Notas de Autor: Sólo faltan dos, gracias al Señor. No imaginé que me iban a doler tanto los ovarios escribiendo esto, se los juro. Es corto y algo aburrido en verdad pero no me siento full inspirada para escribir algo mejor.
Premisa: Emblemas y sus opuestos. Genee
"Zurcir y remendar, y mejores tiempos esperar; y si no vinieren será lo que Dios quisiere."
Recordaba muy poco del divorcio de sus padres. Era tan pequeño y todo era una gran confusión de memorias entrelazadas sin seguir una línea definida. Sabía que habían vivido juntos sus primeros años de vida, pero la única evidencia de ello eran viejas fotografías que su madre mantenía en el pasillo, no en los estantes. Recordaba extrañar a Yamato, pero no sabía ubicar cuándo comenzó a hacerlo. Desde que tenía memoria, habían sido sólo su madre y él.
De pequeño, solía guardar la pequeña esperanza de que sus padres se reconciliarían. Pasaba semanas anticipando ocasiones dónde se verían; como su cumpleaños, o el cumpleaños de Yamato, la Navidad, el Año Nuevo. Pero sus padres casi no se hablaban y si lo hacían, usualmente discutían. Yamato se había retraído hacia sí mismo, parecía no conocerles a su madre y a él. Su padre era casi un extraño, a pesar de que Takeru trataba con todas sus fuerzas de llamarle papá. Lentamente, él también fue olvidando aquel sueño.
Pero después de aquel verano, todo cambió. Viendo hacia atrás, suponía que era de esperarse; hay ciertas experiencias de las que uno no puede salir sin ser cambiado y unirte con tu hermano para salvar el mundo es una de ellas. Yamato y Takeru no podrían haber vuelto al viejo arreglo aún si lo hubiesen intentado, y Natsuko y Hiroaki no habrían sido capaces de sugerirlo. Haber contemplado la posibilidad de perder a sus dos hijos reparó algo en ellos, también.
Takeru lo supo desde que volvieron y su padre corrió hacia él. Recordaba ver a Yamato en los brazos de su madre; ella llorando a rienda suelta y apretándolo a su pecho, él arrugando sus ropas y hundiendo su rostro en ella para esconder sus propios sollozos. Se aferró a ellos como a un vicio. Ahora que sabía lo que tenía, no estaba dispuesto a perderlo otra vez. Sabía que sus padres no se casarían de nuevo, pero eso no significaba que no serían una familia.
