¡Hola Todos! ¿Cómo están?

Este es el último capítulo de esta historia tan díficil y complicada de escribir. Horus100 espero que la hayas disfrutado, y espero leer más de tí en un futuro, me divertí mucho escribiendo esto, a pesar de lo díficil. A los demás les agradezco infinitamente el haberme acompañado en está realidad extraña que he creado.

Sin más que decir que un infinito gracias.

Disfruten su lectura.


Despertó.

De alguna manera había caído de su cama, sus sábanas se habían enredado entre sus piernas. Se sentó, se liberó de la tela que lo aprisionaba. Abrió las cortinas de la pequeña ventana de la habitación. El sol salía por el este, no saben cuanta alegría le dio ver ese inmenso, brillante y cálido círculo salir; el teléfono celular sonó, en el mensaje de la alarma decía que había una junta en Portugal. Sonrío, y sin detenerse se empezó a arreglar.

Llegó de muy buen humor, y muy puntual, algo extraño en su persona. Saludo brevemente a Alemania, Japón e Inglaterra que ya estaban en la sala. Pero al ver que Portugal conversaba con el personal en el pasillo, se levantó y salió a saludarlo. Le dio un fuerte abrazo, que hizo que su hermano se tornara rojo de la vergüenza.

— ¿España? ¿Te ocurre algo?

—No, nada. Solo estaba feliz de verte.

—Nos vimos ayer en el almuerzo. ¿Recuerdas?

— ¿ah sí? —España no recordaba.

—España, bájame.

España lo tenía abrazado aún y de alguna forma lo había alzado sobre el aire. Así que lo bajó al suelo. No le importó pasar un poco de ridículo para saludar de manera cariñosa a su hermano.

—Estás muy extraño—dijo Portugal mirándolo de reojo.

—Lo siento.

—bueno, no es que sea tan grave.

—No, lo siento por haberte hecho pasar grandes desgracias en el transcurso de la historia.

Portugal, le dio un golpe en la frente. —Y no lo hubieras hecho de otra forma. Eres tan bobo a veces.

—Sí, tienes razón. Oye...

Mientras ellos hablaban, las naciones siguieron entrando a la sala. Una de ellas se acercó de manera silenciosa, y con su sonrisa gatuna se acercó a su víctima por detrás. Portugal ya la había visto, pero actuó de manera cómplice y no la delató. De la nada a España se le oscureció la vista, su piel tenía la sensación de dos suaves y delicadas manos cubriéndole los ojos.

— ¿Quién soy? —dijo Bélgica tratando de distorsionar su voz para que España no la reconociera.

Portugal empezó a reírse por la broma, al igual que Bélgica. Pero sus expresiones cambiaron a preocupación cuando Bélgica sintió lágrimas bajándole por las manos y Portugal las vio desbordarse a través de las ranuras de las manos de la mujer.

—España solo fue una broma—dijo Bélgica liberándolo de inmediato.

—Oye, ¿estás bien? ¿Qué te ocurre?

La cara de España era indescifrable, no se sabía si estaba feliz, triste o bromeando; ignorando a Portugal regresó a ver a Bélgica. La vio con ropa elegante, no desgastada, ni remendada, mas reconoció la blusa, él se la había comprado. De la nada abrió sus brazos y le dio un abrazo.

—España ¿qué tienes? ¿Te encuentras bien? —dijo Bélgica abrazándolo sin saber qué hacer.

—Sí, estoy bien. Solo que siento que no te he visto en mucho tiempo.

—Oh. Qué lindo—dijo Bélgica dándole un beso rápido en los labios.

—Oye tú, aléjate de mi hermana—dijo Holanda detrás.

Sin embargo en lugar de recibir la típica respuesta; Holanda recibió también un abrazo muy extraño, que rechazó de inmediato.

— ¿qué te ocurre bastardo?

—Nada, es raro, pero estoy muy feliz de verte.

—Estas enfermo, debes estarlo, será mejor que vayas a tu casa.

—España, me estas preocupando ¿de verdad te sientes bien? —preguntó Bélgica sosteniéndole el hombro.

—Sí—dijo limpiándose las lágrimas—. Me siento bien.

Holanda sin decir nada arrastró a Bélgica adentro de la sala, murmurando maldiciones y prohibiéndole a Bélgica que dejara de juntarse con ese descerebrado español. La escena no pasó desapercibida por casi todo el mundo, uno de ellos se acercó, un tanto preocupado.

—Mon ami, buenos días.

—Francia, hola. Me alegra verte.

— ¿te ocurre algo?

—No—pero cambió su respuesta en cuanto vio la extraña mirada con la que Francia le estaba mirando—bueno, no exactamente.

—Tenemos tiempo antes de que la junta comience ¿quieres contárnoslo?

España vio a Francia y a Portugal, y pensó que no le creerían pero decidió soltar su lengua para justificar su extraño comportamiento. Empezó la historia, diciendo que se sentía tan mal consigo mismo, que sería mejor no haber nacido, y luego les contó esa extraña experiencia más sueño que aventura que había vivido. La mirada de Portugal y Francia adoptaron varias expresiones con el transcurso de la historia. Al terminar, España recibió un golpe más fuerte en la frente por parte de Portugal.

— ¡auch!

—No pienses estupideces—dijo Portugal molesto, y dirigiéndose por el pasillo a continuar con su trabajo.

—Vaya tontería—dijo Francia respirando aliviado—, ¿qué ganaríamos el resto con eso?

—Nada bueno— pensó sonriendo.

—Todo está bien ahora, y créeme no me hubiera gustado estar en ese mundo extraño que imaginaste—dijo Francia, acercándose a darle un abrazo.

De la nada Austria y Prusia aparecieron de la nada. España sintió una extraña emoción al verlos.

—España buenos días—fue lo que dijo Austria amanera de saludo.

España volvió a perder la batalla con sus extraños recuerdos de ese raro sueño y se abalanzó a darle un abrazo a Austria. Dejando a todos con la boca abierta.

—En el fondo eres muy dulce sabías eso ¿verdad?

— ¿Y a este que le pasa? —preguntó Prusia confundido.

—Nada, solo está contento de ver o más bien dicho oír a Austria.

— ¿oír? Pero si su voz chillona es demasiado molesta.

—Prusia, el molesto eres tú—dijo Austria soltándose de España dándole un empujón.

España se salvó de caer, gracias a su hermano que llegó a sostenerlo.

— ¿qué demonios está pasando aquí? —dijo la voz inconfundible, molesta y siempre irritada de Romano.

España lo vio como si no lo viera, como si dudara en acercarse. Después de verlo en el sueño ya no estaba seguro de ser bienvenido alrededor de Romano.

—Oye Bastardo tomate, ¿estás enfermo? —Dijo Romano poniéndole una mano sobre la frente—. Es raro que actúes así de indiferente.

— ¿Indiferente? —Dijo Austria—Me abrazo muy fuerte.

—No solo a ti, a Portugal, Bélgica y a Holanda.

—Entonces si estas enfermo, ¿quiere que te lleve a casa? —preguntó Romano.

España recibió esa mirada pura e inocente que conocía tan que recordaba cuando veía al pequeño Romano ir por los tomates, o cuando en secreto escondía las sabanas manchadas cuando tenía visitas de ardillas por las noches. No se esperó más y abrazo a Romano.

—Estoy muy feliz de verte.

—Si estás enfermo—dijo Romano respirando apenas por lo fuerte del abrazo—, alguien haga que me suelte.

—Ve~.

Al oír ese tic al hablar, regresó a ver. Veneziano entraba con su camisa y corbata, ajeno a todo lo que España había sufrido viéndolo sufrir a él. De inmediato, volvió a derramar lágrimas y se abalanzó a Veneziano.

— ¡ESTAS VIVO!

— ¿fratello España? ¿Te sientes bien?

—Sí, es solo que... —dijo pensando en una extraña escusa—. No te he visto en mucho tiempo, y pareciera que hubieras muerto.

—Fratello, no seas tonto. No estoy muerto.

—Lo sé, lo sé.

España, se separó de Veneziano y se limpió, una y otra vez las lágrimas que no paraban de caer por su rostro.

—Disculpen, la junta va a empezar. Los estamos esperando. —Era la pequeña Liechtenstein quien miraba extrañada la escena, sin saber qué era lo que ocurría—. Señor España, ¿se siente bien?

—Sí, no es nada—dijo respirando y calmándose finalmente—. Su presencia es muy grata señorita.

—Oh—Liechtenstein se sonrojó—, gracias.

España finalmente, se calmó por completo y aseguró a todos que estaba perfecto y que solo le había dado una especie de depresión pasajera. Nadie le dio más importancia, porque en realidad nadie podría entender por lo que había pasado. Todos empezaron a ir para adentro y colocarse en su sitio. Noruega y España fueron los últimos en entrar.

—Nunca supe quien tenía Venecia—susurró Noruega cuando se apartaba de la puerta y se dirigió a su asiento.

España, sorprendido,se paró por pocos segundos y regresó a ver. Noruega le sonrió y le guiñó el ojo.

—España te estamos esperando, siéntate de una vez—dijo Alemania impaciente.

—Sí, en seguida—respondió y corrió a su asiento.

FIN