LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN.

Bueeeenas, peques!

Siento el enorme retraso. He tenido un accidente y hasta hace unos días no he podido ponerme a escribir ni hacer prácticamente nada -.-

Enjoy!

Sasuke.

Se quedó inmóvil durante unos momentos, con el cigarro encendido en la mano y los ojos desmesuradamente abiertos. No se podía creer lo que estaba viendo. Sasuke Uchiha, Ónix estaba delante de ella. Estaba tan normal como siempre, mirándola fijamente con unos intensos ojos azabache, a cara descubierta. Llevaba un vaquero, unas bastas botas negras y una chaqueta de cuero oscura. Parpadeó un par de veces, intentando adivinar si esto no era un mal sueño como tantos había tenido desde que le pusieron este caso sobre la mesa. Está aquí, en mi trabajo. Debe estar más loco de lo que pensaba. De pronto, pasó de la estupefacción al horror más absoluto.

¡Está aquí, en la comisaría!

Contuvo la respiración inconscientemente. Simplemente, no se lo podía creer. Paseó la mirada varias veces a su alrededor, comprobando que nadie reparaba en su presencia y, sobre todo, que Neji no había vuelto. No quería saber lo que podría suceder si ellos se encontraran. No vio a nadie, todo el mundo parecía metido en su mundo, sin advertir su presencia. Volvió a fijar la vista en el azabache, que no había dejado de mirarla en ningún momento y reparó en un pequeño detalle: Su mano derecha iba a parar al lado derecho de su vientre, como si estuviera sujetando algo. Un arma. Se le vino a la mente la historia que el Inspector Takuma H. le contó a Neji. "Sakura, Ónix, estaba detrás de las operaciones más crueles de la familia"… "Es digno de ser un Uchiha". No sabía si sentía miedo pero si no, era algo muy parecido.

Tragó saliva con fuerza y, sin llamar la atención de la gente que entraba y salía del edificio, buscó su arma, apretándola con fuerza.

Sasuke frunció el ceño al ver lo que hacía, no se esperaba algo así de ella. Aun así, más que enfadarse, se entristeció. Ella nunca había hecho un gesto así delante de él, tan amenazante. Ni siquiera la primera vez que él se presentó en su casa. Realmente, me tiene miedo. Suspiró notablemente, todos los errores que había cometido hasta ahora parecían estar estallándole en la cara. Se pasó la mano que tenía en el vientre, intentando reducir el dolor de la herida, por la nuca, tratando de pensar. Sakura pareció relajarse al ver que él no estaba sujetando nada con esa mano, parecía desarmado, aunque eso no hacía que ella bajara la guardia.

Sakura sabía que estaba entre la espada y la pared, aunque Neji y ella ya sabían parte de la historia de Ónix, no tenían pruebas; Takuma no estaba dispuesto a hablar, por lo tanto, ella no podía detenerle aún.

-Tenemos que hablar. – Dijo el azabache por fin. Su voz parecía rota y ronca, como si llevara días sin hablar y estuviera agotado.

Sakura frunció el ceño, mirándolo con intensidad. Sus ojos jade brillaron de ira.

-Lárgate. – Contestó, consciente de su posición. No podía detenerle. Lo único que conseguiría con eso, es que Sasuke contara toda su historia con Sakura y acabaría en la cárcel. Estaba atada de pies y manos. – Lárgate antes de que… - Se calló ipso-facto. Estaba a punto de hacer una tontería.

-¿Antes de que qué? – Pregunto, furioso. Antes de que llegue Neji, pensó Sakura.

-Antes de que se me crucen los cables y te encierre en los calabozos. – Sasuke esbozó una sonrisa triste. Esa amenaza le había sonado más real que nunca. Pero aun así, sabía que Sakura era inteligente, lo suficiente para saber que no era el momento.

-Sabes que no puedes hacer eso. – Contestó seguro de sí mismo. Vio como la pelirrosa apretaba el puño alrededor de su arma, tensándose. Se preguntó mentalmente si de verdad estaría dispuesto a darle caza allí mismo, de jugarse todo su futuro con tal de no tenerlo cerca nunca más.

Sakura iba a contestarle pero, entonces, escuchó una tercera voz.

-¡Sakura! – Fijó su vista en el individuo. Kiba, el chupatintas de la cuarta planta se acercaba con una sonrisa en la cara. El mismo que le había invitado a salir varias veces y al que siempre había rechazado.

-¡Hola, Kiba! ¿Qué haces aquí? – Sasuke se tensó en cuanto escucho ese nombre.

¿Será éste el que se está acostando con mi chica?

Apretó los puños, tratando de controlarse para no tirarlo contra la pared.

-He salido a fumarme un cigarro. Ya voy para dentro. – Dijo tirando la colilla. De pronto, el recién llegado reparó en la presencia del chico que no conocía. Frunció un poco el ceño, nunca lo había visto por allí. – Ah, hola, lo siento, no te conozco. Soy Kiba, ¿y tú eres…? – Preguntó, tendiéndole la mano.

-Soy un amigo de Sakura. – Contestó bruscamente, acercándose a la pelirrosa para rodeándola con el brazo por los hombros. Sakura se tensó. Esto no es nada bueno, ahora Kiba le ha visto la cara. Sasuke le estrechó la mano al castaño con más fuerza de la necesaria, haciendo que éste hiciera un gesto de dolor.

¿Es su novio?, pensaba Kiba, que estaba tan estupefacto con la presencia de este chico que no había advertido que ni siquiera le había dicho su nombre.

-Eh, bueno, yo… Me voy dentro. Adiós. – Se despidió, algo aturdido.

A Sakura no le dio tiempo a relajarse, Sasuke tiró de su brazo y la arrastró hasta alejarse del viejo edificio, que destacaba entre los modernos y nuevos edificios de Tokio. Sakura intentaba resistirse pero era difícil hacerlo sin llamar la atención de los transeúntes. La llevó hasta un callejón apartado. Cuando se pararon allí, con él mirándola fijamente, tuvo la sensación de que tenía que buscar su arma de nuevo pero no lo hizo.

-¡¿Te das cuenta de la estupidez que acabas de hacer?! – Sasuke la miró, frunciendo el ceño. Sí que lo sabía. - ¡Kiba creerá que tú eres mi novio o algo así! – Le gritó, histérica.

-¿Y? – Contestó, con tranquilidad. - ¿Ya no podrás tirártelo? – Continuó con furia. Sakura, que había estado andando sobre sus propios pasos mientras gritaba, se paró en seco.

-¡Yo no me acuesto con Kiba! – Prácticamente, se lo gritó. Sasuke se tranquilizó un poco. Conociendo a Sakura, incapaz de callarse nada, y con lo histérica que estaba, no creía que le estaba mintiendo. – La cuestión es que ¡has venido a la comisaría! ¡A mi trabajo! ¡Kiba te ha visto! ¡¿Tienes idea de en qué posición me pone eso?!

Sasuke lo pensó un instante. Sí, sí que lo sabía pero también sabía que eso no era lo importante ahora. Sakura estaba en un serio peligro, mucho más que perder su trabajo.

-Eso no importa ahora. – Sasuke iba a seguir pero la pelirrosa lo interrumpió.

-¡¿Qué no importa?! – Siguió gritando, haciendo muchos gestos en el aire y moviéndose con rapidez, claramente enfadada.

Sasuke avanzo un par de pasos y se acercó a ella, sujetándole los brazos a la altura de los codos.

-Escúchame, Sakura. – Se calló ipso-facto. Estaba demasiado cerca. – Estás en serio peligro. – Soltó una pequeña carcajada irónica.

-Ya, Uchiha, ya sé que no te interesará mucho que siga viva. – Contestó con frialdad. Sasuke frunció el ceño.

-¿Qué? No, no. No digas eso. – Dijo aterrorizado. Que Sakura pensara que él estaba dispuesto a matarla era algo que no estaba dispuesto a permitir. – Yo nunca sería una amenaza para ti – la pelirrosa sonrió irónicamente – pero sí lo es mi hermano, Itachi.

Se soltó del agarre de Sasuke, frunciendo ligeramente el ceño. Itachi. Sasuke sintió la tentación de abrazarla mientras ella deambulaba mentalmente.

-¿Por qué querría matarme tu hermano? Yo no llevo su caso.

-Es culpa mía. – Contestó, agachando la mirada. – Verás, ¿recuerdas el cargamento de coca que llegó al muelle? – Ésta asintió. – Verás, ese cargamento era de Akatsuki, pero los Uchiha se enteraron y quisieron arrebatárselo. ¿Recuerdas que me preguntaste que hacía yo allí? – Asintió de nuevo. – Pues, bien, mi hermano me había puesto al mando de la misión bajo amenaza de matarte. – Alzó una ceja, escéptica. Sasuke puso darse cuenta de que no le creía. – Te estoy contando la verdad, Sakura. Déjame terminar, por favor. – Suspiró. – Como tú misma pudiste comprobar, no logré acabar con éxito la operación, por lo que él vino a verme. Vino para decirme que fuera a despedirme de ti.

Sakura suspiró fuertemente y se llevó las manos a la cara, dándole la espalda a Sasuke. Esto es demasiado. Sasuke se angustió al ver su reacción, sabía que estaba asustada pero lo que más le preocupaba era que Sakura no le creía.

-Sakura, por favor, tienes que… - Continuó acercándose a ella. La pelirrosa levantó las manos en el aire, deteniendo su avance.

-¿En serio, Uchiha? ¿De veras crees que me voy a creer que tú no trabajas para ellos? – Sasuke suspiró. - ¿De veras crees que me voy a creer que estabas allí porque te habían amenazado con matarme? ¿Tan tonta te parezco?

-Es la verdad, pequeña. Te juro que es cierto. – Sakura negó con la cabeza, sonriendo irónicamente. – Sakura, si hay algo de verdad de todo lo que te he contado en este tiempo, es esto.

Sakura lo miró intensamente, evaluándolo. Es demasiado bueno mintiendo.

-¿Ah, sí? Y dime, hoy que parece ser que es el día de la sinceridad y yo no me he enterado – dijo con sarcasmo - ¿también me contarás por qué hace cuatro años borraste todo rastro de tu identidad y apareció Ónix? ¿Me vas a contar por qué te acercaste a mí de esa manera?

Sasuke palideció. Recordó cómo comenzó todo eso, cuatro años atrás. Recordó la muerte de Megumi, como se cegó de ira y juró que iba a vengarle. Y ahí entraba Sakura, por supuesto, quién por aquél entonces solo patrullaba las calles. Sintió el dolor de nuevo, ese que hacía tantos años había tratado de dejar atrás. Recordó como reconoció el cuerpo de Megumi en aquél caos y recordó la primera vez que vio a Sakura. Con el arma en alto y totalmente aterrorizada. Recordó como pensó que una chica tan bonita no encajaba en aquél infierno.

También pensó en cómo mató a la esposa de aquél pobre Inspector para borrar sus huellas. Fue un precio demasiado alto para alguien que no tenía la culpa de nada pero él estaba tan cegado… Siempre lo había estado. Aun hoy lo estaba. [N/A: Esta no es la historia definitiva, por supuesto, más abajo (o en el siguiente cap, aun no lo sé) haré un flashback dónde todo se entiende mejor]

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No le puedo contar eso.

Sakura, consciente de que Sasuke no iba a hablar, decidió que esa conversación no tenía sentido. Bufó y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse. El azabache salió de su ensoñación.

-¡Sakura, déjame ayudarte! – Le gritó, parecía que se estaba desgarrando. Ella detuvo su paso pero no se giró. – Por favor. No puedo perder a alguien tan importante otra vez. – Susurró.

Sakura le miró de reojo pero no terminó de girarse.

-Ni quieres ni puedes ayudarme. Solo eres un delincuente que quiere manipularme, Sasuke. Durante un tiempo lo lograste, eres demasiado bueno mintiendo pero nunca más. No a menos que estés dispuesto a decirme la verdad.

Espero uno instantes pero Sasuke no habló. Eso fue suficiente para que ella diera por terminada la conversación y siguiera avanzando hasta llegar al callejón.

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La normalidad no llegaba a casa de Naruto. Desde hacía dos días, no era capaz de mirar a los ojos a su novia, quién había intentado hablar con él varias veces.

Hinata estaba sentada en el salón, con los ojos hinchados y rojos. Su novio aún no le había dirigido la palabra desde su confesión. Lo vio pasar hacia la cocina, totalmente absorto y sin reparar en ella.

-Naruto. – Le llamó, poniéndose en pie. – Por favor, déjame explicártelo.

Naruto la miró con tristeza, se le notaba que había estado llorando, incluso él la había oído a veces pero no sabía muy bien qué decirle y mucho menos como consolarla.

-Hinata, no creo que…

-Por favor. – Le pidió la chica. Él asintió y entró hasta sentarse en el sofá, rindiéndose. – Naruto, - comenzó – lo hice porque ella fue mi amiga. No te puedes imaginar el apoyo que supuso para mí encontrarme con ella en la universidad. Yo acababa de llegar de las afueras de Tokio y todo esto era muy distinto. Realmente, pensé que no lo conseguiría, era demasiada presión y yo no lograba acostumbrarme a esta vida. – Derramó unas lágrimas. – Ella siempre estaba dispuesta a ayudarme y a sacarme una sonrisa, a enseñarme lo positivo de todo esto. Sino hubiera sido por ella, probablemente no me hubiera quedado en Tokio, ni hubiera terminado mis estudios. – Hizo una pausa. – Naruto, sé que no estaba allí, el único que estaba era Sasuke pero… Aun así, yo sé que ella no tuvo nada que ver. Sakura no mató a Megumi. – Naruto hizo un gesto de dolor al escuchar ese nombre. - ¡Ella no la mató, Naruto! – Prácticamente, lo gritó. - ¡Por dios! ¡Por aquel entonces ella solo era una agente de la calle recién llegada a la patrulla!

-¡Precisamente por eso, Hinata! – Se levantó, realmente enfadado. - ¡Joder! ¡Era una inexperta y en los informes de la policía ponía que ella fue quién disparó! – Hinata se asustó, nunca había visto a Naruto gritarle de esa forma.

-¡No me importa lo que pusiera en esos estúpidos informes, ella no lo hizo!

-¡¿Y entonces, quién, Hinata?! ¡Cuándo Sasuke encontró el cuerpo de Megumi, ella era la única que estaba allí, blandiendo su arma! ¡Dime, ¿quién lo hizo, entonces?! – Hizo una pausa, en la que solo se escuchaba los sollozos de Hinata. Suspiró. – Sasuke, tiene razón: estás totalmente cegada. No tenía que haberte metido en esto.

Dicho esto, Naruto cogió su chaqueta y salió de la casa, dando un portazo.

Hinata pasó unos minutos en silencio, escuchando sus propios sollozos. Le escocían los ojos. Se levantó y echó un vistazo a la casa, parándose en algunas fotos de ellos dos. Y se dio cuenta: todo había acabado. Naruto jamás la perdonaría, al igual que Sasuke y, a pesar de eso, ella tampoco estaba dispuesta a pedir perdón por haber hecho lo que ella creía que era correcto. Subió a su cuarto e hizo la maleta. No sabía muy bien dónde iba a ir pero tampoco le importaba, ni siquiera quería pensarlo. Lo único que le importaba era saber que allí ya no había cabida para ella.

Echó un último vistazo a la casa, pensó en todo lo que había vivido allí y volvió a derramar unas lágrimas. Pensó en dejarle una nota a Naruto pero la idea se le tornó estúpida después de todo lo que había pasado.

Finalmente, cogió su chaqueta y se marchó, dejando la casa en un inquebrantable silencio.

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-Sakura, - le llamó Ino, quién parecía más animada que esta mañana – te ha llamado Neji mientras estabas fuera. Me ha pedido que lo llamaras.

La pelirrosa, aún un poco aturdida, solo atinó a sonreír ligeramente y a asentir. Se metió en su despacho y cogió el teléfono.

Un tono, dos tonos…

-¿Sakura? – Habló Neji, parecía algo agitado.

-Sí, soy yo. Dime, Neji. – Dijo con cansancio. El castaño lo obvió.

-Escucha, estoy fuera de Tokyo por trabajo. La última pista del caso que estoy llevando me ha traído hasta aquí. Lo siento, no he tenido tiempo ni de avisarte. Voy a estar fuera unos días pero volveré lo antes posible. – SE apresuró a decir. - ¿Estás bien? – Parecía que iba con prisa.

-Claro, Neji, no importa. Tú tienes tu trabajo. – Lo tranquilizó. – Estaré bien.

-Vale. – Dijo Hyuuga sin estar muy convencido. – Llámame si ocurre cualquier cosa, ¿vale? Te llamaré en cuanto vuelva a Tokyo.

-Gracias, adiós, Neji. Cuídate.

-Tú también.

Colgaron.

Sakura suspiró, ahora lo tendría más difícil. Sin Neji, no tendría con quién desahogarse pero, al menos, él se despejaría. Se alegraba por él. Llevaba un año detrás de un caso de piratería bastante importante y ahora, parecía que por fin iba a resolverlo. Sonrió al recordar a su amigo.

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Ónix llegó a su apartamento totalmente derrotado. La charla con Sakura había ido peor de lo que esperaba. Quizás, ni siquiera estuviera en su casa, por lo que tampoco podía vigilar que estuviera bien. Le dolía la cabeza, estaba agotado.

Aun así y ahora que el crepúsculo acechaba a la ciudad de Tokio, no pudo evitar pensar en cómo había comenzado toda esa historia, todo eso que había empezado a recordar mientras hablaba con Sakura. Justamente cuatro años atrás.

[N/A: Recuero que, los recuerdos, van en cursiva].

Aquél día fue un día muy diferente a los demás. Incluso, antes de todo aquello, le había parecido que el cielo tenía un color rojo intenso muy fuera de lo normal, como si presagiara lo que estaba a punto de ocurrir.

La danza de balas y sangre había comenzado. Y no parecía haber escapatoria. Los esbirros de los Uchiha, Megumi y él estaban totalmente acorralados. El Inspector Takuma H., de sobra conocido por todos y a cargo de la vigilancia permanente de la mafia, había descubierto que iban a hacer una operación de narcotráfico a las afueras de Tokio. Sasuke no solía ir personalmente a esas cosas, para eso estaban los subordinados pero ese día fue diferente. Esa operación era algo grande, algo que culminaría la obra de la familia. Y no quería faltar.

Megumi, una chica guapa, bajita, morena y de ojos claros quería acompañarle. Quería participar de aquél éxito. Ella era su prima. Pero, en realidad, eran mucho más que eso. Desde pequeños, ella había vivido en su misma casa. Ella y su viejo amigo Naruto, se conocían desde siempre, eran inseparables y, para Sasuke, ellos eran su única vía de escape. Sobre todo en aquella época en la que él no quería ensuciar sus manos con los turbios asuntos de su familia. Durante aquellos años de adolescencia, los tres soñaban con irse lejos, juntos, a formar su vida en otro lugar. Ella siempre lograba tranquilizarlo con una sola sonrisa. Era como su hermana, lo único puro que había en su familia, lo único que merecía la pena salvarse del infierno.

Recordó como un caluroso día de verano, ellos tres hicieron la silenciosa promesa de protegerse los unos a los otros. Siempre. Y la cumplieron hasta el final. Hasta su muerte.

Ese tiempo de adolescencia acabó. Sasuke sabía que no tenía escapatoria y así fue como se formó la leyenda de Uchiha Sasuke que, más tarde, daría lugar a Ónix. Estaba demasiado presionado, no tenía escapatoria y su familia le empezaba a pedir responsabilidades, encargándole trabajos y operaciones. Y así lo hizo.

Ese día, en las afueras de Tokio, mientras se sucedían los tiroteos, Sasuke pensó en el gran error que había cometido al dejar que ella le acompañara. La buscó con la mirada por todas partes pero no estaba. Megumi había desaparecido. Y él apenas podía defenderse. Una de las balas le había alcanzado en el brazo y el dolor era insoportable. Aunque era lo que menos le importaba, porque ella no estaba. Durante unos instantes de ensoñación, pensó que ella podía haber escapado, que había tenido la oportunidad y se había largado de ese infierno, tal y como él le había pedido unos minutos antes. Uno de sus esbirros, un pobre esquizofrénico que se había unido a la banda unos meses atrás, en un brote casi psicótico, salió de detrás de las barreras que habían formado para protegerse, disparando al aire y gritando de una forma desgarradora. Esa fue la distracción que Sasuke necesitó para ponerse su capucha negra, ocultando su rostro y alejarse disimuladamente de aquél infierno.

Empezó a buscar a Megumi por todas partes. No estaba. Los atronadores disparos ya parecían lejanos. Había cadáveres por todas partes y todo estaba en penumbra. Se agarró el brazo sangrante, sin enfundar su arma. Entonces, como si algo quisiera que la encontrara, fijó sus ojos en el cuerpo inerte de una chicha que yacía entre otros cadáveres. Megumi.

Se acercó a ella, solo para confirmar sus peores temores. Estaba muerta. Tenía los ojos abiertos, con una expresión de terror que jamás olvidará y estaba empapada de su sangre. El dolor fue desgarrador. Nunca había llorado tanto como en ese momento, nunca había sentido tanta ira y jamás olvidaría esa sensación. Ese momento fue el nacimiento de Ónix, un vengador cegado por la ira.

Un pequeño ruido llamó su atención, a unos metros de distancia, había una chica con una larga melena rosa y unos ojos jade imposibles de olvidar. Blandía su arma en alto, amenazante aunque ella en sí solo podía ser una amenaza para sí misma. Estaba temblorosa. Nunca había visto a alguien tan aterrorizado como aquella chica. Sollozaba y parecía a punto de llorar. Era una patrullera, uno de los agentes que había venido en su busca. Ella lo miraba pero parecía no verle, el miedo le impedía hacer cualquier cosa.

Pensó que a una chica tan bonita no le pegaba estar en ese infierno. Pero entonces, cayó. Esa chica, tratando de ser amenazadora con su arma, estando como un gatito asustado, era quién había matado a Megumi. Tenía que ser ella, no había nadie más por allí. La ira era tan cegadora que casi perdió el control. Si esa chica hubiera visto su expresión, hubiera sabido lo que es el verdadero miedo. Porque estaba dispuesto a matarla allí mismo. Pero algo se lo impidió. Más bien, alguien. Un hombre cuarentón al que no conocía. Su compañero de patrulla.

Sasuke se escondió en la oscuridad rápidamente.

-Tranquila, todo ha pasado ya. – La chica pareció asentir, aunque no parecía estar en la realidad. – Ahora tienes que hacer lo que yo diga, ¿de acuerdo? – Volvió a asentir.

Y se perdieron en la oscuridad.

Ese fue el primer encuentro entre Sakura y Sasuke. Eso fue el comienzo de todo. Aunque ella ni siquiera fuera consciente.

Él, en una promesa silenciosa, juró que esa chica pagaría por haberle hecho eso, pagaría por todo ese dolor que estaba sintiendo.

Sintió los disparos más cerca que nunca, así que dejó a Megumi allí, a merced de esos policías. Era algo que siempre lo había perseguido pero también sabía que no había tenido otra opción.

El dolor era tan intenso en esos momentos que parecía que lo estaba viviendo ahora mismo. Sin embargo, ahora no le guardaba rencor a la pelirrosa. Algo le decía que se estaba equivocando, algo le decía que Hinata tenía razón. Y estaba dispuesto a averiguarlo. Hasta ahora, no se había percatado de la presencia de ese hombre del que jamás supo nada. "Tienes que hacer lo que yo diga", le dijo a Sakura.

Tenía los ojos vidriosos, el recuerdo de Megumi aún le era doloroso. Y el hecho de que las cosas estuvieran así, no ayudaba mucho.

Sakura no le dejaría ayudarla.

Algo no encajaba. Hasta hoy, que había recordado toda la historia, Sasuke no se había percatado de la presencia de ese hombre, ese hombre que arrastró a Sakura fuera del escenario e impidió que la matara allí mismo. Quizás, y solo quizás, había estado equivocado. Quizás, la única que tenía razón en todo esto era Hinata y Sakura no tenía nada que ver.

Sacó su teléfono y marcó el número de Naruto, tratando de despejarse. Era la primera vez en mucho tiempo que recordaba la historia tal y como fue. Y, ahora, algo no encajaba.

-Sí, dime. – Le contestó en un tono serio que al azabache le contrarió un poco.

-Tienes que ayudarme. Hay algo que no encaja en todo esto.

-¿Qué pasa?

-Creo que Hinata tiene razón. Sakura no mató a Megumi.

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Sakura, fue interrumpida por una llamada telefónica que le había pasado Ino. Algo que casi agradecía, ya que no quería pensar más.

-¿Sí?

-¿Sakura? Soy yo, Hinata. – Hinata. ¿Qué demonios…? - Necesito tu ayuda. – Sakura no contestó inmediatamente. Aunque Hinata le había ayudado, ¿quién le decía que esto no era otra jugada de Ónix? - ¿Estás ahí? – Insistió Hinata, que tenía la voz totalmente rota.

-Sí, HInata, estoy aquí. Dime.

-Necesito que nos veamos de nuevo. – Hizo una pausa. – Me he ido de casa y con Naruto, todo se ha acabado. – Rompió a llorar.

Sakura no pudo sentir otra cosa más que compasión por su vieja amiga. Por muchos problemas que se hubiera causado ella misma con su compañía, no podía dejar de verla como su inocente amiga de las afueras de Tokio. Aquella chica tímida y preciosa que apareció un día en sus clases de la universidad.

-¿Dónde estás? Te recogeré.

-Muchas gracias, Sakura. De verdad. Estoy en la cafetería Michelle de la Calle Paradise, ¿sabes dónde es?

-Sí, por supuesto. Dame quince minutos.

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Naruto, con la velocidad de un rayo, se presentó en casa de Ónix. Entró con la respiración entrecortada por la carrera. No dejó hablar al azabache.

-¡¿Cómo que Sakura no mató a Megumi?! ¡¿De qué estás hablando?!

Sasuke alzó las manos, en gesto tranquilizador.

-No es eso. Es que, todos estos años, he obviado algo.

Naruto esperó unos segundos pero su impaciencia salió a relucir.

-¡¿El qué?!

-Sakura no era la única persona que estaba allí esa noche. Había alguien más. – Hizo una pausa, Naruto bufó, impaciente. – Había un hombre de unos cuarenta años del que nunca supe nada. En realidad, ni siquiera reparé en él. Creo que pudo ser él quién mató a Megumi.

Naruto hiperventilaba. Empezó a dar vueltas por el piso, totalmente histérico. Le quitó a Ónix uno de sus cigarrillos, a pesar de que hacía años que había dejado de fumar. Lo encendió y le dio un par de caladas, ante la sorpresa de Ónix.

-¡¿Cómo que había alguien más?! ¡Sasuke, dijiste que Sakura estaba allí sola! ¡Qué estabas totalmente seguro! ¡¿Sabes lo que significa esto?!

-Lo sé, lo sé, Naruto. ¡¿Qué quieres que te diga?! ¡No he me dado cuenta hasta ahora mismo! – Le gritó.

-¡Joder, Sasuke! ¡Estamos metidos hasta el cuello en esto! ¡¿Cómo demonios no puedes haberte dado cuenta?! ¡He estado mortificando a Hinata hasta la saciedad a pesar de que ella estaba en contra y, ¿ahora me vienes con esto?! - Hizo una pausa. Sasuke parecía igual de histérico que él. Respiro profundamente un par de veces. – Está bien, vamos a tranquilizarnos, - dijo en tono conciliador – lo primero es buscar a ese tipo y averiguar algo de él.

-Déjamelo a mí.

-Está bien. Voy a buscar a Hinata, creo que se merece saber esto. – Sasuke asintió, sin fuerzas. Lo siguiente que escuchó fue el eco de la puerta principal cerrándose en un portazo.

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Sakura y Hinata ya se encontraban en el coche de la pelirrosa, camino a casa de ésta. Habían acordado no hablar hasta no llegar allí, aunque ella creía que ese no era el lugar más seguro en estos momentos pero tampoco tenían a dónde ir.

Ayudó a Hinata con su equipaje y la sentó en el sofá junto con un whisky de los que Sasuke siempre le ofrecía cuando invadía su propiedad.

-¿Qué ha ocurrido, Hinata?

La peliazul rompió a llorar. Toda su vida era una constante presión pero los últimos días habían sido demasiado. Era un infierno.

-Le confesé a Naruto y Sasuke que hablé contigo. – Soltó.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Te han hecho alg…? – Hinata negó con la cabeza.

-No. Pero todo se ha acabado. – Otro sollozo. – Verás, todo comenzó cuando…

Hinata le contó toda la historia con toda la claridad que sus palabras y su llanto le permitieron. Había sido un día horrible. Llevaba mucho tiempo con Naruto y mucho más enamorada de él. Ahora que todo había acabado, no sabía que iba a hacer con su vida.

-Pero, ¿por qué Sasuke quiere vengarse de mí? ¿Qué le he hecho yo? – Hinata se había tomado la molestia de omitir la parte de Megumi. La miró suplicante, no tenía ánimos ni fuerzas para contarle esa historia. Sakura lo entendió a la primera. – Está bien, creo que son demasiadas emociones por hoy. Creo que lo mejor sea que te vayas a descansar. – La peliazul asintió, agradecida. Dejó el vaso con el whisky casi sin tocar encima de la mesita y se dirigió a la habitación que Sakura le había preparado para ella.

-Muchas gracias por todo, Sakura.

La pelirrosa asintió.

-Buenas noches, Hinata. – Se despidió.

Ella, sin embargo, tenía la sensación de que no iba a poder dormir. Se encedió un cigarro, cogió su vaso de whisky y se sentó en el quicio de la ventana, admirando la inmensa ciudad. Sasuke quiere vengarse… Eso lo explica todo pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

No se le ocurría nada. Ella apenas había tenido contacto con ellos, no habían entrado en su jurisdicción con Inspectora.

¿Qué será lo siguiente?

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Naruto, tan apresurado o más como había llegado a casa de Ónix, llegó a la suya. Estaba totalmente a oscuras y no se escuchaba nada. Encendió la luz.

-¡Hinata! – Subió hasta arriba, llamándola pero no contestaba. Se asomó a la habitación que compartía con ella pero la cama estaba sin deshacer. No le extraño, llevaban dos noches sin dormir juntos.

Se dirigió a la habitación dónde ella dormía ahora, abrió la puerta despacio.

-¿Hinata? – Encendió la luz. Nada, Hinata no estaba.

Esta vez si que se asustó, era muy tarde para que ella estuviera aún en la calle. Se recorrió la casa de arriba abajo. Ni rastro de ella. Después de eso, se dio cuenta de algo: la parte del armario de Hinata estaba vacía y la maleta que estaba debajo de la cama tampoco estaba.

Se le escapó una lágrima.

Se ha ido. Hinata me ha abandonado.

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¡Aquí lo dejo, chicos!

Espero que os guste por dónde he llevado la historia. Me gustaría que me diérais vuestra opinión sobre la historia de Megumi (y sobre todo lo demás), aún puedo cambiarlo si no os gusta.

Siento deciros que no tengo tiempo de contestar reviews pero en el próximo contestaré los de este capítulo y los del anterior :3

Una cosa más, ¡ya estoy trabajando en el siguiente capítulo de "¿Merece la pena?"! Este fin de semana estará publicado, prometido :3

Espero que no os hayáis enfadado por tardar y no me abandonéis, realmente no pude por lo que expliqué al principio :(

¡Un besazo enorme, cuídense!

~NekooUchiha~