Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos aunque puede que alguno me lo invente, si es así lo sabréis.
N/A: ¡Hola! ¿Pronto verdad? Pero os prometí que os traería tres capítulo en esta semana, y como yo mis promesas las cumplo aquí os dejo el capítulo 11, ¿Once ya? Pues sí, gracias a ustedes, me hacen muy feliz con sus reviews, ¡Chicas! Saqué un 8,5 en física, todavía estoy O_O y como estoy más feliz que una perdiz, haré este capítulo lo mejor pero de lo mejor que puedo, me dejaré los sesos para sacar lo mejor de mí (: Que lo disfruten, nos leemos abajo.
Las imágenes del fic en mi perfil (:
Miedos entre caricias.
El valor del recuerdo.
Edward POV.
Bajé las escaleras a mi pachorra natural, no tenía muchas ganas de hacer algo de lo que luego me arrepentiría toda mi vida, Bella para mí es más que una persona importante y si me quedo con ella mucho tiempo más, la lastimaría. Su sangre es tan… no hay palabras para describirla, pero lo que realmente me atrae de ella es como levanta la barbilla con orgullo cada vez que tropieza con algo, o como se defiende antes las boberías de Emmett, o como se le ciñen los vestidos a la cintura o como… bueno, podría pegarme aquí más de un año y seguir diciendo cosas encantadoras de Bella y sin que hubiese alguna mala, porque aunque la gente se empeñe en decir que lo perfecto es imperfecto y que lo perfecto no existe, señores, tengo que decir que si existe, y tiene nombre y apellido: Isabella Swan.
Pero sin duda, lo que más me gustaba de Bella es cuando le rozas, con apenas una caricias perceptible y en seguida su cara coge ese color rojo que la hace verse especial y preciosa, definitivamente, estoy perdiendo los papeles por esa muchacha a la que le llevo cien años si no es que más.
Me quedé como una piedra, si no es que ya lo estaba al llegar al salón. Tanya, Irina, Elezar, Kate y Carmen estaban en la puerta despidiéndose de mis familiares. ¿No se iban a quedar una semana? Apenas llevan dos días aquí.
Pero al momento lo comprendí todo al leer sus mentes.
No puedo permanecer aquí ni un minuto más, tengo miedo a matar a esa pobre muchacha. Esa era Irina sin duda, se sentía apenada y culpable por lo que había pasado esta noche. Pude ver a través del rabillo del ojo como Jasper estaba concentrado en relajarla.
Me ha ganado, ¿Cómo ha podido hacerlo? Yo soy más mayor, más madura, tengo experiencia, puedo hacerle el amor como nunca nadie se lo haya hecho. Esa era Tanya y me sorprendí al verme pegado a su brazo, le estrechaba fuertemente el brazo con mi mano. Estaba furioso, ¿Cómo podía pensar Tanya eso? Era repulsivo. ¿Acaso pensaría que quería pervertir a Bella?
-Edward hijo, ¿Qué te pasa? – preguntó Esme asustada ante mi repentino acto.
Callé hasta que pensé que había llegado el momento de hablar después de que Tanya y yo nos dirigiéramos unas miradas de odio.
-No pasa nada mamá, es solo que Tanya y yo debemos de mantener una conversación – todos se sentaron en los sillones como dispuestos a escuchar – privada – sentencié y todos rezongaron.
Seguí agarrando a Tanya del brazo y salimos al aire libre, al jardín trasero.
Aunque yo no podía sentir el frío, percibí el aire que hacía, era una bonita noche para ser sinceros, aunque no enraba en mis favoritas.
-¿Pasa algo Edward? – preguntó Tanya rompiendo el silencio hipócritamente.
-Sabes muy bien lo que pasa Tanya, y también sé que fuiste a hablar con Bella y que mentiste falsamente, aunque bueno, eso a ti se te da muy bien – la miré duramente – eres tan falsa Tanya, tan, tan falsa.
-¿Ah, sí? - se acercó a mí y con uno de sus largos dedos me elevó la barbilla – pues déjame decirte que no soy la única falsa, porque tú – me señaló – cariño, eres tan, o más falso que los billetes del monopolio.
Le agarré fuertemente los brazos, como si fuera una varilla de hierro que quisiese estrangular, me permitía hacerlo porque sabía que ella no sufriría ningún daño, de ser así, no la trataría de este modo, ante todo soy un caballero.
-No vale la pena seguir hablando contigo, es como intentar razonar con un niño pequeño que se empeña en algo con mucho fervor – la miré con resentimiento – y tú Tanya, eres más niña chica de lo que Bella a sus diecisiete pueda ser, y eso que le llevas como unos ciento veinte y me estoy quedando corto.
Eché a andar por el verdoso césped que Esme con tanto esfuerzo había conseguido que saliera, era un pasto muy raro y difícil de que floreciera, pero con el clima de Forks y el fervor y cariño que Esme siempre le daba consiguió nacer.
-Te arrepentirás Edward Cullen, lo harás, y lo pagarás con la moneda más cara, sé cómo hacer que te retuerzas de dolor sin atacarte físicamente.
Iba a girarse y atacar a Tanya por lo sucia y rastrera que era, pero esta ya había desaparecido. Corrió hacia la casa, esto no podía seguir acabar aquí, Tanya Denali acaba de amenazarle y Edward sabía bien que había nombrado a Bella indirectamente.
Llegué a la casa en cuestión de segundos, pero ellos ya no estaban allí, no había rastro de ninguno. Maldita miedica. Tanya era esa clase de mujer fría, víbora y felina, que hablaba mucho pero que luego en realidad, a la hora de la verdad se ahogaba con sus propias palabras. Edward entendía que estuviera furioso porque él la hubiese usado para olvidar a Bella, pero de ahí a amenazar con hacer algo…ya era pasarse de castaño oscuro.
En la vida cometemos muchos errores, incluso volvemos a tropezar con la misma piedra, una, dos, tres o vete tú a saber cuántas veces con la misma piedra, las cosas pueden salirnos bien, mal, pero ante todo el orgullo es lo último que se pierde y Tanya acababa de perderlo.
Resentido y enfadado conmigo mismo, subí a mi cuarto y cerré con un portazo la puerta, esperaba no haber despertado a Bella.
Me tiré en mi cómodo y negro sofá y dejé que los recuerdos fluyeran. Ese sofá para mí era como una cajita en la que guardas todas las cartas que tus amigos te hicieron algún día, todas las fotos de las vacaciones, papeles que para la gente no tienen sentido pero que para ti son más que simples papeles.
Recuerdo el día en que me di cuenta de que Isabella Swan, era para mí algo más que una simple "hermanita adoptiva" más, pero pensaba distinto, era como si tuviera el deber de protegerla.
La noche era horrible. Miles y miles de relámpagos iluminaban el cielo de Forks, además de que estaba cayendo una gran lluvia y estábamos en alerta naranja por una tormenta de invierno.
Estaba cómodamente sentado en el sillón negro de siempre leyendo un burca por amor, me gustaban aquellos libros en los que se narraban cosas diferentes a lo que yo vivía día a día, por ejemplo este libro, me fascinaban las diferentes culturas del mundo, eran tan raras y diferentes que eso las hacia especial y excitante.
Un relámpago estañó seguido de un grito y mi puerta se abrió rápidamente dejando ver a una pequeña Bella asustada.
-Edward, Edward – gritó histérica tirándoseme encima cuando llegó al sofá – tengo miedo Edward – decía con voz inocente.
-¿Qué te pasa ahora, Bella? – dije rodando los ojos.
Intentaba evitarla lo más que podía, no es que me irritase ni nada por el estilo, si no que su sangre era demasiado tentadora para mi, era como si a un diabético le pusieras una golosina delante sabiendo que no podía comérsela, se le haría la boca agua.
-Los relámpagos estañan fuerte Edward – hipoteaba llorando – y tengo miedo.
Al decir esto último sus pequeñas manitas apresaron mi camiseta y se atrajo hacia mí colocando su pequeña cabecita en mi pecho y abrazándome por la cintura, no podía rodearme, era demasiado chiquitita.
¿Qué iba a ser? Era tan dulce que no podía apartarla de mi lado y más en un día como hoy, yo también tenia de pequeño mucho miedo, pero sin embargo mi madre estaba para arroparme, y ella no tenía a nadie, solo a mí y a mi familia.
La atraje más contra mí y la estrujé para que entrara en calor. Cogí la mantita que traía arrastrando y la tapé colocando su muñequito encima de mi regazo para jugar con él y sacarle una sonrisa.
-¿Cómo se llama? – le pregunté refiriéndome al muñeco.
-Angus – contestó con naturalidad dejando de llorar.
-¿Algún motivo en especial por el que llamarle así?
-Si – contestó pegándose más a mí.
-¿Puedes contármelo? – pedí con mi voz más dulce, este angelito no se merecía más maltratos.
-Pues porque a papá le gustaba ACDC y el cantante se llama así, Angus Young, y pensé que si le ponía así a mi peluche papá estaría siempre conmigo al igual que mamá – dijo y pude ver como temblaba, empezaría a llorar.
-¿Cómo sabes tanto de música? – le pregunté sorprendido, los niños odian ese tipo de música y no se sienten tan interesados como para preguntar quienes son o como se llaman, al menos que sea RBD o Patito feo, que es horrible.
-Me gusta la música, sobretodo como canta Freddie Mercury, es diferente al igual que Van Morrison, estilos diferentes, con voces diferentes e imposible igualarles Eddie, además que en la vida pocas veces escucharemos a gente como ellos, sobre todo si esos grupos de series de novatos siguen apareciendo como Hannah Montanna, Patito Feo y esas cosas, son horribles.
Edward se quedó con la boca abierta, como diría Rosalie, con las bragas colgando, ¿Cómo una niña de diez años podía saber tanto y pensar de ese modo? Bella no era una niña normal, era un tesoro y se prometió cuidarla como tal.
-A mí también me gusta Van Morrison, es mi cantante favorito – dijo Edward intentando entablar conversación con Bella, quería saber más sobre ella.
-También es mi cantante favorito – gritó Bella y se tiró encima suya.
-¿Ah sí? Y, ¿Qué es lo que más te gusta de él?
-Su yugagebrigou – dijo Bella haciendo que Edward estañase en una gran carcajada.
En serio, ¿Esa niña de ojos chocolates podía sorprenderlo más?
-¿Brown Eyed Girl? – preguntó Edward pensando en alguna canción de su cantante favorito que tuviera una letra parecida con el ritmo que Bella había entonado.
-¡Sí! – gritó y se le tiró al cuello.
-Eres una caja de sorpresas – suspiró Edward frotándole la espalda a la pequeña, ella lo tenía fuertemente abrazado por el cuello y no lo iba a soltar.
-¿Sabes Eddie? – dijo separándose un poco de él para verle mejor la cara.
Edward odiaba que le dijeran Eddie, pero de los labios de Bella no se escuchaban tan mal.
-¿Qué Belly? – jugó Edward llevándose como premio una gran sonrisa de la niña.
-Que ya no tengo miedo, gracias a ti – le miró y le sonrió, podía verse un huequito entre sus labios, le faltaba una paleta – creo que serás el mejor hermano del mundo – dijo salió corriendo de la habitación.
¿El mejor hermano del mundo? Esa niña estaba loca.
Volvió reír ante la interpretación de Bella con la canción de Van Morrison, ¿Qué pensaría Van al haber escuchado a Bella cantar? Seguro que pensaría como él, que era adorable.
Unos minutos después Bella entró por la puerta y se tiró contra su fuerte cuerpo otra vez.
Pero esta acción lo dejó más desconcertado que la anterior, Bella le había besado la mejilla, solo había corrido hasta allí para darle un beso en la mejilla.
Esa niña era rara, muy rara.
Cortito, ¿Verdad? Si, lo sé, y lo siento, pero es que debía cortarlo aquí…
¿Cuál será la amenaza de Tanya? Pues eso se sabrá en unos capítulos más, creo que dos, aunque a esta historia no le queda mucho… creo que lo dejaré en veinte capítulos…
Que tierno Edward, ¿Verdad? Bueno, no se alarmen, vuelvo en seguida, intentaré mañana traerles otro (:
¿Reviews?
Un beso y un saludo.
