Natural attraction.

Lemy estaba en paz con el mundo, tranquilo, relajado y cómodo.

Su conciencia flotando en un duermevela delicioso sazonado con el aroma de Lyra, (a libros viejos, madera, y un poco a perfume de violetas) Lemy apretó más el abrazo con el que tenía atrapada a su hermana mayor, y en respuesta ella también lo presiono aún más contra su pecho, el chico hundió más aun su rostro en el valle entre las cómodas colinas de aquella mujer.

Lyra comenzó a acariciar su larga y enredada melena con suaves y delicadas palmaditas, ambos se negaban a abrir los ojos y terminar de despertar, porque no había nada más hermoso que ser dichoso y tener conocimiento de ello y eso era exactamente lo que compartían ellos dos, en esas raras mañanas de sábado, el saberse seguros y queridos, sin presiones u obligaciones inmediatas, Lyra suspiro contenta de no tener que liderar a una manada de chicas locas que apenas y te obedecían, o enfrentar a un monton de adultos que se portaban aun peor que sus hijos.

Lemy suspiró, alegre de no tener que lidiar con la tentación que le comía las entrañas cada vez que se cruzaba con cualquier mujer de su familia, o el odio que despertaba el ver a su padre, contento de no tener que lidiar con el amor/odio que hervía y peleaba en su interior cada segundo de vigilia… y a veces incluso atormentándolo en sueños…

Solo ahí en la frontera entre el mundo onírico y el consiente podía relajarse de verdad y olvidarse por algunos preciosos minutos de la terrible realidad, y de su aún más terrible naturaleza propia, podía fingir que no tenía un legado corriendo por las venas, ni un destino marcado por sus genes, ahí sin seguir dormido pero aun no despierto podía ser completamente feliz, seguro entre los brazos de su ángel guardián, adoraba las mañanas de los sábados pues era el único lugar donde últimamente se sentía realmente en casa, "EL HOGAR ESTA DONDE ESTA TU CORAZÓN", alguna vez escuchó el rockero, su hogar era entre los brazos de Lyra, su corazón estaba justo ahí.

Pero su santuario fue roto como una ramita ante un huracán…

Un segundo estaba debajo de sus mantas, cálido arropado y feliz, y al siguiente el frio golpeó su cuerpo y la luz hirió sus ojos aun a través de sus parpados que se cerraron aún más tratando de impedir que sus pupilas fueran quemadas por la luz que su foco arrojaba sobre él.

— ¡¿Pero qué demo…?!— el niño se encogió enterrando el rostro entre la pijama de Lyra.

Lyra a su vez también gimió en respuesta ante tan súbito ataque a su paz y tranquilidad, y como por reflejo abrazó más fuerte a su hermanito, cosa que para estas alturas provocó que la joven castaña casi dejara sin respirar a Lemy pues incluso sus piernas rodearon al chico, y encogiéndose la chica anidó al niño protegiéndolo del peligro.

— ¡Arriba, freak! Es hora de levantarse, tenemos que salir en media hora si queremos vender el lote de hoy.

Lemy alzo su rostro de su suave escondite y miro con los ojos enrojecidos y soñolientos a Leia quien lucía recién bañada y perfectamente uniformada con su traje de las Scouts Girls, sus coletas se agitaban de un lado al otro, mientras la pequeña rubia negaba con la cabeza, mirándolos con un gesto bastante cercano al asco.

—¿De qué diablos hablas?—Lemy preguntó verdaderamente confundido y enfadado.

—Lenguaje…—Lura murmuró, negándose a soltar a su presa, y aun sin abrir los ojos.

Lemy ignoró la reprimenda de su hermana, mientras trataba de matar con la mirada a Leia.

—Esta semana tuve que hacer de guardaespaldas para tu querida Lizy asi que…—Leia lo miro mientras levantaba una ceja de manera enojada.

—Mierda, mierda, mierda…—Como pudo olvidar su trato con el diablo.

—Lenguaje…—Lyra regañó de nuevo a su hermanito— ¿de qué hablas Leia?

La castaña por fin levanto la mirada, pero sin soltar a Lemy ni un poco cuestionó enfadada a la rubia.

—Este rarito prometió ser mi esclavo todos los fines de semana durante todo un año, solo vengo a reclamar lo que es mío.

La pequeña princesa sonrió malvadamente mientras veía a Lemy con los ojos entrecerrados, lo cual hizo sentir al chico como si fuese una niñita de prescolar ante un maldito pedófilo.

Lyra lo mira interrogante, y un poco molesta.

—Yo no dije eso… solo te ayudare a vender tus estúpidas galletas y será por solo tres meses, ni loco voy a hacerlo por un año.

Leia le sonríe burlona.

—Lo que sea, levántate ahora. Tienes cinco minutos para bañarte ya deje tu ropa en el lavabo.

Lemy la mira totalmente asombrado, ¿ropa?, ¿ducha?

— ¿Por qué tengo que bañarme, y desde cuando tú eliges mi ropa?

—No voy a pasear a lado de un mugroso, y la ropa que usas es rara… como tú. —Leia mira su bonito reloj de plata—ahora muévete de una vez debes desayunar antes te necesito con energías, espero que puedas aguantar mi ritmo… pero tranquilo seré gentil.

La hermosa rubia le guiña un ojo coquetamente, lo cual provoca que Lyra termine de despertar del todo y la fulmine con la mirada.

—Si Lemy tiene que ayudarte en algo, será más rápido si yo también voy. —Lyra se ofrece, y su voz es fría.

—Nop, el trato es con el freak, solo lo quiero a ÉL. — La voz de Leia es aún más fría que la de su hermana mayor.

Lyra la mira enfadada, y cuando está apunto de rebatir aquello Lemy es quien interrumpe.

—Tiene razón, un trato es un trato, haré esto solo.

El castaño por fin se levanta, abandonando la seguridad de los brazos de Lyra.

El chico se estira dando un enorme bostezo y recoge la cobija del suelo y vuelve a cubrir a su hermana mayor.

—Descansa… has tenido una semana pesada, nos vemos en la tarde ¿vale?

Lyra asiente aunque este algo molesta.

—Vamos Lemy apresúrate antes de que vomite. —Leia le reprocha enojada.

—Ya voy, ya voy. —el niño se inclina hacia Lyra y se despide con un beso en la frente y por fin sale de su habitación arrastrando los pies.

—Báñate rápido—Leia le ordena—aunque si quieres puedo ayudarte.

Lemy mira a su hermanita quien le sonríe provocativamente, el chico estaba a punto de ponerse nervioso pero…

— ¿Y arruinar tu uniforme? Jamás me atrevería, te ves hermosa justo ahora.

Leia abre sus ojos sorprendida y su boca se abre y se cierra sin saber que contestar, el rubor que cubre su rostro demuestra que no solo no esperaba aquello, le había encantado.

Lemy sonríe confiado y se aleja de la nerviosa y sonrojada niña.

Lo sé, lo sé, hermano, pero con esta chica tienes que regresar los golpes si te quedas quieto simplemente recibiendo la mierda que te lanza la preciosa princesa terminara comiéndote entero.

Ya te lo había dicho antes, mis hermanas y yo éramos muy unidos, se cómo tratar con cada una de ellas, Y Leia es una leona a la que no puedes dejarle ver tu debilidad, es como mostrarle el cuello a una vampiresa, terminara por morderte si te dejas, asi que lo más sensato con ella aunque no lo creas es golpear más fuerte de lo que ella lo hace, metafóricamente viejo, nunca golpearía a mis hermanas, a diferencia de papa y mis tías mis hermanas rara vez me han golpeado de verdad y casi siempre es Lupa quien recurre a la violencia física, cosa diferente a como me ha contado mamá en su infancia donde las discusiones terminaban prácticamente en una demostración de artes marciales mixtas combinada con lucha libre.

Lemy bosteza recargado contra un árbol, el chico se siente adormilado, el viaje al pueblo vecino en el autobús no le ayudó en nada a despertarse, en realidad todo lo contrario, ahora ahí sudoroso e incómodo, culpa de la ropa, un atuendo demasiado formal en tonos grises lo asfixia con aquella camisa de vestir, y esos pantalones tan finos, limpios y planchados, y definitivamente no está acostumbrado a usar zapatos, nada como sus viejas deportivas o sus gastadas botas de combate.

Pero lo que es peor es que ahora en lugar de la nueva bandana que había comprado para suplir la que había regalado a Loan, lleva el cabello amarrado en una pequeña coleta.

Lemy mira a su lado una pequeña carreta roja llena a rebosar de cajas de carísimas galletas que uno podría comprar a la mitad del costo en cualquier Wal-Mart, pero que por tener el estúpido sello de las niñas exploradoras pareciera que en lugar de dulces Leia vendiera drogas o algo por el estilo.

El chico castaño se mueve incómodo y aunque está tratando con todas sus fuerzas no puede resistir más y levanta la mirada.

En una de las ramas de aquel árbol está de pie Leia, con una mano se sostiene del tronco y con la otra sujeta unos enormes binoculares que parecen sacados de una película de Misión Imposible.

Lemy de nuevo baja la mirada al pasto pero cuando no encuentra ni una mugre hormiga para distraerlo de nuevo sucumbe y mira hacia arriba.

Las hermosas y lechosas piernas de Leia se ven en toda su gloria debajo de esa falda color marrón, y el niño descubre que las sexis pantis que su hermana le mostró hace unos días no son las únicas piezas indecentes que tiene, ahora mismo luce otra de aquellas piezas de lencería llena de encaje y transparencias color azul claro.

Maldita sea ¿quién mierda diseña ese tipo de ropa en tan pequeña escala?

— ¿Disfrutas de la vista?— Leia le sonríe sin dejar de espiar por los binoculares.

Lemy desvía la mirada avergonzado por ser descubierto.

—la que seguro disfruta el panorama eres tú, ¿qué demonios espías con esas cosas?

El castaño decide alejar la conversación de terreno peligroso.

—Conoce a tu enemigo. —Murmura la rubia—y para que lo sepas no estaba regañándote puedes ver cuánto quieras.

Leia por fin deja de investigar y le guiña un ojo a su hermano mientras abre más las piernas, tentando la débil voluntad del varón.

Lemy está a nada de girar la mirada para ver una vez más aquella tanga azul pero en ese momento el grito femenino de alguien a la distancia distrae a ambos de su pequeño juego.

—Leia, Leia!

Al otro lado de la calle dos chicas que portan el mismo uniforme de exploradoras están esperando a que el semáforo les dé el paso, una niña negra que luce unas gafas enormes y redondas, pero que por alguna razón no la hacen ver fea de modo alguno, al contrario resaltan la fría actitud de seriedad y aburrimiento que lleva en el rostro, lo cual la hace ver interesante y misteriosa.

La otra chica una castaña, cuya piel parece ser color caramelo claro, y cuyos ojos almendrados y oscuros brillas aun desde esa distancia saluda a Leia con la mano tratando de llamar la atención.

Lemy conoce a esa niña.

Leia chasquea la lengua molesta y con un suspiro salta de la rama.

Lemy que estaba distraído con la aparición de aquellas dos dulces niñas apenas y tiene tiempo para atraparla en el aire, sus manos agarran su delgadísima cintura y la baja suavemente al suelo.

Leia ni siquiera le agradece y mientras ambos ven como las niñas atraviesan la calle, Leia le murmura enojada:

—Ni una palabra, no quiero que hables con ninguna de ellas a menos que yo lo diga, ¿entendido?

Lemy suspira, solo lleva un par de horas al servicio de Leia y ya se ha arrepentido de hacer aquel trato.

Por fin ambas chicas llegan a la sombra del árbol, ambas jalando sendas carretas con sus respectivas montañas de galletas.

—Buenos días Leia. —La chica negra saluda a la rubia con una voz monótona y aburrida, que a Lemy le recuerda demasiado a Lupa, y después dirige su mirada fría hacia Lemy quien nervioso mueve su mano para saludarla pero no dice nada, pues Leia no le ha dado permiso.

La niña la sigue mirándolo por unos segundos y después regresa su atención a Leia, sin siquiera responder el saludo de Lemy.

¿En serio viejo?, ahora cualquier mocosa de nueve años cree que es demasiado buena para hablarme, joder con los niños de ahora, lo que necesitan es una buena tunda, ya lo decía mi abuelo…

Pero los divagues de viejo que Lemy está despotricando contra la pequeña son interrumpidos por la suave y casi inaudible voz de la otra niña.

—Buenos días Leia… buenos días Lemy…—La niña tiene la vista en el suelo y está jugando con su falda mientras sus manos nerviosas arrugan el dobladillo.

Lemy sonríe sorprendido, no creía que ella lo recordara, o que se atreviera a demostrarlo al menos… después de que Leia hubiese echo aquella escena en el recital de ballet hace unos años.

—buenos días… Gwen. —Lemy también recuerda su nombre.

Lo cual hace que la castaña levante la mirada sorprendida y después una sonrisa enorme le parte el rostro mientras sus ojos brillas como dos luceros en la mañana, y tal vez sea la luz de la mañana pero Lemy juraría que la chica está totalmente ruborizada.

Pero el niño no tiene tiempo de admirar aquel despliegue de belleza y lindura, pues una patada en su espinilla lo saca del trance.

— ¡¿Pero qué demonios te pasa?!—El muchacho salta sobre su pie sano mientras trata de frotarse la zona herida.

Leia ni siquiera le dirige la mirada.

—Chicas... hoy tenemos la misión de vender todas estas galletas, pues si seguimos a este ritmo definitivamente este año ganaremos el concurso estatal, como pueden ver traje a… esto. —La princesa señala despectivamente a Lemy—será de ayuda tener a alguien que cargue todo el producto.

Las chicas pasan la mitad de sus galletas al ya atestado carrito que Lemy trajo desde su barrio… Y maldita sea ahora más que nunca creo que llevo a cuestas unos cuantos kilos de cocaína, esta mierda sí que es pesada.

Lemy que ha dejado de saltar la mira enojado.

Mierda hermano esta niña sí que está loca, no solo me trata como basura además está abusando físicamente de mí, debe haber alguna ley contra eso verdad?

—Marsha y tú. —La rubia mira con desprecio a Gwen, lo que hace que la tímida niña se esconda detrás de la afroamericana. —se harán cargo de esta calle.

Leia señala la calle que está a su derecha, una bonita zona residencial llena de casas de muros blancos y tejas rojas.

Leia saca un papel de su falda y se lo da a Marsha.

—Aquí está la información que necesitan.

La chica de lentes lee atentamente y asiente.

¿Qué diablos sucede aquí? Estamos vendiendo galletas u organizando un ataque a estas pobres personas.

Las dos chicas tomas sus respectivos carritos y caminan hacia su destino, Gwen voltea y sonríe a Lemy, Leia lanza un gruñido lo que provoca que la linda castaña salga corriendo.

Lemy mira como ambas chicas se van caminando.

— ¿Qué diablos Leia?, ¿porque rayos me pateas y por qué estabas espiando a las personas hace rato…? ¿No estamos vendiendo droga de verdad o sí?

Mira hermano se lo que estás pensando cómo es posible que creas que Leia es una narcotraficante de verdad pero… maldita sea es Leia de quien estamos hablando, he visto a esta chica con tanto dinero en las manos que pensarías que es una princesa de verdad.

Pero es obvio que es una estupidez, ¿te imaginas a Leia vendiendo drogas? O como esos rumores que rodean siempre a su familia y que de repente se contaba que la pequeña rubia hacia felaciones en su puesto de limonada… Leia es muchas cosas pero no es una maldita prostituta.

Creer esas mentiras sería lo mismo que pensar que la dulce y tímida Liby es una súper espía experta en artes marciales que se dedica a atrapar y matar jefes de la mafia mexicana, de maneras inverosímiles y fantasiosas… que clase de estúpido y muy drogado tipo pensaría en algo como eso, simplemente ridículo.

Pero Lemy tuvo una vez más que salir de sus raras elucubraciones, pues Leia comenzó a caminar y silbándole como si fuese un perro lo llamó a su lado.

Y el chico con la mirada baja y arrastrando la pequeña carreta la siguió como un fiel sirviente.

Leia estaba de pie frente a la quinta casa de la calle, la hermosa niña leyó atentamente las notas que había tomado cuando estaba en el árbol, y después de un momento le ordeno a Lemy que se escondiera detrás de un arbusto justo al lado de la puerta, el chico obedeció pues la niña había logrado que en todas las puertas anterior les compraran mínimo tres cajas de galletas.

Pero a diferencia de la apariencia de niña inocente y linda que había protagonizado con las tres amas de casa y un anciano antes, ahora mismo la niña sube su falda de una manera que hace que sus hermosos muslos que definitivamente son demasiado gruesos y sexis para una infante, queden al descubierto. Al mismo tiempo Leia se desabotona los dos primeros botones de su camisa blanca exponiendo un poco de tela azul de su pequeño sujetador.

Lemy arruga su seño… ¿Leia necesita sujetador?

Vamos amigo tiene solo nueve años no puede tener tetas de verdad, ¿o si? Aunque como ya habrase notado mi hermanita tiene las mejores piernas de toda la casa Loud, tan tiernas suaves, muslos enormes y bien torneados que terminan en unas caderas anchas que definitivamente no deberían adornar el cuerpo de una niña de nueve años…

¿Qué mierda? Hermano… en serio necesito que te esfuerces en tu trabajo, no puedes dejarme divagar de esa manera, no cuando estoy fantaseando con…

No importa, lo que importa ahora es por qué Leia está mostrando tanta piel, y mierda ahora mismo está retocando sus bonitos labios con ese brillo con olor a fresa tan intenso que aun escondido detrás de este estúpido arbusto puedo oler… ¿también sabrá a fresa?

Lemy cierra enojado los ojos y se abofetea para salir de ese trance que Leia lanza hacia él con aquella provocadora apariencia que tiene ahora.

Pero cuando el castaño está a punto de regañar a su hermanita por lucir tan… inapropiada, Leia ya ha tocado el timbre, y con una mirada asesina le congela en su sitio.

Y entonces la puerta se abre y un tipo de mediana edad y de aspecto totalmente intrascendente aparece para dar los buenos días…

Pero las palabras mueren antes de que abandonen sus labios pues queda mudo ante la vista del pequeño ángel… o demonio que ha aparecido frente a su puerta.

Leia por otro lado inclina su cabeza hacia un ladi y con una mirada digna de las caricaturas japonesas que ve Loan mira al tipo y le sonríe.

—Buenos días apuesto señor, ¿querría comprar algunas galletas ya asi ayudar a la reforestación de los bisques de Michigan? Eso me haría muy feliz.

La rubia comienza a jugar con una de sus coletas enredado la punta en su dedo.

Al sujeto le cuesta un par de minutos salir de su trance, tiempo en que Lemy está a punto de salir de sus escondite y darle un puñetazo para ver si asi cierra la maldita boca, que está a punto de comenzar a babear.

Pero Leia de nuevo lo mira de forma fría y el chico a regañadientes permanece a cubierta.

—Claro, claro… comprare una caja por supuesto.

El sujeto saca de su pantalón con manos temblorosas su cartera y comienza a buscar a tientas los billetes mientras en ningún momento su vista se aparta de Leia, y sus pupilas vagan de sus pecaminosos muslos hasta el infantil escote que la niña muestra como un trofeo.

—¿Sólo una caja?—Leia baja la mirada tristísima, como si de repente le hubiesen dicho que la navidad se cancelaba—Pero eso no es suficiente… si no vendo tooodas estas galletas mi tropa se enfadará… además no salvaremos los bosques… y yo… yo…

Leia comienza a llorar y a gemir suave pero profundamente.

El sujeto que la mira casi extasiado y con las mejillas rojas le pone una mano en el hombro, tratándola de calmar.

Lemy avanza un paso adelante dispuesto a arrancarle a mordidas aquella mano que se atreve a tocar a Leia, a tocar a una de sus…

Pero la niña adivinando aquello gruñe para detenerlo.

—Vamos, vamos comprare un par más no llores pequeña.

Leia levanta la mirada y deja de llorar pero aun no sonríe.

—Pero es que aun asi no es suficiente… no he vendido nada en las otras casas… creo que no soy buena en esto… tal vez no soy bonita.

El sujeto pasa saliva tan ruidosamente que Lemy puede escucharlo desde su escondite, y luego se lame los labios resecos.

—Pero que dices, eres preciosa…

Leia que está mirando hacia Lemy para ocultar su "vergüenza" de no ser bonita, sonríe de una forma que no puede ser descrita de otra manera que no sea demoniaca, al mismo tiempo sus ojos brillan con una malicia propia de una pantera al ver un pequeño cervatillo.

Pero al instante su rostro regresa a esa triste expresión que derretiría un iceberg, sus ojos aun húmedos y sus labios formando un puchero infantil y adorable.

La máscara es tan buena que incluso Lemy comienza a creerse la historia aunque hace apenas unos minutos Leia le aseguró a la última mujer que las galletas apoyaban a los sacerdotes que estaban evangelizando en África, Lemy no pudo pasar por alto que en la entrada de aquella mujer había un crucifijo.

— ¿De verdad cree que soy bonita?—Pregunta Leia mientras se limpia las lágrimas.

—Por supuesto… eres hermosa… compraré cuatro cajas pero no llores.

Leia sonríe y el mundo se ilumina.

— ¿Y qué parte de mi es más bonita?—Leia adopta esa pose que días atrás le mostro a Lemy, resaltando toda su feminidad, todas y cada una de esas curvas que no debería tener aún, pero que sin embargo posee.

El hombre se rasca la nuca nervioso, pero una sonrisa aparece en sus labios.

—Bueno… toda tú eres hermosa… tus ojos…

Leia parpadea rápidamente de forma coqueta.

—Tu cabello….

La niña sacude sus coletas que brillan como el trigo al sol.

El hombre parece que va a decir algo más pero calla.

— ¿Y mis piernas? ¿No le gustan mis piernas?—Leia se levanta más la corta falda y muestra su orgullo esos dos muslos heredados de su madre.

El hombre se ríe nervioso pero después de un momento asiente.

—Si claro son bonitas…

— ¿Solo bonitas?—pregunta decepcionada Leia.

—Bueno… son sexis… son muy sexis… tanto que quisiera…

Leia entonces sonríe más pero esta vez de nuevo es esa sonrisa de mona lisa… o de súcubo según se vea.

El tipo está alargando la mano para tocar de nuevo a Leia, y en sus ojos arde el deseo y el hambre pero…

— ¿Que quisieras comprar diez cajas de galletas?

El tipo se detiene y parpadea como saliendo de un trance…

— ¿Diez cajas? Esta loca si crees que voy a comprar tantas galletas

Entonces Leia chasque los dedos y Lemy sale como un muñeco de resorte de una caja sorpresa.

El tipo se asusta tanto que retrocede unos pasos.

—Leia entonces se abraza a Lemy mientras de nuevo se disfraza de una niña tierna y asustada.

— ¡Hermano, hermano… este señor me asusta dijo cosas raras y desagradables sobre mí… ayúdame!

La rubia esconde su rostro en el hombro del muchacho, pero no es por miedo, Lemy puede sentir como la chica sonríe de manera malvada contra su camisa.

—Yo no dije nada… ella fue… yo no…—el sujeto que ahora esta pálido y nervioso trata de hablar pero no puede hilar una frase completa.

Lemy mira al sujeto con furia y asco… y a diferencia de Leia, Lemy no está fingiendo.

— ¿Qué diablos fue lo que le dijiste… anciano?

El sujeto tiembla de nervios y aunque no lo quiere reconocer de miedo, ese adolescente de mirada hosca luce pequeñas cicatrices en el rostro que están terminando de sanar, lo cual le confiere una apariencia salvaje y peligrosa.

—Dijo que yo era sexy y caliente…—Leia murmura mientras abraza aún más fuerte a Lemy de la cintura y aprovecha para frotarse contra su pecho como un gato cariñoso contra su amo.

Y si Lemy no está equivocado la niña está respirando lenta y profundamente como tratando de grabarse su aroma… pero no hay tiempo para eso ahora viejo, creo que es hora de un entrenamiento sorpresa de boxeo.

—Yo no… ella…—el sujeto cada vez más pálido y aterrado por las consecuencias de su gran boca, y de su lujuria.

—O…. tal vez dijo que compraría quince cajas de galletas, —Leia por fin levanta la mirada de nuevo, pero en ningún momento suelta a su hermano. — ¿Cuál de las dos fue…? ya no recuerdo.

Y la niña por fin le muestra los colmillos a su presa, y con una mirada de medusa y una sonrisa de diablesa mira a la mosca que ha caído en la telaraña.

El tipo mira sorprendido a la pequeña bruja y cuando una sombra de furia nubla su rostro y se lanza hacia la pequeña tramposa…

Lemy le detiene, tomándolo por la muñeca y apretando con todas sus fuerzas.

—Ni siquiera lo intente… ahora, ¿cuál de las dos cosas dijo anciano? Lo de las galletas podemos resolverlo aquí y ahora pero si resulta que un vejete como usted acosó a una inocente y linda niña de nueve años… bueno creo que eso es algo que cualquier policía estaría interesado en saber…

El señor que ahora se arrepiente de haber abierto la puerta, se zafa del agarre del muchacho y se frota la muñeca con un gesto de dolor.

—Yo… yo… dije que compraría… quince…

—veinte, querrás decir—Leia se balancea hacia atrás y hacia adelante totalmente feliz.

—Veinte cajas de galletas—el tipo suspira derrotado.

Leia camina mientras se arregla su uniforme y de nuevo parece una correcta e inocente niña exploradora dispuesta a ayudar a ancianitas a cruzar la calle.

Lemy la mira mientras camina a su lado jalando el carrito que ahora pesa mucho menos que al principio.

Viejo eso dio miedo, y no me refiero al muy posible pedófilo aquel, ni siquiera a la casi pelea que estaba por tener con un sujeto del doble de mi edad, ni hablar hermano, eso es juego de niños, lo que me dio miedo, lo que aun ahora me da miedo es esta niña rubia a la que llamo hermana.

¿Qué demonios fue eso?, una cosa es engañar a una fanática religiosa y decirle que las galletas apoyan el cristianismo, y otra muy diferente usar… ¿su cuerpo? ¿Su belleza? Para engañar a probables violadores de niñas.

Como diablos se le ocurrió tal cosa, en cierta forma fue divertido y emocionante pero… eso fue peligroso ¿sabes?

Lemy entonces detiene a Leia tomándola del hombro.

La rubia le mira y por un momento la sonrisa que tiene en sus labios no es malvada o falsa, es la sonrisa de una chiquilla que mira a su amado hermano mayor mientras camina en una hermosa mañana de sábado.

Y Lemy comprende cómo es posible que aquel adulto haya caído en la trampa, ver a Leia feliz es como encontrar un oasis en el desierto, como una fogata en la oscuridad, y harías cualquier cosa para mantener esa sonrisa… cualquier cosa.

—Leia… ¿heces esto muy seguido?

La chica deja de sonreír y lo mira enojada.

—Tal vez… a ti que te importa.

Lemy suspira enojado… ¿a él que le importa?

—Me importa porque eres mi hermanita, me importa porque es peligroso… si yo no hubiese estado y ese tipo te hubiese golpeado o peor… ¿y si él te obligara a entrar a su casa? ¿Te das cuenta de que si te expones asi podrías resultar lastimada? Que si haces cosas como estas, un día podrías… podrías…

Lemy respira profundo pues su voz se fue acelerando y aumentando de volumen mientras hablaba.

Leia está aún sujeta por su hermano y lo mira entre enfurruñada y sorprendida…

Y entonces aunque Lemy sabe que es peligroso y está tentando a la suerte, jala hacia sí mismo a Leia y la abraza tan fuerte que por un momento teme que la pueda romper.

Es tan pequeña hermano, tan frágil, y seguramente tu proteges las cosas frágiles que posees ¿verdad?, pues asi mismo quiero protegerla, quiero ponerla en un aparador de cristal para que nada le pase ¿sabes?, lo sé, lo sé, es una maldita locura pero asi nadie podría tocarla, ni los tipos pedófilos como es idiota, ni papá… y tampoco yo, diablos amigo daría lo que fuera para poder ponerla lejos de todo peligro.

—Eres demasiado bonita, demasiado hermosa, demasiado importante Leia, no debes jugar con tu suerte de esta manera… si algo te pasara, si algo malo te sucediera yo… yo…

Lemy abraza más fuerte a su hermanita.

Leia que al principio está sorprendida, pero que conforme las palabras de Lemy le llegan se relaja y devuelve el abrazo, y aunque jamás, nunca lo admitirá unas lágrimas de felicidad caen por sus mejillas.

—No me pasará nada… lo prometo.

Lemy no le cree y algo en el feroz abrazo que le está dando logra transmitir el mensaje por que la niña añade.

—Pero si quieres mantenerme segura simplemente tienes que venir conmigo, mientras este contigo nada puede lastimarme...

Y Lemy tiene que morderse la lengua, porque está a punto de jurarle que la seguirá siempre, que la acompañara a donde ella vaya y que estará a su lado hasta el final.

Pero no lo hace y solo atina a descargar todos esos pensamientos en forma de un beso en la frente de la niña, pero muy a su pesar sabe que no solo venderá galletas durante tres meses.

Mierda hermano, estaré cargando galletas hasta que esta mocosa salga de su estúpida tropa de niñas exploradoras, sé que es una mala idea y que me la pasaré quejándome pero… no puedo dejarla sola, simplemente no puedo ¿verdad?

Y entonces Lemy mira a Leia, ambos aun abrazados, ambos aun mirándose.

Joder, ¿siempre tuvo Leia los ojos tan azules? Es como mirar el fondo del océano, oscuro, profundo, peligroso y frio… y sin embargo fascinante y atrayente…

La rubia a su vez parece perdida en el verde bosque que los ojos de Lemy le muestran, perdida como caperucita roja, pero a diferencia de caperucita quien huye del lobo feroz, Leia desea que el lobo la atrape…

Lemy entonces trata de salir de lo profundo de aquellas lagunas azules y busca enfocar su atención en otra cosa… y son sus labios rosados y brillantes los que reclaman su atención, suaves aterciopelados y fragantes.

Fresas silvestres, tiernas y dulces, a eso huelen los labios de Leia, y Lemy se está muriendo de hambre… tal vez si solo es una probada, solo una pequeña mordida… no hará daño ¿verdad?

Ambos se han estado acercando sin notarlo.

Leia se sostiene en la punta de sus pies como una bailarina, tratando de acortar la distancia que la separa de su alto hermano, Lemy a su vez ha ido bajando su rostro y sin que él lo note una mano está en la mejilla de la niña inclinándola para que sus labios queden perfectamente alineados a los suyos.

Leia está respirando erráticamente y están tan juntos que Lemy siente los acelerados latidos del pequeño y frágil corazón de la rubia, o tal vez so los suyos, pues él también esta agitado y emocionado…

Leia entrecierra esos maravillosos ojos azul océano, y Lemy le imita, los parpados de ambos no se cierran del todo, pues los dos quieren seguir viendo sus rostros que ahora están mostrando la perfecta imagen del enamoramiento.

Y cuando Lemy ya puede saborear el aliento de su hermanita cuando la distancia que separa sus labios es tan mínima que en realidad no podría medirse…

—Leia! Leia!—La voz de Gwen los saca de su ensueño más bruscamente que cuando esta mañana Leia le arranco las cobijas a Lemy.

Demonios hermano, ¿qué rayos estaba a punto de hacer?

Lemy se aleja de Leia tan rápido y tan bruscamente que la niña se tambalea a punto de caer.

Lemy mira sus manos con horror y asco y después cierra sus ojos y se cubre el rostro con las manos, mientras maldice en murmullos.

Carajo, carajo, joder, mierda….

Qué demonios me pasa juré que no haría esto juré que yo no las lastimaría de esta manera. Maldita se Lemy Loud contrólate de una maldita vez.

Leia lo mira desorientada y anhelante, pero cuando ve la actitud de su hermano la furia la llena por completo y una mueca de desagrado arruina su preciosa cara.

—Leia, Leia… se nos han acabado las galletas de nuez… vengo por más—Gwen por fin a llegado al lado de los hermanos y mientras recupera el aliento mira confundida la actitud de Lemy quien sigue maldiciéndose a sí mismo.

Leia sigue viendo con decepción a su hermano, y la chica se ve roja de la furia que siente por su beso frustrado.

—Leia? Necesito más galletas de…

—Toma todas las putas galletas y métetelas por…—pero la última palabra es ahogada por el ruido que hace el carrito de metal al ser pateado por la rubia quien después de tremenda patada se aleja enojada de ahí.

Lemy se recarga en un buzón cercano y mientras mira al cielo respira para tranquilizarse.

Gwen no se atreve a preguntar nada y se dedica a escoger las galletas que necesita mientras también levanta s las que Leia tiró en su arranque de furia.

Hermano… lo que daría por un porro justo ahora, pero la semana ha sido tan estresante que me he acabado todo lo que tenía… supongo que eso significa otro viaje al centro comercial…

Y no, no comiences… se lo que estás pensando… solo hazlo, simplemente hazlo, lo siento viejo pero no.

No tengo muchas virtudes, pero dije que no iba a tocar a mis hermanas de esa manera, no de nuevo, y al menos eso lo voy a cumplir otra cosa no pero Lemy Loud tiene palabra ¿sabes?

Pero a veces es tan difícil… y con Leia es el doble, ella siempre me ha gustado, es como… la miel para las moscas, dulce dorada y deliciosa, pero tan pegajosa que una vez que la pruebas quedas atrapado en ella hasta ahogarte, puedo comprender al pervertido de hace rato, es natural que Leia te guste… que te atraiga al instante de verla es como una… atracción natural

Natural Attraction

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