Hola a todos! Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer, del libro de "Medianoche" y "Crónicas Vampíricas". La trama es de una amiga.
Aquí teneis un nuevo capítulo...disfrutarlo ^^
_Todavía no había acabado el trabajo, cuando Lucas entró en mi habitación con el teléfono en la mano.
-Toma, es Tanya.-anunció mientras yo me abalanzaba sobre su brazo para coger el teléfono.
-¡Tanya!-grité ilusionada.
-¡Holla Bella!-saludó alegre.
-Perdona que no te haya llamado hasta hoy, no he tenido tiempo.-le conté la visita al hospital y la noche en casa de P, omitiendo el decir el nombre de Damon.
-Uau, ¿y como llevas la muñeca?-preguntó mientras yo me miraba el vendaje.
-Bien, casi ni me acordaba de ella.-recordé que Carlisle me pidió que hiciera reposo, así que esbocé una sonrisa cuando recordé que podría saltarme educación física.
-Y ¿tus amigas? ¿Cómo son? ¿Ya me has reemplazado?
-¡¿Pero qué dices?-dije algo exaltada siguiéndole la broma.- ¡A ti no te reemplazaré nunca! Podrán igualarte, pero nunca superarte-dije con voz de falsete.
-Lo sé, lo sé.-dijo dulcemente- ¡pero quiero que me cuentes como son!
-Patricia es la rubia, es algo reservada, pero con ella te puedes reír como con nadie. Es extremadamente fan de perdidos, y está dentro de millones de foros. Vanessa es la morena, es muy, muy dulce, y le encantan los cómics. Su madre tiene una cafetería en el centro del pueblo, ¡es tan agradable como la de las películas! Te caerían genial Tanya.
-Seguro que sí.-dijo intentando sonar alegre.
-¿Ocurre algo?-le pregunté.
-Oh, nada, es que me gustaría estar contigo, te hecho mucho de menos Bella.
-Oh Tanya, ¡yo también te hecho muchísimo de menos! Por suerte este fin de semana nos veremos.
-Sí, tienes toda la razón, mañana ya vienes. ¡Tengo tantas ganas que no te las puedes ni imaginar!
Poco rato después, había dejado de hablar con Tanya, y justo acabé el trabajo cuando mamá me llamó desde el piso de abajo. Bajé corriendo las escaleras, y me la encontré con la puerta abierta. Fuera estaba Mary-Ann.
Vestía unos pantalones azul claro, un jersey negro de cuello alto y unas bailarinas azabaches. Llevaba un abrigo crema colgando del brazo. Miré a mamá y después a Mary-Ann sin entender.
-Bella cariño, han venido a verte.-miré a Mary-Ann incrédula.
-De hecho,-sonreía con las gafas rectas sobre sus grandes ojos. Era bonita.- venía a ver a Lucas.-Su sonrisa se ensancho al mismo tiempo que lo hacían mis ojos.
En ese momento, Lucas se asomó a las escaleras, y al ver a Mary-Ann sonrió y bajó corriendo las escaleras.
-¡Mary-Ann! Ya creí que no venías.-se acercó a ella y le dio dos besos. Después la cogió de la mano y subió a su habitación.
Renée me miró de un modo terrorífico.
-¡Mamá! ¡Yo te juro que no sé nada de nada! Hasta ahora sólo le he visto con el señor Nosequé y su amigo Nosecuántos, nunca con una chica.
-Pues ya estás subiendo a espiarles.
-¡Mamá!-abrí los ojos tremendamente sorprendida.-Eres tú quien quieres espiarles, ¡sube tu!-Renée me miró muy tranquila y casi sin inmutarse.
-Pero yo soy una buena madre, y no puedo espiar a mis hijos, así que ya puedes subir.-Dicho eso volvió a la cocina a freír las croquetas que ya había comprado.
Subí resignada al segundo piso, y después de respirar lenta y nerviosamente, me acuclillé delante de la habitación de Lucas, pegando la oreja a la puerta. Oía que estaban hablando, pero no lograba descifrar lo que decían sus palabras. Mary-Ann se movía por la habitación, ya que su voz nimbaba. Poco a poco, fui atando palabras y entendiendo frases, como: "¿Y como lo hacemos?", "Tenemos que pensar si vale la pena", "Nos costará mucho…", "Yo estoy dispuesta".
Me separé rápidamente de la puerta y entré corriendo en mi habitación a apuntar las frases que había oído. Las leí detenidamente una y otra vez, y cada vez me sonaban peor.
"No es asunto mío" me repetía constantemente, y conecté el ordenador para distraerme más.
No sé cuanto tiempo pasé en el ordenador, pero tuve que dejarlo cuando mi madre me llamó desde el piso de abajo con un tono de voz muy, muy extraño.
Bajé perezosamente las escaleras, harta de subir y bajarlas todo el día.
Cuando llegué abajo, mi madre volvía a estar en el umbral de la puerta, mirando a la persona que estaba al otro lado. Esta vez no era una chica, era un chico de ojos verdes: Damon.
Le miré sorprendida, y luego desvié la mirada a mi madre, que estaba profundamente confusa. Le sonreí tímidamente, y mi madre se volvió a la cocina murmurando algo para ella misma.
Volví a mirar a Damon, que me miraba con una sonrisa y una ceja enarcada.
-¿Ocurre algo?
-No, nada, es que mi madre no acaba de asumir que a Lucas le vengan a ver chicas a las que sube a su habitación, ni que a mi vengan a verme a chicos.-ladeé un poco la cabeza. Él se acercó.
-Si le molesta mi presencia puedo irme.-dijo señalando el exterior con los pulgares.
-No, tranquilo, se acostumbrará.-sonreí.- ¿Necesitabas algo?-él ensanchó su sonrisa maliciosa mientras se acercaba a mí. Sonreí tímidamente mientras bajaba la mirada hasta el suelo. Él me obligó a mirarle haciendo presión con su dedo índice en mi mentón.
-Te necesito a ti.
De pronto frunció el ceño y miró furioso a la escalera. Mary-Ann acababa de bajar saltando y riendo con Lucas, cuando ella le vio se paró en seco, soltando un gritito ahogado y llevándose su mano a la boca. Lucas bajó dos escalones más y después de ver la cara de su amiga miró a Damon tan confuso como yo.
-¿Qué haces aquí?-exigió saber Damon de un modo un poco brusco. Mary-Ann seguía muda, y Lucas intentó intervenir.
-Ha venido a casa para hacer un trabajo y…
-¡No te metas, mundano!-le espetó Damon a mi hermano. Me pareció que Lucas se había enfadado, mientras yo me estaba asustando. Intenté solucionarlo empujando a Damon suavemente hasta el exterior de la casa para que no mirara a su hermana de ese modo, pero él no se movió ni un milímetro. En vez de eso me cogió las muñecas con suavidad y las dejó ir sin dejar de mirar a su hermana.
Cuando mi madre entró en escena casi salto sobre ella par darle las gracias.
-¿Os quedaréis a cenar?-preguntó inocentemente e intentando sonreír. Cuando vio la escena hizo una mueca con la comisura del labio derecho. Damon respiró profundamente y se giró de cara a mi madre intentando esbozar una sonrisa.
-No, gracias señora Swan, mi hermana y yo nos tenemos que ir a casa.-miró a su hermana con el rostro nuevamente ensombrecido.- ¿Verdad?
Mary-Ann se apresuró a asentir y a murmurar un: adiós y gracias, antes de salir por la puerta de casa. Vi como subía al asiento de copiloto del coche de Damon. Éste me miró algo decepcionado y murmuró un: hasta mañana.
La puerta se cerró detrás de ellos, dejándonos a todos con la palabra en la boca. Los tres nos miramos y nos encogimos de hombros, mientras íbamos a la cocina a preparar la mesa para cenar.
Forks había amanecido con el cielo repleto de nuves negras y un viento húmedo que nos revolvía el pelo a las tres. Entramos raudas en el edificio que era el instituto y nos encaminamos a clase de español con bromas y charlando entre nosotras: P nos contaba la trama de una historia que se había encontrado por Internet y le había llamado considerablemente la atención, cuando entramos en clase. Cuando cruzamos el umbral de la puerta, P dejó de relatarnos la historia. Miramos automáticamente a dónde ella miraba con el semblante serio y tristeza en los ojos: Edward estaba sentado en el pupitre contiguo al mío.
V y yo abrimos la boca prácticamente a la vez. Sí, no cabía ninguna duda, era él: el mismo cabello pelirrojo, los ojos de color topacio, unos vaqueros desgastados, una camiseta gris y una camisa azul oscuro.
-¡Bell's!-volví la cabeza, Damon estaba detrás de mí con el semblante sonriente. Cuando se acercó a mí, P salió del aula y se fue trotando a perderse por los pasillos del instituto. Intentamos seguir sus pasos, pero la profesora ya estaba cortándonos el paso y conduciéndonos a clase como un rebaño. V y yo nos miramos algo preocupadas, pero no tuvimos más remedio que entrar.
Me senté en mi sitio, y Damon se quedó delante de Edward con el semblante serio.
-Edward, he sido muy desconsiderado al no decirte que el sitio dónde estás ahora es el mío.-Edward levantó la mirada y le miró sin mover ningún músculo facial.
-Discúlpame Damon, no lo sabía.-desde el primer día creí que Edward y Damon eran amigos, casi como hermanos, pero sus miradas y sus duras palabras no mostraban lo mismo.- Bella…-me miró en un intento de disculpa.
-No te preocupes,-dije sin entonación en mi voz.-es más: que Damon se siente en mi sitio, yo me sentaré con Vanessa.-y añadí en un susurro para evitar que la profesora nos viera-: Tenemos cosas de las que hablar.
Me levanté de mi sitio y me senté al lado de V mientras D se sentaba en mi sitio sin pronunciar palabra. La profesora nos miró algo furiosa, pero dejó pasar el cambio de sitio y comenzó con la clase.
Vanessa: es por Edward, ¿Verdad? -miré el papel que me acababa de pasar bajo mi libreta con los apuntes de Emmet.
Bella: eso supongo, no le veo otra explicación. ¿Habrá ido al baño, no?
Vanessa: supongo que sí, la faena será encontrarla luego…
Bella: a propósito ¿sabes que es lo que le ocurre con Edward?
Vanessa: no lo sé, ella es muy reservada para estas cosas, pero supongo que el hecho de verme a mí con Jacob y a ti con Damon no le ayuda en absoluto.
Bella: ¡Eh! ¡Un momento! ¡Damon y yo solo somos amigos!
Vanessa: sí, clarísimamente ;)
Escondí la nota sin poder replicar, ya que la profesora se acercaba a nuestra mesa. Se paró justo a mi lado e inspeccionó mi mesa. Por suerte, mi libreta con algunos garabatos tapaba los apuntes de Emmet.
-¿Le importaría coger apuntes, señorita Swan?-asentí con la cabeza mientras cogía mi bolígrafo y empezaba a tomar apuntes de lo que empezaba a dictar.
Cuando terminó la clase, V y yo recogimos las cosas rápidamente para salir de clase, pero el tirón de brazo al que estaba acostumbrada, apareció nuevamente.
-¿Podemos hablar un segundo?-miró a V- a solas.-intenté decir algo, pero V ya se alejaba a esperarme en la puerta.
-¿Qué ocurre?-le pregunté con algo de prisa. Él estaba serio.
-¿Por qué has hecho eso antes?-me preguntó le miré algo confusa.-Primero ni me has saludado, y luego has evitado sentarte conmigo.
-No era mi intención herirte, de verdad. Pero estoy preocupada por P-hice un movimiento con la cabeza que señalaba la puerta. Él miró en esa dirección. Aflojó el apretón de mi brazo.
-Bueno, vete.-dijo mientras se giraba de espaldas. Le toqué el hombro.
-Damon, ella me necesita.- me miró y me sonrió dulcemente.
Salí corriendo hasta encontrarme con V y nos dirigimos a los baños más cercanos.
Como todos los lavabos, olían mal, pero ese baño era increíblemente maloliente, así que no pudimos ni pensar que nuestra amiga hubiera estado una hora entera en ese antro de putrefacción. Salimos a buscarla en otro baño, y finalmente la encontramos en el sexto que buscamos.
Estaba sentada en el suelo del baño de en medio, y la reconocimos fácilmente por sus converse rosas agujereadas y su mochila azul. Golpeamos la puerta con los nudillos suavemente mientras oíamos como sorbía por la nariz.
La puerta se abrió lentamente. P tenía los ojos llorosos y miraba al suelo. Automáticamente la abrazamos y retomó las lágrimas que había guardado.
-Está bien, creo que os merecéis una explicación, dijo mientras respiraba hondo.-Nosotras le apretamos la mano.
Todo comenzó este verano: Un día cualquiera que hacía calor , como un día cualquiera, cogí la bici y decidí dar una vuelta por los alrededores con mi padre, ya que no dejaba de repetirme que debía hacer algo de ejercicio que no fuera sofing. Cogimos un camino que se adentraba en el bosque. Como mi padre iba más rápido, pronto le perdí de vista, y en una desviación, cogí el camino equivocado y me desvié de la ruta señalada. Pronto anocheció y no podía ver más allá del faro de la bicicleta, así que tuve que bajarme de la bici y sentarme cerca de unas rocas que había cerca del camino. Como no era de esperar, no tenía cobertura en el móvil, así que solo me quedaba esperar. Pronto se fundió la luz de la bici, y cada vez hacía más frío, y por si fuera poco, se puso a llover.
Cuando creía que nada podía irme peor, comencé a oír unos ruidos a mi alrededor. Estaba asustada, y entre la lluvia y el viento, no podía estar segura, pero notaba como algo se acercaba a mí. Corrí durante mucho rato, pero finalmente caí abatida sobre el barro.
El siguiente recuerdo que tuve fue cuando desperté sobre dos brazos fríos y firmes que me llevaban sin ningún esfuerzo. No podía ver quien era, y fue un error por mi parte permitir que me llevaran, pero estaba asustada y exhausta, y si hubiera intentado deshacerme de esos brazos, mi esfuerzo hubiera sido en vano.
Cuando desperté estaba sobre un diván de color oscuro en una habitación llena de ventanales, de discos de música y cosas esparcidas por la habitación sin ningún tipo de orden. Me dolía la cabeza como si me hubiera pasado el día anterior bebiendo, y mientras me la agarraba con una mano, alguien me volvió a tender sobre el diván y me acarició la cabeza: Edward Cullen estaba a mi lado.
Me contó que mientras él iba en coche con su padre, me vió en la cuneta de la carretera. Su padre no lo creyó, y una vez en casa, él salió a buscarme y decidió llevarme a su casa. Llamé a mis padres, que ya estaban organizando patrullas para buscarme y Edward me llevó a casa.
Después de ese día, no pasó ni un solo momento en que no pensara en él, y por extraño que parezca ahora, yo sé que también pensaba en mí, puesto que fuera donde fuera, me lo encontraba. Yo sabía que no era casualidad, y sé que no me imaginé su mirada. Un día, mientras había salido a pasear cerca del bosque que hay al lado de mi casa, le encontré. Comenzamos a pasear juntos, y conectamos. Noté la complicidad, y sé que él también. Desde ese día comenzamos a vernos sin ser por casualidad.
Una noche, me lo encontré en el balcón de mi habitación. Había subido por el roble que hay delante de mi casa, y como el balcón de mi planta da la vuelta a la casa, se acercó hasta mi cuarto.
Mientras estaba dentro y hablábamos, pasó algo. No sé del todo que ocurrió, pero de pronto, mientras hablábamos de algo sin importancia, frunció el ceño y me preguntó que si alguien de mi familia tenía lavanda o alguna colonia que oliera a tal.
Le contesté que mi abuela se perfumaba con lavanda, y siempre llevaba un ramillete con ella. No sé si dije algo malo o se tomó alguna cosa a mal, pero se levantó de la cama y me dijo que debía irse mientras corría al balcón. Le vi bordear la casa y saltar al roble. Una vez abajo se perdió en la oscuridad.
Le vi dos días después, en clase, mientras me evitaba y no me dirigía ni siquiera la mirada. Y después… ya lo sabéis, desapareció y se fue a Alaska…
Antes de comer, tenía clase de geología, mientras mis amigas se iban a clase de ciencias.
Dentro, no reconocí a nadie a parte de Edward, Stefan y Jasper. Éstos dos últimos estaban sentados uno al lado del otro, y para mi desgracia, Edward era el único con el asiento contiguo vacío. No me apetecía sentarme a su lado después de la charla con P, pero no había más opción.
Dejé la mochila en el suelo e intenté no mirarle. Pero como siempre desde mi llegada a Forks, mis intentos de evitar a alguien no fueron los suficientes.
-¿Bella?-tenía la estructura de una pregunta, pero para nada sonó como tal, sino como una afirmación. Me giré algo indiferente.- ¿Podemos hablar?-le brillaban los ojos, y sus labios parecían más rojos que nunca. Asentí-Es sobre tu amiga, Patricia. –se me heló la sangre y lo miré incrédula.
-No creo que me apetezca hablar de ella.
-Por favor, escúchame.-hice un movimiento para indicarle que le escuchaba.- Yo no quise hacerla daño, yo también me sentía a gusto con su compañía, créeme cuando te digo que lo último que quiero era herirla. Pero yo sabía que no podía ser su amigo, y fue muy cobarde por mi parte irme a Alaska para intentar mantener distancias, pero es lo mejor.
-Edward, ¿Por qué me estás contando todo esto?
-Porque te lo estabas preguntando, y necesitaba disculparme con… -no acabó la frase, levantó la mirada y salió de clase.
"¿Joder, hoy es el día internacional de hacer campana?"-pensé.
La clase transcurrió sin ninguna anormalidad más, y tan pronto como salí, busqué a mis amigas para ir a comer. Me estaban esperando delante del comedor, donde entramos las tres para comer.
¿La comida? Macarrones con una cantidad infinita de orégano, carne fría y una manzana algo pocha. Por suerte había sacado una bolsa de tiras de cecina de una máquina expendedora.
Cuando íbamos a sentarnos en una mesa de cuatro, el famoso agarre apareció de nuevo.
-Vaya, creo que deberías llamar mi atención de otro modo.-le dije suavemente.
-Perdona Bella, pero es que nunca me miras.
-Eso no es cierto-admití avergonzada mientras bajé la vista al suelo. Damon me levantó el mentón.
-Anda, vente a comer conmigo en otra mesa.-me pidió.
-Es que como con ellas.-le dije mientras señalaba a mis amigas. Él volvió la mirada hacia ellas. De pronto, hablaron.
-Bella, yo creo que deberías irte.-dijo P mirándome a la cara.
-Yo creo lo mismo, la verdad es que nos encantaría.- añadió V.
Yo las miré algo extrañada, ya que teníamos cosas que hablar, pero entre su insistencia, y Damon que ya me tiraba del brazo, le acompañé a una mesa apartada.
Mientras dejaba mi bandeja, me percaté que él no llevaba comida consigo mismo.
-¿Me vas a gorronear la comida? –le pregunté sarcásticamente. El sonrió mientras se estiraba sobre su silla.
-Bella, para comer esta porquería prefiero no comer.
-Vaya, y yo que creía que tus músculos venían del ejercicio… tendré que replantearme la anorexia.-Me miró alarmado.-Era broma.-puntualicé. Después de unos instantes de silencio, me lanzó una de sus miradas seductoras.
-Así que te has fijado en mis músculos.-Miré a mi comida abochornada y las orejas rojas.- ¿Y qué? ¿Crees que estoy… bueno?-soltó una carcajada.
-Te divierte avergonzarme, ¿verdad?-mascullé mientras mordisqueaba una tira de cecina. Él rió.
-Me declaro culpable, pero me encanta ver como el rubor inunda tu cara, leelan.
-¿Leelan?-pregunté.
-Oye, ¿te vas a comer eso?-preguntó señalando la comida que había en la bandeja. Negué con la cabeza y él frunció el ceño. -¿Por qué?
-Damon, "para comer esta porquería prefiero no comer.-cité teatralmente mientras Damon esbozaba una sonrisa.
-Eso no implica que tú no debas comer. –abrió el plástico que contenía mis cubiertos y pinchó el tenedor en la pasta. Después me lo tendió mientras le miraba con una mueca.
-Sé comer, no necesito que me des comida.-dije sacudiendo la cabeza.-Además, no quiero comer "eso".-levantó la vista hacia mí.
-Bella, vamos, abre la boca.-dijo mientras aproximaba el cubierto hasta mí. Miré algo espantada al resto del comedor, no quería que nadie viera eso.-Nadie te está mirando.-resentida evalué mis opciones, y solo habían dos: o comía y le hacía feliz, o no comía y se enfurruñaba. Quise evitar una pelea, así que abrí la boca y él introdujo el tenedor en ella. Me separé rápido y mastiqué lentamente. Él sonreía satisfecho.
-Vale, comeré.-él sonrió todavía más.- Pero quiero algo a cambio.-él rodó los ojos.
-¿De qué se trata?
-Mi hermano… necesita algo-frunció el ceño.-Me ha pedido algo… Qué no me apetece que tu tengas, la verdad… pero me ha hecho prometer que debía confiar en él…-clavé la vista en el suelo.
-¿Y qué es?
Cuando salíamos del instituto llovía a cántaros. Iba a volver a casa con el coche de V, pero no quería mojarme, así que esperé en el porche del colegio a que ella cruzara el parking y pasara a buscarme con el coche. Sí, parece un poco cruel, pero ella tenía capucha, y sus bambas no resbalaban como lo hacían las mías.
Esperaba sentada en un banco con P que estaba esperando conmigo, mientras veíamos ir y venir a la gente. También nos reímos cuando vimos a la gente caerse por el suelo resbaladizo, rezando en silencio que no nos pasara a nosotras, cuando Lucas se me acercó.
-Gracias.-me dijo mientras esbozaba una sonrisa.
-Gracias, ¿por qué?- le pregunté.
-Damon me ha dado lo que te pedí.-se encogió de hombros mientras se marchaba hacía el sitio donde estaban sus amigos.
-¡Lucas!-él se giró hacia mí.-Tienes que volver pronto hoy.-levantó el pulgar y se marchó.
Al llegar a casa me duché y recogí mi cabello en una coleta, era una inutilidad peinarme bien el pelo cuando con la humedad se me iba a encrespar. Estaba preparándome la bolsa para irme a la casa de Tanya a pasar el fin de semana cuando sonó el teléfono de casa. Mamá todavía estaba en la tienda, papá en la comisaría, y Lucas estaba en el baño, así que lo cogí yo.
-Casa de los Swan-suspiré mientras me apoyaba en uno de los brazos del sofá.
-¿Podría ponerse Lucas?-preguntó lo que debía ser una cuarentona algo angustiada.
-Sí, claro.-me separé el teléfono de los labios y llamé a mi hermano, una vez cogió el teléfono, me quedé a esperar, tenía una curiosidad que me carcomía.
Lucas habló sobre unos cinco minutos mientras esbozaba una gran sonrisa. Cuando colgó, moví la cabeza para que empezara a largar.
-Mike y Eric están en el hospital.-confesó satisfecho. Enarqué una ceja.-Intoxicación.-y soltó una carcajada.
-¿Pero qué ha ocurrido? ¿Quién era?
-Era la madre de Mike, éste le dijo que habían tomado algo conmigo.-soltó otra carcajada. Algo contagiada por su risa hablé yo.
-¿Pero a que viene esta felicidad?
-Bell's, ¿no lo entiendes? Les he intoxicado yo con la hierba de Damon.-creo que la boca se me abrió de golpe.- B, no era droga de verdad, solo quería gastarles una broma.-le miré con cara de: "Cuéntamelo todo".-El primer día compartí una clase con Damon, la de historia, y mientras el profesor hablaba sobre hierbas medicinales, y mencionó la droga, Damon comentó algo sobre una hierba muy parecida a la marihuana que provocaba una intoxicación leve. Se me ocurrió que podría gastarles una broma a mis amigos, para demostrarles que no tenían que pasarse de guay delante de mí.- Sonrió enseñando los dientes cuando le golpeé con un cojín.
-¡Capullo! ¡Debías habérmelo contado! –Chillé mientras saltaba sobre él y le golpeaba suavemente con el cojín.-él intentaba zafarse de mí mientras se excusaba.
-¡Debía parecer convincente! Piensa que ellos nos miraban mientras te pedía el favor y cuando te llamé.-le dejé en paz y le tiré el cojín a la cara. Luego subí corriendo a mi habitación a acabar de preparar mi equipaje.
Mamá ya había llegado, papá estaba en camino, y Lucas estaba encerrado en su habitación.
Mamá iba gritando por casa para que Lucas preparara la bolsa para irse el fin de semana, pero a cuántos más gritos, más alta era la música de Lucas. Suerte que mamá se trasladó al piso de arriba y yo pude bajar al comedor a leerme una revista. Debía esperar a Charlie para que me llevara a la estación y coger el tren hacia Port Angeles, ya que ellos iban en la dirección contraria.
Mientras leía el artículo sobre vaqueros que hicieran unas mejores piernas, llamaron al timbre. "Papá, las llaves…" pensé molesta por tener que levantarme del sofá. Abrí la puerta, pero no era papá, era el tirador de brazos.
-¿Qué haces aquí?-pregunté divertida.
-Vengo a hacerte una propuesta.-levantó las cejas y se me escapó la risa. –No te rías.-dijo contagiado por mi risa.- Una propuesta que no podrás rechazar.-hizo una mueca muy peliculera y reí todavía más.
-Anda pasa y cuéntame tu propuesta.-le hice pasar, pero se quedó en la entrada.
-He oído que te vas a Port Angeles a pasar el fin de semana.-Asentí.- Esta noche tengo que ir por esa zona, y Port Angeles me va de paso, así que si quieres, en vez de coger el tren y esperar en la estación birriosa, yo puedo acompañarte.-procesé la información con calma.
-¿Dónde tienes que ir?-parecía sorprendido.
-De hecho no lo he mencionado.-finalizó.
-Bueno, pues si realmente te va de paso… supongo que un pasajero más no te molestará.-acepté, él me sonrió.-Cuando quieras nos vamos.
-Tengo que esperar a que llegue mi padre y decirle adiós, así que mientras…-hice una reverencia hacia el salón para que pasara.- ya conoces el camino.
Se sentó en el sitio donde yo me había sentado y cogió la revista que leía. Dejó escapar una risita cuando vio el artículo, yo me sonrojé y me senté a su lado. Ojeó la revista mientras yo le ojeaba a él disimuladamente. Pero por desgracia mi disimulo no fue el suficiente.
-¿Me hace una radiografía, doctora Swan?- me preguntó con un tono malicioso. Miré a la pared contraria a él y mientras me invadía el rubor. Me rodeó la cintura con los brazos y me estiró sobre una de sus piernas mientras yo seguía sin mirarle, hasta que me agarró el mentón y me obligó a mirarle.-no me importa, si quieres hasta me puedes hacer una foto.-me guiñó el ojo y yo le pegué un puñetazo amistoso en el pecho. Pero como él me había dado vía libre, le comencé a mirar sin ninguna deliberación.
Comencé por su pelo oscuro y despeinado que le daba un toque sexy; pasé por sus ojos: verdes como la hierba de primavera; su boca entreabierta que dejaba ver sus dientes blancos y perfectos; su cuello fuerte, su pecho ancho y musculado; sus brazos… y mientras yo le hacía la perfecta radiografía y él se dejaba mirar, oí la puerta de casa.
Salté como un resorte y corrí hasta la entrada, papá entraba calado hasta los huesos y con el paraguas a medio cerrar.
-Holla Bella, ¿me ayudas?-me tendió el paraguas antes que yo pudiera decir nada, mientras D salía del salón. Charlie se quedó como petrificado, mirándonos alternativamente a mí y a Damon. Después se hechó la mano a la cartuchera donde guardaba la pistola.
-¡Papá!- me lancé sobre su mano sabiendo que no iba a hacerle daño a nadie, pero era un gesto algo brusco. Miré de reojo a Damon, que estaba semi-petrificado delante del salón. Reneé bajó las escaleras algo alarmada y nos miró a los tres alternativamente.-Damon ha venido para ver si quería ir con él a Port Angeles, que le viene de paso.
Gracias al cielo, mamá intervino antes que mi padre:
-Me parece bien. ¿No es así, Charlie?-preguntó intencionadamente. Él medio asintió. Suspiré aliviada.
-Pero antes…-No debí suspirar tan rápido, Charlie señaló a Damon.-Tú y yo hablaremos.-Puse los ojos en blanco y subí a buscar la bolsa para el fin de semana. Cuando la cogí pasé por la habitación de Lucas para molestarle y decirle adiós, y bajé a la planta de abajo. Charlie y Damon estaban encerrados en el salón, así que pasé a la cocina a decirle adiós a mamá. Me dio un beso y un abrazo, y después:
-Cuando vuelvas, vas a tener que hablarme de este chico, ¿eh?-preguntó maliciosamente, yo salí de la cocina evitando otra frase de ese tipo.
Llamé a la puerta corredera del salón, y Charlie abrió para darme un abrazo y mascullar: buen viaje. Mientras Damon se acercaba a mí, me pareció notar una de las miradas fulminantes de Charlie hacia mi "amigo".
Salimos tan rápido como pudimos de esa casa de locos y nos metimos corriendo en el mercedes para no mojarnos. Una vez dentro, pasaron unos minutos hasta que entabláramos una conversación, que fue del todo forzada. Sentía curiosidad acerca de la charla con Charlie, pero me abstuve a hacer ningún comentario al respecto.
Era un trayecto relativamente corto, pero Damon conducía como si quisiera llegar lo antes posible.
-¿Qué te pasa?-me preguntó cuando de reojo me vio mirando al cristal con los ojos algo llorosos.
-Que no entiendo por qué razón insististe en llevarme a Port Angeles si te incomoda tanto mi presencia en este coche-le ataqué. Cuando pronuncié la última palabra, Damon desvió el coche hacia la cuneta y paró cuando dejamos libre el carril. Suspiró, y después me miró, hizo una mueca cuando me vio asustada. Se desabrochó el cinturón, pero permaneció sentado en el coche. Le imité.
-No me incomoda tu presencia, Bella.- Se frotó la cara con una mano.
-¿Es mi padre?-pregunté mientras me giraba sobre mi asiento para mirarle. Él asintió y yo bufé.- Oye, olvídale, ¿vale? Es muy protector.-"y a veces le odio" puntualicé mentalmente.
-No. Tiene razón.-me moría por saber de que hablaba, pero… ¿era lo correcto?-Bella, yo no sé si voy a poder cuidarte.-me confesó mientras yo fruncía el ceño.
-No necesito que nadie me cuide.-repuse algo molesta.
-Eso es lo que dijo tu padre.-dijo insinuando una sonrisa.- Y tiene razón, me pidió que si yo no te iba a saber cuidar, que me apartara de tu lado.-suspiró y giró la cara para mirar hacia la ventanilla.
Muy bien. ¿Qué acababa de pasar?
-Damon…-susurré, no me hizo caso, me acerqué hacia él y le giré le mentón hacia mí.-Damon.- levantó los ojos hacia mi, y por poco olvido lo que iba a decir.-No necesito que nadie me cuide, pero desde que te conozco: me has apartado de gente que creías que no me convenía porque te preocupabas por mi, has venido a buscarme para no tener que ir en tren sola; me llevaste al hospital; viniste del hospital a mi casa y te quedaste conmigo para que no estuviera sola; me diste los apuntes de todo un curso de una asignatura… ¿Crees que alguien lo haría mejor que tú?- ladeó la cabeza.
-Bella, no he hecho nada de eso por ti, sino por mí, porque quería estar contigo.-dijo mientras me cogía las manos.-esta vez ladeé yo la cabeza.
-Sea como sea, me has cuidado, y además no lo has hecho ni a propósito. ¿Cómo sería si me intentaras cuidar? Damon, nadie me cuidará mejor que tú, de eso puedes estar seguro.
Me miró con una sonrisa… ¿agradecida? Y me acarició la cara. Estuvimos un rato parados y en silencio, y finalmente encendió el coche y volvimos a la carretera.
Había quedado con Tanya delante de mi antigua escuela, así que después de pocas y claras indicaciones, llegamos delante del antiguo edificio. Visualicé a Tanya con su padre delante de la puerta principal, pero debíamos parar el coche, así que lo dejamos unos metros más allá. Antes de poder decir nada, D dio la vuelta al coche y me abrió la puerta, como había hecho días antes al llevarme a casa.
Salí y el frío me golpeó la cara. Ya no llovía, pero estaba oscuro y había un viento un tanto desagradable.
-Bueno, supongo que me tengo que ir.-dije al fin.
-Sí, claro, diviértete.-me dijo semi-sonriendo.
Me di la vuelta, y me dirigí donde estaba Tanya con su padre, deseando que el tirón de brazo apareciera, y gracias a Dios, apareció.
Damon me tiró de un brazo, haciendo que me volviera hacia él, donde me encontré con sus labios. Nunca había besado a nadie, pero en las películas decían que los labios normalmente son suaves y carnosos, pero los suyos no eran así: eran duros y fríos, pero no los hubiera cambiado por nada del mundo. Me besó suavemente mientras me acariciaba el pelo. Cuando se separó de mí, se metió en el coche y se fue.
Fin del décimo capítulo.
