Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.

En la habitación de Sesshomaru, Tora empezaba a tumbar todas las cosas que adornaban el cuarto, rompiéndolas en pedazos. Jamás se había sentido tan tonta y avergonzada.

Todo era culpa de esa humana, todo…

Contra corriente

Por Kuruma Chidori

Capítulo 11

Sesshomaru atravesaba con paso rápido un largo pasillo rumbo a la habitación de Rin. Había dejado de escuchar el llanto y el olor a las lágrimas estaba desapareciendo, sin embargo, el sentimiento de urgencia por reunirse con ella no se marchaba.

-¡Sesshomaru-sama! ¡Sesshomaru-sama! –Jaken corría hacia el demonio blanco quien iba en su dirección - ¡Amo, qué bueno que lo encuentro! Hace unos momentos me econtré con Rin y…-El lord le pasó por encima sin detener su rápido caminar- ¡Ahh! …Se-sesshomaru-sama…

Una vez que llegó a la habitación de Rin, se detuvo ante la puerta y se contuvo unos instantes hasta que por fin la llamó.

-Rin

La joven, que se encontraba recostada en su futón, levantó la mirada. La puerta corrediza se abrió para dar paso a Sesshomaru quien se quedó de pie a un par de pasos de ella. Rin no se levantó, simplemente giró su cuerpo sobre el futón, dándole la espalda. Había dejado de llorar minutos atrás pero sus mejillas aún se hallaban húmedas y sus ojos enrojecidos e hinchados, no quería que él la viera así, ni quería explicar las razones del porqué de su llanto.

Sesshomaru avanzó hacia ella, quedándose de pie frente al futón.

-Rin, ¿qué pasa?

La joven negó con la cabeza, sin voltear. Fue entonces que Sesshomaru percibió sobre las ropas de Rin un aroma que no le gustó. El lord apoyó su rodilla sobre el futón y giró a la joven hacia él, sus cabellos despeinados le tapaban el rostro.

Sesshomaru posó una de sus manos sobre el brazo de la joven, no parecía estar herida, pero el aroma de Fuyuro se hallaba impregnado en el kimono de Rin y eso le irritaba, al igual que su silencio que no ayudaba con la situación.

-¿Te ha hecho daño?

-Pero claro… -Pensó Rin – él sabe, él siempre sabe.

La muchacha suspiró, despejó los cabellos de su rostro y miró a Sesshomaru quien mantenía sus ojos ambarinos sobre ella.

-No. Sólo… dijo cosas.

-¿Cosas?

Rin desvió la mirada nuevamente, no quería contar lo sucedido, después de todo, pese a que le dolieran o molestaran las palabras de Fuyuro, sabía que tenían una gran verdad impresa dejando de lado, por supuesto, la proposición.

-Rin –Insistió.

La joven posó su mano sobre la del youkai que aún se hallaba sobre su brazo y le sonrió levemente con tristeza, volvió a negar con la cabeza.

-No importa. –Ambos guardaron silencio por un momento hasta que Rin decidió hablar- Sesshomaru-sama… usted no dejaría que me apartaran de su lado ¿no es así?

El demonio la miró con algo de sorpresa, pero respondió de inmediato.

-No si es contra tu voluntad. –Rin apretó la mano del youkai- Sin embargo… si es por tu bienestar…

-Oh, entiendo. –la joven soltó la mano de Sesshomaru y se la llevó al pecho, esto no pasó desapercibido para el lord.

-¿Por qué preguntas eso?

-Sesshomaru-sama… ¿usted aún odia a InuYasha-sama?

Definitivamente las respuestas de Rin podían llegar a ser exasperantes. Sesshomaru frunció levemente el entrecejo.

-¿A qué viene eso? Yo no odio a ese híbrido, es una existencia que me es indiferente.

-…

La joven cerró los ojos, no tenía más que decir respecto a ese tema.

-¿Sabe? –Rin sonrió levemente, aún con tristeza- Hace unos momentos, Fuyuro-sama me propuso irme con él para tomarme como esposa.

Sesshomaru abrió los ojos más de lo usual y acto inmediato retiró la mano que había estado reposando sobre el brazo de Rin. Sintió como la sangre le subía a la cabeza rápidamente.

-Decía que después de todo, usted se casaría con Tora-sama y que él no desdeñaría un hanyou si fuese mío… -Rin se incorporó lentamente, quedando sentada sobre el futón, el kimono holgado dejó al aire uno de sus hombros, el cual tapó despreocupadamente. Miró fijamente a Sesshomaru quien ahora parecía prestar toda su atención en la pared de madera –Usted me ha dicho ya qué piensa sobre Tora-sama… pero entonces me he puesto a pensar…

-¿Quieres irte con él? –Sesshomaru la cortó en seco.

-Je… -Rin no pudo evitar la exclamación de gracia, aún cuando estaba cargada de pesar- Por supuesto que no. En realidad lo que quiero decir es que… desde lo que me ha dicho el día de ayer, he pensado mucho al respecto. -Sesshomaru la miró de reojo.- Y ese asunto de los hanyous me ha dejado dudosa.

Sesshomaru comprendió a dónde empezaba a encaminarse el tema de la conversación y no le gustaba, era un terreno muy escabroso aún para él como para abordarlo en ese momento.

-No es necesario hablar de esto ahora mismo. –El tono de Sesshomaru era terminante. Rin bajó la mirada.

-Está bien. –No insistió, sabía que no tenía caso. Una vez que el demonio blanco dejaba claro que no hablaría de algo, no había modo de hacerle cambiar de idea.

La muchacha se volvió a recostar, se colocó de lado y observó el rostro de Sesshomaru con seriedad.

El lord tenía sentimientos mezclados, aún cuando su semblante permanecía inmutable como siempre. Sabía que aquellas dudas que no había dejado a Rin terminar de expresar, venían con el hecho de que ella estaba interesada en él como compañero, pero por otro lado, se daba cuenta de que él no había pensado nada respecto al futuro, y eso le hacía sentirse molesto consigo mismo.

Aquello era únicamente su culpa. Quien no tenía claro el panorama aparentemente era él, y darse cuenta de ello le era frustrante.

Mezclar sentimientos con orgullo era una combinación que incluso para él era demasiado. ¿Qué habría pensado su padre cuando se juntó con aquella humana? Las respuestas a esas preguntas no dejarían de ser meras suposiciones, quizá ni siquiera había pensado y sólo se había limitado a sentir, a dejarse llevar…

Sesshomaru era demasiado necio y orgulloso como para dar pie a engendrar un hanyou, lo sabía bien… y aún así…

El youkai observó a Rin, la muchacha le devolvía la mirada. El lord sintió una punzada en el pecho… dolía, jamás había sentido algo así. Rozó con suavidad la mejilla de Rin con su mano y después se incorporó.

Sentía que quería decir muchas cosas y a la vez debía callarse todo o podría cometer algún error, lo único que tenía claro era que no quería lastimar a Rin, ni volver a verla llorar. Y entonces, como si su propia cabeza se burlara de él, recordó lo que había pasado momentos antes con Tora. Sesshomaru torció la boca y maldijo para sí mismo.

Rin era demasiado buena. Demasiado buena en demasiados sentidos y en aspectos en los cuales no había notado que él mismo podía ser errático. El jamás había contemplado la posibilidad de tener una compañera hasta que se había reencontrado con Rin tras esos diez años. Era claro que si quería algo de seriedad con ella, comportamientos usuales en él debían cambiar.

Estaba furioso consigo mismo. Era la primera vez que su orgullo y sus costumbres chocaban con sus sentimientos y lo que le desquiciaba más era que el causante fuera un ser humano, al fin y al cabo, el desprecio a aquella raza, al menos en concepto, no podía desaparecer aún en él. La única excepción a la regla era Rin, toda excepción a sus reglas, siempre era Rin… pero la idea de un hanyou… no, aún era demasiado, incluso para él.

Sesshomaru se dirigió a la salida de la habitación para marcharse y dejarla dormir. No tenía caso prolongar aquella conversación, no esa noche al menos.

-Sesshomaru-sama – Lo llamó, el youkai la miró de reojo- Si no es mucho pedir… ¿podría pasar la noche aquí?

El lord se mantuvo quieto un instante, procesando lo que acaba de escuchar. Volvió a la habitación, cerró la puerta corrediza y caminó hasta el futón sentándose a la derecha de este, recargando su espalda contra la pared. Sobre su rodilla flexionada reposaba uno de sus brazos. Observó a la joven en silencio. Aquella chica removía todo en él.

Rin sonrió levemente, devolviéndole la mirada. Si bien la conversación había resultado infructuosa para ella, se sentía tranquila de que él se mantuviera cerca. No tardó mucho en quedarse dormida, Sesshomaru la observó dormir durante un largo rato hasta que finalmente él empezó a cabecear, cediendo a su cansancio.


-¡Fuyuro-sama! ¡Fuyuro-sama!-Un guardia irrumpió en la habitación del lord quien se levantó de golpe. A su lado, su compañera sólo se cubrió con las sábanas para seguir durmiendo. Al otro extremo del gran futón, se escuchó el quejido de una pequeña niña youkai al haber sido despertada por lo cual el lord posó su mano gentilmente sobre el cuerpo de la pequeña para tranquilizarla y la acurrucó junto al cuerpo de su madre para que volviera a dormir. Acto seguido salió de la habitación, haciendo un gesto al guardia para que lo siguiera.

-¿Se puede saber a qué se debe tal interrupción? Mi esposa y mi hija dormían, como pudiste darte cuenta. – Fuyuro clavó la mirada sobre el youkai quien se sintió minimizar, intimidado por el lord del noroeste.

-Discúlpeme señor… Pero ha sucedido algo terrible.

-¿Algo terrible?

-Sesshomaru-sama, el hijo de Inu no Taisho, ha invadido las tierras del oeste y nos ha declarado la guerra por el territorio… Ha comenzado a arrasar con las aldeas humanas de los alrededores y a eliminar a los espíritus y demonios de la zona.

Fuyuro abrió mucho los ojos, impactado… Observó de reojo los dos bultos cubiertos por las mantas en el futón de su habitación, y entonces, sintió la sangre hervirle… no permitiría que nadie atentara contra el futuro de su familia, ni que siguieran derramando sangre de criaturas que eran ajenas a los caprichos de un joven youkai, inmaduro e impulsivo.

-…No perdamos más tiempo, preparemos todo. Marcharemos ahora mismo hacia el oeste.

Fuyuro despertó de golpe, con la frente sudorosa. De nuevo había tenido aquel sueño…

El youkai suspiró, se levantó y ató su larga cabellera en una coleta. Definitivamente ya no podría volver a conciliar el sueño, no después de que aquellos recuerdos volvieran a molestarlo.

-Ya hace tanto de eso… ¿eh, Yukiko?


Cuando la joven despertó, Sesshomaru ya se había marchado. Por como iluminaba el sol su habitación, era claro que no era precisamente temprano, por lo que se apresuró a salir rápidamente de la habitación; sin embargo, antes de poder lograr su cometido, Sunako ya había hecho acto de aparición.

-Buenos días, niña. ¿Has dormido bien?

-Buenos días, Sunako-sama. Sí…

Sunako comenzó a ordenar los kimonos del armario de la chica en silencio y Rin la observó con curiosidad, normalmente no era tan callada cuando se hallaban a solas.

-¿Sucede algo, Sunako-sama?

La anciana la miró de reojo, estaba algo intrigada debido a que el aroma del lord se conservaba aún en la habitación.

-¿Ha estado el señor aquí? –La anciana seguía concentrada en su tarea.

-¿Eh?... Ah… sí – Rin se sonrojó y miró rápidamente al techo, intentando disimular su reacción – Sesshomaru-sama vino a visitarme anoche.

-Ya veo.

La anciana sacó un kimono azul claro y un obi anaranjado y se lo entregó a la muchacha.

-Apresúrate a cambiar y a desayunar, la señora quiere verte.

-Sí... –Rin suspiró, recordó que debía entregar los pergaminos con los que había estado trabajando la noche anterior. No tenía ánimos de tomar lecciones ese día.

Sunako se retiró de la habitación, intrigada.


Con paso firme y rápido, Tora se dirigió al cuarto en donde se encontraba su padre y abrió la puerta corrediza con fuerza.

El lord del norte se hallaba sentado en el suelo dándole la espalda a la entrada, pese al ruido, no se inmutó, miró de reojo a su hija mientras daba un sorbo al vasillo de sake. Aquella mañana se hallaba particularmente pensativo.

-Padre, quiero irme. No soporto estar un día más aquí y es evidente que Sesshomaru-sama tampoco nos quiere en su palacio. –La joven parecía fuera de sí, apretaba los dientes y sus ojos escupían fuego.

Fuyuro suspiró.

-¿Tan fácil te has rendido, Tora? –Dio un trago al sake.

-¡He hecho todo lo que ha estado en mis manos, padre! –Gritó- He hecho cosas… de las que no me creí capaz y nada ha funcionado. –Su tono se tornó melancólico- Dejemos ya este absurdo intento por recuperar estas tierras y volvamos a casa. No somos bienvenidos aquí y no tenemos ninguna oportunidad si nos enfrentamos a Sesshomaru-sama.

-¿Cosas de las que no te creíste capaz? –Fuyuro se volvió hacia la joven. La mirada de Tora se ensombreció y agachó la cabeza. El lord observó como su hija apretaba los puños con fuerza y su rostro se sonrojaba levemente, de inmediato comprendió.

El lord se puso de pie bruscamente, se dirigió a su hija y sin pensarlo dos veces, abrió la palma de la mano y la dirigió a su rostro.

La bofetada resonó en la habitación.

-…¿Pa-padre? –Tora se llevó la mano a la mejilla enrojecida por el golpe y miró a su progenitor sorprendida. El youkai le devolvió la mirada con frialdad inusual en él.

-No te crié para esa clase de cosas. Me has decepcionado.

Fuyuro salió de la habitación con paso firme dejando sola a la joven de cabello dorado.

Tora sintió cómo sus manos temblaban.


Sesshomaru se hallaba en el bosque, no muy lejos del palacio había percibido la presencia de un demonio ajeno a ese territorio y había ido a investigar. A su lado se encontraba Jaken quien sujetaba firmemente el báculo de dos cabezas.

-Sesshomaru-sama ¿está seguro que ha sentido la presencia de un youkai? No veo nada extraño por aquí – El demonio verde miraba a su alrededor con cautela. El lord no respondió.

En ese momento unos pasos comenzaron a escucharse tras ellos, Sesshomaru miró por el rabillo del ojo para observar a Fuyuro acercarse.

-¡Oh! Pero si es…

-Sesshomaru… -Fuyuro ignoró a Jaken, parecía realmente furioso- Te ofrezco a mi hija en matrimonio para unir territorios y no conforme con rechazarla ¿la ultrajas? ¿qué clase de lord eres?

Jaken retrocedió varios pasos, ocultándose tras Sesshomaru al presentir lo que se avecinaba.

El demonio blanco miró de reojo a Fuyuro, apretó un puño. No era un encuentro grato ni prudente, después de todo, ambos tenían razones para estar molestos el uno con el otro.

-Fuyuro… no te creí tan estúpido para encararme algo así después de lo que tú hiciste. –Sesshomaru frunció el ceño- Pero no confundas las cosas, yo no he sido el que buscó la compañía de Tora, ella es perfectamente capaz de tomar sus decisiones.

-¡Ja! ¡No me digas que te parece ofensivo lo que le propuse a esa chiquilla cuando eres tú quien ha humillado a mi hija! –Fuyuro llevó la mano a la empuñadura de su espada aún guardada. –Te ofrecí a mi hija en matrimonio y lo que he obtenido de ti ha sido… -El youkai gruñó, era un gruñido casi animal, no fue capaz de terminar la oración.

Sesshomaru frunció aún más el ceño, Jaken corrió a la dirección opuesta de ambos lords para esconderse tras unos árboles, lo más seguro para él era estar alejado.

El demonio blanco desenvainó a bakusaiga y lanzó una estocada contra Fuyuro la cual fue respondida con el acero de la espada de este. Ambos retrocedieron por el impacto.

-Fui muy claro desde el inicio que todo lo que tenga que ver contigo, no me interesa.

-Eres un insolente-rugió- imagino que no dijiste eso a mi hija en ese momento.

-Hn… ¿Te parece que ese asunto sea siquiera digno de mencionar? –El youkai encontraba aburrido e insignificante tocar aquel tema. – Sólo diré esto: mantente apartado de Rin.

-Lo que esa humana haga o le suceda me tiene completamente sin cuidado, lo mismo debería ser para ti, Sesshomaru. Eres una vergüenza… siguiendo los mismos pasos que Inu no Taisho… Eso no te conducirá a nada mas que a la muerte.

Fuyuro se lanzó contra Sesshomaru, este se defendió con bakusaiga pero el youkai de cabello dorado aprovechó dicho movimiento para sujetarlo por la muñeca, enterrando sus garras en él para comenzar a quemarlo con el tacto de estas. Era plenamente consciente de que si aquella espada le producía el más mínimo rasguño, estaría acabado.

Sesshomaru sintió el olor de su propia carne quemándose y con un movimiento brusco, logró apartar su brazo lejos de la mano de Fuyuro. Ambos se apartaron de un salto.

Su muñeca derecha tenía las marcas rojas de los dedos de Fuyuro, el olor de su piel chamuscada era desagradable incluso para él mismo. El lord del norte dibujó una sonrisa en su rostro.

-Estás fuera de práctica, Sesshomaru.

El demonio blanco lanzó una exclamación de ironía y volvió a embestir a Fuyuro, esta vez el perro de cabello dorado no corrió con tanta suerte, si bien el impacto de bakusaiga fue detenido con su espada, la fuerza del ataque de Sesshomaru lo arrojó contra unos cuantos árboles, los cuales se derrumbaron. Fuyuro se levantó con poca dificultad, corrió hacia Sesshomaru y proyectó un ataque con su arma, el youkai del oeste pegó un salto para esquivarlo. El ataque impactó contra las faldas de un risco, por lo cual hubo un derrumbamiento. Jaken profirió un grito exagerado y corrió a esconderse tras varias rocas.

Los ataques comenzaron a darse de forma ininterrumpida embistiendo uno contra el otro, retrocediendo y esquivando rápidamente. El paisaje comenzó a cambiar: árboles derrumbándose, erosiones en el suelo, las aves huyendo asustadas. Un hilillo de sangre escurría por el labio partido de Fuyuro, mientras que a Sesshomaru las quemaduras de su muñeca y ahora brazos y hombro comenzaban a hacerle mella. La armadura de ambos lords había sido desmantelada tras los diversos ataques, sin embargo, ninguno de los dos lucía cansado en lo absoluto. Tras un nuevo arremetimiento de Fuyuro hacia Sesshomaru, éste lo esquivó y aterrizó sin dificultad sobre la copa de un árbol.

-Me resulta curioso cómo es que te rehusaste a un enfrentamiento conmigo por estas tierras pero no te lo has pensado dos veces sólo porque tu hija tuvo un capricho. –El aire soplaba con fuerza, ondeando el cabello plateado del youkai.

-¿Y qué hay de ti, Sesshomaru? Si no mal recuerdo, tú no mantienes un combate a menos que sea por alguna razón… ¿acaso esa humana importa tanto?

El youkai frunció aún más el entrecejo, no respondió.

Fuyuro dio un salto en línea vertical hasta la copa del árbol donde se hallaba Sesshomaru, y metros antes de llegar, con un ataque semejante al látigo que poseía el demonio blanco, Fuyuro enredó un tobillo del youkai y lo azotó hasta el suelo.

Jaken observó sorprendido cómo el polvo se levantó tras la caída de su amo y alcanzó a vislumbrar cómo Fuyuro ahora descendía rápidamente hacia el lord, blandiendo su espada directo hacia él.

Un gran estruendo hizo eco en el bosque.


Había llegado finalmente a su palacio con apenas unos cuantos seguidores a su lado, el viaje de regreso había sido difícil, inclusive, habían perdido a unos cuantos sobrevivientes en el trayecto de vuelta. Todos lucían sumamente maltrechos, pero sobre todo, la derrota reflejada en sus semblantes era la herida más grande: habían perdido aquella guerra contra Sesshomaru… habían perdido la mitad de su territorio.

La youkai de voluptuoso kimono, estola blanca y trenzas doradas corrió hacia su compañero y lo recibió en sus brazos cuando este trastabilló y tropezó al apenas pisar su hogar.

-¡Fuyuro-sama! ¡Fuyuro-sama! –Los extraños ojos de la youkai, uno púrpura y otro verde, se enturbiaron por las lágrimas al sentir el debilitado cuerpo de su esposo. El lord del noroeste, ahora únicamente del norte, posó una de sus manos sobre la de su mujer. A un par de metros, una niña pequeña con los ojos iguales a los de su madre y alborotado cabello, también dorado, observaba la escena asustada.

-Perdimos… Yukiko… lo siento – El demonio se desvaneció.

Fuyuro abrió los ojos, la luz del sol le lastimó las pupilas por lo que intentó cubrirse el rostro con la mano, pero esta no respondió. Se hallaba tendido boca arriba en medio del bosque, solo. No estaba del todo seguro qué había sucedido, pero aparentemente Sesshomaru había vuelto a ganar la batalla entre los dos… y por segunda vez, le perdonaba la vida.

El youkai se incorporó con dificultad, le dolía el cuerpo y su brazo sangraba profusamente, estaba prácticamente inutilizable. Posó su mano sobre la herida, apretándola. Pese a todo, había sido afortunado, era obvio que esa herida habría sido hecha con las garras de Sesshomaru y no con su espada, ya que de haber sido así, no habría sobrevivido.

Arrugó el ceño, sentía como su cuerpo temblaba de ira. Nuevamente empezaba a recordar cosas que habían sucedido siglos atrás…

-¿A qué has venido, Fuyuro?

-Sesshomaru… aquel hijo tuyo nos ha declarado la guerra y ha arrebatado mis tierras del oeste…

-Sí, me he enterado de ello. ¿Has venido a cobrar venganza conmigo? – Inu no Taisho miró de reojo al youkai de cabello dorado.

-Por supuesto que no… -Fuyuro apretó los dientes- He venido a pedirte que hables con él, Sesshomaru te escucha. En siglos, ninguna batalla se había suscitado entre miembros de nuestra propia especie… por eso…

-¿Me estás pidiendo que le ordene a mi hijo que renuncie a las tierras que ha conquistado por su propia mano como un favor a nuestras viejas glorias? – Inu no Taisho se volvió, mirando de frente a Fuyuro. Éste bajó la mirada, era consciente que sus intenciones eran una locura, que él mismo se denigraba con sólo plantear sus deseos.

-Así es.

El lord de coleta plateada guardó silencio unos instantes, después volvió a darle la espalda y dirigió su mirada al cielo nocturno, aquella noche era luna llena.

-Nunca creí que llegaras a caer en una postura tan miserable… -Se lamentó, y parecía sincero- Lo lamento, viejo amigo, pero no me involucraré en un asunto que no me concierne, Sesshomaru tiene sus propios planes… y esté o no a favor de ellos, no me compete entrometerme en ellos. Si el oeste está destinado a pertenecerte, sin duda alguna volverá a tus manos.

Fuyuro apretó los puños con fuerza, sentía la sangre hervirle. No tenía ninguna oportunidad, se había confiado y había fallado, incluso, su última esperanza, ahora estaba descartada. Le había fallado a Yukiko y a Tora…

Fuyuro dio un puñetazo contra el suelo y dejó escapar un grito de rabia.

Nuevamente había sucedido… Fallaba a su familia, una y otra vez, había fallado a lo único valioso que le quedaba que era Tora. No importaba cuánto se esforzara, cuánto hubiera planeado, cuánto hubiese querido la paz o evitar enfrentamientos, porque aún cuando los había, perdía irremediablemente y Sesshomaru se burlaba de él al dejarle con vida.

Se puso de pie sin dejar de sujetar su brazo herido el cual chorreaba sangre. Rasgó con los colmillos la manga de su abrigo y con algo de dificultad vendó su herida para detener la hemorragia.

Quizá… si él no podía recuperar sus tierras, si no podía remediar el hecho de que Yukiko hubiera muerto sintiéndose sola y abandonada por él y no podía remediar lo que había hecho Tora la noche anterior, al menos… no se quedaría con el resentimiento contenido.

Si Sesshomaru le había arrebatado todo aquello que le importaba… entonces…

-Olvídate de que alguna vez quisiste a esa humana…

Fuyuro se encaminó al palacio con paso lento.


No bien había llegado al palacio, Sesshomaru había buscado a Tora y la había echado de ahí. La youkai no había puesto objeción por más que su semblante lucía descompuesto por la mezcla de sentimientos que aquello le hacía experimentar, sin embargo, cualquier reproche se lo había contenido al observar las heridas en el cuerpo del lord.

Conocía bien el modo de pelear de su padre y aquellas quemaduras no eran ajenas para ella, por lo cual no tenía mas que acatar las órdenes de Seshomaru, con la angustia de no saber cómo se encontraba su padre, pues si bien sentía su olor cerca, también percibía sangre.

-Supongo no hay nada que decir ni nada más que hacer… -Tora se despidió con un movimiento de cabeza.- Adiós, Sesshomaru-sama, Irasue-sama. –Lanzó una última mirada a Rin quien se hallaba varios metros más atrás junto a Jaken, observando todo en silencio.

El lord no respondió, mientras que Irasue se despidió con su propia reverencia. La youkai de mirada bicolor sonrió con tristeza, subió a su montura y salió del palacio seguida de la escolta con la que días atrás habían llegado, para ahora ir en busca de Fuyuro.

Apenas se hubiesen cerrado las puertas de la muralla, Sesshomaru volvió a la habitación principal del palacio en donde se topó la mirada preocupada de Rin.

-Sesshomaru-sama… - La joven se acercó al lord.

-Supongo que esto era lo que querías, aunque he de decir que al final, parece que nadie consiguió lo que deseaba. –Soltó Irasue quien lucía levemente ofendida. Dirigió una rápida mirada fría a su hijo, y se retiró de la habitación. Tanto Rin como Sesshomaru y Jaken la observaron marcharse.

-Brrr… -Jaken hizo una exclamación como de escalofríos – Definitivamente la mirada de la señora es abrumadoramente helada.

-Sesshomaru-sama, sus brazos… -A Rin no le importaba en ese momento la despedida de Tora, ni la madre ofendida del lord ni la presencia de Jaken. Su atención se centraba únicamente en el aspecto del lord, principalmente en su muñeca derecha que tenía varias quemaduras.

-No es nada, en un día o dos desaparecerá.

-Pero… debe dolerle, si quiere puedo ir a buscar unas cuantas hierbas medicinales y…

-He dicho que no es nada.

Sesshomaru se retiró también de la habitación dejando a Rin con Jaken.

La joven suspiró.

-Es cierto que él estará bien, pero si busco esas hierbas y me permite colocárselas, por lo menos no sentirá dolor… -Pensó.

-Chiquilla necia, tú mejor que nadie sabes que el cuerpo del amo se recupera a una velocidad increíble, él no necesita de esos absurdos remedios humanos que… ¿eh? ¿qué?... Me… he quedado solo… - Jaken había continuado hablando hasta que se percató que Rin también había salido de la habitación. El demonio verde suspiró y apoyó el peso de su cuerpo sobre su báculo, ¿por qué sería que nadie lo tomaba en cuenta?


Había aprendido la lección la última vez, por lo que en esta ocasión, Rin decidió salir del palacio en compañía de Ah-Un en caso de encontrarse en problemas. Tomó las riendas del demonio e iba caminando fijándose detenidamente en las plantas de los alrededores con la esperanza de hallar las hierbas que necesitaba.

-Ah-Un, seguro que si encontramos esa hierba, podré hacer el ungüento para Sesshomaru-sama… sólo espero que él acepte ponérselo.

La bestia profirió un rugidito como respuesta a la muchacha, Rin le sonrió.

-Oh… -Vislumbró una hierba conocida y se dirigió hacia ella- La abuela Kaede me enseñó que la infusión de estas flores es muy útil para los dolores musculares, quizá Sesshomaru-sama la beba si se la preparo… aunque será algo difícil convencer.

Arrancó las flores amarillas con cuidado, escarbando un poco en la tierra con los dedos para llevar también las raíces. Acarició el lomo de Ah-Un y siguieron caminando.

Conforme iban avanzando se alejaban más y más del palacio sin que Rin prestara mayor atención.

El cielo se estaba tornando anaranjado por el atardecer y los pájaros comenzaban a internarse en los árboles. Rin aspiró profundamente, el aire olía bien y todo estaba en calma. Pese a que la conversación de la noche anterior con Sesshomaru no le había aclarado sus dudas, se sentía alegre en ese momento. Parecía que todas sus inseguridades poco a poco irían disipándose y probablemente las cosas tomarían rumbo con el paso del tiempo. Aunado a eso, la partida de Fuyuro y Tora también le hacían sentirse más relajada, después de todo, aquel demonio le hacía sentirse sumamente incómoda y si bien Tora no le desagradaba, su insistencia con Sesshomaru la descolocaba un poco.

-Eso me recuerda…

Rin notó entonces que cuando Sesshomaru había despedido a Tora, ésta se había marchado sola. También, su atención se había centrado en las heridas del lord, pero no en cómo habían sido causadas estas… ¿Acaso Fuyuro y Sesshomaru…?

-Oh, vaya... –Los pensamientos de la joven se vieron interrumpidos por la voz del lord del norte –No creí encontrarte por estos lados del bosque… o no al menos sin Sesshomaru.

-Ah… Fuyuro-sama… -Rin apretó las riendas de Ah-Un, nerviosa. –No creí encontrarlo por aquí, Tora-sama ya se ha marchado del palacio y…

La joven se percató de que el youkai se hallaba con el brazo herido y con varios rasguños por el cuerpo, sin contar que su armadura estaba rota… Comprendió entonces el por qué de las quemaduras de Sesshomaru y su nerviosismo se incrementó.

-Oh… así que Sesshomaru no conforme con haber pasado la noche con mi hija la ha echando del palacio… Qué modales los de él. –Fuyuro sonrió con sarcasmo.

-... ¿Eh? –Rin retrocedió un par de pasos, ¿había escuchado bien?

-De algún modo… -Fuyuro avanzaba lentamente hacia la chica- había contemplado realmente el llevarte conmigo. Me parecía un trato justo… yo le entregaba a Sesshomaru a mi hija y a cambio yo le daba una vida digna a su querida humana… Pero no… Tora y tú, son demasiado para alguien como él. A fin de cuentas, Sesshomaru no ha cambiado en nada… sigue siendo el mismo necio, caprichoso y egoísta de hace siglos, sigue y seguirá siendo sólo la sombra de lo que fue Inu no Taisho… -Rin seguía retrocediendo, contemplando la posibilidad de poder montar a Ah-Un y escapar, una gota de sudor resbalaba por su sien-Puede que ambos posean ese extraño gusto por los humanos, pero he de decir que por lo menos Inu no Taisho sabía proteger a sus compañeras, en cambio… ¿qué ha hecho Sesshomaru?... humilla a quien tuvo que ser su esposa, y a ti… te deja aquí… sola… -Fuyuro ensanchó aún más su sonrisa.

La joven saltó sobre el lomo de Ah-Un para huir justo al tiempo que el lord, de un movimiento rápido, llegó hasta Rin, sujetándola y alzándola del cuello. Las flores amarillas cayeron al suelo.

Ah-Un se abalanzó contra Fuyuro, quien con un movimiento de su mano herida lo lanzó lejos, impactándolo contra una roca. Con algo de dificultad se levantó y volvió a irse sobre el lord quien soltó a Rin, dejándola caer al suelo, y esta vez, con su brazo libre, volvió a lanzar lejos a la bestia dejándola incapacitada para continuar.

-¡Ah-Un!-Alcanzó a gritar la joven antes de que Fuyuro volviese a irse contra ella, esta vez apresando sus muñecas contra el suelo, colocándose sobre ella.

-Sesshomaru se ha dedicado a derrumbar todo lo que he construido… todo lo que me ha importado sin siquiera darse cuenta… - Fuyuro rasgó el kimono de Rin con sus garras, descubriendo sus pechos y abdomen – Voy a hacerle lo mismo, y esta vez, él no lo podrá olvidar…

Fuyuro posó sus labios sobre el cuerpo de la joven. Rin soltó un grito.


Sesshomaru levantó la mirada… acababa de percatarse de que el aroma de Rin se había disipado del palacio. Evidentemente la joven había vuelto a marcharse sin avisar.

El lord torció levemente los labios, no comprendía esa manía que se estaba creando la joven: era la segunda vez en apenas un par de días. El youkai ya estaba planeando ir en su búsqueda cuando de pronto alcanzó a escuchar el eco del grito de la joven.

Sesshomaru se incorporó de golpe… el sonido era lejano, pero estaba absolutamente seguro de que era ella. Sintió un hueco en el estómago, salió corriendo del palacio y elevándose, se dirigió lo más rápido que podía hacia el bosque.

Había sido un estúpido por no haber notado la ausencia de Rin antes… el hueco en el estómago permutó en una fuerte presión en su pecho.

Si Rin moría…

-No… ella no puede morir. Si eso sucede no podré traerla de vuelta… esta vez no…

Posó la mano en la empuñadura de tenseiga, Sesshomaru estaba aterrorizado.

Continuará…

N/A

Esta vez no demoré nada en acabar el capítulo. Disfruté mucho escribiéndolo, sobre todo los flashbacks en donde se puede ver el pasado de Fuyuro, cuando Tora era una niña y su esposa aún vivía. Si lo notan, Sesshomaru destruyó en gran medida la vida de Fuyuro, que era un lord amable pero respetado y con una familia muy unida. Sin embargo en las películas y la serie se ha planteado que las intenciones de Sesshomaru eran superar a su padre, conquistar territorios y hacerse más y más fuerte. Lo que yo planteo aquí es que él le declaró la guerra a Fuyuro, y al ganarle lo dejó vivir, humillándolo. Entonces tras eso, recurre a Inu no Taisho rebajándose con tal de poder recuperar su territorio perdido. Es debido a las acciones de Sesshomaru y a que Inu no Taisho le da la espalda que acumula resentimientos tan grandes y dedica sus días a entrenar a su hija para alguna batalla a futuro, y se obsesiona con la idea de sus tierras. Durante ese lapso (que fueron siglos)él se aleja de Yukiko y luego ella enferma y fallece. Tras esto, concibe ideas más pacíficas y por eso busca a Irasue y planean un matrimonio arreglado… y qué hace Sesshomaru? xD Bueno, ya lo saben. Por ese lado, creo que podrán comprender el por qué de las acciones de Fuyuro, aún cuando él también tiene gran culpa de todo lo que sucede.

Como dije, este capítulo a mi me gustó mucho escribirlo. Además que ya empieza a verse el conflicto interno de Sesshomaru respecto a la idea de lo que representaría tener de pareja a una humana. Ya estamos acercándonos a la recta final del fanfic, pero aún tengo planeadas unas cositas más. Espero que la historia les siga gustando, muchas gracias por su apoyo y sus reviews! Nos vemos en el siguiente capítulo.

Kuruma Chidori