Camino a la Perdición
Autor: Terry Moon
Género: Drama / Romance
Personajes Principales: Hermione / Draco
Aclaración: Ninguno de los personajes me pertenecen; son todos obra de J. K. Rowling y de aquellos con quienes comparte la propiedad. Sólo los uso para mi diversión y para entretenerlos a ustedes!
Advertencia: R / M. Quedas advertido! Este fic contiene escenas "fuertes" y un vocabulario un tanto inadecuado.
Agradecimientos: A los autores de fanfictions por inspirarme y a los lectores por los ánimos que brindan con sus reviews.
Camino a la Perdición
Capítulo 11.- Abrazo a lo Incierto
Con pereza fue abriendo sus ojos. Después de muchas noches de insomnio y preocupaciones, una en la que había podido descansar (en todo el significado de la palabra) le había hecho muy bien. Los cobertores eran suaves y abrigadores, la almohada mullida. El sol no salía aún, cosa que le extrañó. Ella no era de las que se levantaban demasiado temprano, sino con el amanecer o un poco mas tarde a este.
Pestañeó varias veces hasta que su vista se fue aclarando, y con sorpresa descubrió que no estaba en su habitación, ni en su cama, ni mucho menos sola. No estaba sola.
Volteó su cuerpo inmediatamente ante esa revelación y se encontró con el rostro pálido y aristocrático de un joven hombre, aún dormido. Un poco confusa, acarició su cara para comprobar que fuera real, y al sentir la suavidad de la piel se estremeció, recordando los eventos de la noche pasada.
Ya más consciente, notó cómo uno de los masculinos brazos la rodeaban por la cintura y como el otro reposaba sobre su hombro, dejando la mano casi al alcance de uno de sus senos. No pudo evitar sonrojarse levemente, ni tampoco sonreír con complacencia.
¿Quién hubiera imaginado que ella, Hermione Granger, pasaría una noche con Draco Malfoy?. Sí, ya habían hecho el amor; pero era la primera vez que pasaban toda la noche juntos, en la misma cama, abrazados como los amantes que eran, sin preocuparse de nada ni de nadie.
Preocupaciones. Tembló ante el significado de la palabra. El baile, su repentina partida, su desaparición del grupo de los leones, las palabras de Ron. La tristeza le invadió al mismo tiempo que la culpa, y buscando protección ante esas emociones acercó más su cuerpo al de Draco, queriendo que el calor que él desprendía le abrigase, y sentirse protegida en ese sutil abrazo. Las lagrimas se estaban formando en sus ojos y comenzaban a caer con lentitud sobre sus mejillas. Evitaba sollozar o moverse, no quería que él la encontrara de ese modo, tan vulnerable; porque, después de todo, no estaba muy segura de lo que ella era para Draco, y temía ser sólo una más.
Llorando en silencio, acercó sus labios a los de él y los besó con suavidad, acariciando delicadamente una mejilla con una mano mientras la otra paseaba por los rubios cabellos de su acompañante.
Él sintió que le besaban. Casi por acto-reflejo, respondió el beso; y por alguna razón supo que no se arrepentiría cuando abriera sus ojos. Aún medio dormido, notó que la persona que le besaba se movió sorprendida y él sólo atinó a acercar mas ese cuerpo cálido al suyo, haciéndole saber que estaba disfrutando de tal acción. También se dio cuenta que las comisuras de esos labios tenían un extraño sabor salado, y se preguntó por qué. Con disgusto, abrió sus ojos y reconoció a la persona de inmediato. ¿Cómo no hacerlo, pensó, si había estado soñando y fantaseando con ella toda la noche. Era Hermione, SU Hermione; y estaba llorando.
Con aprehensión, se separó un poco de ella rompiendo las caricias que se estaban profesando con sus bocas, pero sin detener al andar de sus manos sobre el cuerpo desnudo de la fémina. Simplemente, no podía, ella era demasiada tentación como para resistírsele.
Limpiando las lagrimas de las mejillas, besó los párpados cerrados de la muchacha y la atrajo más hacia sí mismo; queriendo protegerla de lo que sea le estaba haciendo daño.
- Hermione¿qué sucede?. –No pudo evitar el tinte de preocupación en su voz, y se sintió idiota. Ella sólo se abrazó más a él, tratando de usarle como sostén. Él sólo hizo lo mismo, porque ni una palabra salió de los labios de ella.
Permanecieron en silencio varios minutos, abrazados, acariciándose. Por la ventana se podía comenzar a notar la claridad naciente de la mañana, y un tenue canto de pájaros que aun no emigraban hacia el sur. La brisa fresca y fría penetraba por esos orificios, mas no afectaban a los amantes que reposaban unidos en el lecho, gracias al calor que provenía de la chimenea aún ardiente, y de sus mismos cuerpos.
Hermione se movió en el abrazo y fijó sus ojos en los de Draco, buscando respuestas a sus silenciosas y punzantes preguntas. Todo lo que encontró fue preocupación, confort y, extrañamente, consuelo y cariño. Eso hizo que la culpa y la angustia en su interior se acrecentara y se abrazase más a él. Lloró con mas fuerza, y sentía que le dolía el pecho de tantas emociones juntas, nuevas y encontradas.
Él, sin saber a ciencia cierta qué hacer, tomó el rostro entre sus manos y acercó sus labios a los mojados de ella. La besó lenta y suavemente, acariciando las facciones de su cara, dejando que sus propias manos bajaran por el curvilíneo cuerpo de la castaña, hasta posesionarse de las caderas de ella.
Aún en momentos como aquellos, la pasión era capaz de surgir. Pasión que hacía que olvidara las preocupaciones que luego debería enfrentar, pasión que la arrastraba a seguir los pasos en los que su amante le guiaba, pasión que se desataba sólo con él; porque con él olvidaba el teatro y se permitía ser ella misma. ¡Oh, ironía!.
Tal vez ser la amiga de Harry Potter siempre le obligó a ser fuerte por él, a convertirse en un pilar y a exigirse más. Tal vez ser la amiga de Ronald Weasley le hizo sentirse bien en ese mundo de magia y le dio la oportunidad de brillar por su inteligencia sin ser arrogante; porque ese muchacho de ojos azules provocaba que sacaras lo mejor de ti. Tal vez los insultos que recibió de Draco Malfoy le hicieron ver la realidad por completo, haciendo que tomara todas esas buenas cualidades en ella y las transformara en una máscara de tiempo completo, sólo para evadirse del mundo.
Y ahora, la misma persona que le había forzado a llevar esa máscara era la que le hacía quitársela. Ni Harry Potter, ni Ronald Weasley. Draco Malfoy.
Había escuchado una vez que sólo las personas que te dañan pueden aliviarte, puesto que sólo te dañan aquellos que quieres. ¡Ni en sus más locos sueños se habría imaginado querer a Draco Malfoy!. Merlín... Le quería, le importaba; y eso le atemorizaba. Más el miedo se iba al sentirse en sus brazos, como si perteneciera a ellos.
El llanto cesó en el momento en que, entre besos y suspiros, oyó la voz entrecortada y seductora de él confesándole: "Te Quiero". Fue en ese preciso momento en el que supo que las cosas no volverían a ser como solían. No más insultos que herían, no más desprecio, no más incomodidad en su presencia. No más resentimientos. Adiós a la rutina a la que, sin darse cuenta, se había sometido; a las charlas amenas con sus mejores amigos o a sus miradas llenas de comprensión y cariño; al teatro en el que había transformado su vida.
Estaba abrazando un nuevo camino, jamás imaginado en su conciente. Estaba tomando una senda llena de incertidumbres y desconocimientos. Estaba arriesgando todo, sin saber sí iba a ganar algo.
Y sin embargo, al estar abrazándole, no le importó. Sólo cerró los ojos, dejó que los besos que él desperdigaba por su piel se llevaran todas las angustias, y se entregó completamente a ese hombre.
En el silencio del amanecer, sus cuerpos se movían sincronizadas, danzantes de un ritmo muy antiguo; los gemidos inundaban el aire, opacando el canto de las aves; el frío era olvidado por el calor que emanaban, calor que no sólo provenía de la piel, sino también del interior. En ese amanecer Hermione Granger le entregó a Draco Malfoy su cuerpo, su mente, su confianza, su corazón y su alma.
No sabía sí hacía bien o mal, tampoco le importaba.
En el silencio y quietud del amanecer, hicieron el amor mientras el sol se alzaba en el horizonte.
Risueña y perdida en sus pensamientos, regresaba a su Sala Común. Las preocupaciones en el fondo de su mente, las excusas olvidadas, las barreras de defensa bajas.
Cantaba. Estaba sola en ese pasillo que era bañado por la luz del sol matutino. La melodía que salía de sus labios resonaba tranquila y pacífica entre los muros de piedra, siendo acompañada por los trinos de los pájaros del alba. Entonaba la misma canción que salía de su interior cada vez que se sentía feliz. ¡Merlín, estaba feliz!. Sonrió alegre.
Como un autómata, dijo la contraseña y se adentró en el cuarto rojo y dorado. Los rayos dorados bañaban los sillones y mesas cercanos a las ventanas, el aire frío no sentía debido a la crepitante chimenea que parecía nunca apagarse; el silencio imperaba en la habitación. Parecía que no había ni un alma allí, y con esa certeza se sentó en el mismo sillón donde un mes atrás dejó salir sus frustraciones y miedos.
Tan ida estaba, que no notó a un joven pelirrojo sentado en una de las esquinas de la Sala Común, que le miraba con preocupación y ojos acusadores. Como si pudiese saber en qué o en quién estaba pensando. Ron soltó un suspiro de resignación y se acercó a Hermione, despacio, queriendo pasar desapercibido, no queriendo sacarla de ese mundo en el que parecía feliz. Su corazón se contrajo. Él no era la causa de su felicidad. Dolía. Mucho.
-Hermione... – Susurró, acariciándole el hombro.
Ella pegó un saltito de su asiento. Sus ojos perdieron el brillo de la ensoñación y se fijaron en la figura que se encontraba a su lado. Sintió como una ola de tristeza le embargaba, al mismo tiempo que unas lagrimas comenzaban a amontonarse en sus ojos. Pestañeó echando las lagrimas hacia atrás, y trató que sus ojos reflejaran confianza, que en ese momento no tenía ni sentía.
-Ron... –Respondió en el mismo tono de voz. Sonrió levemente. Una pequeña sonrisa, tan insegura como tímida. ¿Cómo podía mirarle a los ojos?.
-¿Dónde estabas, Hermione?. Ayer, en el baile, te busqué para que volviéramos juntos; pero no te encontré. ¿Dónde estabas?.
"Estaba con Draco. Besándole, susurrándole cosas al oído, perdida en sus caricias y besos, en sus brazos; totalmente inconsciente del mundo. Haciendo el amor con él. Amándolo. Amándonos. Siendo yo. Siendo feliz.".
-En la enfermería. No me sentía bien después de que terminó el baile. No quise interrumpirte a ti ni a Harry, ambos parecían estar pasándola muy bien... y bueno... yo... Sólo no quería preocuparlos. –Mintió, nunca dejando que la sonrisa abandonara su rostro y hablando en un tono tan sincero como falso. Dolía. Y mucho.
-Mmm... Ya veo... – Dijo sin creerle. Mas decidió tragarse la mentira. Ella le diría la verdad cuando quisiera. Esperaba que fuera pronto. -¿Te sientes mejor?.
-Sí, mucho mejor. –Sonrió de verdad ante la falsa preocupación de su amigo. Sabía que no le había creído, pero le agradecía que siguiera la farsa. –¿Ron?.
- ¿Mmm?
-Gracias. –Y le dio un beso en la mejilla, acariciando la otra suavemente.
-Por nada, Herm. Por nada. –Respondió rozando la mano de la castaña y tomándola entre las suyas, para depositar sus labios en ella de forma casta. Nunca abandonando los ojos castaños. –Creo, que... Que debes ir a ducharte y cambiarte. Dudo que quieras bajar a desayunar vestida así, aunque no te queda nada mal. –Aduló para relajar el ambiente.
-Tienes razón... Deberías tomar tu propio consejo¿sabes?. –Había notado que Ron aún llevaba la túnica de gala. La culpa punzó su corazón. La había estado esperando. Quiso llorar.
-Msí... Bueno, nos vemos. Te esperaré aquí. –Se levantó y le ayudó a pararse. Le dirigió una última mirada, y luego se dirigió a las escaleras que lo conducían a los dormitorios masculinos.
-Hasta luego... –Murmuró. Su mirada se volvió a perder en la nada, esta vez abrumada por los sentimientos.
De todas las cosas que Draco Malfoy pudiera haber sido, ninguno le habría tomado por fetichista. Sin embargo, ahí estaba él, camino a Slytherin, con su prenda (o más bien, prendas) guardadas en un bolsillo de su túnica, acariciando la tela de la ropa interior que le había quitado la noche anterior a Hermione. Se sonrió socarronamente.
La noche anterior fue fantástica, en su opinión. A riesgo de sonar como una niña, se admitió eso. No encontraba las palabras justas para describirla, simplemente pensaba que había sido única e inigualable. Él y Hermione juntos, haciendo el amor repetidas veces hasta que el cansancio les venció y cayeron dormidos en los brazos del otro, abrazando la felicidad. Felicidad que jamás pensó poder sentir. Sacudió su cabeza. Estaba sonando como una niñita. Sonrió. Estaba feliz¡al demonio las apariencias!.
Podría haber hecho su camino hacia las mazmorras silbando una canción muggle que una vez había escuchado cuando niño de pura casualidad, recordaba una parte de la letra porque nunca la había comprendido. Y ahora, ese fragmento tenía un sentido para él: "Heaven, I'm in heaven (...)". Siempre se había preguntado cómo es que alguien podría estar en el cielo, y luego de los eventos de la noche anterior, obtuvo la respuesta a su interrogante. La felicidad era un pedazo de cielo que le habían otorgado, y estaba absolutamente agradecido.
Pueden sonar tontos y estúpidos para un Malfoy los términos: "Cielo", "Felicidad", "Agradecimiento". Pero en ese momento no se sentía un Malfoy, sino un muchacho común y corriente. Uno que podía disfrutar de la compañía de su amante sin importar los prejuicios, que podía sonreír descaradamente de felicidad sin ser juzgado por la mediocridad de la sociedad; uno que podía demostrar sus sentimientos sin temor a ser reprendido y reprimido por los estatutos familiares. En ese momento, él sólo era Draco. Y en su mente sólo estaba Hermione.
Susurró la contraseña a su Sala Común, y como de costumbre encontró a una sola persona en ella. La única que madrugaba aunque hubiera trasnochado y sólo hubiese dormido una míseras dos horas –como sabía era ese el caso del día. Blaise Zabini estaba sentado en uno de los sillones verdes, en frente de la chimenea, viendo a las llamas danzar. Cuando el moreno sintió la presencia de Draco, giró su cabeza para visualizarlo y asintió con su cabeza en señal de reconocimiento. Draco, se acercó y se sentó a su lado, contemplando el fuego, el cual le recordaba –misteriosamente- a Hermione.
-¿Buena noche, Malfoy?
-Podría decirse que sí. –Respondió lacónico, aunque interiormente la respuesta sonaba más entusiasta.
Silencio.
-¿Y la tuya Zabini?. ¿Lograste que Pansy se acostara contigo?. –Blaise hizo una mueca de desprecio ante las palabras duras y burlescas de su amigo. –Tranquilo..., sólo estaba bromeando.
-Pues..., no deberías bromear sobre mis elecciones a amantes... Creo que tu, eres el menos indicado. –Espetó con un tono de voz que indicaba conocer un secreto. Draco no se inmutó, continuó mirando las llamas. Ahora le recordaban a la pasión desatada la noche anterior.
-Zabini..., sabes que no me importa con quién te acuestas y con quién no... También sabes que me tiene sin cuidado si yo me acuesto con quien debería y con quien no, y que a ti no debería interesarte –si sabes lo que te conviene... Así que, no entremos en ese tema... Sólo quería saber sí... si tu y Pansy habían dejado de ser sólo amigos... Pero parece que no... –Mala movida, mala elección de palabras.
-Um... Obviamente, Malfoy, no. Pero dime... ¿Tu y Granger tuvieron una buena noche?. ¿Es buena en la cama?. ¿Cuántas veces, eh?. –Atacó haciendo caso omiso a la sutil amenaza del rubio.
Molestar a un slytherin nunca fue una buena idea, teniendo en cuenta que Salazar Slytherin nunca había sido un mago al que se le pudiera tomar en broma. Molestar a un Malfoy... tampoco. Simplemente ellos no permitían que las personas les intimidaran, siendo ellos los que debían cumplir ese papel; no permitían que las personas se burlasen de ellos, porque los Malfoy no eran personas a ser víctimas de burlas, sino expendedores de las mismas. Jamás un Malfoy permitía que los demás se inmiscuyeran en sus asuntos, a menos que esa intervención les fuera beneficiosa. Digamos que Blaise Zabini, conocedor de esos estamentos tácitos, hizo caso omiso a ellos.
Pero un Zabini tampoco era persona con a la cual molestar; y Draco lo sabía. También sabía del humor de su amigo cuando se trataba de asuntos delicados.
Contrario a la creencia popular, los Slytherins sí tenían sentimientos y respeto para con sus pares y sus asuntos privados (aunque nunca estaba de mas el chantaje).
Sobre lo que estaban hablando ellos dos entraba en bajo el catálogo de "Asuntos Delicados".Envolvían sentimientos realmente sinceros y fervorosos.
-Zabini... ¿Qué te hace pensar que yo me involucraría con alguien como Sangre-Sucia-Granger?. –Una punzada en el corazón, un revoltijo en el estómago, el rostro inmutable.
-Tal vez el hecho de que ayer no apartaste tu mirada de ella, la forma en que la sujetaste cuando estaban bailando, o... O tal vez, el hecho de que se hayan ido juntos y has aparecido recién hasta ahora. Dime¿la mataste y pasaste toda la noche ocultando su cuerpo; o te acostaste con ella y tuvieron sexo toda la noche?. – Contestó tranquilamente, pero dejando ver su molestia a medida que avanzaba su enunciación de hechos.
Draco contrajo sus manos en dos tensos puños, dispuesto a golpear al moreno. Blaise esperaba la reacción del rubio para confirmar sus sospechas. Eran amigos, pero ciertas cosas no pasaban por alto, ciertas cosas no eran temas para ser tomados con un chiste, ciertas cosas eran demasiado personales para ser utilizados como armas en contra del otro.
Draco suspiró, tratando de expiar su ira y calmarse. Nada bueno saldría de esa situación si molía a golpes a su mejor amigo, tampoco podía permitir que él supiera de sus inusitadas emociones, sensaciones y sentimientos hacia Hermione. No todavía.
Resignación, humillación.
-Lo siento.
Débil, derrotado.
Blaise le miró atónito. Draco Malfoy acababa de disculparse. ¡Disculparse!. Definitivamente, Hermione Granger era un tema MUY serio y MUY personal. Había cruzado la línea, él también.
Vergüenza, sinceridad, arrepentimiento.
-Yo también.
Silencio. Entendimiento.
-Pansy... Ella quería que tu fueras su pareja.
-Lo sé.
-Estaba realmente molesta por haber sido obligada a ir con Finch-Fletchey. Estuvo quejándose toda la noche.
-Puedo imaginármelo... –Sonrió risueño. La imagen de una Pansy quejándose era realmente graciosa.
-Antes de que el baile terminara..., la traje hasta aquí. –Draco giró su cabeza para ver el perfil de su amigo. –Estaba un poco pasada de copas. –El rubio alzó una ceja en forma inquisitiva. –Yo... la besé.
-¿Tu qué?. –Si bien Draco prefería que Pansy mantuviera cierta distancia hacia su persona, se preocupaba –a su manera- por ella.
-La besé. Pero... ella dijo tu nombre. –Dolor, agudo y profundo.
Ambos estaban enfrentando nuevamente el fuego del hogar. Uno cavilando en sus pensamientos y emociones, y el otro pensando qué hacer. ¿Cuándo el enfrentamiento se había convertido en una charla de chicas adolescentes?. ¡Merlín, estaban perdiendo sus personalidades Slytherin!.
Draco posó una mano sobre el hombro de Blaise, ante de pararse y enfrentarle cara a cara.
-Vamos. Creo que necesitamos una ducha.
-¿Tu crees?. –Preguntó con cierto tinte de sarcasmo en su voz.
-Sí... Estoy exhausto... y tu necesitas pensar..., un plan. ¿Sabes?. No veo la hora de que Parkinson se me quite de encima. ¿Crees que me puedes ayudar?.
-Creo que sí, Draco... Creo que sí.
El Colegio Hogwarts de Hechicería y Magia siempre había sido reconocido mundialmente por su excelente nivel educativo, por albergar prominentes y poderosos magos globalmente famosos; y en los últimos años por la dirección del respetado Albus Dumbledore, y haber sido acogedor de dos magos importantes en la historia del Mundo Mágico- uno temido y el otro admirado. Tom Marvolo Riddle –mas conocido como Lord Voldemort, y Harry Potter –El-Niño-Que-Vivió. El siempre había sido reconocido mundialmente por su excelente nivel educativo, por albergar prominentes y poderosos magos globalmente famosos; y en los últimos años por la dirección del respetado Albus Dumbledore, y haber sido acogedor de dos magos importantes en la historia del Mundo Mágico- uno temido y el otro admirado. Tom Marvolo Riddle –mas conocido como , y Harry Potter –.
También tenía fama de tener mas misterios de los que eran de conocimiento público, y de guardarlos de la forma más celosa; pudiendo tener a Drumstang envidiándolo por tener tantos secretos tan bien resguardado. Algunas cosas, jamás habían abandonado las paredes del castillo y jamás lo harían, otras eran conocidas por selectos estudiantes y quedaban en sus conocimientos, celosamente atesorados. Y unas otras..., simplemente no deberían ni siquiera existir, pero lo hacían, y convivían diariamente con los miles de alumnos que habitaban el lugar.
La relación de Draco y Hermione entraba en esa última categoría. Nadie sabía que existía, ni nadie debía enterarse. Las consecuencias de que eso ocurriera eran demasiado grandes y mortales para ambos, y para todo aquel que se involucrara en ella. No, el silencio era primordial. El cuidado la característica mas preciada. La culpa, el sentimiento mas frecuente, junto con el miedo.
Y tal vez, todas esas cosas hacían que su relación fuera más excitante aún. Tal vez la sensación de lo prohibido, el temor a ser descubiertos, eran un aliciente, un estimulante para continuar con tal aventura. La pasión era mas fuerte con cada encuentro, el deseo mas consumidor, y el anhelo del otro casi insoportable.
Jamás hubo un acuerdo de continuar con sus encuentros nocturnos, al menos uno explícito. Simplemente continuaron ocurriendo. Después de cada ronda encontraban el tiempo y el lugar para prodigarse besos y caricias, murmurar el nombre del otro roncamente, gemir sin llegar a gritar, fundirse en uno, encontrándose en extrañas posiciones cuando acababan el amor. Más besos, mas caricias; y la despedida era un simple intercambio de miradas. Miradas llenas de satisfacción y felicidad, con promesas grabadas en ellas de un nuevo encuentro. Lo mas pronto posible.
Mas todo no era "color rosa", como muestran los libros, en la relación de la gryffindor y del slytherin.
A ella, la culpa la carcomía por dentro. Nunca pudo ver a sus amigos sin sentirse sucia y traicionera, sin recordarse que entregaba su cuerpo al enemigo que tuvieron desde el día cero, el mismo que le daba un rescate de la cruda realidad y le propiciaba momentos llenos de dicha.
Creyó morir los primeros días; pero de alguna manera logró mantener un balance en su vida, en su conciencia.
Ya no miraba a Ron a los ojos, rehuía de su tacto; y cuando él le preguntaba el por qué, ella simplemente reunía todo su coraje para enfrentarlo y decirle "Nada". Y sabía que él no creía nada de lo que decía, y sin embargo aceptaba sus palabras. Entonces, más dolor y más culpa. Con el tiempo, él dejó de tocarla como siempre lo había hecho. Dejó de mirarla a los ojos cada vez que hablaban. Entonces, ella se dio cuenta de que para ganar algunas cosas había que sacrificar otras. ¡Pero cuánto dolía perder esas otras!. Y sin embargo, sobrevivió a la pérdida y buscó refugio en las noches junto a Draco.
Mentirle a sus amigos nunca estuvo en sus planes ni siquiera contempló la posibilidad en las veces que habían peleado. Pero ahora se sentía una mentirosa de tiempo completo con ellos, o como se lo decía ella mentalmente "Una GRAN actriz de tiempo completo". Pero entonces¿cuándo caía el telón y podía ser ella misma?. Simple, con Draco.
Miedo. Mostrarse vulnerable ante el rubio le costó horrores al principio, totalmente atemorizada de que estar viviendo un simple desliz y que él la abandonara una noche cualquiera, para luego desperdigar todos los secretos que ella le había confesado sobre su persona. Eso, jamás sucedió. Él se volvió en un pilar importante, en su confidente más cercano.
Mas miedo. Miedo a estar involucrándose demasiado con alguien tan distinto a ella, quien, tarde o temprano y muy posiblemente, terminaría siendo su contrincante el campo de batalla.
Pronto aprendió a poner esos pensamientos en lo mas profundo de su mente. No lograba nada agobiándose con preocupaciones. Y mucho de ello tuvo que ver, el encontrarse enamorada de Draco Malfoy.
No supo cómo ni cuando, sólo que sucedió y no se arrepentía de que haya ocurrido.
Siempre supo que no era una persona que se dejaba llevar por sus impulsos ni de las que se dejaban seducir por placeres rápidos y poco duraderos. Entonces, también supo que lo que ella sentía por Draco no era sólo lujuria y lasitud.
Sí, el sexo era maravilloso y siempre buscaban más; pero no eran simplemente encuentros clandestinos carnales. En cada noche, ella no buscaba mitigar su deseo por el rubio; sino sentirse acompañada, querida, cuidada, completa. Y él le daba todo eso y mucho más.
Había afecto y pasión. A ellos se les sumó la necesidad. Necesidad de él. Nunca se había considerado de la clase de personas que dependían de algo o de alguien, y era se encontraba pendiente y expectante de su presencia. No lo acosaba, no lo seguía a todos lados como una arrastrada o un perrito faldero. No. Sólo lo observaba; cada gesto, cada manera, cada mirada, cada movimiento. Él era una especie de droga. Él se había colado en lo mas profundo de su ser y lo necesitaba con ferocidad. Necesidad que, por su propia sanidad y seguridad, jamás le había confesado.
Dicen que el amor es la reunión de muchos sentimientos e inauditas circunstancias que te hacen preocuparte por alguien, y necesitarle con todo tu ser. Tomando ese decir, Hermione podía afirmar, sin duda alguna, que estaba enamorada de Draco.
Ya no le importaban su sanidad y su seguridad. Ya no temía a lo que sentía por el prefecto de las serpientes. Ya no la carcomía la culpa al pensar en su relación con Draco. Había enterrado la enemistad del pasado y se aferraba al amor desinteresado que sentía por él.
No esperaba que él sintiese igual. No esperaba que Draco Malfoy no se burlase de su sentimentalismo. Estaba preparada para despertar de la fantasía que llevaba viviendo por meses. Estaba lista para ser rechazada y tener que recoger los miles de pequeños pedazos en los que su alma y corazón se convertirían cuando él rechazara sus sentimientos y le negara un último beso. Estaba lista para su primera decepción amorosa; dispuesta a sufrir sabiendo que, cuando el duelo pasara, tendría el recuerdo de las noches juntos.
Estaba nerviosa. Él la había citado para "Una despedida en el abrigo de la noche. Una última noche".
Había temblado al leer "última noche". Y se había decido luego. Sí era la última noche, los últimos velos debían desaparecer.
"-Yo..."
Un beso, un abrazo.
"-Te amo..."
Llanto, ahogo, desesperación.
"-... Adiós..."
Silencio. Soledad.
Hermione despertó sobresaltada en su cama. Ese verano no estaba resultando lo sanador y relajante que había estado esperando.
Las recurrentes pesadillas, confundidas con los tristes y amargos recuerdos, impedían que la joven obtuviera el descanso que tanto, sabía, necesitaba. Tanto física, como mental y emocionalmente.
Pasó una de sus manos por sus enredados cabellos, y en el camino rozó su rostro para descubrirlo húmedo por lagrimas que no sabía había estado derramando.
El pecho de le encogió, y creyó no poder respirar por un momento al intentar ahogar un sollozo.
-Hermione... Hermione... ¿Estás bien? –Escuchó del otro lado de la puerta. Debería de haber soltado un pequeño sobresalto audible antes de despertar. –Herm... Herm... ¿Estás bien?. ¿Puedo entrar?.
La castaña arregló su cabello como pudo, y se puso su bata. Salió de la cama, y abrió la puerta.
-Ron... ¿Qué ocurre?.
-Es que... Yo estaba pasando para ir a mi habitación, cuando te escuché gritar... Y bueno... Yo... –Ella sonrió.
-Estoy bien... –mintió. –No ha pasado nada... –Lo besó en los labios. Él se sonrojó. –Vuelve a dormir... Ambos lo necesitamos.
Ron la miró a los ojos, con su profunda mirada azul. Hermione sintió escalofríos al enfrentar tal escrutinio. Finalmente, el pelirrojo sonrió afable y satisfecho, para luego acercarse a ella y besarla tiernamente. Pasó una de sus manos por el ya no húmedo rostro de la joven, y besó su frente. La abrazó, y luego la soltó.
-Que descanses bien, 'Mione.
-Tu también Ron...
Hermione cerró la puerta de su habitación. Ginny no estaba. Probablemente se encontraba en la cocina. Suspiró.
Era tarde, la mitad de la madrugada. Las estrellas brillaban en el cielo nocturno del verano, y la brisa se colaba por la ventana del cuarto. Tembló.
"-Tal vez... Cuando nos volvamos a ver... Tal vez...".
Una lagrima solitaria rodó por su mejilla izquierda, antes de que se acercara a su cama y se recostara en ella. Cerró sus ojos, y antes de caer dormida deseó no volver a soñar con aquella noche. Mucho menos con él.
N/A:
(Ejem...) ¡Discúlpenme!. ¡Lo siento muchísimo!. ¡Lamento haberme tardado tanto!.
¡Oh, de verdad que me da mucha vergüenza haber tardado tanto en actualizar, y para traerles este capítulo poco... ¿situacional?. Es decir, no ocurre mucho y no creo que sea lo que estaban esperando... T.T .
En estos casi-cuatro meses, tuve problemas para desarrollar este capítulo. Es la única explicación que puedo darles. Borré la gran mayoría que tenía escrito (inconforme con lo que decía), y luego... Simplemente, no podía terminarlo... T.T. ¡Ah, la frustración que vino con eso!. Pero bueno, ya está el capítulo 11. Y seguramente el 12 estará para febrero.
¡Muchas gracias por los reviews del capítulo anterior!. AlexiaRiddle, EugeBlack, Pipu-Radcliffe, Bewitching Mía Malfoy Errelot, norixblack, stefy-dragoncita de mala fe, Funkeva, EROL HARUKA, verónica, Ly Malfoy, SILY24, SabelaMalfoy, PaddyPau, HercyTao, eowyn-dasterina, Lady Lathenia, Lara Malfoy-Lynn, alifelton, o-zXaf-o. Univero2486 y Uni-san. A todas ustedes, muchísimas gracias por haber seguido leyendo y dejado su opinión y apoyo. Espero que continúen por aquí... O que alguien lea esto...
Las contestaciones a vuestros reviews... ¡Espero que les hayan llegado!. Utilizando el nuevo sistema de y, también, enviándoles las contestaciones a vuestras casillas (a aquellas que no tienen cuenta en esta página y han dejado su dirección). Así serán las contestaciones, ya que han prohibido que lo haga aquí... Y ni siquiera debería extenderme tanto... Pero ¡que demonios!. Quienes no han dejado dirección alguna, pasen por mi profile y ahí encontrarán sus contestaciones. Y... allí (en el profile), encontrarán alguna que otra noticia para cuando me tarde. Para algo tiene que servir ese espacio. .
Um... ¡Ah!. He decidido cambiarle el rating... De ahora en más (12/2005) será R / M.
Nada más... Les deseo unas ¡Muy Felices Fiestas!.
¡Muchas gracias por haber leído!
Saludos y besos enormes,
Vuestra servidora,
+.- Terry Moon -.+
