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Inspeccionó su imagen en el espejo con cuidado y con disgusto.

- Una pequeña sonrisa haría milagros por ti, querida- dijo el espejo.

Hermione arrugó su nariz y deliberadamente se dio la vuelta para no tener que aguantar al espejo, caminó hacia su cama y tomó su capa, se cercioró de que tuviera su varita en la bolsa, tomó su sombrero y finalmente salió de la habitación.

- Una pregunta, Perséfone, ¿me haces esperar deliberadamente?- preguntó Tom Ryddle desde las sombras de la sala común.

- Esto va a ser una desagradable sorpresa Ryddle, pero por difícil que te sea creerlo, no reparto mi tiempo pensando en ti, estaba en la biblioteca y me olvidé de este absurdo evento- dijo Hermione acordándose su sombrero.

- ¿Cómo? ¿No te apetece ir a homenajear a Oscar Rosier?- preguntó Tom con sarcasmo.

- Me emociona tanto como a ti Ryddle- respondió Hermione con aburrimiento, ambos chicos habían comenzado a caminar rumbo a la salida.

Tom sonrió con ferocidad al escucharla.

- Excelente, entonces te van a gustar los planes alternativos que tengo para esta noche- susurró Tom con arrogancia.

- Ryddle, suenas a vampiro de novela gótica barata- acusó Hermione con un gesto de disgusto.

- Perséfone, eso de ser la Reina del Inframundo ya se te subió a la cabeza, ¿me estás diciendo que tienes deseos de necrofilia?- preguntó Tom sarcástico.

Hermione emitió un sonido agudo de asco, - sólo tú, sacarías esa conclusión- acusó.

- Ya nada me sorprende de ti Granger- explicó el Slytherin.

- ¿Qué "planes alternativos" tienes para esta noche, Ryddle?-. Su tono estaba cargado de sospecha y cautela.

Tom ignoró la pregunta y Hermione no pudo insistir porque llegaron al corredor principal en donde Horace Slughorn ya los esperaba con una sonrisa de emoción.

- ¿Listos?- preguntó el hombre inspeccionando las túnicas de los chicos, eran verdes y llevaban la insignia de Walpurgis, hoy había evento. – Excelente, excelente; señorita Granger que bien le queda el verde.

Hermione quería vomitar, estaba segura de que no soportaría tres días de festividades en torno a la figura de Oscar Rosier y la Sociedad Walpurgis, el Mundo Mágico debía vestirse de gala para celebrar el fin de un ciclo natural, que básicamente era la versión mágica de Año Nuevo, los asistentes debían uniformase para la ceremonia y el discurso de Rosier.

- Más que listos, ansiosos- dijo Tom igualando el tono entusiasta de Slughorn

Al escucharlo, Hermione volteó hacía Tom con disgusto pero en realidad ya no la sorprendían las dotes dramáticas del chico.

- Les va a encantar, cada año, la Sociedad organiza algo más espectacular que la última vez- comentó Horace juntando sus manos como si quisiera aplaudir.

El hombre comenzó a caminar rumbo a la salida con ambos chicos detrás de él, justo enfrente de la puerta esperaba un carruaje con la puertezuela abierta y un paje esperando, Hermione seguía con náuseas.

Tom aguantó la platica de Slughorn con una sonrisa en la boca durante todo el camino, Hermione se distrajo observando por la ventana y escuchando en silencio la conversación de los otros dos, cualquiera que no conociera a Tom diría que es un Hufflepuff bien portado, incapaz de tener un pensamiento oscuro en su vida, el chico no dejaba de alabar el nuevo régimen ni de halagar a Slughorn, y el tarado del director le estaba comprando el acto sin dudar. Idiota.

- ¡Llegamos!- exclamó Slughorn bajando del carruaje.

Tom bajó tras Slughorn y por un momento Hermione pensó en quedarse dentro del carruaje, tal vez nadie se daría cuenta de que no estaba.

- ¿Lista, Perséfone?- preguntó Tom asomándose en el carruaje.

Hermione bajó con una expresión de molestia, no quería estar ahí.

- Me temo que debo ir al estrado de los invitados de honor, ustedes deben colocarse junto a los demás chicos de la Juventud Walpurgis, al terminar la ceremonia los busco para que vayamos a la cena privada- anunció Slughorn dándose importancia.

- No es necesario, Lucius Malfoy nos invitó a la reunión de la juventud, y después de eso vamos a la cena- dijo Tom

- ¡Que bien, que bien!- exclamó Slughorn caminando rumbo al estrado de honor.

Tom y Hermione asintieron, ambos querían estar lejos del hombre, lo vieron alejarse unos segundos y después voltearon a buscar la formación de la famosa juventud, la escena que encontraron sorprendió a ambos.

- Me recuerda a las primeras fotos que aparecieron en el Times de las aglomeraciones del nacionalsocialismo, excepto que a menor escala- comentó Tom observando con ambición a los cientos de magos y brujas uniformados y formados en perfecto orden.

Hermione tragó saliva, no quería estar ahí.

- ¿Sabías que Rosier no es de sangre pura?- dijo Tom con una media sonrisa irónica.

Hermione volteó estupefacta hacía el chico, -estás mintiendo- declaró con su tono mandón.

- ¿Por qué haría algo así?- preguntó Tom serio.

- Ryddle, los Rosier son de sangre pura, Evan era de sangre pura, su padre tiene que serlo, Evan me habría dicho si no lo fuera- argumentó la castaña.

- Dudo mucho que el animago lo haya sabido, no es información que Oscar quisiera ofrecer voluntariamente, ni siquiera su hijo- respondió Tom sonriente.

- ¿Y entonces tú cómo lo sabes?- preguntó Hermione con su tono exasperado.

- Tengo mis métodos- respondió Tom. – Su madre era una francesa sangre sucia adoptada por una familia de sangre pura, su padre no lo sabía, cuando el querido Oscar se enteró no le gustó, supongo que la hizo desaparecer- relató Tom divertido, como si estuviera relatando un buen libro.

Hermione volteó hacía él y lo tomó del brazo para forzarlo a dejar de caminar y voltear hacia ella.

- No puedes decirme algo cómo eso sin decirme cómo lo supiste- declaró la castaña sabelotodo.

- Sabía lo de su sangre desde Hogwarts, mi primer año en Slytherin no fue exactamente el mejor, Oscar Rosier y otros cuantos imbéciles intentaron molestarme, en un ocasión le gané a Oscar en un duelo, lo desarmé y el muy neandertal se rebajó a los puños, tuve que entrar a su mente para ordenarle a su cuerpo que dejara de golpearme- relató Tom con desapegó.

Hermione comprendió que Tom había entrado a la mente Oscar y le había arrebatado sus secretos, lo mismo que había intentado hacer con ella.

- ¿Él sabe que tú sabes?- preguntó la castaña.

Tom asintió, -por eso dejó de molestarme.

- Si te reconoce Ryddle...

- Lo sé- interrumpió Tom, sabía que no podían arriesgarse a ser reconocidos por los padres de sus nuevos compañeros, -por eso es hora de irnos.

- En qué crees que he estado trabajando todos estos días, Ryddle, pero no creas que es tan fácil, de todas formas, tenemos que esperar hasta el solsticio…

- No eso, me refiero a que no vamos a quedarnos a esta absurda ceremonia y definitivamente no vamos a ir a la cena- declaró Tom con molestia.

- ¿Y qué sugieres? Dijiste que tenías otros planes- comentó Hermione exasperada con el chico.

- Vamos- ordenó Tom cambiando de dirección.

- Ryddle, esto es obligatorio, si un guardia ve que nos salimos…

Tom la ignoró y continuó caminando, Hermione volteó por última vez hacía el lugar en donde los chicos de la juventud estaban formados como soldados, no logró reconocer a nadie y Tom se seguía alejando, suspiró y apresuró sus pasos para alcanzarlo, alguien tenía que vigilar a Ryddle y ella era la única que podía hacerlo, era su responsabilidad no dejar suelto a un futuro Lord Voldemort en el futuro, por redundante que eso fuera.

- ¿A dónde vamos? – preguntó la castaña.

- Siempre me ha molestado tu tono de interrogación ¿sabes? Suena muy nasal y exigente, no deberías usarlo- comentó Tom.

- Ryddle, yo no me quejo de tu voz molesta y arrogante- argumentó Hermione, los dos tenían voces insoportables, cuál era el problema.

- Pero yo tengo una personalidad avasalladora para respaldar mi arrogancia, tú eres simplemente molesta- se defendió Tom guiando a la castaña por calles aledañas.

Una fuerte ovación se escuchó, Hermione volteó pero ya no pudo ver nada, habían dado la vuelta en una calle paralela, un aplauso resonó y la castaña supuso que el ruido se debía a que Oscar Rosier había subido al estrado.

- Camina- ordenó Tom sin pausar sus pasos.

- Ryddle, ¿por qué crees que hacen eso?- preguntó Hermione sin poder contener su curiosidad, era jugar con fuego, lo sabía, pero recordaba haber leído en algún libro que no se queman los que juegan con fuego sino sólo los que no saben jugar con fuego, y Hermione esperaba tener el conocimiento suficiente sobre Ryddle como para saber jugar con él.

- ¿Quién hace qué?- preguntó Tom distraído.

- Hitler, Stalin, Rosier, ¿por qué sin ser lo que defienden, pelean y matan por eso?- preguntó Hermione, claro que intuía, como todos, la explicación, pero quería escucharla de voz de Ryddle, de alguien que era exactamente igual, quería escuchar la explicación del culpable.

Tom sonrió de lado y volteó hacía la castaña con ojos igual de sonrientes. - ¿Por qué Hitler peleó por Alemania sin ser él alemán? ¿Por qué Stalin, nacido en un territorio que siempre había querido separarse de la "Madre Rusa", dedicó su vida a matar por una URSS unida y a someter pueblos étnicos, entre ellos el suyo? ¿Por qué Rosier, siendo un sangre sucia, aboga por los sangre pura? ¿Es eso lo que me estás preguntando Granger?- dijo Tom con buen humor.

- Aún más, ¿por qué Hitler, teniendo "sangre" judía si es que los rumores fueron ciertos, por qué si era parte judío se le ocurrió el Holocausto? ¿Por qué Rosier cuya madre era de sangre muggle, los somete?- preguntó Hermione, contaba con que Ryddle no se diera cuenta de que estaba en realidad hablando de él.

Tom sonrió y tomó a la castaña del brazo, la jaló hasta un callejón angosto y la empujó contra la pared.

Hermione decidió que no estaba lista para jugar con fuego pero no se dejó dominar por el pánico, "no le tengo miedo a Tom Ryddle", se repitió mentalmente.

Tom simplemente observó a la castaña con una leve sonrisa, -no sé lo suficiente sobre Hitler, leí los dos tomos de Mein Kampf antes de que estallara la guerra y me aburrió tanto como Marx, no son nada más que panfletos políticos muggles, en especial la segunda parte, no seguí sus pasos bélicos como niño embobado con su ídolo, lo último que supe fue que Alemania estaba ganando la guerra hasta que Hitler, en una muestra fenomenal de estupidez, le declaró la guerra a Estados Unidos y así le dio una buena excusa para atacar no sólo a Japón sino para enviar sus tropas al continente y salvar a los idiotas franceses. Si de muggles políticos se trata, prefiero a Churchill antes que a Hitler, se parece a Dumbledore excepto que Churchill no es hipócrita consigo mismo, la democracia le estorbaba y supo hacerla a un lado, sacrificó a su nación para ganar una guerra, dejó que sus civiles distrajeran al enemigo mientras sus soldados se preparaban, y no pretendió excusarse por eso, no se engañó con la farsa del bien final…- comentó Tom sonriendo divertido, ahora que ya no estaba atrapado entre bombarderos alemanes le parecía gracioso. – Y Hitler… bueno es imposible tener por él una onza de otra emoción que no sea risa después de ver The great dictator, no me gusta el cine y no me gusta la comedia, pero en esa ocasión entré a un cine de Dundee porque no quería ir al comedor público con los otros huérfanos- explicó Tom.

Hermione permaneció en silencio, escuchando y sorprendiéndose por las palabras del Slytherin, detestaba los momentos en que Tom Ryddle parecía casi humano.

-Y no sé de qué holocausto hablas Granger, toda esa guerra fue un enorme holocausto, por cierto que ni siquiera sé cómo terminó pero déjame adivinar, perdió Alemania-. La sonrisa de Tom no había desaparecido.

- Sí, se rindió en 1945, pero ¿no sabes del genocidio, de los campos de concentración?- preguntó Hermione.

- Maldita sea, Granger, a diferencia de ti, para mi la guerra no es historia, no es algo que pueda leer en un libro cuyo autor ya tuvo tiempo de investigar todas las fuentes disponibles- se defendió Tom ante le tono incrédulo de la castaña.

- El holocausto fue la exterminación sistemática de los judíos, los nazis formaron campos de concentración en donde prácticamente todos los no-alemanes nacistas y los judíos eran detenidos en masa y forzados trabajar y vivir en condiciones deplorables, también hubo campos de exterminación, más de seis millones de judíos fueron asesinados en estos campos…

- ¿Seis millones? No exageres, dudo que haya habido tanta disponibilidad- interrumpió Tom rodando los ojos con aburrimiento.

- ¡Ryddle! ¿No estás poniendo atención? ¿Realmente importa que hayan sido cinco y seis millones cuando…

- Sí, sí importa porque no es lo mismo organizar matanzas de 10 que de 1000, tuvieron que estar enormemente organizados, en serio, 6 millones en… supongamos cinco años de guerra intensa, eso quiere decir que lograron aniquilar a 1.2 millones al año, esos son 100 000 en un mes, 25 000 por semana, si no descansaban ningún día de la semana entonces aproximadamente tuvieron que matar unos 3500 al día, para lo que tuvieron que matar a 149 judíos por hora sin descansar en las noches, pero eso es poco probable, supongamos que mataban por jornadas de dieciséis horas, para lo que tendrían que haber matado a 223 cada hora, o sea 3.7 judíos por minuto- calculó Tom con frialdad y rapidez, - ¿sabes cuántos campos de exterminio había? ¿Y cómo los mataban? Dudo que haya sido fusilamiento, el costo en balas habría sido demasiado alto y un desperdicio, tuvieron que encontrar un método más eficaz, ¿veneno tal vez? ¿O alguna forma de asesinato en masa? Sí, claro, muertes en masa, eso les debió haber ahorrado tiempo y dinero…

Pálida y temblorosa de ira y decepción, Hermione se dio la vuelta y comenzó a alejarse del chico.

Tom la tomó del brazo - ¿a dónde vas?- le preguntó confundido.

- Déjame, Ryddle, no quiero estar cerca de alguien tan insensible como tú- dijo Hermione enojada.

- ¡Ay, por favor! Los judíos han sufrido más a manos de su Dios, dudo que se hayan quejado, se ve que les gusta el sufrimiento, eso de vagar cuarenta años en el desierto no cualquiera lo tolera… eso, eso es suplicio, el Yahvé del Éxodo y Números siempre me ha parecido que es un niño sicótico homicida, me agrada, está tan demente que si Abraham y Moisés no lo hubieran aplacado cada que enloquecía de ira, el dichoso Yahvé habría hecho limpieza étnica al menos una vez en cada uno de los primeros cinco libros, él sí que es genocida, al leer el los libros Yahveístas me quedé con la impresión de que estaba leyendo la parodia de un megálomano obsesivo-compulsivo dictador, uno de los personajes mejor logrados en la historia de la literatura- comentó Tom sonriente y divertido.

Hermione lo empujó enojada. – ¡Ryddle, no te burles!- le ordenó a gritos.

Tom no pudo evitar su risa, Hermione intentó irse nuevamente.

- Perséfone, no te enojes, ya no hablemos de esos muggles si tanto te molesta- dijo Tom deteniendo a la chica por los hombros.

- ¡Ya no me toques!- exclamó Hermione tratando de liberarse del brazo de Tom que aprisionaba sus hombros.

- Cálmate Granger, sé un poco racional ¿quieres? Si lo prefieres, puedo fingir que me importa, puedo ser igual de hipócrita que tú y pretender que la muerte de personas que nunca conocí me afecta- dijo Tom ya sin su sonrisa burlona.

- Prefiero que me quites las manos de encima y me dejes ir- declaró la castaña son seriedad.

- Granger, creí que se te estaba quitando esa fea costumbre Gryffindor de juzgar sólo por un lado, ¿por qué no piensas un poco y volteas la mirada? El villano de unos es el héroe de otros. Hitler adoptó una causa y esa causa era Alemania, hizo lo que tenía que hacer por su pueblo, así debe actuar un líder, ve la historia de Alemania, en cuestión de años tomó un pueblo hambriento y castrado, devastado por el fracaso de la Primera Guerra, y lo convirtió en una potencia; alimentó, vistió y protegió a su gente, les dio trabajo, avance, los motivó, ya quisiera un país tercermundista tener un Hitler.

- No hables de "Alemania", Hitler no quería una Alemania unida y poderosa, Hitler quería una raza unida y poderosa; no es lo mismo, "Alemania" incluye judíos, homosexuales, negros, católicos, todo el nacido en territorio alemán; "Raza" los excluye- argumentó la castaña.

- Pero Hitler les quitó la ciudadanía a todos los que no cumplían con sus requisitos de "raza", o sea que su causa sí era Alemania, nada más que una Alemania "aria", sigue teniendo validez mi punto.

Hermione continuó su caminó, ya no quería escuchar al chico, al rato iba a decir que Jack el Destripador era un iluminado revolucionario.

- ¿Ya no quieres venir conmigo?- preguntó Tom sorprendido por el inminente abandono de la castaña.

- ¿A dónde?- preguntó Hermione todavía enojada.

- A reunirnos con la rebelión, esa es tu avenida ¿no? ¿No quieres ir a ver quién dirige el movimiento clandestino contra Rosier y Walpurgis?

- ¿De qué hablas Ryddle?- preguntó Hermione olvidando su previo enfado.

Tom sonrió, sabía que eso la detendría. – Ven y averígualo- le susurró antes de continuar su camino por el callejón en el que estaban.

Maldito Ryddle, Hermione lo siguió con pasos cansados y curiosidad al límite.

Al escuchar los pasos de la chica a sus espaldas, Tom se detuvo y esperó hasta que la castaña hubo llegado a su lado.

- Rosier, Perséfone, hace lo que hace precisamente por ser lo que es, en parte su esfuerzo contra los sangre sucia es una lucha por la conquista de lo que él nunca ha sido, pero lo que realmente busca con su política Walpurgis es vengarse de su madre, al hablar de la superioridad de la sangre pura está negando su propia sangre maternal, está renunciando a su madre pero no por su sangre sino por otra cosa que la mujer le hizo, el odiarla por sangre simplemente es más fácil. Cuando "somete" a los sangre sucia a la que está sometiendo y castigando es, nuevamente, a su madre; el igualar el odio materno con el odio por los sangre sucia, le da la oportunidad de rascar su llaga, puede descargar su ira acumulada cuantas veces sea necesario, vive repitiendo- explicó Tom la primera pregunta de Hermione.

- ¿Y tú?- se atrevió a preguntar Hermione sabiendo que se arriesgaba a que Tom perdiera el control.

- ¿Yo qué?- preguntó Tom confundido.

Hermione volteó a observar a Tom al escuchar su tono confuso y comprendió que el Slytherin no veía el paralelismo entre él y Rosier.

- ¿No odias a los sangre sucia?- preguntó Hermione.

Tom sonrió. – ¿Odiar? Tal vez cuando era más joven, detesté a los muggles de mi época… odio a los sangre sucia tanto como odio al resto de los hombres.

Hemrione arrugó el entrecejo, ¿qué quería decir eso? ¿Acaso Tom Ryddle ya había superado el odio por su padre? ¿El viaje en el tiempo lo había cambiado? ¿Es que ahora Tom Ryddle era una persona más decente? O tal vez, simplemente estaba tratando de distraerla, de engañarla… Sí, seguramente el Slytherin la estaba atrayendo con falsedad para después atacar, no podía confiarse de Ryddle.

-Simplemente no me importan… Yo soy inmortal- declaró arrogante.

Hermione volteó sorprendida a estudiar su perfil, claro, era eso, Tom ya se había convencido de su estatus deífico, había aceptado su naturaleza inmortal sin preguntarse por qué había ocurrido, se creía tan por encima de todos los demás que no podía ni siquiera rebajarse a odiarlos, seguro ya ni siquiera pensaba en sus padres, Tom Ryddle debía pensar que lo había parido la Madre Tierra después haber sido fertilizada por las fuerzas mágicas del mundo.

- ¿Estás seguro de que sabes a dónde vamos?- preguntó Hermione al notar que se habían alejado demasiado de las calles principales y los edificios se volvían cada vez más deteriorados y austeros, estaban en los barrios bajos de Hogsmeade.

- ¿Desconfías de mi, Perséfone? Estoy insultado- dijo Tom.

Continuaron en silencio y Hermione se sentía cada vez más inquieta, sentía que estaban entrando en territorio prohibido y peligroso, no había encontrado todavía a nadie porque incluso los sangre sucia debían estar en la ceremonia de Rosier, en el último estrato, sobajados y silenciosos pero donde Rosier pudiera verlos.

Al dar la vuelta en una calle angosta Tom sacó su varita y la apuntó al pecho de Hermione, esperó a que la castaña reaccionara.

- ¿Se supone que debo tirarme a tus pies y pedirte que no me hagas daño?- preguntó aburrida.

- No me subestimes, Perséfone- advirtió Tom con un ensayo de mirada tenebrosa.

Hermione no dijo nada y tuvo que morderse la lengua para aguantar la mirada del chico, la varita se movió y Tom susurró un encantamiento, Hermione tragó saliva y abrió sus ojos con exageración al sentir el poder de la magia de Tom recorrer su cuerpo.

- ¿Qué me hiciste?- preguntó enojada y ansiosa.

Tom sonrió y usó el mismo encantamiento sobre sí mismo, al verlo Hermione respiro aliviada, Ryddle sólo había el cambiado el color de sus túnicas,

- No seamos suicidas, Perséfone, sólo los Gryffindor entrarían a territorio enemigo blandiendo sus insignias y colores, suerte que nosotros somos Slytherins- comentó Tom sonriendo como si acabara de contar un chiste, Hermione no veía lo divertido de la situación.

- ¿Ahora a dónde Ryddle?- preguntó impaciente la castaña.

- Por aquí- señaló con su varita un viejo pedazo de papel periódico, con una mano tomó la mano de la castaña y con la otro tomó el periódico, en cuanto lo hizo ambos chicos sintieron el remolino estomacal que provocaban los trasladores.

Aterrizaron en un cuarto pequeño, sucio, frío y oscuro, la única salida estaba custodiada por una cabeza de muñeco que los miraba con ojos deseantes de muerte.

- Esto es lo que te toca, Perséfone, si contestas mal vamos quedar atrapados aquí hasta que alguien venga a interrogarnos, lo cual tengo entendido que podría tomar días- explicó Tom viendo alrededor con un gesto de curiosidad.

- ¿En qué fecha el primer hombre muggle piso la luna?- preguntó la cabeza.

- El 21 de julio de 1969- respondió Hermione automáticamente.

La cabeza los vio sospechosamente pero finalmente asintió y la puerta que custodiaba se abrió, Hermione y Tom continuaron.

- Me rehúso a creer que los muggles han ido a la luna- declaró Tom en voz baja.

- Ryddle, ¿cómo supiste de este lugar?- preguntó Hermione ignorando el comentario del slytherin.

- Tengo mis métodos, Perséfone- respondió el chico.

- Esto podría ser peligroso, Ryddle- susurró Hemione, estaban caminando por un oscuro y angosto pasillo.

- Estás conmigo- aseguró Tom como si eso fuera suficiente para eliminar los temores de la castaña.

No habían caminado mucho cuando empezaron a escuchar sonidos acústicos que ninguno de los dos chicos pudo reconocer.

- ¿Qué es eso?- preguntó Tom enojado.

- Música- adivinó Hermione tratando de reconocer los sonidos.

La canción terminó justo en el momento en que los dos chicos llegaron a la habitación de donde provenía el ruido, era un bar parecido al Caldero Chorreante, excepto que peor.

Estaba lleno de magos sucios, ebrios y drogados, y brujas sucias, demacradas y por su aspecto, seguramente prostitutas. Hermione volteó a regañar a Tom por llevarla a un antro de mala muerte pero justo en ese momento comenzó otra canción.

Jimmy Page inundó el lugar con su inconfundible guitarra, Hermione volteó ansiosa hacia todos lados para verificar que no estuvieran los Merodeadores en su cercanía.

Oh let the sun beat down upon my face, stars to fill my dream
I am a traveler of both time and space, to be where I have been
To sit with elders of the gentle race, this world has seldom seen
They talk of days for which they sit and wait and all will be revealed

Tom tomó la mano de Hermione y la guió hasta una pequeña mesa desocupada y tal vez infectada, orinada y/o vomitada. La castaña se sentó con obvio disgusto y evitó en lo posible tocar la mesa, en el cenicero había una aguja usada.

- Ryddle, estoy esperando una explicación ¿qué hacemos aquí?- preguntó Hermione por encima del ruido mientras trataba de ignorar todas los ojos que los observaban.

- Espera aquí, Granger- ordenó Tom dándose la vuelta.

- ¡No!- exclamó la castaña poniéndose de pie, -no me vas a dejar aquí sola, Ryddle.

Tom fingió no escucharla y caminó rápidamente rumbo a la barra en donde un mago alto y grueso parecía estarlo retando con la mirada a que se acercara. Tom no estaba ni siquiera un poco nervioso, ignoró a las mujeres que le ofrecían sus servicio y llegó hasta el hombre, con una seña le indicó que se acercara y esperó paciente a que el tipo lo obedeciera.

- Busco a Dung Fletcher- dijo Tom alargándole al hombre una tarjeta y una pequeña bolsa de galeones y sickles.

El hombre se guardó el saquito de dinero e inspeccionó la tarjeta, miró a Tom a los ojos y sonrió con dientes amarillos y disparejos, Tom permaneció impávido.

- ¿Para?- preguntó el hombre, Tom permaneció en silencio y los dos vieron a los ojos varios segundos, Tom resistió la tentación de entrar a la mente del desconocido.

El hombre volvió a sonreír y asintió. -Tú ganas chico, al final de ese pasillo- señalando un angosto pasaje, estaba siendo bloqueado por una mujer que parecía estar recargada y a punto de caerse pero en realidad estaba protegiendo el paso. – La contraseña es lo que estás escuchando ahora- informó el hombre sin perder su sonrisa.

Tom supuso que se refería a los infernales sonidos que salían del tocadiscos que estaba en una esquina del lugar, esperaba que Granger supiera de qué música se trataba porque él no pensaba preguntar al asqueroso sangre sucia.

- Deberías tener más cuidado con tu muñeca- dijo el hombre señalando hacía atrás de Tom, - si lo que buscas es librarla de un problema de vientre, yo sé de alguien que te puede dar la poción…

Tom ya no terminó de escuchar el ofrecimiento del hombre porque al voltear a buscar lo que señalaba el hombre se encontró con Hermione embrujando a uno de los clientes más sobrios del lugar, llegó hasta la chica en segundos y la jaló del brazo, maldita Granger ¿no podía permanecer quieta un segundo?

- Ryddle, te dije que no me dejaras sola, ese idiota quería "comprar mis servicios"- acusó Hermione sintiéndose sucia y ofendida.

- No sabía que los tenías en venta, Perséfone- se burló Tom, Hermione le gruñó indignada.

- ¿Cómo se llama la canción que acaba de terminar?- preguntó Tom con seriedad.

- ¿Ahora te interesa la música muggle?- preguntó la castaña con sarcasmo.

- Estaba en el coro del orfanato y toco el violín como un virtuoso- informó Tom sin arrogancia y sin presunción, lo dijo como si estuviera hablando de un dato aburrido y consumado.

Hermione ya estaba harta de sorprenderse con Tom Ryddle.

- No te creo- declaró la rebelde castaña.

- No me importa, sólo dime qué canción era- ordenó el Slytherin, ya habían llegado al lugar donde la mujer semi-inconsciente bloqueaba el pasillo.

- Kashmir de Led Zeppelin- respondió Hermione.

La mujer escuchó a la castaña y se hizo a un lado pretendiendo que se iba tambaleando rumbo a la barra, o tal vez en realidad se iba tambaleando rumbo a la barra.

-Vamos- ordenó Tom.

- No, Ryddle, primero quiero saber cómo supiste de este lugar y a dónde vamos- exigió la castaña negándose a seguir avanzando.

- Me enteré gracias a Lucius Malfoy, embarazó a una sangre sucia que trabaja para su prometida y la trajo aquí para que le dieran la poción de aborto- explicó Tom dejando fuera de su informe la forma en que se topó con la historia.

Hermione se indignó al escucharlo pero en realidad no estaba tan sorprendida como lo estaría en otras circunstancias, en el Mundo Mágico el aborto estaba prohibido para las mujeres de sangre pura así como también estaba prohibido el matrimonio entre desiguales a menos que la pareja consiguiera un permiso especial, por el contrario, el embarazo estaba prohibido para las mujeres de sangre sucia a menos que consiguieran permiso del ministerio para reproducirse y ellas no podían aspirar a casarse con un sangre pura.

- ¿Y qué hacemos aquí? Porque dudo mucho que tú necesites una poción abortiva- terció la mordaz castaña.

- Pero si es tuyo, Granger, ¿te atreves a negarlo?- preguntó Tom con su tono de burla.

- ¡Ryddle!- exclamó Hermione exasperada.

- Sucede que el hombre que maneja el mercado negro también es el jefe de los sangre sucia descontentos, ahora vamos a hablar con uno de sus hombres para que nos consiga un pasaporte al Mundo Muggle- explicó Tom.

- ¿Y para qué quieres ir al Mundo Muggle?

- Por muchas razones pero conténtate con pensar que es por nostalgia, además, lo que importa es hacer contacto con estos hombres porque si, como sospecho, nos vamos a quedar aquí un par de años, no pienso vivir en un mundo dominado por Oscar Rosier- declaró el Slytherin con uno de sus tonos más autoritarios.

- ¿Por qué dices que nos vamos a quedar años?- preguntó Hermione tragando saliva con dificultad.

- Porque tú sabes tan bien como yo, que no podemos irnos hasta no encontrar al animago.

Hermione se prometió localizar a Evan antes del siguiente solsticio sólo para contradecir a Tom.

- ¿Quiénes son ustedes?- preguntó un hombre de voz grave a sus espaldas.

Los dos chicos voltearon al mismo tiempo con espaldas rígidas y sus manos a un centímetro de sus varitas.

- Busco a Dung Fletcher, me dijeron que él puede conseguirnos pasaportes al Mundo Muggle- informó Tom descaradamente.

- ¿Y para que querrían dos niños como ustedes romper la ley Rosier?- preguntó el hombre con sospecha, no debía tener más de veinticinco años, vestía pantalones vaqueros, una artística playera de Pink Floyd, sandalias y unas gafas negras de aviador, llevaba el pelo un poco largo y una sombra de barba en el mentón y las mejillas.

- Eso es asunto nuestro- declaró Tom con convicción y tomando la mano de Hermione en la suya, si lo que quería era hacerle pensar al hombre que eran una pareja fugitiva… lo había logrado.

- Ya veo- murmuró el mago. – Por aquí- ordenó caminando entre ellos para mostrarles el lugar, los llevó a una puerta cerrada y la abrió con su varita, se hizo a un lado para dejarles el paso libre, Tom entró sin soltar la mano de Hermione quien realmente estaba haciendo un esfuerzo supremo para no soltarse.

- No es barato lo que piden- les advirtió el sujeto caminando hacía un escritorio que había en la oficina.

- Eso espero, no me gusta lo barato- dijo Tom con arrogancia.

El hombre se burló. - Ustedes niños ricos necesitan aprender el valor de las cosas- murmuró.

- No pueden quedarse mucho tiempo, tienen que regresar ¿lo saben?- preguntó el mago.

- Sí- respondieron ambos chicos.

- ¿Hay gente que los vaya a intentar buscar? ¿Padres, tutores, abuelos?

- Nadie importante, nadie que pueda llegar muy lejos- contestó Tom.

- ¿Traes el dinero?- cuestionó el mago viendo a Tom expectativo.

Por única respuesta Tom sacó un saco de dinero y la arrojó sobre el escritorio del hombre quien a su vez tomó dos sobres de su escritorio y los arrojó hacia la esquina del escritorio en donde estaba Tom.

- Tienen tres días máximo, no pueden usar sus varitas y no pueden salir con túnicas, tienen que usar ropa muggle, ¿tienen?

Ambos negaron.

- Por una módica cantidad puedo convertirme en su asesor de moda- ofreció sarcástico el sujeto.

Tom le envió una mirada calculadora pero sacó otro sacó de dinero más pequeño y lo aventó a las manos del mago.

- Me encanta negociar con los jóvenes Slytherins, ustedes si que conocen el valor del dinero- comentó amargamente. – Por aquí- indicó dirigiéndose a otra puerta, pasaron a una habitación que estaba llena de ropa muggle nueva, evidentemente era mercancía negra en el Mundo Mágico.

- Escojan algo no muy llamativo, ¿quieren?- pidió el hombre. – O saben qué, combínense como deseen, los muggles estamos cada vez más locos.

Casi emocionada, Hermione se dirigió hacía la pila de pantalones vaqueros, hacía años que no veía unos, Tom vio alrededor con disgusto, confiando en que la castaña escogería algo para él volteó a hablar con el mago.

- ¿Y qué tendría que hacer para no tener que regresar al Mundo Mágico?- le preguntó.

El mago se bajó un poco sus gafas para ver a Tom a los ojos sin barreras. - ¿Por qué preguntas? No me digas que quieres dejar este bonito mundo de magia- infirió sarcástico.

- Tanto como agradezco todas las restricciones de Walpurgis, creo que simplemente no van conmigo- respondió Tom.

El mago se quitó completamente sus gafas y las colgó en el cuello de su playera.

- Eres sangre pura ¿cierto?- preguntó dubitativo, sólo en sangre pura sería tan arrogante y ningún sangre pura querría abandonar el Mundo Mágico.

Tom asintió sin titubeos, se acercó al hombre y miró de reojo Hermione que pretendía escoger ropa mientras intentaba escucharlos.

- Ella no- susurró Tom viendo al hombre a los ojos, amenazándolo silenciosamente para que supiera que debía guardarse el secreto, pero de todas formas, el extraño mago no sería un problema si decidía hablar, Tom lo tenía todo bajo control.

- Bueno, si quieres desaparecer del Mundo Mágico permanentemente, si estás dispuesto a eso, sólo hay una persona que podría ayudarte- informó el hombre con seriedad.

Tom asintió, sí, obvio ya sabía eso, ahora quería saber quién era ese hombre. - ¿Podrías contactarme con él?

El mago sonrió – sí, sí podría, estás hablando con él- dijo extendiendo su mano, -Ted Tonks.

Tom sonrió de lado y estrechó la mano del hombre.

- Sorvolo Gaunt.