esperando cuando una loca idea la golpeó. Lo que tenían que discutir tal vez valía la pena oír. Hermione alcanzó su bolsillo y sacó una vieja pluma. La sostuvo en la mano mientras ella llamaba a su magia y pensó, ¡Mutatio arachne!

Alegremente vio como su pluma se transformaba en una pequeña araña negra. Cuando la transformación se completó echó el siguiente hechizo. Este era un poco más complicado. Dirigió su magia a través de su varita mientras se tocaba los oídos y sus dos ojos cerrados antes de apuntar con la varita a la pequeña araña en la mano y pensó,

¡Esto Oculus!

¡Esto Auricula!

Estos hechizos no le llevarían más tiempo que unos pocos segundos. Después de eso dejó la araña en el suelo y ésta se fue corriendo hacia donde estaba parado Riddle. Todavía estaba frente a la puerta. Hermione le oyó tomar una profunda respiración antes de levantar la mano para llamar a la puerta.

—¡Adelante! —. la voz de Dumbledore llegó desde el interior.

Riddle abrió la puerta y entró a su oficina. Hermione observó complacida cómo la araña lograba entrar mucho antes de que la puerta se cerrara de nuevo.

Cuando la puerta se cerró firmemente Hermione apuntó la varita hacia la puerta y susurró:

—¡Infit!

Ese hechizo activaba los otros hechizos que había emitido sobre la araña. Hermione cerró los ojos y ahora era capaz de ver y oír las cosas dentro de la oficina de Dumbledore a través de la araña. Esos hechizos habían sido muy útiles en más de una ocasión. Ron los había llamado hechizos espía, recordó Hermione con cariño.

Por la araña, Hermione, notó divertida que la oficina de Dumbledore seguía siendo un desastre. Aún todos los diminutos instrumentos de plata estaban dispersos por todo el lugar. Aunque desde el punto de vista de una araña ya no eran tan pequeños. Dirigió la araña hacia un armario de aspecto antiguo y dejó que subiera un poco a la superficie. Ahora, desde ese punto tenía una perfecta vista de la oficina.

Podía ver a Dumbledore sentado detrás de su escritorio. Extendido frente a él había unos libros abiertos y pedazos de pergamino garabateados por todos lados. Pero actualmente Dumbledore no le estaba prestando atención a sus materiales de investigación. Miraba al joven que estaba de pie delante de su escritorio.

—Por favor, siéntate, Tom —. dijo Dumbledore mientras le hacía un gesto a la silla frente a su escritorio. Riddle sin decir una palabra se sentó en la silla. Tenía la espalda recta y afrontaba a su profesor con una cara en blanco.

—¿Sabes por qué estás aquí? — Dumbledore le preguntó. Hermione notó que su voz era fría y el brillo en sus ojos había desaparecido.

—Sí, señor —. Riddle respondió con una voz carente de emoción. —Usted me está castigando por cosas que nunca he hecho.

—Los dos sabemos que eres culpable, Tom —. Dumbledore fijó sus ojos en Riddle, quien ni siquiera se movió cuando esa penetrante mirada lo golpeó.

—¡No tienes pruebas! —. dijo Riddle y por primera vez la ira se mostró a través de la máscara impasible de su rostro.

Dumbledore se recostó en su silla sin dejar de mirar de manera penetrante a Riddle.

—No lo hagas más difícil de lo que ya es, Tom. Dame tu varita y entonces podrás irte.

Los ojos de Riddle se abrieron ante eso y dijo entre dientes

—¡No puedes hacerme volver allí! ¡No hasta las vacaciones del verano!

Dumbledore levantó las cejas y luego dijo con una voz fría que Hermione nunca antes le había oído hablar al profesor.

—Ya hemos pasado por esto. Ahora podrías rendirte y pasarme la varita y dejar Hogwarts para las vacaciones o me aseguraré de que seas expulsado. Es tu decisión, Tom.

La boca de Riddle se convirtió en una delgada línea y un ceño apareció entre sus cejas. Sus ojos grises ardían con un odio asesino, y estaban fijos en Dumbledore. Dumbledore por otra parte todavía lo miraba expectante, aparentemente sin verse afectado por la furia que mostraba Riddle.

Bruscamente Riddle se levantó de la silla. Miró a Dumbledore con un feroz ceño fruncido en su rostro. Hubo un momento en donde ninguno de los dos se movió. Riddle seguía mirando a Dumbledore con furia mientras que Dumbledore no se veía afectado y se limitaba a mirar a Riddle con curiosidad.

Después Riddle lentamente metió la mano en su túnica y sacó su varita. Los nudillos de su mano se volvieron blancos cuando apretó la varita. A continuación, muy lentamente puso la varita en el escritorio de Dumbledore. Durante todo el proceso Dumbledore seguía mirando a Riddle. Cuando la varita finalmente estuvo en el escritorio, Riddle se alejó unos pocos pasos sin dejar de mirar su varita blanca sobre el escritorio.

—Después de las vacaciones podrás venir a mi oficina y te devolveré la varita —. le dijo Dumbledore secamente.

La mirada de Riddle vagó de nuevo al rostro del viejo mago, sus ojos grises irradiaban una fría furia. Sin decir una palabra, se dio la vuelta y alcanzó la puerta en unos pocos pasos antes de que abandonara la oficina.

Hermione tuvo que hacer un esfuerzo para ignorar su visión ampliada mágicamente y se concentró en sus propios ojos. Sólo pudo ver cómo Riddle irrumpía por el pasillo que había venido. Entonces después volvió a su visión de araña. Dumbledore todavía estaba sentado en su mesa. Ahora sostenía la varita de Riddle en las manos y la miraba con tristeza. Después de un rato se levantó, fue a uno de sus armarios y puso la varita en un cajón. Cerró el cajón con un hechizo que Hermione no reconoció. Después de guardar la varita, Dumbledore, volvió a su escritorio y volvió a leer sus libros.

Hermione decidió dejar la oficina. Dirigió la araña bajo el armario en el cual había estada sentada. Luego, con un esfuerzo consciente volvió a regresar sus sentidos a su propio cuerpo. Abrió los ojos y vio de nuevo el oscuro pasillo en lugar de la oficina de Dumbledore. Entonces Hermione apuntó la varita hacia la puerta de la oficina y pensó ¡Finito!

Con eso se anulaba los hechizos en la araña. Y ahora una vieja pluma, estropeada y de aspecto inocente se encontraba bajo el armario de la oficina de Dumbledore.

Hermione apoyó la espalda contra la pared de piedra.

¿Qué fue todo eso?

Dumbledore acaba de quitarle la varita a Riddle. ¿Y qué dijo Riddle? —¡No puedes obligarme a ir ahí!

Con "ahí" era obvio que se refería al orfanato. Hermione estaba desconcertada. Había pensado que Riddle sólo volvía a ese orfanato durante las vacaciones del verano. Al menos eso era lo que Harry le había dicho. Sabía que Riddle realmente odiaba ese orfanato.

Por supuesto que lo hacía, Hermione rodó los ojos. Era un orfanato muggle después de todo. Y si había alguien que odia a los muggles ese era Riddle. Él debía detestar el verse obligado a vivir con los humildes muggles.

¡Cretino Imbécil!

Por lo que parecía, era una especie de castigo que Riddle tuviera que regresar al orfanato en estas vacaciones de Navidad. Riddle le había dejado su varita a Dumbledore y él iba a regresar al orfanato que odiaba. Eso significaba que Dumbledore tenía en sus manos algo en contra de Riddle. De lo contrario Riddle nunca habría seguido las órdenes de Dumbledore.

¿Qué podría ser ese "algo"? Hermione se preguntó.

¿Y no había amenazado Dumbledore a Riddle con la expulsión? Pero por qué esperaría Dumbledore. Si tenía alguna evidencia de los crímenes de Riddle, él debería expulsar a Riddle inmediatamente. Riddle era el hijo del mal. No se merecía ser un estudiante de Hogwarts. Hermione se preguntó por qué Dumbledore vacilaba. ¿Sus pruebas no le comprometían lo suficiente como para expulsar a Riddle? ¿O Dumbledore esperaba de alguna manera poder salvar a Riddle? ¿Mostrarle la luz, por así decirlo? Si eso era así, estaba profundamente equivocado, pensó Hermione. Riddle estaba más allá de cualquier ayuda.

Después de tres horas Hermione seguía sentada en el mismo lugar en el pasillo y seguía pensando en la escena que había presenciado en la oficina de Dumbledore. Reflexionó sobre las posibles explicaciones para el comportamiento de Dumbledore y los diferentes escenarios en cuanto a por qué y cómo Dumbledore había conseguido obligar que Riddle aceptara que lo castigara. A medida que el tiempo pasaba sus escenarios se hacían cada vez más improbables. Finalmente fue sacada de sus improductivas cavilaciones cuando Dumbledore salió de su oficina.

Después de que él se fuera Hermione esperó durante una hora y luego puso su plan en acción. Se levantó de donde estaba y se acercó a la puerta del despacho. Luego señaló con su varita en cada dirección del pasillo mientras murmuraba:

—¡Incipio!

Así, activaba el hechizo en la sala que había emitido anteriormente. Ellos la alertarían por si alguien venía por el pasillo. Eso le daría el tiempo suficiente para salir de la oficina de Dumbledore en caso de que regresara. Todavía se estaba arriesgando mucho. Dumbledore era un mago excepcional. Probablemente se daría cuenta de lo que Hermione le había hecho a las salas. Estaba realmente sorprendida de que no hubiera notado su araña encantada.

Así que tenía que darse prisa y terminar el trabajo aquí. Hermione apuntó su varita hacia la puerta de la oficina. Ella llamó a su magia y la canalizó mediante su varita hacia la puerta. Su magia golpeó las salas de Dumbledore como si se tratara de una barrera física. Las sondeó y se sintió aliviada al encontrar solamente un simple hechizo que antes había notado. Dumbledore obviamente no esperaba que alguien entrara a su despacho. Hermione recordó una vez más su naturaleza confiada. Pero eso no le impidió que el flujo de su magia entrara a las salas, con intención de romperlas. Después de algún tiempo ella pudo sentir el satisfactorio cambio en la fuente de su magia. Las salas habían caído.

Hermione cogió la manija y abrió la puerta de la oficina de Dumbledore. Entró y cerró la puerta detrás de ella. El ambiente relajado de la oficina la golpeó una vez más. Pero esta vez no tenía ningún sentimiento tranquilizador aquí dentro. Ella era un ladrón, después de todo, Hermione tuvo que recordarlo.

Hermione encendió su varita con un ¡Lumos silencioso! Y se dirigió hacia el escritorio de Dumbledore. Los libros aún estaban esparcidos por toda la mesa. Hermione levantó uno y leyó su cubierta, La Creación de Artefactos Mágicos y su Magia Inherente. Cogió otros libros, El Poder Mágico de los Objetos Inanimados, Modos de Transmitir la Magia.

El corazón de la Hermione ratón de biblioteca ansiaba leer esos libros, pero en estos momentos ella tenía otras cosas que hacer. Con pesar puso los libros sobre la mesa y volvió a buscar por la oficina. Se acercó a la gran estantería que cubría las dos paredes de la oficina. Necesitaría horas si quería encontrar algo por su propia mano. Hermione no estaba de acuerdo en buscar los libros mediante su magia. Ya que no sería una búsqueda suficientemente exhaustiva, pero en este momento no tenía el tiempo suficiente. Así que pensó en el tema del cual quería encontrar información.

¡Reliquias de la Muerte, Varita de Saúco!

Se concentró con mucha fuerza en ello y luego levantó su varita, apuntó al estante y susurró:

—Invenio!

Después de un rato unos cuantos libros se dispararon hacia Hermione. Su corazón se hundió cuando sólo contó tres. Ella los cogió y miró sus títulos. La decepción la golpeó al reconocer todos los títulos. Eran libros que ya había leído. Sus copias estaban disponibles en la biblioteca. A ella no le servían.

Con un movimiento de su varita los libros volaron de regreso a su lugar en el estante. Hermione se apartó de la estantería y afrontó la oficina otra vez. ¿Dónde escondería Dumbledore las cosas aquí dentro? Hermione pasó por todos los cajones y armarios que pudo encontrar, pero fue inútil. No encontró nada interesante al lado de una desagradable tetera que intentó morderle los dedos.

Bueno, cuando empecé sabía que había un riesgo, Hermione pensó frustrada mientras se sentaba en la silla de Dumbledore detrás del escritorio. No había un lugar en la oficina que ella no hubiera buscado. Bueno, aparte del cajón donde Dumbledore había guardado la varita de Riddle, Hermione no había sido capaz de abrirla. Si Dumbledore hubiera puesto algo más de magia Hermione estaba bastante segura de que lo hubiera notado. Se frotó el puente de la nariz con cansancio mientras su mirada se posaba en el cesto de basura en el suelo. Un pedazo de pergamino amarillo había capturado su atención o con mayor precisión el nombre de dicho pergamino, Flamel.

Hermione recogió el pergamino de la papelera y luego lo alisó sobre la mesa.

Albus,

¡Esto es sensacional! ¡Fenomenal! No puedo creer que esté sosteniendo este manuscrito en mis manos. ¿Cómo fuiste capaz de encontrarlo? Esto es realmente increíble. Estoy tan agradecido de que me dieras la oportunidad para estudiar esta parte de la historia mágica. Yo sé cuánto tiempo has estado buscando algo como esto. Y ahora me imagino que incluso me burlé de tu tenacidad.

Estoy seguro de que adelantará un poco más nuestro estudio. Los hermanos Peverell eran verdaderos maestros en su arte.

Tenemos que encontrarnos pronto. Tenemos mucho que discutir y sólo he leído los dos primeros capítulos.

Nos podemos encontrar en mi nueva residencia en Londres. Tengo un formidable laboratorio aquí. Es en Foxham Rd número ocho. Ven cuando quieras.

Un saludo muy cordial, Nicolas Flamel

Cuando Hermione leyó la carta una palabra le llamó la atención, Peverell. Los hermanos Peverell fueron los creadores de las supuestas Reliquias de la Muerte. Hermione podía sentir que se le paraba el corazón por un par de compases mientras procesaba lo que la carta estaba insinuando. ¿Existía un manuscrito escrito por los propios hermanos? Tenía que leer ese libro. Desesperadamente. Estaba obligada a encontrar algo dentro de ese libro que le ayudara con su situación. Tal vez ese era su billete para salir de aquí. Ella finalmente sería capaz de abandonar este periodo de tiempo y regresar a su propio tiempo. La mano de Hermione temblaba cuando agitó su varita sobre la letra de Flamel. Una copia exacta apareció de la nada. Se aferró a la carta hechizada y puso la original en la papelera. Tenía que dejar la oficina en el mismo estado en la que ella había entrado.

Salió de la oficina con la carta bien guardada en uno de los bolsillos de su túnica y cerró la puerta. Después levantó los hechizos de las salas de Dumbledore de nuevo. Él nunca se daría cuenta de que esta noche alguien había entrado a su oficina.

Hermione se despertó al día siguiente y, por primera vez desde lo que parecía una eternidad no se sintió completamente perdida. Para ella la carta que Flamel le había escrito a Dumbledore era un rayo de esperanza. Finalmente, podía ver la luz al final del túnel. Ahora su regreso a su propio tiempo no parecía tan imposible. Sólo tenía que conseguir el libro y entonces encontrar alguna información en el interior del manuscrito de Peverell que la devolvería casa.

Hermione saltó de la cama y cogió algo de ropa de su baúl. Hoy no necesita usar su uniforme ya que era el comienzo de las vacaciones de Navidad. El Expreso de Hogwarts se marcharía a las once y Hermione tenía la intención de subirse. En la carta de Flamel él le había informado a Dumbledore donde vivía. Así que lo que Hermione tenía que hacer, era ir al piso de Flamel en Londres y robarle el manuscrito.

Hermione salió del dormitorio y bajó las escaleras que conducían a la sala común. Tenía la intención de tomar un rápido desayuno y luego volver al dormitorio y empacar sus cosas. Mientras caminaba por la sala común una chica de primer o segundo año de aspecto nervioso se le acercó.

—Disculpe —. la pequeña chica hiló tímidamente.

—¿Sí, querida? —. Hermione le preguntó con amabilidad.

—El director quiere hablar contigo —. la chica dijo con voz apresurada.

El corazón de Hermione dio un vuelco al oír eso. No habrían descubierto nada de su irrupción a la oficina de Dumbledore, ¿verdad?

—¡La contraseña de la oficina del director es 'Infigo'! —. dijo la chica y luego agregó en voz baja.

—Y ... y la profesora Legifer también quiere verte.

Hermione trató de no entrar en un ataque de pánico, y le sonrió amablemente a la pequeña chica.

—Gracias, querida.

La niña asintió con la cabeza, aparentemente aliviada de habérselas arreglado para entregar el mensaje. Hermione, por otro lado, no podía aliviarse en lo más mínimo cuando salió de la sala común y se dirigió a la oficina del director.

No podían saber nada, se aseguró. No había dejado ningún rastro en la oficina de Dumbledore.

—¡Infigo! —. Hermione susurró al llegar a las gárgolas de piedra que custodiaban la oficina del director.

Las gárgolas de piedra se apartaron exponiéndole las escaleras que conducían a la oficina. Hermione tenía un nudo en el estómago mientras subía las escaleras. Al llegar a la cima de mala gana golpeó la oscura puerta de madera que conducía a la oficina de Dippet.

—¡Adelante! —. oyó la voz del director.

Hermione abrió la puerta y entró a la oficina. Todavía estaba igual que la última vez que había estado ahí. La habitación estaba ordenada, con nada fuera de lugar. La vitrina con las copas de trofeos y medallas de oro estaba imponente en una de las paredes de la oficina. El gran intimidante escritorio de oscura madera estaba en medio de la oficina, dominando el ambiente de la habitación. Detrás del escritorio, Dippet estaba sentado en una silla de aspecto cómoda. Su pelo gris estaba recortado en un corte de pelo corto, preciso y llevaba un bordado chaleco gris, bajo su negra túnica de mago. Actualmente estaba leyendo unos papeles que yacían sobre su escritorio.

—¿Querías hablar conmigo, director? —. Hermione le preguntó cortésmente.

Dippet levantó la vista de los papeles. Su mirada severa vagó sobre Hermione. Hermione estaba un poco aliviada al darse cuenta de que él fruncía el ceño, obviamente tratando de recordar quién era ella y por qué estaba allí. Entonces esto no podía ser por su irrupción en la oficina de Dumbledore.

—Ah, por supuesto, Sra. DeCerto —. dijo Dippet después de un rato con voz pomposa.

—Normalmente, su jefe de casa debería estar hablando contigo ahora. Pero, por desgracia el profesor Dumbledore tuvo que abandonar de repente Hogwarts y no volverá hasta el final de las vacaciones.

Hermione se sintió como si fuera una tarea fastidiosa la cual el director quería terminar con la mayor brevedad posible.

—Sí, señor director—. dijo ella.

Entonces Dippet cogió una pila de papeles bien ordenados y tomó uno.

Él lo leyó y luego volvió a mirar a Hermione.

—Usted está pensando en dejar Hogwarts para las vacaciones, Sra. DeCerto. Tenía la impresión de que no tenía familia aquí en Inglaterra, ¿donde tiene la intención de quedarse?

Dippet no parecía estar muy interesado en sus planes para las vacaciones. Obviamente, esto sólo era una molesta obligación que tenía que cumplir ya que ella era actualmente una estudiante de Hogwarts y el jefe de su propia casa no estaba presente para hacer la tarea por Dippet.

—Tengo algunos familiares aquí en Inglaterra, director. Volveré a alojarme con ellos durante las vacaciones —. dijo Hermione.

Dippet la miró y asintió secamente. Realmente no parecía estar demasiado interesado en la vida de Hermione ya que no hizo más preguntas.

—Muy bien, Sra. DeCerto, entonces le deseo unas vacaciones agradables. —. dijo Dippet distraídamente mientras leía otra nueva pila de papeles.

Hermione lo tomó como una señal para despedirse y le dijo:

—Que tenga unas agradables vacaciones también, señor director.

Dippet de ninguna manera levantó la vista del artículo o del anuncio, hizo como si él no la hubiera oído. Así que, Hermione salió de su oficina. Se sintió aliviada de que esto no hubiera sido por su actividad nocturna de ayer. Pero le habría puesto las cosas muchísimo más fáciles si hubiera sabido antes que Dumbledore no estaría en Hogwarts durante las vacaciones, pensó Hermione mientras pasaba por las gárgolas de piedra. Entonces no habría tenido que pasar por toda esa espera y observación de su oficina.

Hermione caminó por el pasillo. Todavía tenía que asistir a otra cita. Cinco minutos más tarde estaba ante la oficina de la profesora Legifer y tocó a regañadientes.

—¿Sí? —. Hermione escuchó la repugnante voz como respuesta.

Cuando Hermione entró se encontró a Legifer sentada detrás de su escritorio y mirando fríamente a Hermione.

—¿No debería estar sorprendida, verdad? —. le dijo Legifer reprendiéndola antes de que Hermione ni siquiera tuviera la oportunidad de abrir la boca.

La fría mirada de Legifer vagó de Hermione al reloj colgado en la pared.

—Su constante tardanza es espectacular.

Hermione alzó las cejas. Pero no señaló el hecho de que Legifer no le había dicho nada al respecto a qué hora Hermione tenía que ir a verla.

Legifer se reclinó en su asiento y sus severos ojos escanearon a Hermione de nuevo. Luego dijo con voz aguda.

—Ahora, Sra. DeCerto, su incapacidad para seguir mis lecciones es bastante alarmante.

Hermione tuvo que emplearse para tragarse el insulto que rogaba por gritarle a la profesora.

—No voy a tolerar que ninguna de mis estudiantes suspendan mi materia y no me importa cuán talentosas sean —. en este punto Legifer miró a Hermione intencionalmente

—Por lo tanto, quiero que trabajes eso durante las vacaciones.

Legifer empujó hacia Hermione un grueso libro que había estado sobre su ordenado escritorio. Hermione tomó el libro y leyó la portada tapa: Protocolos Para las Jóvenes Brujas Amas de Casa

Los dedos de Hermione temblaban de rabia contenida mientras miraba hacia abajo al pesado libro.

—Espero un resumen escrito después de las vacaciones —. dijo Legifer con voz aguda.

La mirada de Hermione vagó del libro a la profesora sentada detrás del escritorio.

—Sí, profesora —. dijo Hermione con voz presionada.

—Puedes irte entonces —. Legifer despidió a Hermione.

Hermione huyó de la oficina. Su magia había comenzado a arremolinarse dentro de ella con furia y temía que no hubiera sido capaz de controlarla por más tiempo si hubiera permanecido en la oficina.

Con el ridículo libro atrapado debajo de su brazo Hermione regresó a la sala común de Gryffindor.

¡Esa vieja estúpida!

Ahora, Hermione tuvo que saltarse el desayuno gracias a aquella malvada bruja. Todavía tenía que empacar sus cosas ya que el Expreso de Hogwarts saldría a las once en punto.

¡Uno de estos días la golpearé y luego maldeciré a esa tonta excusa de bruja!

Hermione estaba en pie, con su baúl en la mano, en el andén de la estación de Hogsmeade y miró el Expreso de Hogwarts. Se veía como siempre lo había hecho. La gran humeante locomotora, echando vapor, los vagones con los muchos compartimentos en el interior y por supuesto el caos en el andén. Todos los estudiantes con sus baúles y sus mascotas y los que no tenían. Estaban charlando y riendo y dispuestos a ir a casa por las vacaciones.

El tren, Hogsmeade y los estudiantes, todo era justo como Hermione lo recordaba en sus seis años en Hogwarts. Sería bonito tener la oportunidad de revivir esa parte de su infancia. Pero en el fondo, Hermione, sabía que, ella ya no pertenecía ahí. Estaba de pie aquí con su baúl en la mano y estaba fingiendo. No era una estudiante más, ella no era una de ellos.

—Hey, Hermione —. le dijo una voz a su lado. —¿Te pasa algo?

Hermione se volvió. Junto a ella estaba Longbottom, Lupin y Weasley. Lupin que le acababa de hablar parecía un poco preocupado.

—No, no —. dijo Hermione y trató de sonreírles tranquilizadoramente . —Estoy bien.

Longbottom frunció el ceño en el pensamiento, y de repente se iluminó y dijo:

—Pero por supuesto. Nunca has visto el Expreso de Hogwarts, ¿verdad?

Hermione estaba a punto de objetar pero recordó que él tenía razón. Hermione Granger había visto por primera vez el Expreso cuando tenía once años y esperaba con nerviosismo el viaje hacia el Castillo mágico. Pero Hermione DeCerto nunca había utilizado el Expreso ya que ella era una estudiante de intercambio de Francia.

—Es muy divertido—. Longbottom continuó con entusiasmo. —Vamos a conseguir un compartimiento y entonces podremos holgazanear un poco. Ya sabes, ¡Para practicar durante las próximas tres semanas! —. sonrió con picardía.

Hermione y los otros dos chicos sonrieron.

—Sí, vamos a hacer eso.

Apretó su agarre en su baúl y siguió a los tres chicos al tren. Holgazanear era justo lo que necesitaba hacer ahora mismo. Al menos en su viaje a Londres.

Después, tenía trabajo que hacer. Hermione planeaba conseguir una habitación otra vez en el Caldero Chorreante. Después tendría que buscar el piso de Flamel, donde, con suerte, encontraría un cierto libro que necesitaba desesperadamente.

Pero por ahora, ella disfrutaría el tiempo con sus amigos. Justo como ella siempre hacía cuando regresaba a casa en el Expreso de Hogwarts.