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En el primer examen parcial de Literatura, Elena sacó un diez, algo que a ninguno le sorprendió porque era buenísima en todas las asignaturas. La mayoría aprobó pero sin calificaciones muy altas. Caroline sacó un ocho gracias a haber estado estudiando con Elena, lo cual ayudó también a Bonnie y Matt, que sacaron un siete y un seis respectivamente. Quien no estaba para nada conforme con su nota era Stefan Salvatore, el cual había sacado un cinco raspado.

-¿Qué coño es esto, Damon? -se quejó él al ver su calificación.
-Su nota, señor Salvatore -respondió este cordialmente, ignorando el tuteo de él y su mala lengua.
-¿Un cinco?
-Sí, y por los pelos aprueba.
-¿Estás jugando conmigo? -le desafió levantándose del asiento.
-No, solo califico su examen.

El enfrentamiento había logrado llamar la atención de toda la clase.

-Eres un hijo de puta -escupió Stefan.
-¿Cómo ha dicho, señor Salvatore?
-Ya lo has oído.
-Sabe que puedo sancionarle por esto, ¿no?
-Hazlo, demuestra así que no eres más que un bastardo.
-Que se escribe con "b", por cierto. Lo digo porque sus faltas de ortografía son dignas de estudio -se burló Damon sin perder la calma pero nada dispuesto a que le chuleasen en su propia clase.
-¡Serás cabrón! -le insultó este dándole un puñetazo en la cara.

Nadie sabía muy bien cómo reaccionar. Matt, que había visto altercados como este en los entrenamientos de fútbol, le pidió a Elena que fuese a buscar a un profesor y corrió para separar a Stefan del profesor, quien no devolvía los golpes pero sí intentaba detenerlos. Damon quería partirle la cara al chico, pero hacerlo en clase le conllevaría un expediente y eso era lo que quería Stefan, provocarle, algo en lo que no estaba dispuesto a caer él.

Alaric entró corriendo al aula, seguido de un grupo de alumnos que formaron corralillo en la puerta.

Con ayuda de Matt, Alaric consiguió separar a los Salvatore.

-¿Se puede saber qué te pasa, Stefan? -exigió saber Ric mirando al alumno.
-El capullo de mi hermano, que se ha propuesto joderme la vida.

Todos se quedaron petrificados ante el comentario. ¿Los Salvatore eran hermanos?

-Donovan -llamó el profesor Saltzman a Matt-, acompañe a su compañero al despacho del director y espérenme allí.

Matt asintió y se llevó a Stefan, quien no opuso mucha resistencia, dado que ya había hecho lo que quería hacer desde que Damon vino al pueblo: sacarle de sus casillas.

-¿Estás bien? -preguntó Ric examinando el rostro su amigo-. Ese cabrón te ha golpeado de lo lindo.
-No me lo esperaba -se defendió él-. Tampoco es que pudiese devolvérsela. No sin que me expedientasen.
-Has hecho bien.

Al retirar la vista de su amigo, Ric pudo ver cómo los alumnos observaban la escena.

-¿No tenéis clase? Venga, ¡largaos todos!

Los alumnos empezaron a irse y Elena no supo qué hacer hasta que Damon le hizo un gesto con la cabeza indicándole que se fuera. Ella obedeció y se dirigió como todos los alumnos a la próxima clase.

Elena estaba deseando que terminase la clase de Griego para poder ir a ver cómo estaba Damon. La presencia del señor Saltzman le había impedido quedarse con él tal y como hubiese querido, pero nada le impediría verle.

Nada más sonar el timbre que daba por finalizada la clase, Elena recogió rápidamente sus cosas y fue al despacho de Damon. Llamó a la puerta dos veces con los nudillos y, tras una leve pausa, volvió a llamar otras dos veces. Esa era la forma que la chica utilizaba siempre para llamar a su puerta y que supiese que era ella.

-Pasa, Elena –le dijo una voz desde el interior de la habitación.

Ella entró y cerró con pestillo tras sí. Damon estaba sentado en su silla, por lo que la joven no dudó en sentarse en su regazo.

El chico tenía una bolsita de hielo en la mano, presionando con ella el pómulo izquierdo, donde Stefan le había golpeado con más fuerza.

-¿Cómo estás? –le susurró ella acariciándole el pelo, sin atreverse a tocarle la cara por miedo a hacerle daño.

-Mucho mejor ahora que te tengo aquí conmigo –sonrió Damon, haciéndola sonreír también a ella-. Stefan se ha pasado de la raya, le van a expulsar un mes por esto. Al menos sacaré algo positivo de todo esto: un mes de relax sin tener que aguantar su ceño fruncido y sus comentarios despectivos hacia mis explicaciones en clase.

-¿Por qué no me dijiste que erais hermanos? –preguntó Elena curiosa, quitándole la bolsa de hielo para ponérsela ella misma al chico con mucho cuidado por otras partes del rostro también lastimadas.

-Porque no es algo de lo que me guste hablar. No nos llevamos muy bien, como acabas de comprobar –rió irónicamente él.

-¿Quieres hablar ahora de ello? –preguntó ella sin intención alguna de presionarle.

-Creo que es el momento oportuno, sí –accedió Damon-. Mi padre tuvo un rollo con una mujer estando casado. Al nacer yo fruto de esa relación, él se hizo cargo de mí. Diez años después, el matrimonio tuvo a Stefan.

-De ahí lo de bastardo -comprendió la chica.

-Es la única palabra que se ha aprendido bien -rió sarcásticamente él, doliéndose levemente cuando Elena le pasó el hielo por el labio inferior, el cual no se había dado cuenta de que estaba partido-. No le hizo ninguna gracia que fuese su profesor y supongo que pretendía que le aprobase solo por ser mi hermano.

-¿Por qué no te quería como profesor?

-Mi padre se sintió muy ofendido cuando rechacé continuar el negocio familiar y decidí dedicarme a la enseñanza. Stefan hace todo lo que Padre hace, así que me odia tanto como él.

-Y yo que sentía pena por él porque no se relacionaba con nadie...

-Eres muy buena persona -sonrió Damon.

-No pienso volver a mirarle a la cara. No después de lo que te ha hecho -afirmó ella soltando la bolsa de hielo sobre la mesa y acariciando con cuidado la cara del chico, procurando no hacerle daño.

-¿Llegaste a conocer a tu madre biológica? –preguntó Elena poco después.

-No, ni siquiera sé si me hubiese gustado. Quiero decir, sé que pensó que sería mejor para mí que me acogiese una familia de dinero, pero ¿abandonar a un hijo? ¿Cómo se puede hacer eso?

-¿Qué pasó con ella? –continuó preguntando la chica, acariciando ahora el cabello de él de forma protectora-. ¿Lo sabes?

-Mi padre sintió que obró bien al acoger a su bastardo en la familia, pero tampoco tenía intención de ir pregonándolo por ahí. Nada más nacer yo nos mudamos de ciudad. Ni siquiera sé el nombre de mi madre. La esposa de mi padre me recriminaba una y otra vez que no era hijo suyo y me repudió por completo. Cuando Stefan nació, la cosa fue a peor. Yo solo era un intruso en aquella casa. Pero era un Salvatore, por lo que mi padre exigió que fuese digno de llevar su apellido. La esmerada educación que recibí es lo que me ha traído hasta aquí, así que creo que he de darle las gracias a mi padre después de todo. Sin ello no te hubiese conocido. Tal vez le mande un Christmas en Navidades –bromeó él, intentando relajar el ambiente dado que odiaba tanta seriedad.

-No puedo ni imaginar por lo que has pasado... –dijo Elena apenada al oír la vida tan difícil que le había tocado vivir a Damon.

Ella había perdido a sus padres a los trece años, pero al menos sabía que la habían querido y habían velado por ella. En cambio, Damon no conoció a su madre y su padre era de todo menos cariñoso. Elena por lo menos había sabido lo que era ser amada por su familia. Además, aún le quedaba su tía Jenna. Damon tenía a su padre y su hermano, pero aún así estaba solo, algo que no podía decir Elena de sí misma.

-Todo esto que me cuentas suena como muy arcaico, ¿no? –continuó ella-. El honor de la familia y todo eso...

-Sí, mi padre siempre ha sido muy anticuado en esos aspectos –rió amargamente el chico.

-Deberías volver a clase –dijo él tras un largo silencio en el que la pareja se limitó únicamente a abrazarse y dar tímidas caricias en el cuerpo del otro.

-Es Italiano, no pasará nada por saltarme una clase.

-¿Qué tal lo llevas?

-Bastante bien, la verdad.

-L'italiano è la lingua per parlare di amore.

-Tu parli italiano?

-Nací en Italia. En Florencia, concretamente, ciudad que vio nacer a autores tan importantes para la Literatura Universal como Dante y Boccaccio, y también a Petrarca de no ser porque a su padre lo desterraron. Vine a Estados Unidos a los ocho años, pero por suerte aún recuerdo mi lengua materna. Viene de perlas para ligar –bromeó Damon.

-Pues conmigo no lo has utilizado hasta ahora.

-Porque contra los amores de verdad, ni siquiera el italiano puede competir. Si se siente, se siente. De nada sirve que te diga palabras cursis en italiano cuando nuestros corazones ya hablan de un amor tan profundo que ningún idioma conocido por el hombre dispone de la palabra exacta para definir la enormidad del mismo.

-Ti amo.

-Ti amo troppo –respondió él uniendo sus labios en un beso de amor sincero.

Era la primera vez que se decían abiertamente "te quiero" y lo habían hecho en italiano. Resultaba tan romántico todo...

-¿Ves? No es una palabra lo suficientemente grande como para definir lo mucho que siento por ti –sonrió él al separarse.

-Pero hasta que descubramos una palabra mejor, a mí me basta esta. Te quiero, Damon.

-Te quiero, il mio amore.

En esta ocasión, fue Elena quien unió sus labios.

-¿Cómo es aquello? -preguntó ella poco después, ilusionada por conocer desde una narración en primera persona cómo era Florencia, ciudad de grandes artistas-. Nunca he ido por allí.

Las únicas veces que ella había salido del país era para ir a visitar a unos parientes en Francia, algo que había ocurrido en contadas ocasiones. Estaba deseando conocer mundo, especialmente Italia, que era el país que todo humanista debería ver al menos una vez en su vida.

-Algún día te llevaré -prometió él retirándole un mechón de pelo de la cara y recogiéndoselo detrás de la oreja.

-¿Puedo esconderme en tu despacho hasta la próxima clase?

-Si prometes estarte quietecita –condicionó él, a lo que Elena respondió haciendo pucheritos con los labios, pues no quería aceptar dicha condición-. No podemos hacerlo aquí, ¿recuerdas?

-Lo recuerdo demasiado bien... –murmuró ella con pena, para luego cambiar el tono de su voz por uno más alegre-. ¿Sabes que la noche de nuestra casi primera vez tuve mi primer sueño erótico por tu culpa?

-¿En serio? –sonrió Damon con un brillo de ilusión en sus ojos-. Así que, ¿no solo fui el primero en estar contigo físicamente sino también mentalmente? Hmm... Qué suerte la mía –celebró él mordiéndose el labio inferior tratando de contener de esa forma la oleada de lujuria que se le acababa de echar encima.

-No voy a pedírtelo ahora porque sé que sería arriesgado, pero algún día me gustaría comprobar si esas tutorías de los jueves son tan relajadas como dices... –le susurró ella al oído, para después morderle pícaramente el lóbulo de la oreja, haciéndole gemir levemente-. Uy, ¿pero qué tenemos aquí? –rió Elena al notar la erección de él-. ¿Quiere jugar, señor Salvatore?

-Elena... – musitó el chico reteniendo un gemido cuando ella se recolocó para ponerse a horcajadas sobre él.

-Dime, Damon –susurró esta contra su oído, para después lamerle el lóbulo de la oreja con su lengua.

-Ahora no –logró decir él entre tímidos gemidos.

Elena se sentía poderosa. Por primera vez era ella quien tenía el control y hacía que un hombre templase de placer por ella, en lugar de ser a la inversa. Sabía que en ese momento podía hacer con Damon lo que quisiese, pero también tenía muy claro que la discreción que pedía su relación le impedía hacer realidad su fantasía erótica allí, al menos en ese momento. Por ello, Elena se vio obligada a detenerse y, tras darle un beso en la mandíbula a su chico, se levantó de su regazo y fue a sentarse en el borde de la mesa, cerca de él.

-¿Qué se siente al haber tenido el control absoluto sobre mí? –le preguntó Damon mientras esperaba a que su erección bajase.

-Que es una mierda no haber podido continuar –murmuró ella.

-¡Oye, ese vocabulario! –le regañó él divertido-. Yo solo espero que se me baje el calentón antes de mi próxima clase.

-Te ofrecería mi ayuda, pero en estos momentos creo que no sería buena idea. Aún estoy sintiéndome tentada a volver a sentarme a horcajadas sobre ti y no soltarme hasta haberte hecho el amor aquí mismo.

-Esos comentarios no ayudan a que esto se baje, ¿sabes? –le riñó él señalando el bulto de sus pantalones, aún respirando entrecortadamente al fantasear en las palabras de la chica haciéndose realidad.

-No te quejes, que yo estoy igual aunque no puedas verlo.

-Qué suerte tenéis las tías...

-Como sigas así, te prometo que vas a ir a tu próxima clase así –le amenazó ella señalando la erección de él que todavía no había bajado-. A ver cómo le explicas a los alumnos de Primero que eso no es lo que parece.

-Vale, ya me callo –cedió el chico fingiendo cerrar una cremallera en sus labios, sellando así su boca.

-Tampoco es necesario que te conviertas ahora en Mudito de Blancanieves –bromeó ella-. Solo que sería mejor hablar de un tema más light, menos subido de tono.

-Me parece bien. ¿De qué quieres hablar?

-¿Cómo fue tu primera vez? –preguntó Elena lo primero que se le pasó por la cabeza.

-¿Eso es un tema menos subido de tono? –rió él, pero al ver que ella parecía esperar repuesta, este volvió a preguntar-. ¿En serio quieres saberlo?

Elena arqueó una ceja, dejando clara su respuesta.

-Está bien, si de verdad quieres oírlo... –accedió Damon-. No fue nada del otro mundo. Yo tenía 15 años, era un adolescente con las hormonas revolucionadas y era verano, así que...

-Te acostaste con otra adolescente igualmente perdida por las hormonas como tú –conjeturó ella.

-No exactamente –sonrió él pícaramente-. En casa teníamos servicio de jardinería y en verano el jardinero estaba siempre muy ocupado arreglando el jardín, por lo que su mujer se sentía algo abandonada.

-¿Te tiraste a la mujer del jardinero? –preguntó Elena tapándose la boca para evitar gritarlo en voz alta.

-Se iban a divorciar de todas formas –se defendió él divertido por su reacción.

-¿Cuántos años tenía ella?

-Quince no, eso estaba claro –bromeó Damon-. No sé, unos treinta y pocos supongo. No estaba nada mal para su edad...

-¡Oye! –le riñó ella golpeándole en el hombro, alejándole así del recuerdo de esa escena-. Que estoy aquí, por sino lo habías notado.

-Eres tú la que me ha obligado a recordar, no te quejes ahora –sonrió burlonamente el chico, pues le encantaba ver a Elena celosa-. Además, esa no fue la primera vez que más me gustó. Si he de elegir, me quedo con tu primera vez, nuestra primera vez juntos –matizó al final.

-Ya, claro. Intenta arreglarlo ahora –refunfuñó ella intentando que no se notase el rubor de sus mejillas.

-Anda, tontorrona, ven aquí –le pidió él abriéndose de brazos.

La chica no dudó en sentarse en su regazo, aunque siguió fingiendo enfado. Damon, que sabía que lo que quería eran mimos, se dispuso a dárselos. Para ello, rodeó la cintura de ella con sus manos y, al tenerla sentada de lado sobre sus piernas, besó el único hombro al que tenía acceso. Al ver cómo el cuerpo de Elena reaccionaba ante su contacto, Damon continuó ascendiendo el recorrido de besos, pasando por su cuello y deteniéndose detrás la oreja donde, una vez depositado varios besos ahí, recorrió ese camino con su lengua. Los bellos de la joven se erizaron y un leve gemido se dejó oír entre su ahora entrecortada respiración.

-Tú eres la única mujer para mí –susurró él contra su piel antes de darle un último beso detrás de la oreja.

El sonido del timbre les hizo volver a la realidad, acabando con aquel momento de intimidad de la pareja. A regañadientes, Elena se puso en pie y Damon la imitó, entrelazando sus manos en el proceso. Ella sonrió y se giró para darle un beso en la mejilla.

-Enhorabuena, no vas a tener que explicarle nada a los de Primero –bromeó la chica al percatarse de que la erección de él había desaparecido.

-Te habría encantado, ¿eh? –sonrió de medio lado Damon.

Ambos sabían que no podían alargar más el momento, por lo que no les quedó más remedio que despedirse.

-¿Te veo el viernes? –preguntó él después de darle un beso.

-Mejor el sábado, las chicas llevan días hablando de noséqué fiesta el viernes –explicó ella apenada por no poder quedar con Damon antes.

-Vale, te espero en el garaje a la hora de siempre. Y tráete el bikini.

-¿Vamos a ir al lago?

-Te prometí que iríamos, ¿no? Soy un hombre de palabra –sonrió él al verla tan ilusionada por la idea-. Anda, que llegamos tarde a clase.

Elena le dio una sucesión de cortos besos a la vez que sujetaba su cara con ambas manos. Tras eso, la chica salió del despacho al comprobar que no había nadie en el pasillo y Damon la imitó minutos después, separando así sus caminos para el resto del día. Por mucho que quisiesen, no era bueno verse mucho en horarios de clase. Los dos días de tutoría y un día del fin de semana exclusivamente para ellos no eran suficientes. Ni siquiera añadiéndole a ello las llamadas y mensajes que intercambiaban las tardes y noches que pasaban separados les hacía compensar ese tiempo de estar juntos que sabían que estaban obligados renunciar. Pero era algo que tenían que aceptar por muy duro que fuese. Si habían conseguido aguantar mes y medio sin que nadie sospechase lo más mínimo era precisamente gracias a su discreción y a los sacrificios que hacían para seguir manteniendo el secreto, lo cual hacía que mereciese la pena cuando tenían esos escasos momentos de intimidad de los que disponían.


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Como todos sabemos, un secreto así no puede guardarse por mucho tiempo. La bomba acabará explotando. La cuestión es: ¿Cómo y en qué grado de intensidad? Para eso habrá que tener un poco de paciencia. De momento, disfrutad de los buenos momentos ;)