Notas: El fic en su totalidad fue malo. Lo acepto. Este epilogo es aún peor. Sólo lo subo porque, de una u otra forma, algo de cariño me quedaba por este fic (que fue el primero que escribí) y quería terminarlo, para ponerme las pilas con la edición de mis otros fics y sus respectivas continuaciones. Aconsejo no leer eso Dx. Te pido disculpas, lector, si hice que te torturaras con esto. Realmente no era mi intención. Lo único rescatable es que hago uso de los guiones largos~.

Extensión: 1016 palabras.

Disclaimer:DGM y todos los personajes que ahí aparecen no son míos. Y se nota.

Advertencias: Ninguna. Muy malo, meloso y estúpido. Así nada más x,DU.


Despejando tus tinieblas

Epilogo

— Allen se siente culpable…— contestó Lenalee, deprimida, mientras era tratada en la enfermería, pues sus heridas eran muy graves y habían conllevado que solo, después de tres días, la asiática pudiese despertar. Apenas lo hizo, pudo notar que tenía vendajes en diversas partes de su cuerpo, pero no recordaba en qué momento había llegado a la Orden ni cuando había concluido la batalla en el Palacio de Versalles. De todos modos, hubiese sido insensible decir que ella no se sentía culpable, ya que el haber visto como perecían todos esos inocentes, entre ellos Lavi, le oprimía el corazón—. Miranda… yo…

Y se puso a llorar. Pensar que su amigo, una parte importante de su mundo, había muerto sin haber podido impedirlo, era insoportable y el que hubiese sido frente a sus narices, era aún peor. La china solo deseaba que fuese una mentira que alguien les había soltado, solo para atormentarlos un poco. Porque Lavi no podía estar muerto. Era como si le dijesen que el Sol, de pronto, se estrellaría contra la Tierra. Era así de ilógico e improbable.

— S-si no quieres hablar de eso, Le-Lenalee-chan… no lo hagas— le ofreció la alemana, tartamudeando e intentando sonar lo más sutil posible, mientras la abrazaba para confortar a la joven exorcista.

— ¡Es que…— continuo gritando la oriental, llorando más fuerte—… nosotros estábamos ahí… y Lavi…!

Miranda ya no supo que contestarle, así que solo se limitó a apoyarla. Sabía que los tres se habían encontrado claramente en una situación desventajosa, pero nunca se espero que se encontrasen con Lavi y que Allen, quien sabe con qué razones, se había olvidado avisar, por medio del transmisor, que se encontraban miembros de la Familia Noah presentes en el lugar.

A pesar de que el corazón de Lenalee se resquebrajaba en mil pedazos, encontró un poco de fuerzas escondidas por ahí, entre su corazón, para relatarle a Miranda lo que ella sabía. Lotto se limitó a escucharla y a repetirle, con uno y mil tonos distintos, que la culpa no era de ninguno de ellos.

Lenalee, después de un rato, decidió hacerle creer a Miranda que ya se sentía mejor. No quería seguir preocupando a su compañera.


Las cosas no habían ido nada bien. Múltiples heridas, cansancio, desconfianza e interrogaciones, acompañadas de unos sentimientos casi corrosivos de culpabilidad. Allen, pasadas unas cuantas semanas, seguía deprimido y aquellos interrogatorios hechos con fiereza por Leverrier y otros cuantos altos cargos de la Central lo tenían casi sin cuidado. Ya se estaba acostumbrando a ellos. Solo era eso, porque tenía por sabido que su culpabilidad no era del tipo que Leverrier andaba buscando. Los incidentes en el Palacio de Versalles no habían sido intervenidos por el Decimocuarto. Solo eso le podía importar a la Central. Las personas que habían muerto en ese lugar, para ellos, solo eran humanos, corderos de Dios, que habían estado en el lugar y momento equivocados. Solo eso.

También estuvo recluido varios días en una prisión. Si se hubiese dado en otras circunstancias, tal vez hubiese sufrido un poco y, en el proceso, hubiese perdido un poco de cordura gracias al Decimocuarto. Ahora esa idea lo acosaba el mínimo. Tal vez sería mucho mejor estar un poco loco en ese tipo de situación, que seguir cuerdo y dejarse llevar con ansias depresivas y que, en lo sucesivo, sabía que podría llevarlo a alguna especie de depresión, como esas que le daban antes de que Mana lo adoptase.

En esas semanas, o tal vez meses— no estaba muy seguro del tiempo transcurrido— junto con lamentarse por la pérdida de Lavi, pensó mucho en Mana y en el Decimocuarto. No podía evitarlo, así que se dedico a remorderse en la celda, en compañía de los ratones que pasaban, de vez en cuando, cerca de sus pies y le robaban aquella insípida y escasa comida que recibía a diario. Después de todo, era lo único que podía hacer estando encerrado.


Cuando finalmente lo liberaron, se sorprendió al saber que no había estado encerrado tanto tiempo como había creído y marcado en la celda, con pequeñas líneas hechas en la pared de la misma. Apenas abrazo al superficie, notó que todos esbozaban algún tipo de cambio, ya sea en su cuerpo o en su forma de actuar pero, a grandes rasgos, todos seguían igual.

La primera en recibirlo fue Lenalee quien no dudo, ni siquiera por un segundo— a pesar de la amenazante presencia de Komui en la escena— en tirarse a sus brazos alegando que lo había extrañado mucho. Los demás (llámese a estos sus amigos) tampoco habían dudado en recibirlo afectuosamente e, incluso, proponían celebrar alguna fiesta por este reencuentro.

Sin embargo, Lenalee interrumpió todas aquellas ideas y regocijos de sus compañeros y le susurró a Allen en el oído—. Te tengo una sorpresa, Allen-kun. Sígueme.

Aquella situación era muy extraña, pensó el albino. Ni siquiera se le podía llegar a pasar por su cabeza que, en ese corto tiempo, Lenalee hubiese cambiado tanto. Sin siquiera poder hacer preguntas, la muchacha se lo llevó por los recovecos de la orden, hasta dar con una de las habitaciones vacías del edificio. En cualquier situación normal habría, aunque sea, preguntado el por qué de esa escapada. Pero lo que vió en esa habitación simplemente lo enmudeció.

— Menos mal que los demás no te dijeron nada, Allen-kun— le dijo sonriente y añadió, con un tono picarón—. Creo que lo mejor será que los deje solos.

Las palabras de Lenalee apenas rasgaron la burbuja sorprendida y anonadada del caucásico exorcista, aunque esa reacción era completamente comprensible: ¡No cualquier día te topas con que, una persona la cual creías muerta, estuviese vivita y coleando! Unos pasos se sentían en la lejanía: Lenalee ya se había ido.

— ¿Qu...qué… por... q-qué? ¿No… estabas muerto?— balbució, tratando de recuperar el aire y de serenarse.

Sin embargo, la única respuesta que obtuvo fue un abrazo tan fuerte, que sólo parecía querer romperlo.

Tal vez, las respuestas debían esperar un poco. Lo único que importaba ahora era que estaban juntos.

Fin Epilogo y Fin del Fic

By: Nana Walker


Notas: Muchas gracias por leer, si soportaste llegar hasta aquí. No espero ni siquiera comentarios :3

Bye bye y cuídense miles