Transilvania, 2012
¡Qué miserable era la vida del monstruo en el siglo XIX comparada con la de ahora! Si hay algo realmente bueno que los humanos han hecho por nosotros, eso es Internet: nos ha permitido estar en contacto los unos con los otros (así me enteré de que Wayne y Wanda iban por la sexta camada), conocer sin riesgos la situación del mundo de los humanos y comprar sus cosas con el mínimo contacto. La de libros que habré pedido a través de .
Entre ello, uno llamado "El hombre invisible" de un tal H. G. Wells. No me lo podía creer cuando lo vi, ¡habían escrito un libro sobre mí pocos años después de que abandonara Inglaterra! No eran imaginaciones mías. Para nada. El protagonista se llama Griffin, se hace invisible usando métodos parecidos a los que usé yo y se aloja en el mismo pueblo en el que me intentaron matar. La única diferencia es que él es albino y un maldito psicópata, pero tiene hasta un compañero de universidad que se llama Kemp. ¿Le habría consultado el autor para escribir el libro? Dadas las tremendas coincidencias, no lo veo imposible. En todo caso, me duele que me pongan de asesino cuando yo no le he hecho daño a nadie...
En fin, como decía, estos nuevos tiempos también han ayudado a que los monstruos vivamos cómodos y seguros. Ya no tenemos por qué escondernos hasta que anochezca para tomar carruajes o barcos para viajar: existen líneas clandestinas de correo, autobuses y aviones que operan a cualquier hora del día muy bien camuflados, tanto que pueden pasar ante las narices de los humanos sin que se den cuenta.
Precisamente uno de esos últimos es el medio que he escogido para ir a Transilvania a pasar el fin de semana. El barco ya no es el medio más rápido y me termina provocando unos mareos que me dejan medio muerto; el avión me deja en Transilvania, muy cerca del hotel, en poco tiempo y a buen precio. Como son pequeños para no llamar la atención, no tengo muchos compañeros que me molesten.
Chico, tengo ganas de llegar. Mavis cumple 118 años y Drac ha preparado una fiesta alucinante para ella...Bueno, dentro de lo que entiende él por "alucinante", porque es de los que aún siguen anclados en los años en que el telégrago era una novedad. Pensé en regalarle un ordenador portátil, pero no estoy seguro de que su padre lo acepte. Tengo entendido que en todos estos años no ha salido ni una sola vez del hotel, así que no creo que quiera que su hija tenga acceso al mundo exterior, ni aunque sea a través de una pantalla. Así que me decidí por un set de costura, ya que eso le gusta mucho, y así me evito problemas.
En cuanto a mí...Bueno, me conviene relajarme durante unos días. El trabajo en la redacción es más duro de lo que parece.
Toca ver a los amigos, relajarse y pasarlo bien lejos del ajetreo de Manhattan.
Tengo ganas de probar la sauna.
FIN
