HOLA ^^
Siento la tardanza... pero el trabajo me impide avanzar tan rápido como quisiera...
Capítulo11
De esto están hechos los sueños. Dreans, de Van Halen
Yun Seo se levantó más temprano que de costumbre, y después de cepillarse los dientes, se dirigió a la cocina apresuradamente. Había decidido prepararle el almuerzo a Ji Hu. Tan solo tenía dos días sin saber de él; pero lo extrañaba terriblemente. Se había acostumbrado a dormir a su lado, y ahora, su pequeña cama le parecía enorme.
Aun no podía creer como se habían dado las cosas. De un minuto para otro, le había invitado a irse de viaje. Fue toda una sorpresa, y hasta estuvo tentada a rechazar la invitación; pero sus hermanas la persuadieron. Desde que entrara a trabajar en la clínica, no hacía otra cosa que hablar del buen doctor, así que nada más lógico que aceptara irse con él.
¡Esta es tu oportunidad!
Le dijeron, cuando les llamó para consultar. Apenas tenían doce y catorce, pero eran más avispadas que ella.
Terminó de preparar la comida, y se metió al baño. No quería llegar tarde ahora que volvía a incorporarse a su trabajo. Alguien podría pensar que se aprovechaba de la situación; y no quería dar pie a este tipo de comentarios. Además, no sabía cómo debía tratarlo ahora que estaban saliendo. La situación era un poco extraña. No era más que una recepcionista sin estudios superiores, y él... doctor, director, dueño de la clínica, y de quien sabe cuántas cosas más. No podía siquiera compararse con Ga Eul o Jan Di. Ambas eran profesionales. Cierto, que ella también podía convertirse en una. Le gustaba el diseño de interiores; pero con sus ingresos y dos hermanas que mantener, era imposible estudiar.
Llegó a la clínica a su hora habitual; pero en cuanto atravesó la puerta, notó que algunos cuadros que había colgado de las paredes ya no estaban. Pero lo que realmente la dejó perpleja, fue encontrar a otra persona en la recepción. Era una mujer de mediana edad.
_¿Puedo ayudarle? _preguntó la mujer, con expresión amable.
_En realidad _dijo Yun Seo un poco sorprendida _, yo trabajo aquí. De hecho… este es mi lugar.
_¡Oh! _exclamó la mujer_. ¿Usted es Kim Yun Seo?
Yun Seo asintió, y ésta le entregó un sobre.
_Es para usted _luego sacó una caja. Eran sus pertenencias, incluidos, los dos cuadros que faltaban en la pared.
_¿Qué significa esto?
_¿No lo sabes…? _la mujer se notaba incómoda_. Lo siento _dijo, mostrándole un papel_; pero te han despedido…Debes firmar aquí.
Yun Seo permaneció inmóvil durante un minuto. Fue como si le hubiesen lanzado un balde con agua fría.
En el documento figuraba la firma del Director Yun Ji Hu.
¡La estaba despidiendo!
Esa era la razón por la que en estos dos días, no había intentado comunicarse con ella. La sacaba de su vida.
No necesitó saber más, tomó el bolígrafo y firmó sin leer. Repartió la comida entre algunos de los pacientes que habían llegado, y a pesar que sus ojos estaban llenos de lágrimas, se marchó con una sonrisa en los labios.
"No puedo culparlo, no estoy a su altura"
Dos horas después, tenía a Jan Di tocando a su puerta.
_Acabo de enterarme _dijo bastante apenada.
Yun Seo la invitó a pasar. Tenía el rostro enrojecido y los ojos hinchados. Había estado llorando; pero frente a Jan Di, intentaba ser fuerte.
_No es nada _logró sonreír_. Fui debidamente indemnizada.
Estaban sentadas, una frente a la otra.
_Pero, no hablo de eso.
_De lo otro _la mirada de Yun Seo fue esquiva_…la verdad es que preferiría no hablar.
_Entiendo _prosiguió Jan Di_…Solo quería hacerte saber que puedes contar conmigo. Estoy segura que Jun Pyo podría conseguirte otra plaza de trabajo. Hablaré con él.
Yun Seo sonrió.
_Gracias doctora, en verdad se lo agradezco _una lágrima rodó por una de sus mejillas _.Sus palabras significan mucho para mí; pero quisiera dejar todo atrás.
Cuando Jan Di regresó a la clínica se encerró en su consultorio. No hablaría con Ji Hu hasta tranquilizarse. No quería decir algo de lo que se arrepintiera después. Podría estar equivocada; pero… desde Nueva Caledonia, tenía ciertas sospechas. Debía hablar con Ji Hu antes de que fuera demasiado tarde. ¡La historia no podía repetirse!
_Sumbae _le dijo, unas horas más tarde_, ¿podemos hablar?
Ji Hu apretó los labios. Ya sabía por dónde venía el asunto.
_Vamos _la guió hasta su consultorio.
_¡Estás cometiendo un error! _soltó Jan Di, en cuanto cerraron la puerta. No pudo contenerse.
_Si te refieres a Yun Seo _alegó él, sin perder la compostura_, lo estoy rectificando. El error lo cometí cuando la invité de viaje. Cuando lo hice, pensé solo en mí. Fui egoísta, lo acepto; pero aunque lo de hoy parezca cruel, lo hice por su bien. No quiero que siga ilusionándose. Creerme un cretino, le hará las cosas más fáciles. Estoy seguro de eso.
Jan Di lo miró atónita.
_¡No puedo creer que seas tú quien me esté hablando! Lo que hiciste hoy, solo hará que la herida sea más grande, más profunda. Debiste ser sincero, en lugar de utilizar un método tan cruel.
_Yun Seo es joven _insistió Ji Hu_, llorara un poco; pero estoy seguro que después de esto, se recuperará más rápido.
"No quiero que viva como yo". Esto último lo pensó; pero no se atrevió a expresarlo en voz alta. No quería que Jan Di lo tomara como un reproche. Pero, en el fondo tenía la certeza, que si no trabajaran juntos, y ella no estuviese siempre tan pendiente de él… Posiblemente, muy posiblemente, ya la habría olvidado. Y era precisamente eso, lo que quería evitarle a Yun Seo.
Jan Di regresó a su consultorio completamente frustrada. No tenía ningún sentido continuar la conversación. No cuando Ji Hu estaba plenamente convencido, de que había actuado correctamente.
En cuanto a sus sospechas… no hubo manera de tocar el tema.
La visión que tenía frente a sus ojos, era demasiado sublime para ser real. La actitud de los presentes daba fe, que se trataba de algo más que una simple percepción.
Esto debe ser un sueño, pensó Woo Bin, plenamente conmovido.
Jin Hee llevaba un vaporoso modelo del desaparecido diseñador André Kim, que dejaba al descubierto, la delicada blancura de un cuello y unos hombros perfectos; mientras que la exquisitez de su silueta, se revelaba en la estrechez del talle.
El velo, aunque largo, no cubría las facciones de su rostro en su totalidad. Estas eran divinamente visibles. El cabello lo llevaba recogido en un moño, en tanto que algunas piedras preciosas, habían sido colocadas estratégicamente, para darle a su tocado un toque etéreo.
Valoradas en medio millón de dólares, la tiara y la gargantilla, ambas de diamantes, e inspiradas en copos de nieve, fueron adquiridas en la joyería Harry Winston. Mismo lugar, donde décadas atrás, Liz Taylor adquiriera su diamante de sesenta quilates.
Era casi imposible imaginar que la chica de la noche del compromiso, y la que avanzaba por el pasillo de manos del presidente Choi, fueran la misma persona. Lo suyo era un cambio tan extremo, que al mismo Woo Bin le costaba trabajo reconocerla. Estaba increíblemente hermosa.
"No la merezco"
Esas palabras cruzaron por su mente, mientras Sumi Jo, famosa soprano, entonaba las suaves notas del Ave María, escrito por Schubert alrededor de 1825, e inspirado en su devoción a la Santa madre.
Devoción que Woo Bin empezaba a sentir por Jin Hee. Él, que había vivido una vida libertina y dormido con un número indeterminado de mujeres, se casaba con una chica inocente. Sin importar donde pusiera sus manos, sería el primero en estar allí.
Jin Hee sería suya, y de nadie más.
No tenía idea, que a pocos metros de allí, otro corazón latía aceleradamente, y por la misma mujer.
Ji Hu se sentía miserable. Miserable y desleal. No estaba enamorado de Jin Hee. No se había permitido enamorarse de ella. Había luchado con todas sus fuerzas para evitarlo. Sin embargo, la deseaba terriblemente. Desde el día que descubriera su secreto en el avión, algo nació en él.
Fue un "algo" instantáneo.
Suspiró un poco frustrado. En otras circunstancias, podría ser él y no Woo Bin, quien la esperara al final del pasillo. Pero una vez más, ocupaba el lugar de simple espectador. Debía resignarse.
Yi Jeong apretó la mano de Ga Eul, y ésta lo miró a los ojos. No fue necesario decir una palabra, sus almas estaban conectadas.
Ese fue un "te amo" silencioso.
Jun Pyo y Jan Di, como el resto de los invitados, no podían salir de su asombro. La verdadera apariencia de Jin Hee los tomó por sorpresa.
Ella les dedicó una encantadora sonrisa y continuó su camino hacia el altar. Sus ojos brillaron de alegría en cuanto fijó su mirada en Woo Bin…
Allí estaba él, mirándola como jamás imaginó que lo haría:
Como un novio enamorado.
¿Acaso sería posible que…?
Si bien, solo era una posibilidad, jamás se había sentido tan feliz en toda su vida. Ya nada importaba… nadie… Solo Woo Bin, y el hecho de que en pocos minutos, serían declarados marido y mujer.
Solo una cosa empañaba su felicidad; la ausencia de su hermana. Pero, el presidente Choi fue tajante.
_Si la invitas _dijo en tono amenazador_, suspendo la boda.
Así que con todo el dolor que eso le significó, Jin Hee no le envió una tarjeta de invitación a Yoon Jeong. Sino más bien, se excusó por no hacerlo. Por fortuna, ella entendió. Conocía a su padre a la perfección. Sabía que dos años de exilio, no eran suficientes para él.
_Estamos aquí reunidos… _esas fueron las palabras iníciales del clérigo, en cuanto estuvieron frente al altar. Lo que siguió a esto, ninguno de los dos lo escuchó. No, hasta que llegó el momento de hacer el juramento.
_Song Woo Bin, ¿aceptas a Choi Jin Hee como tu legitima esposa, y prometes serle fiel en la riqueza y en la pobreza; en las alegrías y en las tristezas; en la salud y en la enfermedad, y así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?
Woo Bin no contestó, un rostro conocido lo distrajo al último momento. Sin embargo, cuando volvió a mirar no encontró a nadie. La silla estaba vacía. ¿Había sido su imaginación? Tenía que serlo, ella no podía estar allí.
El clérigo se aclaró la garganta y repitió la pregunta. Esta vez, Woo Bin respondió con la prontitud esperada.
_Si, acepto.
_Choi Jin Hee _ahora el clérigo se dirigió a la novia_, ¿aceptas a Song Woo Bin como tu legítimo esposo, y prometes serle fiel en la riqueza y en la pobreza; en las alegrías y en las tristezas; en la salud y en la enfermedad, y así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
Jin Hee miró a Woo Bin, y la respuesta salió instantáneamente.
_Si, acepto _No tenía dudas.
Se colocaron los anillos, y ante la vista de los presentes, fueron declarados marido y mujer. Era un hecho, estaban casados.
Más de una lloró por ese motivo. La esposa de Mr. Richardson estuvo inconsolable durante toda la ceremonia.
_Siempre lloro en las bodas _se excusó cuando su esposo la interrogó.
Mr. Richardson sonrió de un modo comprensivo y secó sus lágrimas, mientras ella recordaba con nostalgia, algunos de sus momentos más candentes con WooBin. Si tan solo hubiese sido más cuidadosa, se lamentaba.
Ahora tendría que buscarse otro amante.
Con una lista de casi quinientos invitados, la recepción se efectuó en uno de los hoteles del Grupo Shin-Hwa. Una vez más, lo más selecto del mundo de la construcción estaba presente. Mantener un lazo de cordialidad con ambas familias era vital. Con esta unión, tanto las acciones del Grupo MS, como las de Construcciones II Shin, se habían elevado de manera significativa. Ahora, solo faltaba la llegada de un heredero para consolidar la unión. Jin Hee y Woo Bin no lo sabían, pero sus padres habían pactado un límite de tiempo para el nacimiento de dicho heredero.
Un año, ese era el límite.
_¡Felicidades! _dijo Jun Pyo, dándole un par de palmadas en la espalda a WooBin.
Jan Di estaba con él.
_Woo Bin sumbae _dijo ella en tono juguetón_, más vale que seas un buen esposo, o sabrás de mí.
_¡Unnie…! _exclamó Jin Hee.
Después de cómo se estaban desarrollando las cosas, no quería ni pensar en la posibilidad de que Woo Bin hiciese algo indebido. Especialmente, porque ese algo, muy seguramente involucraría una mujer.
Yi Jeong y Ga Eul fueron los siguientes en felicitarlos.
_Sabes que estoy muy feliz por ti, ¿no? _exclamó Yi Jeong, dirigiéndose a Woo Bin.
Éste sonrió.
_Lo sé, hermano, lo sé.
Cuando se apartaron para hablar, Ga Eul aprovechó la oportunidad para darle algunos consejitos a Jin Hee, que aunque oportunos, la hicieron sonrojar.
Ji Hu llegó al último; pero independientemente de sus sentimientos, deseaba la felicidad de ambos, y así se los hizo saber. Sin embargo, no pudo evitar admirar la belleza de la novia. Aun conservaba las fotografías que Woo Bin había dejado grabadas en su celular, y más de una noche, se había dormido contemplándolas… Ahora, debía eliminarlas. El único problema, es que no lograba dar el delete definitivo.
Minutos después, llegaron las gemelas para apoderarse del novio. Tenían sentimientos encontrados. Durante la sesión fotográfica, se habían mostrado muy joviales; pero ahora, que el tiempo de partir para los novios se acercaba, no podían dejar de sentir que perdían a su hermano.
_Oppa _dijo Sung Ah, casi entre lágrimas_, promete que no te olvidarás de nosotras.
_¡Por supuesto que no voy a olvidarme de ustedes!
_¿Y nos visitarás todos los días? _intervino Jung Ah.
_Prometo visitarlas _dijo Woo Bin, con ternura_; pero, ¿todos los días…? Mentiría si dijera que sí.
Ambas suspiraron desilusionadas.
_Pero _añadió él, rápidamente_, prometo hacerlo al menos una vez por semana. Eso sí puedo cumplirlo.
_¡Oh! ¡Gracias Oppa!
Calmadas sus angustias, se fueron a la mesa de los bocadillos. Woo Bin sonrió. Seguían siendo las mismas niñas de siempre. Luego miró a Jin Hee, era apenas cuatro años mayor que sus hermanitas. Tan distinta al tipo de mujeres con las que solía involucrarse. Mujeres de experiencia, que ni necesitaban, ni deseaban tratos especiales. Así que no estaba muy seguro de ir con toda la paciencia que requería el caso. Por otro lado, estaban los consejos de Yi Jeong.
_Llegó el momento de partir el pastel _le indicó su madre.
Por ser la boda de su único hijo, Park Min Ah no podía evitar estar al pendiente de todos los detalles.
Dividido en seis secciones, el pastel de bodas descansaba en medio de un círculo de flores naturales, y de pequeños candelabros de cristal, cuyas velas encendidas, proporcionaban a la escena un toque de romántico misticismo.
_Es una verdadera obra de arte _exclamó Jin Hee.
_Tú eres la verdadera obra de arte _le susurró Woo Bin al oído, cuando tomaron el cuchillo. Ella lo miró de soslayo y sonrió. Partieron juntos el pastel, y los invitados prorrumpieron en aplausos…
Cientos de manos aplaudiendo a un mismo tiempo, mientras ellos intercambiaban una pequeña porción de pastel.
_Solo un par de cosas más _dijo él, sonriendo_, y nos vamos.
_¿A dónde…? _le interrogó Jin Hee apoderándose de una de sus manos_...No me has dicho.
_Lo sabrás pronto. Ahora _Woo Bin la guió hasta el centro del salón_, quiero bailar con mi esposa.
Así dieron inició al tradicional vals de los novios.
Ji Hu se notaba incomodo. Era una estupidez de su parte, pero no podía evitar sentir celos de aquella escena. Jan Di lo miró preocupada, para mal o para bien, conocía los sentimientos que estaban desarrollándose dentro de él.
Más tarde, cuando Jin Hee lanzó el ramo, prodigiosamente fue a parar a las manos de Jan Di. Fue una sorpresa, ya que no había hecho ningún esfuerzo por atraparlo. Tenía toda una colección y aún seguía soltera. Lo que no sabía, es que tal vez… el destino se estaba pronunciando.
Jun Pyo no hizo el escándalo que en otras ocasiones, pero en sus ojos podía percibirse un brillo de esperanza. Tenía un feliz presentimiento.
Después de quince días, Yun seo aun no había conseguido otro empleo. Ji Hu la había recomendado con un amigo suyo; pero quería conservar un poquito de orgullo, rechazando aquel ofrecimiento. Si iba a Salir adelante, lo haría sola. Así se lo hizo saber a Jin Hee cuando intentó colocarla en una de las oficinas de su padre. Pero, las cosas no estaban marchando bien. Siempre había alguien con una mejor preparación académica.
Además, había otra cosa que le preocupaba…
Debo sacarme esa idea de la cabeza, pensó con amargura. Es demasiado pronto para pensar una cosa así, demasiado pronto.
Woo Bin despertó cuando el motor del auto se apagó. Miró a su lado… Jin Hee también se había dormido.
Es un verdadero ángel, pensó, mientras los tenues rayos de luna, acariciaban las bellas facciones de su rostro. Tenía un aspecto sereno. Sereno e inocente... Tan sereno, que decidió no despertarla.
Le quitó el cinturón de seguridad y la levantó en brazos. Jin Hee parpadeó, se movió un poco; pero no despertó. No, hasta que él la depositó sobre la cama.
Ella lo miró durante algunos segundos. Era como si no lograra dilucidar lo que estaba pasando. Estaba aletargada.
—Hemos llegado _anunció él_. ¿Aún estás cansada?
—Un poco, ¿dónde estamos…? ¿Qué hora es…?
—Son algo más de las dos y, estamos en nuestra casa.
_¡Nuestra casa! _eso la hizo despertar del todo_. Nuestra casa, ¿dices?
Él sonrió antes de contestar.
_Sí, nuestra casa. Y como manda la tradición, te he traído en brazos.
Jin Hee le devolvió la sonrisa; luego miró a su alrededor.
La habitación era tan distinta a la suya: femenina, juvenil, casi infantil. Ya no dormiría en aquella habitación rosa, rodeada de muñecos de peluche. Después de recorrer con la mirada cada rincón de la que sería su recamara matrimonial, sus ojos se enfocaron nuevamente en Woo Bin. Él estaba sentado en la cama, mirándola con satisfacción.
_¿Te gusta?
Ella demoró en contestar.
_Si quieres _agregó él de inmediato_, puedes hacerle todos los cambios que quieras. Solo hay que llamar al diseñador y remodelaremos todo.
La habitación era amplia, espaciosa, cómoda, y con grandes ventanales de cristal cubriendo la totalidad de una pared. El piso estaba recubierto con madera maciza y aunque la decoración era de estilo minimalista, los colores utilizados le agregaban un toque cálido.
_Me gusta tal como está _dijo Jin Hee con franqueza.
Woo Bin sonrió, y mientras acariciaba una de sus mejillas, acercó sus labios a los suyos, y le dio un beso. Fue un beso tierno, breve… Pero ese contacto desencadenó en ella una serie de reacciones. Deseaba mucho más.
_Es tarde… y estas cansada _indicó él, poniéndose de pie_... Te dejaré sola para que duermas bien.
Yi Jeong le había dicho que fuera paciente y eso estaba intentando; aunque por dentro, estaba volviéndose loco. Caminó hasta la puerta, dispuesto a marcharse; pero para su sorpresa, Jin Hee corrió hacia él, y lo rodeó con sus brazos, impidiéndoselo.
_Woo Bin _dijo, recostada a su espalda_, quédate conmigo.
No hubo necesidad de decir más.
NOTA IMPORTANTE: Lo que sigue aquí, lo tocaré en un one-shot, que por cierto... será categoria M... Sin embargo, lo haré con mucha sutileza y lo subiré pronto.
