CAPÍTULO 11. OTRO DORADO EN LEMURIA

El libro que cargó a través de varias casas, cayó cual piedra sobre la mesa de madera. Shaka se permitió suspirar de alivio al sentir ese peso remover de sus brazos. Despojado de su armadura dorada y vestido únicamente con unas túnicas moradas propias de su tierra, Shaka se dispuso a estudiar lo que aquellas hojas ilustraban.

La primera sorpresa que encontró fue que el libro estaba escrito a mano. Era una caligrafía impecable, cursiva, inmaculada. No imaginó que aquel objeto fuese tan antiguo pero, igualmente, si este le proporcionaba las respuestas que buscaba, no importaba incluso si pertenecía a la mismísima era del mito.

Tomó aire y dejó que sus ojos empezaran la lectura.

— ¡Shaka!

2 segundos. Había tenido 2 segundos de tranquilidad. Suspiró con resignación y miró hacia la ventana, apreciando en su máximo esplendor las desventajas de vivir en una planta baja. Recostado sobre el marco de la ventana, la cual permanecía abierta para dejar paso al interior de Virgo aquella rica brisa mañanera, se encontraba Milo.

— Buenos días, Milo —respondió el sexto custodio lo más educado que pudo. Debía admitir que se sentía frustrado. Había pasado prácticamente 3 horas tratando de dar con ese libro y, justo cuando estaba a punto de mirarlo, aparecía alguien.

— ¿Qué haces? ¿No estás meditando?

Aquel último comentario exasperó a Shaka, sin embargo este hizo un gran trabajo en ocultar su molestia.

— Ahora mismo me disponía a leer este libro.

— ¿De qué es? —preguntó escorpio entusiasmado.

Antes de que Shaka pudiese responder, el caballero de Escorpio ya había hecho su camino al interior del recinto. Virgo lo miró con ojos grandes, ahora sí mostrando su molestia. La cual, sea dicho, únicamente iba en aumento a medida que pasaban los segundos.

— Milo, no deberías estar aquí.

— ¡Cierto! Tengo una misión —respondió despreocupadamente mientras trataba de leer lo que el libro decía. Shaka lo iba apartando de la incauta y curiosa mirada del escorpión.

— ¿Entonces?

— ¡Tengo que ir con la gatita! —protestó Milo después de unos segundos.

'Así que era eso' pensó Shaka. No era secreto para nadie sobre la mala relación entre el caballero de escorpio y el de leo. Paradójicamente, parecía que el Patriarca disfrutaba mandándolos a misiones juntos, puesto que en la mayoría de casos debían ir ellos dos. Aunque también cabe la posibilidad que los mandase juntos porque cuando Milo y Aioria desaparecían, el Santuario caía en una calma que muchos agradecían.

— Aunque no te guste ir con Aioria, es tu deber acudir a las misiones encomendadas por el Patriarca.

Shaka sabía que eso sonaba a texto sacado del manual 'Como debe comportarse un caballero dorado'. Sin embargo esperó disuadir a Milo con esa coletilla del deber, a sabiendas que Escorpio se tomaba muy en serio las responsabilidades derivadas de su estatus de caballero dorados. A desespero de Virgo, su táctica no surgió efecto.

— No.

El caballero de virgo se levantó y lo miró con aquellos ojos tan misteriosos, místicos y extraños a la mayoría, puesto que solían estar escondidos a las maravillas del mundo. Milo se sintió intimidado por ellos un instante.

— Debes ir. De inmediato.

— ¡No!

Ahí estaba, el niño escorpio. Shaka suspiró, descuidándose un momento de aquel grueso e importante libro que se disponía a leer. Los ojos de Milo cayeron sobre el objeto, esbozando al instante una pícara sonrisa que solo proclamaba lo que estaba por llegar: Problemas.

A una velocidad inconcebible, Escorpio tomó el libro de encima de la mesa y echó a correr hacia las estancias de Virgo. Shaka tuvo que esperar unos momentos a analizar que acababa de pasar, sin embargo su mente era ágil y pronto echó a correr detrás de Milo.

.

Aldebarán permanecía a la entrada de su propio templo. Su mirada caía sobre la silueta de Rodorio, visible a lo lejos. Su mente centrada en aquellas personas que estaban allí: Mu y Laupheim. No podía negar que la situación era compleja. Ya desde el principio aquello no fue un problema de fácil solución: Laupheim, una princesa de un país que se considera extinto por la mayoría de personas, viaja por razones misteriosas en el tiempo y el espacio. Obviamente la solución no era fácil pero ahora… Ahora que se conocía la razón por la que hizo ese viaje, todo en sí había subido a un nivel más alto de complejidad. Ahora ya no se trataba solo de luchar contra las leyes que rigen el tiempo y el espacio, ahora también había que luchar contra las leyes de Lemuria.

Su mente divagaba por aquellos caminos cuando un fuerte estruendo irrumpió en el silencio sagrado de su templo. Tauro volteó, viendo a Millo correr a toda velocidad hacia él.

'Ah no, eso sí que no. Nadie pasa por mi templo sin pedir permiso'.

Disimuladamente, Aldebarán estiró su pie en medio del camino. Milo ni siquiera lo vio. Se tropezó y del impulso cayó al suelo. Su mala suerte fue que cayó justo en las escaleras, bajándolas cual bola humana. En su camino cayó un grueso libro.

Aldebarán tomó la obra con curiosidad. Examinó rápidamente la portada, deduciendo que se trataba de un ejemplar bastante antiguo.

— ¡Por fin!

El caballero de Tauro miró hacia la entrada posterior de su templo, encontrando a una figura avanzar hacia él. Incluso aunque su visión era algo borrosa en la lejanía, pudo identificarlo gracias a su forma de andar: tan elegante y poderosa.

— Shaka —los ojos de Tauro fueron al libro para regresar sobre el caballero de la virgen, de pie de su lado— ¿Es tuyo?

— ¡Aldebarán! —protestó Milo desde lo bajo de la escalinata. Los dos caballeros condujeron su atención a su compañero. Tenía algunas raspaduras en los brazos y la cara, aunque nada a lo que Milo no estuviese acostumbrado.

— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó el segundo custodio mientras movía su mirada entre escorpio y virgo.

— A Milo le dio por robarme el libro —Shaka miró a Aldebarán—. Ese que cargas.

— ¡No es verdad! —con la mirada que Shaka le lanzó, Milo se vio obligado a retractarse al instante— Bueno sí ¡Pero es que no quiero ir a la maldita misión!

— Si quieres meterte en problemas me parece perfecto —las palabras de Shaka eran como dagas envenenadas lanzadas sin prejuicio alguno—. Pero no me involucres. Asume tus responsabilidades.

— Oye Shaka —la voz de Aldebarán sonó conciliadora. Incluso el caballero de Tauro se había sentido atacado por la rudeza de aquellas palabras—. Tampoco hace falta…

— Ese libro explica la historia de ese objeto. Un solo error y descubrirían que lo saqué de la biblioteca sin permiso. No te diré lo que sucedería luego porque ya te puedes imaginar.

'Que descubrirían que Mu está en Rodorio y además acompañado de una princesa de una tierra extinta y del pasado'. Aldebarán tragó en seco y asintió. Visto así entendía perfectamente la exasperación de Shaka pero, era curioso, aun y estar bastante enfadado, alguien que lo viese desde fuera diría que estaba igual de impasible que siempre.

— En realidad, Milo —empezó a decir Tauro cautelosamente, observando cada una de las expresiones que cruzaban el rostro del cabalero de escorpio—. Shaka tiene razón —sentenció finalmente—. Debes cumplir con tu responsabilidad.

— Otro con lo mismo.

Shaka y Aldebarán cruzaron sus miradas, siendo imposible para este último pronunciar:

— ¿Dónde estará Camus?

.

.

Degel respiró profundamente de aquel fresco y húmero aire que flotaba en el ambiente. La noche había caído en su camino hasta la capital del país. Dedujo que ahora se encontraría por los suburbios, a juzgar por el estado de las viviendas. La estampa en sí era deplorable, ya no solo por la miseria en la que vivían aquellos que tenían casa, sino por el incontable número de habitantes que parecían pasar sus noches en la intemperie.

El caballero de Acuario se abría paso a través de las calles. Hizo bien en esconder su caja de pandora en un mantel blanco. Ir por allí con algún objeto valioso podía suponer un billete al mismísimo infierno. Degel no dudaba en que todos aquellos que ahora se acurrucaban contra aquellas fachadas maltrechas, se lanzarían a él en ver el material de su caja de pandora.

Después de recorrer gran parte de aquellos inmensos suburbios plagados de las más inimaginables miserias únicamente ocultas por la noche, Degel llegó a la entrada de un puente. Resguardándolo de incautos, dos guardias de traje blanco.

El caballero de acuario se acercó a ellos, viendo en uno de los laterales del puente una placa con el nombre del mismo: Puente de Marte.

— Buenas noches, caballeros —les saludó él formalmente.

— No se permiten las visitas a la isla principal.

Degel no tardó demasiado en sumar dos más y dos y deducir que en aquella isla se encontraban los poderosos. Perfecto, porque él iba a visitar al que más poder tenía: el rey de Lemuria.

— Mi nombre es Degel. Vengo de parte del Santuario. Hace algunas semanas mandamos a unos operarios y no hemos podido establecer el contacto con ellos por un tiempo.

Los guardias intercambiaron miradas y esbozaron una sonrisa cruel en sus rostros.

— No te dejaremos pasar.

— ¿Puedo saber porque? —preguntó Degel, tratando de ocultar su molestia. Algo en él le decía que debía desconfiar de esos tipos pero no quería recurrir a la fuerza. Aún.

— No queremos.

— ¡Además de que no te creemos!

Sin previo aviso, los dos guardias se lanzaron hacia Degel. El caballero ni se movió, analizando su avance hacia él. Mientras ellos se reían por su impasibilidad; Degel ya los había ganado.

Cuando el primero de ellos estaba a punto de darle alcance; un fuerte dolor se instaló en el pecho de ambos. Los guardias detuvieron su avance, bajaron la mirada hacia su pecho. Su impoluto uniforme manchado de sangre. Sus ojos confundidos se plantaron rápidamente en Degel.

— No había modo de salvaros ¿Verdad? —fueron las únicas palabras del caballero.

Los guardias querían responderle, pero eran incapaces de pronunciar alguna palabra. Los cuerpos de ambos empezaron a sacudirse con fuerza hasta que quedaron despojado de la vida que habitaba en ellos. Degel extendió su brazo, arrancando las estacas de hielo de sus espaldas. Curioso observó el tono carmesí que habían adquirido.

El cabalero de Acuario caminó hasta situarse en medio de los dos cuerpos inertes. Sus fríos y glaciales ojos recorrieron las facciones de ambos con cuidado hasta que encontró aquellos que buscaba. En la nuca de ambos había un extraño tatuaje, como una estrella de seis puntas con una inscripción en ella.

Degel cerró sus ojos, lamentándose internamente por la pérdida que acababa de presenciar.

— No había modo de que os salvara si estabais bajo los efectos de esta maldición.

Los ojos del caballero volaron hasta la isla que se dibujaba más allá, donde el puente terminaba. Su intención no le engañaba cuando, al llegar, le decía que algo en Lemuria no era normal y ahora que había presenciado a dos guardias bajo una fuerte maldición, ese sentimiento se volvió más fuerte.

Su preocupación hacia sus dos compañeros aquí aumento, haciendo que su paso se apresurara a través del puente y hasta el castillo real, en lo alto de la isla. A diferencia de los guardias anteriores, estos no parecían presentar estar bajo el efecto de ninguna maldición por lo que, tras explicarles la situación, no se opusieron a su entrada a palacio e incluso lo guiaron hasta la sala del trono.

Allí Degel tuvo el honor de hablar con el rey de Lemuria.

— Siento profundamente la situación actual —se disculpó el monarca con rostro afligido. Degel asintió.

— Es algo que está al escape de todos nosotros, alteza. Usted no debe preocuparse. El Santuario me mandó como unidad de refuerzo a mis dos compañeros.

— Lo entiendo. Siendo así, tendrás los mismos cuidados que ellos. EN este momento, las doncellas están preparando ya tu habitación. Descansa por esta noche. Presiento que tienes un arduo trabajo por delante.

— Es usted muy amable, alteza —Degel alzó la cabeza y miró al monarca con una sonrisa genuina en sus labios—. Así pues, si me disculpa, iré hacia mi estancia.

El hombre asintió.

— Siéntete como en casa, caballero de Acuario.

Degel no tardó en abandonar la estancia, quedándose a solas en el amplio pasillo que conducía a ella. La luz del patio se filtraba a través de los enormes ventanales que decoraban todo el pasillo.

Degel.

El caballero de Acuario frunció el ceño, revisó sus alrededores. Estaba completamente solo, no podía sentir ningún cosmos cerca.

Degel.

Escuchó de nuevo. Suficiente, puesto que con esa segunda vez pudo reconocer al propietario de aquella voz.

— Asmita ¿Dónde estáis?

Aguarda un momento, por favor. Necesito que veas esto.

Antes de que Degel pudiese hacerse a la idea, sus pies dejaron de tocar el suelo. Sorprendido vio como el suelo donde antes estaba se iba alejando más y más. Él mismo parecía se abducido por un enorme agujero negro. Su cuerpo se sintió liviano pero él no tenía control. Era una sensación similar a estar flotando en medio de la nada.

Cuando parpadeó, se encontró a sí mismo en un lugar oscuro. Sus ojos, adaptados a la claridad del palacio, tardaron un poco en aclimatarse a la repentina oscuridad. Poco a poco, pudo ir leyendo una serie de inscripciones en el techo de roca. Con un rápido vistazo pudo ver que se encontraba dentro de una cueva.

— Espero haberlo hecho bien —dijo una voz detrás suyo.

Al voltear, Degel se encontró con su compañero: Asmita de Virgo. Al caballero de Acuario le tomó unos instantes hacerse a la idea de que el sexto custodio estaba allí, de pie a su lado.

— ¿Dónde estamos? —Logró preguntar acuario.

— La conocen como la caserna del diablo. En ella, los lemuvianos encontraron un objeto sagrado llamado Kaladharma.

Degel frunció ligeramente el ceño.

— Jamás había escuchado hablar de dicho objeto.

— Hasta hace unas semanas, ni siquiera habíamos escuchado sobre Lemuria —intervino Asmita en un tono calmado—.

— ¿Y porque me has traído hasta aquí? ¿Dónde está Shion?

— La situación es complicada —respondía Asmita después de un tiempo prudencial en el que repaso con sus dedos algunas de las escrituras en la pared—. Shion está… incapacitado para la misión actualmente.

— ¡¿Qué le ha pasado?! —demandó Degel avanzando hacia Asmita. Virgo lo "miro".

— Algo en este lugar está terriblemente mal.

El silencio cayó entre ellos, siendo Degel quien lo rompió después de unos segundos.

— Los guardias tenían una maldición en ellos.

— Eso no es lo peor.

— ¿Qué más está pasando?

— La familia real —Degel se extrañó, pero no quiso intervenir para que Asmita siguiera explicándole la situación—. Ellos nos están ocultando algo. Algo que ha provocado que Shion quede en el estado actual y que la hija menor de los monarcas, la princesa Laupheim, haya desaparecido.

— ¿Cómo?

— He estado investigando sobre el tema y meditando entre lo que puede haber sucedido. Cuanto menos puedo calificar todo esto como 'curioso'.

— ¿Curioso? —Degel se sintió terriblemente ofendido por la falta de respeto de Asmita, quien incluso parecía divertido— Asmita, un compañero tuyo se encuentra incapaz de seguir con la misión y acabar de decirme que hay una chica desaparecida.

— Digo que lo curioso es como todas las pistas me están conduciendo al supuesto más surrealista que he podido plantearme.

— ¿Cuál es?

Asmita junto sus manos tras su espalda y se paseó por la estancia sin un rumbo fijo. Degel lo seguía con la mirada, expectante por su respuesta.

— La ley lemuviana, según he visto, obliga a que, en caso de un segundo heredero al trono, este se vea como una opción inviable para el futuro del país. En otras palabras, se obliga a renegar de él por tal de evitar revoluciones hipotéticas. Sin embargo, si que es cierto que los guardias y el resto de operarios a palacio cumplen con ese artículo a la perfección pero el rey no. Él muestra un extraño cariño por Laupheim que no demuestra con Shenda, la hija mayor y quien se supone es la próxima heredera ¿Por qué?

— No veo tu punto.

— Pronto. Porque hay otra cosa que también me llama la curiosidad. Su majestad nos informó de libros en la biblioteca de palacio con páginas arrancadas. Su majestad encontró algunos pero yo di con otro. Uno que lejos estaba de mitología lemuviana.

— ¿Cuál?

— El libro de registro. En el figuran los nacimientos de los lemuvianos. Resulta fascinante como ese libro también tiene páginas arrancadas. En realidad, únicamente una. La que indicaba la fecha de nacimiento de la princesa Shenda.

Degel cada vez estaba más confundido ¿Qué sentido tenía todo eso? Por más que lo intentara, Degel no lograba encontrar ninguna información en toda aquella información.

— Asmita…

— Mi teoría es que la princesa Shenda puede saber el porqué fue arrancado su día del libro de registros.

— ¿Tú crees?

— Bien podría haberlo hecho ella. Hablando con algunas de las doncellas, me han dicho que ambas no eran demasiado unidas. Más por Shenda, quien solía tratar a Laupheim de un modo frío y distante.

— ¿Crees firmemente que ella puede estar relacionada?

— Quiero descartarla. Por su bien y por el del país entero espero que no lo esté.

— ¿Y me has traído aquí para decirme todo esto?

Asmita sonrió.

— Y para pedirte que trates de sacarle información a la princesa.

— ¿Qué? —Degel no cabía en su sorpresa— No. Me niego.

— Debemos asegurarnos de que no está involucrada. Además, creo que es el modo más rápido para averiguar como hacer que Shion vuelva en sí.

— ¿En sí?

— Está inconsciente. Enfermería de palacio, por si quieres visitarle y darte cuenta de que está en un estado delicado y requiere de nuestra ayuda.

Degel aguardó en silencio unos instantes, sopesando los pros y los contras. Lo que Asmita le pedía no era tan sencillo como parecía, ambos los sabían. Pero era cierto, debían ayudar a Shion y a la princesa.

El caballero de Acuario suspiró profundamente y asintió con lentitud.

— Lo haré.

Asmita se permitió esbozar una ligera sonrisa.

— En ese caso, ahora te mandaré de regreso a palacio. Procura escoltar a la princesa.

— ¿Qué harás tú?

— Las inscripciones que hay en esta cueva son las instrucciones de la Kaladharma. Estaban en un libro en palacio, pero alguien arrancó las páginas. Están el lemuviano, por eso me están llevando algo más de tiempo traducirlas. Cuando las tenga, regresaré a palacio.

— Hasta entonces.

— Cualquier cosa, puedes comunicarte conmigo telepáticamente.

Las últimas palabras de Asmita sonaron distantes para Degel, quien volvía a sentir esa placentera sensación de estar flotando. En un parpadeo, se encontraba de nuevo en el pasillo de palacio.

Antes de que su cabeza pudiese asimilar que se encontraba de regreso, una doncella asomó por la esquina del pasillo.

— Señor Degel —el caballeo condujo sus ojos hasta la muchacha—, le estábamos buscando. Su habitación ya está lista ¿Quiere que lo acompañe?

— No es necesario, es tarde e imagino que estarás cansada —sonrió, logrando sacar los colores a la pobre sirvienta— ¿Podrías decirme dónde está?

Ella asintió, carcomida por los nervios, y apunto al otro extremo del pasillo. Degel condujo sus ojos hacia el lugar en cuestión.

— Gire a la derecha y siga ese pasillo hasta la quinta puerta. No es complicado.

Degel volvió a mirarla y tras sonreír de nuevo y agradecerle el gesto, emprendió el camino hacia su habitación. Mientras caminaba por aquel vacío pasillo, resguardado por la penumbra de la noche, su mente se planteaba las diferencias entre los suburbios y el palacio real. Sinceramente, la mayoría de la población vivía en un estado absoluto de miseria mientras que en palacio tenían tantas habitaciones que resultaba hasta ridículo.

Al girar la esquina, Degel vio una chica salir de una de las habitaciones. Sin duda era una chica hermosa aunque no fue la belleza de la muchacha lo que captó la atención del caballero, sino su vestimenta. A juzgar por las ropas y los accesorios de oro, era evidente que ella debía ser la princesa Shenda.

Degel se sonrió a sí mismo, feliz por la casualidad de encontrarla. Sin demorar un segundo más, fue hacia ella. Los místico ojos la princesa lo escanearon rápidamente; su expresión era sería y frustrada, una unión que Degel no terminaba de entender.

— Buenas noches, princesa.

— ¿Quién es usted? —preguntó cautelosamente.

— Mi nombre es Degel, soy el caballero de oro de Acuario.

— ¿Otro caballero? ¿Qué ha pasado con los otros dos?

Era increíble como, a pesar del tono formal que ella empleaba, todo lo que decía tenía un tono de desgana y tristeza.

— He venido como refuerzo a su labor. Espero que podamos seguir viéndonos de ahora en adelante, alteza.

Ella asintió.

— Que tengas buenas noches.

Y rápidamente apresuró el paso al interior de una habitación cercana. Degel la observó marcharse, siendo que su sonrisa se desvaneció en cuanto quedó solo en el pasillo.


¡Hola a todos!

¡Sucedió el milagro! Pude actualizar antes de lo previsto. Hace unos pocos días (concretamente dos) que terminé con mi mes de examen. Digo mes pero en realidad han sido como 3. Una muerte, ya os lo digo.

Bueno, he querido aprovechar este pequeño respiro para escribir otro capítulo más de esta historia. De verdad, muchas gracias por el apoyo que he recibido ¡Y por la paciencia! Ya sé que soy lenta actualizando T_T Además de que he estado bastante liada escribiendo una historia para Wattpad. Pronto subiré algunos capítulos así que, a aquellos que os interese ¡os animo a pasaros por ahí! :D

Y va siendo hora de pasar a la contestación de reviews ¿no es así?

Artemis13. Tenía que aportar mi regalito de navidad ¿no crees? ;) Me alegra que te hayan gustado. Cuando los estaba publicando tenía hasta miedo porque la historia da un vuelco importante pero aquí está la gracia ¿no? Jajajaja Este capítulo de hoy es algo más "calmado" pero de ahora en adelante la cosa puede seguir complicándose ¡Ten fe de ello! Jajaja Me alegra que te hayan gustado los actualizaciones y espero seguir viéndote por aquí ¡Esta vez la espera no ha sido larga eh! Un fuerte abrazo

Loba-san. No sé si a esto se le puede considerar actualización temprana pero yo lo considero todo un record jajaja Créeme que me he puesto a escribir a la que he tenido un poco de tiempo libre :D Creo (o al menos espero) que nadie se esperara que Laupheim y Shenda no eran hermanas de pura sangre aunque lo de Cronos, creo que alguien lo había deducido en algún capítulo jajaja Pero bueno, si te he sorprendido: objetivo cumplido. Pues que bueno saber que tendré a alguien más por aquí, pendiente de como termina esta historia ¡Ojala que este nuevo capítulo te haya gustado! Un fuerte abrazo

Lidia. ¡Bienvenida! Wow ¿Los 10 de golpe? Bueno, yo también lo he hecho con algunas historias :) Muchas gracias por el review y bueno, ya ves que la actualización ha sido antes de lo esperado así que disfrútala ¡y a ver si te veo de nuevo! :D

xanxel. ¡Wi! Nueva seguidora ¡Encantada y bienvenida entonces! Me alegra de ver que hay más gente metida en esta historia :) Espero que este capítulo te haya gustado tanto (¡o más!) que los anteriores. Ojala te vea más por aquí :D

LadyMadalla-Selene. Oh dios, morí con lo de los dos brazos (creo que yo te secundaría jajaja) y tranquila, tendré en cuenta tu sugerencia de incluir dorados de The lost canvas ;) Aunque en cierto modo ya están metidos hasta el cuello en este gran problema de Laupheim jajaja Pobres, donde se ven envueltos. En fin, muchas gracias por dejar tu review y espero verte de nuevo por aquí ;) Un fuerte abrazo

Persefone X. ¡Bueno es saber eso! Jajaja ¡Bien! Otra persona a la que le sorprendió la revelación: voy bien jajajaj. Y sobre Mu y Laupheim, creo que ni yo sé que tipo de relación tienen (Bueno en realidad sí, solo que soy mala y me gusta leer que opináis vosotros). Entonces a Mu le gusta Laupheim ¿cierto? ¿Pero ella a él? Jajajaja El eterno dilema del fic, ya lo veo a venir. Bueno, me alegra saber que también te ha gustado el capítulo y espero que este de hoy también! :D Un fuerte abrazo y a ver si te veo pronto por aquí :)

Yuri Nero. Todos coincidimos en que Mu es un amor jajaja Me esforcé por tener los dos caps a tiempo, fue la carrera a contrarreloj jajajaj (Vaya peticiones más difíciles). Sintiéndolo mucho esta vez solo viene un capítulo. Quería subir dos pero el próximo puede que sea bastante largo y la temática (veo a venir que me va a tocar subir el rango a M), prefiero subirlo por separado y después de revisarlo como 20 veces. Por si acaso jajaja. Bueno espero que te haya gustado este capítulo (aunque no venga acompañado de otro) y espero verte de nuevo ¡No me robes a Mu que la historia tiene que seguir! Jajajaja Un fuerte abrazo

Bueno, y hasta aquí la contestación de los reviews. A continuación dejaré el enlace de mi historia en Wattpad por si alguien tiene ganas y quiere darle un vistazo :) ¡Todos los comentarios son bienvenidos!

¡Nos vemos en el próximo capítulo!

No olvidéis dejar algún review :3

Un fuerte abrazo

Enna

Wattpad: story/61516415-illusion