Disclaimer: Inuyasha le pertenece a Rumiko Takahashi, el sexy Sessho, en esta historia es creación mía ;)

Capítulo 11: Despedida

Habían pasado casi dos meses en llegar a la montaña en tierras neutrales, era la frontera entre el Oeste y el norte, y no podían esperar a encontrarse con los kitsune del templo.

El viaje había sido lago, casi dos meses caminando hasta llegar a su destino. Se habían detenido en las villas vecinas recolectando dinero por sus servicios. No estaban orgullosos pero recibir dinero por derrotar algún youkai menor pero al menos podían ahorrar, la villa les proporcionaba comida, provisiones y alojamiento por un par de días.

Shippo debía que transformarse en algún humano para poder pasar desapercibido, la gente aún encontraba amenazante la presencia de cualquier youkai, pequeño o no, eran clasificados como un peligro, afortunadamente su hijo ya era capaz de esconder esa esponjada cola con cada truco.

Con el pasar de aldeas Kagome entendió que era mejor usar el atuendo de miko, muy a su pesar, ya que sus ropas eran demasiado llamativas y la gente no dejaba de asociarla con la poderosa miko Kikyo, protectora de la perla… ¿acaso no sabían que la nueva protectora era ella? Ka-go-me, una mujer completamente diferente a su predecesora?.

Aghhh, no, nadie entiende lo que se siente ser siempre comparada con la gran Kikyo.. siempre a la sombra, siembre opacada y siempre rechazada por el hombre/youkai al que siempre has amado…

Definitivamente era un caso raro, en este tiempo y en el siguiente.

Después comenzaron a atacarlos, algunos youkai menores que pensaban que aún mantenía la joya consigo… los rumores se expandían al ver a la miko guardiana de la joya o viajera de ropas extrañas que protegía a los indefensos.

Así que tomó la decisión, jamás volvería a ser confundida con su predecesora.

Cambió sus ropas por algo discreto, un simple kimono azul, por ahora sería suficiente, gracias a un aldeano que le regaló una daga, que siempre era necesaria para la caza o la recolección, partió su cabello en dos y lo cortó lo mejor que pudo en forma de V, dejando su copete algo más largo de lo normal. Después ató su largo y negro cabello en un moño alto y cubrió su mochila con un pedazo de tela, después pensó en cambiar su nombre, Kagome, era demasiado inusual, así que lo cambió a Hinode, aportación de su adorable Shippo quien siempre le decía que su sonrisa era como el amanecer, cálido y reconfortante, tal como una madre debía ser.

Después de días de haber llegado a las entrañas de la montaña estaban desesperados, no podían encontrar la guarida de los kitsune plateados y no sabían que más hacer, habían tratado de rastrearlos de todas las formas posibles pero nada parecía dar frutos.

Finalmente, una tarde de la recién llegada primavera, en la que habían pasado todo el día buscando sin éxito, vieron a un pequeño zorro gris con un balde de agua en el hocico que desaparecía entre una ligera niebla, algo extraño sin duda, así que ambos lo siguieron para estrellarse contra una barrera, intentaron varias veces cruzarla pero mientras más insistían más se lastimaban, especialmente Kagome que sentía electrocutarse cada vez que se acercaba debido a sus poderes de purificación, después de todo se trataba de kitsune, pero no podía evitarlo, a veces sus poderes surgían por instinto y se interponían entre el youki y ella.

Después de una hora finalmente salió un anciano kitsune de larga barba, bigotes y cabello largos, ataviado con un kimono y hakamas sueltos de color celeste ayudándose con un bastón.

"¿Qué desean un kitsune rojo y una humana miko en un lugar como este?" preguntó con voz rasposa y profunda.

Ambos hicieron reverencias profundas mostrando respeto al seguramente milenario youkai "Mi nombre es Shippo y ella es mi madre Kagome" habló el pequeño sin levantarse, claro, sin notar la sorpresa en los ojos de su interrogador "venimos de muy lejos para pedirle honorable señor que me tome como estudiante en su templo"

"No aceptamos estudiantes ni acogemos humanos, ¡váyanse!" dijo mirándolos duramente.

"Por favor" intervino Kagome, "no tiene que acogerme, yo puedo sobrevivir por mi cuenta pero él" mirando a su hijo con ojos llenos de amor "él es un buen kitsune y quiere convertirse en un gran youkai que proteja a los que necesiten ayuda, onegai, acepte a Shippo bajo su tutela"

"No deberías pedir algo que no entiendes humana, los youkai tenemos bestias internas que emergen cuando son amenazados, ¿quieres que este kitsune aprenda sobre su herencia youkai?, ¿por qué?"

Se levantó hasta quedar sentada sobre sus piernas en seiza "bueno, él es un youkai, es su naturaleza, yo no puedo enseñarle eso y estoy segura de que su padre y su madre kitsune estarán muy orgullosos de que él crezca fuerte y valiente" dijo con el dedo en la barbilla y una sonrisa amable. "Además si Shippo tiene una bestia como Sesshomaru entonces creo que es mejor que aprenda sobre ella y emerja cuando sea necesario"

"¿Has visto la bestia de Sesshomaru, el Lord del Oeste?" preguntó intrigado.

"Aja, él nos ayudó muchas veces"

Ante esto el kitsuno la examinó más detenidamente, el Lord era conocido por ser un youkai despiadado que odia a los humanos.

"Tu eres una miko, deberías estar cazándonos no criando a un cachorro youkai" si la mujer mentía él se aseguraría de descubrirlo.

"Conozco muchos youkai buenos y muchos malos, pero también hay humanos buenos y malos, no importa la raza, pero si Shippo aprende a ser un kitsune honorable entonces sabrá la diferencia y no tendrá prejuicios contra ninguna raza"

El viejo se acercó y los examinó por unos momentos más, la mujer no mentía "no puedo dejarte entrar miko Kagome, pero el cachorro puede entrar, está prohibido hablar sobre este lugar o ambos serán castigados severamente"

Ambos asintieron con una enorme sonrisa, lo habían logrado.

"La vida aquí no será fácil, tú cachorro, deberás trabajar duro y demostrar que eres digno si quieres aprender algo y tú, deberás arreglártelas sola y vivir en tierras peligrosas"

"No les daré ningún problema, se lo aseguro" dijo Kagome feliz.

"Entonces comencemos, Shippo, vendrás conmigo ahora, miko, hay una cabaña abandonada a unas horas hacia el este, ahí podrás resguardarte" giró y dio la media vuelta pero se detuve unos pasos más adelante dándoles tiempo para despedirse, no se verían en un tiempo.

"Se bueno Shippo, aprende mucho y ven a visitarme cuando puedas, te estaré esperando" lo abrazó Kagome con fuerza mientras sostenía las lágrimas en sus ojos.

"Okaa-san, ten cuidado, siempre pensaré en ti y te iré a visitar, lo prometo" dijo su hijo regresando el abrazo con lágrimas en las mejillas.

"Te quiero mucho" ambos se dijeron una y otra vez hasta que fue el momento de irse. Kagome no supo cuánto tiempo estuvo ahí parada viendo a la nada con lágrimas corriendo por sus mejillas, estaba sola, completamente sola, pero esperaría el regreso de su pequeño, finalmente limpió su rostro, dio la vuelta y se encaminó a la cabaña.

Seré valiente se decía así misma mientras se adentraba en lo desconocido.

Pasó un mes y la primavera asomaba, no había tenido ningún problema con youkai salvajes y por ello estaba agradecida con todos los kamis, aunque siempre cargaba con ella el arco y flechas, se había asegurado de colocar la mejor barrera que sus poderes y experiencia le permitieron y dentro de la barrera practicaba lo que leía en los libros de su tiempo y lo que había aprendido de su instructura, la miko anciana, los movimientos que le había enseñado su hijo y leía los pergaminos sobre técnicas de curación y hierbas que Kaede había dejado en su choza.

Jamás salía sin antes ocultar su presencia y se mantenía en absoluto silencio cuando sentía algún aura extraña en los alrededores, no preocuparía a Shippo si por descuidada llegaba a lastimarse aunque a veces no podía evitar resbalarse o tropezar, después de tanto tiempo seguía siendo algo torpe.

Poco a poco el tiempo pasó y pronto el segundo mes llegó, se dirigía a recolectar agua cuando escuchó un quejido proveniente de entre los arbustos, se acercó poco a poco y los quejidos se escuchaban más fuertes conforme se aproximaba, hizo los arbustos a un lado y asomó sólo lo suficiente para poder ver, ahí en la tierra se encontraba una neko youkai mayor con grandes heridas en la espalda, cubierta de lodo y hojas.

Tocó su hombro con gentileza pero la mujer sólo se quejó en su inconciencia.

Kagome rápidamente improvisó una camilla con su ropa y algunas ramas, la tomó en sus brazos para poder depositarla sobre la tela y la arrastró lo más delicadamente que pudo hacia su cabaña.

El calor dentro de su choza era reconfortante, aún cuando ya era primera el clima en la montaña siempre era húmedo y a veces un poco frío, colocó a la herida sobre un futón, y la desvistió de sus desgarradas ropas, que parecían extranjeras, casi occidentales para el conocimiento de la miko pero era mejor inspeccionar sus heridas y no su vestimenta.

Acercó un balde con agua tibia y un pedazo de tela limpio para lavar y examinar. Cuando terminó pudo notar heridas como quemaduras en varias partes de su cuerpo, además de cortes y rasgaduras de algo parecido a garras que marcaban la impecable piel de la mujer. El rostro de la neko youkai se contraía por el dolor y aparentemente fiebre comenzaba a surgir así que comenzó a mezclar y moler los ingredientes que bajarían su fiebre, además de una pasta que serviría como antibiótico y ayudaría a sanar más rápidamente sus heridas, con suerte servirían, no estaba segura ya que jamás había probado esto con youkais ya que ellos no suelen enfermar y sus heridas sanan rápido.

Desvió su mirada del trabajo con las hierbas para ver esas extrañas quemaduras, algo no estaba bien, podía sentir el residuo de un aura anormal en la mujer, había algo familiar y a la vez desconocido.

Agitó la cabeza, debía estar volviéndose loca después de no ver a Shippo por tanto tiempo y estar completamente sola.

Volvió con las medicinas listas, primero hizo a la mujer beber el líquido para bajar la fiebre y colocó un paño húmedo en su frente para después trabajar en curar y vendar las demás heridas, mientras hacía eso la observó detenidamente.

Su rostro se mantenía en una expresión seria y rasgado hacia atrás, parecía un gato egipcio, con pelaje cortó alrededor del rostro, cabello suave e increíblemente negro atado en una coleta alta, estaba segura de que tenía ya varios siglos de vida por el rastro de pelaje blancuzco en algunas zonas, había algo exótico y diferente en ella, sin duda era hermosa, decir que un youkai es hermoso era prácticamente redundante, por supuesto que había sus excepciones pero en general todos parecían caídos del cielo, la imagen de un inu de cabello plateado y ojos dorados saltó en su mente.

Decidió hacer a un lado su observación para atender sus heridas, era extraño que una youkia no fuera capaz de curar quemaduras y cortes pero ¿quién era ella para evaluar el proceso de curación de cada raza youkai?, simplemente curaría, vendaría y alimentaría a la mujer, esperando no recibir la ira de alguien que odiara a los humanos una vez que despertara.

Dos días pasaron y la neko seguía inconsciente, podía sentir las fluctuaciones en su youki, probablemente usaba demasiada energía tratando de sanar y por ello aún no despertaba, se aseguraba de darle de beber caldos y agua para ayudarla, no había mucho que pudiera hacer más que eso, además de limpiar su cuerpo y atender sus heridas, desafortunadamente aún no era capaz de dominar sus poderes para sanar, podría terminar purificando a su paciente por error así que se apegó a lo que sabía.

"¡Okaa-san!" Un Shippo un poco más alto entró bruscamente dentro de la cabaña y saltó a los brazos de su figura materna, no era extraño que él pudiera pasar la barrera, ya era costumbre que Kagome la diseñara de tal forma que él pudiera pasar sin problemas, estaba tan contento que ni siquiera notó a la youkai acostada.

"¡Shipp!" respondió ella regresando el abrazo "no sabía cuándo te dejarían salir, estoy tan feliz de verte, mírate como has crecido" habló casi sin respirar y luchando un poco por sostener su peso, en verdad había crecido.

"Pero ¿qué te dan de comer?, pesas una tonelada" dijo juguetonamente Kagome haciendo bufidos y sacando la lengua como si cargara una roca.

"Mamá" reprochó su hijo para luego reir a carcajadas por las ridículas caras que hacía.

"Cuéntame cómo te ha ido en tu entrenamiento" ambos se sentaron en cojines para tomar el té en la mesa baja.

"Bueno, primero, ahí hay muchos kitsune, todos plateados pero la mayoría son viejos y algunos algo amargados, al principio no querían ni hablar conmigo" dijo con el labio inferior salido como un niño pequeño.

"Todos son muy fuertes y hábiles, me pidieron enseñarles lo que podía hacer y me interrogaron sobre quien me había entrenado, cuando les dije que fue Koetetsunme-sama estuvieron más dispuestos a entrenarme, sólo he mejorado un poco, primero debo dominar lo que ya había comenzado en la villa y después me enseñarán más cosas" dijo con una enorme sonrisa y ojos brillantes.

"Espero que me puedas mostrar cómo has mejorado" después un pensamiento amargo pasó por su mente, bajó la vista no muy segura de querer saber qué respondería su pequeño "¿cuánto tiempo te quedarás?"

Él por supuesto que entendió lo que realmente quería saber su madre y estaba triste de no poder pasar más tiempo con ella "Una semana, después me iré por dos meses más" tomó sus manos dulcemente "pero regresaré cada dos meses, lo prometo" apretó cariñosamente.

Kagome levantó la mirada y sonrió, al menos ahora sabía cuando esperarlo.

Shippo notó algo moviéndose por detrás del hombre de la mujer frente a él "Okaa, ¿qué es eso?" apuntó con el dedo.

Kagome volteó y sonrió, "Oh, eso, es una neko youkai que encontré en el bosque, estaba herida y la traje aquí pero no ha despertado aún"

"¿Pero por qué acoges lo que sea que cruce tu camino, podría ser peligrosa" regañó a su madre, en verdad a veces esa mujer era demasiado compasiva.

Kagome se sonrojó "no lo pensé, jeje" se rascó la nuca.

"Si despierta en los próximos días al menos yo estaré aquí para defenderte" dijo confiado el kitsune, la miko sonrió orgullosa del joven youkai en el que se estaba convirtiendo el pelirrojo.

El primer día sólo conversaron y se acurrucaron juntos, se habían extrañado demasiado, después de todo Shippo seguía siendo un niño en términos youkai, el segundo día juntos recolectaron lo necesario para varios días y prepararon los alimentos. Después el joven sacó sus preciados crayones y libreta para dibujar, hacía tanto que no los usaba que se sentía inquieto, en el templo no le era posible hacer eso, a veces estaba demasiado cansado o muy ocupado para seguir con el hobby que llenaba sus esperanzas, dibujaba lo que su madre le contaba del futuro, a veces trataba de hacer retratos pero aún no era lo suficientemente bueno, aun así lo disfrutaba inmensamente.

El tercer día Kagome le comenzó a enseñar un juego particularmente difícil, ajedrez, un juego de estrategia entretenido y bastante largo, tardaron casi cuatro horas en poder terminar cuando Kagome al fin hizo jake mate.

Así pasaron sus días, demasiado pronto para el gusto de ambos, el día siguiente sería el último y sólo querían estar pegados, acurrucados y calientitos mientras Kagome acariciaba su cabeza recorriendo sus cabellos ya más largos, era lo más reconfortante para los dos.

Estaban por tomar una siesta cuando la mujer supuestamente inconsciente se levantó de un golpe quedando sentada, madre e hijo saltaron y por poco se les sale el corazón del susto.

"E.. E.. ¿Estás bien?" preguntó la miko" pálida por la acción inesperada.

La neko youkai volteó a verlos con aquellos ojos amarillos y enormes, daba miedo.

"¿Qué fue lo que sucedió?" preguntó secamente la recién resucitada.

"No lo sé, te encontré inconsciente y te traje a mi casa, ¿estás bien?" volvió a preguntar la miko, ahora Shippo se había movido frente a su madre, cuadrando la espalda y sacando el pecho protectoramente. Kagome tuvo asomar su cabeza debajo de los brazos extendidos de Shippo, él se había parado frente a ella y esta seguía hincada en el futón.

"Estoy… creo que sí, no estoy segura" se inspeccionó pasando sus manos por las heridas que podía recordar le habían sido infligidas para después voltear a ver a la miko "¿Tú me ayudaste?" su tono era casi acusatorio.

"Así es, llevabas mucho tiempo dormida, las heridas que tenías eran demasiado raras para mis conocimientos, pero hice lo que pude" dijo Kagome con aquella sonrisa cálida y sincera.

Aquella sonrisa lograba transmitir alguna especia de tranquilidad, no era sólo la acción, el aura de la miko parecía invadir la suya equilibrándola y relajarla, era atrayente y esto mismo la hizo subir su guardia, podría tratarse de algún hechizo diseñado para confiar y engañar… pero la pureza de la misma casi la hacía sonreir… confundida agitó su cabeza y la miró, esa sonrisa era tan invitante que sólo pudo sonreír de vuelta y contar lo sucedido.

"Estuve mucho tiempo viajando, conociendo el mundo, sabes, Japón no es el único lugar en la tierra" dijo sonriendo del lado y guiñando, Kagome y Shippo sólo giraron los ojos, ellos ya sabían eso pero la dejaron ser, "me despedí de mis nakama en esta montaña, prometiendo volver en un siglo, una vez que viéramos el mundo por nosotros mismo" ahora era melancolía lo que delataban sus palabras.

"cuando llegué fui atacada por los salvajes, tenían objetos que jamás he vito en ningún lugar que he visitado, parecían simples adornos, algunos vestían brazaletes, alguna clase de obi o báculos y otras cosas que no supe reconocer" los miró con ojos dilatados por las lágrimas que se negaba a derramar, tenía miedo, ella podía ser dura pero el hecho de saber que estaba a punto de morir era aterrador. "pensé que moriría quemada, no había flamas pero sentía como si me quemara, era alguna especia de youki que purificaba" negó con la cabeza "no tiene sentido, eso no es posible, pero eso sentí, eso es todo lo que recuerdo" terminó con un suspiro.

"Bueno, no sabemos qué tipo de poder podría ser pero aquí estás segura, mi hijo y yo hemos pasado dos meses sin problemas y estoy segura de que tu y yo podremos arreglarnolas solas"

La neko frunció las cejas "¿el kitsune se irá?" para luego agitar furiosamente la cabeza y preguntó algo completamente diferente "¿Tu hijo?" eso era demasiado extraño, una humana, una miko humana con un hijo youkai… este era un año lleno de nuevas sorpresas y misterios.

La humana rio sonoramente "Lo siento, soy Kagome y este es mi hijo adoptivo, Shippo, mucho gusto" bajaron la cabeza levemente en reconocimiento a su mayor.

"Soy Kuronee, es el nombre que me dieron cuando dejé el clan neko, mi nombre anterior no importa, fue hace siglos, pero jamás lastimaría a quien me ha salvado, arigato Kagome, Shippo" bajó la cabeza en agradecimiento por haber salvado su vida.

"Supongo que no odias a los humanos" dijo una incómoda Kagome.

Kuronee negó "Iie, entiendo que todos los seres tenemos cierta naturaleza, pero eso no nos hace buenos o malos, como sea, mi clan trató de asesinarme y decidí que era mejor conocer antes de juzgar, he conocido muchos humanos encantadores, tú pareces encantadora" dirigió una mirada juguetona, demasiado juguetona para el gusto de la miko.

"Será mejor que te levantes y comas algo, después báñate" intervino Shippo arrugando la nariz no gustándole el hilo de la conversación.

"Tienes razón pequeño kitsune, dime ¿entrenas con los viejos plateados?"

"He.. yo. No.. mmm. No sé de qué hablas" tartamudeó el joven

"No te preocupes, conozco a esos viejos arrogantes y pretenciosos, no diré nada a nadie, pero debes prepararte, lo que te espera te dejará casi muerto" Ahora era una sonrisa casi maligna, Kagome ahora entendía la relación egipcia de la muerte con los gatos, era demasiado siniestra para su gusto.

La miko preparaba los alimentos mientras Shippo y Kuronee hablaban, sólo kami podía adivinar de qué podían estar platicando.

Los tres se sentaron a la mesa, era refrescante tener a alguien más después de tanto tiempo de tratar con sensei estrictos o de soledad absoluta.

El tercio disfrutó de las frutas de temporada junto con un guiso de jabalí y arroz, acompañado de té, platicaron amenamente hasta la hora de dormir.

Kagome estaba tan triste que no logró cerrar los ojos, su pequeño se marcharía una vez más y no lo volvería a ver hasta dentro de dos meses, tal vez más. Por su parte Shippo no estaba mejor. La neko sólo observaba la interacción, aún escéptica a la relación madre/hijo miko/youkai, era lo más extraño que jamás había visto y ella había presenciado bastantes cosas extrañas.

Cuando llegó la hora de despedir a su pequeño Shippo era casi la puesta de sol, la miko vio como la imagen del ser que más amaba en el mundo se desvanecía.

Un pensamiento desconcertante atacó su mente, ¿habrá alguien a quien ame como a Inuyasha?, ¿tendré hijos algún día?, ¿habrá alguien que me ame como mujer?, suspiró profundamente, era incierto, ya había pasado la edad de mujer elegible en matrimonio en estándares humanos para la época.

Tal vez en mi siguiente vida..

Solo podía imaginar la decepción de su madre al no poder celebrar la boda de su única hija, al no conocer a su nieto, al saber que su centrada hija jamás llevaría a un hombre a casa para que ella lo conociera y que su abuelo y hermano aprobaran.

Suspiró pesadamente, esta era la vida que ella misma había elegido, fue ella quien se aferró a un amor no correspondido, sabía que Inuyasha se escaba con Kikyo, sabía que él la veía como una imagen de la mujer que había perdido, era su culpa y sólo suya el haber dependido y haberse alimentado de un amor que jamás fue dirigido a ella, era su culpa y de nadie más…

"¿Te gustaría ver cómo puedo curarme? Casi saltó ante la extraña voz, estaba tan acostumbrada a estar sola que una presencia extra era demasiado extraña.

"Me encantaría" respondió la sorprendida miko cuando recobró la conciencia

"Tal vez sea mejor que te enseñe como mejorar las habilidades que ya posees" había un brillo divertido, casi burlón, en los ojos de la neko.

Kagome sonrió ampliamente con el mismo brillo en sus ojos, tenerla de invitada sería interesante.

"Tengo que seguir" dijo seria y tristemente.

"Pero aún falta mucho, yo no puedo con todo" replicó al punto de las lágrimas.

"Debo buscar a los míos, hay promesas que debo cumplir, pero" tomo sus manos apretando afectuosamente "si me necesitas, llámame, tu sabes cómo" guiñó un ojo.

"Mmmm, está bien" bajó la cabeza ocultando el dolor en su rostro y pecho "promete que te cuidarás"

"Los haré" tomó sus pertenencias y se marchó, odiaba las despedidas.

Tensó cada músculo en su cuerpo, no había hecho ni un solo ruido en su búsqueda, ahí, en el pequeño claro había dos conejos, el más grande serviría mejor para sus propósitos.

Con un fluido movimiento atravesó a su presa mientras la otra corría, ahora esperaría para comerlo, destazar era algo que aún no podía obligarse a hacer.

Cuando estuvo de regreso con su presa pudo ver un pequeño grupo riendo y pateando algo en el nevado suelo.

Sus ojos se abrieron en horror, era él… ni siquiera lo pensó, saltó de su escondite soltando lo que fuera que tuviera en sus manos para tomar sus armas, una furia desconocida recorrió su cuerpo y arrasó con los agresores, era casi como una posesión, no permitiría que nadie lastimara a sus seres amados, uno logró escapar pero no importaba, el ser casi enterrado en la nieve era lo que robaba toda su atención.

Una vez recobrada la conciencia corrió al lado del ser de su afecto, lo levantó lo mejor que pudo y lo resguardó en el refugio que compartían.

Abrió sus ropas y curó lo que pudo pero no parecía suficiente, lo estaba perdiendo, podía sentir su pulso disminuir y su aura desvanecerse.

No, por favor, tu no, regresa, regresa… repetía una y otra vez, se encontraba a horcajadas sobre él, golpeando su pecho tratando de hacerlo reaccionar.

Una y otra vez trató, pero su corazón ya no bombeaba, rezó mientras golpeaba con sus manos llenas de todo el poder que poseía, debía hacer reaccionar su cuerpo, no podía perderlo, no a él.

Gritó una y otra vez derramando lágrimas llenas de desesperación.

"¡SHIPPO VUELVE!"

En un último intento descargó toda la energía que le quedaba, la habitación brilló con un halo casi dorado con tintes rosados, pero nada parecía funcionar mientras las lágrimas y gritos de desesperación llenaban la montaña.

N.A.**Snif snif… alguien se ha ido… :(**