Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 10 "Reencuentro"

Con un rápido movimiento, Ren se desprendió de a peluca dejando ante el espejo al verdadero Kuon, o como era conocido por la que era, aunque ella no lo sabía, el amor de vida… Corn. Sin vacilar salió del cuarto en silencio y se acercó a la cama donde Kyoko esperaba con los ojos cerrados.

—¿Te has dormido? — Susurró al sentarse de nuevo junto a ella.

—No, es que quiero verte de golpe, así podré decirte a quien veo, y sabré como llamarte— Aclaró mientras apretaba más los párpados.

—Pues hazlo—Pidió sin poder ocultar el nerviosismo de su voz.

Kyoko obedeció a la petición pero lo hizo muy lentamente, hasta que al fin le miró fijamente mientras una muda exclamación se formó en sus labios. —¿Puedo?—

—…— Ren solo pudo asentir y cerrar los ojos ante la caricia que recibió.

—Ah…— Suspiró Kyoko con satisfacción al sentir esos rubios y sedosos mechones de su pelo, era algo que nunca se atrevió a hacer de niña y que se moría por experimentar. Tras permitirse unos segundos disfrutando de la suavidad y sin soltarlo, puso toda su atención en aquellos hermosos ojos que la miraban, a falta de una definición mejor, suplicante. "¿Suplicando qué? No lo sé". —Son preciosos, ¿lo sabías?—

—Eh…, gracias— susurró Ren demostrando que también él sabía ruborizarse tímidamente. —¿Y bien?— No pudo evitar preguntar.

—¿Qué?— Preguntó Kyoko todavía distraída con aquellas gemas verdes.

—¿A quién ves?— Varías emociones pasaron por dichos ojos, primero esperanza, luego miedo, y finalmente resignación.

—A ti—.

Ren dio un pequeño respingo pues ni se esperaba esa respuesta, ni la comprendía. —¿A mí?— La incredulidad en su voz era notoria.

—Sí a ti, te veo completo, tal como eres, una perfecta combinación del niño que conocí, el hombre que me lo ha enseñado todo y también al joven que me perdí. Les veo porque todos son parte de ti, porque tú eres todos ellos—

El corazón de Ren se saltó varios latidos para luego comenzar un vertiginoso martilleo, sonrió como no lo había hecho en mucho tiempo, de corazón. Agradeció al cielo, una vez más, por la suerte de tener a Kyoko en su vida, ¿qué mayor regalo que el que acababa de hacerle con sus palabras? ¿Qué mayor prueba de aceptación que esa podría obtener de nadie más? Ella le aceptaba de verdad, tal como en realidad era, con lo bueno y con lo malo. —Gracias— Se inclinó con autentica adoración todo lo que su postura le permitió. Ante la tierna sonrisa que recibió en respuesta, supo que si antes ya la amaba, ahora no existía termino lo suficientemente amplio para describir lo que sentía por ella. Y aunque era consciente de que en estos momentos tendría que conformarse con haber recuperado a su mejor amiga, también sabía que tarde o temprano tendría que confesarla sus sentimientos o explotaría. —Siento haber roto tu mundo de hadas—

—¿Por qué dices eso?— Preguntó Kyoko seriamente. —Ahora creo todavía más en ello—

—Pero…— Los ojos incrédulos de Ren la miraban anonadados. —Después de saber la verdad…—

—Uy, ahora no me cabe ninguna duda de que mis amigas existen, puede que no sea como yo pensaba, pero no me cabe la menor duda de que ellas te guiaron hacia mí para que me cuidaras y protegieras como siempre lo has hecho—

"Eso no lo he hecho por las hadas Kyoko, eso es porque te amo". Aun con ese pensamiento, Ren no pudo evitar sonreír con ternura.

—Además, solo hay que verte…— Un halo luminoso rodeó a Kyoko, estaba formado de miles de estrellitas que sus ojos desprendía. —No conozco la señora Hizuri, pero estoy segura que es tan bella como otôsan— De pronto empalideció. —Perdón, quería decir Hizuri-san, viéndolos a los dos no me queda duda de que son sin duda descendientes de mis hadas— De nuevo recuperó su estado chibi total.

—¿Sí, tú crees? — Ren negaba con la cabeza mientras sonreía, no sería él quien la llevara la contraria, hacía tiempo que había asumido que sólo ella tenía acceso a esa forma de ver el mundo y el resto de los mortales solo podían envidiarla por ello. —Pero tengo que pedirte un pequeño favor, bueno no tan pequeño si tenemos en cuenta que de ello depende mi vida—

—¿¡Tu vida!? — Se alarmó Kyoko.

—Oh ya lo creo…— Ren fingió estremecerse, pero al ver que ella estaba poniéndose muy nerviosa se apiadó, la pellizco la nariz con ternura y la sonrió— Sin duda mi padre se enfadará si su hijita deja de llamarle padre por mi culpa, probablemente me matará—

Kyoko abrió la boca asombrada y después le dio un leve puñetazo en el hombro. —Corn! Me habías asustado, no bromees con esas cosas, pensé que te pasaba algo malo— Se quejó.

Ren se carcajeó con verdadera alegría al ver la reacción de la chica, y al oír cómo le llamaba con naturalidad Corn, sin dudas ni esfuerzo. —Uy y lo es, es algo malísimo…, sin duda alguna tendría que huir a algún planta lejano, y aun así me perseguiría diciendo: Tú mal hijo! Has hecho que mi pequeña no quiera más a su otôsan…— Imitó a la perfección a su padre en modo berrinche.

—Jajajajajajajajajaja— Kyoko tuvo que agarrarse la barriga de la risa que la entró al ver lo bien que había imitando a Kuu, incluso lloraba por culpa de las carcajadas.

Con una sonrisa tímida, Ren limpió rápidamente dichas gotas de sus ojos, luego retiró la mano para no incomodarla. —Como he echado de menos ese sonido, deberías reír siempre así…— Pero la sonrisa de sus labios se esfumó al pensar en todas las cosas que había vivido Kyoko, responsables de que ella hubiera cambiado tanto, algunas provocadas por él.

—Así qué…— Kyoko llamó la atención de Ren al ver que se había quedado muy pensativo y que su ceño se fruncía cada vez más.

—¿Sí? — Como siempre, ella era una artista en el arte de distraerle de pensamientos o recuerdos lúgubres.

—Que si no te importa…, te llamaré con el nombre que me salga en el momento— Se ruborizó un poco.

—Me parece prefecto— Ren sonrió, estaba claro que la iba a costar acostumbrarse a tratarle de forma tan cercana como cuando eran pequeños, cosa que en el fondo tenía su encanto porque adoraba ver como se ruborizaba. —Siempre y cuando no utilices añadidos, no me llames Tsuruga y por Dios…, no vuelvas a llamarme sempai—.

—De acuerdo…—Se obligó a si misma a soltar el pelo que con tanto deleite estaba acariciando. "Venga Kyoko…, un poquito de autocontrol por lo que más quieras". —Pero en el trabajo…—Añadió arrugando graciosamente la nariz.

—Uff… sigues siendo tan terca como de pequeña…—Bromeó Ren, después sonrió al ver como fruncía el ceño también —De acuerdo…, en ese caso puedes utilizar el dichoso –san.

Kyoko sonrió agradecida a la vez que suspiró con cierto alivio, tenía demasiado arraigados sus buenos modales nipones para no ser respetuosa con su superior en el trabajo.

—Aunque…— Añadió él con picardía. —Solo detrás de Ren—

—No, pero…—

—Nada de pero…, es eso o no hay trato, y tendrás que llamarme solo Ren —Se levantó de la cama y se encaminó hacia la puerta del cuarto porque sonaba el teléfono de casa. —Piénsatelo en lo que contesto la llamada—

Con la sensación de haber perdido una batalla importante sin haber llegado a lucharla, Kyoko se dejó caer sobre las mullidas almohadas, aunque lo hizo sonriendo. Mientras esperaba la vuelta de su ahora amigo, bueno de su recuperado mejor amigo, rememoró los recuerdos que tenía de su príncipe hada, se detuvo en uno muy concreto, el más cercano, vivido en una playa de Guam. Sus ojos de abrieron de par en par y su mandíbula inferior se quedó floja, levantó la vista al sentir que Ren se acercaba. —Oye…, necesito preguntarte…— Pero se calló al ver la seriedad con la que él había entrado. —¿Qué ocurre?—Preguntó alarmada.

Ren se acercó hasta la cama y recuperó la posición que tenía unos minutos antes. —Era el presidente, para avisarnos que viene de camino—

—¿Viene para aquí?—

—Sí, dice que hay algo muy importante que debe decirnos—

—¿Qué crees que será? ¿Será que pasó algo?— Ella no comprendía porque él se veía tan preocupado.

—No lo sé, pero dice que el doctor Nabuki viene con él—

—Acaso… ¿pasará algo malo con la herida?— El pánico se apoderó ahora de Kyoko.

—Eh…— Ren reaccionó por fin, al ver lo mal que se estaba poniendo ella ahora, agarró su mano y la apretó con ternura. —No te preocupes, seguro que solo viene con él para asegurarse de que está todo bien, ya sabes lo sobreprotector que es. Vamos te llevaré al salón y así podrás recibirles, pero prométeme que no te moverás del sofá, ¿de acuerdo?—

—De acuerdo— Kyoko se agarró a Ren, al sentir que este la levantaba de la cama cual princesa. —¿Kuon?— Susurró contra su cuello, que era donde descansaba su cabeza al tener los brazos rodeándolo.

—Dime—

—¿Te crees lo que acabas de decir?—

—No…—Como había prometido…, sin mentiras. —Pero no nos alarmemos antes de tiempo, ¿vale?— La apretó un poco más y comenzó a andar.

—Vale…— En respuesta ella se agarró más fuerte también.

Apenas tuvieron tiempo para acomodar bien a Kyoko en el gran sofá frente a la televisión cuando la voz del portero les informó de las visitas que subían ya en el ascensor. Ren cubrió a Kyoko con una mantita que tenía normalmente sobre el respaldo ya que él nunca la utilizaba, corrió al baño para colocarse las lentillas y la peluca aceleradamente y abrió para recibir a los dos hombres.

—Buenos días presidente, doctor…— Saludo con seriedad, no por antipatía sino porque estaba algo nervioso, y les dejó pasar.

Lory, que cedió el puesto al médico dejándole entrar primero dio un respingo al ver asomar un poco de pelo rubio por la peluca levemente torcida de Ren. Disimulando, como si le quitara una pelusa, la recolocó rápidamente, después frunció el ceño al ver que el chico no se sorprendía ni se alarmaba por su descuido. —Querrás decir buenas tardes, ¿sabes qué hora es?—

Ren dirigió la mirada al reloj de la cocina. "Mierda…, nos hemos saltado la comida. ¿A qué hora debía tomar la otra pastilla?". Echó la cuenta mentalmente y se alivió al comprobar que por lo menos eso no se lo habían saltado. Siguió a los dos hombres hasta donde se encontraba Kyoko. —¿Les apetece tomar algo? Estaba a punto de prepararle algo a Kyoko ya que…—

—¿Ya que qué? — Preguntó Lory con censura, pues se imaginaba que si pensaba que era por la mañana no habían comido, mientras se acomodaba en los sillones que estaban a los lados del sofá invitando al médico a imitarle.

—Ya que me encontraba un poco mal antes y no tuve apetito para comer— Explicó Kyoko rápidamente, había encendido la tv con ayuda del mando a distancia y al ver la programación se percató de la hora que era.

—Ya veo…— A Lory no le convenció nada su explicación y menos la conversación silenciosa que estaban manteniendo con los ojos sus dos estrellas, a ver… le encantaba ver esa compenetración y esa intimidad entre ellos, pero no le gustaba no saber qué estaba pasando. "Aquí ha pasado algo grande!" — En ese caso…, permitirme un segundo— Cogió su teléfono y habló con Sebastian, que en apenas cinco minutos se encontraba en la cocina de Ren preparando una suculenta merienda llena de cosas deliciosas, propias de la más refinada tetería inglesa.