Ludwig y Feliciano colocaron todo como el día anterior. El primero tomó de nuevo asiento, como cada domingo tras ajustar la iluminación de la sala, y el segundo se situó detrás del lienzo observando el trabajo anteriormente realizado. Con un poco de suerte, lo acabaría hoy.

El ambiente estaba más suelto e incluso agradable. Desde que Ludwig y Feliciano se desvelaron todos sus secretos los dos se encontraban más a gusto con ellos mismos y entre ellos cuando estaban juntos. Los dos estaban bien, no hacía falta palabras para expresarlo, simplemente se percibía en la atmósfera.

A lo largo de la tarde hablaron de todo lo transcurrido los anteriores seis días: Qué tal le fue a Feliciano en la academia, qué tal le fue a Ludwig en su trabajo (aunque en este tema eran menos específicos) y, cómo no, el juicio del padre de Feliciano. Los dos se consideraban una pareja, por lo que se contaban sus problemas abiertamente, o al menos eso hacía el menor mientras movía el pincel con brío para plasmar cada detalle del rostro de su amante en el lienzo.

-¡Ya está!- exclamó Feliciano victorioso tras casi una hora, alejándose del lienzo para ver su resultado.


-Por fin…- añadió el otro estirándose tras estar quieto durante tanto tiempo. –Supongo que ahora podré verlo, ¿no?- se levantó.

Se acercó de nuevo al lienzo y lo cogió. -No~, la pintura está mojada~- rió.

-¿Y qué más da?- resopló estirando su espalda y extremidades.

Rió de nuevo. –Espera un poquito, ¿vale?-

Asintió llevando la silla a su sitio. –Iré a preparar algo para picar. Anoche hice tarta de chocolate, ¿quieres?-

-¿Hiciste tarta?-

-Sí… cocinar dulces es uno de mis hobbies… y anoche no tenía micho sueño… así que nada, acabé haciendo repostería. Aunque fue una lata fregar cacharros casi a las cuatro de la madrugada.-

Feliciano sonrió tiernamente tras dejar el cuadro tapado y apartado para que se secara. –Ve, quiero probarla~-


Cuando acabaron de parlotear y comer tarta, los dos se quedaron callados y mirándose fijamente. Los dos se encontraban sentados uno frente al otro mientras el rubio se limitaba a acomodarse en el sofá tras el dolor de espalda que le produjo estar tanto tiempo rígido. Por su parte, el castaño le seguía mirando con sus brazos reposando sobre sus propios muslos. Al notar la directa mirada que le clavaba, el otro le sonrió como hacía pocas veces e, instantáneamente, Feliciano se levantó y sentó a su lado.

-Ve~- dijo acurrucándose a su lado.

–Aún sigo intrigado por tu muletilla.-

-¿Sí? ¿No te gusta?-

-No, no es eso. Es que es rara.-

-¿Rara?-

-Pero no me importa. Sólo me llama la atención.-

El castaño sonrió y acomodó su cabeza en su hombro. Luego agarró su mano y entrelazó los dedos con los suyos. –A mí también~-

-He estado pensando… ¿cuánto ha pasado desde el día que nos cruzamos?- miró ambas manos.

-Uhmm… más o menos un mes o un mes y medio…- acariciaba el dorso de su mano con los dedos.

-No me malinterpretes, ¿pero no crees que vamos un poco rápido?-

-¿Por qué?-

-No hemos tenido mucho tiempo para ser sólo amigos y quizá ahora ni nos conocemos del todo bien…-

-Ve, tienes razón, pero para mí fue un flechazo y no pude remediarlo.- sonrió. –Pero si tú no quieres estar conmigo puedes decírmelo, no quiero obligarte a soportarme.-

-No, no, es todo lo contrario, sólo es que lo estuve pensando.-

Feliciano asintió con una tierna sonrisa y se acercó lentamente a sus labios. Ludwig se ruborizó y permaneció mirándole hasta que el más joven los beso. El mayor se incorporó y lo cogió de ambas mejillas uniéndose en la colaboración de aquel beso. El roce de labios acabó cuando la lengua de Ludwig se abrió paso entre los labios de Feliciano y comenzó a acariciar la suya. El castaño se ruborizó y abrió los ojos sorprendido de la gran actividad del rubio en lo que era un simple beso.

Al notar su propia reacción, Ludwig le soltó y se apartó.

–Lo siento.- se disculpó con notable rubor y frotándose los labios con el dorso de su mano derecha.

Feliciano le miró aún con sus mejillas sonrojadas. –La culpa fue mía, quizá no debí ser tan directo…-

Ludwig calló y se levantó. –Será mejor que recoja esto. ¿Qué hora es…?- miró hacia el reloj tratando de cambiar de tema, pero Feliciano seguía en sus trece.

-Ludwig… ¿te gustaría que lo hiciéramos?-

El mencionado se sonrojo y le miró por el rabillo del ojo. -¡No!... q-quiero decir, si tú no quieres… además, me dijiste que eras virgen, ¿no?-

-Pero algún día tendré que dejar de serlo.- rió.

-A mí no me importa.- dijo recogiendo los platos.

-¿Cómo que no te importa? ¿Acaso no quieres?-

-No es eso…-

-Ve, esto es raro… creo que tú deberías decir lo que yo digo y yo lo que tú dices.- rió de nuevo mientras se levantaba. –Es como si alguien nos hubiera cambiado los diálogos~-

-No es que no quiera o que el virgen sea yo, y lo segundo mucho menos, lo digo por ti y porque quizá te duela.-

-Pero a mí no me importa si es contigo~- sus labios se fruncieron formando la tierna sonrisa que hacía que Ludwig se derritiera.

-¿Seguro?- le miró.

-Segurísimo~-

Ludwig dejó todo de nuevo en la mesa. –Está bien. Vamos a mi cuarto.-

Los dos se dirigieron al cuarto, Feliciano agarrando la mano de Ludwig y por ahora sin nervios. El rubio se sentía honorado al ser el primero en iniciar a Feliciano al sexo y cederle su primera experiencia, ya que significaba que confiaba en él lo suficiente como para "estrenarle". Por una parte se sentía honorado y por otra un tanto apurado. Después de darle vueltas a la situación, Feliciano se arrepentía un poco de sus palabras. Aunque fuese Ludwig, era su primera vez y tenía miedo por si le dolía demasiado o no le resultaba tan gratificante como todo el mundo decía. Además, si Ludwig se dedicaba a la pornografía seguro que era por algo referente al tamaño de su hombría...

El castaño pasó primero después de que su pareja le abriera la puerta y, tras entrar él, la cerró. Feliciano pasó su mirada por la cama sin saber muy bien qué hacer.

-¿Nervioso?- comentó Ludwig.

-U-un poco…- respondió sincerándose.

Suspiró. –Escúchame, si no quieres esperaré todo el tiempo que haga falta. No me importa si me lleva meses o incluso años.-

-Pero… yo quiero hacerlo por ti…-

Se puso frente a él y le cogió de los hombros. –Una relación es cosa de dos, así que tu opinión es tan importante como la mía.-

El castaño, que se encontraba con la cabeza gacha, la alzó levemente y le miró con cara de cachorrillo.

-Si tienes miedo por si te duele hay algo que podemos hacer.-

-… ¿El qué?- dijo con una fina vocecilla.

Ludwig le alzó el rostro cogiéndolo delicadamente de la barbilla y le besó tiernamente para después echarle en la gran cama de dos cuerpos.

-Te haré algo que te gustará, créeme.- dijo colocándose sobre él y desabotonando su camisa.

El que ahora se encontraba notablemente sonrojado era Feliciano, mientras la piel de Ludwig se encontraba tan pálida como de lo normal. Desabotonaba hábil y rápidamente los botones de la camisa del menor mientras éste miraba su mano y la destreza de la misma, no se sabe ni por deseo o por la experiencia con la que ya contaba.

Con la camisa enteramente desabotonada y abierta, el rubio comenzó a acariciarle los pezones mientras hacía lo propio con sus labios y nariz el cuello de su pareja, quien soltaba de vez en cuando un pequeño gemido, demostrando su inexperiencia. Poco después comenzó a lamer su cuello y a estimular su pezón, colocando de paso una pierna entre las de Feliciano para estimularle su zona más erógena.

-L-Lud…- comenzó a gimotear cuando la pierna del mencionado acariciaba de arriba abajo su paquete.

Cuando se dio por satisfecho lamiendo la tostada piel de Feliciano, se apartó y le miró con su pelo ya revuelto, aunque algunos mechones aún resistían con la gomina a todo el movimiento hecho hasta ahora. -¿Te gusta?-

Feliciano cerró los ojos ruborizado y simplemente asintió con la cabeza.

-Haré algo que te gustará mucho más.- la mano que estimulaba su delicado pezón se movió hacia abajo para posarse sobre la bragueta de su pantalón y abrirla previamente.

Ludwig bajó el pantalón hasta por encima de las rodillas y observó la ropa interior abultada por la erección. A continuación, bajó dicha prenda y dejó al descubierto a la anteriormente mencionada.

-N-no mires…- balbuceó Feliciano en voz baja.

-¿Por qué? ¿Te da vergüenza?-

Asintió mirándole a los ojos.

-Pues a mí me gusta. Es perfecta como el resto de todo tu cuerpo.-

Tras decir esto se acercó a su rostro y le besó intensamente. Ahora fue Feliciano quien sacó su lengua y la metió en la boca de Ludwig para que después las dos se enzarzaran en un baile mientras que el segundo frotaba lentamente el miembro de su pareja.

-Mmh… Lud…- se abrió más de piernas y movió su torso hacia él agarrándose a su hombro.

-¿Duele?-

-Un poquito…-

Se quedó un tanto extrañado y bajó la velocidad de su maniobra. -No te preocupes, te haré sentir mucho mejor.- besó sus labios y se dispuso a bajar hasta su miembro con su mano derecha aún entrelazada con la izquierda del más joven.

Todo iba bien hasta que Ludwig se percató de una cosa algo extraña para la edad de Feliciano.

-Uhm… Feliciano…- dijo mirando su miembro.

-¿Sí?-

-¿No estás operado?-

-¿Eh?-

-¿No estás operado de fimosis?-

-No… ¿por qué?-

-Porque si tienes sexo sin estar operado puede que se te rompa el frenillo…-

-¿Ve?-

-… Duele y empiezas a sangrar.-

-¡Ve!… será mejor que paremos…-

-A mi no me importa seguir, tendré mucho cuidado.- mientras le miraba, sacó su lengua y lamió levemente la punta.

El pasivo pronunció un fino "ve" a modo de "sí" y volvió a acomodarse en el colchón mirando desde arriba lo que su pareja hacía.

La lengua de Ludwig se recorrió todo su miembro marcándolo de saliva mientras escuchaba a Feliciano gemir a pesar de tener su boca tapada con una de sus manos. El rubio prosiguió su faena lamiendo y succionando la piel, tratando de evitar el contacto brusco con su prepucio. A pesar de sus precauciones, un dolor leve pero punzante recorrió la zona más erógena del pasivo. Esta molestia aumentaba conforme sentía más placentera la lengua y caricias del rubio, hasta que deduzco lo que iba a pasar.

-L-Ludwig, tienes que apartarte, me voy a…a…- le daba vergüenza decirlo.

El otro abrió los ojos y le miró para a continuación incorporarse de cara a él y seguir frotando su miembro con las manos.

-¡Aaagh!- chilló Feliciano mientras eyaculaba y el dolor se hacía más insoportable.

-¡Oh, mierda!- exclamó Ludwig al verle sangre.

El castaño no sabía si sentirse extasiado o agonizante por el dolor que estaba sintiendo tras una sensación de intenso placer como la anterior, pero compensada por otra tan dolorosa.

-Lud… siento haberte manchado las sábanas…- dijo jadeando ruborizado.

-Eso es lo de menos, tienes que limpiarte y curarte.- se levantó. –Traeré el botiquín.- salió del cuarto.

Feliciano se incorporó despacio quedando sentado sobre el colchón y mirando su herida. Nunca pensó que pudiera existir una sensación tan agridulce como la que acababa de experimentar y visto esto, parecía que debía entrar en el quirófano, lo cual le desagradaba bastante, aunque si eso significaba abandonar esta sensación a la hora de tener sexo con su muy querido novio, lo haría.

Por lo que parecía, o Ludwig no encontraba el botiquín o estaba entretenido con algo. Hacía ya buen rato que salió del cuarto y cuando lo hizo, pudo avistar un bulto en sus pantalones, el cual no fue capaz de tratar como Ludwig hizo con el suyo. Al haber sido tan pasivo, se sentía un tanto mal por dejar que Ludwig se conformara con sus propias manos teniéndole a él.

El rubio pasó con el botiquín y cerró la puerta. Su "bulto" ya no estaba, pero ninguno de los dos comentó nada. Ludwig preparó todos los desinfectantes, algodones y gasas para curar al castaño, ya que probablemente él no tenía ni idea.

-¿Vas a operarte?- preguntó mientras pasaba algodón con desinfectante por la herida.

-Sí…- respondió estremecido.

-Perdona, no quería ser tan brusco…-

-¡Ve! No, no, me ha gustado mucho~- sonrió.

-No digo que no, pero la herida te la he hecho yo…-

-No pasa nada, en serio.- sonrió. –Aunque yo también me siento un poco mal…- murmuró en voz baja.

-¿Cómo?-

-¿Ve?-

-¿Qué has dicho?-

-No, nada.- sonrió de nuevo quitándole importancia,