Una vez que hubo llamado a Bobby, para decirle que Dean había despertado por fin y que se había pasado por la cafetería del restaurante para comer algo mientras su hermano dormía un rato; Sam regresó a la habitación de nuevo.
Se paró un momento en la puerta, observando la figura que yacía en la cama, mientras el silencio que los rodeaba, le hacía sentirse en paz. Tenía los ojos cerrados, aunque Sam sabía muy bien, que su hermano no estaba dormido, si no que sólo descansaba.
Sólo quería mirarlo y repetirse mentalmente que no se trataba de un sueño, que su hermano había salido del coma y que con algunos días de descanso y reposo absoluto, volvería a ser el mismo, se levantaría de esa cama y juntos otra vez, se marcharían del hospital.
Había temido tanto que eso no sucediera nunca, pensando, que un día, al despertarse, Dean hubiera muerto, que su cuerpo hubiera dejado de luchar, que casi no se podía creer que realmente las cosas iban a salir bien.
Dean abrió los ojos y se lo quedó mirando en silencio, embriagado por la serenidad que ahora manaba de su hermano que casi le hacía olvidarse del dolor que sentía el pecho con sólo respirar.
Sam parecía ausente, "pero tan tranquilo por fin". Aunque estaba un poco borroso en su mente, Dean recordaba el momento en el que se había despertado por fin, cuando había visto el rostro de su hermano y había leído el miedo en sus ojos, la angustia que debía de haber sufrido por su culpa. Por eso, ahora, se quedó como estaba, sin decir nada, tan sólo mirándolo.
Un médico cruzó el pasillo a toda prisa, gritando algo hacia alguien que se encontraba al fondo y eso devolvió a Sam a la realidad y sus ojos se encontraron con los de Dean.
"¿Cómo estás?" Dijo mientras se acercaba a la cama.
"Como si hubiera estado durmiendo un año entero." Sam se sentó en la cama, igual que llevaba haciendo las últimas horas, desde que Dean había salido del coma. "¿Y tu?, veo que ya andas bien, ¿cómo está tu pierna?"
"Dean, por favor, acabas de salir de un coma de casi cuatro días, no te preocupes tanto por mi, ahora el que importas eres tu." Inconscientemente comenzó a deslizar los dedos por el brazo de Dean, no podía evitar mantener, aunque tan sólo fuera el más mínimo contacto con el cuerpo de su hermano.
"Ya lo se, Sam, pero dime al menos que tu ya estás bien." Sam ya no recordaba si Dean siempre le ponía esa expresión de cachorrillo abandonado o en realidad la había aprendido de él, pero en ese momento se dio cuenta, que no podía evitar decirle lo que quería.
Sam se acercó al cabecero, ayudando a su hermano a incorporarse con sumo cuidado y quedar apoyado sobre él. "Si, Dean, estoy bien, después de estar cuatro días sin moverme de esta habitación, el médico ha dicho que mi pierna está perfectamente."
"¿Y tus ojos?"
"Siempre tienes que hacer lo mismo ¿verdad? Primero tienes que saber como estoy yo, para luego preocuparte por ti."
Como si de un niño pequeño se tratara, Sam deposito un tierno beso sobre la frente de su hermano y le susurró al oído. "Estoy bien, de verdad, ¿por qué no duermes un rato?, tienes que descansar, ya lo ha dicho el médico."
"¿Te quedarás aquí?" Igual que haría un gato para encontrar la mejor posición, Dean se removió, acomodándose sobre el pecho de su hermano y dejó caer una mano sobre su estómago.
"¿Adonde te crees que iba a ir?" Dean no le contestó, seguramente le había hecho caso por fin y se había quedado de nuevo dormido. Sam se quedó en silencio, quería escucharlo respirar, con tranquilidad y comprobar que dormía relajado.
Él también cerró los ojos y apoyó la cabeza sobre la pared. Su cuerpo le estaba pidiendo a gritos poder dormir por fin, si no podía ser en una cama de verdad, cosa que no iba a hacer si eso implicaba tener que dejar la habitación de su hermano; al menos si relajarse un poco allí donde estaba. No tuvo más remedio que dejarlo estar y acabar por caer definitivamente en los brazos del sueño.
- o -
El ruido de la puerta al abrirse despertó a Sam. Volvió la cabeza hacia el lugar de donde provenía el ruido y sintió que su cuello se resentía por la mala postura en la que no sabía cuanto tiempo había estado durmiendo.
Al mirar a la puerta, vio de nuevo a la misma enfermera con la que había hablado el primer día. Le hacía gracia lo pequeñita que era, parecía frágil y débil, pero al verla moverse sin parar por la habitación, entrando en el baño, comprobando el vial de Dean y sus constantes, supo que debía de ser alguien con mucha vitalidad.
Cuando ella se dio cuenta de que el chico la estaba mirando, sonrió ampliamente, mostrando una alegre mirada en los ojos.
"¿No te habré despertado, verdad?" Dijo mientras ponía bien la sábana del lado de la cama en el que estaba ella.
"No, no te preocupes."
Entonces, desconociendo de donde venía, una voz, en el interior de su mente, le repetía incesantemente un nombre. "Claire."
"Me alegra ver que tu hermano va recuperándose, ya te dije que teniendo alguien como tu a su lado, no tardaría en volver con nosotros y saldría por fin del coma."
Sam se quedó en silencio un momento, mirando con los ojos de par en par a la chica que tenía delante. Ahora que la miraba bien, se dio cuenta que no era pequeñita para su edad, si no que era mucho más joven, de unos diez y seis años y que su vitalidad y su sonrisa tan amplia y bonita, era propia de su edad.
"¿Eres Claire verdad?" La chica no dijo nada, pero dejó de moverse de un sitio para el otro, para observar tan sólo a Sam, esperando a que continuara hablando. "Te envía papá, para proteger a mi hermano y ayudarme en estos días."
La chica no dejó de sonreír mientras se acercaba a él, con un brillo diferente pero enormemente tierno en los ojos. Movió el sillón en el que había pasado esas noches Sam y se sentó en él.
"Si, no quería decírtelo pero si, soy Claire y vengo de parte de vuestro padre." Sentada en aquel sillón, con las piernas cruzadas y los brazos puestos sobre ellas, Claire, parecía más diminuta todavía de lo que era.
"¿Por qué no ha venido papá? No me entiendas mal, me ayudó mucho la conversación contigo el otro día, pero si papá hubiera estado aquí…"
Claire sonrió y por un momento, bajó la mirada hasta el suelo. "Yo le dije lo mismo, que le necesitabais a él y no a mi." Se detuvo para mirar a Sam. "Pero me dijo que si venía ahora, nunca se iría de vuestro lado, no si estabais en peligro y eso no es posible, las reglas no lo permiten."
Sam asintió en silencio, sabía que ese hubiera sido el comportamiento propio de su padre, cuidar de sus hijos siempre que lo necesitaran y hubiera dado cualquier cosa porque lo hubiera hecho.
"Dime como está. Después de que matáramos a Azazel, lo vimos desaparecer y cuando estuve a punto de morir lo vi, pero después… ¿Dónde está?"
Sam tenía tantas preguntas, que decidió detenerse y dejar que la chica se explicara y le contara algo. Despacio, intentando apartar de su mente la crispación que el no poder estar hablando como su padre le suponía, comenzó a masajear con cuidado el costado de su hermano, lo escuchó suspirar en sueños y mientras esperaba a que Claire continuara hablando, lo miró un momento, consiguiendo de esa forma calmarse un poco.
"No puedo decírtelo Sam, eso sería romper las reglas, por lo mismo que John no podría quedarse con vosotros por mucho que quisiera, pero si te puedo decir que está bien y que os ve todos los días, desde el mismo en el que os dejó en aquel cementerio de Wyoming, no os quita ojo de encima."
De nuevo, la misma voz que le había dicho que la enfermera que cuidaba de su hermano, en realidad era Claire, volvió a resonar con fuerza en su cabeza una vez más.
"Si papá se enterara de lo que estás haciendo con Dean, de cómo pasáis las noches y de lo que habeís hecho en tantas habitaciones de hotel..."
Le recordaba a la voz de su hermano, cuando le había dicho que no podía acostarse con él por lo que diría su padre si los viera. Entonces no le había importado, creía que su padre no lo sabría, que no podría verlos, pero ahora que Claire le estaba diciendo que no les quitaba ojo de encima, las cosas habían cambiado.
Claire miró al chico y vio que su expresión había cambiado, su mirada ya no se mantenía fija y serena sobre ella, si no que no se levantaba del suelo. "Se lo que estás pensando Sam." El joven cazador la miró de repente.
"¿Lo sabes?" Ahora era Sam el que parecía que se iba haciendo más pequeño por momentos, esperando oír lo que Claire le tenía que decir, rezando porque no fuera lo que realmente el creía.
"John sabe lo vuestro." Claire sonrió con dulzura al ver como le cambiaba el color de repente a Sam, quería acercarse a él y reconfortarle, pero creyó que era mejor seguir hablando y que escuchara toda la historia.
"¿Por eso no ha venido él mismo?" El tono de Sam fue casi infantil, parecía el mismo Sam que había hablado con su padre, cuando este le había contado lo que le había sucedido en verdad a su madre y a lo que se dedicaba él.
"¡No Sam!" Sin quererlo, Claire casi había gritado. Se cayó antes de continuar, asegurándose que no había despertado a Dean. Sam también miró a su hermano, no había dejado de tocarle, de acariciarle en ningún momento, ni siquiera después de lo que acababa de contar Claire. "Claro que hubiera venido. No puedo decir que estuviera muy complacido cuando os vio en aquel bar, la primera vez."
Sam notó como se sonrojaba al recordar la primera vez que Dean le había besado, la primera vez que había notado sus manos alrededor de su cintura, sujetándolo con fuerza, haciéndolo suyo en la puerta de aquel bar de carretera. ¿Su padre los había visto entonces?
"Me dijo que si no hubiera estado en el infierno en ese momento, hubiera venido a la tierra y os hubiera separado." A pesar de lo que Claire le estaba diciendo, Sam no pudo evitar sonreír, al imaginar lo que su padre habría dicho al verlos besarse y acariciarse de aquel modo. "Me dijo que, de haber podido se hubiera plantado allí y os hubiera dado una paliza a los dos." Claire puso una mano sobre la rodilla de Sam, al ver el rostro afligido del chico.
"Dean tenía razón, no debimos de acostarnos esa noche, debimos de haber terminado con aquello antes de comenzar. Papá debe de estar furioso con nosotros."
"Al principio si, no voy a negártelo, pero cuando os fue viendo, lo unidos que estabais, lo mucho que os queríais y como cada día crecía la intensidad de vuestros sentimientos por el otro, se dio cuenta de que lo vuestro era más que simple atracción sexual, que no sólo se trataba de noches de sexo sin más, si no que os queréis de verdad. Dijo que le recordaba a lo que sentía él por vuestra madre cuando estaba con vida." Claire se volvió a acomodar en el sillón, cruzándose de piernas.
"¿No estarás diciendo eso por bien quedar verdad?" Por mucho que la chica se lo estaba diciendo, a Sam le costaba creer que realmente su padre hubiera aceptado su situación con Dean.
"Te aseguro que no. Es cierto que le costó aceptarlo, que no fue fácil para él veros…" Sam volvió a ruborizarse al saber lo que estaba a punto de decir ella. "Pero conforme pasó el tiempo y os iba viendo, como Dean cuidaba de ti, mucho más que nunca, como se preocupaba de que Azazel no se acercara a ti y como tu, aunque no le dijeras nada a tu hermano, le cuidabas él. Cuando estuvo enfermo, John sufrió casi más por ti, igual que estos días, porque no dormías, porque no comías, por ver como te desvivías por tu hermano."
Sam volvió a levantar la mirada de nuevo. Recordaba muy bien aquellos días. Lo había pasado realmente mal, no tanto porque su hermano estuviera enfermo, sino porque lo estaba por su culpa, por haber estado cuidándole a él los días anteriores y al final había caído enfermo. Tal y como Claire le decía, no había dormido, apenas unas pocas horas en tres días y no recordaba haber comido hasta que Dean se despertó. Si, era lo mismo que esos días en el hospital.
"Ante eso no pudo decir nada, si no todo lo contrario, se siente orgulloso de ver como os protegéis, de cómo dais todo por el otro, sin preocuparos de nada más. ¿Cómo no iba a querer venir ahora a cuidar de vosotros? Pero no puede, le duele mucho, pero está convencido de que si viene ahora, no se marchará nunca de vuestro lado y eso es algo completamente imposible."
"¿Me aseguras entonces que papá está bien y que aprueba lo nuestro?" Sam se dijo a si mismo, que si Claire le decía que no, que por mucho que lo había intentado y por mucho que adoraba a sus hijos, no podía soportar lo que estaban haciendo, no volvería a acercarse a Dean, no volvería a tocarle como lo hacía, ni probaría más sus labios y mucho menos se insinuaría por las noches.
"Si Sam, John está bien y más desde que vio que Dean despertó anoche. En cuanto a lo vuestro," Sam contuvo el aliento y detuvo el masaje que hasta ese momento no había dejado de hacerse a su hermano. "No es que le guste saber que no es muy probable que vaya a tener nietos, pero ha terminado por aceptarlo, viendo lo felices que estais juntos."
Sam sonrió. En realidad, en otra circunstancia, hubiera saltado de alegría, se hubiera abrazado a su hermano con fuerza y le hubiera besado como nunca, aún cuando Claire estuviera delante. Sin embargo, no lo hizo, sino que sólo sonrió, mirando de nuevo a Dean mientras lo hacía, retirando un mechón de su frente, mientras continuó masajeando con los pulgares el costado y la cadera de su hermano.
Dean se movió, pareció decir algo entre sueños, incluso Sam hubiera dicho que estaba sonriendo, pero no dijo nada al respecto.
"Lo siento Sam, pero debo marcharme." Claire se levantó del sillón y fue hacia la puerta.
"¿Volverás?"
"Siempre que John me lo pida estaré aquí." Sin decir nada más abrió la puerta y desapreció por el pasillo.
- o -
Un momento después de que Claire se marchara, Dean abrió los ojos y miró fijamente a Sam. "¿Me he quedado dormido?"
"Si, pero ¿sabes que?" Quería contarle toda la conversación con Claire, que su padre estaba bien, que los quería a pesar de saber lo suyo y que no le importaba que estuvieran juntos. Pero no pudo, no era el momento, esperaría a que Dean estuviera bien y entonces, más tranquilamente, se lo diría todo. "Tienes mejor cara y te ha vuelto el color." Dijo en su lugar.
Pasó sus dedos con suavidad por la mejilla de Dean, comprobando que también había vuelto a su temperatura normal.
"¿Has estado hablando con alguien? Me ha parecido que decías algo antes."
"Una enfermera ha venido, ya me conoce, después de estar todos estos días aquí, nos hemos hecho amigos." En realidad, no le estaba mintiendo.
"¿Con que amigos, eh?, ¿cómo es esa enfermera?, porque por lo que vi la última vez," Dean se detuvo y tomó aire antes de continuar, todavía tenían que pasar unos días para que estuviera recuperado del todo y pudiera decir una frase entera sin tener que pararse. "En este hospital hay enfermeras que están muy buenas."
"¿Se puede saber para que quiero yo tanta enfermera?" Sam sonrió con felicidad, por fin después de demasiado estrés, preocupación y ansiedad.
No sin mucha dificultad, Dean consiguió separarse ligeramente de su hermano y se aupó hasta su rostro, mientras Sam se recostaba un poco en la cama. Con ambas manos, Sam consiguió que su hermano se volviera a tumbar en la cama y se inclinó sobre él, asegurándose primero que no iba a hacerle ningún daño.
"Como te he dicho, sólo somos amigos." Dijo Sam mientras comenzó a besuquear despreocupadamente los tiernos labios de Dean. "Estando tu aquí, no creas que tengo ojos para nadie más." Mientras iba besando la piel de su hermano, Sam llegó, por fin a su oído. "Además, desde que has despertado, llevo esperando para poder hacer esto contigo."
Dejó que sus manos se deslizaran por ambos costados de Dean, llegando hasta sus caderas. Escuchó un pequeño suspiro proveniente de su hermano, mientras volvía a hacerse con los labios de Dean, introduciendo su lengua en el interior de su boca, igual que la primera vez, notando el estremecimiento en el cuerpo de su hermano, que apenas se había movido, aunque de haberlo hecho, le hubiera detenido, para que descansara.
Mientras lo hacía, por un momento, pensó en su padre, acordándose de las palabras de Claire. Seguramente, en ese mismo momento, les estaría viendo y a lo mejor, no aprobaba del todo que tocara así a Dean o que fuera incapaz de apartarse de él y sacar su lengua del interior de la boca de su hermano; pero al menos lo había aceptado y comprendía que el amor que los dos hermanos sentían el uno por el otro, era más fuerte que cualquier sentimiento contrario que él pudiera tener en un principio.
Porque sus hijos se querían, después de toda una vida de sufrimiento, de perder a sus seres queridos y de no poder tener una vida normal, habían encontrado a su alma gemela, a alguien junto al que poder luchar contra los demonios que se encontraran a su paso y luego, tras las batallas alguien que pudiera curar sus heridas y hacerlo con cariño, con amor y porque no, con toda la pasión posible. Ante eso, Sam estaba seguro que ni su padre podía haber luchado.
