¡Hola, hola! ¿Cómo la están pasando? Antes que nada, quiero pedirles inmensas disculpas, porque no actualicé el capítulo cuando debía. Lo que sucedió es que no tenía internet. ¿Pueden creerlo? ¡Sin internet durante todo este tiempo! :( Pero aquí está el gran final de esta historia!
Quiero agradecerles enormemente a todas las personas que se han tomado el tiempo de leer y seguir esta hostoria, que, a pesar de que no es mía, de verdad fue realmente bueno adaptarla. A todas aquellas personas que me dejaron un review, y también a todas las que no.
kiaru87, EthereldCrow, Gzn, Yeckie, ade, anna 04, Claw-13, Anahis, eva y Koral Kurosaki.
Debo recordarles que esta historia no es de mí autoría, sino de la grandiosa Sara Craven.
Disclaimer: Bleach y todos sus personajes no me pertenecen, son de Tite Kubo, aunque estoy pensando seriamente en comprárselos... xD
¡Disfruten!
Capítulo 11
Rukia estaba muy desilusionada cuando llegó a casa de Tatsuki. El trabajo que había conseguido al regresar a Londres se acabó ese mismo día, y la agencia no tenía nada más para ella de momento. Estaba decepcionada, ya que había creído que se quedaría.
Al menos, tenía un poco de dinero y podría pagarle a Tatsuki y a su novio algo por dejarle que se quedara en su casa. Fueron muy amables consintiendo que estuviera con ellos todo el tiempo que fuera necesario.
Rukia estaba decidida a que fuera una estancia breve. Tenía que continuar su vida. Por supuesto, su trabajo en la antigua compañía había terminado, pero el departamento de personal guardó su dirección y su número de teléfono, prometiendo estar en contacto si surgía una nueva oportunidad. Hasta el momento, no había tenido noticias, y comenzaba a dudar si alguna vez las tendría, pero aún no era posible empezar a buscar apartamento, ya que no tenía un trabajo estable para pagarlo.
Los niños que su amiga cuidaba se habían marchado a casa, y Tatsuki se había sentado en la mesa de la cocina a tomar un café cuando Rukia entró.
—¿Bien? —preguntó Tatsuki sonriendo a la chica.
—Mal —contestó negando con la cabeza—. Ya no tengo trabajo. Lo cual me recuerda... —sacó de su bolso el sobre con su salario.
—Guárdatelo —dijo Tatsuki—. Después de todo, estás en la habitación de invitados, y Dios sabe que comes menos que una mosca.
Rukia se ruborizó ligeramente. Tatsuki era muy buena cocinera, y debía ser difícil para ella sentarse frente a una invitada que con templaba la cena la mayoría de las noches. Le había dicho a Tatsuki lo suficiente para convencerla de que era imposible quedarse en Corfú, sin entrar en detalles sobre su relación con Ichigo, y esperaba que interpretara su continua tristeza y su falta de apetito como consecuencia de que echaba de menos a Nicky. Pero con frecuencia veía una mirada de incredulidad de Tatsuki y con pena, pensaba que no había logrado engañar a su amiga.
—Prefiero pagarte... mientras pueda hacerlo.
—Los trabajos con sueldos suficientes para sobrevivir, son difíciles de encontrar —observó Tatsuki. Sirvió café en una taza, y se la dio a Rukia—, por supuesto, podrías ponerte en contacto con la Corporación Kurosaki para recordarles que fuiste a Corfú porque te prometieron un trabajo cuando volvieras.
—Prefiero morir —murmuró con fingido enfado.
—Eso pensé —dijo Tatsuki pensativa.
—¿Qué deseas saber? —hubiera sido un consuelo confiar en alguien.
—¿Qué necesito saber? —replicó Tatsuki—. No comes y no duermes. La mitad del tiempo estás despierta. Nicky es, un niño adorable, pero no puedo creer que haya tenido un efecto tan profundo en ti.
—No, tienes razón. Aunque le echo mucho de menos. Estoy preocupada por él. Estaba adormilado cuando le vi por última vez, y comenzó a decirme algo sobre «la bruja». Podría tener esas pesadillas durante años... Quizá esté enfermo.
—Lo dudo —Tatsuki la cogió del brazo con un gesto cariñoso—. Los niños son muy resistentes, y todo lo que ocurrió aquella noche, le parecerá sólo una pesadilla en poco tiempo. Aunque no fue el momento adecuado para que te marcharas —añadió frunciendo el ceño.
Rukia se vio forzada a sonreír.
—No lo sé. He tenido tiempo para pensar, y creo que en cierto modo la señora Kurosaki me echará la culpa de lo ocurrido. Ella pensó que fue mi presencia lo que impulsó a la señora Harribel a hacer lo que hizo.
—En otras palabras, ¿hubiera preferido continuar compartiendo su techo con una loca, antes que saber la verdad? —preguntó Tatsuki—. Acepto que tú podrías haber renovado los recuerdos de las cosas que ella quería olvidar, pero también lo hará Nicky y le retiene a su lado. Tómate el café —añadió comprensiva.
Rukia obedeció. Después de una pausa, continuó.
—Por supuesto, puedes tener razón. Eso fue sólo una parte. Deseaba deshacerse de mí, porque estaba comprometida con... Ichigo.
—Cuando dices comprometida... —dijo Tatsuki lentamente.
—Eso es, exactamente, lo que quiero decir.
—Eso temía —comentó Tatsuki exasperada.
—Dime que he sido una tonta.
—Yo diría que ya lo sabes. ¿Es eso lo que has intentado decirte noche tras noche mientras paseabas por tu habitación? No, no he estado espiándote —añadió—. Pero tuve que levantarme a atender a los gemelos una noche, y vi tu luz encendida. Temía que estuvieras enferma —se detuvo y preguntó con gran énfasis—. ¿No lo estás, no es cierto?
—No —repuso tensa—. No... ni siquiera estoy embarazada —era algo que se le había ocurrido pensar en una ocasión. Una nueva vida pudo haber sido creada en aquella única gloriosa noche. Pero estaba segura de que nada de eso había sucedido.
—No hables así —le reprochó Tatsuki—. Sabes muy bien, por Nicky, que criar tú sola a un niño, no es algo fácil de hacer. Aun cuando el padre esté vivo, y puede ayudarte a mantenerle.
—Lo sé. Lo sé todo, pero aún tenía la esperanza —Rukia inclinó con tristeza la cabeza.
—¿Sabe él cómo te sientes? —preguntó Tatsuki.
Rukia negó con la cabeza.
—Entonces, debe haber sido un desalmado y un insensible.
—No, lo que pasó fue que nunca le dije que le amaba.
—¿A pesar de haber tenido una relación tan íntima? —demandó la otra chica con escepticismo—. ¿Qué hiciste... decirle que era sólo un pasatiempo?
—Es evidente que no —suspiró Rukia—. No me hubiera creído. Fue una relación muy breve —añadió con cierta amargura—. De una noche, para ser exacta. No es suficiente para hacer declaraciones de amor eterno.
—Y con seguridad, nada que arruine el resto de tu vida —intervino Tatsuki.
Tenía razón, y Rukia lo sabía. Esas últimas horas en Corfú estuvieron llenas de esperanzas de que Ichigo volviera por algún milagro, impidiendo que se marchara, incluso que la sacara del avión, antes de despegar. Pero mientras viajaba, una serie de pensamientos la asaltaron. Ichigo quería que se fuera. Su madre sólo cumplía sus deseos. Su única esperanza de salvación, era olvidarle, borrar de su mente todo lo ocurrido, sin importar cuánto tiempo tardara en hacerlo. Y si eso implicaba alejarse para siempre de Nicky, entonces lo haría, sin importarle el dolor que le causara.
Pasó el fin de semana leyendo los periódicos, buscando posibles trabajos, no sólo en la capital, sino en todo el país.
El lunes llovió, y pasó un deprimente día haciendo visitas a más oficinas de empleo. En todas partes parecían estar economizando, y no le ofrecían mucho, excepto una semana de trabajo. Era ya tarde cuando volvió a casa de Tatsuki, sintiéndose cansada, y preguntándose si alguna vez tendría un trabajo fijo de nuevo...
Todavía no había llegado a la casa, cuando la puerta se abrió y Tatsuki corrió hacia ella, llevando un niño en brazos, y dos más a su lado.
—¡Gracias a Dios que has vuelto! —exclamó—. Ese griego ha llamado por teléfono. Oh, cariño, él no —añadió con reproche, cuan do vio la cara de Rukia—. El otro... el señor Ishida.
—¿Pero cómo supo dónde estaba? —preguntó.
—No lo sé. Pero quiere que vayas a su oficina. Dijo que era algo muy urgente, pero no me dio detalles.
—Había la duda... sólo la duda de una neumonía. ¿Oh, Tatsuki, piensas...?
—No sé qué pensar, excepto que es mejor que hagas lo que él quiere, y vayas allí inmediatamente. Dejó su número de teléfono para que pudieras llamarle y avisarle de que estabas en camino.
—Quizá si llamara, me diría...
—¡Vete! —Tatsuki la empujó con suavidad—. Si por casualidad fuera una emergencia, quizá necesitaría que le acompañaras a alguna parte. ¿Tu pasaporte? ¿Lo tienes?
—Lo tengo en el bolso. Iré ahora mismo.
—Te acompañaría —dijo Tatsuki—, sólo que... —hizo un expresivo gesto hacia los pequeños que la rodeaban—. Dime... la noticia cuanto antes, por favor.
—Por supuesto —olvidando su cansancio, Rukia corrió hacia la calle principal. Cogió un taxi. Al llegar a su destino, pagó al conductor y corrió sin aliento por la escalera. El portero abrió la puerta y entró en el ascensor.
El señor Ishida se puso de pie cuando la chica entró en su despacho.
—Nicky... ¿qué le ha sucedido? —preguntó angustiada.
—Señoritan Kuchiki... thespinis... siéntese. Permítame pedirle a mi secretaria un café para usted.
—No quiero café, sólo quiero saber noticias de Nicky. Por favor... he recorrido un largo camino. ¡Debe decírmelo!
—Todo a su tiempo, querida señorita. Pero primero, ese café.
Salió de la habitación y Rukia se tapó la cara con las manos. Si en realidad él consideraba que necesitaba un estimulante, debían, ser unas pésimas noticias.
Oyó que la puerta se volvía a abrirse, y miró hacia arriba, armándose de valor.
Ichigo estaba de pie, observándola.
Los labios de la chica se abrieron sorprendidos. Entonces, murmuró suplicante:
—¿Nicky?
—Te echa de menos, pero está muy bien —dijo con tono frío.
—Entonces, ¿por qué me dejó el señor Ishida ese recado?
—¿Si hubiera dicho que era yo quien deseaba verte, habrías venido? —él vio su reacción, y frunció el ceño—. No, ¿verdad?
—Has utilizado a Nicky —le acusó—. ¿Cómo has podido hacerlo?
—Nicky está en el hotel en este momento. Imaginé que deseabas verle. ¿Me equivoqué?
Rukia negó con la cabeza.
—Entonces le verás —dijo—. Por un precio.
Ella levantó la cabeza y le contempló. El rostro de Rukia revelaba sorpresa.
—¿Qué precio? —preguntó lentamente.
—No es lo que estás pensando. Sólo una conversación... la que me negaste cuando saliste de Corfú tan precipitadamente —respondió sonriendo con crueldad.
—Creo que todo ha sido dicho.
—Bien, yo no. Enséñame tus manos, Rukia mou.
—No comprendo... ¿por qué...? —respondió dudando.
—No discutas conmigo —su voz era suave y amenazante—. Sólo enséñame tus manos.
Las extendió en silencio, con las palmas hacia arriba. Él las cogió entre las suyas y sus ojos miraron los dedos delgados.
—¿No estás comprometida, o casada, aún?
—No, por supuesto que no —respondió ella apartando sus manos.
—Entonces, ¿qué ha sucedido? ¿Es posible que le hayas confesado algo a tu amante que le haya hecho recapacitar? ¿Quizá una buena dote le suavizaría? —buscó en su bolsillo y extrajo, un estuche, plano. Rukia lo reconoció al momento. Él lo abrió, lanzándolo a sus pies—. Espero que esto compense a tu prometido por la pérdida de su... novia virgen.
—No lo quiero.
—Ah —intervino, su tono era amargo y sarcástico—: Quizá deseabas algo mejor. Por ejemplo, el anillo de rubí de mi madre.
—Tatsuki tenía razón. Eres un desalmado y un insensible, Ichigo.
—Te aconsejo que no me pongas sobrenombres. Desde que me dejaste, he tenido tiempo y tranquilidad para pensar en algunos para ti —contestó enfadado.
—No quiero oírlos —Rukia se levantó—. Si la conversación de que hablabas era tan sólo para tener otra oportunidad de insultarme con esto... —tocó el brazalete con la punta del zapato—, entonces, prefiero no oír nada más.
—Quizá fuera mejor que consultaras a tu futuro esposo, antes de rechazar un regalo tan valioso.
—No tengo un futuro esposo —indicó furiosa—. Sí, quisiera ver a Nicky, pero si eso implica tener que ser insultada por ti, Ichigo, entonces volveré a casa.
—Kaien me comentó que había un hombre en Inglaterra. Dijo que tú misma se lo confesaste.
—Sí, le dije algo así a Kaien —aceptó con tristeza—. Pero sólo para evitar que él se acercara a mí con otras intenciones.
—Temías que se sobrepasara —movió la cabeza—. No lo habría hecho.
—¿Qué te hace estar tan seguro?
—Porque él sabía que yo te quería para mí.
—Y nada debe interponerse en tu camino, ¿no es verdad, Ichigo? Y nada lo hizo, porque me tuviste. ¿O lo has olvidado?
—No —repuso Ichigo con voz tensa—. No he olvidado nada.
—¡No te acerques! ¡No me toques, o gritaré hasta que alguien me oiga!
Él suspiró con impaciencia.
—Rukia mou. Estás en las oficinas Londinenses de la Corporación Kurosaki. Podrías gritar cuanto desees, pero nadie vendrá a ayudarte, aunque tuviera la intención de violarte en la alfombra —hizo una pausa—. Pero los dos sabemos que no sería una violación.
—Quisiera irme ahora, por favor. Dale... dale un beso a Nicky de mi parte cuando le veas.
Antes de llegar a la puerta, él estaba a su lado, su mano la agarró con tanta fuerza que le hizo daño.
—Puedes darle el recado en persona —repuso Ichigo sonriendo.
—¡Suéltame! —exclamó sin aliento.
—Lucha o haz una escena, y te llevaré en mis brazos hasta el coche —advirtió, y hablaba en serio, lo sabía.
El lugar parecía desierto, pero Rukia estaba segura de que, sólo era una ilusión. Docenas de ojos los observaban dirigirse al ascensor y después cruzar la recepción hacia la puerta. La mano de Ichigo no se aflojó al conducirla por la escalera y hacerla entrar en el coche.
«Se está riendo de mí», pensó furiosa, sin dignarse a responder o a mirarle, permaneciendo sentada, contemplando las calles a tra vés de la ventanilla del coche.
No fue una sorpresa descubrir que la habitación del hotel estaba vacía, pero aún así, sintió que el pánico se apoderaba de ella.
—Me has mentido.
—Te he dicho la verdad. Nicky está en la habitación de al lado, con mi madre. Cenaremos con ella más tarde. Entonces le verás.
—¿Cenar con tu madre? ¿Estás loco?
Él le sonrió.
—No lo creo, Rukia mou. Estás pensando, quizá, en la última ocasión que hablaste con ella, pero entonces no estaba bien.
—No comprendo.
Ichigo le indicó uno de los sofás.
—Siéntate y te lo explicaré. Mi madre tiene una ahijada con la cual se siente muy comprometida. Hace algunos años, intentó arreglar un matrimonio entre la chica y mi hermano Byakuya. Y tú conoces el resultado. Por ello, mi madre pensó que Lisa y yo seríamos felices. He tardado mucho tiempo en convencerla de que el hombre capaz de tolerar a Lisa y sus rabietas, tal vez no existe pero al fin me ha creído. Su segunda preocupación se refería a ti, ágape mou. Como sabes, yo no quería que los criados me vieran salir de tu dormitorio. Lo que no me imaginaba, era que mi madre estaba cuidando a Nicky, y que al volver ella a su habitación a descansar, me vería. Como podrás imaginar, estaba enfurecida. Jamás creyó que yo podría seducir a una chica que viviera bajo el mismo techo que ella comparte conmigo. Cuando se enfrentó a mí aquella mañana, había poco que pudiera decir en mi defensa. Además, estaba un poco alterada por... Thia Harribel. Me pareció mejor decir lo menos posible. Pero le expliqué que tú no eras una aventura más. Esto la preocupó. Había perdido a Byakuya con tu hermana. Temía perderme a mí contigo, por lo que decidió apartarte, y utilizó el brazalete que yo había comprado en Atenas, como una especie de... regalo de despedida.
Hizo una pausa y suspiró, luego siguió diciendo:
—Cuando descubrí que te habías marchado, y ella aceptó haber influido en tu partida, no pude creerlo. Verás, ágape mou, me había convencido de que estabas enamorada de mí, y me parecía imposible que hubieras creído en sus palabras y que te hubieras marchado... Pensé que estarías en contacto conmigo de alguna forma, si no desde Corfú, entonces, al menos, al cambiar de avión en Atenas, y me pedirías una explicación, o me dirías a dónde ibas... una dirección... algo. Si Ishida no hubiera llamado a la compañía para la que trabajaste, donde le dijeron dónde estabas, quizás habrían transcurrido varias semanas antes de encontrarte, entonces, Kaien me habló de este hombre que mencionaste, y eso pareció explicar el motivo de que no hubiera ninguna noticia... ni siquiera una palabra de despedida. Me sentí mal, por lo que fui Atenas y me emborraché.
—¿Y tu amante de Atenas? ¿Qué hay de ella?
—Kaien de nuevo —dijo con furia—. No, Rukia, no fui a ver a Senna. Ya me había despedido de ella anteriormente. Sabía desde de el principio de nuestra relación, que ésta terminaría tan pronto como conociera a la mujer con la que iba a casarme.
—¡Pobre Senna! ¿También le diste un brazalete?
—¡No, no lo hice! Compré tu brazalete, no como una despedida, sino para ponerlo en tu muñeca cuando te pidiera en matrimonio.
—¿Tú... deseabas casarte conmigo?
—¿Por qué hablas como si fuera parte del pasado? —preguntó impaciente—: Sí, deseo casarme contigo. ¿Por qué otra razón estaría aquí? Me dije que este hombre no podía significar nada para ti, que si así fuera, no te hubieras entregado de la forma en que lo hiciste, cariño mío.
El avanzó, y ella retrocedió. —¡No te acerques!
Durante un momento, la observó, entonces se encogió de hombros, y se sentó en el otro extremo del sofá. Rukia necesitaba pen sar con claridad y si la tocaba de nuevo, se derretiría, pero, por otra parte, deseaba con desesperación que la abrazara y la besara, apartando sus dudas, la tristeza, y el pánico que la estaba destruyendo. Había dicho que no se casaría con Lisa, que deseaba casarse con ella, y debía estar emocionada por ello, sin embargo, aún no había dicho una palabra de amor.
—¿Por qué quieres casarte conmigo? ¿Por... por Nicky? —preguntó la chica ansiosa.
—Eso solucionaría muchos problemas, como estoy seguro que comprenderás.
—¿Y eso es todo? —preguntó nerviosa.
—No —dijo con suavidad—. Quizás... también... para dar un apellido a mi hijo.
—No estoy embarazada —contestó enfadada y él echó la cabeza hacia atrás, riendo con fuerza.
—Pero aún no has oído mis planes para el resto de la noche, ágape mou.
—No me acostaré contigo —repuso defendiéndose de nuevo.
Él frunció el ceño.
—¿No? Entonces, será un matrimonio muy frustrante para los dos.
Rukia cogió su bolso, y se puso de pie. Su corazón latía con fuerza.
—No habrá boda —dijo—. Ya... hemos tenido la conversación que deseabas, ahora, por favor déjame que me vaya.
Ichigo la alcanzó al llegar a la puerta. Cogió el bolso con sus dedos y lo lanzó sobre el sofá, entonces la abrazó y, sin esfuerzo, la llevó hacia la puerta que conducía a su dormitorio. Rukia pataleó y luchó con furia, pero él no parecía darse cuenta de ello. Se detuvo de pronto y la besó ardientemente. Entonces la dejó sobre la cama.
Rukia le miraba sorprendida mientras él se despojaba de su elegante chaqueta y de su corbata. Cuando comenzó a desabrocharse la camisa, ella intentó escaparse, pero Ichigo era demasiado rápido. Con brusquedad, la arrastró y, se puso sobre ella para controlar sus enfurecidos movimientos.
—¡Si me tocas, te arrepentirás! —le amenazó.
—Si no te toco, los dos estaremos perdidos —se quitó la camisa y la tiró sobre la alfombra.
Intentó pegarle y él cogió sus muñecas en una mano, sujetándo las sobre su cabeza, mientras comenzaba a desnudarla. Sus labios buscaban los suyos, pero ella apartó el rostro, rechazándole con decisión. Él comenzó a besar su cuerpo, los tibios besos pronto la hicieron perder el control.
Podría enfrentarse a él a cierta distancia, pero cuando estaba así entre sus brazos, entonces debía luchar contra sus más profundas y secretas necesidades y deseos.
Él le soltó las muñecas, y las manos de Rukia le acariciaron el pelo.
Ichigo se apartó un poco, mirándola con deseo.
—Ahora dime que no me deseas —dijo entre dientes.
—El deseo no es amor, Ichigo. Y se necesita amor para que un matrimonio funcione.
Él permaneció en silencio e inmóvil durante un momento. Después habló con voz triste.
—Oh, querida mía, puedo enseñarte a necesitarme en todos los aspectos, a confiar en mí. No me dejes de nuevo, amor mío. Qué date conmigo. Puedo lograr que me ames.
—¿Tú... me amas? —preguntó con un murmullo.
—Casi desde el principio, ágape mou.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—¿Eran necesarias las palabras? Y al principio, debo reconocerlo, intenté luchar contra ello. No quería seguir el camino de Byakuya, parecía que siempre habría demasiados obstáculos y barreras entre nosotros. Pero estabas en mi corazón, casi antes de saberlo.
Se inclinó y la besó.
—Pero fuiste tan frío conmigo... —le dijo Rukia con timidez
—Pensé que deseabas a Kaien. Volví de Atenas casi loco por ti. Intentaba decirte que hicieras el crucero del que te hablé... pero conmigo, en vez de sola, entonces te vi con mi primo, y me sentí como si un puñal se clavara en mi corazón.
Acarició su mejilla.
—Sólo era amable. Creo que se dio cuenta de que yo necesitaba un amigo.
—No siempre aprecié esa clase de amistad —dijo con desdén— Ese día en la playa, por ejemplo, estaba dispuesto a matarle. Me delaté por completo. Sus primeras palabras, fueron «Así es que has sido atrapado al fin, primo».
—En realidad te excediste —sonrió—. ¡Pobre Kaien! Ha tenido una temporada difícil. Debemos ser amables con él.
—Pero no muy amables —dijo Ichigo en broma; luego dijo en serio—: Sí, está demasiado alterado y triste, pero reconoce que su madre es una mujer enferma —hizo una pausa—. Y me he asegurado de que tenga trabajo de sobra, y más responsabilidades para mantener su mente ocupada.
—¿Y tu madre? —preguntó con suavidad—. ¿Has logrado que no recuerde con odio el pasado?
—No te diré que ha sido fácil. Ella es una mujer de carácter fuerte, pero tiene sentimientos. Si no hubiera sido por la intervención de Thia Harribel, pienso que habría perdonado a Byakuya y recibido a tu hermana. No va a cometer el mismo error conmigo, y ése es el motivo por el que ha venido a Londres... para compensarte y demostrar que está dispuesta a aceptarte como mi esposa —él la miró a los ojos—. Dime que te casarás conmigo, Rukia, mi amor.
Sus manos acariciaron sus hombros y su espalda. Una nota de felicidad temblaba en su voz.
—No es exactamente una proposición tradicional, pero pienso que podrías persuadirme... Ichigo mou.
—Entonces, no perderé el tiempo —contestó él con voz ronca.
Sus labios besaron los suyos de forma apasionada, y sus brazos le rodearon su cuerpo respondía con deseo, aceptando su amor y todo lo que la vida podía ofrecerle en el paraíso que compartía con Ichigo.
OoOoOoOoOoOoOoO
¡Gracias por haber estado conmigo, y leído esta adaptación! Me siento contenta y espero que este último capítulo les haya gustado! Va dedicado a todas y todos ustedes, porque han sido unos lectores increíbles, y unos seguidores fieles!
¡Gracias! No vemos en otras historias! Cuídense mucho!
Yare (:
