Hola!
Como están? Por fin es viernes! *se pone a dar saltos como una loca* ok, no xD
Aquí os traigo la tan esperada continuación! Está recién repasada y sin faltas de ortografía (o eso es lo que yo creo o3o). Madre mía! Casi llegamos a los 100 reviews! Si llegamos, os hago un capítulo especial! venga venga! con ánimo =D
Que contaros... esto de estudiar turismo es matador! Me han mandado dos trabajos sobre los destinos turísticos más visitados en mi país,y eso de tener que usar el power point ayuda mucho, pero me está quitando demasiado tiempo!
Aunque ya estoy recuperada de mi gripe (al menos la fase de no poder moverme ni poder casi hablar) tener que ir a clase me empeora! Pero merece la pena jeje. Muchas gracias a los que se han preocupado por mi salud!
Agradecer, como es costumbre, a todos aquellos que me habéis dejado un lindo review, un fav o un follow! OS amo, lo sabíais? Y como no, agradecerla a mi querida Charlie, porque en sus reviews siempre me dice que soy mala, pero que me quiere o3o. También a todos aquellos anonimos! Que se, que aunque no tengáis cuenta, seguís con ánimo mi historia! Muchas gracias!
Y antes de nada advertiros... Mi querida amiga la señora patata (ella sabe por qué la llamo así) me ha metido en lacabeza la pareja de Erwinx Armin... no se por qué, pero le gusta esta pareja y me ha taladrado la cabeza, haciendo que me imagine las escenas más pornosas de lo que podais imaginaros de esta pareja o3o. Así que, en agradecimiento he puesto un poco de Erwin x Armin en este cap! SI no os gusta... me lo comunicais, pero creo que es una pareja linda (por culpa tuya, patata! ¬3¬).
Bueno, sin más que contar, os dejo leer!
Capítulo 11: Amanecer vs atardecer.
Año 850. Habitación del sargento Rivaille.
Unos enormes ojos de color verde se abrieron en medio de la penumbra de la habitación donde se encontraba. Su mirada pasó por los lugares más recónditos del lugar mientras intentaba procesar donde se encontraba. El aturdimiento y el sueño no ayudaban mucho, pero cuando sintió a alguien moverse a su lado reaccionó. Estaba en el cuarto de Rivaille.
Sonrió al verle dormir. Aun estando dormido, su ceño estaba ligeramente fruncido. Poco le importaba. Parecí dormir plácidamente. Se apartó de su cuerpo y se aproximó a la ventana. Faltaba poco para el amanecer y los pequeños rayos de sol comenzaban a asomar por el horizonte. Se sentía dichoso por lo sucedido hace unas horas atrás.
Estaba embarazado. Esperaba un hijo de Rivaille. De su amor, de su alma gemela. Sonrió abiertamente mientras posaba sus manos en su vientre, acariciándolo sutilmente. Una pequeña vida se estaba formando en su interior. Y eso le llenaba de dicha.
Volvió a mirar al sargento, el cual estaba acostado de lado, con medio cuerpo cubierto por las sábanas y mantas. Eren sintió frio. Esa mañana era helada. El invierno se estaba acercando y el poco calor que quedaba por las mañanas desaparecía como humo. Se abrazó a sí mismo y se puso una de las mantas que había esparcidas por el lugar y se la colocó sobre los hombros, sintiendo como el calor que emanaba de su cuerpo era retenido por esa prenda gruesa y suave. Volvió a acercarse a la ventana, sentándose en el marco de ésta. Le encantaba ver el amanecer. Era una de las cosas que más amaba. Aunque también le gustaban los atardeceres, pero éstos eran mucho más tristes. Era como si el mundo se despidiera. Y el amanecer era todo lo contrario. Era el renacimiento.
Eso era lo que tenía que pensar ahora, en el renacimiento de la humanidad. Deseaba que todo fuera un amanecer infinito, dando paso a una nueva era, en la que el ser humano recuperaba lo que era suyo, su mundo. Pero para conseguirlo tendrían que derrotar a los titanes. A cada uno de ellos. Exterminarlos.
-Acabaremos con ellos. – Se tocó el vientre. – Lo haré por ti, mi bebé. Para que vivas en un lugar donde no tendrás que vivir atemorizado por la existencia de los titanes. Te lo prometo. – sonrió para sí mismo. Aun a sabiendas de que su hijo no podía escucharle todavía, le hizo esa promesa en silencio. Ahora tenía más motivos por los que luchar.
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Una niña de apenas doce años se encontraba sentada en el suelo, llorando desesperadamente. Los hombres que la tenían cautivas se encontraban tendidos en el suelo, mientras la sangre procedente de sus cuerpos llegaba a sus pies, asustándola más de lo que ya estaba. Aterrada, miró al hombre que se encontraba delante de ella. Su cuerpo menudo se movía al compás de su equipo de maniobras tridimensional, mientras su mirada fría se fijaba en ella.
La chica sintió pánico. Aunque la hubiera salvado de sus secuestradores y, por qué negarlo, su supuesto nuevo dueño, no tenía la certeza de que la iba a dejar vivir. Había matado a todos ellos de forma fría y calculadora. No les había dado tiempo a reaccionar ni defenderse. Bajó la mirada, viendo que los pies del extraño se habían acercado hasta ponerse a unos centímetros de su persona.
-Eh… ¿Estás bien? – aunque sus palabras fueran monótonas, pudo apreciar un ligero toque de preocupación. Levantó su mirada impregnada en lágrimas, encontrándose la mirada seria de su salvador, en la cual encontró un ligero toque de compasión.
Volvió a llorar. Pero esta vez de alegría. Ese hombre le había salvado de ser el juguete sexual del depravado que ahora se encontraba desangrado en el suelo. Sonrió, anonadando al moreno.
-Gracias… - susurró apenas. Su garganta seguía adolorida por la fuerza que ejerció su captor sobre ella. El hombre se acercó a la muchacha, cogiéndola de los hombros, haciendo que se colgara de su cuerpo como un mono.
-¿Cómo te llamas? – la preguntó en cuanto salieron de aquel cuarto, al exterior.
-Ángela… - susurró, apoyándose en el hombro de él.
Al llegar a las afueras del lugar, un grupo de personas – una media docena – los estaban esperando. La mujer, de aspecto amable, se acercó a ellos.
-Sargento Rivaille, yo me encargo de ella… - sugirió, haciendo amago de sujetar a la muchacha entre sus brazos. El susodicho soltó a la menor y se la entregó a la joven, haciendo que la niña le mirara suplicante.
-Está bien, Petra. Cuida de ella. – El hombre se alejó de ellos, aproximándose a otro corpulento y rubio.
-Vamos pequeña. Yo cuidaré de ti. – la cargó en su espalda, haciendo que la niña apoyara su cabeza ésta. La había salvado. Le debía la vida a ese extraño hombre de ojos afilados.
-Rivaille… - susurró antes de caer inconsciente.
Ángela despertó de golpe. Ese condenado sueño.
No.
Ese condenado recuerdo. La atormentaba desde el mismo momento que volvió a encontrarse con Rivaille. Mierda… esto no era lo que estaba planeando. No debía volver a caer. No después de todo lo que sufrió cuando abandonó ese lugar.
Se levantó de la cama, aproximándose a la ventana. Faltaban unos minutos para el amanecer. Odiaba los amaneceres. Era como una nueva oportunidad. Y eso era lo que ella se negaba a darse a sí misma. Una nueva oportunidad para amar. Pero, para alguien como ella, el enamorarse era un hecho que seguiría negando a reconocer hasta el reto de sus días.
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Erwin se encontraba sentado en el escritorio de Rivaille, planeando el nuevo planteamiento para la próxima expedición afuera de las murallas. Aunque era como las demás, esta vez contaban con una parte del escuadrón del norte, los cuales les ayudarían en campo a través si los titanes descubrían su posición. Se recostó en la silla, mientras miraba de vez en cuando a Rivaille y Ángela, los cuales se miraban con cierto rencor.
Los conocía, sabía que no era bueno que esos dos estuvieran en el mismo escuadrón después de lo sucedido hace cuatro años, pero era lo que había. Necesitaban a la muchacha y a su ejército. Así que no lo desperdiciaría. Y ellos parecían estar de acuerdo, aunque fuera a regañadientes.
El verdadero problema ahora era Eren.
-Sigo pensando que Eren no debería de salir en esta expedición. – comentó Rivaille por tercera vez consecutiva. - Y menos en su estado.
-Vamos, Rivaille. Eren es consciente de su situación, pero sigue siendo un soldado. Aun estando embarazado, todavía puede hacer cosas. Tan solo tiene tres semanas de gestación. – refunfuñó la rubia. La desesperaba la sobre protección que había ejercido el sargento sobre Eren desde que se enteró de la noticia.
-Poco me importa el tiempo que tenga. Eren no debe de salir y punto. – Rivaille se cruzó de brazos, intentando dar por finalizada la conversación de una vez por todas. Pero la cosa no había hecho nada más que empezar.
-Aunque los dos lleváis razón, - Erwin levantó la voz sobre la de los otros – el que debe decidir el ir o no, le concierne a Eren. EL sabrá que es lo mejor para él y para el estado del bebé. No puedo negarle a un soldado a luchar por la humanidad.
Ángela sonrió de lado, mirando a Rivaille. Aun llevando poco tiempo allí, había aprendido a conocer a Eren poco a poco. Sabía que el muchacho no se echaría atrás con respecto a salir fuera de los muros. Había escuchado las habladurías de sus compañeros sobre lo imprudente, impulsivo y eufórico que era cuando le hablaban sobre el exterior. Aunque no le tuviera suficiente aprecio, comprendía lo que el chico sentía. Quería ser libre como el viento.
-Yo me encargaré de preguntárselo a Eren. Pero no quiero que ninguno esté presente. La presión es lo peor que puede ejercerse ante una persona que tiene que decidir entre su deber para con la humanidad y su deber para su familia. – Erwin se estiró, levantándose del asiento en busca de Eren, dejando a los dos sargentos solos en el despacho.
Rivaille la miró de arriba abajo. Es cierto que había cambiado físicamente, pero seguía siendo una niña. La muchacha le miró, haciendo que ambas miradas se encontraran. Sus miradas entraron en lucha, para ver quién era el que ganaba esa batalla. Ninguno daría su brazo a torcer. Eran tan parecidos y, a la vez, tan distintos que la tensión que se había formado en ese lugar se podía sentir incluso en las afueras.
-Si le llega a pasar algo a Eren… - comenzó Rivaille, pero la chica le cortó.
-Tranquilo, pequeñín. – Rivaille frunció aun más el ceño. – Eren permanecerá en todo momento a mi lado. Exceptuando cuando tenga que luchar contra los titanes en tierra.
-Para eso, prefiero cuidarlo yo todo el tiempo. – se cruzó de brazos.
-Como desees, señor puedo con todo. – la chica agitó sus manos sobre su pecho, intentando imitar la voz del sargento. – Pero solo te advierto una cosa. No quiero que te entrometas entre nuestras presas. Se que te encanta degollar titanes y lo que no lo son – Rivaille la miró. Su mirada gélida la estaba torturando, pero poco la importó. De seguro sabía de qué estaba hablando. - Así que, si vas a estar protegiendo a Eren, sólo céntrate en eso. No quiero tener que cargar con alguien que no sabe luchar en tierra.
La chica se aproximó a la puerta, dejando al sargento enfadado e irritado. Esa estúpida mocosa… ¿cómo se atrevía a tratarle así? Antes de que la chica saliera la cogió del brazo, impidiendo que abriera la puerta.
-¿Cómo es que has llegado a ser así, Ángela? Hace cuatro años eras todo lo contrario.
-Eso es lo que pasa cuando confías en que alguien te protegerá por siempre y no lo hace. – le miró con rencor. Esas palabras eran dirigidas para él.
¿Le estaba recriminando el no haber podido hacer nada para traerla de vuelta? El no tiene, ni tenía, la potestad para que ella hubiera vuelto con ellos. Era algo que simplemente ocurrió. La soltó del brazo.
No volvería a cometer el mismo error. Protegería a Eren aun a costa de su vida.
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Rivaille sujetaba con fuerza las caderas de Eren, mientras éste se dejaba caer sobre las del contrario, haciendo que las penetraciones fueran mucho más profundas. Era verdad, Eren había comenzado a disfrutar el sexo estando el encima. Era mucho más placentero para ambos. Siguió moviéndose de tal forma que Rivaille soltó un ronco gemido de placer. Joder, ¿desde cuándo Eren se había convertido en una fiera en la cama? Le echó la culpa a las hormonas.
Se movió con destreza, haciendo que Eren se quedara tendido en la cama, como era costumbre. Entrelazó sus manos con las del menor y besó sus labios, probando ese dulce néctar que tanto le gustaba, mientras las pequeñas perlas de sudor que se escapaban por sus poros se mezclaban, juntándose en sus labios, dándole un sabor salado al beso.
Volvió a penetrarlo, pero esta vez con mayor velocidad. Eren sujetó con fuerza las manos de Rivaille, mientras ahogaba en los labios del contrario los agudos gemidos que se formaban en su garganta. Amaba hacerlo con Rivaille. Desde que se enteró del embarazo, su apetito sexual había aumentado, sin contar con que su cuerpo estaba mucho más sensible y había comenzado a cambiar, aunque en pequeña medida.
Siguió el ritmo constante de las embestidas, mientras sentía que el tan inoportuno climax le llevaba. Ambos terminaron a la vez, mientras Rivaille caía sobre el castaño, respirando su aroma mezclado con el suyo. Salió de su interior y se posición a su lado, atrayendo al menor hacia él. Se sentía dichoso, pero a la vez preocupado. No había podido preguntarle a Eren sobre lo que había hablado con Erwin, y eso le estaba matando. En cuanto entró al cuarto, Eren se había lanzado sobre él como una fiera en busca de su presa y habían acabado haciendo el amor. Le miró, mientras su respiración se calmaba.
-Eren… - el castaño le miró – vas a ir a la expedición ¿verdad? – el castaño se levantó, mirándole desde arriba.
-Si… bueno. – Se rascó la mejilla – He decidido ir. Pero Erwin me ha puesto una serie de condiciones, en las cuales tú estás incluida.
-Como cuales.
-Como que no puedo separarme de ti ni un momento – contestó de lo más tranquilo, como si fuera lo más normal del mundo.
-Eso me lo imaginaba. ¿Qué más?
-No tengo ganas de hablar de ello Rivaille. Estoy cansado… - bajó la mirada.
Rivaille simplemente suspiró. No tenía ganas de discutir tampoco con Eren. Se levantó y acomodó su cabeza en el vientre de Eren, haciendo que este saltara de la sorpresa.
-¿Q-que ha-haces, R-Rivaille? – Preguntó sonrojado.
-¿Qué no es obvio? Quiero sentir al bebé. – Acomodó mejor su oreja en la parte baja del vientre del castaño.
Eren sonrió sonrojado. Rivaille podía ser tan cariñoso a veces. Y pensar que durante el día era el soldado más fuerte de toda la humanidad y que, por las noches, podía ser tan cariñoso y caprichoso. Acarició los cabellos azabaches del sargento, mientras éste cerraba los ojos ante el contacto. Aunque no pudiera sentir nada todavía, sabía que ahí se encontraba, su hijo. Un pequeño calor se podía percibir del vientre de Eren, como si en ese momento su hijo se estuviera formando. Sonrió para sus adentros. Era el hombre más afortunado del mundo.
Eren se acomodó en la cama, mientras Rivaille seguía en la misma posición. A extensas de la gente, ellos dos eran como una pareja normal. Eren miró por la ventana como el día se apagaba, dejando paso a un atardecer anaranjado, el cual le pareció hermoso y a la vez triste. Pero poco le importó la sensación que sintió al ver esa escena tan común, Rivaille estaría siempre a su lado. Pero poco sabían que su relación tendría consecuencias.
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Armin tocó la puerta del despacho donde se encontraba el comandante. Aunque no era la primera vez que el rubio le pedía que le ayudara con las estrategias, esta vez se sentía nervioso. No porque fuera el comandante, sino por la forma con la que él había pedido que fuera.
Ven a verme al despacho, Armin. Tengo que hablar contigo.
Su voz había sido melosa. Una sensación de calor le había recorrido el cuerpo en cuanto le oyó. Y su mirada le había dejado por el araste. ¿Cómo era posible que el comandante pudiera mirarle de esa forma tan lasciva?
Esperó a que el hombre le diera paso y entró con lentitud a la estancia. Vio al mayor apoyado en la mesa, mirando por la ventana como la noche se abría paso entre el hermoso atardecer que dejaba atrás.
-¿Me mandó llamar, comandante? – preguntó Arlet con cierto tono avergonzado.
-Si, Armin – Se dirigió a su puesto, mientras dejaba ver que en la mesa un enorme mapa se encontraba cubriendo toda la expansión del mueble. – Necesito tu ayuda para la nueva estrategia a seguir.
El muchacho se aproximó a la mesa, posicionándose al lado de su comandante. Miró el enorme mapa que representaba toda la extensión de María y parte de Rose. Era antiguo, pues en ellos todavía figuraba María como posesión de los humanos. Se inclinó para poder ver mejor lo señalado anteriormente por su superior.
Pero, sin previo aviso, el comandante se había posicionado a sus espaldas, haciendo que su pecho chocara contra ésta, mientras una de sus manos se acercaba a la del muchacho, sujetándola y la otra recorría con suavidad uno de sus costados. Arlet se sonrojó al instante.
-¿C-comandante? – le miró confundido, mientras un extraño placer le recorría el cuerpo.
-Dime, Armin… ¿Qué estrategia debo seguir? – Le preguntó con doble sentido.
Arlet aguantó un gemido involuntario tras sentir como la mano del mayor se dirigía a su entrepierna. Dios mío… ¿Estaba intentando excitarlo? Porque, por alguna extraña razón, lo estaba consiguiendo. Le miró sonrojado. EL comandante le miraba con lujuria retenida. Y le besó en los labios.
En el mismo momento en el que entró al despacho no se imaginaba que acabaría con el comandante de esa forma. No creía que acabaría teniendo sexo salvaje con su superior a extensas del resto del cuartel. Y no se esperaba que el comandante acabara siendo tan considerado con su persona.
Y? Qué os pareció este cap? =D
He metido algo del pasado de Ángela para que vayáis viendo por qué es así la chica. Pero bueno! COmo que le recriminas? ¬3¬ al final voy a tener que torturarte, Ángela... en fin! Muchos de vosotros me habéis dado a comprender que la muchacha no es de vuestro agrado, pero es un personaje muy importante para la trama final de la historia. Otros que la tenéis sobre la cuerda floja, a ver si es buena o no.
Como es de esperar, la dichosa vieja no ha aparecido en este cap, pero aparecerá en el siguiente!
Y como os he dicho en el principio, si no os agrada la pareja del comandante con Arlet me lo decís! Fue idea de mi patata, así que si os gusta creo que la llenaríais de felicidad *^*
Bueno, como siempre... Un lindo review?
Nos leemos!
