Sala del abrazo oscuro
Un viento helado empezó a soplar proveniente del norte. Las hojas de los arboles comenzaron a caer de manera abundante, dando giros remolinantes con el vaivén del viento, al igual que las frágiles ramas de donde provenían estas se movían sin cesar. Los cabellos plateados del cazador vestido de rojo volaban hacia un costado, cubriéndole el rostro; un rostro lleno de confusión.
La sorpresa del peliblanco parecía reflejada en los ojos del tipo de gabardina negra, ya que ambos se miraban el uno al otro totalmente atónitos. Dante dio un paso al frente, un paso largo y firme. Entonces, armándose de valor, abrió la boca para dejar escapar lo único que su corazón le dejaba pronunciar.
—Vergil… ¿Qué…? —sin embargo no pudo seguir, enmudeció completamente.
El hombre frente al cazador seguía parado sin hacer nada, sin siquiera contestar. Después de casi un minuto así, el hombre de gabardina negra hizo un gesto con la mano que sostenía su espada. Lo que vino después fue tan rápido que ni siquiera el propio Dante fue capaz de comprenderlo del todo.
El hombre misterioso sostuvo fuerte su enorme espada entre sus manos, entonces tomó posición ofensiva, y de la nada corrió tan rápido que en cuestión de unos pocos segundos se encontraba detrás del peliblanco, arremetiendo contra él.
Un fuerte dolor quemante emanando de su espalda fue lo que sintió el cazador, segundos después de haber observado al hombre de la gabardina. El peliblanco recibió dicho golpe con sorpresa, pero eso no lo detuvo para darse la vuelta y arremeter con la misma fuerza contra su atacante. El hombre de la gabardina no tuvo ni la suerte ni la agilidad para esquivar el ataque del cazador.
El semi demonio sostenía su espada de manera en que pudiera bloquear cualquier ataque. El hombre de la gabardina comenzó a jadear, mientras sostenía la herida hecha por el cazador en su pecho. Los truenos emergentes del oscuro cielo parecían hacerse más potentes, entonces finas partículas de humedad empezaron a descender de lo alto.
—Tú—dijo al fin, el misterioso hombre de la gabardina—… eres un… demonio.
Ahora todo había cambiado por completo. La voz de ese hombre era demasiado grave para pertenecer a su hermano, además de que parecía no conocerlo, hecho por el cual lo llamó "demonio". El cazador elevó una sonrisa amarga. ¿Cómo pudo creer que se trataba de Vergil? Fue todo un momento de confusión, causado por la sorpresa de ver a ese hombre armado en ese mismo lugar. Solo por los vendajes que lleva en su rostro, pero eso no significa nada. Hacía ya muchos años atrás, antes de tener su negocio, incluso antes de obtener sus pistolas gemelas, Dante había conocido a un joven mercenario al igual que él. Este susodicho se hacía llamar "Gilver", llevaba consigo una katana, vendas blancas en todo su rostro, y un mal genio. No fue hasta después de una tragedia que Dante descubrió que Gilver era su hermano Vergil. Pero este hombre… no se parecía en nada ni a Vergil ni a Gilver, este hombre desconocido parecía no conocerlo. Y al parecer, tampoco era un demonio. ¿Cómo fue que llegó a pensar que era su difunto hermano, si el hombre frente a él es un humano?
— ¿Qué es lo que quieres conmigo? —preguntó el peliblanco, con fastidio.
El hecho de que el hombre de la gabardina no fuera su hermano… era algo que lo hacía sentir confundido. ¿Cómo pudo pensar que un humano, de aspecto tan débil y deplorable, era su hermano? Sobre todo cuando Vergil era uno de los seres más poderoso que había conocido a lo largo de su vida. Pero aún más importante, no podía serlo por el simple hecho de que Vergil estaba muerto, de lo cual el cazador se sentía totalmente culpable.
En definitiva, ese hombre era un completo extraño. Un humano armado con una poderosa espada que emanaba poder demoníaco. Un enemigo.
—Acabaré contigo Demonio —gruñó el ensombrerado.
Entonces sacó del bolsillo interior de su gabardina una pistola colt negra con adornos de madera. Dicho acto hizo al semi demonio regresar a su posición en guardia, postura que había perdido sin enterarse. "En definitiva no eres Vergil" pensó al ver el arma de fuego en las manos del ensombrerado.
Un disparo resonó por todo el oscuro callejón. El cazador dirigió su vista hasta su tórax izquierdo. Chorros de sangre provenían de la herida causada por la bala.
—Muy cerca del corazón, te felicito —dijo el peliblanco, en tono de burla—. Lo siento, pero no es suficiente.
El cazador dirigió sus manos hasta detrás de su espalda, sacando de entre sus fundas a Ebony & Ivory. Entrelazando sus brazos, uno encima del otro, el semi demonio apunto los cañones de ambas pistolas hasta su atacante.
—Ahora dime, ¿Qué es lo que quieres? —preguntó el hijo de Sparda, con voz seria.
—Solo quiero deshacerme de ti, escoria —entonces el ensombrerado apuntó su arma, igualmente hasta su agresor—, de ti, y de todos los demonios. ¿Qué me dices de ese chico peliblanco con el brazo demoníaco?
— ¿Qué quieres con él? —preguntó sorprendido— ¿Acaso lo conoces?
El desconocido elevó una media sonrisa, la cual se distinguió a través de sus vendajes.
—Claro, lo he visto, pero con él no quiero nada —gruñó—. Quiero algo que él posee.
—Entonces dime, ¿Qué es lo que quieres de él?
—Esa espada que lleva consigo, esa hermosa y poderosa katana.
Aquello hizo que el corazón del cazador temblara, haciéndolo a él estremecer por completo.
— ¿Tú la tienes? ¡Regrésala ahora!
Dicho comentario pareció hacerle gracia al ensombrerado, ya que empezó a reír por lo bajo.
—Pero que estúpidos son, no pudieron siquiera evitar el robo de una espada —se burló—, ni siquiera ser un par de asquerosos demonios los ayudo a resguardar un viejo pedazo de metal.
— ¡Cállate! —gruñó el cazador— no hables así del objeto más preciado de mi familia.
—Entonces tú y ese fenómeno peliblanco son familia —comentó, aún con burla—. Claro, ¿pero cómo no?
—Eso no es asunto tuyo, ahora dime ¿Qué sabes de Yamato? ¿Tú la tienes?
El desconocido volvió a reír, ahora a todo pulmón.
— ¿Esa cosa tiene nombre? —volvió a estallar en carcajadas.
—Contesta ¿Tú la tienes? —con tono serio en la voz.
El hombre de la gabardina paró de reír en seco. Entonces dirigió su mirada hasta las pistolas del cazador, mirándolas con curiosidad.
—Y, que me harías si no te lo digo, ¿me dispararías? —preguntó con sarcasmo.
Entonces otro disparo resonó por el callejón. Ahora el receptor había sido el ensombrerado, el cual se sostenía con fuerza el lugar donde le había atravesado la bala.
—Ese mocoso es tan descuidado —jadeó, después de lanzar un gemido—. Nunca salía con la katana, entonces aproveche la oportunidad y entre a su absurdo local, para obtenerla —se detuvo por un momento, el dolor lo obligaba pausar—… pero esa vez, ese estúpido la llevaba con él, y en su lugar había dejado esa ridícula espada roja que siempre carga.
El hijo de Sparda crispó el rostro con fuerza, recordando la vez en que el joven albino le había contado del intento de robo de Yamato, razón por la cual ahora no salía sin ella.
—Con que fuiste tú —susurró por lo bajo—… pero dime ¿Tú la tienes?
—Eso —comenzó, jadeando y oprimiendo su hombro derecho—… eso es algo que solo sabrás… una vez que me mates… demonio.
La fina llovizna que había empezado a caer al inicio del encuentro, ahora se había convertido en un poderoso aguacero. Las enormes y gruesas gotas de agua caían sin cesar por todo el callejón, haciendo un ruido estruendoso al estallar en el concreto.
—No lo entiendo… ¿Para que querría un humano esa espada? ¿Por qué quieres tú esa espada?
El hombre misterioso lanzó un pequeño intento de risotada por lo bajo, la cual le era pausada por el dolor que sentía.
—Poder —dijo por lo bajo, en un tono casi inaudible—, necesito más… poder.
Dante sintió como su corazón se detuvo por un segundo. La sangre se le helo de repente. Una gota de sudor empezó a descender por su sien. Parecía haber perdido todo rastro de color en el rostro. Esa frase "necesito más poder", era característica de su hermano. La falta de poder, fue lo que en un principio lo hizo ser como era. El hecho de escuchar esa frase de nuevo…
El agua había cubierto a ambos hombres por completo. El cazador sentía como el cumulo de agua en su ropa lo hacía parecer más pesado. Las vendas del ensombrerado empezaban a decaer de poco, solo en su lado derecho del rostro.
—Yo… te destruiré… demonio —gruñó el hombre misterioso.
Aquella situación hacía enfurecer al hijo de Sparda. Ahora solo podía pensar que ese hombre tenía a Yamato, y quizá estaba involucrado con en ascenso de la Temen-Ni-Gru de vuelta en la tierra. De algo podía estar seguro, ese hombre, era su enemigo.
Dante volvió a guardar sus pistolas para desenvainar a Rebellion. Una vez en sus manos, la sostuvo con fuerza y decisión.
— ¿Crees poder conmigo, humano?
El ensombrerado repitió el acto del cazador, guardando su pistola y sosteniendo su enorme espada entre sus manos. Ambos se miraron con ira, una que parecía incontrolable. Entonces la batalla se desató.
Ambos corrieron al mismo tiempo, uno contra el otro. Al encuentro ambos levantaron sus espadas y arremetieron contra el otro, haciéndolas chocar entre ellas.
—Linda espada —comentó el cazador, haciendo fuerza contra el ensombrerado.
—Gracias, la conseguí en lo más profundo de tu hogar —contestó el hombre misterioso, con el mismo tono de agobio en la voz—… el infierno.
Ninguno parecía tener intención de rendirse, ya que ninguno movía su espada ni un centímetro. Eso terminó por convencer a Dante de que ese tipo era un enemigo. Decía haber conseguido su espada en el mundo demoníaco, y tampoco conseguía hacerlo mover un centímetro, por más fuerza que pusiera en su ataque. Quizá eso se debía a que el arma de su atacante poseía esa extraña aura demoníaca que despiden todas las armas conseguidas en el mundo demoníaco. Obviamente era un arma demoníaca, conseguida en el mundo demoníaco, y conseguida por ese mismo hombre. Solo alguien que desea poder para destruir, solo esa clase de humano se animaría a adentrarse en lo profundo del infierno. Pero una duda seguía vigente en la mente del cazador. ¿Cómo un humano consiguió ir al mundo demoníaco? ¿Por qué puerta consiguió entrar… y salir?
Solo una cosa era segura.
—No te dejare hacer ningún daño —gruñó el peliblanco—, antes… te matare.
Un fuerte estallido resonó a lo lejos, al parecer, un trueno. La silueta de la luna brillaba con tal intensidad a lo alto del cielo, algo totalmente extraño, ya que era de mañana. Las gotas de lluvia se tornaban cada vez más intensas, y los vendajes en el rostro del hombre misterioso se hacían cada vez más holgados.
Ninguno de los oponentes se atrevía a ceder, por lo que ambos lanzaron sus espadas hacia atrás, deshaciendo el contacto. La fuerza que emanaron ambas espadas al deshacer el ataque, fue tal que los lanzó más lejos de lo que hubieran pensado. Ambos permanecían alejados, uno enfrente del otro. Sus miradas eran de odio.
— ¿Qué tiene que hacer alguien como tú en Fortuna? —preguntó el cazador, con rudeza.
—Este es mi hogar, el que yo escogí —respondió con frialdad.
Algo llamó la atención del cazador. Del sobrero del hombre misterioso podían verse sobresalir pequeños mechones de cabello. No podía distinguir el color, ya que el lugar estaba demasiado oscuro, y el hombre demasiado lejos.
El ensombrerado volvió a levantar su espada, entonces la ondeó en el aire de tal manera que pareció haber dibujado una letra "Z". Por un par de segundos nada ocurrió, hasta que el cazador empezó a sentir un dolor quemante en todo su pecho y abdomen. Líneas de sangre se dibujaron a través de su ropa. Intentó ignorar ese molestar, pero ahora estaba seguro de que el arma era demoníaca. El ensombrerado empezó a correr en dirección al peliblanco, con su espada en posición de ataque. El cazador frenó el ataque de la enorme espada con un costado del cañón de Ivory, la cual había tomado de su funda con anterioridad, al prevenir el ataque. Sin soltar a Ivory, y sin deshacer el contacto con la espada de su atacante, Dante sacó rápidamente a Ebony de su funda por detrás de su espalda, y la apuntó a la frente del ensombrerado.
Pero algo lo hizo frenar en seco. Antes de siquiera pegar la punta del cañón en la frente de su atacante, pudo visualizar el color de los mechones de cabello que sobresalían de su sombrero. Ese color, el color de su cabello…
—Tú —comenzó Dante con voz temblorosa y quebrada—… tú…
Plateado, ese era el color del cabello de su atacante, blanco platinado. Una terrible coincidencia que no lo iba a dejar seguir tranquilo. O quizá, no era una coincidencia…
— ¿Qué pasa demonio? —interrumpió el ensombrerado, con tono de burla.
El cazador extendió su pierna de modo en que pegó una potente patada en el abdomen del hombre misterioso, lanzándolo lejos. Otra vez yacían separados el uno del otro, pero a la lejanía aún eran visibles los mechones del ensombrerado, al igual que la sorpresa del semi demonio.
Ahora todo era tan confuso. El cabello de ese hombre, lucía largo y platinado. Una gran coincidencia. Otra vez la misma duda de ates volvía a brotar en la mente del caza demonios. ¿Podría ser, ese hombre misterioso… su hermano Vergil?
—Hey, sé que no nos hemos llevado muy bien hasta ahora —gritó el semi demonio, al otro lado del callejón—, pero quiero que me diga una cosa.
— ¿Qué podría querer un asqueroso demonio como tú de mí?
—Solo una cosa —dijo con pesadez—… tú nombre.
El ensombrerado parecía analizar la propuesta, no se veía muy convencido. Entonces ladeó su cabeza de un lado para otro, en gesto de negación.
—No —bramó—, no hay razón para que conozcas mi nombre, después de todo no llegaras vivo después de esta noche.
Entonces el tipo de la gabardina volvió a sacar su arma de donde la tenía escondida, y comenzó a lanzar disparos ciegos en dirección al cazador. Este los esquivaba con suma facilidad, aunque un poco pesado por el agua que sus ropas almacenaban. Entre los disparos y la huida, Dante no dejó de insistir.
—Solo quiero saber tu nombre —pidió—. Si me lo dices, te dejare vivir.
—Yo no tengo un nombre —gruñó el ensombrerado, al momento que se movía de un lado al otro, intentando atinar al cazador.
— ¿Dónde he oído antes? —se preguntó a sí mismo con tono de ironía, elevando una amarga sonrisa—, bien entonces tienes varios nombres ¿he? Okey, ¿Y cómo debo llamarte?
—Ya te he dicho que no tengo nombre —contestó el hombre misterioso, cortante.
Los disparos seguían y nada pasaba. Los cartuchos del colt del desconocido parecían tener municiones interminables, al igual que las pistolas de Dante. Entonces el susodicho comenzó una lluvia de balas también. Pero su ataque, más que para herir al desconocido, era para interceptar sus balas.
—Vamos, solo quiero saber quién eres —pidió el cazador, sin parar de disparar.
—Solo alguien con muy mala suerte —contestó con pesar—, pero también soy quien te destruirá.
El agua afectaba dramáticamente las vendas del ensombrerado, ya que ahora estaban a solo un rozón de ser arrancadas totalmente. Dicho ensombrerado corrió en dirección al cazador, aun disparando, entonces este lo recibió con otra patada, lanzándolo al suelo. El desconocido se puso de pie rápidamente, dejando tirado atrás su sombrero empapado, y volvió a arremeter contra el semi demonio, el cual esta vez no tuvo tanta suerte, ya que el hombre misterioso logró darle un fuerte y certero golpe en la mandíbula con el mango de su pistola. Dante cayó fuertemente de espalda contra el piso, entonces el desconocido se lanzó sobre él, apretando sus piernas contra los costados de este, para evitar que se levantara, y sin decir nada comenzó a golpearlo en el rostro.
—Yo me encargaré de que mueras, demonio —bramó con enojo.
El cazador no podía hacer nada, su cuerpo no le respondía. Fácilmente podía sacárselo de encima y con un golpe sin falla, destrozarlo en mil pedazos. Pero no. Su cuerpo permanecía quieto, inmóvil, petrificado totalmente ante la visión frente a él.
Ahora el rostro del ensombrerado era más visible que antes. Toda una mitad de su rostro carecía de las vendas que llevaba, mostrando así esa parte de su rostro en su totalidad. Las vendas sobre su cabeza ya no existían más, y sin el sombrero, todo su cabello estaba al descubierto. Largos mechones de cabello blanco caían en cascada desde la cabeza de su atacante. Los golpes que recibía, cada vez con más intensidad, no le permitían contemplar al hombre sobre él con facilidad, pero aun así podía distinguir bien. Si, definitivamente tenía cabello largo, blanco y lacio. Entonces el desconocido se detuvo en seco, con uno de sus puños en alto y frente al rostro del cazador.
— ¿Por qué…? —comentó, confuso— ¿Por qué no haces nada?
Un potente y brillante rayo sobrepasó por encima de ambos hombres, lo que le permitió a Dante contemplar al hombre frente a él en su totalidad.
Un viento helado se sintió, o quizá su sangre enfriándose bajó su piel, no estaba seguro. El cazador se estremeció ante lo que vendría después. Con un movimiento calmo, estiró su mano derecha hasta el rostro de su atacante. Este no hizo nada, parecía igual de asombrado, pero por la rareza del asunto. Los dedos fríos del cazador se enredaron entre las holgadas vendas que su atacante aún conservaba. Entonces, con lentitud, retiró sus dedos del rostro de hombre frente a él, llevándose consigo los pocos vendajes que quedaban.
Otro viento helado, este si producto del ambiente. Sintió como su corazón bombeaba más rápido de lo normal. Una lágrima fría, solo una, cayó por la mejilla derecha del cazador. Sus ojos azules se iluminaban ante su visión, la visión de un hombre exactamente igual a él frente a su persona.
Pero la expresión del hombre frente a él era burlona. Entonces, dicho hombre levanto su puño en alto, y volvió a arremeter en contra del cazador. Este seguía sin poder mover un dedo. Su mente parecía perdida en otro lugar, un lugar muy lejano, en su mente. Las reflexiones inundaban su cabeza. Las voces de la razón no lo permitían estar atento a lo que vivía en el mundo real. "Estúpido" "Débil" "Te mataré" era lo único que escuchaba provenir de la realidad, como si fueran distantes susurros. Dante no podía contestar ante aquellos insultos, su mente estaba perdida en sus pensamientos.
—"He esperado por esto… tanto tiempo, y ahora… ¿Por qué? ¿Por qué intentas acabar conmigo de nuevo? Creí que habías aprendido algo… hermano… pensé… que no me odiabas más"
El cuerpo del caza demonios seguía inmóvil, como piedra. Pero mientras su mente seguía hundida en sus pensamientos, su cuerpo empezaba a resentir los golpes de su atacante, haciéndolo sangrar.
—"Tantas preguntas que hacer —continuó con sus pensamientos—, pero tú, solo pareces concentrado en destruirme, insultarme… no te importa que sea yo… a quien no has visto desde hace tanto. Pero claro, yo acabé contigo, quieres acabar conmigo. Entonces, ¿Por qué me avisaste de tu llegada? Porque ahora lo entiendo. Esos sueños, no predecían la llegada de Temen-Ni-Gru, sino la tuya. Claro, por eso nunca, durante todo este encuentro te interesó quien era yo, si ya lo sabías. Pero ¿Tú eres el responsable del acenso de esa torre? ¿Cómo es que regresaste? ¿Por qué me atacas? Son tantas preguntas… pero la más importante…
—Vergil… ¿estás bien?
Aquello hizo a su atacante detenerse en seco. Dante había sacado fuerzas de quien sabe dónde, y había logrado formular una pregunta, antes de perder el conocimiento. Pero la duda brotaba en el hombre frente a él.
En su inconciencia, la mente de Dante parecía sumergida en un mar de recuerdos oscuros y vagos. Lo primero que vio fue a un par de niños idénticos, jugando entre ellos. Una gran torta de cumpleaños reposaba sobre la superficie de una mesa. Una mujer alta, rubia y delgada se acercaba a los niños con un par de medallones rojos en las manos. Uno para cada uno. Sonrisas y jugueteos ente ambos niños, peleando por quien tenía el medallón más genial. Entonces todo se oscureció. Un hombre de aspecto frío, con mirada gélida, cabello blanco severamente peinado hacia atrás, gabardina azul y una fina katana, fue quien ocupó el lugar donde antes estaba uno de los pequeños peliblancos. Un hombre de aspecto despreocupado, cabello blanco y lacio, gabardina roja y pistolas gemela en mano fue quien ocupaba el lugar del otro niño.
Sombras aparecieron por todo el lugar, y las escenas cambiaban como si de una presentación en diapositiva se tratara. Pedazos de encuentros llenos de insultos, peleas a palabras, y por último, peleas a morir. Todo eso sucediendo entre ambos gemelos, que hasta hacía unos momentos parecían los hermanos más ejemplares. Con cada nueva imagen un viento helado soplaba como llevándoselas. Entonces llegó una imagen, la más drástica de todas. El gemelo de azul, clavando al suelo con una enorme espada al gemelo de rojo…
En el mundo exterior, Dante yacía bajo su atacante, inconsciente. La lluvia parecía haber borrado todo rastro de sangre en su rostro, pero el hombre dispuesto a golpearlo no lo hacía. Rayos intermitentes empezaron a emanar de los brazos del caza demonios, quien de pronto había apretado los puños con fuerza. Una enorme y despampánate luz sobresalió de todo el cuerpo de Dante, tirando de encima a su agresor. Dante había recuperado la conciencia, y ahora estaba de pie, pero con un aspecto totalmente distinto al que tenía antes de desfallecer. Ahora se encontraba en modo Devil Trigger. Su cuerpo de demonio emanaba rayos por todo su ser, al igual que un aura aterradora. Sus ojos reflejaban ira, rabia, deseo de destruir, todo eso dirigido hacia el hombre tirado frente a él.
De pronto, el cazador perdió su transformación, volviendo a su forma humana, pero ya sin herida alguna. El hombre tirado frente a él lo miraba con el mismo odio correspondido, pero sin miedo.
Dante se agachó para recoger su espada, la cual estaba cubierta de lodo. Entonces, una vez con el arma en las manos, ocurrió lo que él mismo jamás creyó sucedería nunca.
El rostro del antes ensombrerado se tornó pálido, sin color alguno, mientras que su expresión era de total confusión. Un charco de agua roja se formó bajo la humanidad de este, extendiéndose hasta los pies del caza demonios. Dante lo miraba con ojos severos, con una expresión totalmente gélida y sombría.
Apretó con más fuerza la empuñadura de Rebellion, empujándola más adentro. Solo se podían oír los gemidos del otro peliblanco. El filo de la poderosa espada se hundía cada vez más y más en el abdomen del hombre tirado en el suelo, a tal grado que la punta del filo logró atravesar el duro concreto.
El hombre no podía siquiera emitir palabra, la sangre atorada en su garganta no se lo permitía. Entonces el caza demonios lo miró y dejo ver una sonrisa de júbilo.
— ¿Recuerdas esto, Vergil? —dijo con burla.
Después de hundir un poco más el filo de la espada, Dante la retiró con brusquedad. El otro peliblanco solo tomaba su abdomen entre sus manos, intentando frenar el mar de sangre.
Una vez con su espada en sus manos, el cazador la zarandeo de manera en que toda la sangre se resbalara del filo. Entonces la colocó tras su espalda, y después se agacho para recoger sus pistolas, las cuales habían quedado tiradas.
—Cuando estés listo, búscame —alegó el caza demonios, con frialdad—, te estaré esperando.
El hombre permanecía en el suelo, malherido, aún sin poder pronunciar ni una palabra, solo estiraba su mano hacia el cazador. Por un momento creyó que lo hacía en busca de ayuda, pero luego se dio cuenta de que lo hacía para alcanzar su espada, que estaba tirada a un lado. Al no poder hacerse de la espada, regresó su mano hasta su abdomen.
—Te mataré… demonio —gimió.
Entonces sus ojos se cerraron, y sus manos cayeron a sus costados.
—Como dije… te estaré esperando, Vergil —finalizó el cazador.
El peliblanco se dirigió a la entrada del callejón, dispuesto a salir, no sin antes voltear a ver en dirección al cuerpo que yacía inconsciente sobre el pavimento. Una sonrisa sombría se asomó en su rostro. "Pensar que así me veía yo, cuando tú me dejaste igual" pensó con amargura. Entonces se volvió a la boca del callejón, retomando así su camino, fuera de la ciudad de Fortuna.
Continuará…
Yukari Sparda: Vaya que si tienes razón, Nero es demasiado insolente (mi culpa) pero hey, Dante no se lo tomó tan mal, creo que lo tolera bastante :D aunque hay que ver que pasa con los impulsos de asesino psicopata del niñato (si, mucho misterio tras eso wuajajajajajaja) hay que ver si Dante le aguanta eso xD y vaya que tienes razón, un chico con complejo de malo no nos viene nada bien... pero con gusto me arriesgo! (es que es tan liiiiiiiiindo)
Hey hey... que vaya que le he metido misterio... espero y con esto no quedes mas confundida, que creo que la identidad del sujeto misterioso quedo bien revelada... pero pensaras "algo no cuadra bien" mmmmm...
Hahaha cabe decir que tus comentarios me animan mucho y a la vez me sacan una risa, son muy graciosos (tan rudas como Bob... que cosa) En fin, hasta la otra y espero y hayas disfrutado del cap, gracias por los constantes animos :D un besoy un abrazo!
Mila PadAckles: Vaya vaya vaya... creo que mas de una persona esperaba una rabieta por parte del peliblanco... pero creo que en ese momento no estaba de animos para hacer abiar a Dante... despues de tremendo momento emotivo con Lady, creo que no tenia ganas de pelear... pero hey, ya se vendran mas en el futuro, que Dante no es ninguna perita en dulce, y a sus amigos les encanta hacerlo enfadar xD
Mmmm... mas sospechas del pobre de Nero... esperen a juzgar por favor! prometo no decepcionar a nadie :) Jaja y en cuanto al carro... recordemos que su oficina a quedado inservible mas de una vez, pero su carro siempre reluciente... sin ni una pizca de baba o sangre de demonio (ni de humano) xD
Ejem... ¿Vergil? ¿Gilver? ¿Un vago con complejo de hijo de Sparda? mmmm... creo que este capítulo lo deja todo mas confuso... no hay nada seguro hasta que el propio ¿Vergil? hable (pero que no muera la esperanza!) Bien, aquí traigo la continuación a pedido... ya entregue :D espero y disipe un poco la duda (aunque insisto en que quizá confunda mas ¬¬) hasta la otra... un beso, un abrazo y chaito ^^
Ariakas DV: Yei Lunes! No tardo en llegar ¿ves? xD hahahaha muchas gracias por tu comentario, me siento alagada (sonrojada) que bueno que te guste la historia, y descuida, que conforme avanza se hará mas larga... prometo no decepcionarte ni a ti ni a nadie con como avanza... que creo yo me va quedando por lo menos decente ^^ (si supieran lo que les espera a los pobres protagonistas D: ) hahaha y descuida, no eres ni seras la unica persona que apoye al par de peliblancos, igual que tú creo apoyarlos mas, porque aunque AMO a Dante (por favor, quien no ame a ese tipo, idolo de hombres, sex simbol de mujeres) creo que tengo un cierto apego especial a Nero porque de verdad lo amé en DMC4 (como se extraña el brazo de Nero cuando toca ser Dante) hahaha me encantó su chulería y arrogancia, sencillamente ENAMORA! aunque Dante bien que le hizo competencia (las pocas misiones que duré con él fueron mejor y mas intensas que un juego completo con él... definitvamente su aparicion fue la mas chula y divertida que he visto) haha como me reí con su pelea contra Agnus (aún no se de donde sacó el confeti ¬¬ ) Ejem... y solo digamos que con Vergil es especial, ya que por él conocí la saga y me empezó a gustar :3 ademas DMC3 fue el primero que jugué y terminé por amarlo (es solo que es un malvado de esos que no son malvados... emmm ¿WTF? o.O solo se que tiene algo que hace que la mayoría de los fans de la saga lo sigamos) haha y por si fuera poco cuando pienso en DMC3 lo primero que se me viene a la mente es Vergil (miento, es la Temen-Ni-Gru, pero me entiendes) y estoy casi segura de que a muchos les pasa igual :D pero no malinterpretes, los amo a los 3 por igual, es solo que es tan dificil decidir cual es el mejor D: (aunque mi corazón grita "Dante", otra parte de él dice "Nero" y otra "Vergil" ¬¬ estoy muy mal) pero tengo que aceptar que en el fondo siempre será Dante :D (¿o no?)
Hey, pero que es eso de que has hecho cosplay... que genial! algun día lo haré y seré Lady :3 jiji... bueno, repito, espero y te siga gustando la historia y la sigas leyendo, eso me motivaría y me haría muy feliz :D disfruta el capítulo y hasta la otra :D bye bye!
