Se que el decimo one shot se publico hace solo 3 dias, pero es que con la emocion del capitulo 144 del manga no pude evitar pensar en una nueva idea casi de inmediato, la cual se ambienta precisamente despues de este 3

Como detalle, aclaro que nuestro Ciel conserva su nombre durante esta historia, ya que, como aun no sabemos su nombre, se quedara con el de Ciel por el momento, con eso aclarado, espero disfruten esta nueva historia, nos vemos y no olviden comentar :3


Ya habían pasado alrededor de tres meses desde que Ciel y Sebastian hubiesen sido arrestados luego de la aparición del gemelo "muerto" del primero, a quien correspondía legítimamente el nombre de Ciel Phantomhive, la fortuna, mansión y el título de conde, incluso a pesar de que para sus sirvientes, él era a quien le debían lealtad, respeto y una profunda gratitud por todo lo que éste había hecho por ellos a lo largo de esos tres años.

Cuando llegaron, el joven conde apenas hablaba, se había mantenido por largos días en un profundo silencio del cual ni siquiera Sebastian pudo sacarlo, no hasta que accedió a volver a hablar por voluntad propia una tarde, cuando finalmente fue capaz de asimilar bien todo lo que había pasado. El demonio, todavía fiel a su contrato y a su rol de mayordomo, continuó comportándose como tal incluso en el encierro, siempre de pie al lado del catre donde su amo descansaba, a la espera de que pudiera necesitar algo, pero más específicamente, a la espera de que diera la orden de huir de allí de una vez, pues toda esa situación ya se estaba volviendo realmente insoportable.

Los días para ellos pasaban del mismo modo que para cualquier otro preso, y ahora Sebastian debía esforzarse el doble por parecer lo más humano posible, acompañando a su amo al comedor cuando era la hora de comer de los reclusos, debiendo fingir que necesitaba hacerlo al igual que todos ellos.

Ciel: -baja su tenedor- Ugh, esto es inaguantable

Sebastian: -lo mira de reojo- ¿Sucede algo, Bocchan?

Ciel: La comida aquí es horrible, no logro acostumbrarme a ella. Sebastian, tienes que hacer algo

Sebastian: -hace una pausa- Pero Bocchan, podrían descubrirnos

Ciel: No me importa, o me consigues algo apetitoso para comer o lo haré yo, es una orden

Obligado a cumplir con aquella orden, Sebastian se escabulló del comedor cuando ninguno de los guardias parecía estarlo viendo, para ir directo a la cocina en el mayor silencio posible, directo a la alacena, de donde sacó todo lo necesario para prepararle una mejor comida a su amo, quien pese a todo, continuaba con sus mismos hábitos de siempre, muy para su sorpresa.

Todo pasó en pocos segundos, y ninguno de los cocineros se enteró de nada.

Sirviéndole la comida a su joven amo, tal como si se encontraran de vuelta en la mansión, Ciel finalmente pudo tener un almuerzo decente, siendo la comida su único placer y su única forma de olvidar todo lo que había ocurrido en casa.

De regreso en la celda que ambos compartían, Sebastian se encontraba de pie cerca de un rincón, de cara a las rejas, mientras Ciel leía un libro recostado en su catre, único entretenimiento disponible en ese lugar y que de algún modo lo ayudaba a permanecer cuerdo. Las novelas y demás que les repartían a los presos cada noche comenzaron a hacerse pocos, por lo que con frecuencia le ordenaba al demonio que fuera a la biblioteca por más libros que saciaran su apetito por evadir su cruda realidad.

El mayordomo, detrás de su semblante serio, estoico y profesional, escondía un enorme cansancio y enojo, pues el que su amo y él ahora estuvieran en prisión podría retrasar enormemente el cumplimiento del contrato y con eso, el poder obtener el alma que tanto anhelaba. Esperaba porque pronto fueran a juicio y se pudiera demostrar la inocencia del joven conde, pues él no había tenido nada que ver con aquellos asesinatos, aunque el robo de identidad ya era un asunto diferente. Esperaba porque al menos pudieran hacer algo por liberarlo de ese cargo, y poder dejar todo eso atrás de algún modo.

El demonio se encontraba tenso y muy cansado, ésta última, sensación que nunca creyó sentir antes, por considerarla demasiado humana para una criatura como él, y mientras estaba allí de pie, pensaba en algún modo de liberar toda esa frustración que sentía, o al menos, poder alejarse un momento de Ciel, de quien no se había despegado prácticamente nunca en todos esos meses, y ya sentía que no era precisamente el hecho de estar en prisión lo que lo hacía sentirse como un prisionero, sino el estar atado a aquel niño.

Sebastian entonces divisó al guardia, quien al parecer hacía su ronda habitual de cada tarde, para verificar que todos los presos estuvieran en sus celdas y que ninguno ocultara objetos peligrosos o prohibidos con ellos, pero ese día en particular se detuvo en la suya, para comenzar a buscar una llave de entre un manojo que tenía con él.

Guardia: Michaelis, tiene una visita –abre la celda-

Sebastian: ¿Eh? ¿Una visita?

Ciel: -deja el libro y se levanta- Seguro ha de ser la tía Frances o uno de los sirvientes como siempre, andando Sebastian –va con él-

Guardia: -lo detiene- Alto ahí Phantomhive, la visita es solo para Michaelis, así que solo él saldrá, usted debe quedarse aquí

Ciel (molesto): ¿Qué?

Sebastian: -le hace una reverencia- No se preocupe Bocchan, le informaré de lo que haya ocurrido, usted continúe con su lectura

No del todo conforme, Ciel finalmente regresó donde estaba, para dejar que Sebastian se fuera con el guardia, mientras los seguía con la vista hasta que ambos salieron por una puerta.

¿A qué visita se habrá referido el guardia?

Tanto el demonio como el conde se preguntaban lo mismo mientras Sebastian era guíado hasta el ala contigua a las celdas, unida a ésta por un largo pasillo, el cual terminaba, entre otras cosas, en una amplia habitación, más o menos del tamaño del recibidor de la mansión, de aspecto muy simple, donde habían mesas y sillas en donde los reclusos se sentaban para poder hablar con sus visitas, casi siempre familiares, parejas o amigos, siempre vigilados por guardias.

Sebastian se preguntaba quién querría verlo solo a él, cuando la respuesta más obvia llegó a su mente, la cual lo hizo sentir un escalofrío recorrer su espalda. Realmente esperaba estar equivocado… por favor, que no fuera lo que pensaba, quien fuera menos…

¡Sebas-chan!

Esa inconfundible voz y aquel apodo llegaron a sus oídos casi taladrándolos, y sin poder evitarlo, sintió luego cómo el aire de sus pulmones comenzaba a escasear, producto de un apretado abrazo que no fue capaz de evitar, supuso que por culpa de la falta de práctica, pues no había peleado con nadie más que con un par de presos en todo ese tiempo y quizá sus reflejos estaban un poco oxidados.

De cualquier forma, ahora Sebastian tuvo que hacer que el shinigami rojo lo soltara antes que el abrazo se prolongara demasiado, pero sin hacer un escándalo, pues sabía de lo que el otro era capaz si empleaba mucha fuerza.

Sebastian (sujetándolo de ambos brazos): Grell, ¿puedo saber qué estás haciendo aquí y…?

Al mirarlo mejor, pudo ver que el shinigami no estaba vestido como de costumbre, sino que ahora llevaba un elegante vestido con encajes, rojo por supuesto, y algunos detalles en negro, cosa que lo dejó sin aliento por un segundo, pero su reacción fue lo bastante notoria como para que Grell se diera cuenta.

Grell: ¿Te gusta? –da una vuelta- Quise verme lo mejor posible para esta visita. Lamento no haber venido a verte antes Sebas-chan, debiste sentirte muy solo y aburrido, en especial con ese mocoso pegado a tu espalda todo el tiempo

Sebastian no iba a decirle al shinigami que eso era precisamente lo que sentía, ya que su orgullo no lo dejaba, así que optó por quedarse callado mientras llevaba una mano a su frente y dejaba salir un suspiro frustrado, mientras Grell aprovechó el momento para sorprenderlo con otro abrazo, el cual esta vez fue roto por el guardia.

Guardia: Ejem… señora Michaelis, si usted y su esposo desean tiempo a solas, debo pedirles que me sigan hasta las habitaciones que están aquí junto, allí podrán tener algo de intimidad

Sebastian iba a decir algo al momento en que Grell, emocionado, lo tomó del brazo para que ambos siguieran al guardia, cuando se dio cuenta de algo importante.

Sebastian: -se detiene de pronto y mira a Grell- ¿Esposo?

El aura negra que ahora envolvía a Sebastian amenazaba con engullir a todos los que estaban ahí, cosa que puso muy nervioso al shinigami, en tanto éste hizo lo posible por hablar, nunca dejando de sonreír.

Grell: Dé-déjame explicar Sebas-chan… Tuve que presentarme como tu esposa para poder verte, hubiera sido un escándalo que una dama viniera a ver a un hombre sin estar casada con él, ¿no lo crees?

Sebastian no dijo nada, solo continuó mirando fijo al shinigami mientras su aura parecía crecer más y más. Más le valía a Grell hacer algo, de lo contrario…

Grell: A-a-además… vamos Sebas-chan, ¿acaso no quieres un momento lejos de ese mocoso? Deja al menos ofrecerte eso, te sentirás mucho mejor, créeme

El demonio pareció considerarlo, y su aura se hizo más pequeña, cosa que hizo que Grell dejara salir un suspiro de alivio, pues no hubiera sabido qué hacer en esa situación.

Sebastian no dijo nada más y, fingiendo tranquilidad, pese a que en realidad seguía molesto, acompañó a Grell hasta una de las habitaciones que se encontraban al fondo, las cuales eran reservadas solo para los reclusos y sus esposas. Allí les fue concedida una hora para ellos solos, tiempo que el shinigami consideró muy poco, pero se encargaría de hacer que valiera la pena.

La habitación era sencilla, no muy espaciosa pero tampoco demasiado pequeña, tenía una cama matrimonial al centro y una ventana por la cual entraba algo de luz natural, lo necesario para hacerla lo más acogedora posible.

Grell se sentó en la cama, mientras que Sebastian permaneció de pie junto a la puerta, con la vista clavada en el shinigami delante de él, quien no había dejado de sonreír desde que llegó, pero eso no era lo que le interesaba, sino el modo en que estaba vestido. No era precisamente la primera vez que lo veía así, pero si la primera vez que estaban solos de ese modo, y aunque parecía calmado, por dentro peleaba con el deseo de atacar a aquel dios de la muerte, de rasgar ese largo vestido y hacerlo gritar su nombre, ¿por qué? Eso era algo que no debía salir de esa habitación.

Grell: -pone una pierna sobre la otra- Vamos Sebas-chan, el tiempo corre, ¿planeas quedarte allí parado?

Sebastian salió de sus pensamientos y se acercó al shinigami, quien se veía demasiado confiado y eso lo estaba enojando más. Si tenían que estar ahí, entonces él iba a poner las reglas.

Sentándose en una silla que puso delante de la cama, el demonio, manteniendo la misma expresión calmada, le hizo un gesto a Grell para que se sentara en su regazo, petición que el shinigami no dudó en cumplir, haciéndolo del mismo modo en que estaba sentado un momento antes, pero Sebastian no tenía pensado eso precisamente. Con algo de brusquedad, sujetó las piernas de Grell y lo hizo poner una a cada lado de su cintura, moviendo además su vestido para que le fuera fácil acariciar una de éstas, gesto que hizo que el pelirrojo se estremeciera al sentir la fría mano sin guante del demonio en contacto con su cálida piel.

Grell (con sus manos en sus hombros): -se ríe un poco- Sebas-chan, que atrevido eres

El shinigami no dejaba de sentir escalofríos conforme Sebastian subía cada vez más, hasta finalmente llegar a su muslo, el cual acarició y apretó con suavidad, cosa que hizo que ahora Grell comenzara a dejar salir jadeos suaves y a sonrojarse, lo que le sacó una sonrisa un poco maliciosa al demonio, quien ahora lo sujetó por la cintura con su mano libre, para mantenerlo en su sitio y evitar que el pelirrojo intentara escapar de él, aunque tal cosa era poco probable. Dejando de sonreír un momento y manteniendo una voz ronca y profunda, Sebastian se acercó a su oído, sin detener sus caricias.

Sebastian: Te diré un secreto, pero esto no debe saberlo nadie… en cuanto te vi con este vestido empecé a tener deseos de tenerte así

Grell: ¿E-eh? ¿Lo dices en serio?

Sebastian: -lo sujeta más fuerte- Los demonios no mentimos Grell, y si, por alguna razón me gusta más cuando te vistes así

Grell: -se sonroja más y sonríe- Pudiste habérmelo dicho antes Sebas-chan, ¡ngh!

Atacando ahora su cuello, Sebastian comenzó a lamer y besar al shinigami en esa área tan sensible. Grell echó la cabeza un poco hacia atrás, dejándole más espacio a su amado demonio. Pasado un minuto más, el pelirrojo sintió cómo éste usaba sus dientes para desabotonar la parte del frente de su vestido, dejando al descubierto su pecho, el cual rápidamente se apresuró a cubrir, soltando a Sebastian y evadiendo su mirada. Éste no entendió su reacción tan repentina, y quiso preguntarle qué pasaba, pero Grell se le adelantó.

Grell: Es vergonzoso que me veas así… no tengo nada con qué llenar esa parte y quizá no pueda satisfacerte

El demonio no entendió al principio, pero una vez que supo a qué se refería el shinigami, quitó sus manos y comenzó a besar su cuello otra vez, recorriendo toda su piel con su lengua, hasta llegar a su pálido pecho, donde atrapó un pezón con sus dientes, lo cual hizo que Grell comenzara a gemir de placer.

Grell: ¡Se-Sebas-chan! ¡A-ah!

Sebastian: -lo hace sujetarlo de nuevo- No tengo interés en esa clase de cosas, estás bien así como eres

Y dicho esto continuó besando al shinigami, cuya piel parecía haberse vuelto más cálida debido a la excitación, pero él mismo no estaba lejos de sentirse igual. Hacía unos minutos que Grell creyó sentir como algo entre las piernas del demonio comenzaba a crecer y a endurecerse, y sin previo aviso lo sujetó con una de sus manos, lo que le sacó un jadeo de sorpresa a Sebastian. Ahora era turno del pelirrojo hablarle sensualmente al oído.

Grell: -sonríe- Sebas-chan… eres muy dulce al decir eso, ¿por qué no me dejas a mí darte placer ahora?

Sin esperar a que el demonio le respondiera, Grell se puso de pie y se arrodilló delante de Sebastian, para comenzar a abrir su pantalón en busca de su virilidad, la cual se puso aún más dura una vez que la sujetó en su mano, lo cual le sacó una risita a la vez que comenzaba a acariciarla desde la base hacia la punta.

Grell: -lo mira- Te pusiste duro muy rápido una vez que empecé a tocarlo, ¿de verdad te excito tanto Sebas-chan?

No esperando por una respuesta, Grell ahora comenzó a lamer suavemente aquel miembro erecto, el cual parecía ponerse más y más duro todavía, si es que eso era posible. Sebastian llevó una mano al cabello del shinigami, enredando sus dedos con algunos mechones rojos, cerrando los ojos mientras guiaba al dueño de esa talentosa boca hacia la punta de su miembro, para hacer que lo engullera casi entero, muy para el placer de ambos.

Dejándose llevar completamente por el placer, Sebastian sentía cómo Grell metía y sacaba su excitado miembro de su boca, increíblemente nunca atragantándose ni nada, cosa increíble considerando que el demonio no era precisamente pequeño.

El placer era tanto, que Sebastian sentía que en cualquier momento iba a terminar, pero no permitiría que Grell lo hiciera acabar así, por lo que hizo que soltara su miembro justo antes de tomarlo por la cintura y ponerlo sobre la cama, donde lo hizo abrir las piernas para luego colocarse encima de él. Quitándole la ropa interior, la cual luego tiró hacia un lado, sujetó sus muslos y tocó su entrada con la punta de su miembro, cosa que hizo que el shinigami gimiera de placer y se retorciera sobre las sábanas, lo cual hizo reír al demonio, al verse de nuevo en completo control de la situación.

Sebastian: Ya pronto se acabará el tiempo Grell, así que dime, ¿lo quieres de verdad?

El demonio se deleitaba al ver al shinigami rojo tan necesitado y excitado, con su cabello desordenado cubriendo parte de sus ojos y desparramándose en la cama, lo cual lo hizo no querer esperar más. Llevando dos dedos a su boca, los lubricó lo suficiente para poder meterlos a la vez dentro de la estrecha entrada del pelirrojo, la cual se ensanchó para dejarlo entrar. Grell no dejó de gemir y gritar al sentir aquella exquisita sensación invadiendo su cuerpo, lo que lo hizo dejar salir un alarido de decepción al sentirse vacío de nuevo una vez que Sebastian quitó sus dedos. Jadeando, lo miró con los ojos nublados por la lujuria, y obtuvo por respuesta la imagen del enorme miembro del demonio delante de él. Presionándolo contra su entrada, finalmente éste estuvo dentro del todo, y Grell pudo sentir cómo se abría paso dentro de sus ardientes entrañas, mientras creía que en cualquier momento acabaría partiéndolo a la mitad debido a la fuerza de sus embestidas, las cuales no se hicieron esperar.

Sebastian colocó ambas manos sobre el colchón, para poder mirar a Grell directo a la cara mientras lo embestía ferozmente, fijándose en cada expresión que hacía y en cómo movía los labios, como intentando decir algo, pero sin ser del todo capaz de armar ninguna frase que tuviera sentido, no por el momento al menos, pero una vez transcurridos varios minutos, el shinigami miró a los ojos a su acompañante, esos hermosos ojos rojos de demonio que tanto amaba y que nuevamente se dejaban ver.

Grell: ¡Sebas-chan! ¡AAAHHH! ¡Más… por favor!

Sebastian: -lo embiste más fuerte- ¿Te gusta esto verdad?

Grell: ¡AAHH! ¡Sí, sí! ¡AAHH… mucho! ¡Sebas-…!

Cortándolo antes de que pudiera seguir gritando, Sebastian cubrió su boca con la suya, dándole un profundo beso con lengua, el cual ayudó a ahogar un poco sus gemidos. Grell se levantó y sujetó al demonio por los hombros, mientras que éste ahora soportaba su peso con un solo brazo, pues con el otro acariciaba su cabello de un modo increíblemente tierno, en contraste con las potentes embestidas que le daba al shinigami.

Saliendo rápidamente de él, Sebastian colocó a Grell bocabajo, quien, anticipando lo que iba a pasar, levantó su trasero ligeramente en el aire, para que el demonio sujetara su cintura y levantara su vestido, dejando ver sus redondas nalgas justo antes de embestirlo de nuevo en esa posición, lo que lo hizo gritar todavía más.

Grell: -aprieta las sábanas- ¡Aaaahh! ¡Sebas-chan… Sebas-chan… más… por favor!

Sebastian: -se acerca a su oído- Grell…

Grell: ¡Kyaaa! Me encanta cómo suena mi nombre en tus labios, Sebas-chan…

Sebastian: -se ríe un poco- ¿Incluso mientras hacemos algo como esto te emocionas por algo tan pequeño? –lo embiste de nuevo-

Grell: ¡Aah! Claro que si… ngh… Te extrañé, Sebas-chan

Haciéndolo de forma un poco más gentil ahora, Sebastian rodeó el pecho del shinigami con un brazo, mientras escuchaba los gemidos que éste aún dejaba salir.

Sebastian: De algún modo yo también lo hice… cuando te fuiste justo antes de que a Bocchan y a mí nos arrestaran… una parte de mí temía no volver a verte, aunque en ese momento no supe porqué

Grell: ¿De… aahh… de verdad?

Sebastian: Si… -lo embiste más rápido-

Grell: ¡AAHHH! Sebas-chan… te amo… te amo…

Sebastian: -pone una mano en su frente- Ya no digas nada, déjame escuchar esos dulces sonidos

Ahora los dos no hacían más que dejarse llevar por el placer que el otro les daba. La habitación se llenó de gritos, jadeos y gemidos durante el tiempo que aún les quedaba, hasta que finalmente…

Sebastian (sudando): Creo que ya no puedo más… voy a terminar dentro de ti

Grell: ¡Sí! ¡Por favor Sebas-chan!

Con dos embestidas más, las cuales fueron lentas pero profundas, Sebastian finalmente se vació por completo dentro del shinigami, quien ya parecía haberse quedado sin voz, por lo que soltó un solo grito ahogado antes de colapsar sobre las sábanas, presa de su propio orgasmo al momento en que sintió aquella cálida sustancia dentro de su vientre.

Sebastian trató de recuperar un poco el aliento antes de salir del interior de Grell, cosa que lo hizo soltar un gemido algo ronco, al sentirse otra vez vacío. El shinigami por su parte no dudó en abrazar al demonio, para poder volver a sentirse unido a él. No esperaba que Sebastian devolviera el gesto, pero de pronto sintió cómo este suspiraba, para sentir sus brazos rodeándolo con delicadeza solo un momento después.

Se quedaron así en silencio por no supieron cuánto, casi como asimilando lo que acababa de pasar. El único ruido era el canto de los pájaros que venía del patio, pero pronto ya no lo fue, pues el sonido de un puño golpeando la puerta desde afuera los sacó de su sopor, regresándolos de nuevo al presente.

Guardia (del otro lado): Señor Michaelis, señora Michaelis… perdonen la intromisión, pero ya terminó su tiempo, tendré que pedirles que salgan por favor

Sebastian: Ya vamos

Y con eso, pudo escuchar los pasos del hombre alejándose, para darles tiempo de arreglarse antes de volver a salir. Sebastian pensaba levantarse para hacer eso precisamente, cuando sintió que el abrazo de Grell lo regresaba a donde estaba antes. El shinigami ocultó su cara en su pecho, como rogándole porque no se separaran, ya que quería atesorar hasta lo último que tuvieran de su tiempo juntos.

A decir verdad, el demonio tampoco quería separarse del shinigami, pero debían hacerlo, de lo contrario el guardia entraría y quizá los haría salir a la fuerza. Grell finalmente lo entendió y dejó que Sebastian se pusiera de pie. Con esfuerzo él hizo lo mismo, pues su adolorida cadera no tardó en recordarle el vigoroso ejercicio que acababan de tener, cosa que lo hizo sonreír mientras colocaba su vestido en su lugar otra vez.

Sebastian (en la puerta): ¿Listo?

Grell asintió con la cabeza mientras se le acercaba, y antes que Sebastian abriera la puerta, lo sujetó de un brazo, como forma de darle las gracias por esa maravillosa hora juntos. El demonio lo entendió sin necesidad de palabras, y acariciando su cabello lo sujetó suavemente de la cintura, mientras acercaba sus labios a su oído, como queriendo estar seguro de que nadie lo escucharía salvo él.

Sebastian: Hay horas de visita todos los días, ven a verme mañana de nuevo

Grell (sorprendido): ¿Eh? ¿Sebas-chan…?

Sebastian: -sonríe un poco- Necesitaré de alguien que me ayude a soportar el encierro, y además que me haga descansar de Bocchan de vez en cuando, ¿qué dices?

Grell (muy sonriente): -lo abraza- ¡Kyaaa! ¡Claro que acepto, Sebas-chan!

Y una vez fuera, ambos se despidieron. Grell hizo lo posible por disimular un poco la cojera, para evitar atraer miradas indeseadas, en lo que el guardia llevó a Sebastian de regreso a su celda. Allí, Ciel se había quedado dormido con el libro sobre su cara, y no despertó hasta que escuchó la reja volverse a cerrar. Quitándose la pereza de los ojos luego de su corta siesta, miró a su mayordomo, y entonces recordó que éste había salido a ver a una misteriosa visita, pero al ver su rostro tan sonriente y relajado, no pudo evitar sentir curiosidad.

Ciel: Sebastian…

Sebastian: -se le acerca- Espero que haya descansado bien Bocchan, allá en casa no suele tener tiempo para una siesta

Ciel: -frunce el ceño- No te hagas el tonto y ya dime quién era esa visita, dijiste que me lo contarías todo cuando volvieras, ahora habla

Sebastian: -hace una pausa- ¿Seguro que quiere saberlo?

Ciel: Sí, dímelo ya

El mayordomo no pudo evitar sonreír, ¿qué pensaría su joven amo de él si supiera lo que estuvo haciendo con aquel shinigami?

Pero una orden era una orden.

Sebastian: Yes, my lord