Golpeo la puerta varias veces cuando noto que hay un timbre y lo presiono de todas formas. Unos segundos más tarde, la puerta se abrió y Emma aparece. Le muestro la botella en mis manos y disparo una sonrisa que espero sea encantadora.

«Hey» dice frunciendo el ceño.

«Hey. Snow me dijo que estás sola. Otra vez» explico con una mirada acentuada. «Pensé que te serviría tener una amiga contigo».

Emma me mira, a punto de negarse, pero termina por encogerse de hombros.

«Está bien... Al menos trajiste vino».

Toma la botella y se da la vuelta para entrar a la casa, conmigo detrás.

«Oh, ok, ya veo como funciona esto. Eres mi amiga porque te traigo vino».

Ella me da una sonrisa descarada. «Exacto».

Pongo los ojos en blanco y me acomodo en el sofá mientras Emma sirve dos copas.

«¿Hope está durmiendo?» digo cuando noto el silencio.

«Afortunadamente. Será mejor que no hagamos mucho ruido».

«¿Y dónde está él?».

«En el Jolly Roger, en el bar, no sé» enumera Emma y termina por encogerse de hombros como si no fuera de importancia.

«Lo siento» murmuro.

Ella luce completamente extrañada.

«¿Por qué? No eres tú la que se casó con él» bromea entonces.

Por fortura. Tomó de mi copa y observo su comportamiento con atención.

«Regina...» dice nerviosamente un tiempo después. «Tú has dicho que- que eres bisexual, ¿no?».

«Sí...» entrecierro mis ojos en sospecha. «¿Por qué?».

«¿Cómo lo supiste?».

Yo levanto las cejas. «¿Qué me atraen tanto mujeres como hombres?» digo y Emma asiente. «Solo...lo sé».

Emma se desinfla en decepción. De verdad me encantaría tener la respuesta que quiere.

«¿Y cómo sabes cuando te gusta alguien?».

No apruebo el uso del término "gustar" pero no lo menciono, prefiriendo responder la pregunta en su lugar y saber de dónde vienen todas estas dudas. No es normal en nosotras este tipo de preguntas, esta charla de chicas, y me pregunto si está en nosotras ser esta clase de amigas.

«Bueno, normalmente, cuando "me gusta" alguien me siento feliz. Quiero estar con la persona, hablar con la persona. Me hace sentir segura y está esta...calidez cuando estoy cerca de ella».

Ella asiente pensativa y yo tomo un respiro antes de continuar.

«Ahora, si no sé si sienten lo mismo que yo o no estoy con ellos, tengo una sensación de anhelo. Pero si es alguien en quién confío y me importa, también me hace sentir calmada y segura, porque sé que es persona está aquí para mí. Podré estar nerviosa porque no sé si siente lo mismo, pero igual me siento segura, ¿tiene sentido? Me hace sentir que pertenezco».

Despierto de mi explicación y levanto la vista hacia la rubia. Emma me está mirando con esos ojos brillante y llenos de admiración que tiene cada vez que hago algo que prueba que cambié para bien. Entonces muerde su labio inferior y baja la vista, sé que está nerviosa por lo que quiere decir.

«¿No te pasa que a veces te sientes... estresada?».

Frunzo el ceño y ladeo la cabeza. «¿Porque no sé lo que la otra persona siente?».

«No, no... Digamos que estás con un tipo, y él es lindo y todo lo que te debería gustar...» se pierde en sus palabras y se lleva las manos a los ojos, frustrada. «¿No te sucede que a veces piensas que quieres algo pero cuando lo intentas resulta que no?».

«Es fácil dejarse guiar por lo que es esperado de nosotros».

La veo pensativa un momento y luego asiente con miles de dudas dibujadas en sus facciones.

«Oh, ok, gracias».

«Cuando quieras» le digo frunciendo el ceño y tomo un poco de vino.

Al día siguiente, yo estoy en mi oficina, trabajando hasta tarde, pero incapaz de en realidad terminar porque todo lo que hay en mi cabeza es Emma cuidando de Hope sola mientras el pirata se va al bar. Intento no pensar mucho en ello, porque sino no sé lo que sería capaz de hacerle a ese idiota que lo tiene todo.

Suspirando, recojo mis cosas y me dirijo a casa, vacía y solitaria como lo solía ser hace dieciocho años.

Mientras ceno en el comedor, me llega un mensaje de Snow. Está en Granny's con David y Neal cuando entró un hombre "perfecto para mí". La mujer me envió una foto. Río para mí ante la misión de Snow y su insistencia en conseguirme una pareja, y le replico mi rechazo. Al menos ya no cree que tengo un enamorado secreto.

Pero es cuando termino de lavar los platos y estoy a punto de ir a la cama que me llega una serie de mensajes de Emma, seguidos y sin pausa entre uno y otro. Estoy intrigada a la vez de confundida hasta que veo lo que dicen.

Emma: Regina.

Santo Dios

CREO QUE SOY GAY.

Como, MUY GAY.

Dios.

Regina.

Abro y cierro la boca ante los mensajes y contesto inmediatamente a la probablemente en pánico rubia.

Regina: Emma, cálmate. Respira. Estás bien.

¿Quieres que vaya a tu casa?

Emma: No.

Yo iré a la tuya luego.

Minutos más tarde, Emma llega a mi casa con un cochecito para bebés, lágrimas secas en sus mejillas, y cae en mis brazos.