Holi, colori! Últimamente he tenido mucho tiempo libre e inspiración a montones así que, por fin, les traigo un capítulo más de este fanfic. Espero que les guste.

Disclaimers: Declaro abiertamente que esta historia es una libre adaptación del libro 'Una dulce enemistad' de la autora Johanna Lindsey, que los personajes son de la mangaka Amano Akira y que no recibo ni un solo peso por escribir esto. Simplemente es un trabajo de fan para fans. :)


Capítulo 11

-Creo que vuelve en sí-

La voz femenina hizo reaccionar a Shoichi. No sabía dónde se encontraba. No recordaba haber visto aquellas paredes color vainilla, ni las cortinas teñidas de rojo tinto. Nunca antes había estado en esa habitación.

-Tranquilo jovencito, no es bueno que te levantes de golpe- La extraña mujer se alejó y pudo escuchar como hablaba con alguien más- Pero niña, ¿qué haces ahí parada? Ve a la cocina y tráeme un té de flores de azar. Le hará bien para calmar los nervios.-

Shoichi fue sentándose en la cama muy lentamente, sentía que si desobedecía, ella se enfadaría.

Después de sus indicaciones, la mujer acomodó una silla muy cerca de la cama del muchacho.

Cuando por fin estuvo completamente lucido, descubrió que la extraña mujer era en realidad una anciana, una muy simpática a decir verdad. Su blanca cabellera, larga y sedosa estaba amarrada en una trenza, Shoichi se preguntó si su color era debido a la edad o bien era su tonalidad natural. Tenía una nariz muy pronunciada, y su pálida piel estaba llena de cicatrices, marcas de la edad. Pero sin duda lo que llamaba la atención eran sus ojos, pequeños, perspicaces, y bicolor; su ojo izquierdo era de un ámbar brillante y el derecho era amatista intenso, como los de él…

-Te pondrás bien muchachito- de pronto soltó una fuerte carcajada- Les has dado un buen susto a mis nietos.

Shoichi no respondió, no sabía que decir, mientras tanto la longeva mujer, quitaba de la frente del chico un paño mojado. Ella sólo siguió sonriendo.

-¿Quién eres?- preguntó Shoichi.

-Soy Rosetta Gesso, la abuela de Byakuran y Hayato. Y tú eres Shoichi, un joven muy guapo a decir verdad, los chicos me han hablado mucho de ti. Espero que Byakuran no haya sido muy rudo cuando te trajo, a veces es un poco torpe. Te has desmayado. ¿Sabes?

La sola idea de que él le llevara en brazos le hizo estremecerse.

-Él…. ¿él me trajo hasta acá?

La viejecita empezó a reír aunque un poco más bajo a modo de complicidad.

-Sí, hizo eso y hasta mando traerme, has creado un gran alboroto en el castillo.

Ese comentario lo hizo sonrojarse. Afortunadamente nadie lo notó pues habían llamado a la puerta. Era la mucama que traía la taza de té que le habían pedido unos minutos antes.

-Bebe hasta el fondo muchacho, te hará bien, estoy segura.- Shoichi sujeto la taza con sus manos aún temblorosas, se sentía muy débil.

Se acomodó en su lugar y decidió comenzar a beber, intentado evadir la incomodidad que sentía. Esa extraña señora no dejaba de escrutarle.

-Tienes los ojos y el cabello de los Irie.-

El pelirrojo casi escupió todo el líquido que tenía en la boca. No se esperaba ese comentario.

-¿Pe…perdón?- la tos le impedida hablar- …No…no sé de qué está hablando.

-Ya decía yo que te me hacías conocido, ese rojo bermellón sólo se lo he visto a una persona y esa es Tadashi Irie.

El joven estaba tan atónito que no podía emitir palabra alguna y lo peor es que la mujer continuaba hablando.

-Nunca vi a otra familia con esa cabellera. ¿Eres un Irie?-

Shoichi no esperaba una pregunta tan directa, debía ingeniárselas para poder responder.

-Yo ya he dicho antes quién soy.-

-Claro, claro, tienes razón, pero sabes…- exhalo un largo suspiro- he visto cómo te mira mi nieto y si pensamos mejor la situación pienso que sería perfecto que fueras un Irie. Así no le quedaría más remedio a Byakuran que terminar con esta absurda guerra. Ha pasado tanto tiempo y él sigue formando esa barrera que lo divide de los demás.

Rosetta Gueso hubiera continuado con su relato pero al ver el rostro asustado del muchacho decidió tranquilizarle- Descuida sólo….sólo son los deseos locos de una mujer que ha visto pasar miles de veranos, por favor ignora a esta pobre viejecita. De todas formas jovencito, si tu fueras un Irie es evidente que lo negarías, ¿verdad?- Le dedico una sonrisa de autosuficiencia.

-Abuela, ¿ya podemos entrar?- Esa voz firme y autoritaria hizo reaccionar a Shoichi. Ver a ese hombre ahí parado frente a él, le ponía los nervios de punta y ahora que su abuela había deducido su identidad se sentía desprotegido. ¿Los habría escuchado?

-¡Sobrino! ¿Te unes a la fiesta del té?

Esta repuesta sorprendió al pelirrojo, quién se confundió por el extraño comportamiento de la anciana. Cuando Shoichi volvió su vista hacia la mujer la encontró a medio barrer con una escoba imaginaria bailando al ritmo de una melodía absurda y sin sentido.

- Kaylee, puedes llevarte a mi abuela a descansar- La mucama tomó a la mujer del brazo y juntas salieron de la habitación.

Shoichi nunca dejó de mirar a la longeva mujer y cuando sus ojos se encontraron pudo percibir en ellos un ligero brillo travieso, ese que es capaz de guardar cualquier secreto.

-¿Qué le ocurre a tu abuela?- Le preguntó a Hayato, evitando mantener contacto con el líder de la familia. Pero fue Byakuran quien contesto:

-Hace mucho tiempo que mi abuela tiene periodos de extravío, suele hablar de algún tema y de repente parece olvidar en dónde se encuentra.

-Y ¿hay algo en lo que pueda ayudar?

-Descuida con un poco de descanso ella vuelve a la normalidad.

-Entiendo.

-¿Ya te sientes mejor Shoichi?- El menor fue el primero en preguntar, era evidente que estaba muy preocupado por la salud del pelirrojo y esto hizo enfurecer a su hermano mayor.

-Entonces me dirás porque saliste corriendo.- Exigió Byakuran.

-Porque pensé que me harían daño- Shoichi miraba hacia la puerta, no porque quisiera escapar, sino porque era muy difícil pensar con ambos hermanos al costado de su cama.

-¡¿Qué cosa?! Suena absurdo. ¿Por qué razón haríamos algo así?- Sus ojos violetas se tornaron más sombríos.

Gokudera ignoró a la cabeza de la familia y se sentó cerca de su huésped. Con voz calmada empezó a hablarle.

-Es normal que ambos estuviéramos enfadados, has insultado a nuestra familia, pero de eso a querer hacerte daño, creo que hay mucha diferencia.

Shoichi agradeció ese gesto del más pequeño, el joven de color aguamarina mostraba ser más comprensivo y paciente que el bruto de su hermano mayor.

El estómago de Byakuran se revolvió al instante en que vio como Shoichi miraba a Gokudera.

-Hiciste una acusación grave contra mi familia y exijo saber por qué.

-Parece que hable precipitadamente y lo siento. Pero tú también has hecho lo mismo, dices que los Hayashi son unos necesitados, unos ladrones ¡y mi familia no es así!

Byakuran puso los ojos en blanco, inhalaba y exhalaba, no comenzaría otra discusión. -Está bien, arreglado el asunto de la familia y las suposiciones. ¿Satisfecho?

Shoichi asintió con la cabeza. Sabía que él nunca se disculparía. Así que mejor dejar ese tema por la paz.

-Lo siento, creo que has estado muy estresado estos días, perdona por todas las molestias que te hemos causado- Gokudera tomó la mano del pelirrojo entre las suyas, en sus ojos se mostraba preocupación.

El acto hizo que Shoichi se sintiera embelesado y por simple reflejo entrelazo sus dedos con los de él.

-No tienes de qué disculparte, tú siempre has sido muy atento conmigo, y admito que tengo un carácter difícil, pero no te preocupes tampoco es como si estuviera enfermo, sólo necesito descansar.- Y le dedicó una tierna sonrisa.

Ese pequeño acto hizo que el corazón de Gokudera saltara de emoción.

-Descuida Shoichi, te dejaré dormir, ¿quieres otra taza de té?

El pelirrojo simplemente asintió.

-Espérame unos minutos, prometo no tardarme-

Shoichi observó cómo salía de la habitación a toda velocidad, y se sonrió cálidamente, esa actitud en Gokudera le había recordado a su pequeño hermano Tsuna.

-A veces me gustaría que me sonrieras de la misma forma- Esa voz dura y profunda lo puso en alerta nuevamente, por un ínstate se había olvidado que había alguien más en la habitación.

-Dime por qué no eres así conmigo.

-No te conozco-

-¿Y a mi hermano?

Shoichi se sintió acorralado.

-Tampoco-

El albino exhalo un largo suspiro, este chico le ponía de pies a cabeza, era tan complicado y a la vez tan incoherente. Si se trataba de su hermano era lindo y suave, pero con él era otro cantar. Lo curioso era que Byakuran ni siquiera le había secuestrado, pero el pelirrojo lo trababa como si hubiera sido así. Necesitaba arreglar las cosas con su invitado.

-Sólo quiero aclararte algo Shoichi Hayashi- Esto hizo que el pelirrojo se cohibiera.- Soy como cualquier persona, tengo mi carácter y me enojo con facilidad, pero no por eso voy golpeando a la gente así porque sí, ni cometo asesinatos por el gusto de hacerlos, quiero que dejes de juzgarme, no he hecho nada que merezca tu temor y…-Byakuran se sintió ofendido pues mientras él trataba de remediar las cosas Shoichi simplemente le ignoraba. Con voz fuerte y clara le dijo- ¡Y cuando hable, bien puedes mirarme a la cara!-

El nipón simplemente obedeció, pero su rostro se mostraba claramente incómodo.

Byakuran se sentó a lado del chico. Suavemente poso su mano izquierda sobre el rostro del pelirrojo.

-¿Por qué me tienes miedo? ¿Acaso hice algo malo? Dímelo… por favor- eso último sonó casi como un susurro, algo parecido a una súplica.

Shoichi vio su rostro afligido y sintió vergüenza de sí mismo. Hasta ese momento ninguno de los Gesso había sido grosero con él, sino todo lo contrario. Sentir el rostro de Byakuran tan cerca del suyo le impedía pensar con claridad, pero tal vez debía dejar a un lado los prejuicios y simplemente hacer su propio criterio. ¿Sería prudente darle una oportunidad al líder de la familia?

-¿Interrumpo algo? - Esa fue la voz de Gokudera. Cuando ambos fijaron su vista hacia el menor, ambos notaron que él estaba molesto por la situación y no era para tanto si los vio muy acurrucados, casi a punto de besarse.

Shoichi se alejó al instante de Byakuran, acción que hizo molestar al albino, pero de pronto un brillo peculiar se posó en su mirada.

-Yo me retiro, te dejo descansar- Se acercó peligrosamente hacia el pelirrojo para darle un tierno beso en la mejilla. Una vez que la acción terminó Byakuran se acercó a su oído y de manera sensual le susurró- Que sueñes bonito, Sho-chan- De manera lenta se alejó de su rostro pero sólo lo suficiente para que viera como le dedicaba un giño coqueto. Después de eso salió de la habitación con una sonrisa en su rostro. Dejando en la habitación a un hermano furioso de celos y a Shoichi completamente avergonzado, más rojo incluso que su cabello.

Gyesog halyeomyeon…..


¿Qué les puedo decir que no haya dicho antes? Simplemente que quiero agradecer a todas esas personitas que han apoyado este fic durante este tiempo y que aún siguen a la espera de un capítulo más. Mil gracias.

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