Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Quince días

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Capítulo 11: Sábado 23

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Akane

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Amanece, y durante varios minutos me quedo mirando la salida del sol sobre el mar. Termino de abrir la ventana y permanezco sentada sobre el suave tatami de mi habitación, disfrutando del aroma marino que arroja el viento invernal.

No puedo evitar que un extraño revoltijo se instale en mi estómago cuando pienso que en apenas siete días celebraré mi boda. De repente ese momento me resulta cercano y distante a la vez.

Llevo una semana sin hablar con Shinnosuke ni con mis hermanas. Apoyo la cabeza sobre mis brazos y entrecierro los ojos para no ser deslumbrada por el cada vez más elevado astro.

Debería llamar a casa, pero cuanto más tiempo pasa más me cuesta hacerlo. Dejo caer distraída mi mano que va a parar a la fina cadena que ahora cuelga de mi cuello, tomo la moneda de plata entre mis dedos y jugueteo con ella, ¿sería tan malo si pienso en quedarme así solo un poco más?.

Un hiatus en el tiempo. Una pausa durante la cual nadie habla, nadie actua. Un momento en el que las voces se callan y finalmente me dejan pensar.

Cierro la ventana, hace frío.

Inevitablemente el tiempo vuelve a correr y tengo obligaciones. Hoy debemos encontrar a la "amiguita" de mi marido y avisarla de un posible ataque por parte de mi suegro, o quizás de la yakuza. No me apetece verle la cara, de veras que no.

Aún sostengo la moneda en mi mano derecha, no sé en qué momento he comenzado a apretarla con fuerza.

Sonrío al recordar como ese idiota, entre tímido y torpe me la regaló sin darle la menor importancia.

Pero para mí sí que importa, esta pequeña moneda es el primer regalo que recibo de su parte. Es la primera "joya" que me regala un chico. Es triste, pero ni siquiera tengo un anillo de pedida, mi anillo de matrimonio sería el primero para mí. Y no es que Shinnosuke no sea detallista, es que nunca va sobrado de dinero, todo lo que gana trabajando lo gasta en el tratamiento de su abuelo enfermo.

Es cruel compararle con una persona capaz de ganar medio millón en una sola tarde, y sin embargo… algo tan tonto como una moneda causa en mí una feliz y real sonrisa. Qué simple qué soy, qué estúpida.

La suelto abruptamente obligándome a volver en mí, debo terminar con esto, debo volver a mi vida cotidiana y despertar de este absurdo y ridículo sueño. Me doy un par de bofetadas en las mejillas a modo de recordatorio. Tengo regresar a casa, allí está mi vida real.

Me visto deprisa, cepillo mi corto cabello y me pongo unas gotas de perfume en el cuello y la muñeca. Afortunadamente la noche anterior encontramos un hotel con un magnífico onsen en el que me pasé al menos dos horas. Siento la piel suave y cierta calma interior que no puedo asociar a otra cosa que una buena cena y una merecida noche de descanso.

Empaco mis cosas y me echo la mochila al hombro, vamos allá. Abro la puerta y veo sobre el suelo un paquete en una bolsa de papel. Me agacho con cautela y la abro para descubrir un café y lo que creo que es un pedazo de bizcocho de té matcha.

Sonrío como una tonta sabiendo quién es el responsable. Levanto la bolsa y veo que dentro hay una pequeña nota transcrita con una letra horrible: "He ido a comprar los billetes de autobús, desayuna". Más parece una orden que una invitación, pero él es así; rudo, hiriente, grosero… tímido, protector, atento.

Cierro la puerta a mi espalda y suelto mi mochila en el suelo del cuarto. Vuelvo a mirar por la ventana cuando el sol amenaza con rozar las primeras nubes, sorbo el café caliente con un suspiro de placer.

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La cara del conductor es un poema. Debe hacer todos los días la ruta Tokio-Osaka en su jornada laboral.

Ranma le entrega nuestros dos billetes y él los acepta a regañadientes, nos mira atentamente, sus ojos van de uno a otro advirtiendonos seriamente: nada de peleas.

El chico de la trenza parece mucho más tranquilo que yo, de hecho se dedica a ignorarle y finalmente al ver mi incomodidad decide tomar la iniciativa. Coge mi mano sin pedir permiso, guiándome tras de él y demostrando que, al menos por hoy, hemos hecho las paces.

Llega hasta los mismos asientos que el día anterior, me deshago de mi mochila y ocupo el puesto junto a la ventanilla, él se deja caer a mi lado y es entonces cuando el viejo bus vuelve a ponerse en marcha. De nuevo regresa el silencio que lleva establecido entre ambos desde ayer por la noche, como una sombra, una amenazante y aplastante nube de timidez que tiene que ver con su inesperado regalo.

No puedo evitar llevarme una mano al pecho y palpar por encima de mi abrigo la presencia del mismo, sonrío de forma imperceptible.

Ranma se aclara la garganta y adquiere una postura que pretende hacer pasar por relajada, pero la tensión de su espalda le delata.

—¿Has estado alguna vez en Osaka?— pregunta intentando iniciar un tema de conversación.

Yo le miro interesada, es tan lindo cuando pretende que no vea su amabilidad… con la misma torpeza e inocencia que un niño pequeño.

—No— contestó negando con la cabeza. —Pero siempre he querido visitarlo: con todas esas luces nocturnas y sus restaurantes de cangrejo. El okonomiyaki de Osaka también es muy famoso.

—El mejor okonomiyaki que existe lo cocina U-chan— contesta hinchando el pecho, orgulloso, y yo no puedo dejar de sentir una pequeña molestia, como un pinchazo que me lleva de cabeza a reflexionar en mis pocas habilidades como cocinera.

—Empresaria, cocinera, guapa… la chica perfecta— suspiro, no quería hablar de ella, al menos no todavía, ya bastante que nos dirijamos de cabeza a su encuentro.

—Sí que lo es— asiente. —Ryoga debería sincerarse con ella de una vez, no sé a que espera.

Eso me pilla de sorpresa, parpadeo rápidamente y abro la boca por la inesperada noticia.

—¿A Ryoga le gusta?

—No es que me lo haya dicho pero… no sé, es algo que se nota cuando los dos están en un mismo lugar. Él no la mira como a las demás.

—¿Eeehh?— pregunto alzando en exceso la voz. —Así que crees que está enamorado de ella.

—Puede ser— contesta esquivo.

No deja de ser curioso que una persona que dice no saber lo que es estar enamorado sí pueda verlo en los demás. ¿Será que la falta de amor durante toda su vida le ha convertido en lo que tengo ante mí?¿un solitario?¿una persona dispuesta a no mostrarse ante nadie?.

Quizás esta es su forma de sobrevivir, de hacerse el fuerte delante de todos… y sin embargo creo que toda esa falta de sentimiento que viste con orgullo no es más que inseguridad. Le he escuchado hablar con su madre, y sé que la quiere. Le he visto maltratar a su padre con la palabra, pero jamás de gesto. A pesar de todo cuanto le hizo le sigue necesitando, como cualquier hijo necesita a sus padres.

Ranma ha tenido una vida dura.

Desearía que encontrara a una persona, alguien con la que poder quitarse esa armadura tan pesada, tan parecida a la mía. Alguien de quién enamorarse.

Me gustaría… que pudiera ser feliz.

De nuevo regresa el pinchazo, pero esta vez lo siento lacerante en el pecho. Qué raro, con lo bien que he dormido. Me obligo a tomar aire un par de veces, y cuando por fin recupero mi habitual ritmo cardíaco me encuentro con su hipnótica mirada encima mía, observándome preocupado.

—¿Te encuentras bien?— pregunta con sus cejas fruncidas, vaya, podría acostumbrarme a su amabilidad.

—S-sí, yo…— mis mejillas se ruborizan sin motivos y yo giro el rostro avergonzada, me esfuerzo por continuar con la conversación sin parecer forzada. —Es sólo que me alegro mucho por Ryoga, querer a alguien es algo hermoso.

El artista marcial resopla llevándome la contraria, ya sé que no le gustan los sentimentalismos.

—Claro que no espero que tú lo entiendas— resuelvo volviendo a mi postura orgullosa, sintiendo alta y sólida mi propia e infranqueable muralla.

Espero su mordaz respuesta entre nervios e incertidumbre, pero esta no llega, apenas giro la cabeza un centímetro y lo encuentro en una pose inesperada. Apoya su brazo sobre el respaldo del asiento, la cabeza sobre su puño y me mira.

Pero no como otras veces, con orgullo y prepotencia, esta vez no hay más que determinación en sus ojos azules, que me observan impertérritos.

Siento una escalofrío bajar por mi columna, rompo el contacto visual y fijo la vista en mi regazo. No sé que acaba de pasar entre nosotros pero me ha hecho sentir extraña, el azul cobalto de sus iris es demasiado para mí, me supera por mucho.

Finalmente deja lo que quisiera que estaba haciendo y se recuesta en el respaldo.

—Despiértame cuando lleguemos— dice, y yo retuerzo las manos con la seguridad de que por su culpa no voy a poder pegar ni una cabezada en todo el camino.

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Cuando llegamos a Osaka el sol se encuentra en lo más alto del cielo. Vuelve a hacer un día de invierno precioso, sin una sola nube que amenace con una nevada.

Ranma baja del autobús detrás de mí, se despereza y bosteza. Será… se ha pasado todo el viaje durmiendo, durante un rato incluso se ha atrevido a apoyar su cabeza sobre la mía, y yo, en un gesto increíblemente generoso lo he dejado estar. Todo sea con tal de no escuchar reclamos sobre su dolor de cuello a causa de la mala postura.

Adivino cual es nuestro siguiente destino, y me da miedo admitir que estoy ligeramente nerviosa al respecto.

—Vamos, aún nos queda un paseo— se apresura él, y yo arrastro mis pies siguiéndole a regañadientes.

¿Qué me pasa? yo no soy así. A mí me gusta conocer gente, mucho más si son chicas de mi edad con las que sin duda me entiendo mejor. Pero ahora siento un nudo en el estómago, y entiendo que lo que ocurre es que estoy asustada.

Sí, tengo miedo de conocer a la una y mil veces mencionada "U-chan" y descubrir que es tan fantástica como parece, tanto como yo jamás lo seré. Una chica de mi edad, triunfadora, independiente... su mero nombre parece brillar mientras yo veo apagarse mi futuro.

Sacudo la cabeza. Estoy siendo cruel conmigo misma, y más importante, con Shinnosuke. No debo sentirme acobardada en su presencia, sólo estamos aquí para advertirle del peligro que corre, y si de paso podemos atrapar a mi suegro mucho mejor.

Me armo de determinación, dispuesta a sacar de mi cabeza tantos sentimientos banales.

Camino tras el chico de la trenza, quién parece estar repasando de memoria una dirección. A nuestros pies aparecen las calles comerciales, los restaurante callejeros de delicioso olor, las tiendas de electrónica con cientos de colores brillantes emergiendo de su interior.

Observo a mi alrededor conteniendo el aliento, muriéndome por explorar o siquiera detenernos a probar un solo bocado, pero Ranma continúa su avance hasta que todo el ruido desaparece a nuestra espalda. Llevamos más de dos horas caminando.

—¿Dónde demonios vamos?— protesto por primera vez en lo que va de día, de veras que me encuentro hambrienta.

—Estoy seguro de que era por aquí…

—¿El qué? ¡la ciudad queda varios kilómetros atrás!

Él se gira con su mirada petulante, alzando la barbilla de tal forma que apenas y adivino sus ojos.

—Vas a comer mejor que en toda tu vida.

—Eso será si encontramos algún restaurante.

Pero no muda su expresión orgullosa y apunta con su dedo pulgar por encima de su hombro derecho.

—Ya hemos llegado— miro a su espalda y solo veo un gigantesco e infinito muro que recorre la calle hasta donde me alcanza la vista.

—¿Llegado?¿a donde?— me cruzo de brazos, escéptica.

—¿A dónde más? a la casa de U-chan.

Vuelvo a posar los ojos sobre la pared y echo un paso hacia atrás. Alzo el cuello para contemplar el techo de lo que parece una moderna y extensa mansión.

Ranma a mi lado sonríe, emocionado.

—Vamos, seguro que se lleva una sorpresa— dice agarrando mi muñeca sin ningún recato y arrastrándome hacia la verja que limita la entrada.

Yo tengo la boca tan abierta que no creo poder volver a cerrarla en lo que me resta de vida. Pensaba que era exitosa... ¡pero no inmensamente rica!. El chico a mi lado pulsa un interruptor y se limita a identificarse. En seguida una puerta se abre para nosotros, Ranma suelta mi muñeca y me indica que le siga. Claro, como si a estas alturas pudiera negarme.

Atravesamos unos inmensos jardines y llegamos frente a la casa principal. Una amable chica vestida en kimono nos recibe y nos invita a pasar a una extraña sala. Mi marido parece encontrarse como pez en el agua en ese lugar, pero yo apenas y puedo recordar que hacer con las manos.

Nos encontramos en una especie de fusión entre salón y cocina. El suelo de madera barnizada brilla como nuevo. En mitad de la estancia se abre una especie de agujero rectangular, en el cual se encuentra un gran plancha cuadrada para más de quince comensales. Alrededor de la misma hay un foso de redondeadas formas, cojines y respaldos abatibles. Desperdigadas por doquier se encuentran multitud de mesas bajas con cojines puestos de cualquier forma.

Si no fuera porque me parece imposible, juraría que estoy dentro de un inquietante restaurante.

Observo las paredes donde hay colgados pequeños cuadros con fotografías, en las cuales tienen lugar escenas de lo más dispares. En algunos aparece un lugar muy parecido a este pero más tradicional y austero, un pequeño establecimiento con una larga plancha y al otro lado de la misma una chica cocinando con destreza. También está la chica que nos ha recibido en la entrada, sirviendo mesas.

Camino mirando una a una las fotografías, hasta que doy con una que me quita el aliento. Sonrío al ver al pequeño Ranma Saotome, apenas un crío vestido con un gi de entrenamiento que le va demasiado grande y a su lado la chica de antes, con una cinta anudada a su frente y un uniforme de cocinera con las mangas recogidas.

Es verdad que se conocen desde hace tiempo, miro con cierta envidia los recuerdos de lo que debe ser sin duda una larga y sólida amistad.

De pronto escucho unos pasos que se apresuran hacia nosotros. Suenan rápidos, tanto como la respiración que les acompaña.

Por la puerta aparece como una exhalación una muchacha de largos cabellos anudados en una larga cola de caballo, viste un pesado kimono tradicional que a todas luces debería impedirle moverse a la velocidad que lo hace. Sus ojos no reparan en mí, me pasan por alto para fijarse en la figura del artista marcial, quién le sonríe cautivador.

—¡Ran-chan!— exclama con voz anhelante.

—Perdona la visita inesperada— dice, pero ella no le contesta, corre hacia él y no duda un segundo en lanzarse a sus brazos.

Se abrazan entusiasmados, mientras yo me siento tan incómoda que desearía escarbar un agujero en el suelo para esconderme dentro. ¿Qué hago viendo esta bucólica escena?, ¿interrumpiendo con mi presencia su reencuentro?. Me siento una persona non grata, una cotilla que observa desde una ventana distante las actividades de sus vecinos.

Me giro sabiendo que me he sonrojado ligeramente, ellos aún no se separan y ya han pasado varios segundos. Finalmente es Ranma quién rompe su contacto y, colocando sus grandes manos sobre sus brazos continúa sonriendo.

—Vamos, no hace tanto desde la última vez que nos vimos.

—¿Qué dices?¡fue una eternidad!— protesta ella haciendo un mohín.

—¿Interrumpí algo importante?— pregunta con un deje de preocupación.

—No, me salvaste de una aburrida charla con mi padre. Siempre apareces cuando mas te necesito.

No lo soporto más, me aclaro la garganta llamando súbitamente su atención, ambos posan sus ojos sobre mí al tiempo, casi sorprendidos, ¿será que realmente se les olvidó que estaba aquí?.

—Ah, U-chan, deja que te presente a...— dice terminando de separarse completamente de ella. Doy un paso hacia adelante cohibida y hago una inclinación en señal de respeto.

—Soy Akane Tendô, es un placer.

El silencio que se acaba de formar tras mi presentación no solo es incómodo, es tan agobiante que puedo sentir la tensión de sus ojos sobre mi nuca.

Cuando levanto tímidamente la cabeza la encuentro expectante y reticente a un tiempo, finalmente cede y sus labios se endulzan.

—Yo soy Ukyo Kuonji, encantada— ella también inclina la cabeza, parece una chica amable.— Bueno, ¡seguro que tenéis hambre!— exclama recogiendo las mangas de su hermoso kimono de forma enérgica, corre hacia la plancha y tocando un par de botones la pone en marcha. —Ranma, voy a hacer el mejor okonomiyaki que has probado en tu vida.

Él se sienta cómodamente en la especie de foso que rodea la mesa y yo no me resisto en hacer otro tanto. Observo embobada como Ukyo parece haberse vuelto ajena al mundo. Más que cocinar parece que repite una danza miles de veces ensayada.

Rompe un par de huevos, les añade harina, sal, agua y mezcla con decisión. Tritura unos cuantos ingredientes y saca fideos fríos de una nevera cercana.

Sigue con su tarea mientras yo prácticamente me muero del hambre y de la envidia, no se de cual más.

El chico de la trenza la mira con nostalgia, como si estuviera acostumbrado a sus movimientos hasta el punto que a sus ojos fueran tan naturales como respirar.

El irresistible olor de la masa haciéndose a la plancha se mezcla con el resto de ingredientes, añade fideos, gambas y un poco de carne de cangrejo desmigada, le da la vuelta de un solo gesto y antes de que el okonomiyaki vuelva a tocar la superficie caliente Ukyo lo ha atrapado en el aire y lo sirve en un plato. Con un pincel le aplica una salsa espesa, mira con determinación antes de añadirle un chorrito de mayonesa por encima y bonito seco.

Nos acerca el plato y sonríe.

—Wow— exclamo sincera, completamente cegada por su habilidad, ella sonríe agradecida.

—Akane, ¿quieres uno con algo en especial?— pregunta mientras vierte otra porción de masa sobre la plancha.

—No, así es perfecto— le devuelvo la sonrisa.— Ya es suficiente molestia que cocines para nosotros.

—Tonterías— responde añadiendo el resto de ingredientes —Si no fuera por mis okonomiyakis Ran-chan siquiera se pasaría por aquí.

—¡Eh!— protesta él ya con la boca llena, no ha esperado a que yo tuviera mi ración. —Sabes que eso no es verdad.

Y ella sonríe enigmática, sin decir una palabra. De alguna manera entiendo que es un gesto de profunda tristeza.

—Ten— dice amable extendiéndome un okonomiyaki, yo la miro agradecida y tomo un par de palillos. Cuando doy el primer mordisco me doy cuenta de que Ranma no exageraba en lo más mínimo, sin duda es el mejor que he probado en toda mi vida.

Levanto la mirada y me encuentro con sus ojos verdes impacientes, son hermosos, gigantes y llenos de espesas pestañas.

—Delicioso— declaro con completa sinceridad, es prácticamente insuperable. Ella suspira satisfecha.

—Gracias— me sonríe comenzando un tercero de forma diligente.

—¿Ves? te lo dije, U-chan es la mejor— sonríe Ranma mientras yo como otro pedazo de mi platillo. —Tal deberías pedirle que te de clases de cocina o matarás a tu buscador de setas— apunta con la intención de molestarme, yo le lanzo una mirada capaz de helar el infierno y él aprovecha el momento para robar un pedazo de comida de mi plato.

Grito frustrada y tan entretenidos estamos con nuestra lucha por la comida que no nos damos cuenta de que la cocinera nos mira perpleja, escuchamos un brutal estruendo cuando uno de los cuencos que tiene sobre su mesa cae al suelo, rompiéndose al instante.

Ella misma parece alterada y mira con pesar los ingredientes desperdiciados.

—Vaya, que torpe— suspira agachándose para recogerlo.

—¿Estás bien?— Ranma salta de su asiento y se da prisa en llegar a su rescate, no se porqué tengo la sensación de que sobro completamente en la escena.

—Yo… eh… voy al baño— digo levantándome y dirigiéndome al lugar por el que hemos entrado. Si quería hablar con él a solas no tenía que molestarse en hacer algo así, con haberlo pedido bastaba.

Camino por el pasillo con mil cosas en la cabeza, cuando me encuentro con la mujer que nos ha recibido, la misma que sale en las fotografías. Ella y Ukyo deben ser amigas desde hace años.

—Busco el aseo— le comento tímida.

—Claro, te acompaño— se ofrece amablemente, me lleva hasta una puerta y tras una inclinación de cabeza se aleja dejándome intimidad. Yo me doy prisa en desaparecer y meterme dentro.

El baño es más grande que el salón de mi casa. Todo guarda cierto encanto oriental, sencillo y funcional. Abro el grifo del lavabo y me mojo la cara. Busco una toalla palpando torpemente, cuando la encuentro me seco los restos de agua y me doy cuenta de que estoy frente a un gran espejo.

Suspiro a mi reflejo. Es tan evidente que ella está enamorada de Ranma... qué estúpido puede llegar a ser, hablando sin pensar, diciendo palabras que a ella le duelen como puñales. Pobrecilla, ¿cuánto tiempo llevará sufriendo por culpa de ese insensible?. Está claro que por muy rica que sea hay cosas que no puede tener.

Un momento, ¿en qué lugar me deja todo esto?. Al fin y al cabo... ¡yo estoy casada con él!. Va a detestarme en cuanto se entere, claro que si le explicamos bien la situación no tiene porqué hacerlo.

De nuevo y sin darme cuenta, mi mano derecha ha terminado agarrando la moneda que cuelga sobre mi blusa, la miro contrariada recordando una y otra vez ese mágico momento.

Sacudo la cabeza y con ella mis cortos cabellos, ya les he dejado tiempo de sobras, y si me retraso más comenzarán a preocuparse… o al menos eso quiero pensar.

Salgo mientras hago una profunda inspiración. Con un poco de suerte esta incómoda situación terminará en cuanto Ranma informe de las intenciones de su padre y entonces podremos seguir nuestra búsqueda.

Regreso sobre mis pasos y cuando entro en el cuarto los encuentro susurrando al otro lado de la barra. Se ve que necesitaban más tiempo para terminar de ponerse al día.

Ambos se percatan de mi presencia y cesan su charla abruptamente, no hay que ser especialmente listo para saber que debían estar hablando sobre mí.

Me aclaro la garganta haciendo ver que no he escuchado nada, cosa por otro lado completamente cierta y con mi mejor sonrisa fingida vuelvo a ocupar mi asiento. Bebo un poco de agua y como si no me importara en absoluto lo que estuvieran haciendo esos dos continúo con mi okonomiyaki antes de que se eche a perder.

Cómo me gustaría saber cocinar así.

—Le he contado a Ukyo lo de mi padre— interrumpe el chico de la trenza, yo ni siquiera le miro, finjo estar mucho más interesada en terminar mi plato que en lo que pueda salir por su boca. No me pasa desapercibido el hecho de que aún siga al otro lado de la barra.

Termino de comer y dejo los palillos a un lado, cielo santo, ¿desde cuando me comporto como una niña?.

—Corres peligro— digo finalmente armándome de valor y superando mis inquietudes, tengo que ser justa con esa chica, ella no ha hecho nada. —Mi suegro es todo un espécimen.

—¿Tu qué?— arruga las cejas y afila su mirada sobre mí. Yo miro a Ranma, me llevo una temblorosa mano a los labios siendo repentinamente consciente de que he metido la pata.

No quería, se me ha escapado, ni siquiera me he parado a pensarlo.

—Pensaba que le habías dicho lo de tu padre— me excuso temblorosa, lo último que quiero es que esos dos peleen por mi culpa.

—¡Le he dicho lo de mi padre!¡no lo nuestro!— exclama frustrado, se lleva una mano a la frente y aprieta los dientes.

Ukyo sigue con la misma expresión de antes, pero esta vez sus ojos están fijos sobre el chico de la trenza.

—No es posible… no puede ser… vosotros dos…

Trago saliva.

—¿¡La has dejado embarazada!?— grita a la par que alza las manos y comienza a golpearle con los puños cerrados, él se cubre como puede con las manos. —¡Animal!¡Irresponsable!

—¿¡Pero que os ha dado a todas con eso!?— se defiende mientras le caen nuevos golpes y yo de nuevo solo quiero escarbar en el suelo y enterrarme lo más profundo que pueda.

—¡Ukyo, te equivocas! estamos casados contra nuestra voluntad, ¡no tenemos ningún tipo de relación!— exclamo poniéndome en pie y apoyando ambas manos sobre la barra, intentando que detenga su paliza. Mis mejillas están rojas como manzanas maduras, repentinamente me invade el calor.

La chica para en su empeño, pero aún continúa con sus puños cerrados amenazando con caer de nuevo sobre el artista marcial.

—¿Es eso cierto?— pregunta, y los ojos azules de Ranma se abren poco a poco, aún con miedo.

—Puedo explicarlo.

Una hora después nos encontramos los tres sentados a una de las mesas bajas que rodea la barra, con sendas tazas de té verde y sumidos en un profundo silencio.

Las explicaciones han sido demasiado largas.

—A ver si lo entiendo— se aclara la garganta la cocinera, levantando la vista y fijando sus pupilas en las mías. —Os vais a divorciar.

—Eso es— asiento rápidamente, no quiero admitirlo pero ella me intimida un poco.

—Pero solo podréis hacerlo cuando recuperéis la katana que ha robado Genma— continúa reflexionando, ambos asentimos al tiempo.

—Más o menos.

—Entiendo— dice mientras agarra su taza y le da un gran sorbo. —Os ayudaré— concluye dejándola sobre la mesa, mucho más tranquila.

—No tienes porqué hacerlo U-chan, ya te hemos causado muchas molestias— dice Ranma apoyando los codos sobre la superficie, parece afectado.

—Eso es, solo veníamos a advertirte— le apoyo asintiendo con la cabeza, tengo la sensación de que lo que comenzó siendo un sencillo viaje comienza a parecer una gigantesca bola de nieve rodando colina abajo, cada vez más grande y sin control.

—Si Genma viene a buscarme no tengo más que arrebatatársela— dice tranquila mientras se encoge de hombros.

—No es tan fácil— interrumpe Ranma, de nuevo con esa expresión de preocupación hacia ella. —La yakuza está por enmedio, nos han intentado secuestrar varias veces y a la vista de sus éxitos estoy seguro que regresarán con refuerzos. Deberías esconderte hasta que pase todo.

—¿Esconderme?— pregunta contrariada. —Yo no he hecho nada malo, además tengo muchos negocios de los que ocuparme, esta noche recibo clientes.

—¿Y no puedes aplazar la reunión?— intenta él de nuevo, Ukyo le mira un segundo y estalla en carcajadas.

—Ay Ran-chan, de veras que no lees los periódicos, ¿verdad?. Tengo más de quinientos invitados.

—¿¡Quinientos!?— gritamos al unísono por la apabullante cifra, pero ella no parece para nada impresionada.

—Como entenderás no pienso suspender el mayor acto social de mi empresa unas horas antes por que tu padre piense que le puedo ayudar con sus disparatados planes, eso jamás.

—Pero U-chan…— intenta hacerla razonar Ranma, aunque no me pasa por alto que su voz ha cambiado a una mucho más suave, sexy y persuasiva.

Joder, ¿acabo de pensar que tiene una voz sexy?. Me llevo una mano a mis cortos cabellos mientras me sumerjo en mis propios problemas, ajena a la conversación, autocastigandome por esos malditos pensamientos que me asaltan constantemente.

—¿Habéis visto que hora es?— dice ella poniéndose en pie.— Los invitados comenzarán a llegar a las ocho y ni siquiera estoy vestida, además, hasta el puerto tardaremos al menos una hora. Hay que apresurarse.

Se lleva el dedo índice y el pulgar a la boca en un gesto seguramente aprendido durante sus duros inicios en el mundo de los negocios, silva fuerte, tanto que me tapo un oido molesta. La chica que nos ha recibido apenas tarda unos segundos en hacer acto de presencia.

—Konatsu, encárgate de Ranma— ordena sin lugar a discusión.

La chica se inclina ante el artista marcial y le invita a seguirla hacia afuera, mi cara se llena de pasmo y duda, y más cuando veo como Ukyo comienza a tomarse demasiadas confianzas conmigo. Agarra mi muñeca y me hace levantarme hasta quedarme parada a su lado.

Miro hacia mi marido, quién no parece encontrarse en mejor situación que yo, cuando me vuelvo hacia la empresaria esta solo tiene una pérfida sonrisa en su hermoso rostro. Me arrastra tras de sí mientras murmura emocionada y yo comprendo que toda resistencia es inútil.

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Cierra la puerta a mi espalda y yo me quedo muda de asombro al comprender que nos encontramos en su habitación.

—Woah— suspiro mientras no puedo evitar fijarme en lo espacioso de la estancia, con altas paredes decoradas con papel pintado y muebles de estilo occidental. La cama de dimensiones gigantescas está decorada con un gran dosel de color blanco, una de las mesas se encuentra llena de cosméticos y un gran espejo rodeado de luces. Ositos de peluche y libros de lomos coloridos pueblan las estanterías. Todo tiene un toque enfermizo, recargado y de colores pastel que en nada tienen que ver con la Ukyo que he conocido. Este cuarto parece ajeno a ella, algo que ha sacado fuera de sí, extirpado de raíz como un tumor y dejado en aquella especie de contenedor. Pareciera que toda su feminidad estuviera concentrada en aquel lugar hasta adquirir toques siniestros.

Pero mejor no indagar en los traumas infantiles de otras personas, ya tengo bastante con mis propios quebraderos de cabeza.

Ukyo me observa sonriente.

—¿Te gusta?— dice sin perder la sonrisa, yo asiento nerviosa. Aún no se qué hacemos aquí. —Vamos, seguro que podemos encontrar algo que te siente bien.

—¿Eh?¿de que hablas?

—Pues de un vestido claro— contesta mientras abre las puertas abatibles de un armario que bien parece otra habitación entera.

—¿Vestido?

—No pretenderás aparecer así en la fiesta.

¡Está loca! la observo patidifusa mientras me empuja dentro de lo que debe ser el armario más grande que veré en toda mi vida.

—No seas tímida, las amigas de Ran-chan también son amigas mías— parece pensarse un segundo lo que acaba de decir. —O su esposa… como sea— aclara su garganta y sus manos comienzan a moverse nerviosas entre perchas y trajes de seda, yo me quedo plantada en el sitio sin saber que hacer.

—Yo… no sabía que él y tu…— me estoy disculpando y ni siquiera sé porqué, retuerzo las manos y fijo los ojos en mis zapatos.

Ukyo me mira de reojo y sonríe con vehemencia.

—Entre nosotros nunca habrá nada— contesta tajante, toma un vestido, se lo cuelga del brazo y continúa buscando —Somos amigos, y he aprendido que así es mejor. Yo siempre estaré aquí para él, y él lo estará para mí. Lo nuestro es mucho más importante que una fugaz historia de amor.

—Pero a ti te...— soy una bocazas, me llevo la mano a los labios demasiado rápido. Ukyo toma otro vestido y sigue su tarea.

—Ya, pero me he propuesto enamorarme de otro— toma una tercera percha y me mira evaluándome, quizás preguntándose si habrá elegido la talla correcta.

—¿Así sin más?

Ella pestañea confundida.

—¿Y que más puedo hacer? no es como si estuviera batallando contra otra mujer, si no todo sería más sencillo.

Mi corazón palpita deprisa, siento la boca seca y mis labios balbuceantes. Sé que mi rostro debe verse tal y como me siento por dentro, apenada y azorada a un tiempo.

—Si es por mí, yo ya tengo a una persona que…— me siento en la obligación de dejarle a esa pobre chica las cosas claras, aunque no tenga razón para hacerlo.

—No es por tí— contesta tajante. —Esto no va contigo. Aunque debo confesar que me tienes intrigada.

—¿Yo?— cada vez estoy más atónita por el rumbo que ha tomado nuestra conversación.

—Es la primera vez que Ran-chan me presenta a una chica.

—¡P-pero es completamente circunstancial! estoy segura que él no quería que todo esto pasara.

—Y sin embargo ha pasado, si ahora tuviera que luchar contra tí por él de seguro lo pasaría mal.

—¿Qué quieres decir?— inconscientemente he vuelto a llevarme una mano hasta la cadena con la moneda que cuelga de mi cuello, la aprieto en mi palma como si con eso bastara para traerme calma.

—Contigo se comporta diferente; es grosero, evita mirarte directamente, parece que ni siquiera quiere pronunciar tu nombre.

—¿Y qué tiene eso de bueno? contigo es amable, te halaga y te llama con confianza, ¡a mi no para de hacerme enfadar!

Ukyo sonríe de medio lado y deja los vestidos sobre su cama.

—Vamos, pruebatelos, aún tenemos muchas cosas que hacer.

—Pero…— no puedo replicar, mi anfitriona regresa a su gigantesco armario y comienza a examinar pares de zapatos.

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—Sabía que el blanco era tu color— dice sonriente mientras yo contemplo asombrada mi reflejo en el gigantesco espejo de pie que hay contra una de las paredes.

Un vestido blanco sin apenas adornos, más que un ligero y brillante encaje sobre mis pechos, que surgen apretados gracias a la sujeción interna. Lucen un aspecto fabuloso, tanto que no parece mi propia figura. Una fina tira de tela pasa por mi cuello evitando así posibles accidentes. Es largo, y se abre en un lateral hasta rozar el suelo, por un momento tengo miedo de no saber caminar enfundada que tamaña creación. Se ajusta a mi cintura y deja al descubierto mi espalda más de lo que ha estado jamás. Me queda como un guante, parece hecho a medida.

Me doy la vuelta sobre mí misma, me duele confesar que es mucho más bonito que mi vestido de boda.

—¿Cómo tenías algo así? no parece tu talla— indago sin querer resultar entrometida, Ukyo se encoge de hombros.

—A veces cuando me aburro compro un par de catálogos de moda.

—Querrás decir vestidos— la corrijo, ella ríe y un escalofrío me recorre la espalda al darme cuenta de que no se ha confundido. Diablos, ¿cuánto dinero tiene esta chica?.

Ukyo luce un vestido hermoso, de color azul nocturno que hace que su piel blanca contraste contra la tela irisada. Su traje es mucho más llamativo, abultado con muselinas y adornado con pedrería. Su escote resulta mucho más prominente, tanto que por un segundo me averguenzo al haber pensado que el mío se veía bien.

—Pareces una novia— dice sin perder la sonrisa, pero yo de repente sí que pierdo la mía.

Es cierto, sí que lo parezco, ¿por qué de entre todos los trajes de ese monstruoso armario he ido a dar con uno así?, para colmo de males se ha empeñado en maquillarme y ha terminado el conjunto con una pequeña horquilla de brillantes que va prendida a mi corto cabello.

En mi cuello aún sigue la cadena que Ranma me regaló la tarde de ayer, con la moneda convenientemente perdida en mi escote.

Por un momento una pequeña sospecha se instala en mi, ¿acaso lo ha hecho a propósito?, y de ser así, ¿qué intenta demostrar?. Ah, esto es tan estúpido, yo vestida de seda dispuesta para asistir a una selecta fiesta de alta sociedad, y mientras tanto el resto de mi vida derrumbándose.

La culpabilidad me asalta, me muerdo mis rojos labios pintados para la ocasión e intento desterrar ese sentimiento a un lugar donde no me moleste… donde no recuerde que en apenas una semana debo lucir un vestido completamente diferente.

—¿Te ocurre algo Akane?— pregunta Ukyo mirando con seriedad, yo niego de inmediato y mis cortos cabellos golpean mis mejillas.

—No… es solo que se siente extraño, no suelo ir a fiestas, mucho menos tan grandes. Nunca me he puesto algo tan bonito. Me siento rara.

—¡Que tontería! estás preciosa, seguro que hasta Genma sale de su escondite y no duda en invitarte a bailar— me guiña un ojo de forma pícara. —Vamos, no puedo llegar tarde.

Mueve sus pies ligeros sobre sus tacones, ojala yo pudiera decir que me muevo con su misma facilidad, mis zapatos son tan altos que me cuesta caminar erguida, aún así intento mantener intacta mi dignidad. Si gran parte de la población femenina (y también de la masculina) pueden llevar estos condenados zapatos, yo también.

La castaña se gira desde la puerta, su mirada se muestra aprobatoria cuando finalmente comienzo a caminar pausada, haciendo sonar mis pasos y dejando que el bajo del vestido baile con el movimiento de mis pies.

Asiente y sonríe, todo esto me resulta de lo más sospechoso.

—Oye, ¿que estás tramando?— pregunto sin rodeos, ella se atusa el cabello.

—Solo quiero atrapar a Genma, aunque… me gustaría demostrarle una cosa a un viejo amigo cabezota— termina adelantándose por el pasillo.

—¿Qué?— pregunto recogiendo el bajo y apresurándome tras ella. —¡Ukyo, espera!

Bajamos una largas escaleras y llegamos hasta la entrada donde nos espera la chica del kimono.

—La limusina está en la entrada señora Ukyo— dice mientras nos ofrece sendas estolas, me doy prisa en echármela sobre los hombros intentando ignorar el frío que hace ahora que ha anochecido. Vaya, espero que no sea de piel de verdad.

—Muchas gracias Konatsu, te avisaré para que nos recojas.

—Por supuesto— dice a la par que se agacha en un gesto de respeto. Levanto una ceja, durante un segundo me ha parecido que su voz ha sonado una octava más ronca de lo normal… demasiado para una mujer.

Salimos al exterior, y me arrebujo en mi escasísimo abrigo.

—¿Esa fiesta es al aire libre?— pregunto temerosa de una respuesta afirmativa.

—Que cosas tienes, claro que no, es en un barco.

—¿Tienes un barco? ¿un barco para quinientas personas?— no sé con que más me puede sorprender, creo que estoy al borde del desmayo.

—Es más bien un crucero— responde restándole importancia y tomando la delantera.

Nuestros pasos nos llevan hasta la entrada donde un brillante y gigantesco coche blanco se encuentra aparcado.

—¿Por qué has tardado tanto?— reconozco esa voz, entre las sombras se escabulle la figura de Ranma que intercepta a Ukyo antes de que llegue al coche.

—Nosotras no lo tenemos tan fácil, no basta con ponernos un traje— dice ella, y lentamente pasa las manos por su pecho acariciando las solapas de la elegante chaqueta negra que luce, sus dedos ascienden hasta terminar en el nudo de su corbata y terminar de apretarlo. —Estás muy guapo— le guiña un ojo, abre la puerta y entra en la limusina.

Yo me quedo en el camino plantada como una estúpida, mis pies no se mueven, no pueden, están anclados con cemento. ¿Qué es esto? ¿porqué de pronto me siento tan humillada? ultrajada, enfadada por esa cercanía, por como hablan sin necesidad de palabras.

Trago saliva, aprieto los dientes y alzo la barbilla, no dejaré que lo note, no dejaré que ese estúpido vea el daño que me hace con su actitud.

Paso ante él ignorándolo por completo, intento que mis pies corran más que mis pensamientos, aprisa, aprisa. Necesito esconderme de mi propia confusión.

Noto como mis torpes pasos se enredan con mi vestido, estoy a punto de tropezar cuando siento su fuerte mano cerrarse sobre mi brazo, me agarra como si no pesara, me endereza sin cortesías y yo vuelvo a sostenerme sobre mis tacones dando un largo suspiro de alivio. Mi estola ha acabado por el suelo.

Que torpe, enrojezco mientras Ranma se agacha y la recoge por mí.

Me mira y su movimientos se detienen, se queda parado con la estola entre su manos y sus pupilas fijas. Me estremezco y no se si es de frío, los segundos pasan y sigue en la misma postura, me abrazo a mí misma intentando mantener algo de calor.

—¿No vas a decir nada?— siento el viento helado pero mi cara arde, el muy estúpido parece haberse convertido en roca, no sé a que viene tanta sorpresa.

Traga saliva, está tan quieto que lo único que se mueve es su nuez sobre el cuello de su camisa.

Se acerca un paso a mí e instintivamente retrocedo. Se detiene, vuelve a avanzar y esta vez soy yo a que se queda quieta, miro hacia mis zapatos y siento con una suavidad que desconozco en él como rodea mis hombros con la estola.

La cruza sobre mi pecho y yo la agarro para que no vuelva a caer. Alzo la mirada temblorosa y ahí sigue él, con esos ojos azules enigmáticos, vestido con su traje impecable.

Parece un inesperado galán, un soñado caballero, por un instante ante mis incrédulos ojos se convierte en Romeo.

—¡Vámonos de una vez!— grita Ukyo asomándose por el techo de la limusina.

Eso nos saca de nuestro trance, me adelanto temerosa y recibo el calor del vehículo agradecida, Ranma cierra la puerta tras de sí, nuestra anfitriona nos observa atenta. El chico de la trenza se sienta malhumorado, se cruza de brazos y Ukyo ríe sin contenerse.

Creo que me espera una larga noche.

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¡Hola de nuevo!

Ay, que impacientes que sois, que solo me retrasé dos días y tuve un buen motivo... ni siquiera estuve en casa, salí de viaje y no me dio tiempo a dejar el capítulo preparado de antes, así que solo leía vuestros comentarios con el teléfono y pensaba "lo siento, ¡no tengo un pc!". Pero vamos a lo importante, hablemos de este capítulo.

Parece que Akane empieza a percatarse de algo, al menos a nivel subconsciente está ahí. Al final Ukyo no le resulta tan antipática como se espera, ¿que habrá estado charlando con Ranma? jujuju. En realidad durante este capítulo no ocurre gran cosa... pero es el "trampolín" para lo que está por llegar, ¡mi amado/odiado capítulo 12!. Espero haberos dejado con la intriga, muchas gracias a todos por leer y en especial a Nodokita, que anda súper ocupada estos días, ¡ánimo linda!.

Respondiendo reviews: xandryx (Gracias a ti, yo soy incapaz de leer/escribir con la tv de fondo. Si no me queda otra me pongo los auriculares con música muy suave, pero para mi no hay nada como el silencio. Y Akane en este fic me desespera, es complicada pero tiene sus motivos: en realidad está en una encrucijada, porque mientras que Ranma no tiene porqué "ocultarse" al no sentir que hace algo malo para ella es todo lo contrario; cada pensamiento, cada atisbo de lo que siente es un error.), Sav21 (¡No son tantos! a mi apenas me da tiempo de escribirrr. ¡Gracias por leer! ¿te hará caso Ranma? jiji), The girl of pig tailed (Hola, me alegro de que te haya tocado el corazoncito ^^. Si tienes dudas de otros fics escríbeme un PM por favor, ya que puede haber gente que no se los haya leído y no los quiero estropear. ¡Gracias!), Rokumon (¡Muchas gracias!, ¿como se resolverá todo lo del tesoro? ah, tantos problemas y sentimientos. Shinnosuke sin duda es un tipo misterioso.), Fatima (Gracias a ti por seguir leyendo, si te dejo con ganas de más siempre es una buena señal.), nancyricoleon (Apenas y se da cuenta, ¿que hará? este chico es capaz de cualquier cosa...), KaryDiaz (Gracias por tus palabras, ya sabes que los puntos de vista van cambiando, en este capítulo tienes a Akane sufriendo mucho,que penita me da la pobre U_U), kitty (¡Gracias! espero que solo sea "hasta ahora", que pienso que los hay mucho mejores...¡me esfuerzo a tope!), linaakane (Gracias, pero guardo tus pensamientos pervertidos que me sentiré en un compromiso después, jaja. Intentaré cuidar lo que me comentas sobre la redundancia, es cierto que yo misma soy consciente de que me paso, aunque también me gusta, juju. Es como un helado de vainilla al que le pones chocolate y caramelo por encima, se pega en los dientes y ya es demasiado dulce, pero... ¡juro que intentaré cuidarlo!), Piki26 (No te preocupes, solo fue una jaqueca, suelo tenerlas a menudo sobre todo cuando me sube la tensión, soy una floja, jajaja. Me encanta leer que te llegó tanto y alcancé a trasmitir esos sentimientos. Tienes razón en decir que la historia no es tan dramática como otras... aún, jajaja. ¿Tienes otra imagen en mente?¡ando deseosa de poder verla!. Muchos besos), ar30982 (Ah, ¡le conocías! una gran pérdida, yo estoy volviendo a leerme sus libros), magdal (¡Muchas gracias a ti! ¡un collar de la virgen! oh dios mio, ¿cómo no se me ocurrió? hubiera sido lo más! jajajaja, me encanta, me encanta. El resto te pido que esperes pacientemente, jeje), DULCECITO311 (Yo no sabría decir cual de los dos lo tiene peor... en realidad ninguno está en lugar agradable. ¡Gracias por leer!), Lunita.90 (¡Muchas gracias por tu primer comentario! me hace muy feliz saber que te gusta esta fic, yo también adoro cuando Ranma se sonroja, está tan tierno... ah, ese chico me tiene enamorada.), Colito (¡En un par de horas! no se si me alaga o me entristece, jajaja. No, es broma, me alaga mucho que te hayas leído toda la historia de golpe, por favor continúa siguiéndola hasta el final), bry (Querida Bry, de nuevo mil gracias por tus comentarios. El pasado capítulo tiene muchas escenas que significan mucho para ambos, cuando Akane admite que su futuro marido apenas y le toma de la mano... a Ranma le resulta increíble el solo pensarlo de tanto que él lo desea. Si no te sale escribir no te preocupes, bien es verdad que eres una excelente lectora y lo demuestras con creces.), susyakane (Siiii, ¡ya lo vio!, ahora la pregunta es cuanto tardará ella... y como terminará esto. Gracias por leer!), Ana (Hola Ana, muchas gracias por leer, pero temo decirte que vas a tener que esperar para verla historia entera, la voy publicando por capítulos y poco a poco. Espero que lo entiendas, yo sé lo que se siente cuando quieres terminar de leer algo y no puedes.), alondra21 (me siento de regreso al instituto y a la entrega de trabajos, os lo juro XD), Guest (voooy, voooy, si te registras te llamo por el nombre...), Guest (igual que el otro, jajajaja).

Gracias a todos y nos leemos de nuevo en 10 días (espero... y si no no desesperéis, que estaré en ello).

¡Besos!

LUM