Usar capa nunca fue lo mío, menos una de piel de oso, pero veo a Astrid tan emocionada al tomarme las medidas para la longitud que llevará mi nueva capa que solo puedo sonreír y cooperar en todo lo que me pida. Heather le enseñó todo lo que sabe sobre confección de ropa a cambio de que ella la enseñara a pelear con hacha y a cocinar nuestros platillos tradicionales. Resultó que como estaba cerca por aquellas fechas, la pelinegra se empeñó en cocinar para la fiesta de la primera cosecha y Astrid la apoyó porque ellas tenían un trato. Algo sobre que Heather le haría un vestido especial a mi novia.
No he prestado atención a todo lo que dice, así que cuando me pregunta qué opino, la tomo por la cintura y la levanto un par de centímetros, no es una actitud habitual mía pero ella me vuelve loco. La dejo caer en la cama y la beso apasionadamente consiguiendo que ella también se olvide del tema de la capa unos momentos, acaricia mi mejilla con una mano y con la otra se aferra a mi cabello.
—No puedo creer que pronto éste también será mi hogar. —Dice en un suspiro, con los ojos cerrados y comenzando a sonrojarse.
—Yo tampoco. —Coincido antes de besarla de nuevo.
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10.- Propuesta de matrimonio.
Lamento la demora, pero la escuela me trae vuelta loca.
Antepenúltimo capítulo, espero que lo disfruten.
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El Freysblót había comenzado, todas las decoraciones estaban en su lugar, la leña había sido recogida y los altares puestos, las tareas repartidas, y ahora solo había que esperar a la noche.
Astrid y Heather estaban en el Great Hall, encargándose de cocinar la cena, Bruthilda y Brutacio terminaban de ordenar los adornos que las mujeres de Berk portarían, como coronas de flores, escudos cubiertos de hierbas y cordeles dorados para atar las trenzas, Patán e Hipo estaban cortando leña, y Patapez terminaba de organizar las páginas de las canciones y rezos de la noche.
— ¡Es hora! —Gritó alguien entrando al Great Hall. Astrid miró a Heather sonriendo y apartó todos los cuencos y calderos del fuego.
—Vamos, trae a Sable de Fuego.
— ¿Qué pasa?
—Verás cómo preparamos la siguiente siembra en Berk.
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Hipo estaba de pie al lado de Chimuelo observando el campo sembrado, los encargados habían terminado de segar y recoger toda la cosecha, ahora solo quedaban las espigas muertas y algunas cuantas plantas sin nada más que ofrecer. Astrid y Torméntula aterrizaron a su lado un poco antes que el resto de sus amigos, así que Hipo montó a lomos de Chimuelo y observó cómo todos los habitantes de Berk observaban el campo expectante. Heather estaba cerca de la familia de Patán, rascando la espalda de su dragón.
— ¿Listos? —Anunció el joven jefe.
— ¿Para la destrucción desmesurda? —Inquirió Brutacio. — ¡Siempre!
—Ésta "destrucción desmesurada" tiene un fin positivo. —Recalcó Hipo mirando al gemelo.
—Que no hace que deje de ser destrucción desmesurada. —Concluyó Bruthilda socarrona. Feliz.
Hipo volteó los ojos y luego acarició el lomo de Chimuelo.
—A la cuenta de tres. Uno, dos…
—Tres. —Gritaron los gemelos lanzándose al aire. El resto los alcanzó a tiempo para iniciar el vuelo en picada y comenzaron a lanzar llamaradas de fuego por todos los campos para quemar los restantes y preparar la tierra para la siguiente siembra. Heather miraba todo sorprendida, dándose cuenta de cuán poco sabía acerca de la siembra o de la vida vikinga fuera del mar. Sonrió al percatarse de que Patán le guiñaba un ojo desde las alturas antes de hacer una pirueta con Dientepúa para impresionarla, aunque lo que en realidad la impresionó fue percatarse de que el dragón no hiciera nada para sabotear a su jinete en esos momentos.
Hipo se despegó del resto de sus amigos y sobrevoló un poco los campos para asegurarse de que el trabajo se estuviera haciendo de la mejor manera.
—Gemelos, al frente. —Exclamó viendo que parte de los campos aún no era quemado, ambos miraron la dirección en la que señalaba y se lanzaron felices de poder participar más en la destrucción.
Astrid voló al lado del jefe de Berk y sonrió mirándolo fijamente, sabiendo que cuando él se percatara de que estaba siendo observado se sonrojaría, pero cuando él le devolvió la mirada lo hizo de manera segura, sonriéndole con franqueza, mirándola fijo y sin respingar. Ella sí se sonrojó.
—Vamos Torméntula, aún hay mucho campo seco qué quemar.
Patapez se acercó a Hipo y sonrió con complicidad.
—Será hoy ¿Verdad?
—Sí, cuando se hagan las ofrendas.
—La vas a conmover muchísimo.
—Vamos, volvamos a tierra.
Los habitantes de Berk se acercaron al jefe y Gothi lanzó al fuego de los campos un puñado de polvos de aspecto áspero, mismos que se incendiaron en chispas al hacer contacto con el fuego. Así daba por iniciadas las fiestas de la primera cosecha.
—Gente de Berk, Vikingos, amigos, hermanos, familia. —Exclamó Hipo solemne mirando a todos los ahí presentes. —Dragones por supuesto. El día de hoy pediremos el favor de los Dioses para que las cosechas de éste año sean favorables para nosotros, que podamos hacer pan y algunas otras, el día de hoy ellos descenderán a comer con nosotros, a beber nuestros vinos y a observar y convivir. Comienza a ponerse el sol y es momento de pensar en qué nuevos sacrificios hacer y qué ofreceremos como agradecimiento a todos los favores que hemos recibido éste año. Será el primer festival sin nuestro antiguo jefe, pero ese no debe ser motivo de tristeza. —Llegado a ese punto, Astrid ocupó el puesto al lado de Hipo y le tomó el brazo con cariño, como para infundirle valor pues sabía mejor que nadie que aún dolía mencionar a su padre, sabía que aunque fuera un gran orador, las emociones y las lágrimas podrían traicionarlo en cualquier momento y él necesitaría fuerzas. —Él estaría orgulloso de cada uno de ustedes, de su trabajo, de su esfuerzo por hacer de éste lugar un hogar pacífico para hombres y dragones. Le damos la bienvenida a los que llegan de fuera, tanto del mar como de aldeas cercanas y lejanas y les agradecemos que vinieran a celebrar ésta gran fiesta con nosotros.
Hipo miró a Astrid, quien le sonrió con orgullo antes de volver a mirar a la gente del pueblo.
—Ahora, es momento de hacer la primera ofrenda. —Dijo mirando a Gothi, quien haciendo una reverencia leve le indicó a Hipo que se arrodillara, le quitó del cuello una runa de madera, misma que había llevado colgando todo el día para llenarla de sus peticiones. La vieja se la entregó con respeto y retrocedió un par de pasos. —Todo aquel que haya traído algo que ofrecer para dar la bienvenida que se acerque y deje en el fuego junto con sus peticiones y agradecimientos.
Los vikingos fueron sacando de sus morrales y bolsas algunas cosas como cofres, botellas, cajas de madera y prendas de ropa, todos se acercaron al fuego y esperaron a que el sol terminara de ocultarse en el horizonte. Luego, la familia de Patán, él incluido, fueron los primeros en acercarse. Lanzaron al fuego sus ofrendas y agacharon las cabezas, unieron las manos e iniciaron un pequeño rezo entre murmullos. Heather admiraba todo con solemnidad, de pronto se sintió insegura, no tenía ninguna ofrenda que hacer y cuando miró a sus padres, ellos le devolvieron una sonrisa cálida.
—Ven. —Dijo su madre sacando un cofre relativamente grande. Dentro venían las prendas que no habían funcionado para hacer su primer vestido. — ¿Qué opinas?
—Gracias, creo que a Odín le agradará. —Comentó la pelinegra tomando la tela en sus manos ocultando las ganas de llorar.
Los gemelos y Patapez pasaron con sus respectivas familias, Bocón fue después y Valka junto con Brincanube dejaron caer desde el cielo su petición, luego aterrizaron frente al fuego para hacer sus rezos.
Hipo desvió la mirada hacia los padres de Astrid, la rubia seguía a su lado, así que cuando el padre de su novia asintió con la cabeza él enredó el cordel de la runa que iba a ofrecer en las manos de Astrid y murmuró. —Astrid. —La rubia lo miró confundida, contrariada. —Quiero que hagamos juntos ésta ofrenda. Gothi me dio esta runa para pedir abundancia y prosperidad para el pueblo entre otras cosas, quiero que la ofrezcas conmigo y que hagas tus peticiones junto con esto.
—Hipo… —Murmuró casi sin aire. Aquello la había tomado por sorpresa. — ¿No habrá problemas si hago eso? Es decir, mis padres, ellos…
—Hablé con ellos hace unos días. Estará bien.
Heather y su familia eran los últimos en ofrecer sus oraciones así que Hipo le ofreció a Astrid el brazo para caminar juntos hacia el fuego.
Se arrodillaron frente a la gran hoguera, que permanecía con vida gracias a los múltiples objetos y pertenencias dejadas en él, ahí cada uno dijo una pequeña oración pidiendo amor, fortaleza, prosperidad para Berk y su gente y cuando se levantaron para lanzar la runa, Hipo detuvo una mano de Astrid y se arrodilló frente a ella, abrió la runa que resultó ser una caja de madera pequeña y sacó un Caddlag de ella.
Astrid lo miró sorprendida.
—Astrid Hofferson, ya sabes que yo soy alguien muy dado a los planos, mapas, artefactos y planes detallados y complejos. Así que quise hacer esto algo simple pero significativo. Antes de lanzar la runa con nuestras peticiones quisiera agregar una última, pero necesito saber cuál es tu respuesta primero. Yo dije que me casaría contigo. Pero ¿Quisieras tú casarte conmigo? Déjame agregar que quise hacerlo así, en frente de todos, el día de la primera cosecha para conseguir el favor de Freiya y de todos los dioses para…
— ¡Hipo! —Llamó Astrid rozando el grito. El muchacho la miró conteniendo la respiración y luego ella asintió sonriendo. —Sí.
Se inclinó un poco sobre los labios del muchacho y tomando su rostro con dulzura, lo besó, olvidándose por completo de que todo Berk los observaba, al menos hasta que Bocón y Patapez aplaudieron y soltaron chiflidos, seguidos de todo Berk.
Hipo se puso en pie tomando las manos de su, ahora, prometida, sostuvo el anillo para que ella lo viera y luego murmuró.
—Mi padre le dio uno de estos a mi madre, es una tradición de mi familia.
—Conozco el simbolismo del anillo, no sabía que ustedes lo usaran.
Con su habitual tic en los hombros, Hipo murmuró. —Bueno, y sabes, todas las familias tienen sus costumbres y secretos.
— ¿Ah sí? ¿Y cuáles serán los de la nuestra?
Aquello tomó a Hipo por sorpresa, pero no dejó que ella se burlara de sí así que la besó ganándose nuevos aplausos de la gente. Los dragones de ambos observaban la escena conmovidos y cuando Hipo miró en dirección de Chimuelo, éste se acercó para dejar a ambos jinetes subir a su lomo. Sobrevolaron un poco el campo incendiado y dejaron caer la runa al fuego, Chimuelo lanzó una llamarada de plasma al cielo, misma que estalló iluminándolos a todos, dadas por iniciadas las fiestas.
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Me levanto jalando a Astrid conmigo y vamos hacia la cocina, miro las paredes con nostalgia pues sé que pronto de ésta casa no quedará nada. Pienso en que hace casi seis años no había tanto apego, las casas eran destruidas y nosotros simplemente las reconstruíamos, pero ahora que perdí a mi padre hay tantos recuerdos en éste lugar que me va a dar tristeza deshacerme de todo. Gothi le dio la indicación a los padres de Astrid de que éste podría ser nuestro hogar, siempre y cuando construyera otro, o sea que el día de mañana, en el cumpleaños de Patán, tendré que quemarla hasta los cimientos para construir un nuevo hogar antes del día acordado de la boda. Patapez me ofreció quedarme en su casa, pero personalmente prefiero la forja, al menos podré trabajar en mis proyectos sin molestar a nadie.
Astrid me atrapa suspirando.
—Podemos conservar todo lo que tú quieras Hipo. Ésta será nuestra casa y podremos tener en sus muros cualquier cosa que deseemos.
—Gracias. Quiero que sea de los dos, no solo mía.
—Bien, entonces elegiré lo que más me guste para conservar y…
—Sólo… —Digo interrumpiéndola, con más pesar del que quisiera sentir, pero también más optimista de lo que quizás debería. —Sólo un par de cosas. Llenemos éste lugar de nosotros.
Astrid me besa, sabe cuán difícil será esto para mí así que agradezco su comprensión. —Vamos. Prepararé algo de cenar para ti.
No sé qué nos depare el futuro, Chimuelo y Torméntula duermen tranquilamente en la roca calentada al fuego y disfrutan de la compañía del otro, sonrío. Sea lo que sea, lo enfrentaré al lado de la mujer a la que amo y eso es suficiente para mantenerme tranquilo.
Creo que ésta… será la mayor aventura de todas.
