Ella estaba inmóvil. El golpe de realidad que recibió, fue muy grande para su pequeño sistema. No sabía que decir, no sabía como actuar, sentía náuseas y se sintió colapsar, pero su voluntad fue más grande permitiéndole no quebrar.
-Lo siento, mi amor...-
Se acercó totalmente culpable e intentó tomarle las manos, pero ella se removió, apartándose.
-No me toques, Elliot- mantuvo sus dos manos frente a ella para marcar distancia -¿Por que haces esto?- cuestióno retórica. Él no tenía palabras -Si crees que al decirme quien eres, me quédare aquí, te equivocas-
-Eso espero...Yo vine aquí por ti...- tropezó con sus palabras -Esperé a que cumplieras tu sueño...- estrangulo la desesperación que sentía en su pecho, para poder continuar -Fui a tu graduación y en ese momento me di cuenta, que nunca pude olvidarte- intentó acercarse otra vez, pero ella retrocedió y él, no volvió a moverse -Compre este lugar con la herencia de la abuela Tristiny, que mi padre guardó para mi, para estar cerca de ti-
Confesó finalmente con su alma en un hilo y su corazón en un puño.
-¿Donde estuviste todo este tiempo?- quería respuestas e iba a conseguirlas.
-Actualmente, me encuentro en Fanelia...- era evidente, no le importó nada de lo que le dijo -El nido de dragones del cual soy amo, se encuentra en el Archipiélago de...-
-Shamballa- indicó ella -Mi madre me dijo que estabas allí, hace unos años y fue la última visión que tuvo de ti- tomó asiento lejos de él, en el sofá -Tu eres el conquistador de Shamballa- asintió ante su afirmación. Había bajado la guardia -¿Tus padres saben que estas aquí?- cuestionó sería.
-Si, ellos y tu madre- se sentó a su lado sin perturbar su espacio -Amber es Zafira- ella froto su frente irritada.
-Si, me lo imaginé- soltó todo el aire en su pecho con una gran exhalación -¿Que hay de Rick?-
-Él es tu centinela- ella lo miró extraño -Yo lo mande aquí, hace tres años, cuando se desató una guerra en Fanelia- sus ojos azules parecían topacios entristecidos -Siempre tuve miedo de que alguien te lastimara por mi culpa-
-¡Por favor!- exclamó sarcástica -¿¡Quien podría hacer eso!?- preguntó en el mismo tono -¡No podrían contra todo esto!-
Dobló su brazo!mostrando se pequeño músculo. El rió, mirándola, ella era como todas las mujeres de su familia, siempre robando una sonrisa ante situaciones serias.
-Te extrañe...- le acaricio la mejilla con su mano -Te extrañe mucho...-
Ella sonrió, pero esa sonrisa cambio a una mueca abrumada, luego a una de angustia, cubriendo su rostro de tristeza y empañando sus ojos de lágrimas, para finalmente, romper en llanto.
-No llores...- la abrazo consolándola -Por favor...No llores- le beso el cabello y apoyo su mejilla en ella -No me gusta verte llorar, muñeca... Perdóname- ella negaba con la cabeza abrazándolo.
-¡Me acosté con mi mejor amigo!-
Exclamó llorando a mares y él rió a carcajadas por su absurdo comentario.
-No me arrepiento de nada...- dijo él separando su abrazo y secándole las lágrimas -Lo estuve esperando por años- le beso todo el rostro haciéndola reír.
-Esto es terrible...- limpio sus mejillas con sus manos, se sentía extraña -Tu eres mi jefe...-
-Si quieres, puedo dejar de serlo- ella se acurrucó en su pecho, como siempre lo hizo -Me encantaría ser algo más que tu jefe- le tomó una mano y la beso.
-Más despacio, Elliot- entrelazo sus manos -Estoy feliz de que estés aquí pero, no se como catalogar lo nuestro ahora-
-No hay nada que catalogar, muñeca- la apretujo contra su cuerpo -Yo estoy enamorado de ti y con eso me alcanza-
Ella cerró sus ojos, sus palabras eran como puñales en su pecho.
-Nunca me enamoré de verdad- confesó -Las veces que creí estarlo, eran pura ilusión-
-Si, me lo imaginé, cuando te escuche en la mañana que despertamos juntos- la que rió ahora, fue la vidente.
-Si...- contestó mirando unas viejas fotografías en la pared. Una de las mujeres en la imagen se parecía a ella -Es lamentable, pero termine siguiendo los pasos de la tía Ivi y mi abuela- él la empujó.
-¡Oye!- reclamó -¡Estas hablando de mi madre!- le hizo cosquillas.
-Yo amo a tu madre- mencionó entre risas sonriendo.
-Y yo te amo a ti- ella trago grueso -Quédate esta noche aquí...Conmigo...Por favor- suplicó juntando sus frentes -Por favor...-
Abrió sus hipnóticos ojos azules, convenciéndola, para que se quedará.
-Esta bien...- le robó un pequeño beso -Ya vuelvo-
Salió a trote de la oficina para hablar con su primo y amiga.
-Eres hermosa como humana, Zafira- tomó entre sus dedo ese largo cabello negro, que ella tenia -Y ahora tus ojos también son azules-
Ellas estaban en habitación que había hallado la vidente, sentadas en la cama, una frente a la otra y con sus piernas cruzadas.
-Si, Elliot rompió parte del hechizo de transformación, cambiando eso en mi- sonrió a su amiga -Nunca lo había visto tan feliz en años- acotó con alegría.
-Eso es cierto...- aseguró el cantinero que estaba con ellas, pero sentado en el suelo y con su espalda apoyada en la cama -Cuando llegó a Shamballa a todos nosotros, nos invadió una profunda tristeza, cuando lo elegimos como nuestro amo-
-Lamento eso- dijo la rubia acariciando la cabeza de su amigo -Por cierto, no tuve tiempo de contarles pero según parece, tengo otro poder-
-¿De verdad?- cuestionó el muchacho.
-Si, nunca antes me había sucedido...- divagó un poco, antes de continuar -Puedo paralizar a las personas en el tiempo- aclaró su duda.
-Inmovilización molecular- formuló la otra joven -Tiene sentido, tu madre es una hechicera y tu padre un alquimista- apuntó erudita -Es lógico que tengas ese poder-
-Si, pero ¿Por que ahora?- cuestionó a ambos.
-No lo sé...- respondió su amiga.
-Muestrame- pidió el joven.
-¿Que cosa?- no entendía de que le hablaba -¿Te refieres a mi poder?- él asintió.
-Bien- se incorporó de la cama -Ponte de pie- su amigo obedeció -Ahora, camina hacia mi...- movió sus manos y nada paso. Él llegó a su lado -No funciona...- miró sus manos, pensativa -Lo tengo...- chasqueo los dedos -Atacame...Dame un golpe o algo-
-¿¡Que!?- vociferoperturbado -No voy a golpearte, Denisse- se negó cruzando sus brazos.
-Tendrás que hacerlo, hoy dejé al tipo inmóvil en el vestidor, porque me atacó- explicó -No pasará nada, lo prometo-
-No es una buena idea, chicos- intervino la dragona.
-No la escuches...- hizo un ademán sin importancia la vidente -Hazlo-
Él asintió, no muy seguro de hacerlo pero se puso en guardia. La joven delante asintió y él lanzó un golpe, justo en el mismo momento que la puerta se abrió, distrayéndola y recibiendo el impacto, sin poder evitarlo.
-¡Denisse!- exclamó el amo de dragones al ver el golpe que recibió -¡Tu! ¡Eres un...!-
Se acercó al cantinero con instintos asesinos y sus manos produciendo llamas azules.
-¡Elliot! ¡No!-
Gritó ella desde el suelo, moviendo sus manos y paralizándolo.
-Les dije que sería una mala idea- repitió la morena y ayudó a la vidente a incorporarse -Pero el poder es grandioso-
Miraba a su amo o "hermano humano", como le decía, paralizado frente a ella.
-¡Váyanse!- los corrió la muchacha de la habitación -¡No se cuanto dure el efecto, pero no quiero que te encuentre aquí y te lastime por mi culpa!- tocó su labio que sangraba.
-Lo siento...Lo siento- su amigo la abrazo sintiéndose culpable y arrepentido -Perdoname- ella le palmeo la espalda.
-Está bien, fue mi culpa...- rompió el abrazo -Vayanse-
-Vámonos, Rick- su compañera entrelazo sus manos -Te quedarás en mi habitación, él tiene prohibido ingresar ahí-
Salieron juntos del cuarto, no sin antes las dos jóvenes, guiñarse un ojo.
-¡Te mataré!- exclamó el joven de ojos azules, después de que el efecto de la magia desapareció -¿¡Donde estas!? ¡Maldito dragón del demonio!- miró alrededor preso de su irá.
-¡Tu no matarás a nadie!- exclamó la rubia colgándose del torso de él -¡No permitiré que lo hagas! ¡Él me golpeó, porque yo se lo pedí!-
Le dio un fogoso beso calmando la tempestad de su carácter explosivo.
-Tus besos saben a sangre-
Mencionó embobado, al haber caído en su encanto.
-Eres un asqueroso- él sonrió, sádico y lascivo.
-Eso no es nada, muñeca-
Era de madruga y dos jóvenes se encontraban conversando en la cama, uno frente al otro, después de un furtivo momento.
-No...- negó ella -Me enteré que era casado, porque...- hizo un gesto, no sabía si decirlo o no -Me tuve esconder en el closet, cuando su esposa llegó a la casa-
Él rió, ella no tenía pena de contar sus aventuras y vergüenzas amorosas. Ellos de una forma extraña, eran amigos y podían hablar de esas cosas.
-¿Y te encontró?- le besó una de sus piernas descubiertas.
-Por suerte, no- rió por las cosquillas que sintió -Me hubiera matado. Era del doble de mi tamaño y una soldado del ejército de Amestris-
-¿Él era compañero de tu padre?- se había perdido muchas cosas de su vida al irse.
-No, era un recluta del tío Nicholas- parecía que podía verlo, el fue el primer hombre en su vida -Lo conocí por pura casualidad, en su casa y bueno...En ese momento me gustó mucho, yo tenía 16 y el 23...- miró al hombre frente a ella, sus ojos eran hermosos -Me dejé llevar por una tontería, pensé que lo quería un poco más que a mí, pero al final, no- apretó sus labios -No significó nada-
-¿Lo conociste cuando me marche?-
Ese hombre seria unos años mayor que él ahora.
-No, lo conocí mucho antes de tu partida- se acostó en la cama para no verlo -Creo que él fue una de las causas de mi rechazo hacia ti- cubrió sus ojos se sentía culpable.
-No quiero hablar de eso...Ese día fue terrible para mi- se posicionó sobre ella destapandole los ojos -¿Quieres que te cuente algo sobre mi?- asintió incorporándose -Bueno...Cuando llegue a Fanelia, después de muchas horas de viaje sin detenernos- movió sus manos e imágenes en miniatura aparecieron en sus palmas producto de la magia en él -Lo primero que hice, fue beber hasta perder la conciencia y acostarme con la primera prostituta que pude pagar- cerró sus manos, desapareciendo las imágenes. Ella cubrió sus ojos riendo de su infortunio -Luego de despertar, me di cuenta, que la prostituta era horrenda y salí huyendo de allí- la joven frente a él lloraba de la risa.
-Tenías poco dinero, ¿Verdad?- él asintió y rió, todavía más.
-Al salir de allí, camine por la isla y termine en la casa de una bruja- ella fruncio el entrecejo -Pero no era una bruja, era una ama de dragones que estaba viviendo sus últimos años de vida y necesita dejar su legado-
Observando su mirada y las expresiones en él, se podía deducir, que esa mujer fue muy importante en su vida.
-¿Cual era su nombre?- le acaricio la mejilla para darle consuelo. Pero al hacerlo, una visión llegó a ella -Satine...Satine de Nera-
Algo en su apellido se le hizo familiar, pero no recordaba de donde.
-Sí, así es...- le besó la mano que ella tenía en su rostro -Satine fue mi maestra hasta el día que se fue de este mundo, nombrandome su sucesor...- parecía que le había afectado mucho su muerte -En vez de a su hijo, Ciro-
-No es cierto...- mencionó ella en un suspiro.
-Si, muñeca...Es cierto, es el Ciro que tu conoces- le peino el cabello -Él y yo, fuimos entrenados por Satine... Pero en el momento de entregar su legado en su lecho de muerte, me lo dio a mi- le besó una mano -Ya que de los dos, era el único que pudo ganarse la lealtad de los dragones del Archipiélago de Shamballa, sin someterlos-
-¿Sin someterlos?- ella tenía muy poco conocimiento sobre magia o alquimia, ya que no le interesaban demasiado -¿A que te refieres?-
-Él es un domador de dragones- iluminó su duda -El somete a los dragones según su voluntad, al ingresar en sus mentes- ella se veía aturdida -¿Ahora comprendes el porque no lo quiero aquí y mucho menos, que esté cerca de ti?- asintió en shock -Él es muy peligroso-
-Si, lo entiendo- miró alrededor buscando su mochila -¡Maldita sea!- murmuró entre dientes bajando la mirada y frotando su frente -El me presto el dinero para ir a Amestris y no sólo eso, va a acompañarme-
Le lanzó una bomba al hombre frente a ella, que se puso furioso en cuestión de segundos.
-¡Tu no irás con él a ningún lado!- se levantó de la cama y se dirigió a la mochila de la joven -¡Iré a devolverle su cochino dinero! ¡Yo voy a darte lo que necesites! ¡Dinero es lo que me sobra!- gritó al mundo caminando de un lado a otro -¡Lo mataré! ¡Como no pude hacerlo cuando me enfrentó en la guerra de Fanelia!-
-¡Elliot!- exclamó ella -¡Cubrete!- exigió tapando sus ojos.
-¡No te hagas la puritana conmigo!- la señaló rabioso -¡Tendrás que acostumbrarte a esto!- se señaló completo de arriba a abajo -¡Te guste o no!-
-¡No dije que no me gustará!- respondió en el mismo tono que él -¡Pero me perturba que seas tan desinhibido!- separó dos dedos de sus ojos y él se estaba vistiendo -¿¡A donde vas!?- se alarmó.
-¿¡Donde se hospeda!?-
Se estaba colocando sus botas, mientras sus ojos parecían llamas.
-En el Malaga- respondió intimidada -Elliot...- se incorporó de la cama, despacio, después de colocarse una bata que encontró -Te estoy hablando...- seguía concentrado abotonando su camisa -Mirame...-
Pidió con ternura tocándole el rostro. Levantó la mirada al sentir su tacto y la imagen frente a él de esa hermosa muñeca, portadora de un par de intensos ojos verdes y cabello dorado, derribó las barreras de su locura. No sabía como, pero ella tenía ese poder sobre él, se volvía un hombre dócil y tranquilo, cuando estaba a su lado...Era su dosis de vida, su realidad y su debilidad.
-Voy a ir a devolver esto...- explicó tranquilamente, levantando la mochila -No quiero que tengas nada de él-
La furia que sentía, desapareció, en un instante.
-Mañana...- dijo ella caminando juntos a la cama -Mañana...Yo se la devolveré en un lugar público, para que te quedes tranquilo, ¿Esta bien?- él asintió acostándose con ella.
-Y después de eso, nunca más volverás a verlo- le dio un pequeño beso -Tu eres lo más hermoso y valioso que tengo en la vida...- siempre le decía eso. Le acaricio el cabello y la mejilla -Y no voy a volver a perderte-
