CAPITULO 11

Era una noche perfecta para ver una comedia romántica… según Karen.

Terry aún no estaba muy convencido del plan pero había accedido a la petición de su amiga, porque era lo mínimo que ella se merecía. Lo había ayudado a soportar la idea de regresar a Chicago después de lo ocurrido entre él y los Andley meses atrás, le había cubierto la espalda con respecto a su supuesto noviazgo, y para terminar lo había ayudado a desahogarse respecto a los confusos sentimientos que sentía por Candy.

Sus sentimientos por su pupila eran tan abrumadores. Había pasado de ser una desconocida, a ser el centro de sus pensamientos.

Candy era muy especial para él, había descubierto facetas de la rubia que lo habían admirado. A pesar del nerviosismo y temor que la inundaban al entrar a la corporación Andley, Candy había demostrado tener talento para los negocios. Aprendía con rapidez y su anhelo de hacerlo siempre mejor era fascinante.

Pero ella era prohibida. Estaba casada. Casada con el hombre que más lo odiaba, su primo. No podía demostrarle sus sentimientos, además para todos él estaba comprometido y muy enamorado de Karen; se había esforzado en ser convincente en este punto. No había posibilidad de que él y ella tuvieran un futuro.

Dentro de unos meses, el adiestramiento de Candy terminaría; y él regresaría a Nueva York para continuar su carrera de actor. Su relación con Candy era imposible, era mejor olvidarse de esos repentinos sentimientos. Solo tenía que concentrarse y enfocar sus prioridades.

Por eso esa noche, después de recibir la negativa de Candy para comer juntos, y después de una larga charla con Karen; había terminado por hacerle caso a su entrañable amiga, vería con ella "como perder a un hombre en diez días", una comedia romántica. ¡Ja! No era su género favorito. Nunca creyó ver esa clase de cine, pero por ella, haría el esfuerzo.

Afuera llovía copiosamente y según su loca amiga, el clima era perfecto para acurrucarse en el sofá, estando en pijamas, bebiendo una taza de chocolate caliente.

- Tienes que ponerte tu pijama –le aseguró Karen, quien ya estaba vestida apropiadamente para la ocasión. Un top blanco sin tirantes y un pantalón rosa de franela- pondré las palomitas en el microondas mientras te cambias tu ropa –señaló su traje de oficina- Una película como esta, logrará que te relajes un poco. Confía en mí, esto hago después de romper una relación con alguien, así me siento mejor.

- No estoy seguro, no me gustan las comedias románticas. Prefiero las películas de acción y matanzas –bromeó

- Patrañas, a ustedes los hombres también les gustan las películas de amor; solo que son muy machos para confesarlo. –sonrió- Date prisa, pondré la película en el equipo.

- Está bien, será como tú digas.

Terry subió a su habitación y después de quitarse el pantalón negro que llevaba puesto, se colocó un pantalón pijama de algodón con diseño a rayas; se despojó de su camisa de vestir blanca y se quedó solamente en la playera de algodón que llevaba debajo. Hacía frío, pero con el calor de la chimenea, dudaba congelarse. Confiado en que su atuendo era apropiado para la velada, bajó las escaleras y al estar en la sala de estar, encontró a Karen sentada frente al sofá, con una manta sobre sus hombros y sosteniendo entre sus piernas un gran tazón de palomitas de maíz. Frente a ella, encima de la mesa de centro, estaban dos tazas con un humeante chocolate con leche. La televisión estaba encendida pero la película estaba en pausa. Sonrió y se acercó a su amiga.

- ¿Así estoy bien? –le modeló su atuendo

- Perfecto –Terry sonrió y se sentó junto a ella

- No me has dicho como conseguiste la película tan pronto

- Bueno –Karen dudó- tengo en mi poder, una serie de películas que cargo todo el tiempo en mi maleta. No sé cuando me podrán ser útiles.

- ¡Jajaja! Bien, supongo que ahora serán útiles. Qué empiece la función

Karen sonrió ampliamente y tomó el control entre sus manos, puso play y la historia comenzó.

- Tal vez deberías apagar la luz, nos quedaríamos solo con la luz de la chimenea. Parecería que estamos en el cine –sonrió

- De acuerdo –se levantó y acató las órdenes de su compañera. Después regreso a su lado y la experiencia comenzó.

Después de veinte minutos, Terry pudo comprobar que en verdad la historia no estaba del todo mal. Incluso le gustó. Las ocurrencias de la trama en ocasiones lo hacían reír. empezaba a introducirse en la trama cuando el timbre de la puerta sonó.

- ¿Quién podrá ser? –preguntó Karen, mientras tomaba un poco de palomitas y se las introducía en la boca

- No lo sé, pero solo hay una forma de averiguarlo –bromeó

Karen le sacó la lengua y después de poner pausa a la película, observó a Terry dirigirse al vestíbulo para abrir la puerta principal.

Al descubrir quien era el visitante nocturno, Terry apenas podía creer lo que veían sus ojos. Candy estaba en su puerta, llorando y totalmente mojada, a causa de la lluvia.

- ¿Candy?

¡Dios! ¿Qué hacía ella frente a su puerta a esta hora y con este clima? Peor aún… ¡en ese estado!

- Terry… ayúdame ¡por favor! –se hincó frente a él, llorando amargamente

- Candy, ¡por Dios! Levántate. –la ayudó a hacerlo- ¿Qué sucede? ¿Por qué estas en este estado?

- Terry… por favor… -le abrazó- ¿Puedo entrar? –tembló de frío, todavía llorando

- Oh, Dios. Por supuesto. Pasa. Te conseguiré algo seco. –la adentró en la casa

Era una casa amplia y bonita, ya la conocía bien. Había pasado muchas horas en ella, los días anteriores, planificando estrategias de mercado y aprendiendo sobre la bolsa de valores.

Candy caminó junto a Terry hasta llegar a la sala de estar. La sala estaba en oscuridad, solo la iluminaba la luz del fuego que ardía en la chimenea y la luz que resplandecía del televisor encendido. Pero aún con esa poca luz, ella pudo ver a la mujer que se encontraba sentada en el sofá; era Karen.

- Karen –Terry atrajo su atención- Candy está aquí

Karen se levantó en un solo impulso y volteó a verla sorprendida, más por su apariencia y estado físico que por su sorpresiva visita.

- Candy

- Karen

Ambas mujeres se conocían, habían intercambiado ligeras palabras y cortos saludos en ocasiones en las que Karen se dejaba ver cuando estaba la rubia en la casa. Candy no tenía idea que Karen vivía ahí, y siempre pensó que cuando ella aparecía, era para visitar a su novio.

Por alguna razón, a Candy nunca le cayó bien Karen. Siempre se sintió incómoda en su presencia, y ahora, que la viera así la hacía sentir vulnerable. No quería que nadie, la viera en ese estado.

Para Karen la sensación era distinta. Candy no le caía mal, incluso le parecía simpática. Pero nunca trató de ser su amiga por las circunstancias que envolvían su relación con Terry. Ella sabía perfectamente lo que su amigo sentía por la rubia y no quería interferir, por más que la tentara la idea. No podía hacerlo, no era lógico. Para todos los Andley, Terry y ella eran novios y no quería delatar su mentira frente a ellos. Por eso, era mejor mantenerse alejada. Después de todo, se iría dentro de algunos meses cuando otra obra fuera puesta en escena. Si había permanecido en Chicago, había sido por apoyo a Terry, y nada más.

- Debería regresar en otro momento –dijo Candy viendo a Karen fijamente. Para ella era obvio que había interrumpido algo entre ellos. Ambos estaban en pijamas, en completa oscuridad. La atmósfera era muy romántica. ¡Era una estúpida! ¿Por qué no se le ocurrió que Terry estaría acompañado?- No quiero interrumpir su velada –trató de salir de inmediato de la casa de Terry.- Lo lamento –caminó hasta la puerta

- Candy, espera –la detuvo- no tienes que lamentar nada. Estábamos viendo una película, nada más.

- No tienes porque darme explicaciones –Terry se paralizó. Era verdad, pero no quería que por la situación Candy se fuera tan pronto.

- Lo sé, pero tú necesitas ayuda. Es evidente que tienes algo, no quiero que por la situación en la que nos encontraste, tengas pena de interrumpirnos y te vayas sin confiarme tu problema. ¿Puedo ayudarte en algo? –dijo angustiado

- Yo…

- Ven, siéntate y te prepararé algo para que entres en calor. Ya después puedes contarme lo que te ocurre, ¿de acuerdo?

- Si, gracias

Terry le sonrió y la tomó de la mano para llevarla a la sala, estando ya en la estancia; Karen los vio fijamente y no dijo nada. Pero por la expresión de Terry, supo que él quería que los dejara solos.

- Los dejaré solos –se levantó del sofá y colocó el bowl de palomitas sobre la mesa de centro. Terry encendió la luz de la estancia. Candy los vio y notó que ambos estaban en pijama, la de Karen, muy sexy para su gusto.

- No quiero interrumpir –repitió Candy, incómoda.

- No te preocupes, igual ya tengo sueño. –sonrió Karen- Creo que me iré a dormir de una vez. Buenas noches. Que estés bien, Candy –pasó junto a la rubia- Feliz noche, Terry –le dirigió a Terry una mirada que le decía que más rato hablarían. Terry asintió

- Que descanses –le dijo Terry

Candy vio a Karen subir las escaleras y sintió una punzada en el pecho, ¿Karen vivía con Terry? ¡Genial!

- Tal vez sea mejor que me vaya. Ustedes estaban ocupados y yo no quiero interrumpir

- Deja de decir eso –dijo Terry serio- no interrumpes nada. Estábamos viendo una película, pero como ves, ya Karen le puso pausa a la misma; podemos verla luego. Ahora tú necesitas ayuda y eso es más importante. –Candy no pudo evitar sonreír entre su tristeza, le agradecía su interés. Agradecía poder apoyarse en alguien en este momento.

- Gracias

- No tienes porque, somos amigos. –le sonrió- Ahora, siéntate. Te atraeré algo seco y una bebida caliente para que entres en calor. Puedes enfermar estando en ese estado.

Sin esperar ninguna palabra por parte de Candy, Terry caminó hasta la cocina y puso en el microondas una taza del chocolate que Karen había preparado para entrar en calor mientras veían la película. Después caminó fuera de la cocina, pasó junto a Candy y subió rápidamente las escaleras. Tenía intención de pedirle a Karen alguna prenda de su guardarropa para que Candy pudiera cambiarse su atuendo empapado.

Entró a la habitación de su amiga, quien se encontraba concentrada leyendo un libro; cuando vio a Terry se levantó y colocó el libro a un lado.

- ¿Qué sucedió? ¿Por qué vino en ese estado? –preguntó ansiosa.

- No lo sé. No me lo ha dicho aún. Primero quería que se cambiara la ropa y entrara en calor, porque podría enfermar estando en ese estado.

- Tienes razón

- ¿Podrías prestarme algún pantalón y un suéter? –dijo apresuradamente

- Claro –sonrió- pero dudo que tu amiga esté de acuerdo en vestir algo mío.

- ¿Por qué?

- Ustedes los hombres son tan ciegos –se burló- A tu amiga, no le caigo bien. Es más, le caigo mal. Lo veo en su expresión y en su postura cada vez que estoy cerca.

- ¿Si? –preguntó dudoso

- Si –asintió- No sé por que, bueno… si se porque –sonrió- pero le caigo mal. Muy mal. –aseguró. Terry no tenía cabeza para escuchar la ironía en la voz de Karen que le quiso decir algo entre líneas. Estaba demasiado preocupado por el estado de ánimo de Candy

- Pero necesita cambiarse.

- Préstale algo de tu ropa –sonrió- estoy segura que le agradará más la idea. Yo puedo prestarte algo, -caminó hasta su armario, sacó un pants de franela azul marino y un sudadero que hacia juego- pero para ahorrarte el viaje, será mejor que lleves una segunda opción. –le colocó las prendas en sus brazos

- Gracias

- No tienes porque, somos amigos. Ya te lo había dicho… siempre estaré para ti. –le sonrió- Te quiero, eres muy importante para mí. El hermano que nunca tuve. –le sonrió

- Basta, o me harás llorar –bromeó

- Tonto. Ahora vete, tu "visita" necesita cambiarse –lo empujó hacia la puerta

Terry le sonrió y salió de la habitación de su amiga, presuroso, pero como siempre le hizo caso a su advertencia. Caminó hasta su recámara, tomó un pijama que usaba en el invierno, y un sudadero color gris. Eran muy grandes para Candy, seguramente ella preferiría algo más pequeño. Por ejemplo, la ropa de Karen; pero prefirió ofrecerle opciones. Que ella decidiera.

Bajó las escaleras y encontró a Candy, nuevamente llorando y viendo fijamente el fuego de la chimenea.

- Te traje algo de ropa seca. –le sonrió- Hay un baño junto a la siguiente puerta, puedes cambiarte ahí.

- Gracias

Terry le entregó las prendas y ella las vio con el ceño fruncido.

- Es para que escojas que quieres ponerte –aclaró al ver el rostro confundido de Candy- No sabía si te sentirías cómodo con la ropa de Karen, por eso te traje algo de la mía. Tú escoges

- No quisiera incomodar a tu novia –se movió incómoda- será mejor que use tu ropa. Pero solo porque no quiero enfermar.

Karen como siempre, tenía razón

- Para Karen no es un problema prestarte su ropa. Tiene mucha –trató de bromear

Bueno, si alguna duda le quedaba que ella vivía con Terry, ahora le había quedado resuelta. Karen vivía ahí, de lo contrario… ¿Por qué tendría ropa en casa de Terry?

Pero… ¿por qué le importaba? ¡Rayos! Ella tenía muchos problemas para pensar en la relación de Terry y Karen en este momento.

- Gracias, pero prefiero no incomodar. –dejó sobre el sofá la ropa de la amiga de Terry- Será mejor ponerme tu pijama. Tengo frío

- Si, por supuesto. Ve a cambiarte, yo mientras te traeré algo caliente.

Candy caminó hasta el lugar donde Terry le indicó que podía cambiarse y presurosa se quitó su vestidura mojada. El frío le había calado los huesos y si no se cambiaba rápidamente, enfermaría; si no se había enfermado ya. Se colocó el pantalón pijama de Terry y éste le quedaba grande, pero era peor que nada. Después se vistió con el sudadero gris que le habían entregado y el calor pronto comenzó a inundar su ser. ¡Vaya! Qué bien se sentía estar con ropa seca.

La sensación de comodidad, pronto la abandonó.

La molestia por ver a Karen no era nada con la tristeza que inundaba su ser.

Se sentía vacía, derrotada. Molesta… furiosa. Sin ganas de continuar viviendo. ¿Cómo le hacia para continuar, si el amor de su vida la había traicionado de esa forma?

El cuarto de baño era amplio y tenía un espejo de cuerpo completo. Se observó fijamente, y notó su expresión de angustia y derrota. Le fallaban las fuerzas para seguir. Nunca había dependido de nadie para ser feliz, había aprendido a construir su propia felicidad. Pero, al conocer a Albert todo había cambiado. Había depositado en él sus sueños e ilusiones, había imaginado un futuro su lado y la felicidad de pronto tener una familia con él. Formar una familia, sonrió irónica.

¿Qué haría ahora?

Las lágrimas no dejaban de deslizarse por sus mejillas. ¿Terminarían alguna vez de salir de sus ojos? No lo creía, por lo menos no mientras tuviera grabada en su memoria la imagen de su esposo haciendo el amor con otra mujer. No mientras se sacara de su ser la necesidad de estar con Albert. No mientras se arrancara de su mente y corazón al hombre que creyó era el amor de su vida.

- ¿Candy? –un toque en la puerta. Era Terry- ¿Estás bien?

Se limpió las lágrimas de sus mejillas y arregló su apariencia para salir y enfrentar las preguntas de Terry. No se sentía preparada para sus cuestionamientos pero debía afrontarlo.

- En un momento salgo

- Bien, te esperaré en la sala –dijo desde el otro lado de la puerta

Suspiró hondamente y arregló su apariencia, nuevamente. No se sentía cómoda con la ropa de un hombre, nunca la había usado. No había tenido padre, ni hermanos… la ropa de Albert siempre estuvo en otra habitación. Así que la ropa de Terry, era la primera vestimenta de hombre que había utilizado en su vida. Olía a él, a su perfume. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Tranquila. Debía tranquilizarse.

Salió de la habitación y camino hasta la sala, donde Terry la estaba esperando sentado en el sofá, teniendo frente a él dos tazas de chocolate caliente. Las tazas humeaban y ella sintió deseos de beber de inmediato el hirviente líquido. Aún tenía frío.

- ¿Mejor?

- Si –simuló una sonrisa, pero su mirada aún estaba entristecida- en verdad tenía frío.

- Está lloviendo muy fuerte –comentó con disimulo

- Es verdad

- Pero, vamos, siéntate. –le palmeó un lugar junto a él –Candy asintió y caminó hasta el lugar donde estaba el gran sofá

- Perdón por venir de esta forma a tu casa. Pero, no tenía a quien recurrir. –admitió

- No te preocupes, me encanta que vinieras. –no sabía como preguntarle

- Gracias

- Toma –le ofreció una taza de chocolate- supongo que aún tienes frío

- Si, pero ya no tanto. Tu ropa es muy cálida. Gracias por prestármela

- De nada.

¡Genial! No tenía idea de cómo abordar el tema de su estado de ánimo.

- ¿Puedo quedarme a dormir? –preguntó Candy de pronto- No quiero regresar a casa –dijo al borde del llanto- ¡Por favor! –suplicó

- Por supuesto, Candy. Puedes quedarte el tiempo que gustes. Prepararé una habitación para ti

- No es necesario, podría dormir en el sofá

- De ninguna manera. Hay muchas habitaciones de huéspedes.

- No quiero ser una molestia

- No lo eres. Tu misma dijiste que éramos amigos. Los amigos se ayudan en momentos de crisis. Te ayudaré Candy, en lo que pueda. Puedes confiar en mí -le acarició la mano

El ligero toque de Terry fue todo lo que su alma necesitaba para desahogarse. Sus palabras habían hecho eco en su alma y desquebrajaron sus defensas. Necesitaba llorar con alguien. Desahogar el dolor que llevaba en el alma. Llorar… nada más…

Comenzó con un sollozo que cubrió con su mano. Terry notó los estremecimientos del cuerpo de Candy. Podía notar el dolor que ella llevaba en su interior. Solo que no tenía idea del porque de su sufrimiento.

- Candy… ¿qué te sucede? –preguntó preocupado- Puedes confiar en mí. Dime que te ocurre

- Yo… no… yo no puedo… no ahora.

- Claro. No te apures. Llora, te hará bien –ella asintió. Quería parar, dejar de sollozar y contarle a alguien lo que había ocurrido. Pero ¡no podía dejar de llorar!

Estuvo largos minutos estremeciéndose, sollozando amargamente. Recordando una y otra vez todo lo ocurrido, en ocasiones lo que Elisa le había mostrado, luego lo que ella misma había visto, para después atormentarse con las ocasiones en que Albert le había dicho que la amaba; cuando se casaron a escondidas, sin testigos y jurándose amor eterno ante el juez. ¿Todo había sido una mentira? ¿Por qué él no había querido hacer el amor con ella y con otras mujeres sí?

Albert… Albert… su amor. Su esposo. El hombre que amaba. El hombre que la había traicionado.

¿Cómo superaría alguna vez esta traición? ¿Qué haría cuando lo volviera a ver?

Imágenes tormentosas invadían sus pensamientos. Atormentándola, dejándola vulnerable ante Terry. No deseaba que nadie la viera en ese estado, pero no tenía a donde ir. Ir a la mansión Andley no era una opción. No quería ver por ningún motivo a Elisa, mucho menos a Albert. Sabía que su esposo no se aparecería por ahí, pero no deseaba arriesgarse. Antes de poder enfrentarlo, necesitaba desahogarse. Perderse en su dolor sin testigos, sin morbosas mentes que se burlarían de su suerte. Necesitaba pensar que le diría si volviera a verlo. Necesitaba pensar… pensar…

Terry estaba a su lado. Haciéndole compañía, sin decir nada. Dejándola llorar y sacar de su alma el sufrimiento que acarreaba. Alguna vez su madre le había dicho que llorar era limpiar el alma desde el interior. Dejaría que Candy lavara sus sufrimientos. Ya después la convencería para que confiara en él y le contara sus penas.

- ¡Dios! No quiero ser una molestia –dijo entre lágrimas

- No lo eres –sonrió Terry

- Pero, arruiné tu noche. Y ahora te estoy haciendo desvelar. Deberías irte a dormir, ya es tarde. No tienes porque aguantar mi llanto. Estaré bien.

- No te dejaré sola. Por lo menos estaré a tu lado hasta que desees hablar, y si no lo deseas igual estaré contigo para hacerte compañía. Quiero que sepas que en mí siempre tendrás alguien en quien apoyarte.

- Gracias –sonrió entre sollozos

- ¿Sabe alguien que estás aquí? –preguntó cauteloso- Albert podría estar preocupado –dijo entre dientes. Sabía que no soportaba la idea que Albert poseyera el corazón de Candy, pero tenía que aceptar que él era su esposo y aunque le doliera, era Albert quien debía ocuparse de ella.

- Nadie lo sabe, y por favor si alguien te llamara… por favor –suplicó- no les digas donde estoy. Miénteles, diles que no sabes nada de mí. Te lo suplico –le tomo las manos. Terry se sorprendió. Así que ese era su problema. Seguramente, había reñido con Albert y por eso había escapado de casa.

- Claro. No tienes porque suplicarlo, yo no diré nada.

- Gracias –le soltó las manos

- Pero, deberías al menos decirles que estás bien –sugirió- aunque no les digas en donde te encuentras.

- No. No será necesario. Después de todo, nadie notará mi ausencia –dijo con tristeza

- Lo dudo, Albert seguramente esta preocupado. Él es tu esposo, si yo fuera él estaría muy ansioso al no tener noticias tuyas –tanteó el terreno

- No es así –Albert ni siquiera sabía que no se encontraba en casa. Si no se había preocupado por ella en estos días, mucho menos ahora que estaba con su amante. Nuevas lágrimas inundaron sus ojos. Sintió una opresión dolorosa en el pecho, recordando lo que había visto. Nunca dejaría de llorar. Ahora… estaba segura.

- Albert…

- ¡Ya no lo menciones! –exclamó- por favor, ¡ya no lo menciones! –se acomodó en el sofá y colocó su rostro entre las rodillas que tenía dobladas- Por favor, ya no lo menciones –sollozó

- Candy, tal vez si me cuentas lo que ocurrió. Puedas desahogarte, y dejar de llorar. Puede hacerte daño

- No, no quiero hablar. Necesito olvidar todo. No quiero hablar. Por favor, vete. Déjame sola. Ve con tu novia, yo estaré bien.

- Claro que no estarás bien –negó con la cabeza- mírate como estas. Necesitas hablar y yo estaré aquí cuando desees hacerlo. –aseguró

- Eres muy necio –sonrió llorosa

- No te imaginas cuanto –bromeó

- Yo… no estoy preparada para hablar de esto. Agradezco tu preocupación pero aún no quiero decirlo en voz alta. Esto –dijo refiriéndose al engaño de Albert- me ha dolido mucho. Me ha roto el corazón. Necesito tiempo para poder decírselo a alguien más. Por el momento, el tormento de tenerlo grabado en mi mente es más que suficiente. No me hagas decírtelo, por favor. Tal vez después, pero ahora, no quiero hablar de ello.

- Por supuesto, respeto tu decisión. No te preocupes, yo estaré a tu lado cuando desees desahogarte. ¿Quieres que prepare una habitación para ti? Debes estar muy cansada.

- Estoy cansada, pero no quiero dormir. No creo poder hacerlo, además. Pero si tu tienes sueño, por mi no te apures, ve a dormir. Tu novia debe de estar esperándote –dijo mordaz

¡Karen!

- Seguramente –dijo sin ánimos- Pero ella entiende que tú eres mi amiga y que necesitas de mi ayuda. No creo que se moleste si te hago compañía un rato más.

- ¿Seguro?

- Claro, aquí estaré. Tómate el chocolate, está todavía caliente y tú necesitas entrar en calor antes que te de un resfriado.

- Si

Candy se acercó la taza de bebida caliente y tomó un sorbo lentamente, el dolor seguía en su interior pero las lágrimas habían dejado de salir de sus ojos.

- Mañana es la reunión con la junta directiva –dijo Terry despreocupado, para armar plática

- Lo sé

- ¿Estás nerviosa? –preguntó sonriente

- No mucho. Estaba leyendo los documentos que me habías prestado en la tarde hace un rato, antes… -de que todo esto ocurriera- Pero no me faltaba mucho –Terry notó la pausa que ella hacia. Así que estaba estudiando cuando había ocurrido, lo que sea que hubiese ocurrido. Tenía que seguir indagando.

- Si quieres puedo traerte una copia de los folletos que te había dado

- No creo tener cabeza para estudiar en este momento –comentó divertida

- Tienes razón, que tonto de mi parte. Solo quería estar seguro que tenías la intención de ir mañana a la oficina, ¿irás, verdad?

- Si –suspiró- Tengo que hacerlo. Es mi responsabilidad.

- Bien, me agrada que seas responsable. Te hace más bonita –sonrió. Candy simuló una sonrisa. ¿Bonita?- Digo, la responsabilidad es una cualidad… grandiosa –¿no había otra una mejor palabra?

- Es verdad.

- La junta va a ser muy decisiva. Todos los miembros están ahí, todos ya han confirmado su asistencia. Menos tu esposo. ¿Sabes si Albert se presentará? –era peligroso, pero tenía que hacerla hablar.

- No lo sé –contestó seria

- Es importante su presencia, tal vez debas recordárselo. La última vez no se presentó. No puede seguir siendo tan irresponsable. -¡vaya! Si que tenía coraje. Hablar mal de Albert frente a su esposa. Pero tenía que saber si Candy lo defendería.

- No quiero hablar de él –comentó desviando la mirada.

- Entiendo. ¿Es por él, por quien estas en ese estado?

- Terry, por favor. No quiero hablar de ello –nuevamente su voz quebrada

- Mmm, quizá hablar de ello te haga sentir mejor. –se arriesgó

- No quiero –sollozó- dijiste que no me presionarías. Por favor, cumple tu palabra.

- Yo sé que te dije que no te obligaría a hablar. Pero necesito que estés bien para mañana temprano, y si no te desahogas no podrás descansar y estar lúcida para la junta de mañana. Además, ten en cuenta que ahí estará Albert; tendrás que enfrentarlo. –seguramente estaba loco, pero necesitaba saber que había ocurrido entre él y Candy.

- No quiero –comenzó a llorar

- Te hará sentir mejor

- Pero… no tengo valor. Por favor, no quiero hacerlo.

- Lo hago por tu bien –insistió

- No…

- Solo quiero que estés bien para lo que pueda ocurrir mañana. Hablar de lo ocurrido te hará desahogarte. Como tu tutor necesito que estés enfocada en lo que ha negocios se refiere. Necesito tu total atención.

- Pero es que… -lloraba

- Lo hago por tu bien

- ¡Bien! –gritó- Quieres que te lo diga, pues te lo voy a decir. –se levantó y entre lágrimas amargas continuó- Encontré a Albert con su amante, ¿de acuerdo? Lo encontré con ella en la cama, mientras hacían el amor. No he sabido nada de él en días, y cuando me entero por fin donde se encuentra, me entero de su engaño. –decía entre sollozos- ¿Contento?

- Candy… -no creyó que todo fuera tan… complicado.

- Me engañó, ¿te das cuenta? No me quiere –se burló de sí misma- claro… ¿cómo podría querer a alguien tan insignificante como yo? Soy una idiota. ¿Cómo pude creer que alguien como él se enamoraría de mi? Estúpida de mí. –lloraba- No soy nadie, no tengo nada. Soy tan insignificante.

- No lo eres –se levantó

- Lo soy

- No, no lo eres. –se acercó a Candy

- ¿No te das cuenta? –sollozó- Me engaño. No me quiere. ¿Qué voy a hacer con este dolor? –se estremeció- No sé que hacer. No sé a donde ir. Me siento perdida. Confundida. Traicionada. Olvidada. No tengo a nadie

- Me tienes a mi –se atrevió y la abrazó. Candy dejó que él lo hiciera y se perdió en su abrazo. Necesitaba el consuelo de alguien

- No me quiere –lloraba- No me quiere y yo no sé que hacer. Él era todo para mí. No tengo a nadie. No quiere –repetía- No sé que hacer. No me quiere –se estremecía entre lágrimas amargas- No me quiere –se aferraba a Terry como si quisiera encontrar en su abrazo un poco de paz a su alma conmocionada.

Terry la abrazaba reconfortándola. Dándole un poco de consuelo a su alma herida. Pero al escucharla, su alma también sufría. Hasta ahora, no se había dado cuenta de lo mucho que le afectaba que Candy quisiera a alguien más. Ella sufría… sufría por el amor de Albert. Lo amaba, y mucho.

Albert era un verdadero idiota. Un imbécil. ¿Cómo podía hacerle algo así a Candy? Ella era tan… especial. Nunca podría hacerle daño.

- Llora, te hará bien –le acariciaba el cabello

- Me siento perdida. No sé que hacer.

- No tienes porque decidirlo ahora. Lo que tienes que hacer ahora es descansar –la apartó para verla a los ojos

- Me siento casada

- Sentémonos –la atrajo al sofá. Se sentó en la esquina y la colocó junto a él. Atrajo su cabeza hacia su pecho y la recostó suavemente. Candy aún lloraba.

- Perdón por todo –ella no protestó y se acomodó en su pecho. Esta noche, necesitaba importarle a alguien. Terry le demostraba con su preocupación, que todavía podía confiar.

- Ya te dije que no tienes que preocuparte. Lo que hago, lo hago con gusto. Te tengo… -amor- aprecio, Candy. Quiero que estés bien.

- Gracias –inhaló profundamente el olor de la camiseta de Terry.

- Descansa. Ya mañana será otro día.

- ¿No irás a dormir a tu habitación? –trató de apartarse

- No, a menos que tu quieras que te lleve a la tuya.

- Quiero estar aquí un momento más –y disfrutar de tu abrazo

- De acuerdo, entonces aquí nos quedaremos –le sonrió

- Gracias –dijo todavía llorosa

- Deja de agradecerme. Descansa, yo estaré aquí para ti. Duérmete, mañana… será otro día.

Poco a poco, Candy cayó en la inconsciencia. Desahogarse, tal y como Terry se lo había dicho, le había hecho sentir mejor. Se sentía mentalmente agotada, no le fue difícil quedarse dormida en la comodidad de los brazos de Terry. Necesitaba consuelo de alguien, y Terry se lo había ofrecido. Ya mañana, decidiría que hacer con su relación con Albert. Por el momento, se dejaría envolver por el calor… del abrazo de Terry.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Se sentía miserable.

Nuevamente había engañado a la mujer que tanto lo amaba. No había querido caer en las redes de la pasión que Angelique y él compartían, pero se sentía confundido. Estaba ahogado en alcohol y la visita improvista de su amante lo había dejado sorprendido. La seducción que ella manejaba era irresistible, fue necesario solamente un negligé rojo y un baile sensual, para que su anatomía despertara al instante.

Los días anteriores, no había querido saber nada de ella. Le había inventado un viaje de negocios a Atlanta para tener tiempo a solas y pensar en lo que haría de ahora en adelante. Los sentimientos que creyó tener por Angelique eran cada vez más confusos, por ella solo albergaba una pasión desenfrenada. Pero si analizaba y sopesaba lo que Candy le hacía sentir, los sentimientos por Angelique se veían opacados y difusos. ¿Se había enamorado de Candy?

No lo sabía. Por lo menos no a ciencia cierta. Ella era tan inocente, pura y amorosa. Lo miraba de forma única. Guardando para él miradas que no compartía con nadie más en este mundo. La devoción que ella le demostraba era admirable, dada la poca atención que él le prestaba. Nunca, hasta esa noche de su primer encuentro amoroso fallido, había pensando en Candy de una forma distinta, a la mujer con la que había tenido que casarse. Siempre la vio como una mujer más. Como una mujer con la que debía permanecer para conservar la vida adinerada que había mantenido toda la vida. Ahora, la veía de forma distinta. le parecía más atractiva.

Estaba confundido.

Por eso no había querido involucrarse nuevamente con Angelique. Necesitaba pensar. Ya no quería engañar a Candy. Quería establecer con ella una relación verdadera, y darse una oportunidad para amar de verdad. Nunca había amado a alguien, tuvo una ilusión cuando era más joven. Pero pronto esa ilusión se había vuelto obsesión, ella no correspondía a su interés. Entonces, se interesó en tenerla solo para ganarle a ese hombre que ocupaba los pensamientos de ella. Solo para restregarle en la cara, que él había triunfado. Pero al terminar ese juego, se sintió vacío, y volvió a los amores de una noche… esos amores, que no requerían involucrar sentimientos.

Pero ahora, estaba Candy. ¿Qué haría?

Angelique yacía a su lado. Dormida. Desnuda, después de hacer el amor con él, salvajemente. Pero ahora, este encuentro no le había sido satisfactorio. Al contrario, se sintió asqueado y con un deseo por que fuera Candy a la mujer que estaba poseyendo.

Debía terminar con Angelique. Ella lo excitaba, era verdad… pero ya no inundaba sus pensamientos como antes. Si quería darse una oportunidad con Candy, debía terminar esa relación.

En esos pensamientos estaba, cuando su teléfono vibró.

- Diga

- Hasta que te localizo –era Neal- He estado tratando de comunicarme contigo desde hace varios días. Necesitamos hablar

- En este momento, no puedo hacerlo –dijo al ver que Angelique se despertaba

- Es verdaderamente importante.

- Lo sé, pero ¿podría ser mañana? –pregunto mientras la joven amante que tenía junto a él, comenzaba a acariciarlo fervientemente

- De acuerdo, ¿irás a la junta en el corporativo? -¡la junta!

- Si

- Entonces te veré por allá, yo también estoy requerido. En verdad, tengo que decirte esto.

- Ya. Te veo mañana.

- De acuerdo.

Colgó. Angelique sonrió sugestivamente, mientras se colocaba a horcadas sobre él.

- Ahora no, Angelique. Tengo que dormir

- Vamos, solo un rato.

- He dicho que no.

- ¡Qué carácter! –se burló- ¿Qué sucede Albert? Ya no eres tan apasionado como antes. –sonrió burlona mientras intentaba provocar una erección en él

- Tal vez sea que tú ya no me inspiras

- Idiota

- Es la verdad. Tal vez lo mejor sea que terminemos esto de una vez.

- ¿Me estás terminando?

- ¿Tú que crees?

- De ninguna manera. Yo soy la que termino las relaciones, no al revés.

- Siempre hay una primera vez, cariño –se burló, se levantó no importándole su desnudez y caminó hacia la puerta.- Duerme aquí si quieres. Yo no quiero hacerlo junto a ti, me iré a la habitación del lado.

Angelique no podía creerlo, Albert la acababa de terminar. ¡No! No se lo iba a permitir.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Anthony llegó al apartamento de Albert muy temprano. Su hermano le había pedido de favor ir por él para que juntos llegaran a la compañía para la junta que tenían programada. Aunque Anthony no aprobaba lo que Albert venía haciendo estos días, tenia que apoyarlo, era su hermano. Solo esperaba que pronto, no terminara arrepintiéndose de tratar como trataba a su esposa.

- ¿Listo? –dijo al entrar

- Ya casi, pero pasa mientras termino –dijo Albert colocándose el saco color gris que portaría

- Te estuve llamando hace varios días.

- Lo sé, no tenía intención de hablar con nadie.

Anthony negó con la cabeza, pero antes que pudiera decir algo; de la habitación principal salió Angelique con una bata blanca cubriendo su desnudez.

- Hola Anthony –dijo con voz ronca

- Angelique –fue lo único que dijo con reproche. Le lanzó una mirada desaprobatoria a su hermano

- Listo. Vámonos –dijo antes que Anthony armara un escándalo.

- ¿Te vas querido? –preguntó melosa

- Si, y cuando regrese espero que ya te hayas ido –exclamó cortante

- Eres un idiota. Ni creas que esto se ha terminado. Yo diré cuando esto acabe ¿entendido?

- Como quieras –sonrió irónico- Pero en lo que a mi concierne, esta relación se acabó. Anthony, vamos

Anthony no dijo nada más, y siguió a su hermano mayor. En todo el trayendo hacia el auto no se atrevió a comentar nada. No tenía muy claro lo que ocurría entre Albert y Angelique.

- Lamento que presenciaras esa escena –comentó Albert después que su hermano arrancara el auto

- No hay cuidado

- Ya se terminó. No volveré a ver a Angelique

- Me alegro. Aunque creo que ella no quiere que eso se acabe.

- No hará nada.

- Sé que no te importa. Pero podría decírselo a Candy. La harías sufrir mucho –Anthony se había enterado sin querer de las verdaderas razones por las que Albert había desposado a la rubia.

No lo había pensando. Lo menos que necesitaba era problemas con Candy. Menos ahora, que deseaba entablar una relación verdadera con ella.

- Si me importa. Quiero que las cosas funcionen con Candy

- Me alegra mucho oírlo. Candy es una mujer excepcional. La admiro, ha asimilado muy bien su rol en la empresa. Es una mujer única

- Lo sé

- Tomaste una sabia decisión. Lo tuyo con Angelique no iba a ningún lado. Era una relación muy tóxica. Candy es una gran mujer para ti. Te hará sentar cabeza.

- Eso espero.

- ¿Qué sientes por ella? –preguntó estacionando el auto en su apartando en el estacionamiento de la compañía

- No lo sé… por lo menos no claramente. Pero sé que puedo llegar a amarla intensamente. Bueno, si no lo hago ya. Quiero que funcione. Sé que no soy un santo y que tengo muchos errores. Pero por alguna razón, alguien como Candy, se enamoró de mí. Quiero ser alguien digno para ella.

- Lo serás –Anthony le sonrió- Me alegra que finalmente te enamoraras. Candy te ama, lo veo en sus ojos. Serán felices, lo sé.

- Gracias

Se bajaron del auto y caminaron hacia el ascensor. Cuando llegaron a la planta donde se encontraba la sala de juntas, ya era hora para que la función comenzara. Todos se encontraban en sus asientos, ellos eran lo únicos que hacían falta. Saludaron rápidamente a la congregación y se sentaron en su lugar.

Terry lo miró con desprecio como siempre lo hacía. Le dirigió una mirada asesina en todo su trayecto hasta su lugar en la mesa. Cuando estuvo sentado, Albert le dirigió una mirada cálida a Candy, pero ella no lo vio de igual forma.

Por primera vez sintió miedo. La mirada de Candy era fría y vacía. No lo miraba con amor como siempre lo había hecho. ¿Qué había sucedido?

¿Había entendido sus sentimientos por ella demasiado tarde? ¿La había descuidado demasiado?

La junta transcurrió normalmente. Tal y como lo había dicho Anthony, Albert se maravilló de los progresos que Candy había tenido dentro de la empresa. Llevaba pocas semanas de entrenamiento y ya manejaba varios puntos a tratar dentro de los proyectos futuros de la corporación. Se sintió admirado y orgulloso. Ella era su esposa, y quería que así siguiera siendo. Solo había un problema, en todo el tiempo de la reunión, Candy no lo volteó a ver ni un solo momento.

¿Estaría molesta por aquella noche?

- Bueno, si todo ha quedado claro. La junta ha terminado –habló Terry poniéndose de pie- Candy, me gustaría hablar contigo en mi oficina –le susurró. Ella asintió

Todos se pusieron de pie y comenzaron a vaciar el salón. Todos menos Albert. Tenía que hablar con Candy en este momento. Necesitaba abrazarla, no sabía lo necesitado que estaba de un cariño por parte de Candy hasta que la vio esa mañana.

- Candy, necesitamos hablar –dijo a pesar de la presencia de Terry

- Te esperaré en la oficina –le dijo a Candy sonriente- Cualquier cosa que necesites, me llamas ¿de acuerdo?

- Estará hablando conmigo, no con un asesino o un violador; idiota. Soy su esposo y puedo hablar con ella -dijo sumamente molesto

Terry le sonrió irónico y salió de la sala en silencio. Candy se quedó viéndolo fijamente. Había tenido pocas horas para decidir lo que haría, pero al verlo esa mañana, sabía que su decisión era la más acertada.

- Candy…

- Quiero el divorcio

Continuará…


Hola!

Perdón por el atraso. Pero mi vida se complicó en estos días. Para las que no lo sepan, ¡me quebré la muñeca! Me está costando un montón adaptarme y como comprenderán es un tormento no poder hacer nada para actualizar pronto. Espero su comprensión. Tardaré un poco pero prometo no dejar de subir capítulos, tengo ayuda (alguien que me transcriba a la computadora) pero tengo que escribir los capis a mano, de forma muy detallada, para que quien me transcribe no omita nada de lo que pretendo transmitir. No tengo tanta experiencia escribiendo con la izquierda y se me dificulta mucho. Espero sepan comprenderme…

Mil gracias por sus reviews:

Guest1, Patty Reyna, luna, DIANA, gabyselenator, mary, oligranchester, Janeth, Viry, Alejandra, janet 2001133h, Silvia E, janet, Rosi White, WISAL, TATIANA, Hellen Franco, Val rod, Giomar, Rosy Jimenez, Olgaliz, LettyG, Maribel….

Gracias por sus palabras… se los agradezco con el corazón.

Esperaré sus comentarios. Así, haré un esfuerzo sobrehumano para traerles el capitulo 12 pronto.

Saluditos!