Título – I Found Your Diary
Autor –Fiver
Disclaimer – Beyblade pertenece a Takao Aoki y la historia I Found Your Diary a Fiver, quien amablemente me permitió traducirla.
¡Y empezamos de maravilla este nuevo año! ¡Felicidades a todos! Les deseo que puedan alcanzar todas las metas que se propongan… todo lo mejor en esta nueva oportunidad que se nos ha otorgado.
Lo sé… merezco su odio, reclamos, insultos y todo lo que hayan pensado en este tiempo de ausencia. Razones para no continuarlo tuve muchas (de salud, académicas, emocionales), pero supongo que a estas alturas sólo sonarían como excusas tontas. Sólo quería recordarles que pase lo que pase este fic sí va a terminarse, no importa el tiempo que me lleve. Sólo me resta agradecer su infinita paciencia y comprensión.
Gracias por leer y por los reviews que gusten dejar.
I Found Your Diary
En el capítulo pasado.
–Pero no tienes que ir a esta cosa, ¿sabes?
–Oh, pero sí tengo que hacerlo, porque si no voy, tú no irás, y esa sería una pena terrible.
–No estás teniendo ningún sentido.
–Por supuesto que no, me enorgulleceré de mí mismo de enloquecerte con mis pequeñas paradojas. Ahora sé un buen pescadito, y nos vemos aquí a las ocho, ¿ok?
Llegaron a las puertas del parque. Kai dio un gran suspiro de resignación.
–Si no tengo nada remotamente importante, lo pensaré –dijo finalmente.
–Oye, eso fue lo que dijiste de la partida de futbol –señaló Tala–. ¡Y viniste!
–Vine por pura lástima –dijo, comenzando a alejarse–. No esperes la misma cosa dos veces.
Tala miró su espalda que se alejaba con cierta diversión. Se estaba preguntando cuál misterio lo intrigaba más: el misterio del diario, o el misterio de Kai Hiwatari.
Capítulo 11
Tala caminó sin prisa por la calle en la quietud y en la suave luz del atardecer. Usaba una simple camisa negra, un poco holgada para él y con los últimos pocos botones sin abrochar, y un par de pantalones de mezclilla gastados. Contrario a la creencia popular, él no era el tipo de persona que se obsesionaba horas con su apariencia. Seguro, se había limpiado, pero hubiese hecho eso de todas maneras con o sin fiesta. También había puesto un nuevo vendaje en la herida de su pierna, y se sentía tieso e incómodo cuando caminaba, como un zapato nuevo y desconocido. Había puesto una mano llena de gel a través de su feroz cabello rojo, pero aún había estado húmedo de la ducha y no había tenido ni el tiempo ni la paciencia de detenerse a estilizarlo, así que, por el momento, colgaba sueltamente alrededor de su cara.
Al otro lado del parque, podía ver las brillantes luces de la parte rica de la ciudad, donde, sin duda, la cena muy anticipada de los Jurgen ya estaba en curso. Gruñó y giró la Mirada. Estaba enojado. Sí, él podía actuar despreocupado y alegre alrededor de Kai –y era verdad que la presencia del chico bicolor mejoraba significantemente su humor– pero realmente estaba molesto, y ahora que había invertido unas pocas horas solo en casa cavilando sobre todo, se sentía aún más determinado a saltarse la pomposa cena y, en su lugar, hacer algo estúpido y loco, fuera de su carácter.
Sólo enfrentarse a sus padres.
Metió las manos en sus bolsillos. Debía ser demasiado estúpido tan sólo por considerar que su padre le había llamado para preguntarle sobre el juego. ¿Desde cuando el viejo se había preocupado sobre eso? ¿Por qué habría comenzado ahora?
Maldición.
Estaba caminando en dirección de las rejas del parque, pero realmente sólo era una formalidad. Ciertamente no esperaba que Kai se mostrara. Como la pequeña anomalía antes dicha, dos en un día era verdaderamente esperar demasiado.
Miró su reloj. Ocho y cuarto. Supuso que se las había arreglado parta llegar "elegantemente tarde".
Alcanzó las rejas. Echó una ojeada alrededor y rápidamente confirmó que no había nadie esperando, de mal humor o de otra manera. Dio un pequeño suspiro que momentáneamente sopló sus mechones gemelos registrados fuera de su rostro (por supuesto, regresaron a su lugar casi inmediatamente) antes de volver a caminar.
–Bien, eso fue grosero –vino, al parecer, una voz sin cuerpo–. ¿Me pediste que viniera y entonces sólo te pasas de largo?
Reconoció esa voz… Parpadeó y miró alrededor, pero aún no vio a nadie.
–Aquí arriba, genio.
Lentamente inclinó su cabeza hacia atrás y, contra la mortecina luz vio la silueta de la antes mencionada anomalía, sentándose bastante tranquilo en la cima de uno de los pilares de piedra al otro lado de la puerta.
–No sabía que los peces pudieran trepar –fue su comentario cuando terminó de observarlo.
Kai dio un respingo y se deslizó abajo de su percha, aterrizando fácilmente en sus pies. Juzgando por su actual vestimenta, obviamente se preocupó aún menos en arreglarse que el mismo Tala. Lo cual no significaba que no se preocupara por su apariencia, como sea; definitivamente él no era el tipo de persona quien nunca se permitía mostrarse desaliñado o descuidado y siempre está bien presentado (en caso de Kai, probablemente por puro orgullo), pero nunca siente la necesidad de estar particularmente elegante. Lo cual era bueno, suponía. Para Kai, de todas maneras. Estaba usando una simple playera azul oscuro –a pesar del fresco aire de la tarde–, pantalones de color pálido y sus acostumbrados Converse negros. Pero, saben, Kai, siendo Kai, lo hacían verse muy bien.
–Veo que estás tan atento como siempre –el chico bicolor comentó mientras comenzaba a caminar.
–Bien, no estaba esperando realmente que estuvieses aquí –admitió–. Estoy pasando un tiempo difícil aceptándolo.
–Confía en mí, yo también.
Continuaron en un sorprendentemente cómodo silencio.
De repente, Kai detuvo sus pasos, sus ojos rojos se estrecharon y rastrearon algo.
–¿Qué pasa? –Tala preguntó perplejo, tratando de ver cuál era el problema.
–¿Recuerdas tu pequeña lista de "sospechosos"? –Kai dijo en su oído en voz tan baja que apenas pudo oírlo–. Sospechoso número uno a las doce en punto.
Frunció el ceño miró al frente y, suficientemente seguro, había un chico caminando hacia ellos, su abrigo blanco simplemente brillante en la oscuridad próxima.
–¿Quién? –murmuró.
–Brooklyn… –Kai respondió, su labio torciéndose levemente.
Tala no podía más que reír quedamente. Parecía que este chico era la única persona que podía irritar a Kai más que él mismo.
El otro chico andaba con un tipo de mirada soñadora en sus ojos, como si lo que viera no fuese completamente de este mundo. Conforme se les acercaba, sin embargo, pestañeó y dio una hipnotizadora, y de alguna manera indolente, sonrisa.
–Mira, mira, Kai, qué encantador el encontrarte aquí –dijo alegremente–. Últimamente no te he visto en la escuela. Te he extrañado.
Algo acerca de su tono sugería principalmente sarcasmo, pero no era lo suficientemente obvio como para poder decir algo acerca de ello. El ojo de Kai se contrajo visiblemente molesto.
–Por supuesto no puedo decir lo mismo por los maestros… –Brooklyn continuó con una pequeña risa–. Aunque, la profesora Minagawa ha estado preguntando por ti. ¿Qué haces en esta agradable tarde? ¿No estás estudiando? Tut, tut.
–…
Tala sintió que debería meterse en esto, pues Kai parecía dispuesto a golpear al otro chico en cualquier momento.
–El equipo de futbol ganó su partida hoy; hay una fiesta de celebración esta noche –interrumpió–. Íbamos hacia allá. No hay invitados, así que podrías ir si quisieras.
Si la mirada que Kai le dio en ese preciso momento hubiese estado presente en la Comarca poco después del cumpleaños ciento once de Bilbo, Frodo no hubiese tenido la necesidad de viajar todo el camino hasta el Monte del Destino para destruir el Anillo Único.
–Oh, no, yo realmente no tengo tiempo para frivolidades tontas –dijo Brooklyn amablemente–. Estaba de camino al parque para alimentar a las aves… Los veré a los dos en la escuela el lunes.
Y con eso fue a través del portón del parque y se sumió en su pequeño mundo de nuevo.
Caminaron un poco en silencio antes de que Kai estallara.
–Demonios, ¡no soporto hablar con él! –Gruñó, azotando sus pies en el pavimento–. No sé lo que es, pero hay algo en él que realmente me enfurece…
–Relájate, lo noté –rió Tala–. Por cierto, ¿quién es la profesora Minagawa?
–La única maestra que no me ha dado como una causa perdida, aún –replicó irritado–. Desearía que ella ya se hubiese rendido.
–No todos en este mundo se van a rendir contigo, Kai –dijo molestándolo–. Creí que ya te habrías dado cuenta de eso hasta ahora.
–Hm…
Decir que escuchaste la fiesta antes de que la vieras sería una exageración obvia. Cerca de tres calles podían sentir el pavimento vibrando por la explosión de música, y mientras las casas cercanas se alistaban para ver televisión nocturna, la casa a donde se dirigían estaba mucho más viva y animada, con todas las luces del lugar prendidas, y aparentes luces rentadas de disco lanzando periódicamente rayos de luminiscencia colorida a la calle.
Se detuvieron frente al patio frontal un momento, ambos pestañeando torpemente mientras sus sentidos intentaban ajustarse a la nueva iluminación y ondas sonoras estruendosas. La fiesta estaba obviamente en su apogeo, y a través de las ventanas podían ver el vasto número de gente bailando, platicando y… bueno, bebiendo y ligando. ¿Qué otra cosa podían esperar de un reventón de adolescentes?
–Quizá… deberíamos seguir el ejemplo de los flamencos del jardín… –dijo Kai lentamente– y sólo permanecer aquí afuera.
–Acompáñame, mi pequeño compadre antisocial –contestó Tala, rodando los ojos y caminando a la puerta principal–. Veamos cómo te desenvuelves entre tus formas de vida similares.
Kai suspiró y lo siguió.
–Oye, es el hombre del partido –llamó Michael, descubriéndolos al entrar–. Tala, llegas tarde.
–Disculpa –respondió, amablemente haciendo el "dame esos cinco".
–No hay problema. Esta cosa no va a terminar pronto, de todas maneras –rió el otro chico–. Las bebidas están en la cocina, si gustas alguna.
–Gracias.
Se dio cuenta que (ya) había perdido a Kai. Buscándolo, eventualmente lo localizó, parado contra la pared, viéndose fuera de su zona cómoda, con una chica muy bebida expresando cosas que Tala prefería no imaginar. Su expresión facial era pacífica como siempre, pero el ligero torcimiento de su boca denotaba su disgusto y, aunque no lo admitiría ni en un millón de años, su nerviosismo.
–Lo lamento, señorita –dijo Tala, apartando a la chica intoxicada de su objetivo–, él aún está sobrio, y dudo que ni siquiera muestre una sonrisa hasta que esté ebrio.
Lo miró inexpresiva por un momento antes de soltar una estridente carcajada, durante lo cual tomó la oportunidad de llevar a su intimidante compañero a la cocina.
–No… debí… de haber venido –Kai musitó, mirándolo–. Y tú no debiste de haberme dicho que lo hiciera.
–Bien, lo siento, pero pensé que sería sabio introducirte al mundo de la socialización antes de que te vuelvas un completo ermitaño –contestó, rodando los ojos.
Había una preocupante amplia selección de bebidas alcohólicas dispuestas en la isla central de la cocina. Tras un omento de inspección, Tala escogió para él una botella de Bacardi Breezer, ni siquiera se molestó en revisar de qué sabor era. Había decido que permanecer sobrio no encabezaba su lista de prioridades esta noche.
–¿Cuál es tu veneno? –le preguntó a Kai.
Al no recibir respuesta, giró y vio que su acompañante estaba mirando fijamente hacia fuera de la ventana cercana. Siguiendo su mirada, pudo observar a un chico desafortunado quien, aparentemente incapaz de sostener su bebida, estaba vomitando pesadamente en el patio trasero.
–Veneno es la palabra clave aquí– mencionó secamente el joven bicolor, volteándose del desagradable espectáculo–. Creo que paso.
–Como quieras –dijo encogiéndose de hombros, abriendo su propia botella y tomando un trago. Sonrió levemente con la sensación en su garganta y el cálido sentimiento que casi inmediatamente se comenzó a esparcir por su cuerpo.
–No veo la gran atracción del alcohol… –Kai dijo mientras un ruidoso grupo de (sí, probablemente bebidos) chicos de tercero medio se imponía y medio se tambaleaban por ahí.
–A veces, a la gente le gusta perder el control u poco, creo –respondió Tala, apurando su botella–. Se vuelve estresante por un tiempo, seguir tu pequeña rutina propia y tener que ser racional a cada momento del día.
–No sé de otra gente, pero seguir una rutina y ser racional constituye una gran parte de mi existencia –el otro joven contestó irritado–. No siento la necesidad, o el deseo de hacer otra cosa. Específicamente no siento la necesidad de consumir una sustancia que me pondrá totalmente desorientado, confundido y no completamente en mis cinco sentidos.
–Sí, pero eso es porque el pensamiento de no estar completamente en control de ti mismo te asusta –señaló, ganándose una mirada mordaz.
–No estaría asustado de lago tan trivial –espetó Kai–, sólo soy suficientemente responsable para…
–Tranquilízate, cariño –rió Tala, resistiendo el impulso de palmearle la cabeza (pues probablemente perdería su mano en el proceso) –, nadie te está juzgando.
Kai le dedicó una mirada furiosa por largo rato, pero se calló, aún molesto, doblando sus brazos, cerrando sus ojos y recargándose hacia atrás contra la isla de la cocina. Tala sólo se rió de él de nuevo y, apurándose el último sorbo de su primera bebida, rápidamente alcanzó otra.
–¿Qué piensas de Brooklyn? –preguntó restándole importancia, abriendo la botella.
–Pensé que había aclarado muy bien mis sentimientos sobre ese tema… –Kai dijo, un ojo abriéndose ligeramente para escudriñarlo con una demasiado familiar expresión de "¿eres estúpido?".
–No, me refiero al diario, no en general –explicó–. ¿Crees que él lo escribió?
–Es posible… –el chico bicolor se encogió de hombros–. De la lista de candidatos diría que es el más probable. Como pudiste notar, no es completamente normal.
Tala casi se ahoga con su bebida.
–Mira quién está hablando –jadeó entre balbuceos–. Tú no eres exactamente el epítome de regularidad.
–Bueno, tampoco tú.
–¿Eh? ¿Cómo soy extraño?
–Encuentras un diario accidentalmente en el suelo de tu escuela hace semana y media. Desde entonces no has pensado en nada más.
–Ok, demostrado… oye, espera, ¡también he pensado en ti!
–Bueno, si no mencionas ese hecho a ningún ser viviente, tampoco lo haré yo.
Tala de pronto se dio cuenta de lo que su último comentario pudo haber implicado y comenzó a reírse de nuevo. Kai rodó los ojos.
–Oye, Rojo –Bryan dijo, apareciendo de repente sosteniendo una botella que parecía contener algo peligrosamente potente –, buen juego el de hoy, ¿eh?
–Vaya que sí –concordó–. Sin duda el entrenador estará complacido.
–¿Cómo está la pierna? –preguntó su amigo de cabello lila, indicando en la dirección general de su herida.
–Está bien.
Spencer también apareció, al parecer –como Kai– no planeaba consumir nada esa noche que llenara sus células cerebrales con toxinas.
–¿Cómo estuvo el encuentro? –cuestionó, señalando a Kai. Tala rió fuertemente, tomando otro trago a su botella.
–Trágicamente, tuvo que ser pospuesto –dijo–, debido a circunstancias imprevistas.
–Ni siquiera voy a preguntar… –comentó el rubio, sacudiendo la cabeza. Entonces volteó hacia Kai y continuó–. Oye, si se pone muy ebrio esta noche… –señaló a Tala– hazme un favor y arrástralo a algún lugar cerca de su propia casa.
–Pft, porque tú tienes suficiente con Bryan, ¿cierto? –rió Tala. Spencer asintió.
–Sí, y estoy casi seguro que Ian está por aquí en algún lugar también… –comentó, mirando de lado a lado como si se preguntara dónde podría estar su (mucho más pequeño) amigo.
–Debe apestar ser el responsable –mencionó Tala.
–No realmente, soy el único sin una espantosa resaca en la mañana… –respondió Spencer, encogiéndose de hombros–. Ahora debería ir y buscar a Ian. La gente está tan tomada que pueden pisarlo sin siquiera notarlo…
Salió en su búsqueda. Bryan había salido unos momentos antes para observar una pelea que había estallado en el pasillo, así que fueron dejados solos de nuevo. Tala bebió lo último de su bebida e inmediatamente alcanzó otra, de pronto dándose cuenta que todo lo que quería hacer esa noche era ponerse tan borracho que pudiese olvidar todas las estúpidas presiones y a sus padres y toda la mierda esa y poder divertirse por una vez.
Para su sorpresa, Kai alejó su mano de las botellas.
–Idiota, ¿qué estás haciendo? –siseó–. Si terminas vomitando en el jardín, no creas que estaré ahí sosteniendo tu cabello.
–Joder, vive un poco, Hiwatari –gruñó molesto, jalando su mano–. Tú deberías de ser el que bebiera, te soltaría un poco.
–Sí, una podría "soltarme" –espetó molesto–, entonces dos, tres, cuatro, cinco me sacarían de mis cabales y me dejarían con una resaca de muerte el día siguiente.
–¿Alguna vez has bebido? –se encontró preguntando, asombrado por su propio tono burlón.
–Por supuesto que lo he hecho, pero nunca he ido a una fiesta con la mera intención de ponerme completamente borracho para dejar de sentir lástima de mí mismo –soltó.
Tala pestañeó, inconsciente de que su objetivo había sido tan claro. Entonces sintió una pequeña punzada de culpa al darse cuenta de que Kai tenía razón –realmente no debería estar haciendo esto– y que sólo estaba intentando ayudar a su propia y pequeña manera.
Y tal vez… tal vez no era realmente justo para Kai si él se ahogaba por completo. Había sido el que lo había hecho venir a esta cosa –probablemente no conocería a nadie más ahí– y si él estaba yaciendo inconsciente o tambaleándose como un idiota, ¿qué clase compañía sería?
Tomó dos botellas de cerveza ligera de la mesa y las abrió. Kai dobló sus brazos de nuevo y miró a otro lado, haciendo claro su desaprobación. Parpadeó cuando una de las botellas le fue acercada. Miró a Tala cuestionándolo.
–Una para "soltarte" –dijo alegremente–, y como soy un duro bebedor, necesito tres. Pero eso es todo. Ni una más que esta, ¿ok?
Kai lo vio sospechosamente. Dio un suspiro melodramático.
–De acuerdo, para probártelo, dejemos la cocina –dijo, caminando a la puerta–, para alejarme de la tentación.
De alguna manera se las arreglaron para abrirse camino por el pasillo atestado (la audiencia de la antes mencionada pelea) y eventualmente se hallaron en la sala. Por un milagro misterioso, el sofá no estaba actualmente infestado con parejas enfermas de amor, así que se sentaron ahí.
–…Sólo bebe, ¿eh? –Tala dijo cuando se dio cuenta de que Kai sólo estaba mirando la botella en su mano como si estuviese apunto de estallar–. Sólo tiene como cinco por ciento. No vomitarás o te desmayarás con una botella. Además, quiero ver cómo eres cuando no estás tan firmemente apretado.
Kai se frunció, pero obedeció y tomo un gran trago.
Pasó el tiempo y, asombrosamente, el chico bicolor parecía haberse "soltado" un poco, aunque si se debía o no al alcohol era cuestionable, pues no parecía haber tomado mucho de éste. Tala podía sentir a la sustancia comenzar a marear su cerebro, pero sólo un poco, y en una buena manera. Se sintió relajado, lo cual era raro, y no pensaba en otra cosa aparte del "ahora", no se preocupaba del mañana, y eso era aún más raro.
La conversación se volvió fácil entre ellos. La bebida, aunque no había nublado su mente de ninguna manera, parecía haber disminuido la barrera de Kai hasta cierto punto, y parecía más inclinado a hablar, y de algún modo menos serio, a pesar de que no sonreía o se reía.
El tema de discusión, por supuesto, rápidamente encontró su camino para girar en torno al diario.
–Así que, ¿alguna idea concreta de quién nuestro misterioso hombre –o mujer– es? –preguntó Tala. Kai se enfocó pensativo en el techo por un momento.
–Quienquiera que sea… –dijo lentamente–, creo que es un tipo de persona artística.
–¿Qué te guió a esa conclusión? –inquirió divertido, esperando la explicación de la lógica de Kai que prometía hacerlo reír.
–Es su caligrafía –dijo asintiendo–. Es limpia, pero es muy… curveada, no lo sé. Tiene muchos aros en sus "y's" y "g's" y cosas, tú sabes. Muy detallada. Artística.
–Ooook… –respondió, sonrió suavizando su rostro–. ¿Así que qué clase de persona te a ti, entonces?
–¿Hm?
–Si una persona artística tiene caligrafía curveada, ¿qué tipo de persona eres?
–Oh… lógica, creo. Matemática.
–¿Y qué tipo de caligrafía le corresponde?
–Muy común, realmente. Sin aros, sin giros. Mmm…
Hurgó en su bolsillo por algo, eventualmente extrajo una pluma. La tomó en su mano derecha y escribió algo en el reverso de su mano izquierda.
–Como esto, ¿ves? –dijo, sosteniendo el ejemplo de caligrafía. Después de examinarlo, Tala pudo ver que era ciertamente muy simple, sin adornos, pequeña, dolorosamente limpia. Y todo lo que había escrito era "Kai Hiwatari". No era diferente de su propia escritura, pero eso tenía sentido, él ya sabía que era un "hombre de ciencia", con poco o nulo talento para el arte.
–El escritor mencionó el arte en alguna entrada –dijo, recordando–. Decía que era una de las pocas materias que encontraba aceptables.
–Ahí lo tienes, entonces –Kai respondió–. Tenemos a un artista atormentado, muy probablemente emo, en nuestras manos.
–Eres el mejor para hablar acerca de ser emo –rió.
–Cállate… –murmuró Kai, pero sus normalmente fríos ojos danzaron con algo similar a la hilaridad, y el calor del cuarto le habían dado a su pálido rostro un delicado sonrojo, y se veía mucho menos severo, mucho más… qué, ¿relajado? Cruzó por la mente de Tala que quizás él también se estaba divirtiendo.
Como sea, la diversión y la relajación se desvanecieron abruptamente un momento después. Kai de repente se volvió fríamente silencioso y bajó su mirada, sus manos jugando ligeramente en su regazo. Preguntándose cuál sería el problema, Tala miró arriba y vio que había una chica parada al lado del sofá, mirándolos a ambos tímidamente. Su cabello corto y ondulado era de color turquesa y su rostro de forma de corazón enmarcaba dos grandes y aniñados ojos rojos. Vagamente la reconoció de la escuela. ¿Cuál era su nombre? ¿Mimi, Ming-Ming, algo como eso?
–¿Pasa algo? –preguntó, pues era obvio que Kai no hablaría.
–Oh… um… –masculló, jugando con el borde de su minivestido–. Sólo me preguntaba si… um… Kai, ¿podría hablarte por un segundo… tal vez?
Kai abrió su boca, parecía listo para dar un absoluto "No", pero entonces cambió de opinión y la cerró de nuevo. Al final, se encogió de hombros.
–De acuerdo –accedió, mirándola expectante.
Hubo un notorio silencio. Tala rodó los ojos.
–¿Creo que ella se refería en privado? –sugirió.
–Sí –asintió–. Afuera, si está bien.
Kai dio un suspiro callado. Tala se inclinó y susurró en su oído.
–Mira, si no te gusta, nadie te está diciendo que empieces a salir con ella –le comentó–, pero al menos finge ser un caballero y recházala amablemente, ¿sí?
Kai se volteó y lo miró, y por un corto segundo estaba sorprendido por la emoción que cruzó por su rostro; una mirada como de desesperación, como si fuese forzado a ir por un camino desagradable con un destino igual de desagradable. Entonces, rápidamente se calmó, y tomó un profundo trago a su botella, como si se preparara para algo.
–Bien –aceptó, poniéndose de pie. La niña sonrió dulcemente y lo guió a la puerta principal. No había puerta entre la sala y el pasillo –la pared había sido tumbada para crear un plano abierto– así que Tala podía verlos todo el camino hasta afuera. Exhaló una vez que su hubieron ido. Seguro que ningún otro chico aquí hubiera permanecido estático si una chica como Ming-Ming se les hubiera acercado, y aun Kai hacía parecer que el hablarle era una tarea desagradable.
Al principio se sentó pacientemente, esperando que se tardaran sólo unos minutos o algo así, pero después de que habían pasado de veinte minutos, comenzó a preguntarse a dónde demonios habían ido. Juzgando por el comportamiento de Kai, obviamente no tenía interés en la chica, así que ¿por qué se estaba tardando tanto en "rechazarla gentilmente" (o no tan gentilmente, como probablemente era)? Se moría del aburrimiento, pero se resignó a esperar.
Pasaron otros diez minutos, y se encontró comenzándose a sentir preocupado.
Justo entonces, la puerta frontal se abrió. Alzó la vista, pero sólo era Johnny McGregor y si grupo de lacayos, aparentemente iban llegando. Mejor tarde que nunca, supuso.
Entonces notó una cabeza de cabello cian resaltando al lado de Johnny.
Frunció el ceño y miró de cerca.
Sí… definitivamente era Ming-Ming.
Aunque se veía diferente. La inocencia y la lindura se habían ido, y por un breve instante, intentó recordar si Ming-Ming tenía una hermana, porque se veía como una persona completamente diferente. Se estaba riendo con Johnny y los otros, y se estaban riendo de una manera que se oía horriblemente cruel.
Comenzaba a tener un muy mal presentimiento en la boca del estómago.
–Mierda… –murmuró, entonces, el calor y el borroso sentimiento del alcohol rápidamente se disipó.
Johnny giró la cabeza en su dirección, y parpadeó cuando vio que parecía que había estado en un accidente automovilístico. Tenía una venda en un ojo y varias vendas en el resto de su cara, y casi toda la piel que estaba expuesta estaba morada con moretones.
Tala se sintió enfermo al tiempo que un recuerdo surgió de su memoria.
–No hiciste un buen trabajo defendiéndote. Te ves terrible.
–Si crees que yo me veo mal… espera hasta que veas quien lo empezó.
–¿Quién fue?
–…Te dejaré adivinar.
Su respiración quedó atrapada en su garganta. Las heridas de Johnny se veían apenas de hacía unos días… justo como las de Kai… así que eso significaba… pero Kai estaba ahí afuera ahora…
–¡Oh, mieeeerrddaaa! –espetó antes de salir corriendo por la puerta principal.
Agradezco muchísimo a quienes se tomaron el tiempo de dejar un review en el capítulo pasado:
Yuki Hino
Tary-Hime
Rurouni Kai
Alexa Hiwatari
Agatha Romaniev
Haro Kzoids
Tania
Saint lolita (gracias por tus regaños, espero actualizar un poco más rápido esta vez.)
toaneo07
