Jajaja no, mi nombre no es Angela.
Los siguientes dos días fueron como mínimo tensos.
A Kate le invadían todo tipo de sensaciones cuando pensaba en la fiesta de fin de año y se comportaba extraña. Cada vez que Castle soltaba un comentario con toda la intención del mundo intentaba asesinarlo con la mirada a pesar que evitaban mirarse a toda costa.
Los ojos de él la desnudaban. Eran demasiado expresivos. Y él…la excitaba con una sola mirada.
Castle la miraba descaradamente cada vez que ella no le veía. Cada vez que su mirada se clavaba en su cuerpo…recordaba lo que era sentir su piel bajo sus dedos y el recuerdo de los gemidos de ella llegaban a su mente haciendo que su presión subiera.
No habían hablado ni una sola vez salvo algún tema de su trabajo con Alexis y llevaron a un nivel superior la estrategia de no encontrarse a solas por la casa en ningún momento.
A pesar de todo su esfuerzo; esa misma mañana sintió como sus piernas flojeaban cuando su brazo rozó el de Castle al no poder evitar compartir espacio en la cocina mientras preparaba el desayuno.
Y esa misma noche, tras la insistencia de Alexis ninguno de los dos, tras miles de excusas consiguió escabullirse.
Allí estaban ambos, uno a cada lado de la niña viendo la película que ella había escogido: Peter Pan.
Kate estaba inmóvil, tensa, cubierta por una pequeña manta sobre su cuerpo mientras Alexis estaba atenta a la película ella no podía evitar echar fugaces miradas a Castle. Y él, al otro lado de su hija, miraba fijamente la pantalla hasta que le devolvía la mirada a Kate.
No podían evitar mirarse. Ya no más. Lo habían evitado a toda costa, pero ese silencio, esa situación… ya no podían evitar buscarse con la mirada y sentir el calor naciendo en su interior lentamente.
Alexis se acomodó mientras Castle había colocado la mano sobre el respaldo del sofá. Kate deseó alargar su propia mano y tocar esos largos dedos. Se mordió el labio recordando como esos dedos la habían acariciado. Parpadeó varias veces y volvió su vista a la pantalla de la televisión intentando prestar atención a la película Disney. No podía pensar a cada rato en su encuentro con Castle, por una parte se excitaba y por la otra se atormentaba. No podía repetirse. No podía acostarse con su jefe. Si, era demasiado apuesto, pero era su jefe, y también era demasiado mujeriego. Ella no era así. No era de esas mujeres que se acostaban por que le apetecía con alguien… y temía no poder controlar sus deseos o los sentimientos que poco a poco crecían por ese hombre sin siquiera percatarse.
Alexis bostezó sonoramente y Rick se removió estirando y abriendo sus piernas levemente. Sentía que su entrepierna iba a explotar y ya no sabía cómo sentarse sin sentirse adolorido.
Sus dedos cosquilleaban por las ganas que tenia de tocar a Kate. Y justamente había estirado el brazo esperando que ella de alguna manera se acercara o incluso que también estirara el suyo y poder acariciar los dedos de sus manos. Pero ella seguía allí, rígida, lanzándole esas miradas que lo hacían estremecerse y teniendo que hacer un gran esfuerzo para no lanzarse sobre ella. Sobre todo porque Alexis seguía allí.
La niña bostezó una vez mas y él la miró.
-¿Tienes sueño, cielo?-La niña asintió con los ojos entrecerrados.
-Pero quiero acabar de ver la peli, aunque la haya visto un millón de veces ya.
-Fuiste tú quien quiso verla.
-Ya, porque me gusta. Pero es que hoy me levanté muy pronto…-Suspiró.
Escucharon las llaves de la puerta y giraron la vista.
-Oh dios, por fin en casa.
Martha que había pasado navidad y año nuevo en el loft, se había quedado unos días más, y en general a Castle le encantaba porque era de mucha ayuda con Alexis y porque además era su madre, pero en ese momento sintió como su rostro enrojecía y cogió un cojín colocándolo sobre su hinchada entrepierna enseguida.
Kate se revolvió incomoda en su asiento y miró la pantalla fijamente. Se sentía nerviosa y excitada y se moriría si Martha se daba cuenta.
-¿Qué tal la cena, madre?-Preguntó Castle con tono afable.
-Ah ya sabes, nada novedoso en realidad.- Respondió la actriz con dramatismo.- ¿Y tú estás viendo la peli o estas durmiéndote, cariño?-Preguntó riendo al ver como Alexis volvía a bostezar.
-Está que se cae del sueño.-Dijo Castle.
-Oh, pobrecilla. ¿Quieres que la yaya te cuente un cuento y te arrope cielo?
-Quiero terminar de ver la peli…
-Sabes que con ese sueño que tienes no verás nada. Anda, vamos arriba.-Estiró la mano y Alexis se puso de pie resignada.
-Lo siento papi.
-Está bien, calabacita, la vemos luego ¿sí?-Alexis asintió.
-Adiós, Kate.
-Buenas noches, Lex.- Sonrió Kate mirándola.
Cuando la niña y la actriz se fueron escaleras arriba, ambos se quedaron en silencio, mirando la pantalla en donde las vocecillas no paraban de hablar.
Kate fue la primera en mirar a su jefe, el le regresó la mirada y Kate no se dio cuenta ni cómo ni cuándo, pero ambos estaban mucho más cerca. Volvió a mirar al frente con el corazón latiéndole muy rápido y unas enormes ganas de besarlo, y pensó en decir que se iría a dormir también, pero las palabras no salieron de su boca, y lo siguiente que sintió fueron los dedos de él sobre los suyos que estaban reposando sobre el sofá. Miró hacia abajo y vio la mano de Castle rozando la suya, haciendo que pequeñas descargas recorrieran su cuerpo.
Volvió a mirarle y sus ojos azules en medio de la semioscuridad hicieron que un calor se esparciera por su vientre y que apretara las piernas, sintiéndose de pronto húmeda.
Se mordió el labio inevitablemente y su cuerpo se movió como un torbellino de fuerza y deseo, besando los labios de Castle sin poder evitar más las ganas que tenia de hacerlo.
Él recibió sus labios con un suspiro de satisfacción y sintió sus manos acariciándola enseguida.
Su boca sabía a gloria y cuando la lengua de él se juntó con la suya, Kate perdió cualquier tipo de raciocinio. En lo único que podía pensar era en tenerlo dentro, en la dureza de su cuerpo y en ese olor que la volvía loca.
Separó el beso y se miraron durante varios segundos antes de volver a besarse una vez más, con gemidos ahogados.
Las manos de Castle se metieron sin miramientos ni permisos debajo de su camiseta apretando sus pechos con manos grandes y salvajes. Ella gimió y comenzó a quitar los botones de la camisa de él que parecían eternos. Sintió como su sujetador se aflojaba y se dio cuenta de que habían sido las manos de Castle. Se lo quitó con rapidez y los dedos de él jugaron con sus pezones haciendo que ella volviera a morderse el labio con un suspiro de deleite.
Sus manos acariciaron el pecho de su jefe mientras su lengua volvía a jugar con la de él, bailando una danza erótica dentro de su boca.
Castle sintió como las manos de Kate lo empujaban con fuerza hasta que su espalda quedó recostada sobre el sofá. La vio quitándose los vaqueros con urgencia y su prominente erección presionó sus pantalones, deseosa de ser liberada y complacida. Su polla pedía a gritos salir, necesitaba ser liberada y necesitaba estar dentro de la mujer que se estaba colocando a horcajadas sobre él solo con unas pequeñas bragas de por medio.
Sus pequeñas manos comenzaron a quitar el botón de sus vaqueros hasta que su erección quedó más libre, presionando con fuerza los bóxers. Kate miró con ansia como su polla se marcaba y la acarició con una mano sobre el fino algodón, parecía estarse relamiendo, emocionada por lo que se aproximaba. Y en realidad lo estaba. Estaba ardiendo, estaba mucho más que excitada, y recordar como Castle la había llenado con todo su tamaño y su grosor y como la había hecho vibrar de una manera completamente alucinante, la hacía temblar de emoción y excitación.
Entonces comenzó a rozar su humedad contra su dureza, sin piedad, sin escatimar en sus movimientos sensuales y eróticos, haciendo que él aguantara la respiración y la mirara hipnotizado. Era casi doloroso, el deseo, las ganas y la necesidad que tenia de Kate, de hacerla suya, lo estaban matando.
Levantó la pelvis al mismo tiempo que ella se frotaba, mientras sus manos se metían de nuevo por debajo de la camiseta de ella, acariciando su piel que se sentía caliente bajo sus dedos y sus pechos que tenían un tamaño perfecto para caber dentro de sus palmas.
Ella acercó su boca y Castle no perdió la oportunidad para devorarla, mordiendo sus labios, acariciándolos con su lengua. Kate gimió bajito y él la tomó por la cintura mientras ambos seguían moviéndose y mirándose directamente a los ojos.
Kate miró de reojo hacia las escaleras y Castle estiró la mano cogiéndola por el cuello para volver a besarla con desenfreno. Sentía la polla tan dura como una pared de hormigón y que Kate la acariciara con sus pliegues húmedos, no ayudaba.
Metió la mano entre ambos y liberó su pene de su prisión, haciendo que Kate se detuviese mirando con deseo su miembro y luego mirase nerviosamente hacia las escaleras una vez más.
Sabían que lo que estaban a punto de hacer era de lo más escandaloso, pero no podía evitarlo, y realmente, el hecho de hacerlo allí, en medio del salón, los excitaba. Castle estiró la mano buscando el control remoto debajo de ambos, apagando el maldito televisor del que no dejaban de salir voces, voces que no tenían nada que ver con lo que estaba pasando allí en ese momento, en el que lo único que importaba era el deseo que ambos sentían.
Lo siguiente que supo era que Kate estaba sentada sobre su erección, succionándolo y que su humedad lo absorbía con decadencia. Ambos gimieron por la fricción y ella volvió a besarlo mientras sus uñas raspaban su pecho desnudo con desesperación.
Sus manos se aferraron a su cintura y Kate comenzó a moverse más y más rápido. Sus gemidos se hicieron más audibles y él le tapo la boca con una mano, siseando para que no gimiera tan fuerte.
Ambos se miraron llenos de pasión, y cuando él apartó la mano una sonrisa se formó en el rostro de ella haciéndolo sonreír también, sintiendo lo delicioso que era estar en su interior, lo magnifico que era tenerla encima, cabalgándolo con esa facilidad y con esas sensualidad que nunca había visto en ninguna otra mujer.
Kate Beckett sabia, olía y se sentía delicioso. Nunca antes una mujer había hecho que su polla se sintiera como si estuviera a punto de estallar, a punto de pulverizarse hasta quedar reducida en cenizas por el calor de su humedad.
Ella comenzó a moverse lento y eso lo hizo enloquecer. Volvió a levantar la pelvis para sentirla más profundamente y eso hizo que ella gimiera ahogadamente, mientras estiraba el cuello y arqueaba la espalda.
Esta vez fue él quien miró hacia las escaleras para percatarse de que no se acercaba nadie, y cuando vio todo en orden, volvió su atención a su guardaespaldas. Sus mejillas estaban sonrosadas y su pelo, recogido con una trenza, estaba ahora desarreglado.
Sus manos se aferraron a su glúteos y comenzó a mover la cadera hacia arriba de forma rápida. Sus respiraciones se hicieron más audibles y entrecortadas y el choque de sus pieles rompió el silencio del salón. Ella volvió a gemir y los dedos de él volvieron a sus labios, apremiándola para que no hiciera ruido.
Kate miró una vez más hacia la escaleras y se mordió el labio sintiendo como el final se acercaba, como todo ese delicioso remolino de placer se acumulaba en su vientre, y como los músculos de su entrepierna comenzaban ya a dar señales de que el clímax no tardaría mucho en devastarla.
-¡Oh dios!-Gimió sin poder callarlo.-Si, si, oh dios, Castle, si.
-Shhh.-Rió él, excitado y divertido.
Rick la atrajo hasta su boca para acallarla y su lengua hizo que ella se corriera sin más, con contracciones deliciosas que hicieron que todo su cuerpo convulsionara y que su humedad apretara con fuerza el miembro de Castle, quien también se corrió gracias a esos movimientos alrededor de su miembro, que se sacudió con fuerza durante varios segundos.
Levantó una vez más la cadera sin dejar de devorar sus labios y un gemido grave se escapó de su garganta.
Finalmente, ambos se quedaron inmóviles durante un par de segundos, extasiados y satisfechos.
Kate levantó la vista y ambos se miraron sin decir nada más. Con anhelo y devoción. Él volvió a besarla y ella dejó que él lo hiciera durante varios segundos. Pero luego se puso de pie colocando las bragas en su lugar, cogiendo sus vaqueros y caminando hacia su habitación con paso rápido, sin siquiera dar un vistazo atrás.
Castle se quedó allí en el sofá aun respirando con dificultad, con la polla semi-erecta y con sus ganas por Kate intactas.
Castle leía las noticias desde su tablet, sentado en el taburete frente a la isla de la cocina, mientras su madre se preparaba un batido. Alexis y Kate aún dormían.
Castle bostezó.
-¿Te quedaste despierto hasta muy tarde?-Martha se giró bebiendo su batido de verduras y frutas y se sentó frente a su hijo, que de vez en cuando daba un bocado a sus tortitas y bebía un café bien cargado.
-No mucho más...
-Ya... no mucho más-dijo la pelirroja con intenciones-Sabes hijo, no sé...que es más locura... acostarte con tu empleada, o que lo hagas enmedio del salón.
Castle la miró con sorpresa y entreabrió la boca varias veces intentando contestarle, sin saber que decir ante aquella directa de su madre.
-Madre...
-¡¿En que demonios piensas, Richard?! ¿Y si en vez de despertarme yo y querer bajar a por un vaso de agua, llega a ser tu hija de ocho años?
-Yo...nosotros...
-Tienes 35 años... eres un irresponsable...y con tu empleada...
-Tu lo has dicho, soy un adulto...
-Un adulto que piensa con el pene...-suspiró- ¿No podías ir a tu habitación?
-Fue ella-se excusó- ella me besó y yo...no pude resistirme...y...-sonrió con arrogancia-.
-Richard...¿Y en la fiesta? ¿También fue ella?
Castle volvió a abrir los ojos como platos, sorprendido.
-¿Cómo sabes... que en la fiesta yo...?
-Angela me contó.-dijo Martha.
-Angela no puede callarse...-Rick miró a su madre, y pensó en si Angela también le contó como había perdido la virginidad su hijo. Movió la cabeza borrando esa imagen de su cabeza.
-Mamá... escucha...
-Richard.-Martha tomó la mano de su hijo entre las suyas- Yo sé...Kate es preciosa, tiene diez años menos que tu lo cual lo hace el doble de atractivo, pero ella es diferente...
-Por eso mismo...
-Tu no eres un hombre...que se conforma con sólo una mujer...-Castle frunció el ceño, menuda imagen tenía su madre de él- y ella está aquí para protege a Alexis ¿Recuerdas?
Castle asintió y suspiró. Su madre tenía razón. Él sabía que Kate le caía bien a su madre pero sabía que la conversación que estaban teniendo era por el bien de todos...y al fin y al cabo, sólo se habían acostado dos veces, no habían hablado...si no hablaban del tema y hacían como si no hubiera pasado, nada cambiaría... y menos si no volvía a pasar.
Lo complicado era, que temía no poder controlarse y que hubiera una tercera vez.
-No lo estropees... Si juegas con fuego...-Martha hizo una pausa- Podrías dañarla a ella...a Alexis, incluso tu podrías salir mal parado.
Su madre le miró una última vez antes de que sonara su móvil y se perdiera en una conversación de trabajo, que terminó unos treinta minutos después cuando Kate y Alexis bajaban las escaleras, ambas en pijama para desayunar.
-Alexis, cariño, ¿Cómo vas en el colegio?
-Muy bien, ¿Por qué, papi?
-¿Te gustaría acompañarme a un pre estreno pasado mañana en Los Ángeles? Estaremos unos días y tendrás que faltar a algunas clases...
A la niña se le iluminó la cara. Adoraba acompañar a su padre a Hollywood por que siempre la llevaba a algún parque de atracciones y a la playa, y hacia que los días que pasaba en California fueran siempre divertidos, e incluso, si daba tiempo siempre visitaban a su madre, claro que esta vez... Meredith estaba de viaje en Europa con su novio.
-¡Siiii!
Alexis se abrazó a su padre y éste miró a la guardaespaldas de su hija, que evitaba el contacto visual a toda costa.
-Ya lo has oído, Kate... Nos vamos a Los Ángeles.
Kate tragó saliva y asintió con bastante desgana. Lo último que deseaba en ese momento era ir a Los Ángeles con él. Pero... era trabajo.
Castle sopesó contarle que debería acompañarlo al preestreno con un traje de gala, pero decidió que lo mejor sería avisarle de las noticias con cuentagotas para no saturarla.
