UN NOMBRE PARA TI…


Reclaimer: todos los personajes de este fic (excepto uno) no me pertenecen a mí sino a la gran Shinobu Ohtaka y son de la serie "Magi: Labyrinth of the magic" Así que no se admiten carnets falsificados ni nada por el estilo.

Advertencias: Lágrimas tal vez… demasiado pronto para ello, supongo ^^


Capítulo 10: El miedo en tus ojos

- ¿Y cuánto tiempo más me has dicho que ibas a vigilarnos? –preguntó con hastío y rabia el joven magi a uno de los miembros de Al-Sarmen mientras veía más allá de los enormes ventanales de la habitación.

Había pasado exactamente una semana y cinco días y medio desde que había tenido que violar a Zuòbi. Aquella misma noche, su mente no había parado de rememorarle el enorme placer que sintió ante aquel acto, su cuerpo cálido y húmedo recibiéndolo con cariño. A la mañana siguiente había tenido que darse una ducha fría nada más levantarse, algo nunca necesitado hasta ese momento, ni siquiera cuando alivió aquella parte de su cuerpo.

Ignorando aquel hecho y con una sonrisa traviesa bailando en sus labios, se había dirigido a su habitación para intentar nuevamente aquello que su subconsciente no había parado de mostrarle en toda la noche. Grande fue su sorpresa al ver a un guardia dentro de la habitación y a Zuòbi acurrucada en un rincón de la cama con una gruesa cadena aprisionando una de sus manos. Pero lo que más le impactó fue su actitud temerosa, sus ojos vacíos y su cuerpo mancillado…

Se había intentado acercar a ella, pero lo único que había conseguido era que se alejase de él con el miedo reflejado en su mirar. Ahora no era más que una muñeca rota, una sombra de lo que antes había sido y tanto le había divertido. Había tenido que hablar con el nuevo centinela para averiguar que este se quedaría allí con ellos hasta nuevo aviso, pues temían que la prisionera intentara liberarse atacándolo. Él se había burlado de aquellas palabras y se había sentado en el sillón de siempre.

Aquella noche sus sueños volvieron a repetirse, pero ahora mostrando la auténtica atrocidad que había cometido. A la coqueta Zuòbi siendo violada y rota por sus propias manos. Sus lágrimas, sus gritos y su sangre ensuciando las sábanas de seda blanca que antes había ocultado su cuerpo durante días. Su mente no paraba de preguntarle cuál de las dos realidades era la verdadera, su voz juguetona o su cuerpo destrozado.

Al despertarse en mitad de la noche lleno de sudor, se había intentado convencer de que todo era un juego, que ella había fingido dolor, que ella fingía temor… y casi lo había logrado hasta que la volvió a ver al día siguiente, incapaz de comer por ser sus manos quienes sostenía la bandeja de comida, pues el resto temían que los carbonizaran si se acercaban demasiado, como había pasado en varias ocasiones.

Los días y las noches siguientes se habían dividido entre el placer casi olvidado y el horror de haberla roto para siempre. No supo hasta ese momento que ella se había vuelto tan importante, que sus sonrisas y bromas eran ya imprescindibles en su existencia… que la necesitaba para no aburrirse, pues ya no concebía su vida sin ella cerca para entretenerlo…

Así que se había dedicado a acercarse a ella sin llamar mucho la atención, pero no había logrado nada más que rechazos y enfados. Él no se caracterizaba precisamente por su amplia paciencia, sino más bien lo contrario, y la actitud de Zuòbi no lograba más que irritarlo al extremo de exasperarse y asustarla aún más.

¿Cómo conseguirían salir de aquella situación?

- Ya os lo he dicho oráculo, la organización decidirá hasta qué momento es oportuno… -volvió a atraerlo a la realidad la voz del guardia, haciendo que decidiese divertirse con él a falta de alguien mejor.

- Sí, sí… ¿pero hasta cuándo será ese momento?

Casi sonrió cuando notó cómo se sulfuraba ante su actitud infantil y cansina. La antigua Zuòbi le habría dicho algo como "Pronto lo sabrás, hombretón…" y se habría quedado tan pancha, dejándolo con la curiosidad a flor de piel. Pero esa antigua Zuòbi ya no estaba, y él debía empezar a aceptar que jamás volvería.

- Oráculo… -empezó a susurrar con voz amenazante cuando ellos llegaron, como una suave brisa que anunciaba tormenta.

La comitiva constaba de dos hombres robustos y dos mujeres exuberantes, cuyos rostros se mantenían ocultos tras un fino velo de lino blanco. Cada cierto tiempo iban a la habitación a inspeccionar a la prisionera, asegurándose que a su partida ella temiera más al poderoso oráculo y a sus miembros enmascarados. En ocasiones veía como la obligaban a acostarse en contra de su voluntad, aprisionando sus extremidades a cada extremo de la cama a través de cadenas mientras él se recostaba encima y la atacaba con pequeños rayos que recorrían su cuerpo a la par de sus manos.

Ella lloraba y suplicaba, y solo cuando callaba y se resignaba a volver a ser violada, él se apartaba y la soltaban. Con cada llegada, ella tardaba menos en resignarse a su voluntad. Cada vez menos lo provocaba con palabras amenazantes. Cada vez se rompía más mientras el recuerdo de una Zuòbi tramposa desaparecía de su mente y era sustituida por aquel despojo.

Pero esta vez parecía ser distinto. Al parecer, que en la última visita ella directamente se dejase hacer sin oponer resistencia había significado algo para la organización. Los miembros se acercaron hasta él, pero fueron las mujeres las que tomaron la palabra y le comunicaron nuevos cambios.

- Seremos nosotras lo que vigilaremos de ahora en adelante… -habló una de ellas con una voz de terciopelo y secretos oscuros –Vamos a liberarla de la cadena de contención, y ahora estará bajo tu cuidado, oráculo…

¿Cómo? ¿Bajo su cuidado? No entendía muy bien a lo que se referían, pero lo supo en cuando vio a los hombres acercarse a ella, soltar su cadena y alejarse rápidamente de su cuerpo ante la mirada amenazante de aquellos ojos de tigre. Estaba sorprendido de que decidiesen dejarla moverse a su gusto, pero entonces sus voces volvieron a llamar su atención.

- Escucha oráculo, es importante que hagas lo que te vamos a pedir… -continúo la otra, tomando el relevo para decirle lo más importante de todo –Debes ganarte su confianza, su lealtad… ahora te teme pero debe adorarte. Alguien que confía ciegamente, es alguien fácilmente manipulable… Debes conseguir eso de ella y puedes hacer todo lo que consideres necesario para ello…

Así que era eso… mirando el cuerpo roto de Zuòbi se dio cuenta de que no sería muy divertido nada de aquello. El ser que antes lo había impresionado había desaparecido, y aquel no podía ofrecerle más que aburrimiento y hastío, como el resto de seres. Con un asentimiento de cabeza para consentir a la organización en otro de sus planes, dejó que ellos le transmitieran la noticia de su nueva "libertad".

- El oráculo se encargará de tu cuidado y protección –dijo con solemnidad una de las mujeres, haciendo énfasis en las palabras "cuidado" y "protección", una cruel broma se mirase como se mirase –Desde ahora, podrás salir de la habitación siempre que él lo considere seguro… tendrás libertad para moverte a tu placer y utilizar todos tus poderes, siempre y cuando obedezcas las órdenes del oráculo… ¿te ha quedado claro?

Ella alzó la cabeza con curiosidad y recelo en su mirada, sin saber si creerse o no lo que aquellos malditos seres estaban diciéndole. Ellos parecieron entender su incertidumbre, por lo que bajaron sus báculos, ordenaron al guardia que se marchara y miraron al joven para dar a entender que desde ahora él era el único que tendría poder sobre ella.

- Él se encargará de ti a partir de ahora, así que no intentes escapar…

El susodicho solo sonrió, jugueteando con su varita para recordarle que no debía confiarse, pues no dudaría en atacar si así lo quería. Ella tragó saliva nerviosamente, pero entonces miró más allá de la ventana. Jugueteando con sus dedos y la mirada perdida, se atrevió a poner a prueba su nueva libertad con una sola petición susurrada al viento.

- ¿Podríamos ir al jardín?

Los miembros de la organización miraron al joven magi, asintiendo levemente cuando este le preguntó si era prudente hacerlo y se apartaron mientras veía como ella le seguía en dirección a la puerta. Sus pasos eran ansiosos pero recelosos de acercarse demasiado, conteniendo su emoción a duras penas por miedo a que la volvieran a encadenar. Él solo colocó sus manos en su nuca y se encaminó dirección al dichoso jardín.

No tardaron mucho en llegar, siendo seguidos de cerca por los mismos miembros de la habitación, que los vigilaban desde la lejanía. Se subió a la rama del árbol más robusto, mientras veía como ella caminaba algunos pasos más antes de intentar huir. Bastó un simple hechizo de hielo para mandarla directo al suelo y dejarla aprisionada allí, mientras su pierna se mantenía congelada a la tierra.

- Te dije que no escapases… Ahora te quedarás así hasta que volvamos a la habitación…

- Maldito… -susurró lo suficientemente bajo para que solo él fuese capaz de escucharlo, a pesar de que el resto de miembros estaban atentos a sus movimientos.

- ¿Has dicho algo? No te he escuchado, vieja –dijo él en voz alta, para ponerla en un apuro y obligar a renegar de sus propias palabras. Sonrió complacido cuando la escuchó negar con énfasis, temerosa de un posible castigo, pero decidió seguir jugando con ella un poco más –¿Segura? Me pareció que sí dijiste algo…

- ¡No dije nada, lo juro!

Y aquel grito desesperado acabó con el juego, dejando a un magi aburrido y enfadado por ver su diversión terminada, a unos miembros complacidos por el miedo impreso en la voz de la prisionera y a esta temblando levemente por el golpeteo furioso de su corazón a causa del temor y el grito.

Al día siguiente ella volvió a repetir su deseo de ir a los jardines, intentando huir nuevamente mientras él se acomodaba en el mismo árbol y recibiendo como castigo una fuerte corriente eléctrica recorriendo todo su cuerpo, cortesía del magi oscuro. La única variedad fueron los dulces y maduros duraznos que este último se comía tranquilamente mientras la veía gimiendo de dolor en el suelo a causa de su hechizo.

Durante la semana siguiente, aquel ritual casi se convirtió en rutina, con leves variaciones como el tipo de ataque que el joven utilizaba o el momento y lugar (cada vez más lejos) en que ella intentaba huir. Pero incluso llegó un momento que hasta eso desapareció también. Ella dejó de intentar huir, caminando simplemente hasta estar medio oculta por los árboles y sentándose en sus raíces maldiciendo su suerte. Él la obligaba a moverse y quedar a su vista, y en cuanto ella se negaba, no dudaba en usar sus poderes para convencerla.

También eso desapareció con el paso de los días, y ya solo se sentaba en medio de los jardines, observando los hermosos cerezos en flor que bailaban a su alrededor. Alzaba las manos intentando alcanzar el cielo que se veía entre sus ramas, cerrando el puño en el aire al ver su sueño truncado. Entonces se llevaba ese puño al pecho y cerraba sus ojos, seguramente pensando en el día en que conseguiría hacerlo realidad.

En el día en que al fin sería libre de verdad…

Aquel era uno de esos días, donde él se maldecía a sí mismo por seguir esperando encontrar a la Zuòbi traviesa del principio y se decepcionaba al no encontrarla cada mañana. Como cada día, fueron a los jardines que se entreveían desde su habitación y ocuparon sus respectivos sitios de siempre. Pero algo no parecía funcionar. Los miembros seguían vigilándolos, pero ahora con menos cuidado que antes. Parecían confiar en el poder del joven magi.

- Oye… -la llamó cuando comprobó que dichos miembros no le prestaban la menor atención. En cuanto ella alzó la mirada para verlo, sonrió y le dijo –¿Qué te parece si cambiamos de jardín? Hay vistas más bonitas en otros lugares de palacio… y no están muy lejos de aquí…

Zuòbi pareció sorprendida por aquella propuesta, pero no dudó en aceptarla con gusto. Se puso en pie en cuanto él se bajó del árbol y lo siguió rumbo a otro jardín, más hermoso y con muchos más cerezos en flor. Judal se dijo que a partir de entonces la olvidaría para siempre, ya no la buscaría en los rincones de palacio ni en sus sueños nocturnos.

En cuanto encontró su árbol preferido, se lanzó a una de sus ramas, sin fijarse si ella escapaba o simplemente se quedaba de pie allí mismo. Sabía que los miembros de la organización los habían seguido y la estaba vigilando atentos, por lo menos hasta que ella se sentase en algún sitio. Esta no tardó en complacer sus deseos, andando con delicadeza hasta el centro de unos árboles impresionantes y sentándose mientras los pétalos llovían a su alrededor.

Estiró sus brazos, acariciando a los rosados pétalos que revoloteaban a su alrededor con cariño, como antes hacía con él. Aquel iba a ser el último momento, después se quejaría con la organización y la abandonaría para siempre. Convencería de un modo u otro a los miembros para que le den misiones más entretenidas, dejándola a merced de ellos. Un juguete que no era capaz de entretener a su dueño no merecía seguir siendo protegido.

No, debía ser destruido…

Mientras el sol empezaba a ocultarse por el horizonte y la hora de volver a la habitación se acercaba, Judal empezó a despedirse de su traviesa Zuòbi, de sus recuerdos sensuales y sus bromas pesadas, de su poder inimaginable y sus retos divertidos, de sus sonrisas coquetas y sus caricias seductoras… de ella y el tiempo a su lado…

Fue entonces, ensimismado como estaba en ella, que captó el gesto casi imperceptible que hizo. Tuvo que pestañear y enderezarse en el sitio para darse cuenta que no había sido su mente que la echaba tanto de menos.

Ella había alzado la mano y había cogido un pequeño pétalo en su palma. Con mucho cuidado y mimo, había cerrado el puño y la había acercado lentamente a su pecho. Aquello no habría sido impresionante si no fuera porque después lo había abierto, dejando en libertad una pequeña mariposa del mismo color y tamaño que el pétalo. Esta había alzado el vuelo con entusiasmo, intentando alcanzar el cielo que tanto ansiaba Zuòbi.

Estaba a punto de conseguirlo ante la atenta mirada del joven magi… pero entonces quedó carbonizada en cuestión de segundos, dejando solo cenizas que se esparcieron en el viento. Sorprendido por aquella crueldad en estado puro, giró su cabeza buscando la mirada de ella… para encontrarla con el rostro levemente volteado y mirando de reojo algo a sus espaldas. Siguiendo la dirección de su mirada se encontró de lleno con los miembros de la organización, que charlaban animadamente entre sí y no se daban cuenta de lo que acababa de pasar.

¿Qué significaba todo eso? ¿Qué intentaba decirle Zuòbi con aquel acto? ¿Realmente intentaba decirle algo o solo era su imaginación aburrida?

Cuando volvió a fijar su vista en ella se topó de lleno con su dorada mirada, que aguardaba atenta cualquier gesto de él. Pero no hizo nada, solo la siguió observando, preguntándose qué quería decirle… Empezó a creer que todo eso era absurdo cuando ella sonrió levemente durante una breve fracción de segundo antes de girar su cabeza para seguir viendo los pétalos.

Eso sí que no podría habérselo imaginado. Su sonrisa torcida, tan parecida a la suya propia, tan coqueta, traviesa y sensual a la vez… y sus ojos, con aquel brillo único e inconfundible en ellos. No, no podía haberse imaginado haber visto a la Zuòbi de siempre. Había sido durante muy poco tiempo, pero estaba seguro que la había visto.

"Estoy bien, solo es una ilusión, hombretón…"

Eso le había dicho hace casi un mes, aquel día que había tenido que profanarla… Había dicho que todo era un juego, ¿seguiría jugando ahora? Si era así, ¿por qué? El recuerdo de la mariposa llegó a su mente, haciendo que volviera a prestar atención a los miembros de Al-Sarmen, que a pesar de no mirarlos, seguían todos sus movimientos. No podía dejar de fingir… no mientras ellos siguiesen vigilándolos.

Sonrió, entonces debería deshacerse de ellos…

Su deseo se cumplió más pronto de lo que esperaba. Al día siguiente, le comunicaron que ella estaba lo suficientemente sumisa a su poder para ya no necesitar que siguiese vigilándola, por lo que ahora él debería ganarse su lealtad. Y para ello nada mejor que la soledad y libertad de movimientos.

Judal no podía estar más feliz, pues al fin la tendría para él solo, pero nada fue como debería. Ella volvió a pedirle que la llevase a los jardines, donde se dedicó a ver caer los pétalos a su alrededor, sin hacer nada especial a pesar de que ya nadie los vigilaba. Y, a pesar de sus comentarios para que dejase de fingir, ella continúo igual que siempre, temerosa de él en todo momento.

Los días pasaron iguales y se cumplió un mes, ¡Un mes!, desde que la violó por órdenes de la organización. Y ella no hizo nada. Poco menos de una semana desde que la organización había apartado sus ojos de ellos y ella seguía siendo tan fría y alejada como siempre. Es cierto que ahora se acercaba más a él, pero nada comparado con el pasado.

¿Y ahora qué?

La respuesta no tardó en llegar esa misma noche, en su habitación oscura y solitaria…

Continuará…


Bueno, lo prometido es deuda, aquí está el capítulo de esta semana. Espero que os haya gustado y me comentéis qué os parecido y qué creeis que pasará a partir de ahora, con estos nuevos cambios XD

Agradecer a todas las personas que me leen, y en especial a:

PolarisLittleWitch: Muchísimas gracias ^/^ Me esforcé mucho en hacerlo y me alegro que te haya gustado ^^

NicoleAnE: Me alegra que te haya gustado ^^ Zuòbi es especial por ello, y por eso nos encanta tanto XD Jajajajja Judal es una ternura ^^ Gracias, espero que te haya gustado el capi de hoy ^^

Eso es todo, os veo la semana que viene…

¡Hasta pronto!