En ti está mi refugio, solo tengo tu luz.
Si quieres mi corazón, visítame por las noches.
Pruébame con fuego, no hallarás traición en mí.
Sólo mis ojos se fijarán en ti.
Soy quien te amará, quién te dará el corazón.
Soy quien morirá cuando tu luz no esté más.
Haré de tu vida un sueño, en el que puedas creer.
Tan solo un único deseo, quisiera volverte a ver.
Ahora que estás a mi lado, algo te quiero pedir:
Por siempre jamás en tu vida guárdame en ti.
Soy quien te amará, quién te dará el corazón.
Soy quien morirá cuando tu luz no esté más.
Conmigo reinarás, por toda la eternidad.
Tu alma será inmortal, por los siglos vivirás.
Capítulo 40
Lo de Antes que el Demonio Despierte
Guárdame en Tí
Contadas veces eran las que Ichigo recordaba haber estado tan, pero tan embrollado. Una vez más, sólo debía caminar por detrás para recoger las piezas de lo quedaba de algún desastre que Inuyasha hubiera causado, y no era poca cosa esta vez. Tampoco podía ser considerado mucho de un desastre, pues desde el momento en que vio a la recién conocida Akua y su reacción al ver a la otra Moka, era claro que algo bueno había hecho. Pero temerario y sin pensarlo antes como siempre, sin ver antes las consecuencias o las repercusiones posibles.
Y el día ese sólo había empezado y marchaba más lento que una tortuga ciega. Luego de que notaran al fin que nada más tenían que hacer en el bosque, las cuatro hermanas se llenaron de energía y una alegría que contagiaba a todos excepto al loco que ya había desaparecido de la vista para ese momento. Ichigo siguió a Kokoa, que lo había tomado de la mano para ir con todos ellos a la enfermería y sin quererlo realmente se vio arrastrado en todo ese asunto. Luego de asegurarles a Kurumu y Mizore que Inuyasha sólo necesitaba tiempo, ya que ellas estaban muy empeñadas en encontrarlo y que participara en todo aquello, Ichigo y todos los demás se fueron para la enfermería a hacer que los revisaran. Muy pronto estaban todos reunidos alrededor de una de las camas del lugar, luego de ver que Moka y los demás estaban bien, y de hacer algo por el brazo de Tsukune que también se estaba curando solo de alguna manera. Esos críos de seguro eran especiales.
—¿Seguro que va a estar bien? —le preguntó Mizore a Ichigo luego de un rato en ese lugar, mirando por la ventana hacia el bosque.
—Ya te dije que sí.
—Aiya. Ese Hanyou es muy caprichoso —observó Akua, acercándose a la ventana también para mirar—. Hubiera sido bueno que venga para decirnos qué más pasó exactamente.
—Ya te lo dijimos —le dijo Moka, mirándose a sí misma tendida en la cama, luego de tomar la prenda amarilla de Inuyasha que Akasha ya no estaba usando pues le habían puesto una bata de la enfermería para recostarla allí—. Lo que les contamos fue lo que pasó. Aguarden un momento —añadió—. Iré a ponerme otra cosa.
—¡Pero ese atuendo te queda perfecto! —protestó Akua poniendo cara de tragedia, refiriéndose a la túnica roja que era lo único que Moka traía puesto.
—Luego debo devolvérselo a Inuyasha.
Luego de una sentida mirada a su madre, Moka salió de la enfermería para ponerse otra cosa y la dejó allí con sus amigos.
—¿Tú sabías que la espada de Inuyasha podía hacer eso? —le preguntó Kokoa a Ichigo, retomando la conversación mientras Akua hinchaba los cachetes mirando a la puerta de la enfermería.
—No —respondió Ichigo con sinceridad, atrayendo la mirada de todos hacia donde estaba de pie—. Cuando Inuyasha obtuvo los poderes de Tenseiga fue sólo para permitirnos viajar por el tiempo, pues Tessaiga ya se podía usar para viajar de un lugar a otro.
También Ichigo estaba sorprendido en extremo. Si esa mujer, que ahora vestía ropa de convaleciente bajo las sábanas de esa cama, estuvo muerta y ahora estaba viva otra vez, entonces se traían algo muy peligroso entre manos. Ichigo recordaba muy bien el escalofrío que le recorrió la espina cuando Sesshomaru le advirtió que no se acercara, cuando él peleaba con Inuyasha por la espada. Tenseiga podría matarlo a él, a Ichigo, y a otros Shinigamis también con espeluznante facilidad. Podía intuir eso por todo lo que había visto y oído hasta ese momento.
—Ichigo…
Kokoa estaba a su lado y le jalaba la manga de su túnica negra con disimulo, pero todos estaban distraídos. Ichigo supo por la mirada de Kokoa que ella estaba pensando en Necrópolis, y en cómo se relacionaría con el ente que Moka e Inuyasha describieron y con el que habían luchado. Esa noche no sería la excepción, e irían a visitar a la vieja luz para exigir respuestas. Ichigo notó la a preocupación de su alumna, y sólo sonrió y posó una mano sobre la cabeza de Kokoa, que luego de mirar a Akasha no tuvo ánimos de sonrojarse. Pero los gestos entre ambos no pasaron desapercibidos para Kahlua, que estuvo inusualmente tranquila en contraste a su infantil actitud. Aun así Ichigo ni lo notó, pues seguía flotando en sus pensamientos, siendo Kokoa la única en todo ese embrollo que lo podía sacar de ellos.
¿Dónde encontraría respuestas? La siguiente y más sabia persona al respecto de las espadas estaba a quinientos años de distancia y no había modo de contactarla. A menos que…
—Espera —le dijo a Kokoa y ella lo miró extrañada al ver su expresión de diversión y fastidio. Ichigo se soltó con suavidad de ella y salió al pasillo de afuera donde no había nadie y la calma era relativa ese día. Sacó el celular del que tanto se olvidaba que poseía y marcó al único numero registrado en él.
—¡A ti te gusta hacerte de rogar, Kurosaki-san! —luego de un rato oyó que la voz de Urahara Kisuke le hablaba desde el otro lado de la línea.
—Urahara-san.
—¿A qué debo el placer, Kurosaki-san?
Ichigo suspiró. Pero debía abordar el tema y pronto para satisfacer sus dudas. Sintió otra vez jalones leves en la manga de su túnica: Kokoa lo había seguido hasta allí y lo miraba curiosa de verlo con ese aparato. Ichigo le sonrió otra vez y habló:
—Tessaiga ha traído a dos personas de vuelta a la vida.
Sin irse por las ramas, como siempre le gustó hacer las cosas. Kokoa lo seguía mirando, buscando por respuestas que él le daría si ella tenía la paciencia necesaria. Ichigo estaba seguro que ahora eran dos las personas afectadas por la habilidad restauradora de Tenseiga, pues el regreso de Youhime en casa de Nurarihyon no era una coincidencia y tenía relación con el regreso similar de Akasha Bloodriver a las vidas de todos ellos allí.
—¿En serio? ¿Ha oído eso, Totosai-sama?
Kisuke le había preguntado eso a alguien al otro lado de la línea e Ichigo sintió alivio, pues no había estado seguro si Urahara seguía en la era Sengoku hacía quinientos años.
—¿Que si oí qué?
Pero algo de exasperación venía con el alivio. Totosai seguía siendo como un globo lleno de helio.
—Desde que comenzamos nuestro viaje Tessaiga ha traído a la vida de regreso a dos personas que estaban muertas —explicó Ichigo, casi sintiendo que debía hacerlo como si estuviera explicando la tabla del uno.
—Aaaahhh… ¿Cómo es que esa voz tiene a Tessaiga consigo?
—¿Cómo diablos trabajas con él, Urahara-san? —se extrañó Ichigo, cerrando los ojos con frustración leve.
—Bueno… él suele ser de invaluable ayuda… la mayoría de las veces…
Urahara tampoco parecía entenderlo todavía, a pesar de estar trabajando juntos por semanas ya.
—Totosai-san —pronunció Ichigo, dirigiéndose él mismo al viejo herrero y sorprendiendo a Kokoa cuando lo mencionó—. Recuerde. Soy Kurosaki Ichigo.
—¡Ah! ¿Cómo estás Ichigo? —oyeron que decía el viejo al reconocer a Ichigo, como si nunca lo hubiera olvidado.
—Estaré mejor, si me habla de Tessaiga. Revivió a dos personas desde que empezamos nuestro viaje.
Hubo un silencio que duró un buen rato, en que ninguno de los cuatro conectados por esa línea dijo nada.
—Eso tiene sentido, hijo —pronunció Totosai al fin.
—¿Lo tiene? —preguntó Ichigo, aliviado más todavía a pesar del suspense.
—¿Qué esperaban? Seguro Tenseiga ha estado reaccionando a ciertos eventos allá, haciendo que Tessaiga no se comporte de la manera que Inuyasha está acostumbrado, ¿no? —inquirió Totosai, e Ichigo se lo imaginó rascándose el interior de una oreja o haciendo algo más despreocupado mientras le acertaba a lo que les sucedía a ellos, aun estando tan lejos ¿Cómo lo hacía?—. Es una de las consecuencias de llevarse a Tenseiga consigo, niños. Y Sesshomaru nos lo advirtió —recordó Totosai.
—¿Lo hizo? —se extrañó Ichigo, recordando el frío carácter de Sesshomaru y lo raro que sería el saber que él hubiera sido capaz de hablar sobre ello.
—Cuando vino a visitar a Rin —aclaró Urahara, sonando alejado y ajetreado.
—Cuando se llevaron a Tenseiga reforjada dentro de Tessaiga, se llevaron un arma capaz de permitirles ir a donde debían, de cortar y destruir entidades más allá de su comprensión, y como un extra, capaz de devolverle la vida a los que se han ido —recitó Totosai, sin preocuparse.
—¿Y no nos podían advertir sobre ello?
—Me imagino que Inuyasha está confundido y alejado, ¿verdad? —cuestionó Totosai dándole en el clavo otra vez, pero Ichigo no iba a darle el gusto de hacérselo saber—. Si lo ves dile a ese imbécil que no va a ganar nada aturdiéndose así. Que deje a las cosas tomar su curso, pues si Tessaiga los ha llevado hasta donde estén ahora, y ha hecho las cosas así es por algo. ¿Dónde están por cierto?
—Yo también quiero saber eso —oyó Ichigo que Urahara dijo también.
—En la Youkai Gakuen —respondió Ichigo, y oyó a Urahara silbar y a Totosai no decir nada—. Está en una dimensión apartada de la real.
—¿Qué es Gakuen? —preguntó Totosai.
—Luego se lo explico Totosai-sama —le dijo Urahara—. Vaya. ¿Cómo es el lugar, Kurosaki-san?
—Tétrico.
—¡Ah, esa es la voz de Kurosaki-kun!
El mundo de Ichigo, en ese lugar donde lo único que tenía color para él era el cabello rojo de Kokoa, se llenó de pronto de más color. Como si un sol radiante en la era donde no había contaminación estuviera brillando sobre él, bañándolo con su luz.
—Inoue…
—¿Cómo estás, Kurosaki-kun?
La feliz, recontrafeliz voz de Orihime lo saludaba desde el otro lado de la línea, e Ichigo supo cuán contento estaba de oírla otra vez. Tanto que le dolía, joder. Y también de oírla a ella con esa energía de siempre, a pesar de no tenerla con él. Era obvio que ella estaba llorando, pero conteniendo su voz de alguna manera.
—Ahora mejor —dijo Ichigo sin mentir, y sin notar que Kokoa alzaba una ceja al no entender de qué hablaba.
—¿Han hecho muchos amigos? Yo creo que sí, porque a pesar que no se vean muy amigables son dos ositos de peluche. ¿Has conocido muchos Youkai, Kurosaki-kun? —el modo entusiasta de Orihime estaba encendido, y a pesar de su embotamiento al oírla, Ichigo no pudo dejar de notar que entonces ella seguía en la era Sengoku con Kisuke y los otros.
—Algo así —le respondió Ichigo, mirando a Kokoa y su cara de confusión—. Pero dime Inoue, ¿Kagome y tú siguen en la era Sengoku?
—¿Kagome? —cuestionó Kokoa decididamente interesada, e Ichigo sólo sonrió.
—¡Uh, si! —exclamó Orihime desde el otro lado—. Hemos estado ayudando a Urahara-san con un… ¿qué? ¡Ah, es verdad! Con un asunto…
—¿Qué asunto? —le preguntó Ichigo, sabiendo que Urahara o alguien la había hecho callar repentinamente, cuando Orihime estuvo a punto de irse de la lengua y decirle lo que hacían allí. ¿Qué podrían estar haciendo?
—¡Nada! Mejor cuéntame cómo les va a ustedes en… ¿La Youkai Gakuen? ¿Es una academia, verdad? ¿Hay niños Youkai? ¡Quisiera verlos! Espero hacerlo algún día…
—Ya me aseguraré de ello… —le aseguró Ichigo, resignándose a no preguntarle nada más para no ponerla en aprietos y pensando con determinación en cumplirle ese sueño a Orihime, de ir a visitar ese lugar tan pintoresco.
—Kagome-chan está algo ocupada ahora —explicó Orihime, hablando más seriamente—. Pero piensa en ustedes todo el tiempo. ¿Cómo está Inuyasha?
—Él está… como siempre…
—Qué bueno.
—¡Muy bien, Inoue-san! Si me permites… —Ichigo pudo oír de nuevo la voz de Kisuke.
—¡Cuídense mucho! ¡Espero verte pronto, Kurosaki-kun!
—Esp... ¿Inoue?
—Inoue-san sigue tan linda, Kurosaki-san —le hizo saber Urahara innecesariamente, ahora que tenía la bocina consigo—. Está en extremo feliz de haberte oído.
—Así estoy yo —reconoció Ichigo, haciéndose a un lado en el pasillo para dejar pasar a Ruby, que acababa de salir. No notó la mirada de duda que ella compartió con Kokoa al pasar por su lado y alejarse por el pasillo—. También díganle a Kagome que Inuyasha está bien y… que también piensa en ella todo el tiempo.
—Se lo haremos saber.
—Y lo que sea que estén haciendo, no las pongan en peligro…
—Ellas han estado y estarán bien, Kurosaki-san. No te preocupes.
—Bien.
Ichigo cortó y miró sonriente a la todavía confundida Kokoa.
Akua estaba sentada en una cama contigua a la de Akasha, sin cerrar los ojos ni una vez para no perderse detalle. Lo que había comenzado como una simple ida a la academia para un reconocimiento había terminado en una situación totalmente inesperada e impensable. Pero no podía quejarse al estar en su interior saltando de alegría.
Casi ni notaba lo que sucedía a su alrededor. Kahlua tampoco decía palabra, sino que miraba a la puerta de rato en rato, seguramente esperando por Kokoa y el Shinigami. Esa tierna preocupación de hermana mayor también la sentía Akua, pero en menor grado al estar su mente totalmente ocupada por el regreso de Akasha y el bienestar de Moka. Era injusto y lo sabía pero ¿cómo negar lo que ella sentía?
Y el chico Hanyou tampoco aparecía de vuelta ni había asomado las orejas de perro en el lugar. La chica súcubo y la chica de las nieves estaban paradas junto a la ventana de la habitación mirando al bosque y cuchicheando entre ellas. Buena la hizo el Hanyou, rompiendo lo que era aparentemente irrompible y llevándose por delante toda una historia. De reojo, Akua miró a Tsukune, mientras él se acariciaba el brazo que ya se veía mejor.
Akua iría por respuestas con ese hibrido si no estuviera deseando estar presente cuando su idolatrada Akasha despertara. Se las sacaría a la fuerza de ser necesario, porque a pesar de ser toda una leyenda en el mundo de los Youkai modernos, el chico no se veía tan peligroso más allá de lo anticuado en su atuendo. Pero luego Akua recordó que esa túnica roja se veía muy bien en Moka, eso era un hecho.
—Creo que ya —dijo Tsukune, soltándose el brazo y levantándose—. Está mejor. Por ahora iré a echarle una mano a Ruby-san, porque la pobre no ha pegado ojo.
—Ni tú lo has hecho, Tsukune-san-desu —le hizo notar Yukari, sentada cerca de Fanfan y Gin, que dormitaban en sus sillas.
—Aun así —dijo Tsukune—, tengo que ayudarla. Ahora la academia está bajo mi cuidado. No puedo descuidarla más.
Tsukune le dirigió una mirada culpable a Akasha, como disculpándose por irse de allí y no ver más su progreso. Pero estaba decidido cuando caminó resueltamente hacia la puerta y se alejó por el pasillo.
—¿Cómo han estado aquí las cosas? —preguntó Kahlua, jugando con sus aretes distraídamente y mirando a la puerta del lugar.
—Lo de siempre —respondió Kurumu hartándose de mirar por la ventana y sentándose en la silla de Tsukune—. Tsukune ha estado asistiendo a clases y en sus ratos yendo con el padre de ustedes.
—¿Y ustedes?
—Nosotras no. ¿Para qué iríamos?
—No eso —intervino Akua impaciente, sin dejar de mirar a Akasha—. ¿Cómo han estado llevando las cosas? Especialmente desde que esos dos llegaron.
—Ha sido una locura.
—¿Tanto así?
—Ha sido divertido —aclaró Kurumu con sinceridad, mirando a la ventana donde Mizore seguía parada, simulando con sus manos el tener binoculares—. El uno ha estado ayudando a Kokoa a mejorar y por lo que sabemos ella ha hecho grandes progresos sin dejar de ser linda.
Ignorando lo último Akua y Kahlua se miraron. Pero sabían que el Shinigami no representaba ningún mal para su hermana menor.
—Y el otro…
Kurumu se perdió en sus pensamientos por un rato con la boca ligeramente abierta. Kahlua se levantó solicita y se dirigió a Kurumu para cerrársela y sacarla de su embotamiento.
—¿Y el otro? —preguntó Kahlua amablemente, con la mano todavía amablemente en la barbilla de Kurumu.
—¿Qué? Ah… El otro es un idiota egoísta, atrevido, agresivo, sin sentido común…
—Aiya. ¿Y entonces por qué se llevaron a tal desastre con ustedes? —le preguntó Akua.
—Pues… mira no sé por qué te quejas. Yo creo que algo bueno salió de todo esto, ¿no?
Kurumu se había quedado sin palabras y trató de irse por los resultados, pues no tenía cabeza para explicar cosas que tal vez ni ella entendía. Cómo envidiaba a Mizore en ese momento, pues ella parecía estar en su mundo y nadie trataba de rompérselo.
—Y ustedes… —pero de todos modos Mizore intervino al fin, pero sin moverse de la ventana—. ¿Cómo llegaron aquí?
—En auto, querida —le dijo Kahlua sonriendo como una niña otra vez, pero al ver que nadie se reía sus ojitos se llenaron de lágrimas—. Mal chiste. Es que estuvimos con nuestro padre hace unos días, y como Tsukune-san le cuenta todo, supimos lo que pasaba y quisimos venir a ver.
—¿Con todo su ejército? —inquirió Mizore, recordando las seis camionetas llenas de Youkai trajeados de los que Inuyasha tanto había desconfiado, y que nadie se había preocupado en ver si estaban bien.
—Como cabezas de la familia pues estamos… obligadas a tenerlos en caso que las cosas se salgan de control.
—Eso no va a pasar —aseguró Kurumu, recuperándose un poco.
—¿En serio? Recuerdo que ese Hanyou idiota egoísta, atrevido, agresivo, y sin sentido común se deshizo de la mayoría de nuestros guardaespaldas sin esfuerzo —dijo Akua con sarcasmo.
—¿Tal vez porque ustedes los trajeron en primer lugar?
—Bueno, tal vez no debimos —admitió Akua.
—Claro que no.
Guardaron silencio por un rato.
—¿También estuvieron en la casa de Nurarihyon, no es así desuka? —recordó Yukari, dirigiéndose a Akua y Kahlua. Hablaba al fin, pues sentía mucho respeto por las hermanas mayores de su adorada Moka.
—Sí.
—Luego de lo que pasó en la capital —explicó Kahlua— fuimos al distrito Ukiyoe, y la casa de Nurarihyon estaba cerca.
—Al pasar a saludar nos contaron a grandes rasgos de los dos visitantes que tuvieron —dijo Akua.
—¿Y se los dijeron así nada más? ¿No tienen sus reservas de a quiénes les comparten su información? —se extrañó Kurumu cruzando las piernas.
—Como conocen a nuestro padre, saben que de alguna manera estamos del mismo lado. Aiya —Akua se sobresaltó un poco cuando Akasha suspiró, sonrió y siguió durmiendo. ¿Cuánto más dormiría?
—Así supimos que los mismos que hicieron todo ese alboroto en Tokyo eran los mismos que estaban ahora en la academia con Kokoa y ustedes —dijo Kahlua agarrándose el pecho, pues también se había sobresaltado al oír el suspiro de Akasha. Como todas en esa habitación.
—Al parecer hicieron de las suyas con Nurarihyon —dijo Akua pensativamente—. Realmente fue como una broma para nosotras cuando Nurarihyon nos presentó a Youhime.
—¿Entonces es cierto? —quiso saber Kurumu, recordando que Inuyasha les había contado antes que Youhime estaba vivita y coleando—. ¿La esposa de Nurarihyon está viva otra vez?
—Y es tan linda como la pintan en las leyendas —reconoció Kahlua, con admiración—. Para ser una humana es bastante hermosa.
—Aunque no tan linda como mi Moka —se alegró Akua, totalmente en su propia burbuja.
—Lo que tú digas.
Las cinco chicas miraron otra vez a Akasha y guardaron silencio de nuevo.
—¿Ahora por dónde comienzo? ¿Conoces a Totosai? ¿Es ese Totosai? ¿Cómo te comunicaste con él, si ya debería estar bien muerto? ¿Quién estaba al otro lado de la línea? ¿Cómo no se te ocurrió antes? ¿Quién es Inoue? ¿Quién es Kagome?
—¿Y yo por dónde te respondo?
—Dime tú. El interrogado eres tú.
—Muy graciosa.
Ichigo y Kokoa habían salido del pasillo luego de que Tsukune saliera de la enfermería para ayudar a Ruby. Lo siguieron hasta los terrenos y de allí ellos se dirigieron a su salida al bosque, donde cerca podían sentir que estaba Inuyasha aun enfurruñado y no lo molestaron. Querían ir a ver a Necrópolis pero no lo harían hasta la noche o hasta saber algo de Akasha.
—Sí conozco a Totosai. Supongo que sí es el Totosai del que has oído hablar, el forjador de espadas Youkai y todo eso. Me comuniqué con él por este teléfono especial —Ichigo le mostró a Kokoa el celular que Urahara le dio al mero inicio de su viaje, antes incluso de conocer a Inuyasha—. Al otro lado de la línea estaba el que me lo dio, y que hizo a este celular capaz de comunicarme con él ente épocas y distancias. No es que no se me ocurrió antes, sólo no quería acudir a ellos tan seguido. Inoue es…
Allí Ichigo sí que vaciló. Alguna clase de intuición o sexto sentido le decía que si él le decía a Kokoa quién era Orihime, Kokoa lo mataría. Era un pensamiento estúpido, pero venia sumado a la pena que le daba revelar que Orihime era más que sólo su amiga.
—¿Inoue es? —insistió Kokoa alzando una ceja peligrosamente, otra vez.
—Inoue es una amiga, y acompaña a otra que Inuyasha y yo dejamos quinientos años atrás —explicó Ichigo, esperando sonar lo más natural posible—. Ambas están asistiendo a quien me dio este celular.
—¿Todos son camaradas Shinigamis tuyos? —para alivio de Ichigo, la ceja de Kokoa estaba normal ahora.
—Algo así.
—¿Y qué te dijeron?
—Algo del comportamiento de Tessaiga —explicó Ichigo más seriamente—. Totosai fue quien la forjó…
—Lo sé.
—Y me dijo que el comportamiento de Tessaiga con Tenseiga dentro es lo más normal, y que debemos atenernos a que nos lleve a donde debamos ir, porque es seguro que es el lugar correcto y que lo hizo por algo.
—Así que entonces si fue cosa enteramente de Tessaiga el que… haya guiado a Inuyasha, y luego revivido a…
—Al parecer sí.
Los dos también se quedaron en silencio por un rato. El viento le agitaba el cabello a Ichigo y le mecía el suyo a Kokoa.
—Y me dijo que le dijera a ese imbécil que no se deje llevar con las dudas —recordó Ichigo, mirando a donde Inuyasha debería estar, cubierto por árboles muertos de la vista de ellos.
—¿Tan deprimido está? —quiso saber Kokoa, agarrándose de la manga de Ichigo para mirar hacia allí junto a él.
—¿Deprimido? No creo que ese cabrón se deprima nunca —reconoció Ichigo—. Pero está confundido. Las mujeres son su punto débil, y revivir a una…
—¿Es un mujeriego? —le preguntó Kokoa, riendo con su ocurrencia.
—No —se rió Ichigo también—. Sólo las protege mucho, se preocupa por ellas y las aprecia y valora. A pesar de que puede parecer un gran bastardo a veces.
—¿Y tú? ¿Las mujeres no son tu punto débil?
Kokoa lo estaba tentando y tratando de ponerlo incómodo mientras le apretaba el brazo, pero Ichigo no se iba a dejar.
—Trato de no ser tan obvio.
—Boo.
Ya sería hora de almorzar. Lo mejor era ponerse a ello, recuperar algo de energía y ver cómo iban las cosas en la tarde, así que Ichigo y Kokoa se fueron al comedor. Kokoa caminaba algo insegura, pues de un momento a otro se puso a pensar que su lugar debía estar con sus hermanas, esperando por que Akasha se despertara, junto a todos los demás. A Kokoa de alguna manera todo eso aún le parecía como si estuviera viviendo un sueño muy vívido, al imaginarse de pronto que Akasha estaba con ellos, completa ahora y aparentemente libre de sus antiguas ataduras. Era increíble, y Kokoa se ponía de pronto un poco extraña, cuando pensaba en lo que Akasha diría cuando se enterara de lo que pasaba también por la entorpecida cabeza de Kokoa, tanto, como lo extraña que se ponía Kokoa al pensar en Ichigo y lo feliz que era de tenerlo allí, pues sólo al mirar la espalda de Ichigo lo que ella sentía en su estómago era muy irreal, algo que nunca había sentido. Y esa sensación irreal fue la que la hizo irse con él en ese momento, prometiendo a su familia y a ella misma que luego iría con ellos, llevándose a Ichigo con ella también aunque fuera a rastras, para cumplir su deber familiar. Un poco más contenta, Kokoa alcanzó a Ichigo para caminar junto a él.
Luego de volver a su habitación para cambiarse esos sucios y ensangrentados trapos por su vestido blanco de una pieza que siempre le gustó llevar, Moka pensó en irse de la enfermería pasando a propósito muy cerca del bosque. Pero nada, ni ningún movimiento ni señal de reconocimiento hacia ella por parte de ese perro loco le llegó, y ella se sintió molesta a pesar de la alegría tan grande en su pecho y que no sentía desde hacía mucho.
Al llegar a su habitación en los dormitorios de las chicas había tenido tiempo para pensar en todo a la rápida cuando fue asearse un poco, pues tenía tierra y mugre de aquél lugar en sus piernas y en todo su cuerpo, y a ver si podía limpiar un poco la túnica de Inuyasha. Sorpresivamente esta se estaba regenerando sola de los terribles cortes que también exponían la sangre que le salió a él al tratar de recuperarla a ella. Moka se encontró a sí misma dándose un rápido baño caliente con la regadera y sumergiendo las dos prendas en la bañera de su baño para limpiarlas de la sangre de él como podía.
Pero a pesar de sus esfuerzos por ignorar el olor, muy extraño y diferente al de la sangre de Tsukune a la que tanto estaba acostumbrada, le era muy difícil hacerlo; pues era una sangre en extremo diferente. Por el olor ella podía decir que no tenía ni pizca de dulce, sino que era algo agria y hasta rozaba el amargo. Pero no por ello dejaba de parecer apetitosa e intoxicante, llamativa y adictiva. Agradable sólo con verla, y seductora sólo con olerla.
¿En qué estaba pensando? Se dio de golpecitos en las mejillas para espabilarse, y seguir en ese baño de rodillas tratando de limpiar los trapos de ese idiota, pero el olor la estaba idiotizando de a poco a ella. Debía lavar las prendas pronto, o sino…
'¡Moka! ¡Tienes que luchar!'
Moka podía oir su voz desesperada. Era sólo un estúpido Hanyou. Ya luego le enseñaría ella a él lo que significaba luchar…
'¡Eres una estúpida y te odio!'
¿En serio? ¿Eso qué más daba? El mundo seguiría girando si él no estuviera, y mucho mejor si no asomara su estúpida cara en su vida y la de sus amigos. No le era ningún problema saber que la odiaba. Ninguno…
'¡Pero realmente me divierto estando contigo! ¡Lucha!'
¿Era que Moka era algún tipo de payasa para él? ¿Desde cuándo tenía ella la obligación de divertirlo? ¡Ella no quería divertirlo! Ya le mostraría su lugar a ese atrevido arrogante, necio, tarado…
'¡No decepciones a tu rival!'
¿Rival? Sí. Esa no era una mala forma de verlo. Su relación con ese idiota distaba mucho de la amistad, o a cómo se llevaba ella con Tsukune. Ahora ella y Tsukune eran más que amigos, ¿o no? Era una abismal diferencia y a lo más que podía aspirar ese engreído Hanyou era a una rivalidad con ella…
'¡Tienes que luchar!'
¿Contra qué? Si así lo hiciera sería sólo contra el dolor que volvía a sentir en todo su cuerpo, cuando no se concentraba en pensar sobre lo que ese torpe dramático le gritaba desde alguna parte…
Moka alzó la cara del agua teñida en sangre y de las túnicas a medio lavar, cuando no pudo evitar hundirla al dejarse llevar por el sueño. ¿Qué había sido todo eso? Se sobresaltó cuando se dio cuenta que se había metido a la bañera con la ropa de él y cuando sintió el agua con sangre y las sales de baño en su boca, y con prisa se levantó para escupirlas. ¿Qué le pasaba? Al alzar la cabeza su reflejo la miraba devolviéndole la misma mirada de extrañeza y algo de desesperación. ¿Pero por qué iba a estar desesperada? ¿Por haber escupido esa sangre que prometía hipnotizarla más?
La dignidad le llegó en forma de una cachetada que ella misma se dio. No podía rebajarse así. Los vampiros eran seres dignos y orgullosos, de no caer dominados por sus bajos instintos pues esos tiempos estaban ya muy atrás; y no la sedienta chica que le miraba ahora desde el espejo con la mejilla roja. Pero su lengua estaba tan seca... Sintiéndose como un atonta se tomó tanta agua como pudo.
Le costó mucho lavar las prendas luego de asearse afuera de la tina y hacerlo con la manguera y agua fría. Se repetía una y otra vez que ese no debía ser su comportamiento, y lo mucho que se avergonzaba y en lo que su madre pensaría al despertar si se enteraba de ello. Y que debía apresurarse para ir al encuentro de su madre, que tanto esperaba. Y que si tanto quería sangre bien podría ignorar una vez más su pacto con las chicas y Tsukune de hacerlo una vez por semana y hacerlo en ese momento, cuando tantas ganas sentía de dejarse llevar por su instinto. O atrapar al Hanyou y obligarlo a mostrarle el cuello, y sentir su sangre libre de agua y sales, pues de seguro era deliciosa… pero no, seguro no lo era, ¿o sí? ¿Cómo ignorar esos detalles en su mente y sentidos, y las descargas de electricidad en su cuerpo que no precisamente la ayudaban a pensar mejor, sino que le urgían a sus dedos por intervenir?
Tuvo que golpearse otra vez en la otra mejilla, pero no hubo suerte.
—¡Se tardan!
Kurumu estaba impaciente y de seguro no era la única, pero a los demás se les daba mejor el llevar la impaciencia y las esperas. La hora del almuerzo había pasado y era bien entrada la tarde ya, y ninguna de ellas se había movido aún del lugar y sólo Gin y Fanfan se habían ido para morder algo hacía rato. Faltaban Ichigo y Kokoa, y Moka también, para sorpresa y algo de indignación de los presentes. Tsukune y Ruby, e Inuyasha obviamente, pero a él no lo esperaban hasta que se le pasara lo que sea que le pasara.
—Si —pero esa vez Akua convino con Kurumu—. Tal vez ahora debamos buscar respuestas a la mala.
—Tranquila, Akua-neesan —la instó Kahlua, conteniendo un bostezo—. De seguro que ya regresan.
—¡Pero no puedo vivir teniendo a Moka tan cerca y sin poder abrazarla! Me mata la ansiedad.
—¿Hacer qué?
Ichigo y Kokoa habían regresado, e Ichigo no pudo aguantarse de preguntar lo que oyó que había dicho Akua en cuanto entraron.
—¡Abrazarla! —le respondió Akua como si fuera de vida o muerte.
—¿Cómo hermana? —se interesó Ichigo, trayendo dos sillas cercanas y tendiéndole una a Kokoa para que ambos se sentaran.
—¡Y como ella quiera! —le aclaró Akua, abrazándose a sí misma al decirlo con los ojos cerrados— La verdad no podría elegir…
—¿Y eso te parece… algo normal entre hermanas?
—¡El amor entre hermanas es lo más sagrado que existe! —rezó Akua, haciendo ademanes exagerados en su sitio junto a la durmiente Akasha. Los demás los miraban confusos de si intervenir o no.
—¿En qué planeta?
—En el que yo vivo.
—Ay, Akua-san —suspiró Tsukune entrando en la habitación con Ruby tras él y ambos con la ropa cambiada—. ¿Alguna mejoría?
—Sólo duerme —respondió Kurumu, algo alicaída como todos los demás por no saber cómo hubiera acabado la futura pelea verbal de Ichigo y Akua—. Duerme como si no hubiera dormido en siglos.
—A lo mejor eso pasó por estar cautiva por Afra-desu —teorizó Yukari—. Si de alguna manera se mantuvo consciente todo ese tiempo o algo como eso…
—Pero sonríe de rato en rato —les dijo Akua soñadoramente, al recordar la cara tranquila y sonriente de Akasha y como todos los demás tratando de ignorar el terrible pensamiento de Akasha estando consciente mientras estaba cautiva—. Tararea cosas, sonríe y suspira…
—Estará teniendo un sueño —sugirió Kurumu, mirando nerviosa a Akasha.
—Habrá que ver si luego nos lo cuenta.
Ninguno quería pensar en la posibilidad de que Akasha no despertara más, al no ser para ellos infalible ni conocida la habilidad restauradora de Tenseiga, tan sorprendente como fuera en realidad. Realmente era un terrible pensamiento el creer o pensar por un instante en la posibilidad.
Todos se movieron donde pudieron para pasar el rato, y poco después Gin y Fanfan se les unieron también. De rato en rato los esbirros de Akua y Kahlua tocaban respetuosamente la puerta y ellas salían para oír reportes de cosas que nadie de dentro entendía pero siempre regresaban con una cara difícil de leer. Moka apareció un poco después y se veía como si no hubiera descansado nada a pesar de lo mucho que se demoró en hacerlo. Traía consigo las prendas de Inuyasha ya sin sangre y se veía molesta por alguna razón.
—¿Qué te pasa? —quiso saber Kurumu, mientras Akua le mandaba besos a Moka desde su asiento.
—Nada.
—No parece como nada.
—Sólo… —Moka miró a la ventana y frunció el ceño—. Nada…
Kurumu no insistió.
El resto de la tarde estuvieron allí, velando y guardando a Akasha y su sueño, pero ella sólo se movía en su cama, sonreía de rato en rato y suspiraba como había hecho desde que llegara a esa cama y exaltando a los otros al verla cada vez que lo hacía. Tal atmosfera incluso contagió la expectación a Ichigo, que se encontró a sí mismo con el corazón el puño las últimas veces en que Akasha sonrió y los demás lo notaron.
—Alguien párenla —suspiró Kurumu, cuando la tarde estaba ya muy avanzada—. Mi corazón no puede con tanto…
—Ni el mío —concordó Akua, con una mano en el pecho.
—Creo que lo mío es un poco diferente…
Mientras Kurumu y Akua hablaban, Moka, que no había dicho mucho desde que se sentó con Tsukune y Ruby, parecía haberse decidido a algo, y se levantó todavía con la ropa de Inuyasha en sus manos y se dirigió a la puerta.
—Moka-san, ¿a dónde vas? —quiso saber Tsukune, levantándose también.
—Voy a buscar a ese idiota y a darle su ropa —respondió Moka con naturalidad—. Y de paso traerlo también. Él tiene que estar cuando mi madre despierte.
—¿Quieres que vaya contigo?
—No.
Moka salió y cerró la puerta, dejando a todos allí y prometiéndole a su madre regresar pronto esta vez, ya que sólo iba a traer con ella a quien le debían tanto las dos. Al menos a esa conclusión pudo llegar hacía un rato, entre tanta alucinación de sangre y agua.
Y sólo por joderle el resto de la noche a ese infeliz que tan insegura la hacía sentir. Tal vez por eso la sonrisa en su rostro era innegable y ya no se molestó en ocultarla cuando alcanzó el bosque y se apoyó en su árbol.
—Y se fue otra vez…
Mizore habló por fin, moviendo su silla de la ventana donde estuvo todo el día, luego de oír a Moka marcharse. Acercó su silla con los otros, que estaban todos como podían alrededor de la cama de la pelirosa.
—Niña, bienvenida a este planeta —la saludó Akua, juguetonamente.
—Creí que Kurosaki había establecido que tu planeta es diferente —dijo Mizore, acomodándose en su silla.
—Pero ahora estamos en la tierra ¿no? —Akua le siguió el juego.
—Creo que sí.
—Tal vez debamos ir a comer algo, Mizore —le ofreció Kurumu, ya que ella, Mizore, Yukari, Akua y Kahlua habían estado todo el día allí. Alguien debía hacerlo por las otras dos que no podían en ese momento.
—Más tarde —se excusó Mizore. Si les fallaba la suerte quizás no llegarían a tiempo para cuando Moka convenciera a ese idiota de ir con ella y los demás a esperar por Akasha. Kurumu estaba a punto de insistir y se acercaba a la puerta con Yukari, pero una dulcísima voz las detuvo a las dos cuando estaban en la puerta y asiendo el pomo.
—Vaya. ¿Esto es una reunión o algo?
Todos giraron la cabeza hacia atrás, pues habían estado viendo cómo Yukari y Kurumu se acercaban a la puerta para salir e ir a comer algo. La vista de unos ojos verdes en el cuerpo de la chica que se había marchado hacía un rato, el largo cabello rosa le caía graciosamente por los hombros y una sonrisa que le asomaba al reconocer a sus tres hijastras allí, rodeadas de quienes sabía eran amigos de su hija; los recibió a todos cuando se dieron la vuelta.
—Kok…
Pero antes que Akasha pudiera reconocer vocalmente a alguna con su cantarina voz, Akua se le había lanzado hacia ella antes que nadie dijera nada, y la abrazaba con fuerza.
—Akua… —le sonrió Akasha, conmovida por el gesto.
—Quería… Siempre quise… —balbuceó Akua, restregando su cara sobre la de Akasha, con todo su cuerpo sobre ella y sobre la cama.
—¿De veras? Eso es muy lindo Akua… pero… no puedo respirar…
Akua se separó y se levantó enjugándose alguna lagrimilla y los demás las miraban sonrientes, y en caso de Kokoa y Kahlua con lágrimas también. Era demasiada felicidad para ser contenida y sería más cuando regresara la cuarta y faltante miembro de esa familia. Kokoa y Kahlua se acercaron a abrazar a Akasha a su vez, contentas de comprobar que no dormiría para siempre, y Akua no pudo resistir hacerlo otra vez al verlas. Las cuatro se fundieron en un familiar abrazo que parecía tener a las cuatro hermanas en vez de a la madre y las tres hijas. Y justo fue ese momento el que tuvo que elegir Moka para irse a buscar a Inuyasha.
Ichigo estaba contento por Kokoa, al verla aferrada a su… según Kokoa esa mujer era su madrastra, primera esposa de Shuzen Issa, pero dada su importancia, y el respeto y cariño que sentían Kokoa y sus otras dos hermanas hacia Akasha, esa chica era su madre. Así que Kokoa tenía genuinas lágrimas en sus ojos, producto de la felicidad al tener a esa persona tan importante para ella y los suyos, no quedaban dudas de ello.
—Tsukune.
Luego de asomar la cabeza entre sus hijas como pudo, Akasha miraba con sus ojos verdes a Tsukune parado ante ella al frente de su cama, y este se desarmó al encontrarse con la mirada que lo enamoró desde un principio. La mirada de Omote Moka, la Moka dulce del inicio de todo; a quien se había encontrado al principio, cuando Tsukune llegó por error a esa academia Youkai siendo sólo un inofensivo humano. Era la mirada de la Moka que tanto había echado de menos, y que había servido como protectora de la Moka real en un pasado que ahora parecía distante y añorado. Tsukune estaba sin palabras ante esos ojos.
—Mok… Akasha-san…
Casi a nadie se le escapó que a él casi se le escapaba decirle "Moka-san" a Akasha. Pero tampoco podrían reprochárselo, ya que el parecido entre Akasha y Moka era indiscutible, así como todo lo que habían vivido antes.
Sorprendida por no sentir celos de ningún tipo con la situación, Kurumu se aclaró la garganta, rompiendo el incómodo silencio con la casi metida de pata de Tsukune, y anunció:
—Yo voy a llamar a Moka…
—¿Moka? ¿Por qué no está aquí? —quiso saber Akasha, mirando alrededor y asintiendo ante la inclinación honesta de Kurumu para ella y poder salir.
—Ya te lo explicaremos —le aseguró Tsukune, enjugándose algunas lágrimas también.
—Ya regreso.
Sorprendida por su propia fuerza, Kurumu se alejó volando por la ventana en la dirección que Mizore y ella habían mirado durante todo el día, hacia donde estaría ese tonto que tantos problemas les había causado y al que ahora le tocaba asumirlos, y a la tonta arrogante que parecía tan embrollada esa tarde. Ella no había regresado aun con ellos, a pesar de haberse tardado ya un buen rato. Seguramente estaría discutiendo con Inuyasha para variar, pero ahora había cosas más importantes, como el feliz hecho que esperaba a Moka al regresar a la enfermería con todos.
—¡Moka! ¡Moka! —la llamó Kurumu a voces al acercarse, esforzándose por encontrarlos con la vista entre las ramas y troncos que le dificultaban la búsqueda.
Y los encontró casi de inmediato a ambos, separándose como si… nah. Eso era imposible, pues dadas sus circunstancias y respectivas personalidades eso que Kurumu había creído ver era impensable. Pero de todos modos sus alas negras casi le fallaron en pleno vuelo debido a la impresión que esa casi vista le causó.
—¡Moka! Sabía que aquí estarían —suspiró Kurumu al aterrizar junto a ellos. Los dos parecían estar muy incómodos con su llegada. ¿Por qué?—. ¿Todavía no le devuelves su ropa a Inuyasha? ¡Hazlo ya porque tenemos que volver!
—¿Por qué? ¿Qué pasó? —quiso saber Moka preocupada y extendiéndole a Inuyasha su túnica de las ratas de fuego y su prenda amarilla interior por fin. Kurumu la miró con seriedad:
—Tu madre se despertó.
Guárdame en Ti. De Dragonfly, y como todo, es relevante especialmente cunado se piensa de parte de quién vendrían esos versos. Imaginación, haz tu trabajo.
El resto es lo que ocurre mientras Inuyasha se conflictua. Como la otra cara de una moneda.
