Llega el tan ansiado capítulo de por qué Emma odia tanto a Regina. En ese fic nadie es bueno o malo, son humanos que cometen sus errores, se arrepienten, unos consiguen perdonar y ser perdonados, y a otros les cuesta más. El fic tiene 39 capítulos, así que aún sufriremos más con nuestras chicas y por más cosas que las rodearán.

An angel can break a heart

Al llegar a casa en ese final de tarde, Regina se acordó de las palabras de Emma en el calor del momento que habían tenido en Atlanta. Al mismo tiempo en que la esperanza resurgía, el odio de ella había retornado tan fuerte al darse cuenta de lo que había pasado en la cama. La furia del rencor borró los agradables resquicios de placer dejados en los cuerpos de ambas. Además, ahora la ingeniera sufría ante la idea de Swan con Jones.

Algo dentro de ella quería que ella entendiese cuánto se arrepentía del pasado. Necesitaba una segunda oportunidad.

Centró la mirada en el balcón de su apartamento, viendo el sol ponerse poco a poco. Aquello le trajo a la memoria fragmentos que la persiguieron por mucho tiempo.


En la cabeza de Regina dejar a Emma en Boston era la decisión más correcta. La presión de tener que escoger la idea de huir le pesaba, cosa que creó un desgaste en la relación de ambas jóvenes. Se preguntaba qué pasaría si de verdad huían. ¿Valdría la pena correr ese riesgo? Además de la reputación de la familia estar en juego, tenía serias dudas si quería seguir con Emma en ese momento. Regina, realmente, huía ella misma de las respuestas, a pesar de haberle dicho a su novia que las encontraría. El tiempo que pidió para pensar tal vez ayudase, pero traería todavía más problemas.

Regina estaba integrada con los compañeros de clase y no tenía problemas en ir a fiestas o juergas para divertirse, como era el caso de esa excursión. Así que, se le metió en la cabeza la idea de que aquella era la solución para librarse de la rubia-no sabía que un día se arrepentiría amargamente de haber hecho la elección que hizo.

Antes de viajar no vio a Emma. Gina no mostró intención de buscarla. Era un tiempo que se daría a sí misma y a ella.

El día que embarcó para el litoral de Maine estaba dispuesta a no pensar en Swan. Aun así, varias veces, tuvo la sensación de que le faltaba algo.

El complejo al que fueron no era un paraíso, sin embargo, no era lugar para aburrirse. Llegó con su clase el domingo por la tarde y pasarían cerca de una semana y media allí con el fin de aprovechar las bellezas naturales que rodeaban la región. Con un plan de cosas que hacer por el complejo en los días que siguieron, Regina se pasaba la mayor parte del tiempo con el grupo de compañeros con los que estaba más próxima. A pesar de estar divirtiéndose mucho, no conseguía relajarse por completo, teniendo la impresión de no encontrarse en su sitio en medio de aquella gente. Necesitaba algo más, algo que le sacase de la cabeza a Boston, en caso contrario se hundiría en el arrepentimiento antes de regresar a casa.

Cuando sus compañeros organizaron un fiesta a la luz de la luna, Regina se dijo basta, jurando que no pensaría en Emma durante esa noche, y por un buen rato lo consiguió, hasta que reconoció la canción favorita de su novia ser tocada por la guitarra de uno de sus compañeros, y no puedo quedarse mucho tiempo ahí. De repente, salió del círculo de personas que se había formado alrededor de la hoguera y caminó hasta donde pudiese estar a solas.

Llegó al mirador del complejo y se quedó ahí por un tiempo, sentada en un banco de madera, pensando. Controlando las lágrimas que deseaban caer, apretó los ojos cerrándolos tan fuerte que sus parpados dolieron. Al abrirlos, se dio cuenta de que ya no estaba sola en el mirador…Un rostro familiar la miraba fijamente. Él estaba sentado a su lado, era alto y con barba de varios días. Ella se asustó. Le costó, pero lo reconoció.

«¿Tú?» preguntó tras el ligero susto. Intentaba acordarse de su nombre. Ni siquiera recordaba cómo era su voz «A…Aug…»

«August» completó él, sonriendo. No una sencilla sonrisa, sino una sonrisa que casi era una invitación.

Regina, poco a poco, se fue acordando de quién era: un alumno medio de la clase de ingeniería. Famoso por tener éxito con las chicas de otros cursos y ser muy callado en clase. Circulaban algunos rumores por la universidad respecto a él. Una vez hicieron un trabajo en grupo, pero el muchacho era tan suyo que la morena lo olvidó enseguida. Gina no sabía, pero ella se había convertido en su objetivo desde entonces. August solo esperaba la oportunidad, y ahí estaba después de cuatro años.

«¿No estabas en la hoguera?» preguntó ella, considerando su presencia muy extraña

«Digamos que me cansé de tanto cante y vine detrás de algo más interesante» sentado a su lado, no le quitaba ojo de encima. Estaba demasiado lanzado, como nunca lo había visto.

«Entiendo» dijo ella en voz baja

«Te vi saliendo de allí. ¿Pasó algo?»

Regina sacudió la cabeza. No entendió la preocupación del chico.

«Nada que vayas a entender» dijo ella enfática

«¿Por qué no? Si me cuentas, tal vez te puedo ayudar»

Por un momento, Regina pensó que el chico sabía de su relación con Emma, pero aquello solo era acción de quien tenía otras intenciones.

«Nadie puede ayudarme»

«Eso es lo que tú dices. Pero creo que sé por qué estás así»

«¿Lo sabes?» Regina frunció el ceño

«Sí. Lo echas de menos»

«¿Lo?»

«Sí. A tu novio»

Gina quiso reír en cuanto él mencionó un novio, pero él se había dado cuenta de la situación, aun no sabiendo que Regina tenía "novia". Decidió seguir adelante con la conversación.

«¿Se nota tanto?» preguntó ella

«Uhm. Bastante»

«Pues sí, este sitio, la gente, aquella música…»

«Puedo imaginar lo malo que es»

«Muy malo»

Él tomó aire, se acercó un poco más en el banco y continuó

«¿Sabes lo que pienso? Que es necesario olvidar»

«Difícil»

«Pero no imposible, ¿verdad?»

Ella tuvo que estar de acuerdo.

«Sí…»

Regina aún no entendía lo que August quería con ella, pero a pesar de eso, no se levantó del banco, ni tenía miedo de su presencia. Él tenía labia.

«Creo que puedes olvidar eso, Regina. Si quieres, claro»

«Es difícil, ya dije. De la manera que soy, nada va a cambiar»

«Las cosas sí pueden cambiar, solo depende de ti»

Le costaba mucho dar una respuesta. Se sentía tan desesperada por dentro que juró sentirse fuera de sí cuando todo sucedió.

Él la miraba respetando el espacio entre los dos. Ella sintió una extraña sensación recorrer su columna. August parecía haber surgido mágicamente para ayudarla. ¿Qué haría? Él esperaba a que ella decidiese como si supiese lo que iba a pasar. Regina nunca supo explicar por qué, pero sintió la necesidad de hacer algo en aquel instante. Aunque le gustara Emma, ella no estaba ahí. Quizás pudiese entender si quería o no seguir con ella si experimentaba otra cosa. ¿Qué pasaría si besase a August? Con esa duda, en el acto más loco de su vida, encostó la boca en la de él, después ya no había modo de volver atrás.

Era una sensación totalmente nueva para la morena, nunca había experimentado nada igual. A final, él era un hombre.

Regina pasó los últimos tres días de las vacaciones en el complejo intentando saciar sus carencias en diversos momentos con August, y al chico poco le importaba ser el consuelo de la morena.

Cuando volvieron a Boston, Gina tenía la cabeza más fría, pero no por eso menos confusa. Descubrió que podía sentir placer con alguien que no era Emma y aquello acabó siendo otra gran cuestión en su cabeza. Todavía estaba dentro del tiempo que le pidió a su compañera, y por eso no la avisó cuando llegó. Emma le dijo que pasaría las vacaciones de verano con sus padres en la periferia, por eso, la morena pensaba que solo la vería a la semana siguiente.

Una tarde de esas, Swan tuvo que ir al campus a buscar un cuaderno que había olvidado en su cuarto. El lugar estaba con menos movimiento, con solo un ala de los cuartos ocupada por unos pocos alumnos. El ala donde Emma se quedaba estaba completamente vacía, aparentemente.

Cruzó el pasillo vacío del tercer piso, estaba a punto de llegar a su cuarto cuando escuchó voces. Se detuvo en el mismo instante. Se quedó quieta en un principio, escuchando, intentando adivinar de dónde venían los sonidos. Escuchó más. Alguien reía bajito.

«Entonces, ¿te gusta así?» dijo una voz masculina

«Vete despacio, para…Cielos, ¡no debería haberte seguido!» dijo una mujer entre risas

Emma se dio cuenta de que se trataba de una pareja. Decidió caminar y acercarse, encontrando la puerta, de donde salían las voces, entreabierta.

«Calma, no necesitas huir. Nadie te va a ver aquí» dijo él

«¿No crees que ya hemos hecho demasiadas cosas?» dijo la mujer

«Lo que pasó en el hotel solo fue el calentamiento» respondió él

La rubia no estaba segura de lo que estaba oyendo, pero sentía curiosidad, así que no se detuvo. Algo le decía que se quedara cerca de la puerta.

«¿Tres veces y todavía no es bastante? Está bien, pero esta es la última vez» decía la mujer.

Emma sintió el corazón salírsele por la boca. Reconocía aquella voz, aquella manera de hablar. Desconfió. ¿Y si no era? No era de su incumbencia lo que pasaba en el cuarto, pero tenía que ver quién hablaba para salir de dudas.

Escuchó un gemido seguido de una respiración pesada. Llegó más cerca y asomó la cabeza por la abertura de la puerta. Otro gemido de ella confirmó lo que hacían. La mujer estaba en sus brazos, sentada en el regazo de él, al borde de la cama. Swan fue subiendo los ojos y cuando vio aquella trenza y las manos de él deslizándose por entre las curvas de la cintura de la mujer, sintió su pecho congelarse. Abrió la puerta de una patada y la vio, lista para quitarse la blusa.

«¿Regina?» fue lo que consiguió decir con la voz quebrada. Los dos se giraron.

Sí, era Regina, su novia, con un hombre.

«¡Emma!» la morena empujó al chico, e intentó caminar hacia la rubia.

Swan los miraba en shock. Ahora comprendía todo. Su visión se oscureció, se quedó sin aire. Por poco no se desmayó.

«No…No has hecho esto» balbuceó. Los ojos empezaban a hincharse de lágrimas.

«Mi amor…»

Emma no aguantó. Le dio un empujón y salió corriendo de allí lo más deprisa que pudo, antes de que la viese llorar.

August, echado en la cama, estaba bastante asombrado para decir nada.

La muchacha rubia salió por los pasillos desenfrenadamente chocando con una alumna y tirando al suelo la mochila de la chica. Desequilibrada, siguió corriendo, aún más afectada, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas. Solo paró cuando alcanzó las escaleras, pero se sintió mal para bajarlas.

Algunos segundos después, Regina apareció, y se la encontró apoyada en la pared. Fue hasta ella como loca, intentando tocarla, pero al verla, Emma la empujó con violencia.

«¡No te atrevas a tocarme!» gritó la rubia «¡No te acerques a mí!» Emma fue apartándose

«Emma, calma. Puedo explicarlo» Regina también estaba nerviosa «No es nada de lo que piensas» intentó avanzar de nuevo.

«¡No, Regina, no me toques! No te acerques a mí» la rubia jadeaba, temblaba

«Mi amor, escúchame…» intentó hablar la morena muy desconcertada «No pasó nada»

«¡Regina, lo vi! ¡Te vi, no mientas!» Swan cayó en el llanto «Fue por eso, ¿no? Fue por eso que me querías dejar aquí…»

«No es nada de eso, mi amor, escucha…»

«¡Es mentira! ¡Sé lo que es, Regina! ¡Lo vi! ¡Lo he escuchado todo! Dijiste tres, Regina…Dijiste tres veces» Gina se quedó tan avergonzada que no pudo seguir hablando. De nada serviría, Emma ya lo sabía.

La muchacha rubia intentó huir en otra dirección, pero la morena la siguió.

«Emma, espera, ¡vuelve aquí! Tenemos que hablar» insistió

«No tengo nada más que hablar contigo» Swan enjugaba sus lágrimas con la manga de la blusa mientras caminaba deprisa «Déjame…» y siguió, echando a correr para desaparecer por el fondo del pasillo.

Mills no vio más a August, ni lo buscó. Solo ahora comprendía el daño que le había hecho a Swan. Jamás debió haberla dejado y buscado consuelo en los brazos de un hombre. ¿De dónde había sacado aquella idea? ¿Y por qué aceptó entrar en su dormitorio aquella tarde? ¿Por qué no regresó con Emma? Nuevas preguntas. Ella pensaba que Emma nunca se enteraría de lo pasado en el hotel, pero sus propias palabras la delataron. Swan no era tonta, sobre todo después de ver las caras de los dos al ser pillados in fraganti.

La historia de los dos en el complejo, a pesar de ser breve, empezó a difundirse en boca de los compañeros de Regina, y pronto llegó a oídos de los pocos que conocían su relación con Emma. Y tampoco tardó para que alguien le contase los hechos a la rubia, cosa que empeoró la situación.

Gina intentó encontrar a su amada, tardando días en reunir el valor suficiente para hacerlo. Fue a la casa de la familia Swan en Bay Village, suplicándole a la madre de Emma, Mary, que la dejara ver a su compañera.

Con su permiso, subió a su cuarto, se quedó en la puerta, esperando ser vista. La joven preparaba una maleta que ya parecía muy llena. Al alzar sus ojos verdes, no se amilanó.

Sin valor para entrar, Gina, desestabilizada por la situación, comenzó

«He venido porque necesito hablar contigo» tragó en seco

«Pues habla rápido» Emma suspiró

Regina reunió valor.

«¿Me perdonas?» el llanto comenzó, libre y sin trabas

La rubia soltó la maleta, cerró los ojos y movió la cabeza negativamente

«No puedo»

«Por el amor de Dios, olvida todo lo que ha pasado. Mírame, Emma, perdóname» decía Regina desde el umbral de la puerta. Estaba en llanto.

«No puedo»

Emma se giró, caminando hacia las sombras de su cuarto.

«Por favor» decía la llorosa voz «Emma. Te amo más que a nada en mi vida. Sé que me equivoqué, te lo digo con el corazón en la mano»

«¿Sabes lo que creo Regina? No lo sabes. Nunca has sabido lo que quieres en la vida. Te juntaste a mí por capricho. No te importa nada»

«¿Crees que si no me importara estaría aquí? ¿Pidiendo tu perdón? ¿Implorando para que me entiendas? ¿Pidiéndote que vuelvas conmigo?»

«Regina, no puedo aceptar» Emma se giró hacia ella, y aun en la oscuridad, Regina vio sus ojos llorosos «No es fácil, como si tuviera tanta sangre fría. No pensaste en mí. ¿Tomaste esa actitud y creíste que no lo iba a descubrir? Esa es la gota que colmó el vaso. Estaba en boca de todos cuando regresé, tu clase se las arregló para difundir la novedad. No me digas que no sabías lo que estabas haciendo» Emma tomó aire «Solo has conseguido hablar conmigo en este momento, porque me he visto obligada a convencerme de lo equivocada que he estado contigo»

«Emma, no sabía que esto te haría tanto daño. Fue en otro sitio, nunca te tendrías que haber enterado» la morena intentó enjugar las lágrimas que caían por su rostro «Lo juro. Sucedió. No tenía la cabeza en su sitio, cometí muchas tonterías, estaba perdida»

«¡Deja de inventar disculpas! No eres la víctima. Eres cínica y mentirosa. ¡Traidora!» Emma no aguantó más, escupió toda su furia «Y por lo visto te gustó mucho lo que pasó, estabas en su cuarto»

«Nosotras estábamos separadas, yo estaba allí para acabar con aquello, fui a hablar con él»

«Me prometiste que volverías. ¡Estabas en sus brazos! ¡No intentes mentirme! ¡Te vi!» se detuvo a reflexionar. Después la miró con cuidado

«Estoy muy arrepentida»

«Pues no lo parece»

Gina sufrió al oír aquello. El rostro estaba bañado en lágrimas. Vio la maleta sobre la cama y preguntó

«¿A dónde vas?»

«Para un lugar en el que no corra el riesgo de cruzarme contigo»

«¿Te vas a marchar? ¿Por mi culpa?»

«Sí…Se acabó, Regina» Emma respondió con un hilo de voz.


Al regresar de los recuerdos del pasado, Regina Mills sintió una inmensa tristeza. El sol continuaba en su ocaso y sus ojos vibraban ante ese paisaje.

¿Qué necesitaba hacer para tenerla de nuevo a su lado? Regina quería apostar todas sus fichas a la dulce ilusión del "Te amo" que había escuchado noches atrás.