FINAL MISSION STATUS
Por Mizaya y Zapenstap
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 11 - Estado de la Misión: Crítica
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Duo escuchó el clic del arma mientras Dorothy quitaba el seguro, pero la bala nunca salió. Con ambas manos levantadas, él abrió sus ojos. "Y bien?"
La palabra colgaba en el aire entre ellos. Dorothy sonrió. "Realmente eres un tonto, Duo Maxwell."
"Huh?"
"No voy a dispararte." Sus labios se torcieron en una sonrisa. "Al menos no todavía."
Ella no explicó. En vez comenzó a gritarles órdenes a los hombres que había llevado con ella al túnel. "Busquen en el lugar!" dijo ella. "Asegúrense de rodear todo su equipo. Lleven a quien encuentren directamente a la habitación de aislamientos, sin contacto, y manténganlos ahí hasta que escuchen de mi. Necesitaré interrogar a estos dos"—le sonrió a Duo,—"y podría ser necesario tener un poco de ayuda."
Duo giró sus ojos hacia Sally. El bruto aún estaba manteniéndola inmóvil, sus gruesos brazos atrapaban sus muñecas detrás de su espalda, pero ella no parecía estar adolorida. La pierna de Duo dolía de la herida de arma.
Los hombres de Dorothy cubrieron la pierna de Duo con vendajes. Fueron levantados del piso—Duo hizo una mueca en agonía y jadeó—sólo para ser despojado de sus armas y sus manos atadas tras ellos. Los otros hombres de Dorothy se alejaron. No les tomó mucho tiempo sacar a los dos mineros del pozo y atarlos. Cuatro soldados se llevaron a los mineros de Duo.
Bueno, al menos no habían sido asesinados. En tanto como estuvieran vivos, había esperanza. Aún, no se veía bien, especialmente no cuando fueron separados de esta manera. La sala de descanso probablemente era una especie de cuartel donde los soldados golpeaban entre turnos. No sería fácil entrar o salir.
"Las bombas han sido desarmadas?" preguntó Dorothy a quien parecía ser el teniente líder. Dos docenas de hombres parecieron estar esperando sus órdenes en los túneles. Seis de ellos la rodearon como guardaespaldas.
"Eso parece, señor."
Ella debió haberlos hecho llamarla "señor", pensó Duo malhumorado.
"Fantástico," murmuró Dorothy sin molestarse en contener su sarcasmo. "No importa. Ellos necesitan mantener esta posición para que este pequeño plan les haga algún bien. Aún podemos volar manualmente los contenedores si nos dan la orden. Dónde se supone que debes estar apostado, soldado?"
"Cuadrante cuarto, señor. Va a dejar a alguien vigilando este lugar?"
"Por supuesto. Todo un pelotón será enviado directamente. También enviaré algunos técnicos para reconectar esos explosivos. Mientras tanto, tu cuadrante está desprotegido, verdad? Será mejor que regreses allá. Más de esos tontos están apostados alrededor del perímetro."
Como los grupos de Noin. Duo contuvo un gruñido y trató de mantener su cara inmutable. Tal vez ella ya estaba adentro. Pero otra vez, tal vez ya estaba capturada. Si no, había alguna forma de advertirle sobre ese pelotón? Mirando su pierna, a Sally, a las docenas de tropas con las armas, y al confiado y malvado rostro de Dorothy, no pudo pensar en nada.
Sólo podía esperar que al grupo de Heero le hubiese dado alguna advertencia antes de que la gente de Cole pudiera reaccionar a su descubrimiento. No parecía que Cole estuviera muerto, pero podía esperar que hubiesen escapado a algún lugar seguro con Relena.
Bajo órdenes precisas, la guardia de Dorothy se dividió en dos grupos organizados mientras Dorothy misma llevaba a Sally y a Duo de regreso por el túnel principal. No los llevó sola. Su pequeño equipo de seis la siguió: hombres que se veían veteranos, algunos de ellos con cicatrices, todos de ellos malacarosos y estoicos mientras marchaban por la iluminación de la mina. El teniente guió al resto por el camino contrario, a cualquiera que fuera el cuadrante cuarto—probablemente un lugar defensivo desde el cual podrían atacar a los grupos de Noin.
Al menos los soldados de Dorothy no sabían desde dónde venían los grupos de Noin. Habían entrado bajo una oscura cubierta—sin señales de radio—justo para darles esa ventaja, al menos hasta que las bombas fueran desmanteladas y Noin pudiera reactivar la señal para darles las órdenes para entrar. Si su bengala había funcionado, sólo era cuestión de tiempo antes de que esas tropas llegaran al condominio.
Por supuesto, podría ser muy tarde para Duo y Sally—ahora sólo eran buenos para una cosa. Duo cojeaba mientras caminaba, apretando sus dientes, y se preguntó si Dorothy planeaba atenderlo más antes de someterlo a interrogación y tortura.
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Los prisioneros estaban siendo difíciles.
Cole frunció ante el hombre con quien la Srta. Relena dijo se había casado. Incluso atado, se veía un poco salvaje. Estaba consciente, respirando intensamente, y mirando a Cole con oscuros ojos azules que parecían—increíblemente—desafiarlo. Cole supuso que era el tipo de chico rebelde por el que las jovencitas caían antes de saber la importancia de la madurez y la seguridad.
Esos jóvenes sin rumbo e irresponsables generalmente no eran nada sino una pérdida en la sociedad.
Cole les había ordenado a sus hombres contener a los tres de los traidores guardaespaldas de la Srta. Relena tan pronto como habían sido llevados al sótano. El rubio y el chino habían sido amarrados con soga a una cadena clavada a la pared. Ese hombre había sido atado a una pesada mesa metálica en medio de la habitación.
El sótano era un hueco cuadrado e incómodo que Cole había dotado con varios instrumentos: garfios, cadenas, varas, sogas, y piezas de metal de varios largos, formas y propósitos. Era una habitación secreta, y permanecería a salvo de descubrirse, incluso si las fuerzas de los Preventivos lograban pasar su milicia, lo cual dudaba.
Su alianza con la Srta. Catalonia había probado ser más provechosa y no le había costado nada de qué preocuparse en la programación de las cosas. Dorothy predijo y manipuló a los Preventivos, y este juego pronto llegaría a su final. Por supuesto, sería útil si pudieran escuchar las comunicaciones del enemigo. Esa era la información que más quería Cole ahora. Si Dorothy capturaba al enemigo, estaba seguro que también haría su mejor esfuerzo—o el peor—para obtener la frecuencia; él haría lo contrario.
La interrogación siempre había fascinado a Cole. No era porque la tortura fuera horrorífica—Cole aborrecía el entretenimiento sin sentido—sino porque era práctica. Tiempo atrás había sido un proponente de que le gustaba pensarlo como una "ley dura." A los criminales no deberían permitirles la clemencia, y la confesión era el medio más eficiente para procurar una justicia apropiada. Los jurados y los juicios eran tan imperfectos, y tantas personas malas quedaban libres a través del "sistema". La gente mentía en los juicios, pero un hombre cuya elección era confesar sus delitos o tener sus uñas arrancadas usualmente decía la verdad.
Cole lo había probado por sí mismo.
El tan llamado esposo de la Srta. Relena estaba derramando sangre de una herida de bala de una pulgada al lado izquierdo de su torso. La herida no fue administrada como parte del interrogatorio. El hombre la había recibido sólo porque había desviado su atención del tiroteo en el corredor lo suficiente para encerrar a la Srta. Relena en la suite. La bala lo había atravesado, perdiéndose los principales órganos internos, pero dejando un feo agujero que había derramado sangre.
La sangre mareaba a Cole. Raramente recurría a azotar o herir durante sus interrogatorios. Al entrar a los oscuros confines del sótano, le había ordenado al hombre desvestirse hasta la cintura y vendarse la herida con gasa para evitar mirarla. También había otra razón, por supuesto: no quería que su traidor se desmayara por la pérdida de sangre antes de tener tiempo para interrogarlo.
El hombre había forcejeado mientras era tendido en la mesa. No parecía forcejear de dolor o miedo, sino para liberarse. Aparte del oscuro círculo de sangre manchando el blanco del vendaje envuelto alrededor de su medio, el esposo-soldado de Relena no lucía o actuaba como alguien que estuviese herido. Mostraba fuerza sorprendente y tomó tres hombres para sujetarlo lo suficiente para asegurar los amarres de cuero.
El hombre ahora yacía tranquilamente, respirando fuerte, músculos flexionados contra sus amarres. La sangre estaba comenzando a traspasar los vendajes. Cole frunció ante el creciente punto rojo. Podría tener que hacer esto rápido.
Pero no muy rápido.
"Dame el nombre de los líderes que han infiltrado mis minas," requirió Cole en una voz calmada y controlada. "Y la frecuencia de sus comunicadores." Le hubiese gustado hacerle algunas otras preguntas a este hombre—preguntas personales—para ver de lo que estaba hecho, pero eso tendría que esperar. Podría tomarse su tiempo más tarde. Primero, necesitaba ocuparse de los negocios.
El hombre no respondió.
"Pensaste que podrías detenerme?" preguntó Cole, más para hacer conversación y darle tono al futuro procedimiento. "No pensaste que sospecharía que me traicionarían?"
El hombre herido yacía callado, mirando a Cole con duros e intensos ojos que lo hubiesen atemorizado si el traidor no hubiese estado sujeto. Como estaba, Cole lo encontró un poco fascinante, como mirar un león enjaulado.
Cole no sabía mucho sobre el reclutamiento de la experiencia personal, pero reconocía la competencia cuando la veía, aún en los traidores. Los tres guardaespaldas de la Srta. Relena habían mostrado dos veces sus agallas en cuestión de segundos antes de que sus refuerzos hubiesen logrado dominarlos y desarmarlos. Por un momento, seriamente había temido por su vida y estaba agradecido de haber empleado tantos cuerpos para interponerse en frente de las balas en su defensa. Era una pena perder a aquellos camaradas. Los guardaespaldas personales no eran baratos.
"No muy conversador?" le preguntó Cole al pronto muerto esposo de Relena. "Esto claramente es una ruptura en nuestro acuerdo, sabes. No sientes que me debes algunas respuestas?"
Mientras hablaba, la verdadera atención estaba enfocada en preparar los instrumentos que usaría para motivar a su taciturno prisionero a responder sus preguntas.. Sus instrumentos favoritos eran una serie de aparatos de shock y quemadores. Había descubierto que la sangre hacía que otras personas se desmayaran y marearan como él, lo cual los hacía más difíciles de responder preguntas y desmayarse completamente. El dolor era el camino. Quemar era fácil y producía buenos resultados, especialmente donde los nervios eran sensibles. El tratamiento de shock a veces era aún más efectivo, pero también más peligroso y difícil de aplicar, desde que podía causar fallas en los órganos y otros problemas si se administraba incorrectamente.
Él decidió comenzar con las quemaduras. Sus instrumentos de elección fueron una serie de alambres, reglas y pinchos, todos con mangos de goma, y todos tornándose rojos en un recipiente de bronce. Esos eran métodos antiguos, con largas y prestigiosas tradiciones de épocas ancestrales. Sus instrumentos ya estaban enrojeciendo, lo caliente suficiente para marcar la piel en la superficie, aún a una distancia, y quemaba profundamente si se mantenía en su lugar. Uno de sus favoritos era una delgada vara de metal, como una regla, pero más larga y más flexible, que podía ser manejada con efectiva fuerza. Su otro favorito era el afilado hurgón, pero no podía usarse hasta el final.
Se recordó que tenía que ser rápido.
"Esta es una pérdida de tiempo, sabes."
El comentario llegó del chino colgando en la pared tras él. Colgaba de la cadena por las muñecas. Como crucificado, sería difícil para él inhalar con sus brazos extendidos y la gravedad halando su pecho hacia adelante y abajo. Tenía que levantarse con los músculos en sus brazos en orden de inhalar suficiente aire para hablar con algo de energía.
"Él no te dirá nada. Ninguno lo haremos."
Cole rió. El hombre sólo hablaba como un medio para distraerlo. Probablemente sólo trataba de tener más tiempo para el rescate. "Supongo que esperas ser rescatado?" entonó él. "No lo hagas. Este lugar está muy escondido. Fui alertado de tu gente en las minas, y sé que no son los únicos que su comandante enviaría."
El chino guardó silencio. Cole regresó al hombre en la mesa.
"Te importa decirme más sobre ellos antes de matarte?"
El hombre no respondió.
Cole sonrió. "No hay caso en protegerlos, sabes. Como ves, estaba preparado para su ofensiva. Tenía fuerzas apostadas, esperando a que apareciera tu gente. Conozco bien sus operaciones. La Srta. Catalonia ha sido muy útil."
El hombre aún no reaccionó.
Cole frunció. "Podría ayudarte saber que tus amigos en las minas han sido descubiertos. Si hay sobrevivientes, habrán sido aprehendidos. Dispondrán de ellos prontamente, como el resto de su grupo."
"Bastardo!"
Cole se giró. De nuevo era el chino. Esta vez, sus palabras no estaban destinadas a distraer. Lucía furioso.
"No lo dejen hablarme de esa manera," les dijo Cole despedidamente a los guardias en la puerta. Uno de ellos se apresuró a golpear al chino en la cabeza con la culata de su rifle semi-automático. El golpe hizo eco en la pequeña habitación de concreto. El guardia que lo hizo sonrió, botando en sus pies con la excitación de la violencia permisiva, y mantuvo el arma lista mientras el chino escupía sangre por un costado de su boca.
"Sólo una vez, gracias," dijo Cole, deteniendo a su empleado. "A menos que interrumpa de nuevo."
Cole regresó al hombre extendido en la mesa—Heero Yuy era su nombre, lo sabía Cole; sólo se rehusaba a reconocerlo—y alcanzó por el mango de goma de un instrumento como una vara de metal de una pulgada de grosor y varias de largo. El extremo estaba enrojecido de su baño en las carboneras.
"No sabía que los miembros de la unidad de Preventivos del gobierno fueran tan rudos y traicioneros," dijo él. "No mejora mi temperamento. Ahora responde mis preguntas: cuántos son en su equipo de refuerzo, quiénes son sus líderes, y qué señal tienen?"
Él le permitió a su prisionero darle un vistazo al metal mientras lo bajaba lentamente hacia el pecho del hombre.
"Qué vas a hacer con Relena?"
Esto provino del rubio, quien colgaba de la cerca en forma similar a su compatriota. Otra pregunta distractora. Cole sonrió. Debían preocuparse mutuamente del otro. Eso podría ser útil. El guardia con la semi-automática levantó su arma para entregar otro golpe, pero Cole lo detuvo con un gesto.
"Casarme con ella, por supuesto," respondió Cole.
"Qué si no quiere casarse contigo?"
Cole no pudo concebir una razón de por qué sería verdad. "Lo hará."
"Crees que este es el tipo de vida que quiere?" presionó el rubio. No había emoción en su tono, ni sarcasmo ni crítica o aprobación. "Crees que quiere casarse con un torturador?"
"Oh, no sabrá de esto," explicó Cole. "Le diré que todos fueron heridos tratando de matarme. En la línea del deber y todo eso. Lo entenderá. No pueden pensar que le dejaría saber de esto. Estos son asuntos para hombres, no mujeres! Las realidades como estas deben ocultarse de las mujeres. Ellas son delicadas. Deben ser protegidas."
"Ella no te ama," dijo el rubio.
Cole le frunció. "No imagino que será difícil persuadirla de eso."
Él pensó que el soldado hizo un sonido como un resoplido, pero lo despidió como su imaginación.
"Sólo espero lo aprenda ante el altar," añadió él. "Y que ninguno de su gente haga algo estúpido. Como saben, he dejado guardias afuera de su puerta en caso de que trate de escapar." Él sonrió. "Les he dado la orden de matarla si algo sale mal y su gente de alguna forma logra llegar a mi territorio." Suspiró. "O si algo me pasa. Sé que parece duro, pero sólo es un último recurso."
Era lamentable, pero había tomado su decisión. Después de hoy, la Srta. Relena sería suya. O de nadie más.
El hombre en la mesa no reaccionó a esta noticia. Su esposa en peligro y no decía nada! Podría Relena realmente amar a un individuo tan estoico e insensible? Absurdo.
"Constantemente estoy checando con ellos," dijo Cole, y palpó el comunicador que llevaba todo el tiempo en su bolsillo, sólo para asegurarse de que aún estuviera ahí. "Si algo me pasa, muy improbable, lo sabrán porque dejaré de reportar. Ven lo fácil que es? De esa forma no necesito dar la orden. Lo confieso: sería difícil ordenar la muerte de tan hermosa criatura." Suspiró. "Sin embargo, no espero que haya dificultades. La Srta. Catalonia me contactará cuando su gente esté capturada, y entonces no habrá caso en conservarlos vivos a los tres o a alguno de los otros rehenes por más tiempo."
Era tan simple en realidad. Perjudicarlos a todos con temor. Había aprendido hace mucho tiempo que lo único que necesitas hacer para controlar a alguien—cualquiera—era hacerlos temer. El truco estaba en no tener temores. Por lo tanto, tuvo que condicionarse a sólo preocuparse tanto por alguien. Todos eran prescindibles, incluso la Srta. Relena, si se reducía a su vida o la de ella.
Cole se giró de nuevo hacia su víctima, decidiendo comenzar delicadamente como para mostrar que hablaba en serio sin marcarlo demasiado. Después de todo, no era un monstruo. Al menos, no hasta que fuera forzado a serlo.
Con cuidadosa precisión, lentamente movió la vara caliente por el pecho del hombre de hombro a hombro, justo bajo la clavícula.
La reacción fue interesante. Los músculos del hombre se tensaron bajo las ataduras. Flexionó sus brazos, hombros, estómago y piernas, saltando levemente en la mesa. No cerró sus ojos. Los mantuvo bien abiertos, mirando a Cole como un perro rabioso. Estaba apretando sus dientes, quijada cerrada. El sonido que salió de sus labios cerrados no fue un grito.
Cole hizo a un lado el instrumento. Era tiempo de ser un poco más serio.
El chino habló, las palabras cayeron lenta pero tensamente de su boca, como si sus emociones estuvieran atadas a hilos que tenía que mantener en sus puños para controlarlas. "No deberías estar preocupado de que nuestra gente te encuentre?"
Cole sonrió. "Oh, no lo creo," dijo él. Usó un par de pinzas para levantar una pieza circular de metal de las carboneras. Esta la depositaría en la piel del hombre y la dejaría ahí hasta que estuviera listo para hablar. "La Srta. Catalonia lo anticipó. Me dijo muchas cosas sobre su operación. Sospecho que su gente encontrará a la suya antes que abarquen cien yardas de este condominio."
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Noin supo que algo estaba mal incluso antes de ver la señal del grupo de Duo. Lo sintió intuitivamente y se preguntó abstractamente si Zechs estaba bien.
La señal sólo confirmó que algo había pasado. Primero hubo la bengala alertándolos que el desecho nuclear estaba desarmado, lo cual fue recibido con aplausos por las fuerzas especiales en el grupo de Noin. Luego hubo la segunda bengala, disparada por Sally o Duo, indicando descubrimiento. El que se disparara casi una seguida de la otra sólo podría significar…
"Manténganse juntos," les dijo a los hombres con ella, y esperaba que los capitanes de los otros grupos esparcidos por el área hicieran lo mismo. "El grupo de Duo podría estar comprometido, y el desecho nuclear es más importante. Estoy siguiendo el avance del equipo de refuerzo para asegurar las minas. Aquellos de ustedes con órdenes para asegurar el perímetro y avanzar al condominio saben qué hacer. No tenemos mucho tiempo. Prepárense para la resistencia. Mantengan sus radios listos y esperen por mi señal."
Su mejor esfuerzo fue dirigido al cambio de prioridades, organizando su gente para cumplir sus instrucciones.
El plan de contingencia fue puesto en acción. El grupo de refuerzo siguió su orden como comandante por el desierto hacia la entrada de la excavación—la misma que el grupo de Duo había cruzado. El sol del desierto golpeaba calientemente en sus espaldas, pero no hubo incidentes. Por suerte o habilidad, parecían haber evitado la vigilancia externa.
Sin embargo, cuando llegaron a las minas, Noin sintió sólo una mínima cantidad de alivio. Dos de los hombres de Duo estaban vigilando la entrada, pero ambos estaban sudando, sujetando sus armas con dedos callosos cuando el grupo de Noin los encontró en la entrada. Viendo que era Noin, alivio brotó de sus rostros.
"Comandante! No han regresado. Deberían haber enviado a alguien al menos. Algo pudo haber pasado."
"Sí," dijo Noin pesadamente. "Vamos a entrar. Pueden mantener esta posición?"
Ellos asintieron.
"Enciendan sus comunicadores. Necesitamos movernos rápido, y si lo hacemos lo rápido suficiente, no tendrán tiempo para localizar y descifrar nuestra señal. Todo depende de la velocidad. Si algo pasa, alértennos inmediatamente. Griten si deben hacerlo."
El grupo de Noin pasó, abriendo su paso por los túneles con sus tiradores más fuertes liderando el ataque para un anticipado asalto frontal. Estaban preparados para todo: tiradores, peleadores, explosivos, cualquier cosa que encontraran.
El túnel principal de la mina estaba desierto. Noin y su grupo se precipitaron en el área con armas listas, posicionadas para disparar. Las paredes del túnel ascendían sobre sus cabezas en un domo de veinte pies de alto, protegiendo varios rieles de tren desde la parte más profunda del túnel hacia el desierto. Era una caverna enorme, capaz de contener a varios cientos de hombres, pero estaba vacío, y silencioso. Incluso en el pozo donde el desecho nuclear era guardado parecía haber sido dejado desprotegido. Los hombres de Noin sólo reportaron un desastre de pisadas y todos los contenedores de desecho nuclear eficientemente desarmados.
"El grupo de Duo lo logró," murmuró Noin. "Por qué no hay nadie aquí?"
"Comandante, claramente hubo un tiroteo," uno de sus subordinados le informó después de conducir un barrido del área. "La evidencia sugiere que Duo, Sally Po y su grupo han sido asesinados o capturados. Cuáles son sus órdenes?"
Tenían que haber sido capturados. La primera idea de Noin fue ir tras Duo y Sally, para liberarlos de cualquier destino que pudiera ponerlos en manos enemigas, pero sabía que no podía. Todo dependía de asegurar primero el desecho nuclear, y luego el condominio, y finalmente a Cole. Lo que no entendía era por qué ninguno de los hombres de Cole estaban aquí si habían descubierto al grupo de Duo y sabían que los Preventivos estaban tratando de llegar al desecho.
Tal vez era una trampa. Noin mordió su labio, dirigiendo una mirada a los soldados que había traído con ella, soldados que confiaban y dependían de su liderazgo. Tenía que ser una trampa, pero aún así, tenían que contenerse.
"Nos quedamos aquí para mantener segura esta área," dijo ella.
Sus soldados pasaron saliva, pero asintieron. Entendían, por supuesto. Personalmente, ella había escogido a los mejores para esta parte de la misión, soldados que sabían lo que estaba en juego y obedecerían sus órdenes sin importar qué. Tenían que contenerse. Duo y Sally muy bien podrían ya estar muertos. Además, aún si estuvieran vivos, no tenía forma de saber a dónde habían sido llevados.
Ahora que tenían control del desecho nuclear, el próximo paso era comenzar a mover los grupos del perímetro. Esta era la parte más peligrosa de la misión si el plan original salía mal y el grupo de Heero era incapaz de sacar a Cole directamente. Era más peligroso porque no había manera de coordinar una ofensiva sin usar señales para comunicarse, y era probable que la gente de Cole estuviera buscando constantemente por señales para interceptar. Si encontraban las suyas, podrían escuchar y adelantárseles.
Pero no podía preocuparse por eso. Esto lo era: fin del juego. Tenían que someter a Cole, y para hacerlo, tenían que entrar al condominio—rápido—antes de que sus fuerzas pudieran someter a las suyas. Desde que los hombres de Cole eran mercenarios que se apoyaban en Cole por pagos, podrían muy bien capitular si era arrestado. Capturar a Cole también era la forma más rápida de ayudar a Duo y a Sally… y a los otros también, si estaban en problemas.
Noin no desperdició un segundo. Ordenó que la frecuencia de radio fuera activada y contactó a los capitanes de primer, segundo, tercer y cuarto grupo. Mientras les decía apretar el perímetro, le envió una oración al cielo de que lograran salir de esto vivos.
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Relena yacía completamente quieta con su estómago presionado al piso, tratando de mirar bajo la puerta en el corredor donde Heero, Zechs y Wufei habían sido emboscados. Estimó que el número de botas indicaba la militante presencia de media docena de guardias armados.
Ahora sólo había vacío. Silencio. No podía ver nada bajo la puerta, no desde que el cuerpo que había bloqueado su vista había sido arrastrado. Había observado, horrorizada, mientras los tacones de sus botas se deslizaban de vista. Todo lo que podía ver ahora eran las baldosas del corredor.
No dejen los cuerpos. Llévenlos abajo.
Estaba sola.
Retirando su rostro de la puerta, Relena se levantó de rodillas y se puso de pie.
No creía que Heero o alguno de los otros estuvieran muertos. No podía creerlo. Los ayudaría de alguna forma.
La escalofriante decadencia de las habitaciones que Cole había hecho para ella parecía dos veces claustrofóbicos. Miró la acolchada colcha, las chucherías, y los encajes con una creciente sensación de repulsión. Entre el revuelto en su estómago y el pánico en su pecho, fue un esfuerzo no vomitar.
Recogiendo su cabello con una cinta de su bolsillo, buscó alrededor por algo que pudiera usar para escapar de esta jaula. Las barras en su ventana estaban hechas de oro. Sabía muy poco sobre trabajar con metales, pero sabía que el oro era suave. Tal vez había una forma para poder cortarlas, calentarlas o doblarlas? Necesitaría algo muy duro o algo muy afilado. Si no podía salir por la ventana, entonces tal vez había algo que pudiera usar para abrir la puerta?
Relena comenzó a abrir la puerta del armario. Ignorando los horribles vestidos—atuendos de niña para tomar el te—sacó todo de las repisas de arriba. Sin encontrar algo de valor en el armario, se giró para revisar el resto de la habitación. Nada estaba disponible. Incluso retiró los tendidos y el colchón. Escarbó cada caja y cajón en cada tocador y baúl en la habitación. Incluso golpeó las paredes por huecos secretos o alacenas.
En su búsqueda, encontró una pila extra de tapetes, aceites de fragancias e inciensos, un elefante de cerámica de la India y un libro sobre el matrimonio, hijos y el mantenimiento de la casa y el hogar. De rodillas al lado del baúl, lo miró incrédula por al menos un minuto. El resumen en la cubierta trasera era hipnotizante:
Este libro es una maravillosa adición a la escuela tradicional de la idea del amor y el matrimonio. Con perspicaz prosa e innegable lógica, este libro reafirmará su creencia en el amor y los valiosos roles mutuos que asumen hombres y mujeres al mantener un hogar feliz, criar hijos y sentar un ejemplo positivo para otros bajo la mirada de Dios.
Eso no era tan malo. Había una nota escrita a mano en la cubierta interna, dirigida a ella de Cole.
Mi querida Relena. Escogí esto para nosotros. Es un testamento del tipo de vida significativa que espero tener contigo. Si encuentras esto, por favor lee el capítulo tres. Tengo anotados los pasajes que encuentro particularmente…
Ella cambió al capítulo tres.
La obligación de un esposo es amar y preocuparse por su esposa, ver sus necesidades, motivarlas en todas sus labores domésticas, y protegerla del mundo. El lugar de una esposa es ver las necesidades de su esposo, delegarle todos los asuntos, guardar silencio cuando habla, y hacer de su hogar un santuario.
Relena tiró el libro por la habitación. Golpeó la pared bajo la ventana con un sonido seco. No era sólo la audacia del texto, era el aburrimiento, la inutilidad de una vida que era la vida de una muñeca. Quería lo que tenía con Heero—incluso el falso matrimonio que había tenido con Heero—a esa basura.
Relena se levantó y voló hacia el baño. Abrió los gabinetes, uno tras otro, escaneando los contenidos por algo, cualquier cosa. Loción. Jabón. Seda dental. Palillos. Toallas. Una lima. Lubricante?
Ella pausó por un momento. Tal vez podría usar la seda dental para liberar el seguro en la puerta? O tal vez la lima, si trabajaba lo duro y largo suficiente, cortaría el oro. Dudoso. Si sólo pudiera encontrar algo pesado… Relena abrió las puertas bajo el lavabo y miró la tubería con cuidadosa consideración. Necesitaría herramientas para separar eso—un destornillador, una llave inglesa—no importaba el agua. A menos… tal vez el lubricante pueda ser útil.
Relena estaba contemplando cómo podría tratar con el agua llenando la habitación si lograba separar la tubería cuando escuchó un fuerte golpe contra la pared justo bajo su ventana. Golpeó aproximadamente donde había lanzado el libro, pero esta vez desde afuera.
Dejando los contenidos de su baño donde los había encontrado, Relena atravesó el desorden en el piso hacia la pared exterior. El vidrio de la ventana cerrado con cerrojos de cristal detenía el aire nocturno de la habitación. Relena las abrió. Tras ellas, separándola de la libertad, estaban las cuatro barras doradas. Presionó su rostro contra ellas y miró al suelo abajo.
Jadeó ante la vista. "Gracias a dios!"
Duo la saludó, apoyado en una pierna, la otra vendada alrededor del muslo con gasa. Sally permanecía a su lado, su rostro cubierto con tierra y ceniza, pero sus ojos brillaban con la luz rojiza del desierto mientras miraba la ventana de Relena desde el pasto abajo.
Pero esperen. Con ellos estaba…
"Dorothy!" jadeó Relena. Qué estaba haciendo Dorothy aquí?
Y no era sólo Dorothy. Era Dorothy más seis soldados fuertemente armados, todos malencarados finalizando sus treintas que se veían como si hubiesen visto acción en el pasado y estuvieran preparados para más de ella. Por lo que se veía, no era Dorothy la que había sido capturada por el grupo de Duo y Sally, sino de la otra forma. Relena sintió como si su corazón se hubiese salido de su pecho.
Los soldados permanecieron alrededor de Duo y Sally como guardias, cada uno cargando un arma en dos manos, con más correas a sus personas. Dorothy se adelantó en frente de ellos, vestida de cabeza a pies en camuflaje de desierto con una pistola en una mano. Le sonrió a Relena, un brillo en su ojo.
"Duo, Sally! Están bien?" llamó Relena.
"Hasta ahora!" gritó Duo, mirando a los guardias a su alrededor, como preocupado de que uno de ellos pudiera dispararle por hablar. No se movieron. No lo miraron. Parecían estar bajo las órdenes de Dorothy. "Que bueno ver que estás viva, princesa," llamó Duo. "Dónde están Heero, Wufei y Zechs?"
Relena presionó su rostro contra las barras y cerró sus ojos. "No lo sé," dijo ella. "Fueron capturados por los hombres de Cole, en algún lugar abajo. No sé dónde. Todo pasó tan rápido! Cole recibió una alerta en su teléfono, y luego hubo disparos. Pasó en el corredor afuera de esta habitación. Estoy atrapada aquí."
Dorothy pareció estar ignorando su conversación, en vez consultaba con uno de los hombres con ella en tonos que Relena no podía escuchar desde donde estaba. Después de unos momentos, levantó la mirada.
"Srta. Relena," dijo ella. "Por favor aléjese de la ventana."
Relena parpadeó. "Qué?"
Dos de los soldados de Dorothy sacaron garfios de las bolsas que usaban en sus espaldas. Relena inmediatamente entendió. Iban a trepar hasta aquí?
"Qué estás haciendo?" demandó ella.
"Rescatándola," respondió Dorothy.
Duo y Sally giraron sus rostros para mirar a Dorothy, ojos abiertos en obvio shock.
"No tenemos tiempo que perder, Srta. Relena," continuó Dorothy. "Insisto en que se aleje."
Relena hizo lo que le dijo Dorothy, pero sólo porque no tenía otra opción. Los soldados estaban preparándose para disparar los garfios, y en unos momentos las fuertes garras de metal vendrían hacia su rostro. Retrocedió varios pasos, tropezándose con el desorden que había hecho de su habitación hasta que estuvo a salvo al otro lado de la cama.
Le tomó a los soldados un par de intentos atrapar el borde de su ventana con los garfios, pero una vez que lo hicieron, escuchó la voz de Dorothy llamarla de nuevo.
"Relena, si pudieras ajustarlos para que agarren esas barras desde adentro, podremos zafarlos. Eso sería lo más fácil, creo. Como recuerdo, no están muy profundas. Cole fue un poco tacaño con ellos."
Relena no entendió. A qué jugaba Dorothy? Cómo podría estar aquí para "rescatarla" después de traicionarlos a todos? Qué haría una vez que tuviera a Relena bajo su custodia? Después de pensar unos momentos, Relena decidió que no le importaba. Si Dorothy planeaba matarla, moriría, tan simple como eso, pero tan seguro como el infierno no iba a esconderse en esta habitación mientras Cole torturaba o mataba a Heero y a los otros. Preferiría aprovechar sus posibilidades con Dorothy.
Relena regresó a la ventana y enrolló los dos garfios hasta que logró sujetarlos a su lado de la ventana y los giró para que cada garfio agarrara dos barras. Bajo ella, los hombres de Dorothy estaban esperando.
Relena se inclinó en la ventana. "Listo," llamó ella, y luego retiró su cabeza.
Los hombres abajo operaron un mecanismo y los garfios se retractaron con fuerza tan increíble que las cuatro barras volaron de la ventana de Relena, girando en el aire para caer en el pasto. Una aterrizó a los pies de Duo.
Él la levantó y la examinó. "Esto es oro?" exclamó.
"Déjalo ahí," le siseó Sally, "No es tuyo."
Duo guardó la barra de oro en su equipaje con una mirada de reojo a Sally.
"Está bien, Relena," la llamó Dorothy, ignorando a Duo. "Vamos a lanzarte una soga. Encuentre algo para asegurarla y subiremos."
"Por qué haces esto?" demandó Relena.
"No hay tiempo para preguntas, Srta. Relena. Si valoras la vida de Heero, necesitas apresurarte."
Aún molesta, Relena atrapó el extremo de la soga cuando fue lanzada y ató los extremos a la parte inferior de los postes de la cama entre el colchón y el piso. Como precaución, empujó y haló la cama por la habitación, hacia la ventana para que el colchón estuviera a nivel con el borde de la ventana, sólo en caso de que la cama no fuera lo pesada suficiente para soportar el peso de una persona. No quería que se levantara contra la pared.
Mientras tanto, los hombres de Dorothy estaban clavando clavijas en el suelo, asegurando el otro extremo de la soga a la tierra. Tan pronto como estuvo hecho, el primero de ellos comenzó a trepar, su rifle colgaba por su espalda. Otro lo siguió. Relena se sentó en la cama, observando hasta que los hombres se acercaron lo suficiente para pasar, y luego se hizo a un lado para permitirles entrada. Mientras cada persona subía, atravesaron la cama y encontraron un lugar para esperar en otro lado de la habitación. Apuntaron sus armas hacia la cama, la ventana y Relena.
Dorothy le ordenó a Sally y a Duo subir después. Duo luchó por escalar, maldiciendo a su pierna y apretando sus dientes mientras se obligaba a trabajar a través del dolor de cualquier herida que hubiese tenido. Relena lo ayudó sobre el borde cuando alcanzó la cima, y Sally después, quien la abrazó una vez que pasó. Dos guardias más los siguieron. Cuatro de los soldados de Dorothy se alinearon al otro lado de la habitación, entre ellos y la puerta, encarando a los tres en la cama como un escuadrón de fusilamiento.
"Es bueno ver que estás bien!" exclamó Sally, ignorando las armas. "Estábamos atemorizados de que pudieras haber sido asesinada cuando fuimos descubiertos."
"Qué pasó?" preguntó Relena.
"Fuimos emboscados en los túneles," explicó Duo. "Docenas de soldados, todos armados. Logramos desarmar los explosivos y enviar la señal a Noin. Entonces Dorothy nos capturó. Estaba dirigiendo la emboscada. Debió haber llamado a Cole para alertarlo. Sólo podemos asumir que Noin es la próxima."
"No exactamente," dijo Dorothy, atravesando la ventana. Botó por la cama y a la habitación para alinearse con sus soldados, pateando a un lado el desorden que Relena había hecho por el piso con un pie. El elefante de cerámica que Relena había encontrado se hizo pedazos. "Yo no estaba liderando a los hombres que los atacaron. Los intercepté después de que comenzaran su asalto. Simplemente les dije qué hacer después de que los arrinconaran."
Sally, Relena y Duo se sentaron uno al lado del otro en la cama como bultos en un tronco, mirando a Dorothy mientras echaba hacia atrás su cabello. "Cole confía en mi," dijo ella. "Soy, después de todo, una Romefeller. Nuestras familias regresaron y cree que tenemos un interés mutuo en ayudarnos. Lo cual hacemos."
"De qué estás hablando?" demandó Relena. "Qué buscas? Por qué nos traicionaste? Sólo es un juego?"
"Por supuesto que es un juego," resopló Dorothy. "Todo es un juego, y en todo juego hay ganadores y perdedores."
"Y qué ganas?" preguntó Sally.
"Algo que considero de inestimable valor," respondió Dorothy. "Sabías que Cole tiene parte de una fábrica espacial capaz de producir aleación de gundamio? Solía pertenecer a mi familia, hace años, pero la compró al final de la guerra cuando tantas familias de Romefeller llegaron a desasociarse de algún militante. Él y yo hemos estado hablando sobre eso por dos años. No pude lograr que me la vendiera, por ningún precio. Ha sido muy frustrante." Ella sonrió. "Pero finalmente me la prometió, Srta. Relena, si le prometía ayudarlo a hacerla su esposa."
Relena se sintió enferma. Sabía del tipo de fábricas de las que hablaba Dorothy. De hecho, había leído un reporte de una esta semana. Mientras el gobierno había medido y desmantelado la mayoría de las bases militares en el espacio, algunos nobles poderosos y hombres de negocios habían logrado mantener algunas bajo propiedad privada. Eran tratados como memoriales la mayoría del tiempo, y cosechaban un pequeño beneficio como atracciones turísticas o museos, pero le había molestado que pudieran ser utilizadas potencialmente para fabricar armas en secreto, sin el conocimiento de nadie. No había sabido que Cole había metido sus manos en una.
"Pero ahora son mías," continuó Dorothy. "Firmó los papeles cuando confirmamos que estabas en camino para encontrarlo aquí. Como ves, sin importar qué, yo gano."
"Esto no es un juego, Dorothy!" explotó Relena. "Heero podría ser asesinado! Ya podría estar muerto. Y mi hermano, Wufei también. Todos quienes arriesgaron sus vidas para protegerme, proteger a todo el mundo de dementes como Cole y… y…"
"Perras codiciosas y traidoras como tú," espetó Sally.
Dorothy hizo un sonido como un jadeo, pero uno burlón. "Y aquí pensaba que me conocían mejor!" dijo Dorothy.
"De qué estás hablando?" demandó Relena.
"No lo ve, Srta. Relena? Estoy de su lado. Se lo dije antes."
Relena la miró. "De mi lado?"
"Eso es correcto."
"No tengo idea de lo que quieres decir."
"Has estado entregándole información a Cole sobre nuestra operación," intervino Duo. "Estaba preparado para nosotros por ti! Cómo puedes decir que estás del lado de Relena? Ella está con nosotros! Pensabas que nos sacarías vivos y que sería suficiente? No lo es!"
"Ciertamente le di información a Cole," dijo Dorothy. "Estaba muy preparado. Estaba preparado para tratar con todos ustedes, exactamente como le indiqué," dijo Dorothy, "en vez de a su manera, lo cual, les aseguro, habría sido más desagradable."
Relena escasamente podía respirar, mucho menos pensar. "Pero…"
"Lo detuve de matarlos a todos tan pronto como pusieron pies en su propiedad, por ejemplo," dijo Dorothy. "Y lo convencí de apuntarme como líder general de su contratada milicia, lo cual me ha habilitado para darles órdenes como, oh, dejar desatendido el turno de la mina."
La boca de Duo estaba colgando. "Dijiste que estabas enviando técnicos para reactivar las bombas y vigilar el turno contra nuestros otro grupos!"
"Sí, pero no lo dije en serio." Viendo las incrédulas expresiones en todas sus caras, suspiró. "No tengo tiempo para discutir sobre eso. Pueden hacerme todas las preguntas que quieran después. En este momento necesito que me digan la señal de frecuencia que están usando para comunicarse. Necesito saber qué está haciendo su gente para mantener a Cole lejos de ellos. Tenemos que movernos rápido. No hay mucho tiempo."
Los pensamientos de Relena se revolvieron. Si Dorothy estaba jugando al doble agente para los Preventivos y alejando las tropas de Cole de lugares donde podrían interceptar a las de Noin, entonces eso significaba que todo el condominio de Cole podría caer sin resistencia. Podría ser mucho más rápido, y con pocas posibilidades de ambos lados. Pero si estaba mintiendo y esta era otra manipulación, entonces usaría la señal contra ellos, los cuerpos serían aterradores, y Dorothy no sólo tendría el control de los hombres de Cole, sino del desecho nuclear, una fábrica espacial y la Vice Ministra de Exteriores.
Cómo podrían determinar si estaba mintiendo?
"Qué hay de esos hombres?" demandó Duo, señalando a los guardias con Dorothy. "Si estás diciendo la verdad, no deberían estar disparándote en este momento?"
"No seas estúpido. Cole no los contrató. Yo lo hice. Son veteranos de la guerra, lo cual significa que han tenido suficiente de pelear, como ustedes, como yo. Han estado conmigo en esto por meses."
Meses?
Relena estaba sin palabras. La boca de Duo estaba trabajando, pero no salía ningún sonido. Dorothy estaba declarando que secretamente había estado planificando contra Cole por meses?
"Pero…"
"No más preguntas," espetó Dorothy. "No tienen elección. Si quieren que Heero y los otros sobrevivan a Cole por más tiempo, necesitamos coordinar nuestros esfuerzos. Denme la señal!"
Relena, Sally y Duo intercambiaron miradas.
"Tienen que tomar una decisión me crean o no," dijo Dorothy. "Pueden confiar en mi, o podemos esperar hasta que su gente hagan lo suyo, pero tomará más que si nos coordinamos y le digo a mi gente exactamente a dónde ir para que la suya pueda pasar, Heero y los otros no debieron ser capturados. Eso no era parte del plan. Si esperamos demasiado, morirán. Cole no es una persona agradable. Los interrogará, bruscamente si se siente presionado, y si sabe suficiente, contrarrestará mis órdenes y deshará todo lo que he hecho. Ustedes probablemente ganen, pero perderán más gente, comenzando con Heero. Lo garantizo."
Relena no podía respirar. Lo más seguro en lo que se refiere a la misión original era no decirle nada a Dorothy y esperar que los grupos de Noin encontraran a Cole por su cuenta. Pero si Dorothy tenía razón, necesitarían ayuda para llegar ahí a tiempo. Necesitarían ayuda para encontrarlo. Dónde era "abajo"?
"Creo que debemos confiar en ella," dijo Sally abruptamente.
"Tienes que estar loca!" exclamó Duo. "Está trabajando con el enemigo. Nos dispararon! Tengo un hueco en mi pierna para probarlo!"
"Si no lo hacemos, los otros están tan bien como muertos, y seremos los próximos," respondió Sally. "De esta forma, al menos tenemos una oportunidad. Si está mintiendo, estamos muertos, seguro, pero si no, lo estaremos de todas formas. Aún así, nuestros soldados están mejor entrenados que los de Cole. Lograrán el objetivo de la misión y tratarán con Dorothy después, incluso si escapa. Sin embargo, aún si es culpable, también tiene razón: Heero y los otros morirán si tenemos que buscar en este lugar de cabo a rabo para encontrarlos. Pero si está diciendo la verdad, y está de nuestro lado, podríamos salvar a Heero, Zechs y Wufei."
Oh dios, pensó Relena. Esta no era una opción. Era una locura. Aún… no conocía la señal, pero tenía un voto. Levantó su mentón y miró a Dorothy directo a la cara. No iba a temer. "Todos, especialmente Heero, siempre están arriesgando sus vidas para salvar la mía. Esta vez… Esta vez yo lo haré. Es un riesgo, pero no hay recompensas sin riesgo. Estoy de acuerdo con Sally."
"Ah, demonios," dijo Duo, cerrando sus ojos. "Dos contra uno. Maldición! Odio este tipo de decisiones."
"El tiempo es la esencia!" siseó Dorothy.
"Bien," dijo Duo, "pero Heero va a golpearme en la cara por romper el protocolo!"
Dorothy frunció. "Al menos estará vivo para tener el placer. La frecuencia?"
"Estamos en el canal cuatro."
Dorothy sacó un celular de su bolsillo y marcó un número. Pudieron escucharlo timbrar.
Alguien respondió casi inmediatamente.
Relena trató de concentrarse en respirar, preguntándose si esos eran los últimos momentos de su vida, si pudiera ver a Heero otra vez, si pudiera decirle que realmente lo había amado, que sentía todos los malentendidos, y que realmente quería que fuera feliz. Podía sentir su corazón latiendo.
"Cole?" dijo Dorothy. "Es Dorothy."
"Oye!" gritó Duo. "Por qué lo estás llamando?"
Sally lo calló. Relena afinó sus oídos.
"Dorothy, al fin!" Llegó la voz de Cole. Sonaba pequeña por el teléfono, pero excitada. "Dónde estás?"
"Victoriosa," dijo Dorothy. "Dónde estás?"
"En el sótano."
"Los guardias de Relena están contigo?"
"Sí."
Relena podía escuchar su corazón latiendo en su pecho. "Heero!" gritó ella, esperando ser escuchada por el teléfono. "Heero, estás bien?"
Hubo una pausa y luego el sonido de Cole riendo. "Finalmente!" rió. "Una respuesta de él! Ha sido muy resistente."
"Sí?" murmuró Dorothy. "Dile algo por mi. Quiero que sepa lo perdido que está."
"Lo haré," dijo Cole, sonando complacido. "Justo antes de matarlo. Pero primero necesitas cumplir tu parte del trato. Cuál es la frecuencia? Lo averiguaste?"
"Por supuesto," dijo Dorothy.
No, pensó Relena, pero en vano.
"Es el canal cuatro. Tu turno. El gran Sr. Yuy y yo tenemos unos asuntos inconclusos. Dile a Heero que tengo aseguradas las minas así como el desecho nuclear."
"Mentiste! Enviaste gente!" jadeó Duo.
Dorothy lo ignoró, pero hubo una sonrisa en su rostro mientras hablaba. Era la mirada del triunfo. "También dile que tengo a sus amigos Duo y Sally aquí conmigo. Finalmente, puedes dejarle saber que tengo a la Srta. Relena en mi absoluto control."
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Continuará…
