Se podían distinguir dos figuras caminando sobre el camino arenoso, que comunicaba el desierto de la arena con Sunagakure. Éstas dos personas eran, nada más ni nada menos que Naruto Uzumaki y Konan de Amegakure. El rubio vestía su típico atuendo, buzo naranja y negro, pantalón naranja y sandalias negras, la ojiámbar, por su parte, llevaba una remera azul un poco ajustada, unos pantalones negros que llegaban hasta las rodillas y sandalias azúles. No traía su capa de Akatsuki ya que levantaría sospechas entre los ciudadanos de la villa.
- Naruto-kun, ¿que haremos primero? - preguntaba la peliazul.
- Primero entraremos a la aldea para buscar a Gaara y luego le diré si nos puede guiar hacia el templo - respondía el Uzumaki con seguridad.
- ¿Y si no acepta? - saltó la duda de la mujer.
- Claro que aceptará, es mi amigo y, además, solo tomarémos el talismán y nos iremos de allí - aclaró el Jinchuriki.
'' Si así lo dices, espero que resulte '' se decía mentalmente la ex-akatsuki mientras ambos avanzaban a través del desierto. Al llegar a la puerta de la aldea, el duo logra distinguir a un par de guardias encargados de proteger la entrada o de avisar en caso de que se presente alguna amenaza.
- ¿Quienes son ustedes? - preguntó uno de los hombres.
- Somos ninjas de Amegakure, el Kazekage Gaara es mi amigo, vengo a hablar con él - respondió Naruto intentando sonar lo más normal posible.
- Aún así, no podemos dejarlos pasar, necesitan estar autorizados por su aldea y tener permiso de ésta si quieren entrar a Sunagakure - reprendió el guardia, muy firme en sus palabras.
- Dejalos pasar, yo lo conozco - ordenó una voz que se acercaba.
- Pero... - dudó el hombre.
- Está bien, ellos no tienen intenciones de hacernos daño, ni a nosotros ni a la aldea - justificó nuevamente la voz, ahora el rubio sabía quien era el portador de esas palabras.
- Como usted diga, señor - aceptó la orden el guardia, que volvió a su posición de vigilante.
- Mucho tiempo, ¿no Gaara? - estaba feliz el Uzumaki de ver a su viejo amigo otra vez. Al decir su nombre, la figura del pelirrojo ya se había hecho presente enfrente de ambos ninjas, se trataba de Gaara del Desierto, el Kazekage de Sunagakure.
- ¿Que tal, Naruto? - cuestionó el Kazekage al notar que el rubio iba acompañado de otra persona.
- Todo está bien, vinimos a tu aldea porque debemos hablar contigo de un asunto - explicó el Jinchuriki.
- De acuerdo, vengan conmigo, lo charlaremos en mi oficina - sentenció el ojiverde mientras los tres ingresaban a la villa de la arena. Al adentrarse en la aldea, se podía ver como las personas realizaban sus respectivos trabajos, algunos transportaban mercaderias, otros eran vendedores en puestos de comida o tiendas de ropa, regalos, recuerdos, entre otros. Finalmente, al llegar a la oficina, fueron recibidos por Temari y Kankuro, hermanos mayores del pelirrojo.
- ¿Como has estado, Naruto? - preguntó el marionetista lleno de curiosidad, a pesar de no conocerlo demasiado, Kankuro presentaba un gran respeto por el ojiazul.
- Si, debes estar cansado por haber viajado desde Konoha hasta aquí, ¿quieres tomar algo? - preguntó la rubia, alegre de ver otra vez a aquél ninja que salvó a su hermano de la fría oscuridad y de los Akatsuki.
- No gracias, muy amable Temari, pero estoy bien. Por cierto, no vengo de Konoha - corrigió el Uzumaki. Mientras seguían su diálogo, el hermano menor se sentó en su escritorio y prestó atención a las palabras del rubio.
- Pero, ¿de donde vienes entonces? - cuestionó el dominador de marionetas.
- Bien, esto les puede sonar extraño y loco, pero vengo de Amegakure, y la chica que tengo a mi lado, es la que me acompañó todo éste tiempo, tanto en mi entrenamiento, como en mi vida en la aldea de la lluvia - relataba el usuario del Rinnegan mientras los hermanos de la arena observaban detenidamente a la peliazul.
- Ahora lo recuerdo, tu eres la mujer que ayudó a Paín a destruir Konoha - comentó Gaara recordando lo sucedido en el país del fuego.
- Tu eres parte de la organización que secuestró a Gaara y le quitó a Shukaku de su cuerpo - dijo Kankuro haciendo memoria.
- ¿Qué quieres ahora? - preguntó Temari colocando una mano sobre su abanico gigante.
- Esperen chicos, es un malentendido, Konan ya no pertenece a Akatsuki, ahora me está ayudadndo para poder derrotar a Tobi, el actual líder de la organización - explicaba Naruto tratando de calmar a los hermanos de Suna.
- Parece que ya no tiene malas intenciones - concluyó el Kazekage.
- No te dejes engañar Naruto, puede que ahora sea buena contigo, pero te traicionará cuando menos te lo esperes - advirtió la kunoichi retirando la mano de su arma.
- No digas eso, Temari, sabes lo mal que me sentiría si fuera verdad - dijo Naruto confrontando a la usuaria del viento.
- Oigan chicos, calmense, Naruto, ¿a que has venido a mi aldea? - preguntó el pelirrojo volviendo al tema principal.
- Cierto, hay un templo en las afueras de Sunagakure, que contiene uno de los míticos talismánes de las tres fuerzas del cuerpo, vine aquí para pedirte autorización para entrar allí y tomar la reliquia, eso es todo - narraba el Jinchuriki dejando a Gaara pensativo.
- Aún no sabemos lo que hay dentro de ese lugar, puede ser peligroso para la aldea - decía el ojiverde.
- Pero necesitamos los talismanes si queremos tener alguna oportunidad de ganar la guerra - remarcó Konan, que no dejaba de ser acosada por la mirada asesina de la rubia. Sin embargo, no sintió ningún miedo y se mantuvo estable.
- De acuerdo, pero iré con ustedes, no dejaré que la situacion se salga de control si algo sale mal - finalizó el Kazekage.
- Eso era lo único que quería, ¿nos podemos quedar por una noche? - preguntó el Uzumaki.
- Claro, se hospedarán en uno de los moteles de la aldea, Kankuro los guiará allí - afirmó el pelirrojo.
- Muchas gracias, Gaara - fueron las últimas palabras del rubio para después salir de la oficina junto al marionetista y a la peliazul. Ya era de noche, cuando finalmente habían llegado a su lugar de hospedaje, Kankuro habló con la recepcionista del motel y está le entregó la llave de la habitación al rubio, ambos fueron al cuarto asignado, cenaron y tomaron una ducha (por separado, primero la ojiámbar y luego Naruto). Este último había terminado hace unos instantes y salió del baño vestido solamente con un boxer puesto. En el dormitorio, la cama era matrimonial, así que tuvieron que conformarse con eso. La peliazul ya estaba acostada sobre la cama, dándole la espalda al rubio, en ese momento solo tenía puesto un camisón purpura y su ropa interior, no obstante, se podía notar sus pechos no tan grandes pero tampoco pequeños. Todavía estaba despierta, y sintió un calor agradable ya que Naruto se acostó en la cama abrazandola por la cintura, se ruborizó ante el contacto, no dudaba que eso le gustaba. Finalmente, ambos conciliaron el sueño y se quedaron dormidos, con el rubio detrás de Konan.
A la mañana siguiente, los recien levantados ninjas desayunaron en el comedor del motel y se dirigieron a la puerta de la aldea, donde el Kazekage y sus hermanos los esperaban.
- Ya era hora de que despertaran - comentó Kankuro al ver al rubio y a Konan aproximarse.
- No los culpo, seguro que han tenido un largo viaje para llegar a la villa - agregó Gaara justificando las acciones de sus visitantes. Al llegar definitivamente a la entrada de Sunagakure, los cinco ninjas fueron hacia el templo, que se encontraba no muy lejos de la aldea. Al llegar,el Kazekage abrió las puertas del lugar y el grupo se adentró en su interior. El templo albergaba una sala hecha de rocas con dos círculos marcados, uno grande y otro pequeño dentro del primero. Los ninjas dieron un paso adelante y, de repente, las puertas se cerraron y se formó una figura de arena en el círculo menor.
- Saludos, gran guerrero, si estás aquí eso sólo significa que andas en busca de los talismanes mágicos - comenzó hablando una voz que salía de aquel extraño fenómeno.
- Así es, y no tengo mucho tiempo, los akatsuki están a punto de empezar la guerra para llevar a cabo su plan que podría destruir el mundo - explicaba Naruto pensando que estaba loco ya que hablaba con arena.
- Muy bien, pero para conseguir la reliquia primero tienes que superar una prueba para saber si eres digno de este maravilloso poder - dijo la voz.
- ¿Qué tengo que hacer? - preguntó el rubio temiendo por la respuesta.
- Debes enfrentar y derrotar a aquellas personas que marcaron tu camino y que significaron mucho para tí - respondió la figura de arena.
- De acuerdo, estoy listo - dijo el Jinchuriki, seguido de eso, la forma de arena se transformó en una persona que el Uzumaki no tardó en reconocer. Era su maestro, aquel que en algún momento del pasado lo entrenó junto a sus compañeros, Sakura Haruno y Sasuke Uchiha, ese ninja que tenía la habilidad de copiar los movimientos de sus enemigos con el Sharingan, Kakashi Hatake. El rubio se posicionó dentro del circulo mayor y adoptó su posición de batalla, fue en ese momento que la figura arrojó dos kunais hacia el ojiazul, quien desenfundó su espada y los desvió. Acción seguida, el falso Kakashi creó y lanzó un relámpago bestial contra su oponente, este activó su rinnegan y lo absorbió, ganando chakra adicional. El rubio quería terminar esto rapido, así que preparó su Amehyaku y corrió hacia el peliplata, que sacó un kunai y lo chocó con el otro filo.
'' Diablos, es igual de poderoso que el verdadero Kakashi '' pensaba el Uzumaki mientras seguía ejecutando ataques con su espada, todos repelidos por el adversario, hasta que vió como la figura del Jounin se acercaba y se disponía a golpearlo.
- ¡Shinra tensei! - gritó el Jinchuriki para activar el poderoso ataque mandando al usuario del Sharingan a volar contra una columna cercana, destruyendola. Sin embargo, el ninja se levantó al instante.
- Eso fue maravilloso, joven ninja, pero esto se acabó - comentó la voz interior del cuerpo del Hatake para después crear un chidori, o más bien, un Raikiri. Seguido de esto, salió corriendo en dirección a su oponente.
- Como desees - dijo Naruto, acto seguido envainó su arma, formó un rasen-shuriken con una mano (con su rinnegan activado, Naruto puede crear el rasengan o el rase-shuriken sin necesidad de clones) y corrió hacia su antiguo maestro. Ambas técnicas chocaron y crearon un desfile de rayos eléctricos y ráfagas de viento. Cuando la visión se aclaró, el rubio estaba jadeando pero aún de pie, por su parte, el kakashi impostor yacía en el suelo derrotado. El ojipurpura pensó que había terminado la batalla, pero estaba equivocado, el cuerpo que estaba en el suelo adoptó otra forma, la de una persona muy especial para el Jinchuriki, que no podía creer lo que veía. Era Jiraiya, su difunto maestro y sabio de los sapos.
- Esto aún no ha terminado, debes derrotar a tu mentor y demostrar que tienes la suficiente habilidad mental para superar el pasado. Acto seguido, la figura corrió, saltó levemente y descargó una patada sobre el estómago del shinobi, derribándolo. Al levantarse, Konan se aterrorizó al fijar su mirada en los ojos del rubio, ya no era el rinnegan activado, eran los ojos rojos del zorro demoniaco, con sus pupilas en vertical. Un extraño manto de chakra rojo cubrió a su portador, y se formó una cola detrás del ninja. Naruto no esperó más y comenzó a atacar a quien creía una ilusión del pasado, pero que estaba empeñado a borrarla de su vista. Sin embargo, Jiraiya evitaba audazmente todos los golpes y ataques con garra de su discípulo. Naruto estaba fuera de control, ya no quería superar la prueba, ahora quería destruir a esa rara forma de vida que lo estaba atormentando emocional y anímicamente. Aunque arremetía sin parar, el peliblanco conectó un golpe en el rostro a su adversario, mandándolo a estrellarse contra una pared, el rubio se recuperó y siguió atacando al Sannin. Konan presenciaba cada minuto de la batalla con lágrimas en sus ojos, no le gustaba nada ver como esa persona de la que comenzó a encariñarse era sometida brutalmente, nada más ni nada menos que por su también antiguo maestro. Por un momento, tuvo la idea de interferir y salvar al Jinchuriki, pero recordó que no era su prueba, con podía hacer nada.
- Naruto, por favor, despierta ya - hablaba la peliazul, no le importaba el hecho de ser escuchada por los hermanos de la arena.
- Así que este es el verdadero Naruto Uzumaki, quien lo hubiera pensado - comentaba Gaara mientras observaba la pelea.
- No puede perder, no así - dijo Kankuro convencido de lo que decía.
- No lo hará, yo se que lo logrará - afirmó Temari manteniendo sus esperanzas. De pronto, el sabio de los sapos anuló un ataque del Uzumaki y lo tomó del cuello, alzándolo y tomando un Kunai.
- Este es el fin, has fallado la prueba, ¡muere! - exclamó la voz mientras preparaba su arma. La ojiámbar vió esto y se alarmó.
- ¡Naruto, despierta ahora mismo! - gritó a todo pulmón la mujer. Sorpresivamente, al escuchar su voz, el rubio tomó el brazo de su enemigo y lo apretó fuertemente, liberandose del agarre y haciendo que Jiraiya grite de dolor. Rápida e instantáneamente, el chakra rojo formó un puño gigante y golpeó al Sannin provocandole un daño devastador. Al levantarse, creó un rasengan, diez veces más grande que el normal, elevando su brazo sobre su cabeza, con la bola gigante en la palma de su mano. El zorro, por su parte, comenzó a formar un rasengan rojo, producto del chakra de Kurama, y con un tamaña levemente mayor a uno normal. Ambos shinobis salieron corriendo en dirección al otro, con sus técnicas preparadas.
- Muere, ¡Odama Rasengan! - exclamó el peliblanco.
- ¡Rasengan Bermellón! - gritó Naruto.
Los ataques chocaron y crearon una explosión de gran magnitud y ensordecedor ruido que bloqueó la visión de los ninjas presentes. Al disiparse el humo, el cuerpo de Jiraiya estaba boca abajo en el suelo, aparentemente vencido, el Uzumaki seguía de pie, pero estaba muy débil y luchando por mantenerse parado. El cuerpo tendido se desintegró y la voz habló por última vez.
- Muy bien hecho, Naruto Uzumaki, has pasado la prueba, como recompensa, te doy el talimán de la fuerza mental - fueron sus palabras. Al final del templo, dos pequeños pilares ascendieron del piso, uno con el talisman, que tenía grabada la palabra ''mental'' en un kanji japonés, y el otro con un extraño brazalete.
- Lo hice, he superado la prueba - logró decir el Jinchuriki, quien volvió a su forma original y, de pronto, se desplomó sobre el suelo sin energía. Konan fue a ayudar al ojiazul, pero fue Kankuro quien finalmente lo cargó sobre su hombro. La peliazul se dirigió hacia los pilares y tomó ambos objetos. Finalmente, el grupo salió del templo y se dirigió de regreso a Sunagakure.
- Espero que Naruto esté bien - decía preocupado el Kazekage.
- Ya lo atenderán en la aldea, tranquilo Gaara - lo trató de consolar Temari.
'' Naruto, lo lograste, ya tenemos uno de los talismánes '' se decía Konan para sus adentros.
AQUÍ LES DEJO EL CAPITULO 11, ESPERO QUE HAYA SIDO DE SU AGRADO, SALUDOS.
